Disclaimer: Naruto y sus personajes correspondientes le pertenecen a Masashi Kishimoto.


Attraction.

Capítulo 2.


Amaba a sus amigas, a pesar de todo.

Siempre se preocupaban por ella, la protegían, incluso cuando caminaban. Mio iba por el lado derecho, mientras que Erika y Ayu por el lado izquierdo.

¿Cómo no podía apreciar ese tipo de detalles?

Sabía que lo hacían para que los chicos no se le acercaran y le hicieran preguntas tontas, como «¿de verdad no te atraen los hombres?», o «¿eres lesbiana?»

Al principio, aquello no le había molestado, no tenía por qué darle explicaciones a nadie de su comportamiento, menos a una bola de inmaduros que sólo estaban interesados en tontos rumores.

Pero todo empezó en la fiesta de cumpleaños de Ayu. Hinata, quien odiaba ese tipo de eventos, asistió por puro compromiso, después de todo, se trataba de su amiga, sin embargo, pasó algo que la consternó bastante: un chico pasado en copas había intentado forzarla a besarlo.

Aún podía sentir el olor a alcohol cerca de su rostro, o las manos rasposas presionándole la nuca.

Definitivamente los hombres eran unos cavernícolas.

Se había asustado tanto, que en medio de la fiesta, se puso a gritar.

El resto fue historia, sólo recordaba a los amigos de Ayu sacando al chico ebrio, mientras ella huía del lugar, temblando de miedo.

Podían decirle que era una mojigata, que exageraba las cosas, sin embargo, la sensación de repulsión que le producía el pensar que la obligaran a hacer algo que no quería, era espeluznante.

Al día siguiente del suceso, se esparcieron un montón de chismes por toda la Universidad, que si Hinata Hyūga era lesbiana, que su padre la golpeaba… incluso llegaron al punto de decir que era un travesti.

Inventaron tantas historias, que iban desde lo irreal, a lo ridículo.

¿Por qué la gente se comportaba de esa manera? ¿Tan raro era ver que pensabas diferente al resto?

A veces, cuando la miraban con repulsión, pensaba «¿y qué si fuera lesbiana, asexual, o lo que sea, qué tendría de malo?». Las personas eran de mente tan cerrada.

¿Por qué se escandalizaban? ¿Debía haber aceptado besar a ese chico aunque no quisiera? ¿Debía acostarse con él sólo para que no hablaran de ella?

Los rumores aún la rodeaban, y ahora los compañeros de la facultad parecían haberse tomado la tarea de molestarla.

—Hinata, ¿no crees que esto se está saliendo de control? —preguntó Erika, quien caminaba con cautela, a veces los estudiantes salían de la nada, con la única intención de lanzarle impropios a la Hyūga.

—Lo siento —miró hacia el suelo. La situación tampoco era cómoda para ella.

Mio negó.

—No es tu culpa…, no entiendo por qué están obsesionados con eso —evitó comentar el «suceso de la fiesta».

Ayu suspiró.

—¡Se volvió el tema del mes! —las chicas voltearon a verla—. Ahora te apodan «Luna de hielo» —miró a Hinata—. Quieren ver quien logra conquistar tu corazón, o algo así, si me lo preguntas, es una completa ridiculez.

Hinata jamás había escuchado sobre eso, ¿ahora hasta tenía un apodo? Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, ¿qué había hecho mal? No quería ser el centro de atención.

—Pero no entiendo por qué Hinata, ¿qué la hace especial? —Erika frunció el ceño.

—Nadie comprende de que el mejor talento de la Facultad de Artes sea ase- —iba a decir «asexual», pero al ver que su amiga estaba llorando, carraspeó—, indiferente a los demás. Es como irreal.

—Pues están mal. Todos —miró a Ayu con dureza—. Nosotras sabemos que ni Hinata sabe por qué se siente así, ¿verdad?

—Mio-chan… —susurró la pelinegra, con las lágrimas deslizándose por su rostro.

—¡Eso es cierto! ¡No debes avergonzarte por cómo te sientes! No hay ninguna regla que diga que debes salir con alguien a cierta edad, o perder la virginidad. Cada quien vive como quiere, tú debes hacer lo mismo. Y si me permites decirte, creo que te sientes así porque no te has enamorado, pero créeme, conocerás a alguien que hará tu corazón latir rápido, y querrás estar con esa persona, es normal —Erika tomó la mano temblorosa de Hinata—, no te preocupes.

Eran demasiado buenas con ella, que sólo les traía problemas.

Se acercó a Erika, y la abrazó, porque de alguna manera esperaba que las palabras de su amiga fueran verdad, que su falta de atracción hacia los demás se pudiera arreglar, quiso creer que algún día podría enamorarse, y pensar en un beso, sin querer salir corriendo.

Mio y Ayu miraron el gesto con ternura, y se acercaron a las chicas, haciendo un abrazo grupal.

La apoyarían hasta el final.


Observó la puerta de la cafetería por última vez, y soltó un suspiro de decepción.

Ni rastros de ella.

Normalmente llegaba resguardada por sus amigas, y se sentaba en la mesa del fondo, donde de seguro creían que nadie las miraba, pero él era más listo, y desde el lugar donde se encontraba, se podía observar directamente a ese lugar.

—¿Qué tanto observas, Naruto? —preguntó Sakura, mientras ponía su bandeja de comida sobre la mesa.

El aludido bufó.

—Ella no llega.

La pelirrosa arqueó una ceja, y luego soltó una risa picarona.

—Te pegó duro, eh.

Se ruborizó, mientras miraba hacia otro lado.

—E-eso… —suspiró—, está bien, lo admito.

—Nunca pensé verte tan… ¿enamorado? Por lo menos no tú. ¿Qué hiciste con mi amigo? —dijo, mientras mordía una manzana.

—¡Pero si sigo aquí!

—No me refiero a eso, idiota. Pero parece que el chico adicto al karate fue sustituido por un atolondrado acosador —soltó una carcajada.

Naruto no le replicó nada, porque era cierto, ni él mismo sabía exactamente qué estaba haciendo.

Su pensamiento en la mañana era Hinata Hyūga, y también en la tarde, en la noche, cuando iba a la escuela, en todas partes.

Pero es que, diablos, ella era tan indescriptible. Sí, tal vez la idealizaba un poco, bueno, mucho, pero tenía sus razones.

Dos meses atrás había tenido un gesto muy amable con él, aunque probablemente no lo recordara, y desde ese entonces, había desarrollado un absurdo enamoramiento, que nunca llegaría nada, porque todavía no podía reunir el valor para hablarle.

—¿Y qué vas a hacer? —Sakura interrumpió sus pensamientos.

—¿A qué te refieres?

—Sobre Hinata, ¿qué harás?

—No lo sé —Naruto suspiró—. El teme ya no me quiere acompañar a la Facultad de Artes, e ir solo sería muy estúpido. Además, nunca se separa de sus amigas, son muy intimidantes, sobre todo la pelirroja.

Sakura Haruno jamás se hubiera imaginado que encontraría a su mejor amigo suspirando de amor por alguien, es decir, era Naruto, la persona más densa sobre la tierra, todo sonaba demasiado surrealista.

La pelirroja la que se refería el chico, era Mio Shinohara, una chica bastante llamativa, alta y de unos penetrantes ojos azules. La gente hablaba mucho de ella, desde que el semestre pasado, aparecieron muchas fotos íntimas de ella en la Universidad, ese fue el tema de conversación por más de dos meses. Pero a pesar de todo eso, Sakura no la juzgaba, se le hacía buena chica, y amable, estaban juntas en la clase de inglés.

—Shinohara-san está conmigo en una clase, podría tratar de entablar una conversación con ella, ya sabes, y presentarlos, qué sé yo. Pero con la condición de que vas a dejar de esconderte de ese estúpido arbusto.

Los ojos de Naruto se iluminaron como dos faroles.

—¿De veras, Sakura-chan? ¿Harías eso por mí?

—Claro —sonrió—¸pero necesito un favor.

Por supuesto, su amiga jamás haría algo gratis.

—Dime.

Tomó una bocanada de aire.

—¿Podrías decirle a Sasuke-kun que conteste mis llamadas? Sé que no te gusta entrometerte en nuestros asuntos, pero ya no sé qué más hacer.

Se quedaron en silencio.

Naruto era bastante neutral en cuanto a la relación que tenían sus amigos. A veces eran novios, luego rompían y dejaban de hablarse un tiempo, para luego volver. Se preguntaba si Sakura no se cansaba de la arrogancia de Sasuke, o al revés, porque la Haruno podía llegar a ser bastante insoportable.

Sin embargo, el ser el mejor amigo de ambos, y conocerlos como la palma de su mano, ayudaba bastante.

Justo el día anterior Sasuke había preguntado (muy a su manera), sobre Sakura y su supuesto nuevo novio, cuando bromeando le dijo que iban muy bien, y la chica parecía muy emocionada, el Uchiha se marchó furioso.

Se querían, de una forma extraña y retorcida, pero lo hacían.

—El teme piensa que estás saliendo con ese chico, ¿cómo se llamaba? ¿Cejotas?

Sakura apretó los labios con frustración.

—¡Todo fue un mal entendido! Lee dijo que le gustaba mi cabello, y Sasuke-kun lo escuchó, desde ahí se niega a contestar mis llamadas. Odio cuando se pone así, yo no me molesto cuando sus fans me atacan llamándome «plana».

—Sakura-chan…

Sin embargo, ella siguió hablando hasta por los codos.

—Es un idiota insensible. Nunca se pone en mis zapatos, ¿cómo diablos voy a saber cómo se siente si no habla conmigo? Dile que no lo voy a esperar, que si no me llama, realmente voy a empezar a tomar en serio la idea de salir con Lee, ¿entendido?

Y así como llegó, se fue, dejando al chico bastante confundido.

—¿Qué diablos acaba de pasar? —dijo, mientras se rascaba la cabeza sin entender nada.


Cuando entraron a las clases, inmediatamente se empezaron a escuchar los cuchicheos. Hinata bajó la cabeza, y caminó hacia su asiento.

Se estaba acostumbrando a la situación.

—Ignóralos —sugirió Erika.

—S-sí —susurró. Sin embargo, por dentro, sentía cómo su corazón se rompía en más cachitos.

Unos diez minutos después, entró el profesor Yoshima, el mismo que les había encargado los bocetos.

Ella lo admiraba muchísimo, era conocido en todo Japón por sus pinturas sobre acuarela. De hecho, el primer cuadro que le había hecho llorar en su vida, fue una de su profesor, era increíble la forma en que podía plasmar muchísimo en tan poco.

Aún recordaba esa pintura, se trataba de un fondo blanco, y en el centro, estaba una mariposa, entre rejas. Todos los colores de la obra eran oscuros, pero las alas de la mariposa destellaban en tonos azules, y rosados, tan brillantes, que era imposible que no llamaran la atención.

Al principio, no había entendido el significado, pero estaba tan impactada por el cuadro, que buscó a Yoshima sólo para preguntarle, cuando éste le confesó la realidad detrás de su obra, Hinata entendió el porqué era un gran artista, y su admiración hacia él creció mucho más.

—Buenos días a todos.

—Buenos días.

El maestro sonrió, mientras depositaba su maletín sobre el escritorio.

—Les tengo buenas noticias, y entre ellas, que he revisado los bocetos que me entregaron la semana pasada. Ya tengo aquí las calificaciones, pero antes, quisiera mencionar que solamente una persona logro obtener una nota aprobatoria. Esto no quiere decir algo malo, sólo que muchos no supieron interpretar lo que les pedí.

Al escuchar aquello, supo que su dibujo no había sido seleccionado.

El tema de los bocetos había sido «emociones». Probablemente todo el mundo había hecho planos de su rostro mostrando algún sentimiento, por lo mismo de que a Yoshima le gustaban los autorretratos.

Suspiró, ¿qué más se le iba a hacer?

—¿Quién crees que haya sacado la nota más alta? —susurró Erika.

—Probablemente Hinata, siempre lo hace —suspiró Ayu.

«No esta vez», quiso decirles, pero mejor se quedó callada.

Volteó a ver a Mio, quien jugueteaba con su cabello rojo, algo nerviosa.

—¿Qué sucede?

Ésta pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, porque se detuvo.

—El dibujo que entregué significaba mucho para mí.

La Hyūga sonrió, la verdad es que sus amigas eran muy talentosas, Erika, por ejemplo, tenía una habilidad innata para la pintura, su manejo del pincel era maravilloso. Por otra parte, Ayu era más de artes plásticas, pero su madre le había exigido que estudiara dibujo y pintura, o de lo contrario la sacaría de la Universidad. Mio, era un caso algo complicado, su habilidad de dibujo era admirable, pero no le ponía empeño, algo así como un diamante en bruto.

—Bueno, como les decía, en mi opinión, el mejor trabajo fue el de Shinohara Mio —el profesor Yoshima enseñó el cuaderno con el boceto a los estudiantes, quienes lucían bastante inconformes—. Probablemente se estarán preguntando «¿por qué ganó?», bueno, les tengo la respuesta: sencillez. Muchos de ustedes me entregaron excelentes trabajos, autorretratos de alta calidad y usaron técnicas muy avanzadas, pero olvidaron lo que debía reflejar su dibujo. Se concentraron tanto en lograr que el boceto luciera bien, que al final simplemente me entregaron un pedazo de papel sobre producido.

Hinata observó detenidamente el dibujo de Mio, y estuvo más que de acuerdo con el maestro, era fantástico. Se trataba de un dibujo bastante sencillo, hecho con carboncillo, en el que una niña, estaba parada sobre el planeta tierra, sosteniendo un oso de peluche, mientras observaba una estrella.

Parecía como si la pequeña estuviera esperando algo de parte de la estrella, su mirada era dulce, pero a la vez ansiosa.

Se dio cuenta de que ese dibujo era un reflejo de cómo Mio se sentía respecto a la vida: como una niña perdida, en la espera de poder pedir un deseo.

Escuchó algunos cuchicheos y abucheos de parte de sus compañeros, y Hinata, si no fuera tan educada, hubiera soltado una risita burlona. Probablemente les dolía que la chica de la cual tanto se burlaban, les hubiera ganado en la clase de nada más y nada menos que el profesor Yoshima.

A pesar de que ya habían pasado varios meses desde que las fotos íntimas de Mio habían salido a la luz, parecía que nadie lo quería olvidar, las burlas eran el pan de cada día. Bueno, de las dos, porque ahora Hinata también era un nuevo punto de chismes gracias a lo sucedido en la fiesta de Ayu.

Suspiró, y se giró hacia su amiga pelirroja, con una sonrisa.

—Muchas felicidades, de verdad es un dibujo fantástico —le susurró, mientras el maestro seguía hablando sobre los trabajos.

La aludida parpadeó incrédula.

—¿Lo crees?

—Sí, realmente puedo sentir la esencia de Mio-chan en el dibujo, felicidades —dijo Hinata de corazón.

Mio asintió, aún no muy segura, mientras su corazón latía emocionado. No podía creer que realmente su dibujo había sacado la nota más alta, ¿tal vez esa era la señal de que no debía darse por vencida con la carrera?

Durante el resto de la clase, el profesor Yoshima les siguió hablando sobre los dibujos. Les repitió muchas veces que el talento sobraba, pero de nada servía si sólo dibujabas para quedar bien.

Hinata escuchaba atentamente aquellas sugerencias, y estaba más que de acuerdo, porque ella se sentía de esa manera. Estaba segura de sus habilidades, muy a pesar de su incapacidad de dibujar rostros, pero en todo lo demás, era bastante buena. Sus papás se habían hecho cargo de que explotara su talento al cien por ciento desde pequeña, había tenido tantos maestros, conferencias, clases, que conocía sobre el tema a la perfección.

Pero aquello no era de utilidad a la hora de dibujar algo para expresarse, ya fuera amor, o algo sobre sí misma.

Se sentía tan plana como una hoja de papel en blanco.

¿Su incapacidad de querer a alguien estaría relacionada con eso? No se consideraba una chica fría, porque lloraba, sentía lástima, se acongojaba. Pero, todo lo demás parecía suceder en otra dimensión, como si ella lo estuviera observando desde afuera.

Desde su falta de comprensibilidad a los problemas emocionales de otras personas, o el no poder de sentirse atraída por alguien.

Como deseaba volver años atrás, cuando aquello no le causaba ningún problema, y sentía que podía vivir con eso. Pero ahora que era el foco de tantas miradas, rumores, y demás, no dejaba de pensar que realmente había algo mal en ella, y no sabía cómo solucionarlo.

Estaba tan sumida en sus pensamientos, que no se dio cuenta que la clase ya había terminado.

—Hinata, ¡Hinata! —Ayu le hablaba insistentemente.

Parpadeó algo confundida.

—¿Ya terminó la clase?

—Sí —Mio estaba bastante animada— le decía a las chicas que si íbamos a comer por ahí, ¿vienes?

Bueno, no parecía tan mala idea.

Apenas iba a responder, cuando, para su sorpresa, el profesor Yoshima, que estaba guardando cosas en su maletín, le habló.

—Oh, Hyūga-san, ¿podría hablar con usted unos minutos?

Sus amigas se miraron entre ellas, sin entender. Hinata asintió.

—Por supuesto.

Yoshima asintió.

—En ese caso, por favor venga a la sala de maestros en unos diez minutos, ¿de acuerdo?

El profesor salió del aula, dejando a todas algo pasmadas.

—¿Para qué te querrá ver? —comentó Erika, mientras se colgaba la mochila en el hombro.

—No lo sé —suspiró—, ¿tal vez por mi dibujo?

Mio frunció el ceño.

—Pero, ¿por qué? Era bastante bueno, como siempre.

Ayu, que no había dicho nada, empezó a observar sus uñas sin mucho interés.

—Pues no lo era, porque al parecer al profesor no le gustó —dijo.

Al escuchar esto, Hinata sintió una presión en el pecho. El comentario lleno de malicia no pasó desapercibido para Mio y Erika.

—Ayu, no digas eso tal vez… —dijo Erika.

—¿Qué? —la chica interrumpió—, ¿no es posible?

—No, yo no digo eso, pero…

Mio se cruzó de brazos, y observó duramente a Ayu.

—Tu comentario no viene al caso.

—En serio, nunca puedo decir nada sin que se lo tomen a pecho.

Hinata forzó una sonrisa.

—E-está bien, Ayu-san no dijo n-nada malo —la voz muy apenas le salía—. I-iré a ver qué quiere le profesor, no me esperen.

Y sin decir más, salió corriendo del salón, dejando a sus amigas sumidas en un ambiente incómodo.

—En verdad, Ayuri, no te entiendo, ¿por qué le dijiste eso a Hinata? Sabes que de por sí está pasando un momento difícil, tú no ayudas. ¿Lo haces a propósito? —Mio miró fijamente a la chica de pelo lila.

—Pero si solo dije que tal vez su dibujo no le había gustado al profesor, ¿qué hay de malo en eso? —levantó la voz, sin dejar de notar que la había llamado por su nombre completo.

Erika observó a las chicas en silencio.

Mio era imponente gracias a su altura, y resultaba aún más llamativa debido a su cabello rojizo, y sus ojos azules.

Ayu era todo lo contrario, pequeñita, con grandes ojos castaños, y el cabello hasta los hombros, siempre lo traía teñido de colores llamativos, de hecho, en esos momentos lo tenía lila. Erika siempre pensaba en ella como una niña pequeña. No la consideraba mala persona, por eso se sorprendía de su actitud.

—Aun así, no debiste decirlo.

—Pues si esperas que me vaya a disculpar, no lo haré. Si a Hinata no le pareció mi comentario, muy bien pudo decirme algo. Siempre está esperando a que la defiendas.

Se escuchaba la respiración agitada de ambas chicas, Erika, temiendo que la situación no terminara bien, decidió intervenir.

—Tranquilas —se puso en medio—, vamos a hablarlo después, ¿de acuerdo?

Mio bufó, tomó su maletín, y miró a las chicas.

—No quiero que vuelvas a decir algo así delante de Hinata, Ayuri, es una advertencia —dijo, para después salir del salón.

Ayu apretó los puños, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¿Por qué intentan hacerme ver como la mala?

Erika se sentó a su lado.

—No se trata de eso, eso sólo que con todo lo que ha pasado últimamente, Hinata-chan ha estado algo susceptible, y Mio-chan se preocupa mucho por ella. Mañana todo se solucionará, de verdad.

La chica, furiosa, volteó a ver a su amiga.

—Estás de su lado, ¿verdad? Déjame sola, Erika.

—Pero Ayu-chan, eso no es…

—¡Que me dejes sola! —le gritó.

Sin saber qué más hacer, la castaña tomó sus cosas, y salió del aura, dejando a una Ayuri furiosa, bañada en lágrimas.

¿Cómo es que todo terminó así?


Cuando Hinata entró a la sala de maestros, no sabía qué esperar.

¿Realmente su dibujo había sido tan malo? Era raro que el profesor Yoshima quisiera hablar con un estudiante.

Las palabras de Ayu aún le taladraban la cabeza.

¿Estaba molesta? No. ¿Estaba triste? Sí.

Aquello le había lastimado mucho más de lo que creía, no por lo que le dijo, sino la forma en que lo hizo. Hinata sabía que en ocasiones podía ser algo exasperante, pero siempre intentaba compensar eso siendo amable con los demás, no recordaba haber hecho sentir mal a Ayu en ninguna ocasión, entonces, ¿por qué actuaba así con ella? ¿La odiaba?

El sólo pensar que su amiga ya no la quería, le hizo un nudo en el estómago.

Mañana hablaría con ella, y le pediría una disculpa, si es que había hecho algo mal.

—Hyūga-san, pase, por favor. —le dijo Yoshima, una vez que la vio.

Hinata hizo una reverencia, y tomó asiento justo en frente de él.

—Probablemente se estará preguntando por qué la llamé, ¿verdad?

—S-sí —apretó su falda—, ¿pasa algo?

Su profesor negó.

—No exactamente. Quería hablar sobre el dibujo que me entregó.

En otras circunstancias, hubiera reído, pero sintió cómo se le apretaba el pecho.

—Sí… ¿lo hice tan mal?

Yoshima levantó las cejas, y soltó una risa.

—Para nada, todo lo contrario, es magnífico, como se esperaba de usted.

Ahora era ella quien no entendía.

—¿Entonces?

—Cuando vi su dibujo, quedé maravillado, realmente tiene talento, probablemente es de lo mejor que he visto a lo largo de mi carrera, pero, hay algo que le falta, y eso es un gran problema —el hombre sacó la hoja con el boceto que Hinata había dibujado—, ¿qué ve usted aquí?

Ella miró su dibujo.

—Una pareja, sentados en una banca, tomados de las manos, con muchas flores a su alrededor —dijo.

Yoshima asintió.

—¿Y qué más ves?

—¿Qué más?

—Sí, ¿qué más ves?

Ella se acomodó en su silla, sin entender.

—¿Sus siluetas?

Su profesor suspiró.

—Como le dije, el dibujo es fantástico, pero no siento nada, no veo lo que intenta plasmar. No hay sentimientos en él, es como si sólo fuera un espectador. Me gustaría preguntarle, ¿por qué dibujó esto?

Hinata sentía que las manos le temblaban, ¿cómo es que su profesor podía saber todo eso sólo con ver un dibujo?

—Y-yo… —se mordió el labio—, no lo sé. Estaba en el parque, y vi la pareja, se me hizo lindo, y los dibujé, fue todo.

—Sabe, pudo dibujar cualquier cosa, una cesta de frutas, estrellas, mariposas, un autorretrato, como hicieron sus compañeros, ¿por qué exactamente una pareja enamorada?

«Porque es lo que todos siempre esperan: amor. Porque a todos les gusta el romanticismo»

Pero no podía decirle eso.

—No lo sé —murmuró—, realmente no lo sé.

El profesor Yoshima no pasó desapercibido el rostro triste de la chica, ni sus ojos brillosos, o las manos temblorosas. Ser pintor le daba una facilidad fantástica para detectar las emociones de las personas.

—¿Le puedo dar un consejo?

Hinata asintió.

—¿Recuerda cuando vino a preguntarme sobre la pintura de la mariposa enjaulada? Yo le expliqué que esa mariposa era yo, y la jaula representaba a mis padres y sus grandes expectativas que tenían sobre mí. Ellos nunca quisieron que me dedicara al arte, e intentaron prohibírmelo todo lo que pudieron, pero yo me sentía como esa mariposa colorida, lleno de ganas de pintar, de explotar mi talento. Por eso, incluso cuando me quemaban mis cuadernillos, o las acuarelas, yo siempre encontraba la forma de seguir pintando, y míreme donde estoy ahora —le sonrió—. Lo que trato de decir, es que el arte nos ayuda a expresarnos, a sacar todo aquello que no podemos hacer normalmente. Tal vez a mí me inspiren los autorretratos, pero puede que a usted no. No intente dibujar algo que no le agrada, o no entiende, si le inspira una simple flor, dibújela, déjese llevar.

Aquellas palabras hicieron eco dentro de Hinata. Pensó en todo lo que le había pasado últimamente, en las burlas, las pláticas de sus amigas, sus sentimientos, y sintió que finalmente miraba una salida.

El hecho de que no quisiera besar a ese chico, no la convertía en una frígida.

El que no pudiera enamorarse, no significaba que no lo haría en un futuro.

Era tonto el que sus amiga no le contaran sus experiencias románticas, por no considerarla apta para opinar. Hinata sabía que su punto de vista era tan válido como el de cualquiera.

No iba a tener relaciones sexuales, sólo porque medio mundo ya lo había hecho.

Jamás le iban a gustar las fiestas y el alcohol, prefería mil veces quedarse en su casa leyendo o viendo una película.

Se dio cuenta que ella valía tanto, como cualquier otra persona. El pensar diferente no la hacía ni menos, ni más. Si a todos les gustaba el rosa, no significaba que a ella también.

Viviría de acuerdo a sus propios principios, donde la moral tenía otro significado. No dejaría que nadie más intentara hacerla cambiar.

Los ojos se le llenaron de lágrimas, mientras observaba a su profesor. Lo admiraba tanto.

—Gracias, muchas gracias —le dijo.

Yoshima sonrió.

—De nada. Esperaré con ansias otro boceto suyo, Hyūga-san.

Y ella estuvo más que segura, que le entregaría otro, el más bonito, el mejor.


Ya eran las seis de la tarde, cuando Naruto por fin acabó sus clases. Se levantó de su asiento, y se estiró. Ya quería irse a casa, comer algo, y echarse a dormir, había sido un día bastante pesado, entre trabajos, exámenes, y el que no había podido ver a Hinata.

—Ya me voy, ¿vienes, teme? —se dirigió a Sasuke, que echaba sus cuadernos en su mochila.

—No, tengo algo que hacer.

Naruto sonrió con picardía.

—¿Tal vez con Sakura-chan?

—Cállate.

En su interior, el rubio suspiró de alivio, no había sido necesario decirle lo que Sakura le había pedido.

—Suerte con eso —Naruto se encogió de hombros—, la vas a necesitar.

—Hmph.

Y sin decir más, Sasuke desapareció, dejándolo totalmente solo.

Se alegró de que fuera su mejor amigo quien diera el primer paso, la verdad, a veces era frustrante ver como Sakura seguía al chico a todas partes, y éste no ponía ni una pizca de su parte, como si diera a entender que no le importaba. Pero Naruto lo conocía bien, y sabía que la pelirrosa era la única chica que había logrado que Sasuke dejara de ser un témpano de hielo.

Se querían, quitando de lado el que se pelearan cada dos por tres.

Suspiró, mientras caminaba por los pasillos, la facultad estaba casi vacía, bueno, de por sí no tenía alumnos.

Estudiar educación física había sido de las pocas decisiones correctas que había tomado en su vida.

La verdad es que su sueño era poner una escuela de karate, pero para hacer eso, primero necesitaba dinero, y para tener dinero, debía trabajar de algo. Así que al final, decidió estudiar esa carrera, tener un título y algo con qué defenderse en la vida.

La Universidad se dividía en varias facultades dispersas a lo largo de la ciudad, pero para su suerte, la facultad de artes, educación y psicología se situaban en el mismo campus. Los edificios estaban distanciados por unos cuantos metros, y al ser un espacio pequeño, compartían la misma cafetería.

Una ventaja para él, si le preguntaban.

Además, tenía la suerte de que podía ver a sus amigos seguido, Sakura estudiaba psicología, y Sasuke había optado por la misma carrera que él. También había conocido a gente maravillosa tanto en el club, como en las diversas clases.

A veces, los estudiantes de arte compartían clases con los de educación, o con los de psicología, todas eran materias generales, como matemáticas o inglés.

De hecho, recientemente se había hecho amigo de Sai, un chico de artes, mientras compartían clases de cálculo vectorial, materia que Naruto no necesitaba, pero había decidido tomar para tener un crédito extra.

Una vez que llegó a la puerta de la facultad, se dio cuenta de que afuera estaba lloviendo como si no hubiera mañana.

Soltó un suspiro con fastidio, probablemente iba a tener que tomar el autobús, porque dudaba que su bicicleta llegara muy lejos.

Abrió su mochila, mientras sacaba un paraguas naranja que su mamá le había regalado, si le preguntaban, era bastante útil, porque se hacía pequeñito y cabía muy bien en cualquier lugar.

Por un momento se preguntó cómo diablos le había hecho Sasuke para irse sin mojarse, pero después desechó el pensamiento, probablemente había desistido de ir a ver a Sakura o algo así, conociendo a su amigo y su odio por la lluvia.

Empezó a caminar tranquilamente, observando su alrededor, a esas horas el campus ya estaba casi vacío, había pocos alumnos que también corrían rumbo a la salida, con sus cuadernos sobre la cabeza, para evitar mojarse.

Pero hubo algo que llamó su atención. En una de las bancas, estaba una chica bastante pálida, con el largo cabello negro pegado a su rostro, y las mejillas encendidas, llorando.

¿Cómo sabía que lloraba? Porque sus sollozos eran audibles.

De todas las personas que pudo encontrarse, el que fuera Hinata Hyūga, y en esas condiciones, le produjo escalofríos, pero en el buen sentido.

Todo el día buscándola, y cuando se la topaba, no sabía qué hacer.

Por un momento pensó en seguir derecho, y dejarla sola, tal vez ella quería privacidad.

Pero no pudo.

Hizo todo lo contrario.

Caminó hacia ella, con el corazón latiendole apresurado en el pecho, y las manos sudorosas.


No solía llorar todo el tiempo, y cuando lo hacía, era porque verdaderamente tenía la necesidad de hacerlo.

Después de su plática con el profesor Yoshima, se había sentido tan liberada, como si hubiera descubierto la fórmula para ser feliz, que no pudo evitar romper en llanto.

La solución a todos sus problemas, siempre había sido ser ella misma. Desde que era joven había desperdiciado tanto tiempo encajar con los demás, que se le olvidó cómo ser Hinata.

Ella no era Ayu, Mio o Erika. Era simplemente Hinata Hyūga.

Una chica normal y corriente, con una forma especial de ver las cosas, pero eso no significaba que fuera malo.

Había terminado cubierta de lágrimas en una de las bancas de la facultad, poco le importó que la gente al pasar la mirara con curiosidad, o murmuraran cosas sobre ella.

Realmente le daba igual.

Cuando empezó a llover, se quedó allí, porque necesitaba desahogarse. Los sollozos aumentaron al cabo de unos segundos.

Si tan sólo supieran que no lloraba de tristeza, sino todo lo contrario.

Estuvo así un largo rato, hasta que de pronto, sintió que la lluvia se detenía. Cuando abrió los párpados para ver que sucedía, se topó con los ojos más azules que alguna vez había visto.

No eran oscuros como los de Mio, si no más transparentes, como el cielo, o el mar, no sabía decidirse.

Sintió que las palabras se le atoraban en la garganta, mientras asumía lo que sucedía.

Había un chico, frente a ella, con un paraguas.

Un chico.

Un chico de ojos bonitos.

Él sostenía el paraguas sobre ellos, para que ninguno se mojara.

Hinata apenas iba a decir algo, cuando el muchacho, como pudo, se quitó la chaqueta, y se la puso sobre la cabeza.

Sintió cómo se le hacía un nudo en el estómago, un agradable olor le llegó a las fosas nasales, a algo fresco, como menta. Probablemente de la chaqueta.

—¿Quién eres? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

Cuando Naruto escuchó aquello, empezó a temblar, no de miedo, si no de nerviosismo. Hinata Hyūga estaba a unos cuantos centímetros de él, con sus grandes ojos lavanda observándolo.

—¿Estás bien? —le respondió con otra pregunta.

No era la mejor situación para conocerse.

En sus cinco sentidos, hubiera buscado la manera de salir corriendo de ahí, pero estaba bastante tranquila.

—Gracias —susurró.

Naruto sintió que se ruborizaba. Con su mano libre, se rascó la nuca, y le sonrió.

—De nada, supongo —se encogió de hombros—. No sé por qué llorabas, pero, todo saldrá bien, de veras —lo dijo con tal convicción, que hizo que Hinata frunciera el ceño levemente.

Aquel chico sí que era positivo.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó con curiosidad.

—Bueno, porque todo tiene que acabar en algún momento, como la lluvia —entonces, dejó caer el paraguas.

Ella apenas iba a replicar algo, cuando se dio cuenta que había terminado de llover, y entre el cielo encapotado, podían distinguirse algunos rayos de sol.

—¿Lo ves? —le dijo Naruto, sonriendo.

Sabía que era la situación más rara que alguna vez había vivido, pero la sonrisa del chico era pegajosa, y sin darse cuenta, ella también terminó sonriendo.

—Sí.

Al ver que había dejado de llover, se quitó la chaqueta de la cabeza, para devolvérsela.

—Está bien, me la puedes dar después.

Hinata quería decirle que probablemente nunca volverían a encontrarse, pero en cambio, apretó la prenda entre sus manos.

Naruto recogió su paraguas del piso, lo guardó en su mochila, y empezó a caminar hacia la salida, dejando a la chica bastante confundida.

—¡O-oye! ¡Espera! —le gritó, sin embargo, él ya no la escuchó, porque había desaparecido.

La Hyūga se quedó de pie durante unos segundos, sin terminar de comprender lo que acababa de pasar.

Pero entonces, observó la chaqueta.

Ese desconocido había sido muy amable, y sonrió, porque después de todo no todos los hombres eran unos cavernícolas.

Era bueno saberlo.


Cuando Naruto entró a su casa, ni siquiera le avisó a su mamá que había llegado. Subió las escaleras apresuradamente, y tiró la mochila sobre el suelo.

No terminaba de creer lo que había pasado.

Se dejó caer sobre la cama.

Había hablado con Hinata Hyūga, durante más de dos minutos, sin arruinarlo.

¡Era increíble! ¡Él, quien siempre actuaba como una idiota!

Probablemente era una estupidez emocionarse por algo así, pero es que, esa chica realmente le gustaba.

El recordar lo sucedido, hizo que las mejillas se le pusieran de un leve rosa. Soltó un suspiro, mientras se cubría el rostro con ambas manos.

Ella tenía su chaqueta, y le había dicho que se la devolviera después. Eso significaba que tal vez, sólo tal vez, tendría la oportunidad de hablarle de nuevo.

No podía dejar de esperar ese momento.

Fue cuando el rubio se dio cuenta de que ya no podía seguir observándola desde un tonto arbusto.

La conquistaría, haría que se enamorara de él.

Como que se llamaba Naruto Uzumaki.


¡Hola!

Lo prometido es deuda, aquí está la actualización del segundo capítulo. La verdad, esta historia me es muy fácil de escribir, es muy ligera, no necesita tanta planeación.

Tengo que confesar que amo a esta Hinata y este Naruto, son tan lindos. Creo que a ustedes también les cayeron bien, por lo que leí en sus reviews. Debo mencionarles que también estoy de acuerdo con lo que me dijeron, siempre es bueno ver a Narutin enamorarse primero.

Bien, enfocándonos en el capítulo, ¿qué les pareció? Quería comentarles que mis conocimientos en arte son bastante deficientes, prometo que cuando tenga tiempo, me informaré un poco más, aunque no me quiero enfocar tanto en eso. Por cierto, en este fanfic Naruto también estudia educación física, pero es que realmente no quise complicarme la existencia escogiéndole una carrera.

Saben, escribir este fanfic es como magia para mí, puedo sacar tantas cosas que llevo guardando a lo largo de los años, tantos desacuerdos que tengo con la sociedad y las personas que me rodean. Me da gusto ver que no soy la única que se siente diferente, a veces incluso excluida. Este capítulo es una reconciliación con el pasado, y la de Hinata con ella misma.

Me gustó mucho esa alusión de «intentas tanto encajar con los demás, que te olvidaste de ti misma». Es algo que he visto tanto, la gente trata de encajar como si fuera lo más importante, dejando de lado su esencia, todo para poder tener un poco de reconocimiento en la sociedad. ¡Eso no es lo más importante! Si te gusta el negro, y no el blanco, debes estar orgullosa de que te guste el negro, eso no te hace diferente, ni rara, simplemente son tus gustos, y se deben respetar. Si alguna vez se sintieron excluidos por la sociedad, sólo por pensar u opinar diferente, les digo de todo corazón que no deben sentirse mal, al contrario, nadie tiene derecho de cambiarlos.

Ahora sí, después del discurso (estoy muy emocionada), finalmente Naruto y Hinata se conocieron. Justo como dije en el capítulo, en circunstancias normales, Hinata hubiera salido corriendo, pero no reaccionó así porque estaba agotada emocionalmente, pero eso no quiere decir que ya cambió o algo así, simplemente fue cordial, y se dio cuenta de que Naruto fue muy amable.

¿Alguien más odió a Ayu? Yo sí (y eso que es mi OC). Por cierto, las cosas que viven Ayu, Erika y Mio, son bastante reales, pero no diré más.

Quiero agradecerles inmensamente por sus reviews, ¡15 en un capítulo! Eso es un record para mí. Me sentí tan emocionada al leer sus comentarios, cada uno fue muy especial, y a esas personitas que se tomaron el tiempo de contarme sus experiencias, no saben lo mucho que me sentí identificada, me da gusto que de alguna manera esta historia les ayudó en algo. Muchas gracias, de verdad, siempre estoy al pendiente de cada uno de sus reviews.

Creo que eso es todo por ahora, como siempre, me disculpo por la larga nota de autor.

Nos estamos leyendo pronto (espero), tanto en mi perfil, como en mi página de Facebook, estaré diciendo las fecha de actualización.

Les mando un fuerte abrazo.

Dalie.

15.06.16.