Pereza.

Al fin estaba en casa, la pelea con InuYasha le dio la excusa perfecta para regresar a la época moderna, se había ido en un momento en el cual no era indispensable en la batalla o recolección de fragmentos. De hecho todos estaban descansando en la casa de la anciana Kaede así que no se sentía culpable por haber vuelto.

La aparición de Koga en el momento indicado dio paso a una típica pelea con InuYasha incluyendo frases como:

«Chucho, Kagome es mía, mi mujer y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.»

«Keh, eso crees lobo sarnoso, Kagome no podría interesarse en alguien tan molesto como tú.»

De a poco las cosas fueron evolucionando hasta que Kagome tuvo que gritar un «¡Siéntate!» de emergencia antes de que Koga fuese acabado por el viento cortante. Obviamente que al hacerlo se ganó una mirada amorosa de Koga y el resentimiento de su hanyou favorito, de ahí a una pelea a gritos con el final esperado sólo fueron necesarios unos cuantos comentarios de sus amigos.

Kagome sin esperar que InuYasha pudiera reponerse tomó rápidamente sus cosas ya preparadas, había estado esperando su oportunidad, y se fue prácticamente corriendo al pozo.


—Kagome, hija no te esperábamos hasta dentro de una semana —fue su madre quien la saludó apenas hubo salido del pozo.

—Esto… sí mamá lo sé pero hubieron algunas ¿situaciones? Y decidí volver antes.

—Pues el abuelo ganó 4 pases de «Come todo lo que puedas» en una tienda de Tokio

A Kagome le brillaron los ojos y en su rostro se formó una gran sonrisa, todo iba perfecto.

—Desafortunadamente —continuó su madre—, como no esperábamos tu llegada donamos el cuarto pase, lo siento mucho hija, si lo prefieres podríamos quedarnos todos y así no te sentirías sola.

— ¡No! —el grito al unísono provenía del abuelo Higurashi y de Sota quienes definitivamente no pensaban desaprovechar tan única ocasión.

Kagome sonrió aunque algo forzadamente y los tranquilizó diciendo:

—Se los agradezco mucho, mamá pero estaré bien, de hecho estaba pensando en tener algo así como un día de Spa en casa.

— ¿Lo ves hija? Kagome estará bien, deberíamos irnos ahora o perderemos el tren. —dijo el abuelo mientras con la ayuda de Sota llevaba prácticamente a rastras a su hija.

Kagome los despidió desde la parte alta de las gradas del templo y los miró marcharse, no podía enojarse con ellos. Era obvio que no la podían incluir en sus planes si ella nunca estaba. Bien, a pesar de eso ella había vuelto para tener su día de relajación y nada ni nadie se lo iba a impedir.

Comenzó agarrando toda la comida chatarra y deliciosa que pudo encontrar para llevársela a su habitación, se puso ropa cómoda y procedió a hacerse una manicura, sus manos y uñas eran un completo desastre; sus manos estaban secas y con ampollas y qué decir de sus uñas, estaban desprolijas, largas y sucias.

Encendió la radio y comenzó con su labor mientras tarareaba una pegajosa canción, cuando hubo terminado decidió que su cabello estaba demasiado maltratado y procedió a prepararse un remedio natural para sus puntas abiertas, finalmente el Dios del acné había decidido hacerse presente en su rostro por lo que una buena mascarilla habría de ser suficiente para solucionarlo. Al terminar se miró en el espejo y pudo comprobar con una sonrisa que su aspecto era suficiente para asustar hasta al mismísimo Naraku.

Decidió que lo mejor para que el tiempo de espera fuera más corto era tomar una merecida siesta y así lo hizo con mucho cuidado de no ensuciar la cama con sus menjunjes.


Era aproximadamente la décima vez que InuYasha iba al pozo, lo veía, le lanzaba unas cuantas maldiciones y volvía a la aldea. Simplemente no podía comprender qué era lo que había pasado, primero estaban Koga y él en una de sus típicas discusiones de machos, el lobo se aproximó demasiado a Kagome, él protegió a su… Detector de fragmentos, ella gritó uno de sus legendarios «¡Siéntate!» Y salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia el pozo devora huesos.

Parecía como si estuviera intentando huir de él, aquella malagradecida, ¿cuándo iba a comprender que la estaba defendiendo? O tal vez ella sí quería ser la mujer de aquel lobo sarnoso. Sí, tenía que ser eso. No había otro motivo para defenderlo en cada pelea, eso de que era porque él no sabía medirse le parecía ahora un cuento chino, de seguro apenas derrotaran a Naraku ella saldría corriendo a los brazos de ese debilucho.

Pero ella misma le había prometido quedarse a su lado todo lo que él quiera, bueno no exactamente así pero prácticamente lo mismo. Iría a su época y se lo recordaría. Aunque no estaba seguro de cómo iba a hacerlo, la decisión estaba tomada así que mascullando vagamente el plan saltó dentro del pozo.

Al llegar no pudo detectar otro aroma que el de Kagome y vagamente el de Buyo así que asumió que se hallaba sola en casa, ¿tanto así le molestaba estar con él que prefería quedarse ahí que en la época feudal? Mientras pensaba fue hasta su ventana, estaba abierta como siempre así que de un salto estuvo dentro de su habitación.

Lo que vio en la cama de Kagome era el demonio más espantoso que hubiera visto en sus muchos años de vida, parecía una muchacha pero su cara verde y con grumos, su cabello engrasado y sus diabólicas uñas coloridas tenían que ser producto de algo sobre natural, pero olía como Kagome ¿acaso la poseyó? En todo caso el monstruo parecía dormido, era el momento de atacar, probablemente si recibía el impacto de Colmillo de Acero lo mataría y recuperaría a Kagome, y esta se daría cuenta de que él es mucho mejor que ese pulgoso y abandonaría el plan de casarse con Koga. ¡Ja! Acabaría con dos pájaros de un tiro.

— ¡Viento Cortan…!

— ¡¿Qué estás haciendo InuYasha?! Es que quieres matarme.

Esa voz era claramente la de Kagome, la mirada acusadora y enfadada también. Se acercó a ella y la olfateó un poco, no había duda era ella. ¡Estuvo a punto de matar a Kagome! Ahora definitivamente se iría con Koga.

—Inuyasha no te quedes viéndome como estatua y respóndeme.

—Creí que un monstruo te había poseído Kagome —lo dijo y la miró expectante, tal vez con varios golpes contra el suelo podría hacerse perdonar, pero la reacción que tuvo Kagome no se la esperaba. Ella comenzó a reír tan fuerte que tuvo que sentarse en el suelo e incluso unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos. ¿Qué estaba pasando? Debería estar enojada, no riéndose. Nunca entendería a las mujeres en general y menos a esta miko futurista.

—Olvídalo InuYasha son tratamientos, quédate con Buyo en la cocina, me quitaré esto y bajaré en unos minutos —dijo al calmarse aunque aún conservaba la sonrisa.

—Keh.


Cuando Kagome volvió parecía otra vez ella y no uno de los extraterrestres de los que veía junto a Sota en la caja mágica.

— ¿Podrías explicarme por qué te fuiste así de la ladea? —no era así como quería comenzar a decirle que se quedara con él pero no era conocido precisamente por ser bueno con las palabras.

—Bueno, es que es mi día de no hacer nada InuYasha.

—Keh, ¿y por eso te disfrazaste de extraterrestre?

— ¿Qué? No, mejor quédate y así podemos hacer nada juntos en lo que queda del día.

—Sólo si hay ramen.


Así decidieron ver unas cuantas películas en el sofá, algunas de comedia romántica que eran las que le gustaban a Kagome y otras de ciencia ficción que era lo que prefería Inuyasha. De algún modo al terminar la tarde ambos estaban recostados el uno en el otro. Y no había nada que se sintiera mejor, a veces la pereza es un mal tan necesario como el tener que trabajar.

Mientras veían el final de una de las películas de Kagome en las que los protagonistas luego de superar toda clase de problemas imposibles InuYasha comentó:

—Te quedarás conmigo ¿verdad Kagome? —apenas terminó de decirlo ambos se sonrojaron y él apartó la mirada. Cuando ya estaba seguro de que no escucharía una respuesta Kagome dijo bajito:

—Siempre.


Nota de la autora:

Hola (:

Como pueden ver el siguiente pecado es la pereza, nunca pensé en que sería posible actualizar tan rápido pero vamos en eso.

Ojalá y les haya provocado alguna risa o sonrisa.

Si les gustó tanto como si no agradecerían que me dejaran un comentario que me ayuda a conocer su opinión sobre lo que escribo.

Besos, April.