Capitulo 1

El Comienzo de Todo

Se encontraba en un lugar completamente blanco. Solo estaba él y no había nada más que el eterno vacio de luz. Comenzó a caminar lentamente por ese extraño lugar.

-¿Dónde estoy?- pregunto bastante confundido pues no había nada allí que le diera una pista.

-Es bueno volver a verte, Yugi- le hablaron desde detrás de él, una voz que conocía a la perfección.

Volteo rápidamente, y grande fue su sorpresa cuando vio parado allí, a tan solo unos pasos de él al Faraón Atem. No existían palabras para describir la enorme alegría que le causaba ver a su amigo; el Faraón también se hallaba feliz por lograr hablar con Yugi (aunque fuera una última vez), pero más aun al recordar la razón de ese encuentro.

-¡Faraón! ¡Qué alegría me da verte de nuevo!- exclamó el joven Moto.

-A mí también me alegra verte Yugi- hablo con voz tranquila y algo pausada.

-Pero… pensé que ya habías cruzado- comento algo confundido, se suponía que Atem ya se había marchado.

-Así es- contesto seriamente- Pero necesitaba entregarte algo antes de marcharme.

-¿Entregarme… algo a mí?- repitió desconcertado esperando alguna explicación por parte de su amigo. Él solo asintió antes de continuar.

-Es algo muy valioso y estoy seguro de que lo cuidaras mejor que nadie-dijo sin dejar de sonreírle a Yugi.

Inmediatamente tomo el Rompecabezas del Milenio que colgaba de una gruesa cuerda en su cuello y se lo quito.

-Sé muy bien que lo cuidaras- añadió mientras acercaba el objeto a Yugi- Después de todo, así fue que nos conocimos- dijo para luego dejar pieza en las manos de un sorprendido y confuso joven de cabello tricolor.

-¿El Rompecabezas del Milenio? Pero se suponía que había quedado en Egipto- observo detenidamente el objeto en sus manos por unos minutos. Cuando alzo su vista hacia Atem este seguía frente a él con una sonrisa pero poco a poco todo comenzó a hacerse borroso. Intento alcanzar al faraón pero todo se volvió oscuro.

Abrió los ojos de golpe, se levanto tan rápido que tuvo que mantenerse quieto unos instantes gracias al mareo que le produjo el levantarse tan repentinamente. Cuando ya se hubo repuesto se sentó en el borde de la cama y se levantó.

Mientras se dirigía a la puerta paso su vista por la ventana detrás de du escritorio y notó que algo brillaba sobre este. Se acercó lentamente hacia el objeto que despedía tal brillo. La respuesta de que era no se hizo esperar. Los rayos del sol caían suavemente sobre un objeto de forma piramidal, de un color dorado y con un ojo egipcio en su centro.

"El Rompecabezas del Milenio" pensó Yugi pues las palabras no lograban salir de su boca. Tomando delicadamente aquel objeto recordó su sueño. "Ya recuerdo, el Faraón me lo entregó como un obsequio". De un segundo a otro su rostro se ilumino con una sonrisa y, emocionado, se coloco aquel artículo en el cuello.

-¡Yugi ya está listo el desayuno! ¡Baja pronto!- le llamó desde abajo su abuelo.

Yugi vio el reloj y se dio cuenta de que si no se apresuraba llegaría tarde… el primer día de clases. En tan solo unos segundos se había alistado lo mejor que pudo, con todo el apuro que tenia por llegar a ver a sus amigos que se olvido de contarle a su abuelo acerca del sueño y del articulo del milenio que volvía a colgar de su cuello.

-¡Abuelito, ya me voy a la escuela!- se despidió mientras corría hacia la puerta. Bajo las escaleras a tal velocidad que casi patino y estuvo a punto de golpearse con la pared pero logro sujetarse del último poste de la baranda. Con los ojos bien abiertos por el susto que le dio el casi accidente suspiro y volvió a su carrera hacia la puerta.

-Ten cuidado y no regreses tarde- le despidió su abuelo, Salomón Moto, desde la cocina justo antes de que su nieto cerrara la puerta. "Al parecer su ánimo aumento considerablemente, hace apenas unos dos días lo único que hacía era bajar la mirada. Me alegra que este mejor" pensó el mayor mientras se encargaba de abrir su tienda de juegos.

Aquí esta al fin el siguiente capitulo.

Agradezco mucho tu comentario Frazier H. y también agradezco la ayuda de Sakari-san, si no fuera por ella no habría podido subirlo.