PASADO Y PRESENTE
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling. La persona que ideó la Magia Hispanii fue Sorg-esp.
Esta historia participa en el reto "Especial: OTP" del "Foro de las Expansiones"
Pilar
Presente
Barrio Mágico de Madrid. En la actualidad.
¿Dónde habría metido el dichoso monedero? Hacía un frío de los mil demonios y Pilar estaba parada en mitad de la calle, hurgando en su bolso. ¿Se lo habría dejado en alguna tienda? ¿Se le habría caído cuando guardó la trompetilla? ¿Se lo habría robado algún raterillo?
Pilar siempre había considerado que tener un bolso grande era una buena cosa, pero en momentos como aquel lo reconsideraba seriamente. Y es que su bolso no era grande sólo físicamente, si no que le había aplicado numerosos hechizos que le permitían guardar en su interior multitud de cosas y, claro, encontrar algo allí era difícil. Y si tenías prisa y empezabas a perder los nervios, más aún.
Suspiró profundamente y observó cómo sus manos temblaban. ¡Ay! ¡Qué lejanos quedaban los tiempos en los que su pulso era firme! Por suerte, seguía siendo igual de talentosa a la hora de preparar pociones y manejaba con mucha maña la varita, así que tampoco les daba demasiada importancia. Además, los sanadores le habían dicho que era normal que a su edad le ocurrieran cosas como aquella.
—Buenas tardes, Pilar.
Arturo le acababa de dar un buen susto. Giró la cabeza y vio al chiquillo. Bueno, en realidad ya no era aquel mocoso imberbe que se pasó años intentando seducirla. Ahora era un hombre muy mayor de pelo blanco y que acostumbraba a usar un bastón. Eso sí, el porte elegante no lo había perdido. Porque, aunque en su momento no le hubiera interesado en absoluto, Pilar debía reconocer que Arturo Fernández siempre fue un hombre atractivo. Y aún lo era.
—Buenas tardes, Arturo.
—Me veo en la obligación de decirle que está muy guapa.
Las viejas costumbres nunca se perdían. Pilar sonrió y agitó la cabeza, sin sacar las manos del bolso y sin hablar.
—¿Puedo ayudarla en algo? Parece estar en apuros.
—Agradezco su ofrecimiento, pero no creo que pueda hacer nada por mí. En mala hora decidí convertir este trasto en un almacén ambulante.
Arturo sonrió y se acercó un poco más a ella. Seguía sin ser de los que se daban por vencidos a la primera.
—Recuerdo que mi madre solía tener problemas similares al suyo. ¿Ha probado con un accio?
—No serviría de nada —Pilar suspiró con cierta frustración—. No es el primer monedero que pierdo, ¿sabe?
—No me diga.
—Pensaba ir a merendar, pero antes tengo que encontrarlo porque si me lo he dejado en alguna tienda tendré que volver a recorrerme el barrio mágico entero. ¡Y con este frío!
—Insisto, Pilarita —Arturo sacó la varita y le dirigió una mirada inquisitiva—. ¿Me permite?
Pilar se encogió de hombros. Aquello le parecía una tontería, pero le dejó hacer. Estaba helada hasta los huesos y quería irse de allí cuanto antes.
—¡Accio monedero de Pilar!
Apuntó hacia el interior del bolso, pero no obtuvo resultado alguno. Pilar le notó decepcionado y se dispuso a animarle cuando vio un pequeño objeto volando a toda velocidad hacia ellos.
—¡Vaya por Dios! —Exclamó cuando el monedero prácticamente se estampó contra su cara—. Así que se me había caído.
—¿Lo ve, mujer de poca fe? Le dije que funcionaría.
Pilar estaba muy contenta porque Arturo le había permitido salir de un pequeño callejón sin salida. Y también se sintió muy vieja de pronto porque seguramente unos años atrás ella misma hubiera pensado en actuar de aquella manera. En cualquier caso, ese brujo le había prestado su ayuda y era de bien nacidos ser agradecidos.
—Muchas gracias, Arturo. Me ha hecho usted un gran favor.
—Pues no se crea, que pienso cobrárselo.
Y puso esa cara de pillo que tanto le caracterizaba.
—No me diga.
—Me apetece mucho tomarme un chocolate con churros en La Floriana. ¿Me invita?
No pudo evitar reírse. Y mira que ella jamás había caído rendida a los pies de ningún truhán, pero encontraba a ese hombre encantador. Debía ser cosa de la edad.
—No ha cambiado ni un ápice, Arturo.
—Le agradezco el cumplido.
Arturo le ofreció el brazo en un gesto típicamente caballeresco y ella se agarró a él encantada. La verdad era que le apetecía mucho esa merienda. Sabía que la disfrutaría.
—Le dije que algún día lo conseguiría —Comentó él.
—¿Cómo dice?
—¿No se acuerda? Hace años le dije que algún día tomaríamos esos churros y mírenos ahora.
Pilar se rió de nuevo. Era bonito sentir esa ligereza en el cuerpo, como si estuviera flotando en una nube.
—Es usted un hombre perseverante.
—Y usted una excelente compañía.
—Y sigues siendo un zalamero.
—No, Pilarita. Sigo diciendo la verdad.
La bruja puso los ojos en blanco. Obviamente no se arrepentía de haber rechazado a Arturo en el pasado. Ni a él ni a sus otros pretendientes. Y no lo hacía porque había tenido una buena vida. Siempre hizo lo que más le gustaba y nunca echó en falta una aventura romántica ni nada parecido. Sin embargo, ya era vieja y contar con alguien a su lado era agradable.
Mientras entraban en La Floriana, se dijo que aquella no sería la última vez que lo harían juntos.
FIN
En la actualizad, Pilar y Arturo son muy viejecicos y me gusta imaginarlos tal y como los he escrito. Espero que hayáis disfrutado del fic.
Besetes y hasta pronto.
