Between the Lines Segunda parte: El lado de Fushimi

Notas de autor:Y la parte dos. Habrá un pequeño epílogo después de este capítulo, debería publicarlo en una semana, si el tiempo lo permite.

Autora: Klitch (en fanfiction: /u/9980/Klitch).

Historia original en inglés: en fanfiction /s/8988527/1/Between-the-Lines

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La gente no quería a Fushimi Saruhiko.

Era algo que él siempre había sabido y nunca le había molestado mucho. Era un como simple hecho en el universo: el cielo era azul, el sol era cálido, las personas no lo querían. Solamente era el modo en que las cosas eran y siempre serían.

Sus padres no le querían, o así él lo asumió. Él nunca los había conocido pero Fushimi imaginaba que a ellos no debían quererlo mucho desde que lo habían dejado en la casa de un familiar cuando él era muy pequeño y no había escuchado una palabra de ellos nunca más.

Sus familiares tampoco le querían. Siempre lo intentaban, al principio. Cuando él había sido pequeño había sido más fácil para ellos, porque era algo simple sonreír y hablar amablemente a un pequeño niño abandonado con el cabello desordenado y los ojos bien abiertos que miraba como búho detrás de unas gafas de montura gruesa. Se volvía menos fácil una vez lo llevaban adentro, cuando él se mostraba sombrío y distante, y que no jugaba los juegos como los niños normales o no se divertía con las cosas normales que los niños harían, cuando él simplemente se sentaba y los miraba en silencio.

—Es espeluznante.- había oído decir a su tía una vez, cuando había estado cerca de los cinco años más o menos. —No puedo soportar cuando ese niño me mira de esa forma.- Como todos los demás, los familiares con los que se estaba quedando finalmente pararían de pretender que les agradaba siquiera y se encontraría siendo echado de nuevo. Habría otra tía, otro abuelo, otro primo distante, y entonces al final estaría solo él mismo y un departamento vacío (incluso había existido un alquiler, hasta que no existió más: un tío abuelo balanceando sus finanzas y que se preguntara qué era esa pequeña falta en el presupuesto o un primo haciendo un balance de los bienes de un difunto abuelo y estando completamente confundido por ese pequeño pago de un destartalado departamento, para luego encogerse de hombros y detener los pagos sin darle otro pensamiento, y nadie se acordaría del pequeño niño con los anteojos gruesos y la mirada escalofriante.)

Sus maestros tampoco le querían. Él los encontraba aburridos y sus clases aburridas, y sus calificaciones nunca dieron mucho qué hablar. Sus profesores al final siempre se darían cuenta de que él era inteligente, y entonces por un breve momento de gloria él sería el estudiante de oro, el premiado genio de la clase, hasta que se dieran cuenta de que era demasiado inteligente y lo querrían aun menos que antes. Fushimi no veía cómo nada de eso era su culpa, pero era mejor así. Las clases eran siempre demasiado fáciles de entender y, por lo tanto, no valían su tiempo, lo mismo que todo lo demás. Cualquier problema que pudiese resolver inevitablemente se volvía aburrido al responderlo y ni siquiera valía la pena levantar el lápiz por él.

Sus compañeros definitivamente no le querían y el sentimiento era mutuo. Fushimi había intentado hacerse amigo de ellos, por supuesto, cuando había sido joven y no se había dado cuenta que él no estaba hecho para ser querido. Se había unido en juegos con otros niños, pero ellos siempre habían sido tan aburridos que nunca había sido capaz de mantener ningún interés en ellos por mucho tiempo. No podía evitarlo. Los otros niños no lo entendían y él les entendía a los dos muy bien y en lo absoluto. Al final de la escuela elemental Fushimi ya había sido calificado como un marginado.

A Fushimi podría haberle importado eso al principio, pero para la escuela media se había convertido todo simplemente en algo que era. Comía su almuerzo solo, caminaba y de volvía de la escuela solo, nunca se quedaba tarde para clubs o conferencias de profesores o incluso festivales escolares, y cada día pasaba más aburrido que el anterior. Todo era gris, insípido y sin novedades, y en algún punto Fushimi simplemente aceptó que esa era la forma en que el mundo siempre sería para él. Gris, sin cambios y solitario. Algo que podría haber herido alguna vez, pero que hacía tiempo había dejado de hacerlo.

Y entonces un día, un idiota llamado Misaki Yata le habló acerca de vegetales sobre el basurero en la hora de almuerzo.

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Fushimi nunca había prestado atención a quiénes estaban en su clase en ningún año. Suponía que algunos de ellos debían haber estado en clases con él antes y debían conocer su nombre o por lo menos su rostro, pero él nunca se molestaba en memorizar ninguno de los de ellos. Todos ellos irían por caminos separados eventualmente y ninguno de ellos alguna vez pensaría en él de nuevo, así que ¿por qué molestarse en hacer un esfuerzo por ellos?

Fushimi siempre comía solo en una esquina de la cafetería. A veces llevaba un libro, aunque en realidad no había muchos libros que le gustaran. Simplemente le daba algo más en lo que enfocarse mientras comía. La comida en sí también era la misma siempre: lo que fuera lo más barato cualquier día. Se mantenía alimentado y vestido haciendo trabajos ocasionales en los días en los que no tenía ganas de ir a la escuela (no había nadie que lo forzara a ir, después de todo, y a nadie en la escuela le importaba si él estaba allí o no) y aunque tenía algo de comida en casa nunca lograba conseguir la energía suficiente para empacar su propio almuerzo por las mañanas.

El problema con comprar, por supuesto, eran los vegetales. Cada comida, sin falta, tenía verduras. Fushimi arrugó la nariz mientras comenzaba lentamente a sacarlos de su comida, apilándolos ociosamente por color y tamaño. La hora de almuerzo siempre parecía durar una eternidad, pero eso ayudaba a que el tiempo pasara un poco más rápido. Fushimi no entendía por qué todos sus compañeros se entusiasmaban tanto a la hora de almuerzo. No había nada qué hacer sino masticar la comida seca e insípida y hablar sobre aburridas y triviales cosas. Era peor que las clases.

Las verduras lo empezaron a molestar, así que por fin se levantó y fue a tirarlas a la basura. Llegó al bote de basura al mismo tiempo que otro estudiante, un pequeño chico pelirrojo con una caja de cartón en las manos apretada con tanta fuerza que Fushimi se preguntó distraídamente si lo había ofendido de alguna manera.

—Está caduca.- El otro chico aparentemente había notado la mirada de Fushimi.

—Ah…oh.- Realmente no había esperado que le hablara y Fushimi ni siquiera estaba seguro de cómo responder. No le importaba, en todo caso. No era de su incumbencia si el enano no quería beber su leche, y no era como si el chico tuviera que justificarse ante Fushimi, de entre todos.

El otro chico estaba mirando las pilas de verduras de Fushimi ahora. Fushimi apartó la mirada de él. Esperaba que el pelirrojo comprendiera la sugerencia y se fuera, rápidamente. Era incómodo, parados allí, e incluso la idea de empezar una conversación nueva hacía sentir un poco enfermo a Fushimi. Nadie hablaba con él, nunca. Era la forma en que las cosas eran. No le gustaba cuando las personas disturbaban la forma en que las cosas eran, porque lo hacía pensar y Fushimi había descubierto que a veces cuando él empezaba a pensar, a pensar de verdad, hacía que todo su pecho se sintiera como en llamas.

— ¿Por qué compras ese almuerzo si no te vas a comer ni la mitad?-

—Yo…- Fushimi se movió incómodo. Un departamento vacío pasó por su mente y sintió que algo dentro de él se apretaba en una forma en que lo hacía cuando pensaba demasiado.

—¿Cómo te llamas?- soltó el chico pelirrojo.

—Fushimi…Saruhiko.- ¿Por qué preguntar por su nombre? No era como si importara de todos modos. Fushimi no sabía siquiera por qué respondió.

—Fushimi, ¿eh? - El otro chico le tendió la mano como si esperase que Fushimi la tomara o algo, lo que era ridículamente estúpido. —Yata Misaki.

—¿Misaki…?- Sonaba como un nombre de chica y Fushimi se preguntaba si había oído mal.

— ¡No!- dijo Yata rápidamente, como si lo avergonzara. Fushimi decidió en ese momento que ciertamente el otro chico era un idiota de alto calibre y que no había sentido en relacionarse con él más. —¡Yata, puedes llamarme Yata! De todas formas, ¿siempre estuviste en esta clase?

—Sí.- Eso era habitual, ahora. Empezó a tirar las últimas pocas verduras en el bote de basura, con esperanzas de poner fin a la conversación más rápidamente.

—No te recuerdo.

—La mayoría de la gente no lo hace.- Fushimi se encogió de hombros. Esa era la forma en que le gustaba, después de todo. Se dio la vuelta para regresar a su asiento sin decir nada más, creyendo que Yata entendería la indirecta y haría lo mismo.

—Los vegetales son buenos para ti, ¿sabes?- La voz salió en un murmuro y apenas fue audible, y Fushimi hizo un pequeño sonido como "tch" con la lengua.

—La leche te ayuda a crecer.- respondió sin siquiera mirar atrás.

— ¡¿Qué diablos acabas de decir?! - gritó Yata detrás de él. Fushimi tuvo el repentino e inusual deseo de ver su rostro molesto así que se volteó para mirar.

—Nada.

—Uhm, eso pensé.- Yata levantó su cabeza y resopló como si de alguna forma no hubiera conseguido nada en absoluto mientras pasaba al lado de Fushimi hacia donde había estado comiendo. Fushimi ni siquiera se molestó en verlo irse, haciendo su camino a su habitual solitario rincón.

De alguna forma, la hora del almuerzo pareció más breve de lo usual ese día y no estaba realmente seguro del por qué.

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Fushimi asumió que el encuentro con Yata Misaki durante el almuerzo sería la primera y la última vez que hablaría con el otro chico. Después de todo, era una persona no querida. Era una ley del universo. Las personas no le hablaban, él no les hablaba a ellos, y el mundo volvía a ser normal.

Por eso mismo, él estaba más sorprendido que cualquiera cuando al día siguiente y el día siguiente a ese, Yata continuó hablándole. En ese momento, Fushimi llegó a varias conclusiones.

La primera: Yata Misaki era un imbécil irascible. Se irritaba con facilidad, no le gustaba que las personas usaran su primer nombre, y se negaba a beber leche. A juzgar por los ocasionales moretones en su rostro, probablemente se metía un montón en peleas. Comía la misma comida barata que Fushimi.

La segunda, y esta era la única que Fushimi simplemente no podía entender: a Yata Misaki no parecía desagradarle hablar con él en absoluto. Él actuaría como si fuera así a veces, por supuesto, respondiendo bruscamente a las secas observaciones de Fushimi sobre la relación de su altura (o la falta de ésta) con su negativa a tomar leche, lo consternaría, perdería su temperamento, se quejaría y dispararía comentarios de vuelta, pero entonces estaría de vuelta en el bote de basura al día siguiente, hablándole a Fushimi como si nada hubiera pasado.

La tercera, y la que le preocupaba más: Fushimi posiblemente estaba en realidad empezando a disfrutar hablar con Yata todos los días. Casi estaba a la espera de las conversaciones en el bote de basura, por puesto, era inaceptable. Era inevitable que finalmente Yata Misaki demostraría ser tan aburrido como todos los demás y entonces no sería capaz de hablar más y de hecho podría extrañarlo.

La idea era intolerable, así que Fushimi hizo lo que decidió que era la única cosa sensata: empezó a beber la leche de Yata. Después de comprar su comida, pasaría por la mesa de Yata, tomaría la caja de leche con apenas unas palabras, y entonces volvería a su rincón habitual. No había necesidad de conversaciones en el bote de basura y su mundo volvería a ser el lugar seguro y gris que siempre había sido.

Entonces Misaki se sentó frente a él y demandó comer las verduras de la comida de Fushimi, y Fushimi se había encontrado forzado a llegar a una cuarta conclusión que no había esperado en absoluto.

A él le gustaba Yata Misaki.

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—Vamos a la azotea.

—¿Uhm?- Fushimi miró a Misaki sin comprender. Habían estado comiendo el almuerzo juntos por cerca de un mes ahora. No tenía idea qué le había pasado a los compañeros de almuerzo habituales de Misaki y honestamente no le importaba.

Misaki estaba mirándolo con su ridícula e idiota sonrisa, con los ojos brillantes con el entusiasmo irreflexivo habitual. Fushimi no sabía cómo era posible para alguien funcionar con tan poca actividad cerebral en momentos dados.

—¡La azotea, la azotea!- dijo Misaki, como si Fushimi de alguna forma hubiera fallado en escucharlo.

—Hace frío afuera.- indicó Fushimi. Casi estaban en invierno. Solo un par de idiotas irían a comer el almuerzo en la azotea en un día como ese.

—Si sé.- dijo Misaki, sentándose a su lado. —Pero está muy…No sé, congestionado aquí hoy. Además, apuesto que eso significa que nadie estará allí. Lo tendremos todo para nosotros, ¡será genial!

Fushimi podía pensar en varios adjetivos que podrían definir "comer en la azotea en un día frío" y ninguno de ellos era agradable. Realmente no veía la diferencia entre la cafetería y la azotea, excepto que una de ellas era más fría.

Y Misaki iba a comer en la azotea, así que nadie tendría a Misaki.

—Bien, bien.- Fushimi suspiró. En verdad no sabía por qué se estaba rindiendo, pero la sonrisa de Misaki hacía la idea entera de repente parecer más interesante de lo que había sido antes.

Y cuando ambos se quedaron dormidos en un área soleada con sus espaldas apoyadas una contra la otra, ajenos al frío y a la clase que se estaban perdiendo, Fushimi tuvo que admitir que al parecer, por una vez, Misaki había estado en lo correcto en algo.

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—No es difícil.- Estaban en el techo nuevamente, con la tarea de matemática del día puesta delante de ellos. El viento era fuerte ese día, así que tuvieron que anclar los papeles al suelo con la leche de Yata y los vegetales de Fushimi. Fushimi estaba intentando, por lo que tenía que ser la décima vez en una semana, explicar cómo funcionaba la matemática.

—Sí lo es.- replicó Misaki, irritado. —Todos estos estúpidos…números y mierdas. Como este.- Señaló con el dedo el ofensivo problema. —¿Cómo diablos se supone que alguien sepa la respuesta a eso? Quiero decir, ¿qué diablos se supone que significa esa cosa de los estúpidos símbolos, de todas formas?

—21,5.- dijo Fushimi con apenas mirar el problema.

—¿Cómo haces eso?- demandó Misaki. —En serio, Saruhiko… ¿cuál es tu secreto? ¿Cómo sabes estas cosas?

—Es una simple aplicación de la ingeniería espacial.- respondió Fushimi calmadamente.

—¿Eh?- Yata lo miró como si hubiera dicho que los aliens estaban alimentándolo con las respuestas directo a su cerebro. —Espera, ¿de verdad? ¿Eso es lo que estamos aprendiendo?

—Estoy bromeando, idiota ingenuo.- dijo Fushimi. De verdad, no entendía cómo alguien podía ser un completo tonto en tantas cosas. Nunca fallaba en ser divertido.

—Lo sabía.- murmuró Yata, apartando la mirada. —¿Y a quién estas llamando ingenuo?

—La persona que todavía no puede obtener nada mejor que un 60 en cualquier examen.

—Dice el tipo que tiene peores calificaciones que yo.- dijo Yata. Se detuvo por un instante. —Dime, Saruhiko, ¿por qué no lo haces mejor en los exámenes?

—¿Qué tipo de pregunta es esa?- Fushimi alcanzó la leche de Yata, sacándola de dos hojas.

—Digo, eres como un genio, ¿no? Puedes responder cosas como estas sin siquiera intentarlo. ¡Tú deberías tener las mejores calificaciones de la clase!

Fushimi se encogió de hombros, mirando perezosamente a las hojas de papel ondeando en el viento.

—Es todo aburrido.- dijo al final

—¿Aburrido?

—Ni siquiera vale la pena levantar el lápiz.- dijo Fushimi honestamente. No estaba seguro del por qué lo había dicho siquiera, porque no era asunto de Yata. Solo se había acostumbrado a responder las preguntas de Misaki para el momento. —Todo es demasiado fácil, y eso es muy aburrido. Es una gran molestia, preferiría no hacerlo en absoluto. La gente siempre piensa que porque puedo encontrar la respuesta debe significar que me gustan cosas como esta, exámenes y los deberes. Pero al final, no atrapa mi interés para nada. No hay nada satisfactorio en tener calificaciones perfectas o alardear, así que ¿para qué gastar mi tiempo siquiera en ello?

—…Bien.- Yata en realidad parecía un tanto pensativo. —Creo que…puedo entender lo que dices. Acerca de sentirte…insatisfecho. Supongo.- se detuvo. —Pero aun así, me estás enseñando qué hacer y todo. ¿No es eso aburrido también?

—Eso es diferente.- Nunca era aburrido, ayudar a Misaki. Hacía a los deberes y exámenes parecer casi valer la pena, cuando se sentaban allí en la azotea como ahora. Fushimi casi quería decirle eso, pero su voz no salió y así que continuó mirando las hojas de papel frente a él.

—¿Lo es?- Misaki se veía extrañamente complacido con eso.

—Tch.- Fushimi hizo un ruido irritado. Solo un idiota podía ser apaciguado por una respuesta tan simple.

—¡Muy bien!- la energía de Yata parecía haber retornado con todas sus fuerzas mientras se arremangaba las mangas y buscaba un lápiz. —Explícame este una vez más.

Fushimi lo miró, pero cogió los papeles de todas formas.

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Misaki no estaba en clases hoy y el día nunca había sido tan largo.

Fushimi sintió como si hubiera estado sentado en el pupitre por años, envejeciendo y más débil con cada segundo. Las voces de los maestros y de sus compañeros eran nada sino una molestia, ecos huecos en las orejas que no se iban. Se sentó en un rincón en la cafetería al almuerzo e intentó leer un libro, pero las palabras danzaban lejos de sus ojos y no se podía concentrar.

Debería haber faltado también. Había pasado mucho tiempo desde que lo había hecho. Desde que había empezado a comer con Misaki todos los días y a salir con él después de clases y esperando por él cada mañana, la escuela había empezado a parecer muy ligeramente menos una molestia. Sin Misaki, todo se sentía como había sido antes, cuando solo se tenía a sí mismo y los rincones de su mente como compañía.

Garabateó unas líneas ociosamente en su hoja y apoyó la cabeza en su mano, los ojos contemplado sombríamente por la ventana. No había nada qué hacer en un día como hoy. El mundo era gris y vacío, y ni siquiera quería penar en el por qué.

Fushimi Saruhiko era una persona que otra gente no quería y eso siempre había estado bien para él. La soledad era solo otra de las molestias que soportaba, sin diferencia a la escuela o las verduras. Pero de alguna forma el mundo parecía diferente ahora y no estaba completamente seguro si le gustaba. Los días de antes de haber conocido a Misaki habían sido siempre grises, pero por lo menos habían sido de un color familiar. Casi se había acostumbrado a ello. Casi había hecho un lugar donde pudiera estar satisfecho con siempre estar insatisfecho, donde se podría decir a sí mismo que con solo respirar era suficiente

Fushimi miró por la ventaba y pensó que, tal vez, si esa era realmente la forma en que el mundo lucía sin Misaki en él, entonces quizá no le gustaba mucho después de todo. Si esa era la manera en que el mundo sin Misaki iba a ser, entonces él estaría lo suficientemente feliz de dejarlo romperse y sangrar en la nada.

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Misaki iba tarde. Fushimi se mordió el labio y se movió con irritación en la entrada de la escuela. Por lo general, Misaki estaba allí temprano y podían caminar a clases juntos, pero hoy él iba tarde. Fushimi se preguntó si Yata iba a faltar de nuevo hoy y el pensamiento le dio comezón.

Si Misaki estaba enfermo, Fushimi necesitaría ir a visitarlo esta vez. Esa era una cosa que los amigos hacían, ¿no? Y además, Misaki era tan idiota que él probablemente se las habría arreglado para desafiar todo sentido común y proverbio y probablemente había cogido todos los resfríos en el mundo y los estaba tratando de mejorar haciendo cosas estúpidas como tomando baños fríos y durmiendo con los calcetines mojados. Alguien necesitaba vigilarlo e informarle que estaba siendo una molestia al no ir a la escuela.

Algo en la parte trasera de la mente de Fushimi sugirió que tal vez esta forma de pensar no era del todo saludable, pero para entonces, ya estaba caminando hacia el departamento de Misaki. Yata nunca le había dicho a Fushimi exactamente dónde vivía, por supuesto, pero Fushimi se había dado cuenta hace tiempo. Había seguido a Misaki parte del camino una vez, y también estaba esa vez que Misaki lo había encontrado parado en frente de la tienda de flores con su cabello y ropas empapadas, pero no sin aliento, significando que él no pudo haber caminado muy lejos. Era algo fácil, triangular una posible ubicación del departamento de Misaki basado en la información disponible (a veces odiaba la parte analítica de su mente, la que nunca paraba de pensar y no podía hacerlo estar interesado en nada, pero habían veces en las que era útil no ser capaz nunca de apagarla completamente).

—¡Me alegra verte de nuevo, hombre!- El sonido de la voz de Misaki hizo que los pies de Fushimi se detuvieran.

Misaki estaba parado unos pies más allá, saludando a otro chico que parecía ser al menos un año o un poco mayor que ellos. Su voz cuando habló fue sencilla y familiar, y el otro chico saludó de vuelta con el mismo aire casual, como dos personas que se conocían y estaban felices de encontrarse.

Algo en el pecho de Fushimi se sintió como si apretara y si visión se nubló por un momento.

Ciertamente estaba bien que Misaki tuviera otros amigos. La mayoría de la gente tenía montones de amigos, después de todo.

Fushimi tenía solo un amigo.

Yata se dio vuelta y se sobresaltó al ver a Fushimi parado allí.

—¿Quién era ese, Misaki?- Fushimi escuchó nerviosismo en su propia voz, pero lo ignoró.

—¿Uh? Oh, Kamamoto.- Misaki se encogió de hombros, como si hubiera sido nada. Porque no era nada, por supuesto. Era algo normal, nada de lo que estar preocupado. El peso en el pecho de Fushimi no se iba. —Solía pasar el rato con él todo el tiempo en la escuela elemental, él está un año delante de nosotros. Había unos pelmazos que siempre estaban metiéndose con él hasta que les enseñé una lección.-

—Vas a llegar tarde a la escuela.- Fushimi lo agarró el brazo de Misaki, arrastrándolo hacia adelante. —Vamos.

—¿Por qué estás de tan mal humor?- preguntó Misaki, quitando el brazo, y Fushimi sintió una repentina oleada de molestia hacia todo y nada.

—Este es mi humor habitual, Misaki.- Fushimi alargó el nombre en la forma en que le gustaba.

—¿Sabes? Kamamoto siempre me llamaba "Yata".- dijo Yata. Fushimi ni siquiera lo miró. —Te sigo diciendo que pares de usar ese nombre.

—Me gusta su sonido.- No estaba seguro siquiera de si lo había dicho en voz alta. Fushimi se mordió el labio e hizo un pequeño sonido de molestia, intentando caminar más rápido como si pudiera alejar a Misaki de todo y todos que no fueran él mismo.

—¿Uh? ¿Qué dijiste?

Dije que me gusta la forma en que tu nombre suena cuando lo digo. Me gusta que solo yo pueda decirlo y nadie más.

—Dije, eres un idiota y necesitas caminar más rápido.

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—¡Suéltame, Saru! ¡Este tipo necesita aprender una lección!

—No seas un tonto impulsivo, Misaki.- Fushimi sujetó con fuerza la parte posterior del cuello de la camisa de Misaki.

—¿No escuchaste lo que dijo?- demandó Misaki. Sus manos se cerraron en puños y siguió intentando soltarse.

—Tch.- Fushimi rodó los ojos. Cómo ese idiota había siquiera sobrevivido tantos años de escuela sin alguien que lo sujetara del cuello y lo detuviese de meterse en estúpidas peeas, Fushimi no lo sabía.

—¡No puedes dejar que estos tipos se vayan diciendo mierdas como esa sobre ti!

—No importa.- dijo Fushimi, tirando de Misaki de nuevo un par de pasos más.

—Sí importa.- insistió Yata. —¡Maldición, Saruhiko! ¡Déjame ir! ¿Me vas a arrastrar todo el camino de vuelta a clases o algo?

—Si tengo que hacerlo.- replicó Fushimi calmadamente, sin dejar de tirar de él por el pasillo —¿No te cansas alguna vez de ser un idiota?

—No estoy siendo un idiota.- dijo Yata de mala gana. Dio un gruñido irritado. —¡Oh, está bien! Lo dejaré ir. Por ahora. Así que suéltame.

Fushimi levantó una ceja, pero soltó el cuello de la camisa de Yata de todas formas.

—No entiendo por qué solo dejas a estos tipos decir cosas como esa sobre ti.- rezongó Yata mientras caminaba dando pisotones furiosamente hacia la sala de clases. —¿Es que no te cabrea algunas veces, Saruhiko?

—En realidad no. Solo ignóralo, Misaki

—No puedo.- Yata se detuvo y se dio la vuelta para encararlo. —Alguien tiene que defenderte, ¿no?

Los ojos de Fushimi se ampliaron ligeramente. Siempre estuvo al tanto de lo que la gente decía sobre él. Cosas desagradables, cosas hirientes, a menudo directamente en su cara, a veces acompañadas de empujones, patadas y las cosas que los niños hacían habitualmente a los que eran marginados. Era una de las cosas que había aceptado hace tiempo como parte del mundo que no tenía más uso para él del que él que tenía para éste.

Misaki se movió nerviosamente, luciendo un poco avergonzado de su propio arranque, y Fushimi no pudo sofocar la pequeña sonrisa que abría paso en su rostro.

—Realmente eres un idiota.- dijo al final. Yata le sonrió de todas formas y caminaron a la sala de clases juntos.

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—S-Saruhiko…- El rostro de Misaki estaba lívido mientras se acercaba al pupitre de Fushimi, sosteniendo un sobre de color rosa entre los dedos como si pensara que podría explotar en cualquier momento.

—¿Misaki?- Fushimi levantó una ceja y Misaki dejo con cautela el sobre en el escritorio.

—Es…es…- tartamudeó Misaki nerviosamente y Fushimi suspiró exageradamente mientras tomaba el sobre y lo abría.

—Es una carta.- dijo Fushimi monótonamente.

—De una chica.- dijo Misaki, como si eso fuera de alguna forma impresionante. —¡Una chica, Saru! Una chica me escribió una carta

—Sí, puedo verlo.- Algo se retorció en la mente de Fushimi e intentó ignorar la sensación, desgarrando ociosamente las esquinas de la carta. Al parecer había sido recubierto con algún tipo de perfume y el olor lo estaba haciendo sentir enfermo.

—¿As-así que, qué debería hacer?- El rostro de Misaki había pasado de mortalmente pálido a un rojo brillante.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—¡Es una carta de amor!- dijo Misaki, y Fushimi podría haber jurado que su voz había subido un par de octavas. —¡U-una confesión! ¡Recibí una carta de confesión, Saruhiko!

—¿Y?- Fushimi se encogió de hombros. —No seas tan virgen.

—¿A quién estás llamando virgen?- espetó Misaki. —Qui-quiero que sepas que le he hablado a montones de chicas antes. Centenares. Miles de ellas.

—Nombra una.

—No voy a traicionar su confianza diciéndolo.- dijo Misaki. Fushimi deslizó la carta de nuevo hacia Yata, quien gritó y cayó hacia atrás como si quemara.

—Miles de chicas, ¿eh?

—¿Quién es el que lo dice, de todas formas?- murmuró Misaki —¿A cuántas chicas le has hablado antes?

—Probablemente a más que tú.- Lo que era técnicamente una mentira porque Fushimi lo le hablaba mucho a nadie que no fuera Misaki, chicas o no, pero Fushimi no le iba a decir eso.

—De todas formas, eso no importa.- Misaki intentó recuperar su compostura, la cual era una batalla perdida, si Fushimi alguna vez vio una. —Saruhiko… ¿Qué hago?

—Envías una respuesta, idiota.- dijo Fushimi disgustado.

—Una respuesta, claro…- Misaki miró la carta y se mordió el labio. —Hey, Saruhiko, ¿podrías…escribir una por mí?

—¿Qué?

—Una respuesta.- dijo Misaki. —Yo no soy bueno con este tipo de cosas. Tú podrías escribir algo bueno para mí, ¿no? Digo, eres listo y cosas. Probablemente podrías escribir algo bueno.

—No soy tu secretaria.- dijo Fushimi sombríamente. Misaki le dirigió una mirada triste y Fushimi dio un largo suspiro de sufrimiento. —Realmente, eres muy virgen.

—Pero lo harás, ¿cierto?- apuntó Misaki.

Fushimi rodó los ojos, pero asintió de todas formas.

—¡Muy bien! Eres el mejor, Saruhiko.- Misaki le dio una palmada en la espalda y se apresuró a volver a su asiento mientras el profesor entraba en la sala.

—Tch.- Fushimi desdobló la carta y dejó sus ojos vagaran perezosamente en ella. No veía por qué sus compañeros se ponían tan azorados por cosas estúpidas como cartas de amor y confesiones. Eran cosas sin sentido de todas formas. Eran estudiantes de secundaria, no era como si ninguno de ellos fuera a verse los unos a los otros mucho después de la graduación (aunque era diferente con él y Misaki, por supuesto, pero eso no hacía falta decirlo). Haciendo cosas como comida para el otro o ir a citas parecía como una aburrida pérdida de tiempo.

Y si a esta chica le gustaba Misaki ella querría hacer ese tipo de cosas con él, también. El tipo de chica que chica que le gustaría a Misaki, Fushimi ni siquiera podía pensar en qué tipo de persona tendría que ser. Misaki era completamente inadecuado para pasar tiempo con chicas, él probablemente haría el ridículo inmediatamente. Era mejor ahorrarle ese tipo de humillación, sin duda. Como el mejor amigo de Misaki, Fushimi no podría dejarlo pasar tiempo con alguien que debía ser completamente inadecuado para él.

Si a esta chica le gustaba Misaki, ella querría pasar tiempo con él, y solo con él. Ella querría que la mirase a ella, todo el tiempo.

Algo sombrío y pesado se instaló en su pecho y con el ceño fruncido Fushimi arrugó la carta en una pelota. Entonces sacó una hoja de papel y empezó a escribir.

Dos días después al almuerzo, Misaki golpeó su bandeja contra la mesa, poniéndose a la altura de Fushimi con una mirada acusadora.

—Hey, Saru.

—¿Uhm?- Fushimi apenas levantó la mirada.

—No escribiste nada raro, ¿cierto?

—¿Qué?- Tenía razón, la carta de respuesta. Fushimi se encogió de hombros. —Solo lo que pensé que sería la mejor respuesta. ¿Por qué?

—Porque todas las chicas siguen actuando raro alrededor de mí.- dijo Misaki, luciendo incómodo. —Es como si no quisieran hablarme o siquiera mirarme o nada. Como…como si hubiera algo malo en mí.

—Probablemente porque ellas pueden darse cuenta de que eres un virgen que no puede hablarle a las chicas.- dijo Fushimi, alcanzando la caja de cartón de leche de Misaki.

—¡Estoy bien hablándole a las chicas!- dijo Misaki.

—Bien, ve a hablarle a una. Ahora.

—No quiero molestar a nadie.- bufó Misaki y empezó a atacar su comida con más vigor de lo habitual. —De todas formas, no necesito hablarle a las chicas. Ellas solo quieren hablar sobre esas estúpidas acarameladas mierdas. Nosotros no necesitamos ese tipo de cosas, ¿cierto? Tú y yo estamos bien por nosotros mismos.

Fushimi asintió y tomó un largo trago de leche con el fin de ocultar su sonrisa.

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Corrieron por las calles, Misaki sosteniendo fuertemente su mano, los pulmones de Fushimi quemaban. Detrás de ellos, él podía escuchar a los estudiantes de secundaria que habían atacado a Yata gritando algo, pero por el momento nadie parecía estar siguiéndolos. Incluso así, continuaron corriendo.

Las navajas estaban todavía estaban fuertemente sujetas en la mano de Fushimi, y él tampoco las dejó ir.

Finalmente Misaki pareció haber decidido que habían corrido lo suficientemente lejos y se detuvo, dejando ir la muñeca de Fushimi mientras con cansancio, dejó caer las manos en sus rodillas. Fushimi estaba sin aliento y su garganta dolía, pero en realidad no pensó mucho en eso. Sus ojos estaban enfocados únicamente en Misaki y en los moretones en todo su rostro. Las navajas se sintieron frías en sus manos.

Alguien había herido a Misaki. Sabía que eso no era algo nuevo, el idiota se metía en peleas todo el tiempo a menos de que Fushimi lograra detenerlo, pero esto era diferente. Habían sido tres y lo habían tenido acorralado. Cuando él los había visto Fushimi había sentido algo como un fuego hirviendo en su corazón y no había podido ser capaz de detenerse de intervenir. Cuando había apuñalado a uno de los tipos, no había estado pensando en sí mismo. Solo había estado pensando en Misaki, atrapado bajo las garras de los otros dos y gritando su nombre.

Misaki estaba diciendo algo ahora, y le tomó un momento a Fushimi registrarlo.

—¿Estás bien, Saruhiko?

—Deberías estar preocupado por ti mismo, idiota exaltado. - Fushimi de repente se sintió molesto con todo, con Yata y con las personas que los habían atacado e incluso con él mismo, y antes de que siquiera pensara en ello, se encontró presionando a Misaki cerca contra una muralla cercana, chequeando las lesiones.

Cualquier cosa pudo haber pasado si Fushimi no hubiera estado allí. Él podría haber sido herido o peor, podría haber sido asesinado. El pensamiento era como un agujero negro en el pecho de Fushimi.

—¿Yo?- graznó Yata, apartando irritado su mano. —¡Tú eres el que los desafió! ¡Yo habría estado bien!

—Te tenían acorralado en un callejón.- Fushimi disparó de vuelta. Cualquier cosa podría haber pasado. Si él no hubiera estado allí, cualquier cosa podría haber pasado. Su boca se sintió seca y dolía respirar, y Fushimi pensó vagamente que no se había sentido tan enojado en un largo, largo tiempo.

—Los podría haber tomado.- declaró Yata, y Fushimi rodó los ojos.

—Y estabas haciendo un muy buen trabajo cuando aparecí. Estás cubierto en moretones.

—Solo estaba esperando el momento para mi contrataque.- dijo Yata. Fushimi estaba a punto de contestar cuando las manos de Misaki en su garganta lo hicieron congelarse. —Ah, maldición, Saruhiko, ¿qué estabas pensando? Él casi…Maldición, Saruhiko…Tú casi…

El puño de Misaki fue presionado contra su pecho y por un momento Fushimi sintió como si se estuviera ahogando. Su lengua se sintió espesa como pañuelos en su boca y su corazón estaba palpitando tan rápidamente que pensó que de seguro Misaki podía ser capaz de sentirlo a través de su pecho.

El rostro de Misaki estaba pálido y Fushimi no estaba seguro de saber el por qué. Nadie nunca había actuado así con él. Nunca nadie se había preocupado así por él.

—Está bien.- penas logró sacar las palabras mientras apoyaba una mano torpemente sobre el puño de Yata. —Está bien, Misaki. Estoy bien.

—Sí, pero…- Misaki bajó la mirada entonces finalmente pareció notar las cuchillas que Fushimi todavía tenía apretadas fuertemente. —¿Y desde cuándo llevas navajas?

—Desde siempre.

—Nunca me dijiste. ¿Por qué nunca me dijiste que tenías navajas?

—Nunca preguntaste.- Fushimi se encogió de hombros y devolvió las navajas a su habitual lugar escondidas en sus mangas, desde que parecían estar perturbando tanto a Misaki.

—Sí, pero… ¿Por qué andas con navajas escondidas?- Yata lo estaba mirando y Fushimi no sabía muy bien qué decir.

Muchas noches, caminando a casa solo en la oscuridad y el frío, y personas llamándolo desde las sombras, "acércate, no te dañaremos, pequeña linda cosa" y "¿qué estás haciendo solo, pequeño niño?" y sabiendo, sabiendo con cada fibra de su ser que si él los seguía nunca volvería a ser visto de nuevo y a nadie le importaría, nadie lo notaría, él solo no estaría allí nunca más y nunca nadie registraría que él había estado allí alguna vez en primer lugar…

Porque aquellos que estaban solos eran débiles, y los débiles eran eliminados cuando aún eran niños, eran destrozados y tragados, y la idea hacía que su corazón se encogiera, su piel picara y no podía aguantar el pensamiento, no podía ser uno de los débiles que eran comidos por el mundo, así que necesitaba garras y dientes para pelear contra él…

—Protección.- dijo Fushimi, porque no podía decir nada más. Misaki lo estaba mirando con ese rostro ridículamente abierto de nuevo, la expresión demasiado fácil de leer, mirando como si fuese a llorar en cualquier momento y no tenía sentido en lo absoluto. Fushimi nunca había encontrado en su vida nada que tuviera menos sentido que Yata Misaki y ese era el por qué Misaki era el más preciado. —¿Misaki…?

—Nada.- Misaki sacudió la cabeza, pero su expresión no se aclaró. Hicieron un rápido mapa de su locación y entonces Fushimi lo dejó liderar el camino a la farmacia más cercana por algunas vendas.

Las navajas en sus mangas se sentían frían contra su piel, pero la mano de Misaki en su muñeca era cálida, y eso era suficiente.

oOo

Algunas noches compartían una manta.

Yata había estado viviendo con él cerca de dos semanas para entonces y de alguna manera el pequeño departamento se sentía más grande con dos personas allí. La basura se seguía acumulando, pero Fushimi supuso que uno de ellos acabaría sacándola al final y, además, era la basura de los dos, no la suya sola, lo que hacía toda la diferencia en el mundo en lo que concernía a Fushimi.

Los arreglos para dormir habían causado algunos problemas. Fushimi siempre había estado bien durmiendo en el suelo, en un rincón, con sus dos mantas y su desgastada almohada, al principio Misaki parecía considerar todo ello como una interesante nueva aventura en casa. Él había traído su propia almohada pero no frazadas, así que Fushimi le había dejado una de las suyas. Habían logrado reunir suficiente dinero para comprar una extra, pero el problema yacía en quién tendría la tercera frazada cada noche.

La insistencia original de Misaki era que, siendo que era la casa de Fushimi, así que técnicamente era la manta de Fushimi, por lo tanto él debería usarla. Pero a medida que las noches se hacían más frías era cada vez más difícil mantenerse cálido con solo una manta y Fushimi no pudo soportar muchas noches de ver a Misaki temblar mientras dormía. Así que Fushimi simplemente la había dado a Misaki la frazada sin decir más, un acuerdo que había durado hasta la primera vez que Misaki se despertó en mitad de la noche y vio a Fushimi tiritando mientras dormía. En ese momento Misaki se había negado obstinadamente a usar la manta extra para sí mismo a menos de que Fushimi la usara también.

Lo que dejaba solo una respuesta lógica, la que era compartirla.

—Te sigues llevando las mantas.- murmuró Yata.

—Tú sigues pateándome.- replicó Fushimi calmadamente. Estaban acostados dándose la espalda con solo unas pulgadas de espacio entre ellos. Fushimi pensó por primera vez que la habitación se sentía demasiado cerca.

—Tus pies están fríos.- Misaki tiró de la manta más cerca a su lado.

—Porque hace frío afuera.- Fushimi disparó de vuelta, tirando su lado de la frazada solo para estar en contra. De hecho estaba sintiendo más bien calor, pero de alguna forma, dejar que Misaki tomara la manta se sentía demasiado como una derrota para tolerarlo.

—Esto es raro.- se quejó Misaki después de que el silencio entre ellos se había prolongado mucho.

—¿Qué es raro?

—Dormir así de cerca.

—¿Cómo es raro?- Fushimi sintió a Misaki jalar de la manta de nuevo y él la tiró de vuelta hacia sí mismo con un irritado "tch". Ni siquiera la quería más, solo estaba molestando por la habitual estúpida terquedad descerebrada de Misaki.

—Los chicos no deberían dormir así de cerca.- Las palabras fueron dichas en casi un susurro y Fushimi dio la vuelta para mirar la espalda de Yata.

—Te puedes ir si quieres.- Lo dijo sin emoción alguna. No era el problema de Fushimi dónde Misaki elegía dormir, después de todo.

No te vayas.

—¡No dije eso!- Misaki se dio la vuelta de repente y entonces estuvieron cara a cara. El rostro de Fushimi se sentía cálido y él estaba feliz de que Yata no lo pudiera ver bien en la oscuridad. —Solo dije…es raro. Eso es todo.

—Deja de quejarte.- Fushimi se sintió exasperado por algo que no pudo denominar y abruptamente se alejó, dejando a Yata tomar el resto de la frazada. —Aquí, solo tómala. Tú la necesitas más que yo de todas maneras, ya que eres mucho más pequeño.

—¡¿Qué dijiste, cabrón?!- espetó Yata. Fushimi de repente sintió que la manta le cubría por sobre la cabeza mientras Yata se deslizaba en ella de tal forma que ellos casi se tocaban.

—¿Qué pasa ahora?- Fushimi no confiaba en sí mismo lo suficiente para moverse y mirarlo.

—Tienes que tomar la frazada también.- dijo Misaki con una voz molesta.

—Estoy bien.

—Ya estás temblando.

Fushimi estaba temblando, pero no estaba seguro de que en realidad fuera por el frío.

—Estoy bien.- dijo de nuevo porque no se atrevió a decir nada más. Podía sentir la vacilante respiración de Yata contra su espalda. —¿Pensé que era raro esto?

—Lo es.- murmuró Misaki ahogadamente, ya volviendo a dormirse. —Pero es cálido.

El silencio cayó sobre ellos entonces mientras Yata volvía a dormirse. Fushimi se quedó despierto, la manta pesada sobre sus hombros y Misaki apretado contra su espalda, y escuchó a Misaki dormir.

oOo

Estaban sentado uno frente a otro en frente del televisor con dos paquetes de comida para llevar abierta entre ellos cuando se fue la electricidad.

—¿Qué diablos?- maldijo Yata mientras un relámpago iluminó la habitación brevemente. —¿Qué pasó?

—¿Qué crees?- dijo Fushimi con irritación. Accidentalmente se había comida uno de los brotes de bambú del cerdo agridulce y se estaba sintiendo más molesto con el mundo de lo habitual. —Se ha ido la electricidad. Pasa un montón aquí durante las tormentas.

—Apenas está lloviendo.- insistió Yata, acercándose a la ventana tapiada para mirar afuera mientras otro rugido de un trueno sonó en la distancia. Fushimi se encogió de hombros.

—Cableado defectuoso.- dijo calmadamente. —Es un edificio viejo.

—Uhm. Eso es estúpido.- declaró Yata, cruzando sus brazos como si la falta de luz fuera una ofensa personal. —Deberías decirle al propietario de este basurero que lo arreglara.

—Él no sabe que vivo aquí, idiota.- le recordó Fushimi, fijándose en Misaki con una fría mirada que supuso, el otro chico apenas podía ver en la oscura habitación.

—Ah. Verdad.- se rió Yata nerviosamente mientras se volvía a sentar en el suelo, mirando desconsoladamente los restos de la cena. Su porción de comida de repente había ganado el doble de brotes de bambú y había perdido la mitad de la carne. —¿Y ahora qué? ¿Tienes linternas o algo?

—Tenía. No estoy seguro de qué les paso.

—Probablemente se perdieron porque eres un cerdo, Saru.- murmuró Yata en voz baja, cogiendo su propia comida. Cuando Fushimi no respondió, él se quejó y se dejó caer sobre su espalda. —¿Y ahora qué?

—¿Qué se supone que significa?

—Digo, ¿qué haces cuando se corta la luz?

—¿Hacer?- La idea no se le había ocurrido a Fushimi y se preguntó, no por primera vez, cómo funcionaba el pequeño cerebro de Misaki. —Usualmente solo voy a la cama temprano y está de vuelta para cuando me despierto.

—Eso es aburrido.- Suspiró Misaki.

—Lo sé.- Fushimi se encogió de hombros. —¿Qué más se puede hacer?

Comieron en silencio por unos momentos antes de que Misaki hablara de Nuevo.

—Saruhiko…dijiste que esto pasa un montón, ¿cierto?

—Cierto.

—Así que, antes de que me mudara, ¿qué hacías?

—Tch. Ya te dije, me iba a dormir.- repitió Fushimi, molesto.

—Bueno, ¿No era…ya sabes, espeluznante?

—No seas tonto.

—Lo digo en serio.- Yata se sentó de repente. —La luz se fue una vez cuando estaba en casa solo en mitad de la noche y empecé a escuchar cosas ¡y no pude siquiera irme a dormir!

—¿Está tu cerebro tan poco desarrollado como tu altura?- preguntó Fushimi. —No hay nada de qué temer. Es solo oscuridad, eso es todo.

—¡No estoy asustado!- espetó Misaki rápidamente. —Solo estaba…preguntando, eso es todo. Podría haber ladrones o algo como eso. Eso es todo.

—¿Así que le tienes miedo a la oscuridad?- Fushimi se rió.

—¡No!- insistió Misaki. —Solo me estaba asegurando de que tú no tuvieras miedo, eso es todo.

—Estoy acostumbrada a ella.- dijo Fushimi sin mirarlo. —No había mucha diferencia si había luz o no. Era silencioso y oscuro, eso era todo. Estaba bien por mí mismo. No tenía miedo.- La noche no era más larga. El mundo no era más vacío. —No estaba…Estaba bien.

—Saruhiko…- Misaki lo estaba mirado. Fushimi estaba seguro de eso, y él miró fijamente el suelo. La comida de repente supo seca en su boca y se levantó.

—Voy a buscar una linterna.

—Saruhiko…- Misaki sujetó su muñeca y él se detuvo.

—Estoy bien.- repitió Fushimi. —No te preocupes, Misaki. Te protegeré así no tienes que estar asustado.

—¡¿A quién le estás diciendo "asustadizo", bastardo?!

oOo

—¿Vas a ir a la ceremonia de graduación?

Estaban tumbados espalda contra espalda en la azotea de la escuela de nuevo, mirado el cielo de la tarde.

—Se espera que todos vayan.- Fushimi se encogió de hombros en respuesta a la pregunta de Misaki.

—No quiero ir.- murmuró Misaki malhumorado. —Es solo una estúpida pieza de papel. No es como si significara nada.- Se detuvo. —Saruhiko… ¿qué vamos a hacer después de la graduación?

—Dormir hasta tarde.- dijo Fushimi imperturbable. Realmente no le importaba qué pasara después de que dejaran la escuela. Los maestros estaban siendo tan molestos ahora, sermoneándolos acerca de carreras y futuros. Fushimi no necesitaba nada de eso. Mientras estuviera con Misaki, pensar en cosas como la escuela secundaria y los empleos no valían su tiempo.

—No voy a ir a la escuela secundaria.- anunció Yata.

—Eso ya lo sabía.- dijo Fushimi, su voz sonando menos molesta de lo que había pretendido.

—Necesitamos pensar en algo qué hacer.- dijo Misaki. Sonaba inusualmente pensativo. —Saruhiko… ¿Qué vamos a hacer? Somos solo niños. No podemos seguir viviendo así para siempre. ¿Qué pasaría si el casero de tu casa encontrara que estamos viviendo allí y nos echara, o el lugar se declara en ruina o algo? ¿Qué pasa su no podemos encontrar un lugar para trabajar o no podemos comprar comida o…

—Nos las arreglaremos.- Fushimi se encogió de nuevo. No estaba pensando en realidad acerca de ninguna de esas cosas, tampoco. La espalda de Misaki se sentía cálida contra la suya y lo hacía sentir somnoliento y casi contento.

—Odio este lugar.- la voz de Misaki era baja y llena de frustración. —Quiero irme de aquí.

—Entonces nos iremos. A nadie le importará si saltamos las clases del resto del día.

—No digo la escuela.- dijo Misaki. —Digo, algo así, pero no en este momento. Solo odio…todo esto. Estar en las calles, nunca saber qué es lo que nos va a pasar. Quiero…Quiero salir de aquí. Es como, si esto fuera un manga, este sería el momento en que un héroe se abalanzaría y nos salvaría, ¿sabes?

Fushimi pensó en eso por un momento y su rostro se ensombreció. Quería decirle a Misaki que él no necesitaba nada de eso. Había aprendido hace mucho ya que los héroes no existían. Pero Misaki, Misaki existía, y eso era suficiente. Los dos estaban juntos. Eso era todo lo que Fushimi necesitaba. Ni había necesidad de héroes en lo que respectaba a Fushimi, mientras tuviera a Misaki junto a él.

—Tch.- fue todo lo que dijo en su lugar, porque Fushimi no podía confiar en sí mismo para decir nada más.

oOo

Suoh Mikoto le tendió la llameante mano y en algún lugar, Fushimi pensó, escuchó algo romperse.

A él no le gustaba ese lugar o esa gente. Él no había querido seguirlos en absoluto en primer lugar, Fushimi sabía muy bien el tipo de gente que pararía en la calle e intentarían hacer que los siguiera. Ese era el por qué tenía navajas en primer lugar, después de todo. Pero la cabeza de Misaki había estado llena de estrellas después de que el hombre quien se hacía llamar Rey Rojo les había mostrado su poder, y mientras habían caminado Yata había reconocido a uno de sus viejos amigos entre los seguidores del rey. Así que él había insistido en que fueran donde el Rey Rojo los guiaba y donde Misaki fuera, Fushimi iba.

Habían sido llevados a un bar y llevados arriba, y les dijeron brevemente de cosas que hacían la cabeza de Fushimi nada, acerca de reyes y poderes y miembros de un clan. A él no le gustaba nada de eso. Quería tomar a Misaki por el cuello y arrastrarlo lejos, pero Misaki estaba emocionado y ya se había alejado de él.

Misaki había aceptado el desafío del rey fácilmente, tan fácilmente. Había tomado la mano de Mikoto sin un ápice de vacilación.

Fushimi miró las llamas e intentó no mostrar ninguna reacción. Su piel hormigueaba con una sensación desagradable y su cabeza estaba latiendo tan fuertemente que era difícil pensar. Su mirada se apartó de la mano del rey a donde Misaki estaba parado a pocos metros, hablando animadamente con varios miembros del clan rojo, mirando la mano que había tocado Mikoto con una cierta veneración que la mayoría de la gente normalmente reservaba para estrellas deportivas e ídolos cantantes.

Durante todo el tiempo en el que habían caminado al bar, Fushimi había estado un par de pasos detrás de Misaki. Y en todo el camino Misaki no se había dado vuelta una y otra vez para estar seguro de que Fushimi todavía estaba allí, para gritarle que se mantuviera el paso o para apresurarlo o decirle entusiasmado cuán grande todo el asunto iba a ser. A pesar de que había estado mirando a Mikoto constantemente, nunca se había detenido para mirar atrás, para mirar a Fushimi y sonreírle y estar seguro de que él estaba allí.

Misaki había pasado la prueba del Rey Rojo y ahora no había siquiera mirado una vez atrás para asegurarse que Fushimi había hecho lo mismo. Algo muy dentro de Fushimi cortó tan dolorosamente que pensó que de seguro debía haber derramado sangre. Fushimi apretó el puño y preparó su última voluntad.

Tomó la mano del Rey Rojo y en tanto las llamas tocaron su piel, Fushimi estuvo seguro de que escuchó algo romperse.


Notas de traductora: He aquí la segunda parte involucrando más a Fushimi. Sinceramente, este fue el capítulo más difícil de traducir, por ser algo más complejo y además de que varias partes me rompían el corazón. (Fushimi es mi favorito). Espero que les haya gustado, y gracias a los que han comentado. Mañana subiré el epílogo.