Capítulo 2: Nada que decir

-Bella, ¿Qué tal si vamos a Milán? ¿No te gustaría volver a ir?- pregunto mi madre esperanzada. Ella no quería que fuera con mi padre, Charlie, según ella era porque no quería obligarme a hacer algo que no quisiera. Ajá mamá te voy a creer. Pero yo sabía que lo hacía porque no quería encontrarse con Charlie.

Habían sido muchos años los que llevaban separados y las cosas se ponían un poco tensas entre ellos. Las personas creerían que la peor parte me la llevaría yo. Pero como dice la voz en mi cabeza:

¡Que se vayan al diablo!

Mi madre y Charlie podían hacer lo que quisiesen, mientras que mis cuentas bancarias sigan subiendo todo estaría en paz con el mundo

-Mamá, sabes que no puedes manipularme así que deja tus juegos y vámonos al aeropuerto o llegare tarde por tu culpa- le dije impaciente.

-De acuerdo- dijo mi mamá.

Nos subimos a la camioneta Lincoln y el chofer condujo hacia el aeropuerto.

Suspire. Tendría que estar un año con mi papá. ¡Aburrido! Pero mi mamá tenía que hacer viajes de negocios y no podría estar conmigo.

Bufé. Por favor mi mamá se la pasaba haciendo viajes y siempre me quedaba sola en casa con mi niñera desde que soy una niña pero ahora tengo 17 años. Sabía que ella no quería que yo estuviera ahí molestándola y yo obviamente no estoy donde no me quieren.

No quieres mi atención, allá tú que te lo pierdes. Siempre que pensaba eso me reconfortaba, era arrogante, lo sé. Pero es mejor que no se metan contigo a que te aplasten como una vil cucaracha.

Mi mamá estaba a mi lado hipnotizada en su teléfono. Clásico. Renée era bonita tenía el cabello pelirrojo, ojos azules y tez con bronceado artificial; típico de una mujer de Los Ángeles. Ella se había casado de nuevo con un tipo llamado Phil. Cómo si me importara. A mi parecer solo había dos razones por las que mi mamá se haya casado con un hombre: Primera se había casado por conveniencia o segunda el tipo era bueno en la cama. Qué tienen las mujeres que no pueden soportar estar solteras por cinco minutos.

Acaso no tenían independencia. Estamos en el siglo XXI por el amor de Dios.

Yo no me parecía en nada a Renée ni en personalidad ni en físico pero lo más extraño era que tampoco me parecía a Charlie en nada. Él tenía el cabello café y ojos negros y yo tenía el cabello negro y ojos cafés.

La camioneta aparco en el estacionamiento del aeropuerto y el chofer me abrió la puerta y baje con elegancia, siempre había sido muy grácil con mis movimientos. Entre con mis maletas y mi mamá se despidió.

-Belly, iré por ti cuando te hartes de ese horrible pueblo y quieras regresar a casa- mintió convincente. Ella siempre había sido buena mentirosa, tenía que serlo por sus negocios.

No más que nosotras, mami. Dijo la voz en mi cabeza.

-Mamá, estaré bien es tiempo de que pase tiempo con Charlie- le dije con una sonrisita angelical.

-De acuerdo, cuídate cariño- dijo mientras caminaba hacia la puerta con paso rápido y agitaba su mano como despedida.

¿En serio? Era todo lo que iba a hacer para convencerme de que me quedara. Allá, ella.

Camine hasta el pasillo de entrada y subí al avión. Para llegar a Washington tenía que tomar un avión durante cuatro horas y luego una más en auto para llegar al tedioso Forks. Cuando aterrizamos, Charlie me recibió con un abrazo que hace que casi me caiga con los tacones negros que llevaba.

Ahí siempre hacia frio, por eso había ido de compras antes de venir. Había sido difícil encontrar ropa de invierno en Los Ángeles.

La hora en la patrulla de policía de Charlie fue silenciosa para mi suerte, hasta que llegamos a casa. No había estado ahí en años.

-Te compre un coche, Bella espero que te guste- dijo él tímidamente.

Se notaba que por la forma en que lo decía era un auto horrible…pero ¿acaso nadie le había dicho nada? Mi mamá como siempre de consentidora había enviado autos para mí.

-Charlie aprecio el gesto pero…mamá trajo coches para mí, no te hubieras molestado-dije saliendo del auto.

Entre a casa con mis maletas sin importarme si me seguía o no. Encontré la habitación que había sido mía solo que ahora estaba arreglada para ser para una adolescente; había una cama matrimonial, las paredes estaban pintadas de azul claro y las cortinas eran amarillas. Era cuatro veces más pequeña que la que tenía en Los Ángeles pero bueno peor eran nada. Mi armario era demasiado pequeño ¿cómo podría caber toda mi ropa ahí? En fin mañana sería un día crucial que definiría mi reputación y estatus social en el instituto. Yo sabía muy bien lo que pasaría mañana y cual sería mi objetivo durante el año que permanecería aquí.

Vamos a poner a Forks de cabeza.

Puedes apostar a que sí. Concordó la voz de mi cabeza mientras las dos sonreíamos con malicia.