Los personajes no me pertenecen y la trama está inspirada en la película "El Cadáver de la Novia"
Capítulo 2: Nathaniel.
Marinette comenzó a despertar lentamente, pero sin abrir los ojos.
No le dolía nada, pero para asegurarse de no haberse golpeado o algo así, movió un poco cada extremidad. Cuando no sintió nada, se concentró en otra cosa: estaba acostada sobre algo plano y duro.
Lo primero que pensó es que estaba en el puente, sobre el Sena, que se había desmayado por el miedo a una alucinación y apenas despertaba. Pero no hacia frio, primera mala señal; debía ser de noche, pero percibía claridad a través de sus parpados. Ver una calavera frente a ella cuando entre abrió los ojos solo confirmo su horrible presentimiento.
Hizo un abdominal al sentarse, y abrió los ojos, para descubrir que estaba sobre una mesa y completamente rodeada.
Su pánico anterior se multiplico por 100, a su alrededor habían personas, muchas personas. Pero todas con la piel muy pálida y marchita, cabello sucio, ropas viejas y, como el chico del puente, con una o varias partes ya en huesos; o si no, eran esqueletos completamente.
La miraban con curiosidad, algunos con alarma y otros con simpatía. Sin embargo, eso no evito que se pusiera sobre sus pies y tomara la espada, enterrada en el tórax huesudo de un hombre bastante bajo, con todo y hombre, pero eso no era lo que le importaba. Aun que si le fuera importado, que no era el caso, hubiera jurado que se trataba de Napoleón Bonaparte.
-¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? ¿Qué son ustedes?- preguntaba Marinette, casi histérica, moviendo la espada con todo y Napoleón, para mantener a los seres a raya- quiero preguntas, ahora.
-Querrás decir, respuestas- le indico Napoleón, amablemente.
-Eso mismo.
Paso la vista por los cadáveres y luego por la habitación.
En una palabra: Estrafalario.
Las paredes estaban pintadas en diferentes colores vivos, sin combinación en absoluto. Varias mesas, bastante juntas entre sí, con jarras grandes con bebidas espumosas que ella no había visto nunca. En la pared del fondo, frente a ella, estaba una larga barra con varias butacas, la mayoría estaban ocupadas. Detrás de la barra había un estante que llegaba hasta el techo, lleno hasta el borde con botellas coloridas con etiquetas que tenían una calavera y dos huesos cruzados.
Como en las botellas de veneno una risa cosquilleo en su garganta irónico que los muertos se embriagen con eso.
Su vista viajo a una pequeña tarima en la pared de la derecha donde habian varios esqueletos sosteniendo diferentes instrumentos, y de allí paso al techo, donde habían muchas bombillas de colores amarillo, rojo, azul, verde y morado.
Si, estrafalario era la palabra.
Entonces la personas (porque aún eran personas ¿no?) comenzaron a separase y abrirle paso a un hombre, un pelirrojo que Marinette reconocio inmediatamente. El la miro con sus grandes ojos azules, antes de preguntar suavemente:
-¿Te encuentras bien?- había una tímida sonrisa en sus labios, haciéndolo ver… lindo, gentil, incluso guapo. Claro que no quitaba el hecho de que estaba muerto y ella secuestrada. Rodeada de otros muchos muertos. Lo que encendió de nuevo sus alarmas.
-¿Quién eres?- apunto la espada y a Napoleón hacia él.
-Mala pregunta para iniciar un matrimonio- ella llevo su atención al hombro de el donde había un ¿gusano? De color negro.
-Shhh, Plagg- le dijo el chico. Entonces miro a Marinette, ampliando su sonrisa y mostrando su blanca dentadura. Esto hizo aún más lindo el gesto. Mostro el anillo- soy tu esposo.
-Pero… estas muerto- el pelirrojo desvió la mirada, luciendo avergonzado. Ella habría jurado que, si su corazón latiera, su cara fuera competido con el color de su cabello.
Se sintió mal por haber mencionado su… condición. Cuando el chico levanto los ojos, con una media sonrisa, se encogió de hombros.
-Es una larga historia.
-Quizás yo pueda resumirla.
Un esqueleto, con solo un bombín en la cabeza, salto desde la tarima y se aproximó a ella. Luego miro al pelirrojo, como pidiendo permiso, este asintió con una sonrisa triste.
-Esta es una historia de amor, traición…y muerte dramática.
Marinette sintió un escalofrió bajar por su espalda ¿en serio le contarían como murió? Tal vez fue a causa de una enfermedad o algo así. Porque… ¿Quién querría matarlo? Él se veía tan… agradable, buena persona. Entonces, vio algo: bajo la parte derecha de la chaqueta del traje del chico había un corte vertical en la camisa blanca, dejando al descubierto algunas costillas. ¿Cómo se hizo ese corte? ¿Si… lo mataron?
Esta vez, Marinette se estremeció y su piel se erizo.
-Él era atractivo y reconocido, hasta que una desconocida entro a su vida- comenzó a decir el esqueleto. El misterio que impregnaba sus palabras hacia que el corazón de la pelinegra palpitara rápido y con fuerza- era muy hermosa y de personalidad dulce, y fácil que el a sus pies cayo sin pensar- la oji azul tenía miedo de saber cómo continuaba la historia, suponiendo el final- el no quiso hablar, pues papá dijo no. Fue así que planearon escaparse los dos.
Miro al pelirrojo, el escuchaba la historia con tranquilidad y sin inmutarse, como si no hablaran de su propia muerte. Le pareció extraño y antinatural esa actitud, pero estaba en un bar estrafalario rodeada de muertos que se embriagaban con veneno. Con eso lo decía todo.
-Acordaron un plan para así escapar, nada se comentó del secreto o el plan- Marinette ya había soltado la espada, ahora solo escuchaba las rimas del esqueleto- el traje de novio perteneció a papá. Si hay amor en tu vida nada te faltara; excepto algunas cosas como dije recién, joyas de la familia y dinero también…
Dejo de escuchar, se sentía demasiado aturdida para prestar atención. Las cosas habían dado un giro demasiado inesperado y comenzaba a preguntarse si todos esos muertos eran de verdad, si ella no se había vuelto loca de remate. Si no era así ¿Qué sucedería con ella? Mañana era su boda con Adrien y ahora de verdad quería casarse con él. Tal vez no se conocían, pero podan llegar a hacerlo; el ya había demostrado ser agradable y un caballero, además que de solo pensar en el sentía un hormigueo en el corazón y mariposas mutantes en el estómago. Así era su emoción de solo pensarlo.
Música y frases del esqueleto llegaron a ella, algo sobre el pelirrojo esperando bajo un árbol a esa chica, en plena madrugada, pero su mente seguí en Adrien y en el hecho de que tenía que volver con él.
Hasta que un coro de esqueletos exclamo:
-¿Entonces?
-Una sombra- dijo el esqueleto del bombín.
Se había trasladado al escenario en algún momento y su historia estaba siendo acompañada por música y un coro, logrando únicamente agregarle más misterio a todo y erizarle la piel con más ganas.
-¿Entonces?
-¿Era su dama?
-¿Entonces?
-Su corazón latió muy fuerte.
-¿Entonces?
-Todo se oscureció.
Todas las luces del lugar se apagaron, asiéndola dar un brinco. Solo quedaba el reflector que apuntaba al esqueleto que contaba la historia. Este siguió hablando, casi cantando.
-Al despertar, muerto estaba ya. Las joyas se habían ido igual que su vida- busco al chico con la mirada, pero estaba muy oscuro. Sintió su corazón arrugarse, pues él se había enamorado y lo traicionaron cruelmente. No lo conocía, pero no creí que se lo mereciese- realizo una promesa tirado bajo el árbol, aguardando por alguien que pidiera su mano. Cuando sin pensar apareció esta muchacha, juro para siempre estar a su lado. Esta es la historia de nuestro novio…
La banda de esqueletos siguió cantando y entreteniendo a su público, ella aprovecho el momento y se escurrió por la puerta, lejos de allí.
-Marinette no pudo ir muy lejos- decía Sabine, tomando té en casa de los Agreste- ya es de noche, Marinette siempre le tuvo miedo a la oscuridad…
Ese comentario solo hizo que la preocupación que se había instalado en el pecho de Adrien creciera un poco más. ¿Cómo era posible que Marinette estuviera allá fuera sola, en invierno, en plena lluvia, teniéndole miedo a la oscuridad, y sus padres allí sentados como si fuera su propia casa tomando tranquilamente ese insípido té? ¿Por qué esa chica no tenía una dama de compañía, alguien que siempre estuviera con ella? ¿En qué pensaban los Dupain-cheng para dejar a su única hija irse así, sin decir para donde o cuando volvería?
Adrien no pretendía ser sobreprotector o contralarla, como sus padres habían con él, pero ella se había ido hace varias horas y ya era de noche. París era pequeño pero no por eso menos peligroso. Ver a sus futuros suegros tan indiferentes no ayudaba para nada a disminuir sus nervios.
Solo estaría tranquilo cuando Marinette estuviera frente a él y viera con sus propios ojos que estaba sana y salva… ¿o seria que ella estaba bien y simplemente no quería volver allí? Luego de ese ensayo, la entendía. Él se fuera ido si pudiera. Pero ¿y si esa era razón para no casarse con él? ¿Las mismas personas que concertaron el compromiso podrían ser la razón de que ella ya no quisiera casarse? Adrien tenía claras las respuestas, y eran un si irrevocable.
Por todos esos pensamientos ya no estaba preocupado solamente, ahora un atisbo de miedo se asomaba. Miedo porque ella no lo quisiera, y lo sorprendió ver lo rápido que esa joven se había hecho de un espacio en su corazón.
-Adrien, aléjate de la ventana- el rubio suprimió un gruñido ante la orden de su madre.
Estar parado frente a ese cristal era lo único que lo contenía de salir a buscarla, con la esperanza de que ella apareciera de pronto en su campo de visión. Se alejó de allí, pero no se sentó. Se quedó parado junto a la chimenea.
Vio a lady Lila entrar en la sala, traía una sonrisa en la cara y un extraño brillo en la mirada. No negaría que era hermosa, pero nunca como Marinette. Además, había algo en ella que no le agradaba, lo hacía mantenerse receloso cuando estaba presente.
-Disculpen la interrupción- hablo la castaña, con voz suave- pero creo que hay algo que tienen que oír- hizo un gesto con la mano y el hombre gordo de uniforme azul, entro- dígales las ultimas noticias.
El hombre asintió y comenzó a tocar la campana.
-Ha horas del atardecer, Marinette Dupain-Cheng fue vista con un hombre a las afueras del pueblo, en el puente sobre el rio Sena- bajo la campana y dejo de gritar- el reporte del clima para esta noche…
-Sí, ya, gracias- lo detuvo lady Lila- puede irse.
Adrien ni siquiera escucho la puerta cerrarse cuando el sujeto salió, no le prestó atención a los gritos de su padre diciendo que se cancelaba la boda o a las cosas que decía Sabine para tratar de evitarlo. Lo único que no le paso desapercibido fue la sonrisa complacida que la invitada de sus padres trataba de ocultar.
Entonces sintió todo el peso de la noticia que le acababan de dar.
-No, esto tiene que ser un error- dijo, frunciendo mucho el entre cejo- Marinette no pudo…
-Vete a tu habitación- fue todo lo que dijeron sus padres.
Estaba molesto, pero obedeció, confiando en que todo eso era una mentira.
-¡Marinette!- la llamo el pelirrojo- ¡Marinette!
Al escucharlo acelero el paso.
Ese lugar era muy extraño: las calles eran irregulares, el igual que las casas. Todas las construcciones eran de, al menos, dos pisos. Miro arriba, pero no vio el cielo. Era más bien como en techo de una caverna, y a pesar de la oscuridad que debía provocar, el lugar estaba mejor iluminado que Paris durante el día y era mucho más pintoresco.
-¡Marinette!- volvieron a llamarla- Marinette ¿Dónde estás?
¿Cómo ese chico conocía su nombre? Decidió que podía correr y analizarlo al mismo tiempo. Se escabullo por pasillos oscuros y estrechos, con la esperanza de perderlo y, tal vez, encontrar una salida. Quizás una escalera que la llevara a la superficie, porque seguro que estaba bajo tierra.
Ese no era su lugar, ella aún estaba viva. Ella pertenecía al aburrido Paris, junto a sus padres, junto a Adrien. Y hablando de el ¿Cómo le explicaría que había perdido su anillo casándose accidentalmente con un cadáver?
-Eso te pasa por practicar tus votos en un sombrío bosque- se reprendió entre dientes.
Tropezó con algunos ataúdes que estaban por allí. Todos en buen estado, unos verticales apoyados en las paredes y otros en el suelo. ¿Los muertos aun los usaban? Eso le recordó a las historias que su padre le contaba antes de dormir, sobre un vampiro que dormía de día en su ataúd y de noche salía a beber la sangre de las doncellas. Al terminar cada historia, Tom le daba un beso en la cabeza y reía levemente cuando ella se escondía bajo las cobijas.
Vallas noches de sueño reparador, pensó para sí.
Ahora su chal estaba ceñido a su cintura para que no le estorbara, ni perderlo. Llego frente a un muro de piedras con algunas salientes, se dio la vuelta para seguir su carrera, pero estaba rodeada.
No habia ni rastro de "su esposo", todas las personas a su alrededor le eran extrañas, ninguna debía de haber estado en el bar hacia unos minutos. Comenzaron a acercarse lentamente y el corazón de Marinette se disparó. Tenía que escapar, otra vez. Pero no habia forma de pasar a esos muertos, la tenían completamente acorralada.
Esperando que la adrenalina que la ayudo a correr por el bosque sin tropezarse y caer, les dio la espalda y comenzó a escalar. No le era tan difícil subir, gracias a ser tan delgada y no pesar tanto. Se imaginó a su madre subiendo esa pared, una pequeña risa entre divertida e histérica escapo de sus labios.
Llego a la cima, donde había un barandal. Era un mirador. Y en el mirador, el la estaba esperando.
-Eso fue impresionante, Marinette- le sonrió el chico, tendiéndole una mano para ayudarla- pero ¿Por qué no usaste las escaleras?
Marinette vio las escaleras y se sonrojo, ahora el sujeto debía pensar que era tonta. Acepto la mano que le tendía, la que no era huesuda, y termino de subir. Una vez segura tras el barandal le dio un vistazo al lugar, era como un Paris subterráneo y colorido. No podía negar que la vista le gustaba.
Se giró hacia el chico, él estaba sentado en una banca pegada a otra pared de roca. Sus ojos se encontraron y él le volvió a sonreír, palmeando el lugar vacío junto a el para que se sentara. Así lo hizo, levemente incomoda, porque la presencia del chico aun le daba miedo por estar muerto, sin embargo, aún le parecía agradable.
-Te…te traje un regalo de bodas- dijo tímidamente el pelirrojo, que tenía una caja en el regazo.
Ella lo miro con los ojos muy abiertos; no le preocupaba saber de dónde el había sacado esa caja que hasta ahora ella notaba, la cosa estaba en que 1) ellos en realidad no estaban casados y 2) ella no tenía un regalo para él. Y ahora que lo pensaba, había algo más importante que estar "casados" o tener un regalo…
-Ni siquiera se tu nombre- soltó sin pensar, haciendo que el luciera avergonzado.
-Me llamo Nathaniel.
A Marinette le gusto su nombre, le quedaba bien. Antes de decir cualquier otra cosa, Nathaniel le entrego la caja con un bajito "no se aceptan devoluciones", lo cual le causo algo de gracia.
Divertida y curiosa, ella sostuvo la caja junto a su oreja y la agito un poco. Nathaniel rio. Algo se había movido adentro, pero no le dio ninguna pista del contenido, así que quito la tapa. Luego de haber pasado lo que paso y visto lo que vio, no se asustó al ver que la caja contenía huesos, solo le pareció un poco extraño.
-Eh…pues gracias- dijo en un susurro.
Son comprender aun el obsequio, un objeto dentro de la caja llamo su atención: un collar de perro color rosa con una placa grabada donde se leía Noru. Entonces la caja comenzó a temblar y los huesos a moverse. Soltó el collar de golpe. Este y los huesos salieron de la caja y en cuestión de segundos frente a ella se encontraba un perro esqueleto.
-¡Noru!- exclamo llena de alegría, ese habida sido su perro cuando era niña.
Inmediatamente comenzó a hablarle como si se tratara de un bebé y Noru meneo su cola imaginaria con emoción. Marinette sintió la mirada de Nathaniel en ella y dejo de hablar así, sintiéndose tonta. Pero cuando lo vio, el la veía encantado, con una gran sonrisa feliz.
Noru se subió de un salto al regazo de Marinette, sorprendiéndola y haciendo que el riera.
-A mi madre nunca le gusto que se le subiera- comento ella, sonriendo. Puso al perro en el piso- ¡vamos, Noru! Sentado- se sentó- rueda- rodo en suelo- hazte el muerto- Noru ladeo la cabeza confundido, Nathaniel rio- ops, lo siento.
-Crees… ¿Qué les agrade?- pregunto el pelirrojo. Ella lo miro sin comprender- tus padres.
-Bueno, yo no creo…
Se le ocurrió una idea. Marinette quería salir y Nathaniel quería conocer a sus padres, entonces ¿Por qué no presentárselos? Él se veía muy amable y dulce, no quería engañarlo, pero quería volver y esta era la única forma que se ocurría para hacerlo.
-¡Claro que les agradarías! De hecho…tienes que conocerlos.
-¿En serio?- Marinette sintió una punzada de culpa al ver la sonrisa de Nathaniel- ¿Dónde están enterrados?
-Oh, claro…
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-Es que ellos aún no han muerto- Marinette se puso de pie, dándole la espalda. No quería mirarlo a los ojos, pues seguro descubriría que ocultaba algo.
-Oh, están vivos- la voz de Nathaniel sonó comprensiva, luego de unos minutos agrego- tal vez allá una manera de ir a verlos.
Marinette abrió los ojos con sorpresa y se giró a verlo, con una gran sonrisa completamente real.
-¿De verdad? ¿Cómo?
-Tenemos que hablar con el anciano Fu.
Solo quiero decir GRACIAS POR LOS REVIWS Y LOS FAV Y FOLLOWS... ;)
