Más pronto de lo normal, aparezco con el capítulo 2 ¡SORPRESAA! Ayer estaba aburrida y me puse a escribirlo. Así que aquí lo tenéis, recién sacado del horno. Por cierto, no creo que vuelva a pasarme hasta el viernes 29, que acabaré los exámenes... (Aún no han empezado y ya estoy deseando que se terminen) Entonces seré libre... ¡y más rápida! Así que bueno, espero que os guste. Creo que es mejor que el anterior, pero como siempre agradezco opiniones, críticas crueles y sugerencias. :) No os aburro más. Aquí va el capítulo 2.


2- Dudas

Lily está sola en la Sala Común de Griffindor. Lee un libro que ha cogido de la biblioteca esa misma tarde. Por mucho que lo intenta, no es capaz de concentrarse.

Siempre, desde que tiene memoria, los libros han sido su refugio. Cuando se ha sentido triste, nerviosa o preocupada, siempre ha encontrado la solución en un libro. No la solución literal, sino refugio, alivio y hasta protección. Y hoy es uno de esos momentos en los que se siente indefensa y perdida. Sin embargo, es la primera vez que no sabe el porqué.

Ni se le pasa por la cabeza que sea por el imbécil de Potter. Seguramente es porque no está satisfecha por el examen de Encantamientos. Por supuesto, el hecho de que Potter la haya ignorado después de la cena no tiene nada que ver. Ha sido un alivio. Y que la imbécil de Rachel Looper le haya pedido salir a Potter tampoco la ha hecho sentir así. Qué soberana tontería.

Sin embargo se siente mal, y por primera vez, un libro no es capaz de consolarla, de hacerle salir de ese estado de apatía. Alice la ha dejado sola con una mirada suspicaz que hace pensar a Lily, una vez más, que la chica la conoce más que ella misma. A su amiga no se le ha pasado desapercibida su mirada triste y sus gestos desorientados. Pero ni siquiera Lily sabe lo que le pasa.

Resignada ya, deja el libro en la mesa después de haber leído la misma línea unas trece veces sin haber comprendido nada. Se arrellana en el mullido sofá escarlata y se tapa los pies desnudos con una manta. Observa las llamas de la chimenea con la mirada perdida y los ojos brillantes por el sueño.

Y aun así, no puede dormir. Poco a poco, las llamas se van apagando, mientras ella piensa qué puede estar pasándole. No puede ser por el examen de Encantamientos. No le ha salido excesivamente mal, de hecho, el de Transformaciones de la semana anterior le había salido mil veces peor y había salido carcajeándose del chiste que Black le había contado a la profesora. Había que reconocer que aún viniendo del imbécil de Black, había sido gracioso, aunque la profesora McGonagall no había opinado lo mismo y le había castigado haciéndole copiar. Con lo que Black odiaba copiar.

Sonrió al recordarlo. Todos habían salido de clase llorando de la risa, salvo Potter, que musitaba: ''Penoso, Canuto, penoso. Se ve que conforme más te crece el pelo más se te encoje el cerebro. '' Sirius, apartándose de los ojos la larga melena negra, le había mirado con desprecio: ''No, Cornamenta, no. Se llama envidia, ¿sabes?'' Potter no había podido contener más la risa y ambos se empezaron a carcajear. Aún en el Gran Comedor, a la hora de la comida, seguían desternillándose. Lily recuerda lo cómico que estaba Potter, con los ojos brillantes, llenos de lágrimas detrás de las gafas, el pelo aún más despeinado de lo normal si cabe, y una gran sonrisa llena de dientes en medio de la cara. De hecho, estaba más guapo que de normal…

Lily se sobresalta al darse cuenta de lo que le acaba de pasar por la cabeza. Potter… ¿guapo? Enseguida recompone una mueca de asco para un público inexistente, y al punto se da cuenta de lo infantil de su reacción. Incómoda, evita el delicado tema en sus pensamientos, y justo cuando se dispone a levantarse para ir su dormitorio, el hueco del retrato se abre y Potter aparece.

''Genial'', piensa Lily. Potter la ve y sonríe.

- Hola, Evans. ¿Tú por aquí, con un libro? Imposible. – suelta una risita mientras coge el libro que Lily ha dejado en la mesa.

- Piérdete, Potter. – le espeta Lily, automáticamente. Esas palabras le salen ya sin pensarlo, fruto de las incontables que las ha pronunciado.

- Tranquila, Evans, no te he mordido… aún. Oye, una pregunta.- al ver la expresión de Lily, añade enseguida – No, no te voy a pedir que salgas conmigo.

Lily resopla, sorprendida, y siente una pequeña punzada en el pecho. Eso la ha… ¿la ha molestado? ¡Debería sentirse eufórica! ¡Potter ha cambiado de pregunta! Lo único que puede esperar es que no sea una nueva variante. ''No creo que su cerebro soporte tanta presión'' , se tranquiliza.

- Dime, Potter, soy todo oídos.

- Verás, Evans, no eres precisamente todo oídos. También eres unas piernas preciosas, y el mejor...

-¡¿Qué quieres, Potter?! – grita Lily.

- ... que he visto nunca. Vale, vale tranquila. Mmm… ¿me podrías dejar el libro de Pociones? No encuentro el mío… y necesito tener la redacción para mañana.

- Está bien. Pero cuidado con él, como me lo estropees o note que has hecho algo en él…

- ¿Me crees capaz? – Potter sonríe indolentemente mostrando sus blancos dientes.

- Demasiado.

Lily se da la vuelta y sube a por el libro a su dormitorio. Lo coge y baja, encontrándose a Potter cogiendo postura en el sillón que ella acaba de abandonar.

- ¿La vas a hacer ahora? – pregunta incrédula, tendiéndole su ejemplar de Elaboración de pociones avanzadas.

- ¿Cuándo, si no? Mañana hay que entregarla, Evans.

- Bien, buenas noches, Potter.

- Mejores para ti, Evans. – Potter le sonríe y comienza a ojear el libro.

Lily se acerca a él, arranca su manta, que ha quedado aplastado bajo el chico, provocando protestas de este, y se da la vuelta para dirigirse hacia su habitación. Durante una milésima de segundo se detiene, pensando en preguntarle qué ha pasado con la imbécil de Rachel Looper, pero al final decide no hacerlo. ¿Qué peor manera hay de perder su dignidad? Además, Potter podría sospechar…

'' ¿Sospechar qué?'', se dice a sí misma. No hay nada que sospechar. A ella no le interesa lo más mínimo lo que haga o deje de hacer con es furcia rubia de tetas enormes. Sube los últimos escalones e, instintivamente, se gira en el último al no notar la mirada de Potter en su espalda. El chico está sentado en el sofá que ella ha dejado libre y mordisquea una pluma, concentrado. La luz del fuego arranca destellos a sus gafas y provoca luces y sombras en su rostro contraído por la concentración. Lily siente una extraña amargura al ver que él no la ha mirado, como siempre hace. Y por enésima vez en lo que lleva de día, se reprocha a sí misma esos pensamientos. Potter no es nadie, y no tiene que pensar en él, no tiene que preocuparse de lo que haga o deje de hacer, y no tiene que dolerle el que por primera vez en su vida, la haya dejado en paz.

Se da la vuelta y entra en el dormitorio, donde todas sus compañeras ya duermen. Se tumba en la cama, sigilosa, y piensa en lo extraño que ha sido ese día. Potter sólo le ha pedido salir una vez. Y ella… ¿qué siente al respecto? ''¿Alivio?'' , piensa titubeante. No, y aunque no quiera reconocerlo, sabe que no es alivio. Pero no puede ser que esté... celosa de Rachel. ¿No? Potter no le gusta... ni un poquito. No, definitivamente, no. Se esfuerza en clavar ese pensamiento en su mente, por encima de tantos otros que pugnan por abrirse paso.

Se arropa un poco más en las calientes mantas que tanto se agradecen en ese frío invierno. Y evoca la imagen de Potter sentado en el sofá rojo. Sin darse cuenta, el sueño la va venciendo. Y esboza una involuntaria sonrisa al evocar al muchacho que en esos momentos tiene su libro. Y desea, involuntariamente, que esté pensando en ella.


Y aquí lo tenemos. A Lily se le empieza a ver un poco el plumero ¿eh? Pero ella es muy cabezota y dice que no. Pues oye, de momento le dejamos pensar eso. Por cierto, por si las dudas, Rachel Looper no existe en HP. Espero que os halla gustado. ¡¡Agrdezco todo tipo de comentarios!! Un beso a todo el mundo que se pasa por aquí. :) ¡¡¡Y GRACIAS!!!