El sol despuntaba al alba y aunque consiguió abrir los ojos con rapidez, su cuerpo no parecía estar en plena forma para levantarse. Elevó su temblorosa y débil mano para observarla con detenimiento segundos antes de darse con ella en la frente y mover su flequillo oscuro.
Era cierto que la herida se había curado, pero también se sentía débil y sin fuerzas. Las últimas semanas apenas había comido y sus fuerzas se desvanecían lentamente. No tenía ni idea de cómo iba a conseguir fingir frente a Naruto que todo estaba bien. ¿Qué excusa le pondría para haber adelgazado tanto en ese tiempo? ¿Cómo podía demostrarle a Naruto que todo estaba en orden?
Un par de nudillos tocaron a la puerta y supo al instante que era Naruto el que estaba al otro lado. Con pesadez, le dio permiso para entrar e hizo el gran esfuerzo de incorporarse para evitar que le viera tan débil. Al girarse hacia él, consiguió ver en sus manos la bandeja con el desayuno y sonrió.
- Te he traído algo para que comas.
Naruto se acercó hasta el futón y se arrodilló frente a él. Dejó la bandeja a su lado con ciertas dudas, dudas que se incrementaron al ver los ojos de Sasuke y cómo éste acababa cogiendo con sutileza una de las tostadas casi calcinada.
- ¿Cómo es posible que sigas sin saber cocinar? – preguntó Sasuke confundido – has vivido solo toda tu vida.
- Comía ramen – dijo Naruto haciendo un ligero puchero como si fuera un niño pequeño – tú sólo… come.
- Esto está calcinado. Es incomestible.
- Podemos comprar algo por el camino entonces. Vamos, vístete y te invito a desayunar fuera. Hay que darse prisa. Sólo quedan veinte minutos para llegar a la zona de reunión.
Naruto volvió a llevarse la bandeja ahora algo más avergonzado. Era cierto que nunca se había molestado en aprender a cocinar, que siempre compraba la comida ya hecha o se iba al Ichiraku Ramen. Algunas veces… hasta sus profesores le invitaban fuera a comer o le traían algo a casa. Quizá debió aprender a cuidarse más al vivir solo, tal y como había conseguido Sasuke.
En cuanto el rubio salió de la habitación, Sasuke no lo pensó dos veces en tratar de levantarse completamente y buscar su ropa. Al ponerse en pie, se dio cuenta de que sus piernas ya apenas podían sostener su peso. Temblaban demasiado y no era por el dolor como le había pasado hacía tres días, sino que ahora sentía la debilidad de su cuerpo.
Se miró un segundo al espejo y ni pudo reconocerse. Las ojeras, su piel más pálida de lo habitual, sus brazos amoratados y la desmejora en general. Veía todo su rostro más delgado, sus labios antes con un color más rosado, ahora habían perdido su color original. Realmente creía estar viendo a alguien realmente enfermo y era posible que lo estuviera.
- Mierda – exclamó antes abrir la puerta del armario y buscar su ropa.
Aún debía pensar una excusa que contarle a Naruto, porque no se creería que estaba bien con esa pinta. Tampoco le ayudaba que Sakura estuviera en su equipo, era médico y podía delatar su mal estado de salud.
Durante la caminata hacia la puerta de salida de la villa, no quiso siquiera mirar a Naruto. Ambos caminaban en un tenso silencio que se negaban a romper, y tan sólo cuando llegaron hasta un puesto de comida rápida, Naruto se dignó a mirarle para preguntarle qué quería comer.
El hombre del puesto les miró con un rostro que Naruto jamás había visto, ni siquiera cuando él era considerado un demonio. Sasuke la reconoció enseguida. Esos ojos como los que miran a un asesino, a un traidor, los ojos de que querían que se largase de allí antes que venderle algo.
- Coge algo para ti y vámonos – dijo Sasuke sin más empezando a caminar de nuevo, tratando de aparentar que estaba bien pese a que sus piernas flaqueaban y, de vez en cuando, tropezaban consigo mismas.
A medida que avanzaba entre la gente y los hombros de los otros ninjas golpeaban contra los suyos, su vista se nublaba cada vez más. El terrible ruido del murmullo de la gente empezó a pasar a un segundo plano, escuchándose cada vez más lejano hasta que un pitido se intensificó en sus oídos y su cuerpo perdía equilibrio.
- Toma – escuchó la voz de Naruto a su lado justo cuando él se había detenido intentando estabilizarse nuevamente.
Sus ojos se toparon con un Yakitori, esas brochetas de pollo a la parrilla que hacía años no probaba. Dudó realmente si debía cogerlo, dudaba hasta si era comida realmente decente o el dependiente habría hecho algo extraño en ella. Sus dedos dudaron si coger aquel pinchito o no, pero Naruto pareció darse cuenta aunque no sabía con exactitud lo que pasaba por la mente de su amigo.
- ¿Quieres salsa? Puedo ir a por ella – le comentó preocupado.
- No, así está bien – le dijo Sasuke cogiendo finalmente el palo con la carne.
- Disfruta entonces – sonrió Naruto volviendo a caminar mientras se llevaba su pinchito a la boca dispuesto a disfrutar de su desayuno.
El suspiro sonó entre los presentes, pero estabilizándose algo más, Sasuke volvió a caminar tras la silueta de aquel rubio mientras mordía el pinchito de pollo. Hacía tanto tiempo que no comía nada… que hasta su estómago dolió al sentir cómo entraba comida en él.
Por un instante, todo su cuerpo se paralizó presa de aquel punzante dolor. Por una parte… sentía que tenía demasiada hambre y por otra… era como si en el primer bocado, su estómago ya quisiera parar. Naruto se giró dándose cuenta de que su amigo no le seguía. Entre la multitud de la gente, seguía allí detenido, mirando el trozo de pollo que él le había comprado con sus ahorros.
- ¿Vienes? – preguntó Naruto algo preocupado.
- Sí – dijo Sasuke forzando a sus piernas para moverse.
Con más pena que gloria, Sasuke consiguió seguir a duras penas a ese rubio que a veces… se perdía entre la multitud. En un par de ocasiones, cuando no conseguía ver a su compañero, recibió un par de duros golpes de hombro que por poco lo derribaron, pero se mantuvo en pie hasta que consiguió salir de la ajetreada calle principal.
Una vez en las afueras, cerró los ojos un segundo antes de resoplar y tomar aire un segundo después. El aroma que desprendían las flores de aquel parque le relajó durante unos escasos momentos hasta que sintió de nuevo el dolor de todo su cuerpo.
Al abrir los ojos y ver cómo la espalda de Naruto se alejaba, decidió intentar acelerar el paso, sin embargo, sus pies se detuvieron súbitamente al observar dos siluetas que esperaban junto al gran portón de la villa.
- Mierda – exclamó al conseguir identificar a aquellas dos chicas frente a él.
¡Ahora sí estaba perdido! Sabía que tenía pocas opciones de confesar sus sentimientos a Naruto, que el tiempo corría en su contra puesto que Sakura intentaría algo, pero ahora, veía que no era su único problema, Hinata también estaba allí con la mochila a cuestas y sonrojada como solía ocurrirle todas y cada una de las veces que veía a Naruto.
- Por fin llegáis, chicos. Habéis tardado mucho.
Sakura fue la primera en hablar, pero Sasuke mantenía su mirada fija en aquella tímida chica que movía sus dedos con indecisión y dudas, pero que permanecía completamente fija en Naruto.
- Lo siento, Sasuke se quedó dormido – dijo Naruto mientras se rascaba la cabeza y dejaba entrever una gran sonrisa.
- No es cierto – dijo Sasuke en tono serio – me escondiste las armas y trataste de perderme de vista para que no fuera a la misión.
- Pero te compré el desayuno – dijo Naruto enfrentándole esta vez, como si viera a Sasuke como un desagradecido.
- ¿Querías que comiera esa porquería que cocinas? – preguntó Sasuke irritado - ¿Quieres envenenarme?
- Cocino muy bien, he mejorado – se quejó Naruto – Díselo, Sakura.
Naruto intentó encontrar el apoyo en su amiga, pero lo único que encontró fue su cara de indecisión y silencio, tratando de fingir que Naruto había mejorado. Aquel rostro fue un claro indicio para Sasuke de que Naruto seguía siendo pésimo en la cocina.
- Voy tirando – dijo al final Sasuke volviendo a su rutina, a esa coraza fría con la que alejaba a todo el mundo de su lado, a esa arrogancia típica de los Uchiha, a su autosuficiencia.
Por un instante, Naruto posó sus ojos sobre la espalda de aquel moreno que iniciaba su camino. Sasuke siempre sería su rival a batir, quería superarle y era la misión perfecta para demostrarle cuánto había mejorado. Años tardó en conseguir que volviera y no fue hasta después de la gran guerra que Sasuke decidiese volver. Ni siquiera le había preguntado el motivo que tenía para hacerlo, quizá… porque no quería meter la pata con él y que se marchase nuevamente. No quería volver a perder a su amigo y rival.
- ¿Vamos? – preguntó Sakura, sacando así a Naruto de aquella extraña sensación que tenía cuando miraba al solitario Sasuke.
- ¿Crees que alguna vez Sasuke abrirá su corazón a alguien? – preguntó Naruto en un susurro que ninguna de las chicas terminó de entender.
- ¿Qué dices? – preguntó Sakura una vez más tratando de que Naruto repitiera la pregunta, porque no estaba segura de si realmente le había oído o había entendido mal aquella frase.
- Nada – sonrió Naruto súbitamente para eliminar la intensidad con la que había dicho aquella frase, una frase que prácticamente se le había escapado, un pensamiento que no debería haber pronunciado en voz alta.
Durante el camino, poco a poco, Sasuke fue quedándose cada vez más atrás. Quizá había empezado el primero a caminar, pero estaba claro que no estaba en plenas condiciones para seguir el ritmo pese a que sólo estaban caminando. Se maldijo internamente al no verse capaz de alcanzar a esos tres que seguían delante. Ni siquiera Naruto parecía estar muy atento de él, tenía a dos chicas a su lado halagándole y tratando de captar su atención. Iba a ser una lucha difícil y ni siquiera estaba seguro de poder ser capaz de confesarle a Naruto todo lo que llevaba por dentro.
- ¿Dónde está ese castillo? – preguntó Sasuke cansado ya de tanto caminar y ver que empezaba a anochecer.
- Hay que cruzar el bosque – comentó Hinata por primera vez – aunque deberíamos acampar.
- ¿Qué tal si buscamos un claro y encendemos un fuego? Sasuke tiene facilidad con el manejo del fuego – miró Naruto hacia su compañero.
- No pienso ser tu recadero y buscar la leña.
- Iré con Naruto entonces – intervino Sakura.
Aquel fue el momento donde Sasuke dejó escapar un chasquido molesto de sus labios. Su boca siempre era más rápida que su cerebro y su orgullo demasiado grande para medir las consecuencias de sus actos. Él quería haber ido con Naruto, haber estado un rato a solas con él, pero acababa de poner a Naruto en bandeja de plata para que Sakura se declarase.
Al verlos marcharse a por la leña, Sasuke decidió tratar de mantenerse ocupado para evitar pensar en lo que ocurriría entre esos dos. Para Hinata, quedarse a solas con aquel chico era algo intimidante. Nunca había sabido cómo abordar a Sasuke Uchiha pese a saber que era el mejor amigo del chico del que estaba enamorada.
Al mirar cómo Sasuke se apoyaba contra el tronco de un árbol, se preguntó a sí misma cómo había llegado a esa situación, pero la respuesta era clara, quería declararse a Naruto y suponía que Sakura aún podía sentir algo por Sasuke, así que era el momento perfecto para encontrar un hueco a solas con el rubio. No esperó que Sakura se fuera tras Naruto también.
- ¿Estás bien? – preguntó la tímida Hinata hacia un Sasuke que trataba de respirar profundamente para soportar el dolor de su cuerpo.
- Sí – dijo sin más de la forma más seca en la que pudo sonar – ¿Por qué estás aquí? – preguntó un dudoso Sasuke.
El sonrojo apareció una vez más en el rostro de Hinata. Tampoco podía confesarle a Sasuke que buscaba confesarse a su mejor amigo. Era posible que pudiera ser una ayuda pero también contraproducente. Agachó la mirada… pero escuchó un leve sonido que salía de la boca de Sasuke, una sonrisa de incredulidad.
- ¿También quieres confesarte a Naruto? – preguntó consiguiendo que Hinata diera un respingo hacia atrás y abriera los ojos al ser descubierta - ¿Pero qué tiene Naruto? ¿Sus pezones lanzan sake o algo? Me voy a buscarle.
- Espera… - intentó intervenir, pero Sasuke ya se había marchado para ir a buscar a esos dos chicos que tanto tardaban para encontrar unos míseros troncos y ramas que hacer arder.
