Capítulo 1:
By Eren.
El olor a pino y el sonido del pequeño riachuelo frente a mí me eran relajantes, como una canción de cuna —como se supone que una canción de cuna tiene que ser, no como los gritos desafinados de Hanji— el cálido sol acariciando sutilmente mi rostro me hacían perder la noción del tiempo. Estaba sentado entre las raíces que sobresalían de aquél árbol enorme, el canto de los pájaros acompañaba a los demás sonidos agradables y me hacían cerrar los ojos a momentos dejándome en una tranquilidad inexistente, ya que sabía que hoy era mi último día aquí.
Era día de traslación y cacería, lo cual significaba que tendríamos que salir de Shiganshina a intentar cazar alguno de ellos por el camino hacia algún pueblo que corra el riesgo de que algún dragón esté por los alrededores, usualmente hacíamos esto para averiguar un poco de su especie y pasarnos varios días investigándolos, o para simplemente eliminarlos de la faz de la tierra y mantener los pueblos a salvo. Lo segundo era mi propósito, destruir a todos y cada uno de los dragones era mi motivación para seguir en este absurdo mundo. Hanji solía decir que ese era un pensamiento demasiado sádico para un niño de 16 años como yo, pero dejó de importarme tanto su opinión cuando a mi mente llegó el vago recuerdo de una de esas cosas comiéndose a mi madre, desde entonces sólo asiento fingiendo arrepentimiento.
Me uní a la legión del reconocimiento cuando cumplí los 15 años, en aquél entonces mi deseo de venganza era mucho más débil, supuse que era porque nunca había visto morir a tanta gente que en verdad quisiera, exceptuando a mi madre, ya que el recuerdo de su muerte era demasiado lejano como para sentir la rabia que tenía después de ver morir a mis amigos.
Y Hanji, como siempre, intentaba hacerme reaccionar, elegir una vida más… simple, algo que me alejara de los problemas y que me diera la oportunidad de sentar cabeza, enamorarme de alguien o algo parecido.
Pero yo jamás deseé una vida simple, no cuando se estaba en guerra.
El sexo y la vida simple siempre habían estado en segundo plano, en realidad —y a pesar de estar en la adolescencia— prefería pensar en nuevas formas de matar a un dragón, que en una chica con la cual copular.
—¡Erencito! —reconocí esa voz un tanto irritante gritarme a lo lejos—. ¡Eren!
Salí de mis pensamientos y me giré para buscar la obvia dueña de esa voz, por sorpresa no la vi.
—¿Hanji? —pregunté levantándome de las raíces y caminando lentamente hacia donde escuché su voz.
Cuando de repente unos brazos se posaron en mis hombros haciéndome pegar un brinco.
—¿Acaso no lo viste venir? —preguntó Hanji a mis espaldas para después descojonarse de risa en el suelo.
—Estaba distraído —contesté cruzándome de brazos—. ¿Qué sucede?
Ella se levantó tambaleándose un poco y su expresión se volvió seria al instante.
—Nos iremos en un par de minutos a Rose, tendrás que ir con el escuadrón B atrás para que nosotros les cubramos ¿Entiendes? Tu grupo será al que protegeremos esta vez, ustedes llevaran la comida y otras cosas importantes en las bolsas que cargarán los caballos.
Asentí y miré hacia el riachuelo que había estado contemplando unos minutos atrás.
—No sé por qué, pero siento que será más difícil volver a casa esta vez, incluso podríamos no volver —comenté con un extraño sentimiento en la boca del estómago.
—¿Huh? ¿Por qué dices eso? —preguntó Hanji mirándome con atención.
—No lo sé… Tal vez estoy sugestionándome demasiado —dije y me di la vuelta dándole la espalda a Hanji y a mi lugar de relajación.
—Eren, dime que te pusiste bien el equipo.
—Sí, Hanji, me puse bien el equipo.
—¿Y tu caballo cómo está?
—Como siempre.
—De acuerdo, desayunaste bien ¿Verdad?
—Sí, todo lo que me diste hoy me lo comí.
—Muy bien… ¿En verdad te pusiste bien el equipo?
—Hanji, estás más rara que de costumbre.
Hanji sonrió ladeadamente y se acomodó las gafas, se le notaba nerviosa.
—Lo sé, lo siento, es que lo que dijiste hace rato me hizo dudar de nuestra supervivencia hoy.
Le sonreí de vuelta y le abracé, no supe bien por qué lo hice, simplemente sentí que era necesario.
—Todo estará bien, Hanji, mataremos dragones, descansaremos en Rose, comeremos algo delicioso y luego regresaremos a casa, lo prometo.
Hanji suspiró y me estrechó entre sus fuertes brazos logrando que el aire abandonara mis pulmones.
—¡Ay, eres tan adorable cuando intentas hacerme sentir mejor! ¡Sabía que sería una genial idea adoptarte! ¡Eres un amor!
—H-hanji, me ahogo —dije mientras me ponía morado, ella rápidamente me soltó y luego deposito un beso en mi frente.
—De acuerdo, iré a mi posición y nos veremos cuando hayamos matado a la peste —dijo Hanji con entusiasmo y luego se fue dando extraños saltitos hacia su escuadrón en donde Erwin lideraba.
Suspiré y pasé mi mano por mis cabellos marrones, ya era la hora de dejar Shiganshina otra vez.
—Mamá como siempre sacando de quicio a su pequeño ¿A que sí? —dijo una voz femenina atrás de mí con burla.
—Melanie, ¿Por qué no te callas? —contesté girándome hacía ella.
Esta me sonrió en cuanto cruzamos miradas. Melanie era la nueva y la más joven de la legión del reconocimiento.
—Vaya, al parecer alguien no está de buen humor hoy —Melanie se pasó las manos por su cabellera rubia haciendo una coleta improvisada—. En realidad nunca estás de buen humor.
La miré serio mientras ella se reía de mi cara.
—Bueno, creo que deberías ir por tu caballo, nos iremos pronto.
Ella me miró con esos enormes ojos café claro y asintió varias veces antes de ir por su caballo.
Bufé cuando supuse que ella no me oiría y decidí montarme en mi caballo.
Melanie era como Hanji, demasiado relajadas como si no les importara que las matasen, la única diferencia entre ambas era que Hanji tenía experiencia en la lucha y Melanie era demasiado nueva para eso, todas las veces era yo quien la protegía y al parecer de ahí surgió el gran aprecio hacia mí.
—Ya llegué —habló Melanie sobre su caballo sonriendo como una idiota.
—Hola Mel —contesté sin prestarle mucha atención a su voz aguda.
—Cuando lleguemos a Rose te invitaré un trozo de pastel ¿Qué te parece, Eren? ¿Crees que eso logre endulzar tu amargo sentido del humor?
—Como sea.
Melanie hizo un puchero y se acercó un poco más a mí.
—Eres cruel a veces.
—Claro que no, lo que pasa es que tú eres muy llorona y sensible —contesté mirando como ella se encogía en su lugar.
—¡A sus posiciones! —gritó la voz del comandante frente a nosotros.
—Hey Eren —habló nuevamente Melanie colocándose en su lugar.
—¿Y ahora qué quieres?
—Sé que estaremos juntos todo el camino hasta Rose, pero, ten cuidado…
Me quedé tieso mirando a la más infantil del grupo hablándome con una seriedad demasiado extraña en ella.
Al final solo pude asentirle.
El cielo comenzaba a verse gris a través de los enormes árboles que le cubrían, todo el camino había sido bastante tranquilo, ningún dragón había aparecido.
Después de media hora Melanie había recuperado su inmadurez de siempre y se encontraba cantando mientras abrazaba a su caballo, me resultaba bastante molesto pero dejé que siguiera en lo suyo.
—Está comenzando a llover —dijo uno de mis compañeros a mi espalda resaltando lo obvio. Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre mi cabeza.
—Deberíamos parar todos aquí, es muy peligroso seguir avanzando por el bosque con el clima —sugirió el chico pelirrojo a mi lado.
—No he recibido órdenes de parar, no podemos hacerlo —dijo el comandante mirando hacia el cielo esperando alguna señal de humo que nos indicara parar.
—Eso es demasiado extraño, Erwin suele dar la señal siempre que comienza a llover —dije mirando que el comandante ni siquiera se inmutaba.
—No te preocupes, niño, seguramente Erwin sabe lo que hace —contestó el hombre completamente tranquilo mientras que a mí me temblaban las manos.
—¿Y si les pasó algo? —preguntó Melanie casi gritando.
—Lo dudo mucho, ¿Acaso no sabes quienes nos lideran justo ahora? Erwin y Hanji son lo mejor de lo mejor, si algo les pasa ¡Que me parta un rayo! —habló altanero el comandante y soltó una risa demasiado molesta.
Fue entonces cuando sin darnos tiempo de siquiera reaccionar nuestro comandante se hallaba en el suelo sin la mitad del cuerpo y un dragón de una apariencia desconocida volaba hacia él para terminar de tragárselo.
—¡Eren! —gritó Melanie señalando hacia atrás de mí cuando de pronto sentí mi cuerpo caer al suelo y vi a mi caballo completamente asustado huir.
Otro dragón apareció de la nada logrando que todos nos colocáramos en posición de ataque.
Me levanté del suelo lo más rápido que pude y corrí hacia Melanie quien se había decidido subir a un árbol con su equipo y atacar al dragón que atacó a nuestro comandante.
Aquél monstruo era diferente a los otros, era el primero que veía completamente negro sin tener aquella característica entre las escamas que daba la ilusión de estarse incendiando, además que sus ojos eran de un plateado demasiado extraño.
Melanie se lanzó hacia él y este con una rapidez sobrenatural esquivó el ataque de mi compañera, ella cayó al suelo lastimándose un brazo, justo cuando aquella cosa abrió sus fauces para atacarla llegué hasta él y le clavé mi cuchilla rebanándole la lengua.
Tomé a Melanie del brazo levantándola cuando mi compañero pelirrojo cayó sobre el dragón cortando así su cabeza.
—¡Son demasiados! —gritaron a mis espaldas y cuando volteé tres dragones iguales al anterior atacaban a mi grupo que estaba conformado por veinte personas.
Corrí a ayudarlos sin pensarlo dos veces, el chico pelirrojo y Melanie corrieron tras de mí para ayudarme.
Todo pasó demasiado rápido a partir de allí.
A pesar de que solo eran tres dragones contra los que peleábamos mis compañeros no podían contra ellos.
Eran demasiado rápidos, aprendían cada movimiento que hacíamos y lo usaban en nuestra contra.
Sin pensarlo dos veces me abalancé hasta el lomo de uno de ellos y lo tomé por el enorme cuello con mi cuchilla utilizando toda mi fuerza para cortarle la cabeza, pero para mi sorpresa este giró su cabeza hacia mí y abrió su boca como si me sonriera con toda la malicia del mundo.
—Eres tú —dijo en una voz gutural y yo me puse pálido ya que supuestamente los dragones no hablan.
—¡Eren! —gritó Melanie a lo lejos y yo caí al suelo sintiendo el ardor en la mitad de mi cuerpo por aquella caída.
El dragón solo pudo rozar mi pierna con sus largos colmillos cuando el chico pelirrojo y Melanie le atacaron, pero éste hábilmente esquivo el siguiente ataque y lanzó a mi compañero hacia un pino, el chico soltó un alarido de dolor cuando los otros dos llegaron hasta él cada uno con un extremo del cuerpo del chico en su hocico y al final jalaron de él violentamente partiendolo a la mitad callando sus alaridos.
Melanie me alzó del suelo y yo grite con fuerza al sentir un dolor demasiado agudo en mi pierna.
—No puedo moverme Mel, huye, corre y busca ayuda —dije reprimiendo las lagrimas que querían salir, pero ella no se movía—. ¡Melanie!
—Todos están muriendo —susurró ella caminando a paso acelerado jalándome causando que me quejara por el dolor en mi pierna—. Si huyo no encontraré a nadie tal vez muera, no puedo Eren ¿Qué hay de ti?
—No tengo salvación Mel, hazme caso ¡Joder! ¡Solo hazlo! ¡Escapa! —dije apretando mis dientes y ella se acercó a un árbol y me dejó recargado ahí.
La lluvia comenzó a caer fuertemente sobre nosotros y cuando miré hacia la zona de batalla me pude dar cuenta de que tres de ellos huían mientras los otros tres intentaban llamar la atención de los dragones lo cual parecía ser en vano.
Y aquél al que oí hablar me miró burlonamente y voló hacia Melanie y hacia mí.
—¡Melanie! —grité y ella solo me sonrió con algo de melancolía.
Eso fue lo último que vi cuando ella me empujó haciéndome caer colina abajo, no podía parar todo el bosque daba demasiadas vueltas y yo me negaba a cerrar los ojos, quería gritar y quejarme por el espantoso ardor que sentía pero tenía un enorme nudo en la garganta que me impedía el siquiera respirar.
No supe si llegué hasta el final de la bajada solo sentí mi cuerpo impactar contra un árbol lastimándome las costillas y quitándome el poco aire que tenía.
La lluvia me hacía imposible recuperar el aire cayendo tan pesadamente sobre mí y el barro bajo mi cuerpo me comenzaba a parecer incomodo, sucio y molesto, pero no podía moverme, mi cuerpo no quería reaccionar.
Sobre el sonido de la lluvia dar contra el suelo logré escuchar el exagerado grito de dolor de Melanie que me llamaba antes de morir, gritó mi nombre y al final su grito fue cesado violentamente, fue entonces cuando supe que esa pequeña chica había muerto.
Tuve ganas de llorar, pero las lágrimas se negaban a salir y al final tampoco pude mantenerme consiente pues una nube oscura comenzaba a nublarme la visión, los sonidos se habían hecho más lejanos y yo me dejé ir con la oscuridad.
—Tal vez ya esté muerto —dijo una voz que parecía estar lejana, una voz femenina que no reconocí.
—¿Eres idiota? Si estuviera muerto lo hubiera dejado donde estaba —contestó una voz masculina y profunda que me pareció extrañamente agradable.
—Vale pero aun no entiendo por qué lo trajiste hasta aquí.
—Iba a morir desangrado si lo dejaba ahí, además parecía haber sufrido un emboscada de parte de ellos —contestó la voz masculina dando énfasis a "ellos".
—No te va el sentir lástima.
Fue entonces cuando abrí lentamente los ojos siendo recibido por la luz gris colarse tras las ventanas, parecían ser entre las seis o siete de la tarde. El ventanal a mi derecha daba hacía un paisaje con el cielo nublado y las gotas de lluvia chocaban contra el vidrio empañándolo.
—Despertó —dijo la voz femenina y me giré a ver de quienes provenían las voces.
Cerca de una puerta blanca se hallaban dos jóvenes, ambos lucían realmente hermosos.
La mujer tenía rasgos asiáticos, una piel blanca que rozaba lo insano, un cabello negro que llegaba a sus hombros completamente lacio, sus ojos me miraban con desconfianza, mientras que sus manos jugueteaban con la piedra roja que colgaba de su cuello.
—Mocoso ¿Cómo te sientes? —me preguntó el hombre que se acercó a mí sentándose en la orilla de la cama.
El hombre frente a mí lucía serio, su ceño estaba levemente fruncido y su piel pálida contrastaba sus ojos oscuros, tenía un aire misterioso, su rostro era fino y me miraba con lo que parecía ser preocupación.
—Estoy bien —respondí con la voz rasposa, casi afónico.
—Me alegra —contestó sin cambiar su expresión.
El chico acercó su mano hacía mi tocando mi frente, aquel simple contacto me hizo sentir nervioso y sentí extraños chispazos en la cabeza.
—¿Dónde estoy? —pregunté cuando él retiró su mano.
—En mi casa —dijo él tomando de una pequeña cubeta un trapo húmedo para después colocarlo en mi frente—. Tienes fiebre aun.
Reprimí un quejido de incomodidad cuando la fría toalla húmeda tocó mi piel, fue entonces cuando noté al fin todo el dolor de mi cuerpo, parecía tenerlo completamente entumecido, prácticamente no podía moverme.
—En tu casa —repetí y luego intenté moverme logrando causarme un fuerte pinchazo bajo las costillas y en la pierna en donde anteriormente había sido mordido.
—No te muevas mucho o los puntos se te romperán y te desangrarás.
—¿Dónde está mi grupo? —pregunté ignorando el comentario del chico frente a mí, me sentía bastante agobiado cuando a mi mente comenzaron a llegar recuerdos nada gratos.
Él chico se encogió de hombros.
—Lo siento, ellos murieron.
Me quedé callado acostado en la cama de una persona de la cual no sabía su nombre y que además me había salvado.
—Oye, te estás poniendo pálido —comentó la chica de cabellos negros.
—Estoy bien —dije en un hilo de voz.
—Creo que debes descansar —replicó ella y abrió la puerta de la habitación—. Está anocheciendo, nos vemos mañana como sea que te llames —y sin más la chica oriental salió de la habitación.
—Ella tiene razón —contestó el hombre, pero en vez de irse como ella, él se acercó un poco más a mí—. Soy Levi Ackerman, la chica que se fue se llama Mikasa y es mi hermana menor… Tú eres…
—Soy Eren, Eren Jaeger —contesté.
—Muy bien Eren, me gusta tu nombre, ¿Qué hacías en el bosque tan malherido?
—Yo planeaba llegar a Rose junto a mi grupo.
—¿Y qué clase de grupo es ese?
—Supongo conoces a la legión del reconocimiento, aquella legión que se encarga de matar a sangre fría a aquellos malditos monstruos llamados dragones —contesté con algo de rabia al recordar a mis compañeros siendo masacrados. Levi sonrió ladeadamente logrando que un extraño escalofrío recorriera mi espina dorsal.
—Ya veo —dijo sin apartar la vista de mis ojos—. Entonces ¿Todas esas heridas fueron causa de alguno de esos monstruos?
—Sí, mi grupo y yo fuimos atacados por sorpresa por los dragones de ojos plateados, nunca había visto a esa especie —cuando dije eso Levi me miró con sorpresa, supuse que él nunca se había topado con esa especie.
—¿Cómo dices? —preguntó en un tono de voz levemente alarmado.
—Nos atacaron en emboscada, eran demasiado rápidos y… —me detuve ¿Por qué le contaba todo esto a alguien que apenas acababa de conocer?
—Y… —repitió animándome a continuar.
—No recuerdo nada más —mentí y él pareció creerme.
—Deberías descansar, Eren —dijo Levi levantándose de la cama—. Ah y por cierto, bienvenido a Saphire.
Me quedé perplejo al oír aquello ¿Saphire? Nunca en mi vida había oído de un lugar con ese nombre.
—¿Saphire? —pregunté con la voz temblorosa.
Él sonrió y abrió la puerta de la habitación.
—Descansa, Eren, ya hablaremos mañana —dijo Levi para después salir de la habitación dejándome completamente solo y confundido.
Fin del capítulo 1.
N/A: Espero que les haya gustado, ya saben que estoy abierta a cualquier critica constructiva, y si tengo algo error avísenme, eso de no tener beta no es fácil.
Playlist:
Sirenia — This Lonely Lake.
¿Review?
