REGALO
PARTE 2
DE LILY TENDO 89
Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a la gran Rumiko Takahashi. Sólo los tomé prestados en un momento de inspiración.
3 días después de que su mamá le hubiera dado el kanzashi tan preciado para su familia, Ranma se sentía aún más agobiado que antes, lejos de sentirse tranquilo, su mente no dejaba de dar mil vueltas.
Afortunadamente sus sueños habían cambiado, ya no soñaba con esa fatídica tarde en Jusendo, ahora sólo se concentraba en decidir qué haría con el objeto, cómo le haría para que no llegara a las manos de su papá, y lo más importante, ¿se lo daría a Akane algún día? Su madre creía que tenía el valor para hacerlo, no podía defraudarla, pero ¿cómo?
Una de las cosas más importantes era que sus otras "prometidas" jamás se enteraran, no quería otra casa destruida por un mal entendido, aunque esta vez no lo fuera. Eso incluía que su cuñada Nabiki tampoco supiera de su existencia y su valor, esa mujer es capaz de cualquier cosa por unos cuantos yenes y no dudaría en compartir la información por una módica cantidad.
Por otro lado estaba su padre, el hombre más avaro que jamás había conocido, no confiaría en él ni aunque su vida dependiera de ello, mucho menos le confiaría algo que su madre había conservado lejos de él con tanto esmero.
Hasta ese momento Ranma lo cargaba consigo en su bolsillo, la primera noche quelo tuvo sintió un cosquilleo en el pecho al dormir… durmió con su playera china favorita con tal de no sacarla de su bolsillo frontal, y sintió ciertos cosquilleos como si alguien tratara de sacarlo de ahí, movió agitado una mano como si ahuyentara un mosquito… aunque eso era imposible, nadie más sabía de su existencia, era algo que solo había compartido con su madre, al menos eso creía.
Aun así no se podía confiar, buscaría un lugar adecuado para ocultarlo hasta que llegara su momento de pasar a la futura Señora Saotome. Lo colocó en una pequeña caja que enterró debajo del dojo Tendo, sitio que le había servido para espiar a su prometida en ciertas ocasiones, nunca más había estado alguien allí, bueno alguna vez se topó a Gosunkugi, pero eso fue hace mucho tiempo, era el sitio perfecto.
Poco sabia él que alguien lo venía acechando por varios días, un panda estaba tras su rastro, y ese miércoles en la mañana lo vio salir de debajo del dojo.
Era hora de ir a la escuela, entró a asearse un poco y un poco antes de salir de casa un panda salió a su encuentro, sacó un cartel solo para decirle…
-Que tengas buen día hijo…
-Sí, lo que digas viejo- Digo agriamente el joven.
-Eres un ingrato
-Tengo que irme adiós- Ranma salió corriendo ya que como de costumbre se le hacía tarde para la escuela.
El panda sacó un nuevo letrero, que evidentemente el joven no se percataría de su contenido, pero seguro que era importante.
-Seguro para alguien será un buen día…
Lo dijo mientras su figura de panda ocultaba un aura de maldad y felicidad sin igual.
-Vaya el viejo sí que andaba extraño- Pensaba el joven mientras se apresuraba a alcanzar a su prometida que le llevaba una considerable delantera en el camino, su padre jamás era así de amable con él, pero su prisa no le permitió pensar que era algo de lo que debía preocuparse.
Sonó la campana de la escuela y Ranma justo alcanzó a entrar a su salón, no sin antes sentir la mirada de furia de cierta chica de cabellos cortos, vaya… y le habían deseado que tuviera un buen día.
En la hora del receso Akane se encontraba comiendo con sus amigas, Ranma siendo incapaz de seguir soportando su rechazo se acercó a ellas.
-Hola chicas, ¿qué comen?
-Vaya tú sólo piensas en comida- le respondió su prometida sin ninguna amabilidad.
-¿Qué? claro que no, también pienso en artes marciales, comida, molestar a Ryoga, comida, molestarte a ti, comida…
-Ya quedó claro- interrumpió la chica
-¿Y ahora por qué estás tan enojada?
-Yo no estoy enojada
-Sí que lo estás
-¡QUE NO LO ESTOY!
-Sí claro…
Notando la situación tan incómoda y acostumbrada a este tipo de reacciones su fiel amiga Yuka no pude hacer otra cosa más que intervenir…
-Está molesta porque no le regalaste nada… que mal prometido eres.
-Regalarle, ¿y por qué había de regalarle algo a alguien tan fea?
-Pues porque eres su prometido, y además ella te dio un chocolate en San Valentín, tú le debías regalar algo por ser White Day ayer.
-Yuka cállate, no es importante, al menos no lo es para él.- Respondió Akane y se podía notar la decepción en su voz.
Ranma sudó frío, jamás fue bueno con las chicas, mucho menos con los detalles sobre ellas, lo que era importante, jamás lo entendería, pero el White Day era una tradición japonesa por excelencia, ¿cómo lo había olvidado? Estaba tan distraído con el obsequio de su mamá que olvidó por completo sobre darle algo a Akane, ¿tendría su mamá un plan oculto? al dárselo 2 días antes de ese día especial, ahora no lo sabría… a menos que…
-Akane ven- la tomó en sus brazos y la llevó de saltos a un árbol, ese que fue cómplice de su primer abrazo cuando Ranma combatía con Ryoga.
-Suéltame, eres un bobo- le dijo manoteando la joven
-Te quieres calmar, solo necesito hablar-
-Pues yo no quiero hablar contigo, desconsiderado-
-Hay algo que debes saber- respiró hondo, tomando todo el valor que era capaz de conseguir, y continuó- verás, sí tengo algo, pero me apena dártelo, es de mi mamá…
No terminó de hablar cuando Akane lo interrumpió –No me digas, otro pastillero- con cierta frustración en su voz
-No, ésta vez es diferente, además no seas tan desagradecida, marimacho-
-Si vas a estarme insultando mejor me voy- pero antes de que saltara para bajar del árbol Ranma la tomó de la cintura.
Ella se congeló, los brazos del artista marcial en su cintura la hacían perder toda cordura, concentración, coordinación, no podía hacer más que quedarse a terminar de escuchar, con los ojos abiertos llenos de esperanza.
Recobrando el valor que la confianza de su madre le contagiaba comenzó a hablar nuevamente, sin soltar el agarre en su cintura por miedo a que intentara escapar -Esto es especial, mi mamá lo ha tenido por años, estuvo en su familia por cien años, es pequeño, pero creo que te encantará, lamento no dártelo antes, la verdad estaba muy nervioso, y no quiero que vuelva a ocasionar destrozos en tu casa, como pasó con la mía.-
-Vaya debe ser muy especial, no que el pastillero no lo fuera, los detalles de tu madre son muy especiales-
-Lo es, lo traje conmigo durante día, pero temía que no lo aceptaras, o que habría un mal entendido-
-Bromeas, cualquier cosa que me des me encantará, digo cualquier regalo de la tía Nodoka- Sonrió nerviosa y completamente apenada. -Bueno y ¿dónde está?-
-Verás, he ahí el asunto, lo oculté, temía que papá o Nabiki se enteraran, lo enterré debajo del dojo para ocultarlo.
-¿QUÉ? ¿Cómo se te ocurrió algo así? ¿No crees que…?- Akane no terminó de formular su pregunta cuando su rostro reflejo un asombro temible.
-Ranma, hoy antes de salir vi a tu papá en su forma de panda, iba al dojo con una pala, en cuanto me vio sacó un letrero
-Vaya creo que me perdí, iré a reparar una puerta
-Y volvió a entrar a la casa en cuanto me vio, creí verlo particularmente feliz, ¿no creerás que…?
La respiración de Ranma se agitó, no quería imaginar lo peor, pero nada menos se podría esperar de su padre, ¿cómo fue tan tonto para dejarse espiar?, tenía que regresar inmediatamente.
-Lo siento debo irme- Ranma se fue sólo, dejando Akane a terminar las clases y además bajar del árbol sola, no podía con la decepción de que Akane y su madre supieran que perdió su precioso kanzashi familiar.
Mientras Ranma corría a su casa las palabras de sus madres resonaban en su mente como relámpagos, sobre un detalle que llevaba en la familia por años, sobre el valor que sabía que tendría al dárselo a la mujer que ama, su confianza, esa era lo que más valoraba, y ahora le había fallado, otra vez no era el hombre que esperaba, pero no se rendiría tan fácilmente, en caso de ser ciertos sus temores.
Llegó al dojo y no dudo en ir corriendo a la parte inferior, para confirmar sus sospechas "alguien" había estado hurgando ahí, para su sorpresa notó cientos de pozos, seguramente el viejo la tuvo difícil para encontrarlo, al menos estaba oculto con meticulosidad, pensaba si eso le daba tiempo suficiente para recuperar su regalo antes de que su padre hiciera lo que ya sabía que haría.
Pensó por un momento, intentando dominar sus emociones dio un respiro profundo, y se dispuso a pensar dónde podría llevar su padre aquel objeto para que conseguir algunas monedas por él, claro cien mil yenes no eran nada despreciables… pensó, pensó, pensó -¡Claro! con el viejo Tokugawa!
Sin duda la casa de nombre "Shichi" era la más popular de todo Japón y en Nerima había un pequeño local dirigido por un hombre de baja estatura, bigote gris, y figura delgada que emitía cierta simpatía con su semblante, pero no era para dejarse engañar, no era más que un usurero que hacía la vida aprovechándose de las personas tan desesperadas como para despojarse de objetos muy valiosos por unas cuantas monedas.
Ese día transcurría sin muchas novedades, a diferencia del día anterior, en el que muchos jóvenes buscaban cosas lindas para alguna dama intentando conquistarla, todo era tranquilo hasta que alguien llegó a su local, y vaya que era "alguien" especial, era un panda que cargaba un letrero.
-Vengo a vender un objeto-
El hombre no mostró señal alguna, sólo le indicó con el dedo un cartel que tenía a su espalda: "NO SE VENDE A PANDAS… NI A NIJNJAS".
Eso sí que no era buena publicidad, ¿cuántos pandas andan por ahí vendiendo objetos?, en fin… el panda mostró nuevamente su cartel…
-Soy un hombre
Nuevamente el viejo Tokugawa señalaba su cartel, las letras chiquitas decían: "AUNQUE FINJAN SER HOMRBES"-Esto sí que era extraño, pensó el Panda.
-¿Tiene una tetera?
El hombre extrañado le entregó una tetera que el panda usó para verterse agua encima, frente a sus ojos ese panda se convirtió en un hombre gordo, calvo, con grandes gafas y una pañoleta en la cabeza…
-Vaya- De no haber pronunciado palabras eso sí que lo había sorprendido, definitivamente debía modificar ciertas reglas en su cartel.
Sin importar la sorpresa del hombre Genma Saotome comenzó a mostrar sus intenciones. –Vengo a vender este kanzashi, verá ha permanecido en mi familia por años, pero mi casa acaba de ser derrumbada, estamos desesperados, ayúdenos por favor- mientras lloraba con ferocidad, era casi creíble.
El objeto parecía opaco y viejo, pero no menos valioso, el hombre sabía que podía ganar algo de dinero por él, así que empezó la batalla de las casas de empeño.
-Le doy cincuenta mil-
-¿Qué? eso vale al menos cien mil.
-Sí, pero la casa debe tener alguna garantía de ganancia, cincuenta mil-
Como todo artista marcial, no se dejaría vencer tan fácil –setenta y cinco mil-
-Sesenta mil y se lleva un cupón de tallarines gratis-
-Soy todo un suertudo pensó, un genio, un maestro en el arte de la negociación, -¡LO TOMO!-
-Funciona cada vez- pensó el viejo más tacaño que su contrincante.
Hicieron el papeleo correspondiente, el artista marcial de amplios lentes contaba un fajo de billetes y guardaba un cupón para cierto restaurante chino de la zona.
Estaba a punto de salir del local cuando entró a la puerta alguien conocido para él, un joven de trenza, camisa china roja, que emanaba un aura de batalla descomunal.
Continuará…
Gracias a los que han leído la historia… les aseguro que lo mejor está por venir :D
