Una pequeña sugerencia: Mientras leen, pueden reproducir Yes To Heaven de Lana del Rey.
Marinette entró a la ducha inmediatamente después de cortarle el teléfono a Adrien, él había afirmado que estaría en menos de una hora en su casa.
Había sido un día largo y necesitaba el agua caliente para relajar sus músculos; además de que debía prepararse para la aún más larga noche que le esperaba.
Cada vez que los recuerdos de esa tarde se mezclaban con la conversación con Tikki, debía detenerse para tomar una respiración profunda y no hiperventilarse.
Realmente iba a hacerlo. Había tomado la decisión de entregarse a Adrien como nunca lo había hecho con nadie para ayudarlo a superar su molestia, enfermedad o como le quisiera decir.
Una vez lista, después de lavar su shampoo con olor muy dulce, retocar su depilación y ponerse crema en toda su piel, salió del baño con una toalla cubriendo su cuerpo para buscar la única pieza de lencería que alguna vez había creado.
Era un conjunto rosado tan claro que parecía blanco y que hacía que su piel se viera aún más pálida. El sujetador estaba hecho de organza; las pantaletas que comenzaban en su cintura, tenían pequeños vuelitos con flores muy pequeñas que había hecho a mano. Nunca antes se había atrevido a usarlo, por lo que recién en notó que podía ver sus pezones e incluso algunos rastros de su intimidad.
Se lucía inocente, a pesar de que había seleccionado esa ropa para lucir seductora y segura.
Pero suponía que eso podría solucionarse con un poco de maquillaje más el ajustado vestido rojo que esperaba usar; sin embargo cuando se disponía a aplicar el labial rojo para terminar con su acicalamiento, el timbre sonó. Adrien llegó apenas el reloj marcó una hora.
¡El condenado vestido no estaba en el lugar que lo había puesto! No tenía tiempo para definir un nuevo outfit con el que se sintiera segura. Por accidente, observó su reflejo nuevamente; lucía hermosa y él probablemente terminaría viéndola así tarde o temprano. Por lo que sin presentarse más cuestionamientos, bajó a abrirle la puerta al rubio mientras dejaba reproduciéndose por altoparlante su playlist de música.
—Mari…—El chico susurro casi sin aliento al verla. Se dio la libertad de sostenerla por la cintura con la mano que llevaba libre para poder acercarla y besar la comisura de sus labios. Inmediatamente sintió como su piel se erizaba al poder acariciar su cuerpo desnudo. — Luces arrebatadora como siempre. — Confesó, recibiendo sólo una tímida sonrisa como respuesta.
— ¿Fuiste por lo que te pedí?— Preguntó la chica, dejándolo entrar y cerrando la puerta detrás de ellos. — Era una de las condiciones.
—Yo mismo lo compré. — Él le entregó la pequeña bolsa de la farmacia con una sonrisa. — Sé que la forma en la que decides cuidar tu cuerpo no es de mi incumbencia y solo debo acatarlo...—Adrien se quitó su chaqueta, dejándola sobre el mesón de la cocina antes de sentarse en uno de los sillones. Marinette sintió que todos su esfuerzos por mantenerse relajada se fueron al carajo cuando vio lo bien que lucía con esa camisa negra ajustada; teniendo que esforzarse un extra para ponerle atención a lo que él decía. — Pero me llamó la atención que prefirieras esto a unos simples condones.
—Y-yo nunca he llegado tan lejos...— Susurró tímidamente mientras se sentaba a su lado. — Además, cuando estábamos en el Liceo dijiste que querías…
— ¿Quería….?
—Sabes a qué me refiero.
—Nop...— Adrien sonrió antes de posar su mano sobre la pierna de la chica, acariciando nuevamente su tersa piel. El calor nuevamente comenzó a apoderarse de su persona; apenas la había tocado y los pantalones comenzaron a apretarle. Creía extinguidas esas reacciones luego de los acontecimientos de la tarde, por lo que se había prometido que no perdería el control; después de todo, ella estaba siendo sumamente "amable" al aceptar ayudarlo con su problema. Al ver que la chica no tenía intenciones de responder, comenzó a subir lentamente su mano, acariciando la parte la parte interna del muslo ajeno, rozando "sin querer" la entrepierna—Vamos, princesa...No recuerdo qué fue lo que te dije.
Sin embargo, ella se negaba a contestar. Así que con atrevimiento coló sus dedos en la ropa interior ajena; haciendo una pequeña presión, puso sus dedos en los labios externos de la chica, bajando hasta los menores en muy lentos vaivenes. Ella parecía ni siquiera inmutarse al cerrar los ojos y apretar las piernas, apenas permitiendo que la mano de él siguiera en ese lugar. Pero eso no lo detuvo, llevando su boca hasta la base del cuello contrario, dando una larga lamida hasta su hombro; el cual mordió cuando su mano encontró el pequeño nudo de nervios en la intimidad de Marinette, quien respiró profundo ante el contacto.
—¿Sigues sin saber, preciosa?—Ella asintió, mientras Adrien dejaba la tarea de acariciarla en segundo plano, concentrándose totalmente en besar la extensión de su nívea garganta hasta llegar a su oído, introduciéndose el lóbulo a la boca para morderlo juguetonamente antes de susurrar: —Dije que te iba a hacer el amor lento...—Susurro Adrien en su oído, al ver como Marinette iba humedeciéndose con cada pequeño roce; lo que él vio como una señal para terminar con todo rastro de estimulación por su parte.— Y que me iba a correr en tu interior.— La chica lo miró a los ojos con la frustración corriendo por sus venas, por lo que el rubio alzó una de sus manos para poder acariciar su mejilla.— Pero no me parece correcto hacerlo en un sofá, cuando hay una cama perfectamente usable en el piso de arriba.
El mayor se levantó, invitándola sin palabras a que ella hiciera lo mismo. Fue un acto de inercia pero sujetó su mano con cariño, entrelazando sus dedos. Después de todo, si Tikki no le había mentido, él era la persona en la que más confiaba de este mundo.
Subieron dejando que las suaves notas musicales los envolvieran en un cómodo silencio.
—Creo que me pediste que te contestara unas preguntas antes de…—Adrien hizo un gesto con las manos, tratando de darse a entender. Creía saber qué le preguntaría; después de todo, se encontraba en una muy extraña posición. Marinette asintió, cerrando la puerta de su habitación y apagando la luz. Él iba a protestar, pero notó que la luz que entraba por las ventanas era suficiente para poder observarse con claridad.
— ¿Por qué yo?— Ella sonó especialmente insegura cuando reunió el valor suficiente para alzar la voz.
—Porque tengo mi mente puesta en ti. — Contestó el chico desde el extremo contrario de la habitación, acoplándose a la letra de la canción que en ese momento sonaba. — Y me estás volviendo loco con tu olor, tus ojos, tu pequeña cintura, tu cabello, el haberte contenido entre mis brazos cuando tenías un orgasmo...—Muy lento para no asustarla, se acercó hasta ella, sujetando su rostro con una mano. Marinette tenía la boca abierta, por lo que él uso su pulgar para jugar con sus labios, rozando el labio inferior y delineándolo transversalmente su boca para luego levantar su cara desde el mentón, haciendo un intento por disminuir la distancia entre sus labios; acción a la que la chica se mantenía reacia. — Porque vi como alcanzabas el apogeo del placer y aún así, nunca he tenido el privilegio de besarte.
— ¿Eres Chat Noir?— Marinette preguntó sin dudar; pero la ansiedad que la estaba comiendo por dentro, hizo que sus palabras sonaran algo atropelladas. Adrien se alejó, posicionándose detrás de ella, rodeando su cintura con un brazo mientras se balanceaba sutilmente al ritmo de la música de fondo. Desde esa posición, era capaz de observar un anillo plateado descansando en su dedo.
—Puede ser.— Sin prestarle mucha atención, el rubio comenzó a besar su cuello con muchísima más dedicación de lo que hizo en la tarde, rozando su lengua en cada lugar antes de succionarlo, sin miedo a dejar chupones; haciendo aún más difícil hablar para la azabache.
— Tú quieres que yo me arrepienta y te lance por la ventana. — Afirmó la chica; el mayor sonrió antes de darla vuelta para poder observar su rostro. Sin prisas volvió a acariciar sus labios, anhelando poseerlos mientras se limitaba a sostener su mirada en la ajena. Lo último que deseaba en ese momento era quedarse solo.
—Soy Chat Noir, Marinette. — Adrien declaró sobre sus labios, antes de disponerse a besarla. Pero la chica llevó ambas manos hasta la bonita cara del rubio, alejándolo igual que cuando estaban usando sus otras identidades.
—Gato estúpido. —Ella gruñó, a pesar de que no lucía molesta en su exterior. Él, por otro lado, no entendía qué pasaba. — ¡Debiste haberme dicho en el momento que comenzaste a sentirte así! — La chica bajó sus manos hasta el cuello del mayor, abrazándolo. Su diferencia de altura se la hacía tan cómoda, ya que podía apoyar su cabeza en el fuerte pecho del otro. — Podríamos haber buscado ayuda en el Maestro Fu.
¿Por qué su amiga sabía de la existencia del anciano que le había otorgado sus poderes?
¿Por qué de repente Marinette lucía tan parecida a Ladybug? Era imposible que fueran la misma persona.
Pero, ¿Las había visto a las dos juntas al mismo tiempo? Nunca.
Ella, al igual que él, nunca había sido akumatizada. Plagg la había visto, ¡Por eso insistía tanto en que notara que era más que una amiga!
Y tal vez, por eso tenía esas ganas tan cegadoras de poseerla. Con esa inocente caricia, ella había detonado esa cascada de emociones apabullantes.
—Pero, princesa…—Tardó, pero esas últimas palabras lo hicieron tomar consciencia de la persona que tenía entre sus brazos. — Tal vez él no tendría la solución para estos efectos secundarios; yo quiero hacerlo contigo.
Marinette sintió como la actitud del rubio cambió a una llena de felicidad, porque claro; si era Chat Noir iba a preferir tener sexo con Ladybug que con ella. En ese momento, Adrien se dispuso a eliminar la distancia que los separaba, queriendo finalmente probar sus labios.
—No...—Susurró ella, escondiéndose nuevamente en el pecho de él. — No quiero que me beses.
— ¿Por qué?
—Porque tú no me amas y aunque esté dispuesta a entregarte mi cuerpo. Quiero que mis besos aún tengan un valor.
—Mari, yo si te amo…
—No...—Interrumpió ella, acariciando esta vez el rostro del hombre. —Pero está bien. Tú amas a Ladybug y yo te quiero a ti, no a Chat Noir. Quiero ser capaz de amarte en cada una de tus facetas antes de besarte.
—No es justo…
— ¿Por qué?
—Porque dices todas esas cosas lindas y haces que me den aún más ganas de besarte. — La chica sonrió, besando la comisura de sus labios. Quiso detenerse y dejar que él llevara las riendas de la situación al no saber realmente como debería proseguir hasta que el olor a Armani Code de Giorgio Armani invadió sus fosas nasales. Con algo de inseguridad, llevó sus labios al cuello ajeno, besando tímidamente su barbilla antes de bajar por su yugular, llegando hasta el cuello de su camisa.
Adrien jadeó, llevando sus manos hasta el trasero de la chica, sosteniéndola desde ahí para alzarla; cargándola hasta el sofá que ella mantenía en su habitación, acostándose en el con ella sobre sus caderas.
Mientras Marinette se dedicaba a marcar su cuello y abrir su camisa; él llevó su mano hasta el interior de su sujetador, tanteando su anatomía muy brevemente antes de frustrarse por la poca movilidad que tenía por lo que trató ineficazmente de abrir el broche de la prenda.
—Mari. —Susurró para recibir su atención. La mujer se alzó, rozando por accidente su intimidad con el cierre de los pantalones; repitiendo el movimiento mientras él trataba de llamar su atención. — Ayúdame, no sé abrir tu sujetador.
La chica sonrió, abriendo la prenda sin quitarlo totalmente para que el rubio realizara la acción. Verla sobre él prácticamente desnuda hacía que su corazón latiera descarrilado. Casi podía ignorar que mantenía un pequeño vaivén en sus caderas, nada comparado a lo que habían hecho en la tarde. Velozmente, cambió sus posiciones, cubriendo todo el cuerpo ajeno con el propio mientras se volcaba a marcar su piel; mordiendo y succionando su cuello, clavícula hasta finalmente llegar a sus pechos.
Nunca había visto algo más lindo en su vida.
El busto de la chica no era pequeño, a diferencia de lo que se podía creer. Era la persona más afortunada del mundo al poder disfrutar de ellos en la forma que lo hacía; continuando con las marcas en el espacio entre ellos, sintiendo como los pezones de la chica se endurecían contra su lengua.
Sus manos continuaron el sinuoso camino, retirando las pantaletas de Marinette. Era difícil estimularla a ciegas; pero acarició lentamente su intimidad, sonriendo al escuchar un pequeño jadeo al encontrar su nudo de nervios. Mantuvo sus movimientos simples, haciendo pequeños círculos con dos dedos, tratando de ir lento para no hacerle daño; sabía que esa zona era particularmente sensible.
Ella, en cambio, estaba molesta por la diferencia de condiciones entre ambos. Mientras estaba totalmente expuesta al rubio, él aún llevaba esas estúpidas prendas de diseñador. Con mucha dificultad comenzó a tironear las prendas del chico, sin poder quitarlas.
— ¿Ansiosa, My Lady?— Adrien se alejó de su cuerpo para observarla con una sonrisa de bastardo.
— ¡Tienes mucha ropa puesta!
— ¿Quieres que me la quite…?— Él sonrió, acercándose hasta el oído de la chica para murmurar: —Una vez que esté desnudo, no sé cuánto pueda aguantar sin estar dentro de ti.
—Quítatela.
—Como desees. — Adrien se levantó para desvestirse rápidamente, sonriendo al ver como Marinette agrandaba los ojos al ver su erección desnuda.
—Lento, por favor...—Marinette suplicó mientras el chico volvía a posicionarse sobre ella.
—Ese es el plan, princesa. — Susurró sobre sus labios. Con cierta facilidad la ayudó a acomodarse, abriendo sus piernas. Ver su intimidad reluciente por la humedad y enrojecida por la excitación conseguía que se le hiciera agua la boca. Debía observarla con detalle, recordar cada recoveco de su cuerpo, los lunares en su piel, las marcas que había dejado, por si esto no se volvía a repetir. Marinette tenía los ojos cerrados, como si aún no aceptara la situación en la que se encontraba.— Mírame.— Demandó con la voz firme, pasando sus manos por la espalda baja de la chica; en esa posición, su glande quedaba en la entrada ajena para que sólo con un empujón fuera suficiente para enterarse en su interior. Ella tardó en hacerlo, encontrándose con la sonrisa más linda que alguna vez le había visto a Adrien. Él entrelazó una de sus manos para apoyarla sobre su musculoso pecho justo en el lugar que se encontraba su corazón. — Soy tuyo, Marinette. Mi corazón, mi alma y mi cuerpo te pertenecen.
La chica iba a responder, decirle que también le pertenecía pero el rubio se deslizó en su interior; completamente y en una sola estocada.
Era una sensación extraña, pero buena. No solamente porque físicamente sentirlo dentro era increíble, a pesar del pequeño dolor que había sentido al ser estirada hasta lo que suponía su límite. Era la conexión emocional lo que más disfrutaba, sentirse segura entre sus abrazos, ser querida. Cuando pensaba en la vez que había rechazado a Luka siempre sentía una tremenda ansiedad, algo en su cabeza le decía que no sería capaz de conseguir a otro hombre que tener sexo con ella.
Nada la hubiera preparado para las suaves embestidas, las caricias, las miradas llenas de amor; nada ni nadie alguna vez la podría haber preparado para ver a Adrien igual que a un ángel bañado en sudor, poseyendo su cuerpo.
Él sentía la necesidad de besarla quemando su garganta mientras iba acelerando cada embestida. Quería adueñarse de los gemidos que ella le brindaba y no sólo de su cuerpo.
Así que mientras sentía como su orgasmo comenzaba a llegar lentamente, se acercó hasta que sus labios se rozaban, sin embargo antes de poder besarla; comenzó a sentir pequeñas contracciones sofocando su miembro.
—A-adrien…. —La chica gimió su nombre muy bajito, haciéndolo sólo para él. El rubio tuvo que detener sus embestidas para observar cómo ella se retorcía entre sus brazos, temblando; perdiendo todo el control de su cuerpo.
—Aquí estoy.—El rubio sonrió, acercándose para esconder el rostro en su cuello una vez que comenzaba a reanudar los embates, para poder morderlo, al igual que los gatos, mientras eyaculaba en el interior de la chica.
Tardó un par de segundos en reaccionar, mientras Marinette acariciaba los músculos de su espalda. Acababa de tener un orgasmo y sentía que lo único que había conseguido era avivar el fuego en su interior que había mantenido a raya. Sujetando a la otra por la espalda, cambió sus posiciones para quedar ambos sentados. No dijo nada, simplemente renovó las penetraciones, aprovechándose de los restos de su orgasmo para moverse con aún más fluidez.
Recién estaba comenzando.
Para las personas que leen Strangers, saben que hoy comienzan mis pruebas muy importantes para las que llevo mucho tiempo estudiando. No pude dormir nada, pero es bueno (?) Terminé por alargar esto, así que tiene un capítulo más en el que cierto rubio no se va a controlar tanto como lo hizo ahora.
