PARTE II

Un ruido llamó mi atención y desperté de aquel sueño que me había absorbido por completo. Sentía como si mi cuerpo estuviera entumecido. Cada hueso o cada musculo dolían como si me los estuvieran arrancando de mi cuerpo. Centré mi vista en aquella pared blanca que tenía delante de mis ojos y suspiré frustrado. Deseaba que aquello acabara pronto.

Un dedo rozó mi mejilla y en ese instante, mis sentidos volvieron a funcionar al cien por cien, trayéndome a la realidad. Observé detenidamente aquella sonrisa y ascendí hasta toparme con sus ojos azules cristalinos. Mis ojos se volvieron a cerrar para centrarme una vez más y una imagen cruzó mi mente como un rayo.

-¡Mi hija!- Grité de nuevo exaltado.- ¿Me vas a decir dónde está?

-Edward.- Su voz sonó más como si fuera un familiar a una enfermera.- El doctor Cullen está aquí.

Alce mi vista y me encontré con un hombre alto, rubio y de ojos claros. No parecía un hombre musculoso, sin embargo podía verificar que era ancho y fuerte. Traté de levantarme para poder mirarlo bien a su rostro, pero un pinchazo atravesó mi vientre y un gemido salió de mis labios sin permiso.

-Edward, tranquilo.- Su voz era suave.- Tienes una contusión por el cinturón de seguridad.

Miré por primera vez mi cuerpo y me di cuenta que mi bajo vientre estaba amoratado. Asentí con la cabeza y con ayuda de Carlisle me senté en la cama. Pude observar como elevaba la cama para mayor comodidad y después se sentaba en un taburete. La enfermera salió por la puerta y la cerró despacio dejándonos a los dos solos.

-Está bien muchacho.- Una mueca de disgusto recorrió su rostro.- Quiero que me escuches muy bien.

-Si.- Mi voz salió apenas en un susurro pero lo suficientemente alta para que él me escuchara.- Escucho.

-Hace cinco días llegaste aquí por un accidente de coche.- Carlisle Cullen se levantó de su asiento y se apoyó en la cama.- Ibais cinco personas en el vehículo, el cual tú eras el conductor.

Mis ojos se cerraron un momento y visualicé a todos en el coche y a mi hija cantando junto a su madre.

-Edward.- Su voz volvió a llamarme.- Un camión se cruzó en vuestro camino y embistió tu coche por el lado derecho.

Las luces volvieron a mi cabeza y los gritos de Ángela. Aquel horrible sonido del hierro rompiéndose y como poco a poco fuimos arrastrados.

-Intenté esquivarlo.- Dije al fin con la garganta reseca.

-Lo sé.- Su voz sonó firme.- Tu mujer…- El doctor pareció ahogarse por un instante.- Tú mujer murió en el acto. No sufrió, no se enteró de nada.

-Mi hija.- Susurré mientras las lágrimas invadían mi rostro.- Solo tiene tres años.

-Edward, tus padres también murieron. Cuando el coche volcó a la izquierda, quedaron aplastados. Ellos no llevaban el cinturón de seguridad puesto. – Pude ver como él me acompañaba con lágrimas en su rostro. – Tu hija…

-¡Qué!- Le grité desesperado al fin.

-Ella está en cuidados intensivos.- Su rostro y su voz no me calmaron en absoluto. – Estamos haciendo todo lo posible por ella.

"Estamos haciendo todo lo posible por ella" esas palabras se grabaron a fuego en mi mente. No había muerto en el accidente, pero estaba demasiado grave por mi culpa.

-No va a salir.- Dije al fin encontrando mi voz en alguna parte.- Ella…

-Escúchame.- Su mano aferró la mía.- Tú eres el que menos ha recibido. Tan solo te clavaste el cinturón y te abriste el gemelo.

-¿Qué quiere decir con eso?- Realmente no me importaba lo que a mí me pasaba.

-Has estado sedado durante cinco días, ya que llegaste en un estado de nervios muy elevado.- Trató de sonreírme pero no llegó a sus ojos. –Ahora quiero que te levantes.

Carlisle Cullen tiró de las sábanas y me sacó las piernas de la cama. Pude ver como acercaba la barra del gotero a mi cuerpo y me cogía del brazo tirando de él.

-Solo quiero ver a mi hija.- Mi cuerpo entero tembló cuando llegué al suelo.- Solo quiero verla.

-Escúchame.- Sus manso se movieron rápidas y quitaron el gotero de mi muñeca.- Ahora quiero que camines un poco. Después comerás algo para ver cómo te sienta y te haremos una prueba médica. Si todo sale bien, tendrás el alta en tres horas.

Asentí ante sus palabras. Solo quería ver a mi pequeña, lo que me pasara a mi no me importaba.

-Puedo andar.- Le susurré en cuanto caminé pro toda la habitación.- Solo me duele un poco el bajo vientre.

-Está bien, ahora siéntate y pediré algo ligero para comer.- Salió por la puerta mientras yo me sentaba en el sillón negro junto a la ventana.

La chica rubia no tardó en entrar con una bandeja. La acercó hasta donde yo me encontraba y la apoyó en la mesita auxiliar. El olor a sopa invadió mi cuerpo y sentí como mi estómago gruñía de hambre. Sin decir nada y bajo la mirada de Rosalie, comí todo aquello que allí había. Necesitaba hacer eso aun que me costara, solo quería ver a mi hija.

Rosalie salió de la habitación con la bandeja vacía y me dejó allí solo. No sé el tiempo que pasé en la misma posición, tan solo sé que las imágenes de lo ocurrido cinco días atrás, no dejaban de atormentarme. La puerta se abrió sacándome de mis recuerdos. Los ojos azules de Carlisle me observaron desde la puerta.

-Está bien, ahora te haré unas pruebas.- Se sentó delante de mí con el taburete y sacó una linterna de su bolsillo.- Quiero que sigas la luz.

Después de observar y palpar cada parte de mi cuerpo, me dijo que los puntos los retiraría en cinco días más. El morado de mi vientre se iría absorbiendo, pero para ello debía tomar una medicación. No me golpeé en la cabeza, no al menos fuertemente, así que me encontraba muy bien. El doctor Cullen me comunicó que me iba a dar el alta, pero debía responder antes unas preguntas a unos policías.

Asentí levemente y dos hombres entraron por la puerta. Uno era alto y grande, el otro más bien mediano con cabellos oscuros y bigote. Los dos se presentaron ante mí. El jefe Swan y su ayudante Seth Clearwather.

-Está bien.- Dijo el jefe Swan.- Señor Masen, estamos aquí para saber qué es lo que recuerda de aquella noche.

-No recuerdo mucho.- Dije al fin mirando sus ojos achocolatados y profundos.- Solo recuerdo que iba con mi familia en el coche.- Mi voz se ahogó al recordar a mi familia.- Unas luces me cegaron y de pronto sentí como el coche se movía. Traté de moverlo girando el volante, pero no pude hacer nada. Los gritos…- Suspiré y tragué pesadamente.- los gritos es lo único que está grabado en mi memoria. Después solo recuerdo vagamente como tapaban a mi familia y se la llevaban.

-¿No recuerda nada más?- Preguntó el tal Seth.

Negué con la cabeza de un lado a otro y los dos hombres se pusieron en pie.

-El causante del accidente está detenido.- El jefe Swan se dirigió a mi.- Esta acusado de conducir bajo los efectos del alcohol, conducción temeraria, choque contra otro vehículo e intentó de huida.

-¿y qué quiere decir con eso?- Pregunté al fin.

-Ahora falta acusarle de la muerte de tres personas o cuatro.- Comentó Seth.

Asentí levemente al darme cuenta de aquellas palabras. Aquel hombre había matado a mi familia. Se había llevado a mis padres y a mi esposa. Procesé lentamente sus palabras y mis ojos se abrieron al comprender la última palabra.

-¿Cuatro?- me levanté de golpe del sillón sin importarme el dolor que eso causó a mi vientre.- Mi hija está viva.- Repetí mirando a Carlisle.

-Así es.- Carlisle se acercó hasta mí y me cogió del brazo.- Ahora quiero que me acompañes abajo después de que firmes tu alta médica y te vistas.

Los policías salieron primero y detrás de ellos salió el doctor Cullen. No tardó en volver. En sus manos traía ropa deportiva, una bolsa y unos papeles. Dejó la bolsa en la cama y me tendió la ropa.

-Date una ducha y vístete, debemos hablar antes de bajar.

Me dirigí al baño y me di una ducha rápida. La ropa parecía algo grande para mí, pero aún así me vestí con aquello pantalones de chándal grises, una sudadera azul y unas deportivas. Traté de peinar mi cabello con el peine de plástico que había en la bolsa de aseo, pero fue algo inútil. Mi rostro estaba algo más delgado, mis ojos estaban apagados y unas ojeras tremendas marcaban mis pómulos.

Salí del baño y me senté de nuevo en aquel sillón. Carlisle me tendió los papeles del alta y se los firmé sin preguntar nada. Pude ver tristeza de nuevo en su rostro y como me tendía aquella bolsa de hospital. Mis manos temblaron al instante. Al abrirla, pude observar objetos de mi familia. Vacié la bolsa en la mesita y miré cada una de las cosas.

Allí pude encontrar el osito de peluche que llevaba mi hija entre sus brazos. Tenía una mancha de sangre en su barriguita. Lo abracé contra mi pecho y múltiples lágrimas abandonaron mis ojos. Dejé el oso en mis piernas y observé la alianza de casados de mis padres y la de mi mujer. Entre aquellas cosas, también estaban los pendientes de Ángela y mi madre. Unas pequeñas bolitas llamaron mi atención. Capturé una entre mis dedos y observé que era un pendiente en forma de sirena de mi hija.

Miré de nuevo la mesa y pude ver la cartera de mi padre, la de mi madre y mi mujer. También estaban sus colgantes y sus pulseras., aquello eran sus objetos personales, incluidos sus móviles. También estaba mi cartera, las llaves de casa y mi móvil. Guardé todo en la bolsa de nuevo y suspiré mirando a Carlisle.

-Está bien, ahora quiero ver a mi pequeña.- Él asintió.

Lo seguí por aquel pasillo y subí al ascensor. La chica rubia llamada Rosalie, nos esperaba en el piso en que bajamos. Me tendió una mochila y me indicó que guardara la bolsa ahí. Cogí la mochila y dejé caer la bolsa, lo único que mantuve entre mis manos, fue el osito de mi hija.

-No se puede entrar ahora donde ella está.- Me dijo muy serio Carlisle.- Antes que nada debo informarte de lo que tiene.

-Solo quiero verla.- Dije al final desesperado.- Solo déjame ver su rostro ¿sí?

-Tu hija sufrió mucho.- Las manos de Carlisle me sujetaron por los brazos.- El cinturón de seguridad se rompió por el impacto y ella se salió de la silla. No sé que pudo pasar dentro de ese coche después del impacto, pero ella recibió un golpe fuerte en su cabeza y en su pecho.

Llevé mis manos contra mi cara y dejé que de mi pecho salieran sollozos. No aguantaba más ¿No entendía que solo quería verla? Asentí despacio y lo miré a los ojos.

-Solo quiero verla.- Le repetí.

-La operaron de urgencia y lleva su cabecita vendada. Necesita respiración asistida. Su mano derecha esta escayolada y su pierna derecha esta operada y sujeta por unos tornillos. Tu hija se rompió dos costillas. – Cogió mi brazo y tiró de mí.- Sígueme.

Llegamos delante de un cristal y cuando enfoqué mi vista la encontré.