Discalimer: Todos saben que D Gray-man no es mio y, desgraciadamente, jamás lo será
Advertencias: Yullen, reconstrucción de algunos hechos(?), malas palabras y mi primer intento de lemon xD
Antes que dejarlos con la lectura quiero dedicarle este capítulo a Ninoska. Linda perdón por tardarme en actualizar al haber juntado tus 5 reviews, pero mi bendita computadora me borró más de la mitad del capítulo... Solo espero que no te decepcione xD
Ahora sí, sin más, disfruten del capítulo :3
Reminiscencia
Capítulo 2 de 2
Dos días habían transcurrido desde que abandonó su libertad. Afortunadamente las miradas dedicadas a él ya no eran tan indiscretas y constantes, al parecer los habitantes de la sede recordaron la personalidad del espadachín. Se adentró a los baños de la Orden y en menos de cinco minutos ya se hallaban vacíos. Realizó una mueca parecida a una sonrisa y comenzó a desprenderse de sus ropas de entrenamiento hasta quedar completamente desnudo, un baño matutino siempre resultaba revitalizador. Sin más, se adentró a las aguas termales ubicadas a unos cuantos metros de él y sintió el reconfortante calor relajar sus músculos y disminuir la tensión que había sido provocada por el entrenamiento, o por lo menos eso es lo que se decía.
Y era algo que realmente quería creer porque no admitiría que se encontraba así de tenso por el mugroso cuaderno del Moyashi, más bien por lo escrito en esas simples y llanas hojas de papel. Joder, no eran más que papel y tinta, solo eso. Pero sabía que eso era una reverenda mentira, eran los recuerdos de su dolor de cabeza y por eso mismo no se había atrevido a hojearlo de nuevo. Menuda estupidez. Rodó los ojos y bufó, enojándose consigo mismo por su actuación tan infantil. Se quedó un buen rato disfrutando del calor de las aguas y le vino de golpe su razón por la cual decidió volver. Decidido a terminar con su actuación tan tonta salió de las aguas para concluir su lectura.
Una vez hubo llegado a su habitación, se aseguró de ponerle llave a la puerta para evitar interrupciones innecesarias a pesar de saber que la única interrupción estaba en calidad de desaparecido y sonrió maliciosamente ante la visión de Lavi siendo torturado. Retomó su careta sin expresión y sin querer dejó escapar un suspiro. Chasqueó la lengua ante la acción, pues no era algo que realizaba con frecuencia. Llegó al mueble donde se encontraba guardado el mentado diario y lo tomó, dejando escapar un nuevo suspiro seguido de un chasquido. Se acomodó en su cama y dudó por algunos instantes antes de abrirlo. Una vez hecho comenzó a buscar la página donde se había quedado. La encontró sin mucha dificultad y tras dar un largo respiro retomó su lectura
[…]
Ha pasado una semana desde que escribí por última vez. No es que no quisiera hacerlo, simplemente las cosas se están complicando para mí. Link-san es cada vez más asfixiante. Esos formularios realmente parecen interminables y son tan molestos… Como sea, comenzaré poniendo la reacción de Kanda al decirle lo de las memorias del Catorceavo. Fue algo que realmente no me esperaba.
Después de la comida le dije que quería entrenar con él y aceptó sin mayor resistencia. Una vez que llegamos al salón de entrenamiento me vi obligado a cerrar la puerta y dejar a Link-san afuera, todavía no me ha perdonado por lo que le hice, pero era inevitable. No podría hablar a gusto con Kanda con él a mi lado. Como sea, él me miró bastante sorprendido y yo no pude evitar sonrojarme, con un demonio, cada vez que me mira de esa manera tan profunda… Che, no se supone que deba estar escribiendo esto. Demonios, no puedo creer que ya me pegó su usual chasquido de lengua… En fin, sin mayor ceremonia le solté que las memorias del Catorceavo estaban implantadas en mí, pero toda mi determinación se fue al carajo cuando le estaba por contar lo último que me dijo mi maestro sobre asesinar a los más importantes para mí.
Él solo levantó una ceja y me preguntó que a donde quería llegar con eso, yo me quedé sin palabras ¿Qué demonios tiene ese japonés en la cabeza para tan solo contestarme eso? Pero bueno, lo siguiente es lo mejor de todo. Posó una de sus manos en mi barbilla y me obligó a mirarlo fijamente a los ojos, como diciéndome que me tranquilizara y que todo estaría bien porque él estaba a mi lado… Y después me besó, sin más, de una manera bastante dulce. Estúpido BaKanda ¿por qué juegas con mis sentimientos de esta manera? Por instantes me haces creer que realmente te importo y después me tratas como solo tú sabes hacerlo, ah… Después del beso me separé y lo miré fijamente. Lo que le dije no lo tenía planeado, pero por alguna razón simplemente salió
–Kanda cuando haya algún indicio de que el Noé quiera despertar, mátame –mi voz sonaba tan segura sin embargo, no me atreví a mirarlo a los ojos cuando hablé
–Che ¿Por qué yo? –fue lo único que dijo mostrando su rostro inexpresivo, ni siquiera enojado, si no lo conociera lo suficiente diría que se encontraba consternado
–Porque eres la única persona a la que le puedo confiar algo como esto, porque sé que si me lo prometes cumplirás tu promesa a pesar de todo –y le dediqué una de esas sonrisas que tanto dice odiar
–Como quieras, Moyashi, pero quita esa estúpida sonrisa de la cara o juro que te daré una golpe en ese rostro maldito que tienes
–Gracias –no pude evitar sonreírle de nuevo, pero al verlo acercarse a mí con su mirada asesina la borré de inmediato y me preparé para iniciar una pelea, pero él solamente me abrazó, justo como en aquella ocasión cuando estuvimos en busca de los generales, y claro, las lágrimas invadieron mi rostro. Ese idiota tiene toda la razón cuando me dice niñita llorona, pero no es como si pudiera fingir, bueno por lo menos no ante él.
Después de eso Link entró y corrió a Yû. La expresión de este último no tuvo precio. Le debo una a Link-san por eso…
–Moyashi eres un idiota bien hecho. Darme la misión de matarte… Joder, eres demasiado pesado. En París simplemente no pude hacerlo. Sí, no pude, Mugen se desvió de tu rostro... Che, nunca creí que admitiría algo como esto. El Conejo idiota hubiera sido alguien mejor en quien confiar. No creo que pueda volver a hacer lo mismo que le hice a Alma, matar a la persona más importante para mí… –Terminó prácticamente en un susurro, mirando a la nada de una manera ausente. Pero se lo debía, era lo menos que podría hacer por él, después de todo lo que le hizo, además se lo prometió y su maldito orgullo no le permitiría romper una promesa. Si pudo cumplir una promesa en la cual no sabía a quién buscaba, definitivamente debía cumplir la promesa en la que los actores eran perfectamente conocidos. Sonrió de forma melancólica y continuó su lectura
[…]
Hoy Kanda me ha dicho algo completamente desconcertante. Solo de recordarlo hace que me sonroje, creo que es un maldito pervertido. Bueno, lo último lo supe desde que el bastardo comenzó, bueno ambos comenzamos a tener sexo Con un demonio, no puedo escribir algo tan vergonzoso. Maldito pervertido, él tiene la culpa de todo, no me cabe la menor duda de que por su culpa yo haya terminado pidiendo por más. No, no, no yo no quise escribir eso, yo, yo… a quién engaño. Disfruto demasiado cuando Yû me toca, sentir su lengua recorriendo mi cuello, sus manos acariciando mis muslos y otras partes de mi cuerpo me vuelve loco. Menuda estupidez, ¿no? En fin, eso no es lo que quería escribir, yo solo quería poner que ese bastardo afeminado me dijo que mañana sería suyo y que más me valía inventarme una excusa para mantener alejado a Link-san porque no quería ningún tipo de interrupción. Me dijo que ya había esperado demasiado y que ya era mi turno de complacerlo.
Siendo sincero, lo que me dijo Kanda me hace sentir pánico. Una cosa es tener sexo y otra muy diferente es dejar que me posea por completo. Bueno, estoy casi seguro que ha eso se refiere. Hasta donde yo sé, cuando decides entregarte a una persona es porque estás seguro que la amas y estás dispuesto a pasar el resto de tus días con esa persona. Esto me da tanta risa. Estoy completamente dispuesto a entregarme a Yû, pero aun así estoy seguro de que él no siente lo mismo por mí, Yû solo quiere coger y ya. Además he leído que la primera vez duele y dudo que Kanda quiera ser considerado conmigo, sé muy bien que soy quien le ayuda a aliviar su pasión carnal, ese desgraciado me ha obligado a tantas cosas y ahora está a punto de llevarse mi virginidad –la virginidad de mi trasero. Dios, creo que yo también soy un pervertido- y es un maldito sádico. Sí, he notado que a ese bastardo le encanta hacerme sentir vergüenza mientras me toca…
–Moyashi… –Dejó escapar de sus labios el mote del peliblanco con un tono de melancolía
Cerró el diario con rapidez y se levantó tan pronto como pudo. Abrió la puerta de su habitación y salió de ésta, llevándose el diario consigo. Leer lo que había escrito ese enano con cabello de enano le hizo recordar distintas emociones y sin esperarlo entre esas emociones se encontraba su lujuria, pues se pudo imaginar perfectamente los movimientos y caritas realizadas por el mocoso cuando escribió eso. Después de andar por unos instantes llegó a su destino programado. Forzó la puerta y se adentró en esa habitación que le resultaba tan familiar, a pesar de encontrarse más vacía. Inspiró profundamente y dibujó una sonrisa socarrona en sus facciones al comprobar que la habitación todavía tenía el olor de su dueño.
El Moyashi definitivamente le hubiera tachado de "maldito pervertido" al saber que estaba a punto de hacer. Buscó entre las pertenecías que aún quedaban en esa habitación porque las demás habían sido confiscadas por su supuesta traición. Chasqueó la lengua un par de veces mientas buscaba y al final dio con una camisa del muchacho. La acercó a su rostro e inspiró a través de la prenda blanca que conservaba la dulce fragancia del ojigris. Sintió como el problema en su entrepierna comenzaba a convertirse en una molestia. Se acercó a la cama que alguna vez compartió con el exotista más jodidamente mártir que conocía y se desabrochó sus pantalones, antes de recostarse dejó el diario en el mueble cercano a ésta y, una vez cómodo, expuso su miembro a la intemperie de la habitación. Se estremeció un poco al sentir el frio ambiente golpear esa parte tan sensible de su cuerpo, colocó una de sus manos en su pene y comenzó a masturbarse mientras tanto la otra mano mantenía la camisa del Moyashi pegada a su rostro, inspirando ese aroma que siempre lo embriagó y lo hacía perder el control. Sin que él lo planeara, el recuerdo de la noche en la que hizo al Moyashi suyo lo golpeó repentinamente, provocando que su excitación aumentara. Recordar a ese enano sonrojado, gimiendo su nombre, con un rostro de placer total pidiendo por más solo logró aumentar su deseo de tener debajo de él al niñato por quien regresó.
Flashback
Había citado al enano peliblanco en una de las habitaciones de entrenamiento. Estaba seguro que la hora acordada ya había pasado y chasqueó la lengua al saberse nervioso por el retraso del mocoso ese, se bofeteó mentalmente ante esa actitud desesperada. No tenía motivo alguno para sentirse nervioso, solo se iba a joder al Moyashi y ya. Tronó la lengua de nueva cuenta y sus pensamientos se vieron interrumpidos al percibir la puerta de la sala abriéndose. Abrió levemente unos de sus ojos y vio por el rabillo de éste al Moyashi acercándose con sumo cuidado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca deshizo su pose de meditación y dirigió todo el peso de su mirada a aquel canoso. Ver al Moyashi muerto de la pena le hizo sonreír de manera socarrona
–Pensé que no vendrías, Moyashi –cruzó los brazos y miró con sorna al ser frente suyo
–Cá-cállate, BaKanda. Y es ALLEN. A-L-L-E-N –desvió la mirada clavando su platina mirada en el suelo mientras el color carmesí adornaba la pálida piel del exorcista,
–Tsk, como si eso importara –le dio la espalda al albino y camino a la puerta del recinto. Allen lo miró con sorpresa
–No me digas que ya te arrepentiste –soltó bastante incrédulo
–Che, realmente eres un imbécil. Si nos quedamos aquí, lo más probable es que nos interrumpan. Y dudo mucho que quieras que el alemán ese te escuche gimiendo por más. Solo sígueme, Moyashi, creeme que jamás desaprovecharía una oportunidad como esta
–Tú…
El japonés salió enseguida de la habitación, siendo seguido de cerca por el ojigris. Tras un recorrido de unos cuantos minutos se adentraron a una zona que el menor nunca había visto, después de algunas cuantas puertas cerradas que pasaron, Kanda se detuvo
–¿Pasa algo, Kanda?
–Aquí es Moyashi
Sin esperar un instante más, el espadachín abrió la puerta y le cedió el paso al enano para que entrara primero. La mirada platina del chico recorría con cuidado toda la estancia. Se notaba que por ahí no había pasado un alma en mucho, mucho tiempo, pero tras una segunda revisión notó que la parte derecha de la habitación, cerca de la columna, el espacio había sido limpiado y preparado para la ocasión. Allen no pudo evitar sonrojarse ante dicho pensamiento
–BaKanda, tú…
–Che, no es lo que te imaginas, además este sitio lo uso para alejarme de todas las molestias de la Sede
–¿Eso quiere decir que estás compartiendo tu lugar secreto conmigo?
–Tsk, es lo más lógico si no quiero que nos interrumpan porque creeme, te espera una velada muy agitada, Moyashi –terminó hablando con un deje de burla mientras cerraba las puertas de la sala. Se acercó lentamente hacía el Moyashi y cuando estuvo lo suficientemente cerca de éste lo tomó entre sus brazos y unió sus labios en un casto beso, lo cual no duró mucho una vez que Allen le permitió la entrada a su boca. Solo la falta de oxígeno los hizo separarse
–Moyashi esta noche definitivamente no podrás dormir –susurró en el oído del menor con una voz sensual mientras lamía el lóbulo de su oído izquierdo, lo que provocó en el chico un sonrojo inmediato y un respingo. Esbozó una sonrisa de felicidad ante esa actuación. Che, eso no le gustaba, esa mueca se estaba convirtiendo en algo normal, todo gracias al mocoso que tenía entre sus brazos
–Eres un maldito pervertido, BaKanda –le soltó mientras posaba sus brazos alrededor del cuello del japonés mientras lo miraba fríamente
–Che, como si no te gustara –soltó un poco el agarre y removió algunos blanquecinos cabellos del rostro del ojigris que se encontraban pegados debido al sudor
–Reitero, eres un pervertido… –susurró y decidió comenzar un beso, siendo ahora el peliblanco quien llevara el control sin embargo, en un instante Kanda le recordó que él sería quien siempre llevaría el control de la situación. El inglés formó una leve sonrisa aún con los labios unidos
El mayor profundizó el beso pegando lo más que pudo el cuerpo del menor al suyo. Le encantaba sentir el calor irradiado por ese cuerpo y, además, también estaba esa boca con un sabor tan molestamente dulce. El enano definitivamente había mejorado desde la primera vez que lo besó. Pero no conforme con eso, comenzó a descender sus besos hacía el cuello del menor, repartiendo lamidas y mordiscos de vez en cuando. El chico solo se aferraba a su espada. Sabiendo que no resistiría mucho tiempo, dirigió al enano a la zona que había preparado y lo acostó con una suavidad ajena a él. Sería un poco condescendiente con el chico, solo un poco, porque sería su primera vez y quizás, solo quizás porque le importaba.
Sin más tiempo que perder, poseyó de nueva cuenta esos dulces y labios, volviéndose más exigente con el pasar de los segundos mientras utilizaba sus habilidosas manos para desabotonar la ahora molesta camisa característica del peliblanco. En menos de un abrir y cerrar de ojos cumplió su cometido y deshizo el beso, separándose lentamente del sonrojado rostro del menor, apreciándolo detenidamente, dibujando una sonrisa maliciosa por lo que venía. Allen solo tragó grueso ante la actuación del asiático, pero antes de permitirle continuar, soltó la enigmática cabellera de su amante
–Kanda quítate tu camisa rara, por favor –le soltó en un tono serio, lo que extrañó al pelinegro debido a la situación
–Como quieras, Moyashi –Y sí, complació al menor con tal de que lo dejara seguir en lo suyo.
Antes de que el otro pudiera reaccionar colocó su boca en el pálido pecho del ojigris, probándolo y dejando su marca de vez en cuanto, mientras su pareja solo emitía gemidos de placer que intentaban ser ahogados. Con una sonrisa maliciosa prosiguió y con su lengua rozó el pezón de Allen, acto seguido comenzó a lamerlo y succionarlo, también brindaba una que otra mordida a lo que el niñito respondía con un tirón de la oscura cabellera de Kanda y con más gemido que pugnaban por ser reprimidos. Cuando terminó su trabajo con el primer pezón dejándolo completamente erecto se detuvo y dirigió sus labios a los de su amante comenzando un beso bastante demandante, pero que le era correspondido de manera satisfactoria mientras sentía las manos del otro jugar con su propia cabellera. La falta de oxígeno los hizo separarse una vez más, pero un fino hilo de saliva continuaba uniéndolos hasta que el ojinegro formuló palabra
–Aquí no es necesario que reprimas tus gemidos, Moyashi. Te garantizo que nadie los escuchará salvo yo –se dirigió de nueva cuenta a los labios de su presa y continuó lo interrumpido. Le encantaba que la lengua del Moyashi peleara por la dominancia en el beso y justo cuando la estaba a punto de obtener lo cortó, dirigiendo su rostro de nueva cuenta al pecho de Allen
–Eres un maldito pervertido y un bastardo –apenas terminó de hablar porque su espadachín ya había comenzado su labor con el pezón pendiente, lo que le obligó a buscar algo a que aferrarse. Joder, esa boca realmente sabía lo que hacía.
Escuchar la respiración entrecortada del Moyashi acompañada de gemidos mientras recorría con su mano disponible el cuerpo bien formado de éste y con la otra continuaba brindando atención al pezón que no estaba en su boca, ya lo estaban llevando a su límite. La erección en su entrepierna comenzaba a joderle bastante, así que se apresuró en esa zona. Una vez hubo terminado, volvió a posarse en los labios del menor y aprovechó la distracción de éste para desabrochar los pantalones de Allen y comenzó a acariciar la dureza resguardada entre la ropa interior. Y ante aquel contacto el chico debajo de él no pudo evitar soltar un fuerte gemido a pesar de estar siendo besado, lo que solo provocó una sonrisa triunfadora en su rostro.
Continuando con su labor de brindarle placer al otro, comenzó a descender lentamente, dejando un rastro de saliva, hasta llegar al vientre de su presa, quien le proporcionaba una visión demasiado exquisita: un rostro sonrojado, aquella boca semiabierta mientras gemía tímidamente aún y una respiración bastante irregular que obligaba a su cuerpo a mecerse agitadamente. En un solo movimiento despojó al menor de aquella prenda molesta y sin tiempo que perder, comenzó a masturbar el miembro completamente endurecido del chiquillo, quien ante el contacto y los hábiles movimientos de Kanda no pudo contener más aquellos vergonzosos sonidos emitidos por su boca y simplemente los dejó escapar mientras se aferraba fuertemente a la superficie preparada por su amante. El japonés esbozó una sonrisa triunfadora y continuó con su trabajando. Cuando supo que el mocoso estaba a punto de correrse, se detuvo, obteniendo un gruñido por su decisión
–Che, parece que no soy el único pervertido aquí, Moyashi
–Maldito BaKanda…
–No te desesperes, Moyashi. Lo mejor está por venir
Y la expresión en el rostro del japonés no hizo más que provocarle un escalofrío al peliblanco. Su temor aumento cuando el mayor se despojó de sus pantalones junto con su ropa interior, dándole a Allen una visión de ensueño, que lo hizo sonrojarse aún más debido a los pensamientos tenidos, pero se olvidó de todo eso en cuanto Kanda lo obligó a separar las piernas y se colocó entre estas
–Ba-BaKanda ¿qué, qué demonios estás haciendo?
–Che, es mi turno de disfrutar, Moyashi
Pudo apreciar perfectamente como el menor se paralizó ante el comentario. Tsk, jodido niñito idiota. Se acercó a sus labios y los tomó sin más, logrando instantáneamente calmar la tensión del menor y no desperdició la oportunidad, pues mientras distraía al Brote de Habas con eso buscó la entrada del menor y metió su dedo índice en aquella cavidad. Ya quería cogerse al niñito, pero debía prepararlo antes, sino se ganaría un montón de reclamos por parte del chiquillo, pero sabía en el fondo que buscaba lastimarlo lo menos posible. Al instante el chico se retorció y mordió el labio inferior de su amante en señal de protesta hasta hacerlo sangrar, finalizando así el beso
–K-Kanda, eso duele –intentó en vano alejar al asiático de él
–Che, lo sé. Pero si no hago esto te dolerá más la follada enano –se limpió la sangre de la herida que ya no estaba y comenzó a acariciar suavemente el rostro del albino
Allen no podía hacer más que tragarse todas las molestias traídas por ese dedo en su interior moviéndose, hasta cierto punto, con delicadeza. Era tan incómodo, vergonzoso y doloroso, pero el tacto tan suave de Kanda en su rostro logró relajarlo sin embargo, el sentimiento de tranquilidad no duró mucho pues un segundo dedo ya se había infiltrado en él cuando todavía no se había acostumbrado al primero. Soltó un leve quejido e instantáneamente se mordió el labio inferior, apretando con más fuerza la superficie en la que yacía. Ese maldito samurái bastardo…
Por su parte, el pelinegro al ver la respuesta del enano al introducir un segundo dedo lo obligó a fruncir el ceño. ¿Tan molesto era? El mocoso realmente se quejaba demasiado y para calmarlo decidió volver a probar esos labios y distraerlo con el hábil movimiento de su mano disponible en el pene de su amante. Insertó un tercer dedo y comenzó a moverlo cuidadosamente lo que provocó que el otro se aferrara ahora a su espalda, acercando sus cuerpos, dando como resultado que su propio miembro rozara los pálidos muslos del menor, movimiento que le hizo estremecer por completo, logrando detener incluso los movimientos en el interior del chiquillo. Ya no podía esperar más, su paciencia y su cordura habían llegado a su límite.
Sin más tiempo que perder, sacó sus dedos del Moyashi y lo obligó a recostarse, observándolo fijamente por unos instantes. Tomó las piernas del menor y las colocó sobre sus hombros, teniendo así una mejor posición y vista de la entrada del peliblanco. El chico luchó unos instantes para intentar proteger su integridad física, pero Kanda no le dejó ganar y simplemente dirigió su miembro completamente erecto a la entrada del enano y lentamente comenzó a introducir la punta de éste. El otro se estremeció y buscó evitar el contacto, pero no se lo permitió, eso solamente lograba excitarlo más y siguió introduciendo su pene lentamente tratando de ser lo menos rudo posible con el peliblanco. Respiró profundamente y continuó introduciendo suavemente. Joder, era demasiado complicado, pues la estrechez y calidez le sentaban exquisitas a su desesperado miembro. Volvió a besarlo mientras continuaba tocando el pene del ojigris para aliviar un poco las molestias y distraerlo para introducirse en él de una buena vez, lo que ocasionó un fuerte tirón en su oscura cabellera y otra mordida, mucho más intensa que la anterior
–Maldita sea, Moyashi. Eres jodidamente estrecho –gruñó para evitar gemir desesperadamente. Eso definitivamente se sentía demasiado bien
–Vete a la chingada, BaKanda. Te juro que la próxima vez yo seré el que joda –habló entrecortadamente, limpiando constantemente las lágrimas que resbalaban por sus mejillas debido al dolor producido. Realete no entendía porque decían que eso era placentero
–Ni en mil años harás algo como eso, Mo-Moyashi…
Y completamente cegado por el placer y la lujuria, importándole un carajo si el otro ya se había acostumbrado a él, comenzó a embestirle lentamente, sin dejar de masturbar el miembro del otro. No podía negarlo, se sentía jodidamente bien y, sin querer, comenzó a aumentar el ritmo de las embestidas, casi saliendo por completo para entrar e intentar llegar más lejos, olvidándose prácticamente del ser debajo suyo, quien todavía no encontraba del todo lo satisfactorio de ese dolor tan brutal, estaba seguro que mañana no podría levantarse Tras unas cuantas embestidas de ese tipo, con un ritmo mucho más exigente, sintió como Kanda alcanzaba un punto en su interior que le obligó a soltar un gran gemido y a arquear su espada, invitando al japonés a llegar más y más profundo. Y para su dicha el otro lo complació, tocando ahora con cada embestida ese punto en su interior que le hacía gemir por más.
El único sonido que inundaba la habitación era el de sus cuerpos sudorosos chocando entre sí con cada embestida dada por el espadachín mientras los gemidos de ambos adornaban aquella peculiar melodía. Estando seguro que no aguantaría mucho tiempo más, como pudo, el inglés besó a Kanda de una manera completamente desesperada y éste le correspondió acariciando su blanca cabellera. Ese gesto tan dulce por parte del otro lo hizo correrse, esparciendo su semilla en el vientre de ambos. El pelinegro, por su parte, al sentir la cavidad del menor estrechándolo de una manera tan jodidamente placentera tras la venida de su amante, fue llevado al límite también y unas cuantas embestidas después se corrió por fin, en aquel lugar tan cálido, dejando escapar entre gemidos el mote del albino para después quedarse completamente inmóvil mientras cerraba los ojos.
Un tímido y fugaz beso de Allen lo hizo regresar a la realidad, posó una de sus manos en el rostro del otro y delineó cuidadosamente la cicatriz en la parte izquierda de su rostro mientras admiraba tranquilamente esas facciones tan andróginas; removió los cabellos blanquecinos que le impedían contemplar por completo el rostro y tras unos instantes se decidió a salir de la cavidad del menor, apreciando como su semen comenzaba a salir una vez estuvo completamente fuera de ésta. Agotado, se levantó, alcanzó una especie de cobertor y se lo aventó al Moyashi, para tirarse a su lado y poder descansar después de tan espectacular tanda de sexo. Allen simplemente se acurrucó a su lado y el japonés le devolvió el gesto posando uno de sus brazos en forma de abrazo. Antes de ofrecerse a Morfeo, besó la frente del peliblanco quien solamente se acurrucó más en él, intentando esconder el sonrojo recién adquirido.
Fin flashback.
Masculló el mote del dueño de la camisa que sostenía en su mano cuando se corrió después de haberse tocado pensando en aquella primera vez. Inspiró una última vez aquel aroma y dejó la camisa en la cama; de los bolsillos de su ropa buscó un pañuelo para limpiarse. Una vez hecho, se acomodó los pantalones y devolvió la camisa al lugar de donde la obtuvo. Regresó a la cama una vez más y se sentó, mirando fijamente el objeto ubicado en el mueblecito. Chasqueó la lengua y lo tomó. Se había propuesto terminar de leer esas jodidas líneas y no iba a cambiar de parecer ahora. Comenzó a pasar las páginas y llegó a donde se había quedado. Quiso pasar unas páginas más, pero su curiosidad sobre lo que el Moyashi escribió para aquella noche no se lo permitió
[…]
Casi ha pasado una semana desde "eso" y sigue doliendo, por lo menos ya puedo caminar normalmente, pero aun así es molesto. Juro que haré que Yû page por esto… Aunque no lo negaré, no fue tan malo como pensé. Definitivamente él fue amable, lo pude notar, obviamente muy a su manera, pero lo fue. Es increíble que sea lo primero que escribo después del tiempo en que no he escrito aquí. Supongo que era inevitable, quiera o no ese suceso fue importante para mí, digo, es la primera vez que dejo que alguien me posea o algo así, la verdad no sé cómo escribirlo sin que suene muy pervertido…
–Moyashi idiota, por lo menos me alegra saber que hayas podido percibir eso en lo que soy tan malo para transmitir –se sentía bastante conforme con lo leído y esbozó algo parecido a una sonrisa mientras imaginaba la cara sonrojada del mocoso al escribir aquellas líneas. Volvió a hojear la libreta saltándose algunas páginas y reanudó su lectura
[…]
Últimamente las cosas en la Orden se han vuelto bastante problemáticas. Cada vez hay más personas traídas por Central y los exorcistas tenemos misiones por montones. No es que esto último me desagrade, todo lo contrario. No hay cosa que me haga más feliz que salvar las pobres almas de los akuma, además de estar con Yû, pero esto solo significa que el Conde está preparando el escenario para mostrar su acto final y quiere decir que Neah se acerca también, aunque no he sentido nada fuera de lo común con respecto a las memorias del Noé que habitan en mí. De cualquier manera, confío en que Kanda cumpla con la petición que le hice, eso me hace sentir estúpidamente seguro y tranquilo. Quizás excedí la confianza que tenemos el uno con el otro, pero no me importa. Se lo merece por ser tan bastardo, además siento que eso lo haría feliz. Es tonto pero estoy completamente seguro que se quedó con las ganas de rebanarme con Mugen aquella vez cuando llegué a la Orden, en nuestra misión en Mater y prácticamente en las demás misiones que nos ha tocado asistir juntos…
[…]
Qué bueno que Link tenía asuntos pendientes con Lvellie. Neah apareció y unos sujetos raros llamados Terceros también; además, hoy el bastardo de Kanda se encargó de destrozar mi corazón, por llamarlo de alguna manera.
Comenzaré por los Terceros. Hace un par de días regresé de una misión en Londres que nos dio un nuevo exorcista, aunque es solo un niño… En fin, ver a una sola persona terminar con un nivel 4 es extraño y si a eso le sumamos que mi inocencia se activó por sí misma y también mi ojo maldito cuando choqué con esas personas es mucho más extraño. Hasta donde yo sé, y lo que me dijo Marie el otro día, las únicas maneras para destruir un akuma es por medio de una inocencia, la autodestrucción y el canibalismo (las últimas dos son terribles, así no se puede salvar el alma del pobre akuma…) Los Terceros, recuerdo que dijeron que fueron creados y son mitad akuma, entonces eso quiere decir que la forma en la que eliminan a los akuma es a través del canibalismo. Demonios. Esos chicos luces tan tranquilos después de lo que les hicieron, convertirlos en mitad akuma solo para tener nuevos soldados y preparanos para la guerra contra el Conde es demasiado…
Dejando ese tema tan triste de lado, está el despertar del Catorceavo. Simplemente no puedo creer que ya comenzó, que Crown Clown me dañara al tratar de eliminar al nivel 4 en Londres no puedo asimilarlo, eso solo indica que mi final está comenzando a acercarse y aunque sé que jamás se lo diré a alguien para evitar preocuparlos lo escribiré aquí. Tengo miedo por lo que viene. Si lo que dijo mi estúpido maestro es cierto, entonces las memorias del catorceavo ahora sí comenzarán a eliminarme y… No, eso no sucederá, Yû me prometió que cuando llegara el momento el terminaría con mi vida y como ya mencioné hace que me sienta tranquilo, pero por otra lado me duele.
Sé que es bastante tonto y masoquista, pero no quiero que esto con tengo con Kanda termine, y lo es más porque después de esta misión él está evitándome todo el tiempo y si permite que nos veamos solamente es para tener sexo y ya. Aquellos mínimos gestos o detalles insignificantes que me habían hecho pensar que le importaba simplemente se han esfumado, no puedo evitarlo soy un niñito estúpido con complejo de mártir. Me he convertido es su ramera personal y lo peor es que no me importa demasiado si puedo permanecer a su lado. Duele y duele mucho su actitud, pero todo es mi culpa por haber permitido hacer crecer la tonta ilusión de que le importaba, de que me quería a su manera, de que esto continuaría, no diré que para siempre, pero sí durante un buen rato. Maldición estoy comenzando a llorar y eso que todavía no llegó a la peor parte.
Antes de escribir lo que pasó aclararé que se nos hizo costumbre después de una noche de sexo quedarnos hasta la mañana siguiente en la habitación de quien tocara, y siento que esto Kanda(creo que ya no podré llamarlo Yû) lo hacía por mí, menuda estupidez … En fin, hoy en la mañana después de una noche de sexo en mi habitación, la actitud que ha tenido Kanda conmigo me llegó de golpe y sin querer formulé una pregunta que no debí haber hecho para evitar comprobar todo lo que siempre sospeché poco antes de comenzar a escribir este diario
–Oye Kanda
–Che, ¿qué quieres Moyashi?
–Pues…
–Habla de una jodida vez que ya es hora de que me vaya
–S-sí, ¿crees que podremos permanecer así por siempre, Kanda?
–¿Qué tipo de pregunta es esa?
–Yo… Bueno, quiero decir que si podremos prolongar esta relación por…
–Che, no sé si tu lento cerebro lo recuerda, pero te dije que no podría morir hasta encontrar a esa persona. Y cuando encuentre a esa persona me voy a largar de esta maldita Organización y te voy a dejar sin más, así que no tiene sentido que pienses en esas cosas tan estúpidas
–Claro, Kanda. Entiendo perfectamente. Disculpame por hacer esa pregunta tan tonta –Arrastré las palabras con dificultad, sintiendo como me destrozaba por dentro mientras esbocé aquella sonrisa falsa que siempre me sacaba de cualquier situación problemática
–Tsk, quita esa puta cara, me molesta –me respondió de una manera tan cruel y fría, pero no pude hacerle caso porque si lo hacía las lágrimas que ya escocían mis ojos comenzarían a recorrer mis mejillas. Tenía que esperar a que me dejara solo para poder terminar de romperme. Afortunadamente pronto se retiró de mi lado y se vistió para salir de la habitación sin más, antes de salir clavó su arrogante miranda en mí y por supuesto esa vez no pude mantener la mirada, instantes después escuché la puerta cerrarse y simplemente dejé a las lágrimas recorrer mi rostro y me hice un ovillo en la cama, abrazando fuertemente mis piernas.
No después de mucho tiempo comencé a reír tímidamente hasta que mi voz se tornó en poderosas carcajadas mientras las lágrimas continuaban fluyendo y hay que admitir que es gracioso lo que me pasó. ¿Cómo pude siquiera pensar que ese maldito bastardo malhumorado estaría a mi lado? ¿Cómo pude siquiera pensar que yo era alguien importante en su vida? Era completamente visible que él jamás podría querer a alguien y mucho menos a alguien maldito, estúpido y mártir como yo, que a él lo único que le importa es encontrar a esa persona que lo ha mantenido con vida y que le ha orillado a permanecer en la Orden, que él lo único que busca es su propio beneficio y satisfacción sin importarle lo que le pase a los demás.
Agradezco que tenga una misión en unos cuantos minutos para poder olvidarme de todo esto que ha ocurrido en el transcurso de tan solo una semana y media, a pesar de que mi acompañante será un Tercero.
–Moyashi, yo, no fue mi intención decirte eso, pero saber que los malditos bastardos de Central habían reanudado sus experimentos me fastidió. Jamás podré perdonarlos por lo que me hicieron y mucho menos por lo que le hicieron a Alma… Y ahora a ti –apretó sus puños con fuerza y soltó un golpe a la cama. Suspiró un par de veces para calmarse, debía hacerlo para continuar su lectura.
Desde que nació prácticamente odió la Orden. Fue forzado a sincronizarse con una Inocencia que utilizó en su vida pasada, fue acorralado hasta el punto donde tuvo que matar al único amigo que tuvo por culpa de los recuerdos de su vida anterior, fue utilizado como un peón para destruir a los akuma y los Noah, se vio obligado a cumplir las asquerosas órdenes mandadas desde el Vaticano y saber que Alma estuvo vivo durante esos 9 años solo para volver a convertirse en una herramienta sencillamente coronó todo el desprecio y aberración sentida a esa institución. Volvió a posar su oscura mirada en lo que parecía ser el final de aquellas páginas y notó algo extraño. Éstas tenían rastros de sangre y se encontraban bastante arrugadas. Chasqueó la lengua por enésima vez y comenzó a leer
Es hora de que nos despidamos, ésta será la última vez que escriba y al final no pude escribir todo lo que quise. En fin, debo de aprovechar toda la confusión y revuelo creado por mi desaparición, el ataque del apócrifo y la aparición de Tyki y Road para así cerrar este episodio de mi vida en la Orden y mi episodio con el exorcista más imbécil, bastardo, amargado, antisocial y demás que he conocido: Kanda Yû. Joder, mi inocencia me está matando, pero no es momento para quejarse por eso. Al menos sé que en esta habitación que Kanda y yo comenzamos a utilizar después de esa primera vez estaré tranquilo hasta que termine de escribir el último evento que me marcó mi relación con Kanda.
El incidente de la Rama norteamericana… Eso solo me hace recordar que soy un idiota con complejos de mártir. ¿Por qué? ¿Por qué actué de esa manera tan irresponsable y fuera de lógica? Sencillo (bueno, después de estar encerrado durante tanto tiempo pensado en el asunto, aprisionado, siendo tratado de lo peor pude encontrar la respuesta), solamente buscaba la felicidad de Kanda porque supe casi desde el momento en el que iniciamos aquella especie de relación que nunca podría hacerlo feliz. Además yo solo llegue a su vida como un extra. Él siempre tuvo a Alma Karma. Alma…Que destino tan cruel el que le tocó vivir a él /ella y a Kanda, solo espero que ambos hayan podido ser felices después de mandarlos a Mater. Necesité ver el horrible pasado de Kanda para comprender de una buena vez que jamás podría alcanzar a alguien como él y mucho menos entenderlo.
Todo fue una ilusión, una cruel y hermosa ilusión. Pero ¿sabes? no me importa, yo fui feliz a su lado y como pago por esa felicidad decidí que por lo menos debía se la persona que provocara que el pudiera disfrutar su vida a lado de la persona que estuvo buscando durante todo este tiempo, no importando que fue él quien despertó al Catorceavo en su ataque de ira contra el pobre de Alma, el cual lo único que quería era terminar con el sufrimiento de Kanda.
Ya no puedo ver la Orden de la mima manera ahora, ésta puede llegar a ser muy cruel y no lo digo por mí, lo digo por todos os que han sufrido innecesariamente por ser apóstoles de Dios: Alma, Kanda, Lenalee, Marie, Suman, los Terceros; y por eso mismo he decidido que lo mejor es abandonarla, bueno, no es como que pudiera quedarme ¿o sí? Además los vínculos que me quedan con los miembros de la Orden son por los que me es menester irme, no quiero que Neah los mate además, Kanda ya no está. Lo siento por Lenalee… Ella siempre fue tan amable conmigo. Ah, no debió ir a buscarme y no debió tratar de detenerme cuando abrí la puerta del Arca, eso solo la lastimó a ella.
Y Kanda… su rostro mostrándome por fin una expresión tan sincera de agradecimiento fue suficiente para mí, para comprobar que ayudarlo fue lo mejor. Me alegro de haber abierto esa puerta para él, me alegro de haberlo dejado ir para que pudiera ser feliz, me alegro que por fin me haya llamado por mi nombre aunque fuera una despedida, me alegro de tener la Inocencia en mi brazo izquierdo, me alegro que Mana me haya maldecido y me permitiera ver el alma de los akuma en pena, me alegro de haber conocido a mi estúpido maestro, me alegro de haber llegado a la Orden, me alegro de haber hecho amigos, me alegro de haber conocido a Yû y enamorarme de él… Maldición, las lágrimas ya empezaron a salir…
Supongo que ya es hora de que me despida de todos los buenos y malos recuerdos que me dio la Orden para dejarlos atrás y continuar caminando, siendo un exorcista, amando a los akuma y a los humanos por igual para darle un sentido a la muerte de Mana. Ya encontraré una manera de derrotar al Conde y controlar las memorias del Catorceavo, así que me despido de ti, diario. Lo mejor que puedo hacer es dejarte aquí, con las personas donde todo comenzó y terminó, en este lugar tan especial donde voy a volver a empezar.
Demonios, duele y mucho todo esto, no estoy seguro de poder lograrlo, pero no me daré por vencido, se lo debo a todos aquellos que ya no están conmigo. Se lo debo a Kanda, estoy seguro que si me hubiera visto encerrado en el calabozo tan deprimido y sin querer comer me hubiera dado una paliza para hacerme entrar en razón y bueno, así fue solo que pude reaccionar ahora, aunque la paliza no me la dio Kanda sino ese apócrifo…
En fin, no debe importar nada, aunque me esté destrozando y desmoronando lentamente debo continuar caminando.
–Con un carajo, Moyashi –bufó las palabras sin algún sentimiento que describiera lo que pasaba por su cabeza –definitivamente tengo que encontrarte para darte la paliza de tu vida y después besarte como nadie en la vida lo ha hecho. Después de todo solo así vas a entrar en razón y entender de una vez por todas que jamás fuiste mi ramera personal ni nada parecido. También tengo que agradecerte lo que hiciste por Alma. Tengo que estar a tu lado para matarte, te lo debo, por mí culpa tuviste que huir y además desperté al Noé, solo así cesará tu sufrimiento y solo así podre morir sin culpa alguna. Nada me haría más feliz que morir instantes después de tu muerte.
Se levantó con una sonrisa en su rostro y entonces se dio cuenta que una lágrima había osado recorrer su rostro, o sí, pasaría tiempo de calidad con Lenalee una vez cumplirá con su misión por semejante comportamiento tan antinatural, no, no era una misión, era un deseo. Su deseo de volver a tener a ese enano peliblanco entre sus manos y disculparse con él así como agradecerle por todo lo que hizo. Tomó el diario entre sus manos y se dirigió a su habitación tan rápido como pudo, debía encontrar una forma de llegar hasta el Moyashi y esa oportunidad surgió cuando caminaba por el pasillo y escuchó accidentalmente un comentario del jefe de la Sección científica, Reever
–Johnny, espero que ese chico no se meta en demasiados problemas. Estoy prácticamente seguro que intentará buscar a Allen…
Lo tenía, debía de ir con ese científico para llegar al Moyashi. Llegó a su habitación y cambió su ropa por el uniforme de exorcista. Chasqueó la lengua una vez estuvo listo, buscó con la mirada a Mugen y la cargó consigo, así como el diario del mocoso. Antes de salir tomó su gabardina y se dispuso a buscar al único ser en ese sitio en el que podía confiar y quien estaría dispuesto a ayudarle: Lenalee. Comenzó a pensar en los posibles lugares donde la china se podría encontrar y la encontró saliendo del comedor, con una charola llena de tazas de café. Se acercó a ella y le ayudó con su carga mientras le contaba su plan para encontrar al Moyashi ayudando a Johnny
–K-Kanda ¿estás seguro de lo que acabas de decir? –la chica detuvo sus movimientos de manera abrupta cuando su acompañante terminó de hablar
–Che, por supuesto. ¿Me vas a ayudar o no? –cuestionó al sentirse un poco desesperado
–Yo… Espérame aquí, iré a la oficina de mi hermano por la información que me pides. Y gracias por ayudarme –agradeció la chica, tomando de nuevo las tazas de café para los miembros de la sección científica
–Che –fue lo único que artículo en señal de asentimiento ante las palabras de la china
Apreció a la muchacha desaparecer en el pasillo al dar la vuelta y entonces se quedó solo. Se recargo en la pared y cruzó los brazos, cerrando sus ojos ¿qué estaría haciendo el Moyashi en esos instantes? ¿El Noé ya habría consumido al ser que quería? ¿Dónde carajos se encontraría? Todas sus interrogantes se vieron interrumpidas por el sonido de unos pasos a la distancia. Abrió los ojos y esperó a que Lenalee llegara. La peliverde se encontraba un poco agitada, pues había corrido desde la oficina de su hermano y lo único que ésta hizo fue entregarle una hoja de papel un poco arrugada
–Ten, aquí está lo que necesitas, Kanda, pero ¿por qué haces esto? –interrogó, ya con la respiración normal
–Hmp, digamos que se lo debo al Moyashi –fue lo único articulado por sus labios. LA china lo miró con ternura
–Por lo menos prométeme que no vas a hacer ninguna tontería o imprudencia –comentó en un suspiro, mirándolo con los ojos vidriosos
–Che, ¿quién te crees que soy? –ante la respuesta, la mujer dibujó una sonrisa en sus labios, conteniendo aún las lágrimas que peleaban por salir
–Cuídate mucho. Y es mejor que partas ya, ganaré todo el tiempo que pueda… –le ordenó con un hilo de voz y las lágrimas comenzaron a fluir
–Gracias, Lenalee –Y abrazó a la china porque sería la única manera de compensar todo el tiempo de calidad que se había ganado por su comportamiento tan antinatural. Incluso le permitió llorar sobre su hombro. A los instantes la apartó con suavidad y emprendió su camino.
Salió del edificio que era la nueva sede de Black Order y se dirigió lo más pronto posible a la estación de trenes para salvar al científico de su destino y obligarlo a cooperar con él para encontrar a ese niñato peliblanco. Tenía una sola idea en la mente y nada ni nadie le impediría que la cumpliera. Su objetivo, no su deseo era ver al peliblanco una vez más
–Más vale que estés preparado, Moyashi. Cuando te encuentre habrás deseado llevarte tu libretita contigo –Y en un rápido movimiento desapareció entre la multitud de gente que paseaba tranquilamente por las calles de Londres, con una sonrisa dibujada en sus facciones.
Notas de la autora~
Antes que nada, si hay algún error me disculpo. Ya no me dio tiempo de darle una última revisada...
Bueno, queridos lectores les traigo el final de esta cosa rara. Espero que les haya gustado. Ya saben, cualquier cosa que deseen decirme utilicen un review, no importa si son jitomatazos o crítica constructiva, todos sus comentarios los aprecio por igual.
Siento que tenía algo más que decirles, pero debo de terminar esto pronto porque no tarda en salir mi madre a cortarme el internet
Gracias a todos por leer
Nos leemos pronto
Abrazos virtuales~
Mabo-san~
