Nada del mundo de Harry Potter nos pertenece. Todo ello es propiedad de J. K. Rowling
Esta historia es slash, es decir, relación hombre/hombre, más concretamente Harry/Draco o Draco/Harry, no hacemos distinciones.
Autoras: Hestia y Selene1981.
Clasificación: M
Resumen: Un Malfoy siempre cumple sus promesas
CAPITULO 2: Cuando una ciudad se cierra, se abre una mansión
A través de la niebla se podían ver cientos de cadáveres de ambos bandos, mutilados, destrozados, algunos irreconocibles, todos independientemente del ideal que defendieran víctimas de la eterna lucha por el poder.
El cielo; azul plomizo, a juego con el estado de ánimo de los que seguían vivos, por lo menos de los que no eran mortífagos. Las bolas de fuego, lanzadas de uno y otro lado atravesaban el aire, quemando lo poco verde que quedaba, acabando con los cadáveres y cuando daba en algún cuerpo que seguía con vida provocando alaridos y gritos de terror que se habían convertido en la banda sonora de la batalla.
Y cerca del lago negro, una figura se elevaba sobre un pequeño cerro, buscando entre la bruma y el fuego, intentando a través de los gritos que desgarraban su alma, encontrar al asesino de sus padres, al ser que había marcado su vida, condicionado sus sentimientos, aquel que un día lo señaló, el que hoy moriría a sus manos. Harry Potter apretaba con fuerza su varita, canalizando en esta toda su magia, mientras sus ojos seguían buscando, mientras murmuraba para si mismo "¿dónde estás maldito cabrón?"
Cuando un presentimiento recorrió su cuerpo, haciéndolo temblar y su vista se dirigió inconscientemente a un punto de la batalla donde pudo distinguir dos figuras apuntándose con las varitas, y una de ellas era Voldemort.
Corrió como nunca para llegar hasta allí, y mientras lo hacía distinguía a Draco Malfoy en la otra figura que se enfrentaba a su eterno rival y a Lucius en el suelo, probablemente muerto. Al acercarse más podía distinguir las voces; firme una, terriblemente airada la otra. Una que era capaz de ponerle tan tenso que podría quebrarse:
-¡Maldito traidor! Hoy tendrás la misma suerte que tu padre. Morirás junto a él por haberme traicionado. Y vas a sufrir mientras agonizas, con tiempo de arrepentirte de lo que has hecho
-Así sea — contestó Malfoy. A pesar de que su gesto evidenciaba cansancio, su voz firme y pétrea, la misma que otrora le insultaba y humillaba; permanecía impasible, como todo su cuerpo. Elegantemente dispuesto a la lucha
Harry que cada vez estaba más cerca pudo ver como Voldemort sacaba una segunda varita, y supo que desde ese ángulo Draco no la podía ver. Y fue un instante, uno de esos momentos que sin saberlo definen tu vida, y lo que eres…podría haber esperado y sorprender al maldito asesino, tendría ventaja para matarlo ¡¡por fin¡¡
Pero Harry Potter, a pesar de ser un auténtico experto en duelos; en defensa contra las artes oscuras y en las mismísimas artes oscuras, odiaba la muerte, en cualquiera de sus facetas y más que esta, ver morir a alguien, aunque ese alguien fuese Draco Malfoy.
Así que Harry Potter saltó para ponerse en el medio mientras soltaba la maldita y famosa frase esperando que diese en el blanco. Con la inercia del salto empujó a Draco y cayó sobre él. Sintió un agudo dolor en el pecho, después todo era rojo.
Cuando volvió a despertar pudo distinguir unos ojos grises que a través de su eterna máscara de disciplencia reflejaban un pequeño brillo de preocupación. Lo primero que pensó fue en quién le preocuparía tanto, hasta que recordó que posiblemente fuese él. Aunque no estaba seguro. Se sentía tan débil.
-Te debo la vida — fueron las primeras palabras del rubio. Harry intentó negar con la cabeza pero Draco, mientras cogía su mano, ignoró el gesto
-Tengo una deuda contigo. Algún día, cuando sea, tendrás que darme la oportunidad de resarcirte Potter
Harry Potter, lo miró y sonrió antes de volver a caer inconsciente.
El único hostal que Harry Potter conocía del mundo muggle era el Caldero Chorreante. Suponía que habría más pero la noche anterior, recién llegado de Londres, no tuvo ganas de buscar, aparte de que tampoco sabía donde. Lo malo era que aquel sitio parecía concentrar todos los ruidos de la ciudad, mágicos o no. El sonido de pasos y el griterío lo despertó.
Por un instante creyó que estaba en su tercer año, escapando de Sirius, protegido por el ministerio, pero la punzada de dolor duró lo que el quiso, décimas de segundo. No se permitía mirar atrás, no en ese momento. Sin embargo volver a "casa" le había traído recuerdos. Uno de ellos, tan tangible que podía ser sin duda el primer paso a dar, puesto que no quería seguir durmiendo en un hostal y tenia que pensar, como después de tres años se enfrentaría a todo el mundo.
Se levantó de la cama con bastante pereza, pero sin otro remedio. Tom; el tabernero, le había comentado que a las doce en punto debía abandonar la habitación para que ellos pudieran limpiarla y arreglarla un poco. El suelo estaba frío, pero aún así caminó descalzo hasta el cofre donde había empacado sus pertenencias. No se molestó mucho en elegir la ropa, pero aún así escogió dos prendas que combinaban bien o al menos no tan mal como cabría.
Sonrió un poco nervioso cuando otra vez su mente le jugó un mala pasada y no pudo evitar oír la voz de Hermione y Ron peleándose mientras lo esperaban.
-Maldito déjà vu — Protestó siendo consciente que ni Ron ni Hermione estaban allí.
Pero todo era tan real. Parecía que nunca se hubiera ido de allí.
-Incluso la habitación es la misma — se quejó mientras recordaba como Tom le había dado esas oxidadas llaves con una pequeña etiqueta que ponía 'habitación 11', la misma habitación que años atrás había ocupado.
Sin embargó no lo reconoció. Al igual que tampoco lo reconoció aquél mago con el que chocó nada más llegar. Ni aquél otro que le sonrió seductoramente mientras amablemente le decía la hora. Pero él no había cambiado o al menos eso se decía todos los días desde hacía exactamente tres años. El seguía siendo el mismo. Pero mientras se miraba detenidamente en aquel espejo que hacia años no le devolvía su imagen, mientras dejaba que las prendas cayeran una a una al suelo y la suave brisa que se colaba por debajo de la puerta acariciará su piel. Su imagen del espejo negó significativamente. Había cambiado por el mero hecho de que el tiempo no perdona. Y aunque él ya se consideraba todo un adulto, a los ojos de sus mayores él aún era demasiado joven.
-Sigo siendo el mismo — replicó airadamente mientas pretendía ahuyentar sus propios demonios.
Le pareció que su imagen del espejo se rió disimuladamente de su patético espectáculo y él, aun más enfadado de lo que debería, se metió con rapidez al cuarto de baño dejando caer la ropa en una esquina. Sin molestarse en ponerla bien.
El agua estaba fría y él profirió un pequeño grito. Pero se negó a hacer aquel simple hechizo que la hubiera caldeado lo suficiente para que su cuerpo no temblara, simplemente porque hasta la más mínima gota de magia era más valiosa para él que los cuadros de Monet.
Cerró el grifo con rapidez una vez que su cuerpo estuvo totalmente mojado y a tientas cogió el champú, aplicándoselo en su desordenado pelo. Se lo lavó lo más rápido que pudo y en contra de sus deseos volvió a abrir el grifo dejando que otra vez esa agua helada lo recorriera sin restricciones que valieran. Maldijo cuando un poco de espuma se metió en sus ojos escociéndole un poco. Pero finalmente, aquella tortura que era para él un baño al estilo mágico, acabó y todo quedó como un mal pasajero.
¿Qué haría ahora? Debía ser temprano, no más de las doce puesto que la bruja que se encargaba de limpiar los cuartos aún no había tocado su puerta. Pero aún así el día estaba en pleno apogeo y las calles, por los sonidos que se oían, debían estar infectadas de magos. Algunos haciendo compras, otros yendo a sus respectivos trabajos y otros simplemente paseando, disfrutando del día.
Sus tripas rugieron feroces recordándole que la noche anterior no había ingerido ningún alimento. El avión que había tomado para ir a Inglaterra había llegado casi de madrugada. Los nervios, las prisas y aquella sensación que casi lo ahoga al saberse otra vez en aquella tierra donde había nacido, donde había vivido tantas cosas; buenas y malas, había hecho que sus pensamientos volaran tan rápido como su antigua Saeta de Fuego, la misma que llevaba en su mano izquierda para recelo de los muggles, que lo miraban del mismo modo que miraban a un mago que intentaba parecerse a ellos, usando esos ropajes que Harry recordaba muy bien del mundial de Quidditch al que asistió en su cuarto año junto a la familia Weasley. Su familia.
No pudo evitar pensar en ellos; los Weasley, mientras cerraba la puerta de la habitación y se ponía en marcha. Iba a buscar algún tipo de alimento físico y por qué no, también mágico. Un pequeño escalofrío lo recorrió y por experiencia supo que su magia volvía a estar sobre mínimos y recordó que ayer tampoco ingirió su otra ración de alimentos.
-Buenos días — una bonita chica con las mejillas sonrojadas le sonrió tímidamente desde detrás del mostrador - ¿ha dormido bien?
-Perfectamente — Harry sonrió. Pero su sonrisa no fue seductora como otras veces. Como la que usaba cuando debía conseguir aquello que le hacía ser lo que era; un mago.
Para Harry, la diferencia entre lo que estaba bien o mal era ínfima. Él hacia lo necesario para seguir viviendo del único modo que siempre quiso. Del modo que lo hicieron sus padres, tal y como Hagrid se encargó de explicarle cuando a sus once años le dijo que era un mago. Por el mero hecho de que una vez que aquella profecía lo marcó, el se ganó ese derecho. El derecho a ser un mago.
-Puedo ayudarlo en algo, señor… - hizo una pausa mientras consultaba unos papeles donde seguramente estaba su nombre anotado y continuó - …Harry.
-Sí¿podrías decirle a Tom que quizá esta noche vuelva a ocupar la misma habitación?
-Sí, por supuesto — contestó servil — sí toma asiento le puedo preparar un buen desayuno.
Harry así lo hizo. Tomó asiento en una mesa que había junto a una ventana y así, durante los escasos segundos en los que estuvo esperando su desayuno, se dedicó a observar a las personas que caminaban apresuradas por las calles.
-Aquí lo tiene — le informó servilmente la muchacha, mientras sus mejillas se sonrojaban al ver la sonrisa que Harry le regaló. —sí usted quiere, sí usted desea…
Harry negó con la cabeza pero no pudo resistir la tentación de coger una de las temblorosas manos de la muchacha y llevársela a sus labios, mientras notaba como ligeros coletazos de magia recorrían su cuerpo. Pero no la suficiente cantidad, no la necesaria.
-Muchas gracias…
-Sharmila — se apresuró a contestar
Harry volvió a sonreír mientras revolvía sus huevos y le echaba un ojo al jugo de calabaza que parecía llamarle a gritos.
-Sharmila — se oyó el tabernero llamándola mientras entraba por la puerta con algunas bolsas de papel en la mano —Sharmila — volvió a gritar.
Ésta se disculpó rápidamente mientras se dirigía a donde la llamaban y comenzaba a ayudar a Tom.
Harry suspiró y se centró en su desayuno. Estaba muy bueno, aunque no se podían comparar con los pétit dejeuner (desayunos) que en Francia preparaban. Aún podía saborear los merengues, las magdalenas, los pettits fours, tartaletas, los buñuelos y el caramelo que allí preparaban, acompañado, cómo no, por un buen café au lait (café con leche). Pero a pesar de ello, su estómago rugió con satisfacción mientras pinchaba con el tenedor una buena porción de huevos con jitomate y champiñones y se los llevaba a la boca
El desayuno es la comida más importante del día, al menos eso era lo que siempre repetía su tía Petunia. Pero Harry era propenso a distraerse y si la palabra Malfoy aparecía, casi por arte de magia ante sus ojos, la distracción estaba asegurada.
Un periódico mágico cayó en su mesa mientras un mago protestaba al haberse dado cuenta de que leía un periódico del día anterior. Harry se sobresaltó en un primer momento pues el golpe hizo que el tenedor tintineara y que sus pensamientos volaran muy lejos; lejos de su alcance. Pero casi como si de un presentimiento o de una corazonada se tratase, el periódico fue abierto y aquél rubio que siempre estaba en sus pensamientos se materializó ante sus ojos. Estaba en primera página, sin sonreír, con su gesto impasible y con aquella mirada amenazante que el siempre adoró. La imagen casi no se movía y Harry pudo apreciar con satisfacción que a aquél rubio pomposo no le agradaba esa clase de popularidad. Al menos parecía gustarle en la misma medida que a él siempre le gustó; nada.
Seguramente el periódico hablaba de los logros de éste como empresario pues la palabra 'joven' y 'empresario' aparecían reiteradamente juntas. Pero Harry no se molestó en leer el artículo, al menos no por el momento. En ese momento lo único que su mente era capaz de hacer era analizar esa imagen desde todos los ángulos que le era posible. Se preguntó si aquél rubio engreído habría pagado por un reportaje completo, pues la mayor parte del periódico parecía dedicada a él. Pero esa opción fue rápidamente desechada por otra cada vez más recurrente o quizá más acorde con el nombre Malfoy; influencias.
Varias imágenes de la casa o mejor dicho; mansión, donde el joven heredero de los Malfoy vivía aparecían en aquel reportaje sin fin y Harry no pudo más que reír suavemente mientras pensaba que la suerte le sonreía, que quizá ese fuera su destino o, como si de un cuento se tratase, ese fuese su camino amarillo a seguir, tal y como ocurría en aquel cuento muggle; el Mago de Oz.
-Demasiada casa para ti solo, Malfoy — bromeó — quizá esperes visita o la desees.
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Afortunadamente, tal y como indicaba el periódico, Malfoy compatibilizaba los negocios mágicos y los muggles. Y así, como uno se puede perder en el mundo mágico sin dejar rastro, los muggles vete tú a saber por qué paranoica razón necesitaban localizarse unos a otros.
Por eso, al salir del Caldero Chorreante para enfrentarse con ruidos tan comunes como coches o sirenas, fue directo a una cabina de teléfono, había un solo Malfoy en la lista. Y la dirección era de uno de los barrios más lujosos de Londres. Cómo no. Sonrió imaginando al gran defensor de la magia tratando de aprender el "complicado" mecanismo de un teléfono.
Caminó por las calles, dejándose llevar por los olores y sabores de una ciudad que a pesar de hacerle sentir nuevamente en casa, prácticamente no conocía. Jugando inconscientemente, como hacia en Paris, a distinguir muggles de magos entre el gentío, "presas" que alimentaban su magia, aunque en ese momento tenía prioridades, era incapaz de dejar según que viejos hábitos. Llegó a Trafalgar Square donde decidió tomar un autobús, de pronto le urgía llegar a casa de Malfoy.
Como si ya hubiese estado allí, sólo necesitó revisar la dirección que tenía apuntada una sola vez, el instinto le guió. Sin necesidad de comprobar el nombre en el buzón supo que aquella era, sin duda, la casa de Draco Malfoy.
Después de diez minutos delante de la puerta, por fin, se decidió a llamar. Durante lo que a él le habían parecido siglos no hacía más que convencerse de que era su única opción. Sin embargo no tenia muy claro porque no estaba en esos instantes tomándose un café con Ron que, al fin y al cabo, era su mejor amigo (o lo había sido) y no delante de la casa de la persona con la que había intercambiado más insultos a lo largo de su vida.
Tal vez era porque en los últimos tiempos, sus sueños estaban ocupados por un rubio y no un pelirrojo. Si sería eso. Suspiró mientras miraba a ambos lados de la calle, donde un parque atenuaba la sensación de claustrofobia que empezaba a sufrir sin saber muy bien porqué. Y al final, como casi todo lo importante en esta vida, sin pensar más y dejando que su mano actuase sola, llamó a la puerta. Y un segundo después de hacerlo, asustado comprobó que no había pensado en lo que le diría exactamente, así que decidió que ese era un buen momento para ponerse nervioso.
A pesar de eso, cuando se abrió la puerta y apareció Draco Malfoy en ella, todos sus pensamientos corrieron en desbandada a algún oscuro lugar en su mente para dar paso a una única idea que se convirtió en su banda sonora:
-"Es él, está aquí"
Y después nada mas, la visión de su Némesis, de la maldita recordadora humana de todos y cada uno de sus males, de los nítidos ojos grises que a pesar de todo siempre conseguían relajarlo, llenó el aire que casi no podía respirar, consiguiendo que como en las mejores historias que cuentan romances ambos se quedasen mirando el uno al otro sin decir palabra.
Podrían haber seguido así, hasta el día del Apocalipsis, pero Harry no había sido el mejor buscador de la historia en decenios porque si. Sus reflejos lo llevaron a adelantarse y extender su mano.
-Malfoy...
Draco pareció despertar de algún letargo y contempló la mano que le ofrecían, sonriendo irónico, correspondiendo al saludo, sin inmutarse.
-Potter...no me digas mas, pasabas por aquí y se te ocurrió venir a saludarme.
Harry sonrió no sin timidez y se encogió de hombros esperando. Por eso Draco elegantemente se apartó del quicio de la puerta en un claro ademán de invitación.
La casa era como parecía en las revistas, amplia, luminosa e increíblemente moderna, siendo como era su propietario un mago de alta alcurnia, con siglos de sangres puras en su árbol genealógico y cientos de costosísimos y valiosísimos muebles que el último heredero de la familia tendría a bien lucir. Pero no. Nada de lo que había en la casa recordaba a un Malfoy. Entonces Harry se estremeció, porque acababa de darse cuenta de que estaba contemplando la casa de Draco.
Un leve carraspeo a su espalda sacó a Harry de su ensoñación, Draco entraba en una salita llena de estanterías con todo tipo de libros. Con la mano le indicó una butaca situada al lado de la chimenea, haciendo lo propio en la gemela que estaba enfrente.
Harry paseó la mirada por la estancia, muchos libros, luces indirectas, alfombras mullidas y un amplio ventanal. Olvidándose del momento se arrebujó en la butaca, acomodándose con pereza. Sonrió relajado mientras sacaba un cigarro mirando interrogativamente a su "forzado" anfitrión:
-¿Puedo? - preguntó
Malfoy esbozó una medio sonrisa
-¿Eres consciente de que el tabaco mata Potter?
-¿Salvando mi vida Malfoy? - respondió éste
Draco asintió con un gesto al que Harry respondió encendiendo el cigarro.
-Es lo mínimo que puedo hacer - murmuró Draco.
Entonces Harry tuvo que hacer un gran esfuerzo para no atragantarse con el humo, mientras luchaba contra el evidente sonrojo. Sonrió, no sin sacar a relucir, inconscientemente, algo de su ya inherente estilo seductor.
Malfoy obvió la reacción y sacando su varita conjuró dos tazas:
-¿Café¿Té?
-Café gracias - respondió Harry al tiempo que contemplaba cuan fácil era para los demás hacer magia, algo tan simple como dos tazas y café recién hecho suponían un esfuerzo tan grande para él que no pudo evitar un ligera punzada en el estómago, como si le hubiesen golpeado. Envidia.
Suspiró levemente mientras tomaba el café que el ofrecían. Contempló por unos segundos la taza, levantó la cabeza, para tropezar con unos inexpresivos ojos grises que lo miraban fijamente, ahora ya no se sentía tan relajado
-Te preguntarás qué hago aquí - comenzó
-No — respondió - me preguntaba cuándo ibas a decir eso - y dejando su taza elegantemente encima de la mesita que separaba las butacas se acomodó juntando las manos en su regazo - pero puedes contármelo.
Harry bebió café, miró a la chimenea, se dio cuenta de que en aquella habitación no había fotos ni nada personal, que era como un decorado, perfecto, pero un decorado, volvió a beber y sin mirar al otro chico comenzó:
-Llevo tres años fuera del país
-Me di cuenta Potter - contestó Malfoy en tono divertido. Dejó de mirarlo tan fijamente en ese mismo instante, porque acababa de decidir que el retornado y nuevo Potter le estaba gustando demasiado. Demasiado tratándose de él precisamente.
Harry tuvo la decencia de sonrojarse.
-El caso es que... bueno... decidí que ya era tiempo de volver a casa, aunque no tengo muy claro por donde empezar, la verdad... hoy por la mañana leí el artículo del Pobreta sobre ti y...
Draco Malfoy frunció el ceño, y suspiró poniendo los ojos en blanco
-Ese estúpido artículo - murmuró contrariado
Harry sonrió, y esta vez sin ser tan seductor, y seduciendo más al no intentarlo.
-Me he enterado más o menos de lo que pasa por aquí, pero en particular no se nada de nadie... -dijo esperando que así Draco se animase a contarle lo que el se moría de ganas por saber. Años de entrenamiento Malfoy le impedían dilucidar que era exactamente lo que su excompañero de colegio estaba pensando o sintiendo. Ninguno de sus gestos denotaba nerviosismo o curiosidad, sus manos igual que las de un pianista, aferraban la taza con delicadeza y su mirada pérdida en algún punto de Potter, que inexplicablemente no eran sus ojos.
-Potter ¿me estás preguntando por tus amigos?
Harry tuvo la decencia de sonrojarse, asintiendo mientras se centraba en el interesantísimo café de su taza.
-La verdad... sí - esto último lo dijo mirándole a los ojos. Y de repente sintió un estremecimiento desconocido, algo que le hacia sentir vulnerable, en ningún caso poderoso tal y como le ocurría con otros hombres.
Vio como Malfoy se recostaba en la butaca, sintió como su cuerpo se relajaba y en sus ojos aparecía un brillo de entendimiento
-Nunca lo pensé de un Gryffindor, la verdad.
-¿El qué?
-Cobarde
-¿Cómo? - preguntó Harry al mismo tiempo que se enderezaba, no tenía planeado discutir con él, pero si era necesario...
-Prefieres verme a mi, a enfrentarte a ellos - volvía a arrastrar las palabras como en la escuela - no quieres aparecerte así, sin más.
El silencio de Harry era más que elocuente. El silencio de Draco era más que nada por molestar al "Salvador del mundo mágico".
-Weasley — sonrió - Ron, trabaja en el Ministerio. - El otro levantó la ceja a modo de pregunta. - Quidditch, que si no
Y ambos sonrieron.
Y Granger es medimaga. Ahora mismo debe estar en Egipto o algún lugar del mundo donde ella piense que necesitan salvarles de ellos mismos, aunque no lo pidan
Nueva mirada interrogante
Psicomaga - fue la escueta respuesta - no preguntes más, en su periodo de prácticas descubrió traumas de todo el que se acercase y tuviese niñez
Harry no pudo evitar reírse, a carcajadas. Había sufrido en propias carnes la tenacidad de su amiga durante mucho tiempo para no tener una idea muy clara de lo que era capaz de hacer.
-Supongo que estarán juntos.
-Bueno, si por juntos quieres decir manteniendo una relación en la que exista la posibilidad de tener algo como sexual…
Harry asintió
-Pues no - Malfoy sonrió con picardía y Harry retrocedió unos cinco años ¿por qué la frase tener sexo dicha por Malfoy en un contexto tan inocente como un café sonaba tan erótica?
-Siempre pensé...
-Tú y todos - acotó Draco - sin embargo eso no es posible, dicho de otro modo, tu Ron tiene otros gustos
-¿Es gay?
-¿Algún problema con eso Potter?
Harry detectó cierto enojo en la pregunta. Por eso no hizo ningún comentario gracioso. Por eso decidió contarle a Draco Malfoy su primera verdad.
-Sí, por supuesto, que no me presente a sus amigos, puede llegar a ser un problema - contestó
Y por fin Draco Malfoy dejó su máscara a un lado, entre sorprendido y ¿feliz? Ladeo la cabeza en un mohín felino y sensual.
-Tranquilo niño que volvió, si no lo hace él lo haré yo
Ese fue el turno de Harry para sorprenderse y sentir un gran cosquilleo en todo su cuerpo. Alguien estaba celebrando una fiesta en su estómago y no lo habían invitado.
Por su parte Draco no hacía más que calcular que era exactamente lo que le había traído a Potter a su casa. Por qué él y no sus amigos. Desde que lo había visto allí en la puerta y sin salir de su estupor, presentía que venia a pedirle algo, tanto tiempo en los negocios le habían proporcionado un sentido especial para adivinar que quería la gente. Y para él, después de tantos años de observarlo, Harry Potter era en la mayoría de las ocasiones; un libro abierto.
-¿Dónde te alojas? - preguntó de repente
Si Harry se sorprendió por la pregunta, no lo demostró, aunque sintió curiosidad y cierta gratitud porque le estaba dando pie para llegar a donde quería.
-En el Caldero Chorreante, pero tengo que buscarme otro sitio mas... eh... ¿discreto? Llevo demasiado tiempo acostumbrado al anonimato.
-Así que es por eso que estás aquí - afirmó Draco más que preguntó - el último sitio donde a alguien se le ocurriría buscar a Harry Potter, la casa de Draco siempremehizolavidaimposible Malfoy
Se miraron y se quedaron colgados por un instante, unos segundos que sintieron como toda una vida, Harry sonrió.
-Si fueses tan amable, no te molestaré mucho... sólo el tiempo que necesite para aclimatarme.
Draco se levantó elegantemente
-Te enseñaré la casa, hay elfos domésticos así que evita ser tu mismo haciendo de ti, deja el trabajo para ellos - Harry se sorprendió, aquel hombre parecía conocerlo a la perfección - enseguida traerán tus cosas
-Draco, no se cómo agradecerte...
-Te debo una, y muy grande Harry — contestó Draco utilizando su nombre de pila, haciendo que por fin se sintiese en casa.
Continuará...
Nota: Sharmila significa niña tímida (recordar que es el nombre de la chica que trabaja en el Caldero Chorreante)
Bueno, cuando comenzamos a escribir este capítulo (el mismo día que publicamos el primero, que no creáis que hemos estado ociosas) hubo un momento en el capítulo en el que comenzamos a escribir la secuencia en la que finalmente Harry y Draco se volvían a encontrar, pues bien, obviamente esa escena no fue la que finalmente hemos puesto en el capítulo, como bien podéis comprobar, pero como fue fruto de un experimento decidimos poner ese pequeño trozo o ese encuentro alternativo entre Harry y Draco, un encuentro que obviamente y para futuros capítulos no sucedió así, sino como está escrito en el capítulo.
Esta pequeña escena escrita, llegaría después de que Harry abandonará el Caldero Chorreante rumbo a la Mansión Malfoy o a la nueva casa de Draco.
Obviamente la desechamos porque los acontecimientos iban demasiado rápidos y bueno, como veréis es fácil saber donde nos lleva nuestro subconsciente, así que agradecer que recapacitemos y no lo pusimos o en su defecto maldecidnos, jijiji. Esperamos que a pesar de todo os guste.
Harry, evitando alargar más lo ya inevitable, llamó a la puerta. El trascurso en el que unos ligeros toques fueron dados en esta y el instante en que la puerta finalmente se abrió no fue superior a unas décimas de segundo, quizás sólo un suspiro las separaba.
A pesar de cualquier pronóstico fue Draco quien abrió y no uno de esos elfos que veneraban el suelo que pisaban sus amos, los típicos elfos que un Malfoy cabría tener y que seguramente poseería. Y así fue como aquel rostro que creía nunca volver a ver, aquel rostro que recordaba a la perfección, apareció casi por arte de magia ante sus ojos.
-Malfoy — saludó - Me han dicho que cuando deseas algo con mucha fuerza el universo conspira para que lo consigas. ¿Deseabas verme?
-Potter - susurró recomponiendo su habitual máscara - a mi me habían dicho que nunca te libras de las partes más oscuras de tu pasado.
Harry rió ante la replica y analizó aquella persona que llevaba tanto tiempo sin ver. Aquél que seguía manteniendo su aristocrático porte - en ese caso es una suerte que esté aquí, Malfoy. Que hoy brille el sol para ti.
¿Me invitas a pasar? — prosiguió.
Draco medio sonrió -¿eso es valentía Gryffindor o el absoluto descaro Potter? y mientras preguntaba se separaba del marco de la puerta dejando que el moreno pasara.
Descaro, pensó mientras pasaba por su lado y lo rozaba ligeramente, sin embargo sus palabras fueron otras - Valentía - y sonrió inocentemente mientras analizaba la estancia - ¿vives solo? - tanteó
Draco observó fijamente a Harry, había dejado de ser un asustadizo adolescente para convertirse en un atractivo joven, uno que después de tres años había adquirido seguridad. Ahora se movía en la tierra con la misma seguridad y perfección con la que siempre había volado.
-Obviamente tengo elfos domésticos - contestó tajante, ignorando la pregunta real.
-Nunca lo dudé — rió — Pero sabes que no me refería a eso.
¿Hay señora Malfoy? — volvió a inquirir esta vez más directo — Señor... — añadió al no tener pronta contestación
Malfoy suspiró derrotado, definitivamente ese no era el Harry que conocía o creía conocer
-¿Has vuelto, después de tres años de vete tu a saber dónde te escondías, sólo para preguntarme sobre mi vida sentimental?, cuanto honor — contestó mientras entraban en la biblioteca
Umm, en realidad no me interesa. Pero siempre te imagine casado con una estirada señorita que dedicaba sus horas libres a las obras de caridad. Y bueno, siempre fuiste tan predecible que me extraña no verla preguntándome si quiero una tacita de café o unas galletita. O la tienes escondida. — bromeó mientras miraba debajo de un sillón que había en el recibidor
El Slytherin alzó la ceja y sonrió
-Bien Potter, yo también se jugar a esto, voy a contestar a tu pregunta, pero como pago tu lo harás a las mías
No hay ni señora ni señor Malfoy... de momento. ¿Dónde has estado todo este tiempo?
Harry arrugó el entrecejo no muy seguro de querer jugar. - por ahí - sonrió divertido - mi turno. ¿Y tus gorilas?, se me hace extraño verte sin ellos. ¿También los escondiste?
-Por ahí — contestó devolviendo la sonrisa — muertos, vivos... Mi turno. ¿A qué has venido? — esta vez no sonrió
-Ya te lo dije. Desebas que viniera y aquí estoy. Es tan difícil negarte algo. Y por cierto, estoy pensando que sí, me apetece un café cargado, si puede ser. Gracias.
Años de buena educación Malfoy consiguieron que Harry no sufriese unas cuantas maldiciones, acababan de despreciar un magnifico te de Ceylan...
-Por supuesto Potter… pero no se si el café te excitara más... así no podrás dormir - al instante se pateó mentalmente, estaba entrando en su absurdo juego
-Tranquilo, no me excitó tan fácilmente. ¿Y tú?
-Depende
-¿De qué?. ¿Del café?. ¿De la compañía?. ¿De ti?. ¿O de lo caro que sea?
-Obviamente mi querido león perdido y vuelto a encontrar, siempre depende de la compañía y... para tu información yo jamás he tenido que pagar para... ¿tú si?
-Me pagaban — rió — Pero a ti te hago un precio especial. Por ser el gran Malfoy, por supuesto — añadió.
-Que detalle por tu parte pequeño Potter... tendré en cuenta tu oferta
-Hablando de amantes ¿Dónde tienes a Pansy? Y por cierto… ¿pequeño Potter¿he dejado de ser el león perdido y vuelto a encontrar?
-¿Leoncito te gusta mas?
Harry se encogió de hombros y Draco prosiguió -Pansy... umm... ¿por qué crees que tengo tan mal gusto?
-No lo sé. Siempre lo tuviste. Y respecto a lo de leoncito — volvió con el anterior tema - yo te recomiendo que no digas algo que no estés dispuesto a comprobar…
Fin de las tomas falsas
Un minuto, un review. Es gratuito, nos pinta una bonita sonrisa en nuestros rostros y además es una pequeña infusión de esa energía que se necesita para escribir
