¡Muy, muy buenas!
Como de momento tengo un par de capítulos más avanzados voy a aprovechar para ir subiéndolos cada día o cada dos días para poder ver también si os gusta por dónde va o no. Entiendo que no he empezado especialmente fuerte, de verdad que soy consciente de ello:( ¡pero todo irá mejorando poco a poco!
También soy consciente de que este capítulo es más corto, pero es un breve recuerdo que como imaginaréis acabará siendo importante a tener en cuenta (jojojoj).
Decir también *carraspea* que la cursiva la uso o para pensamientos de los personajes O BIEN para estas súper notas, que igual ya lo sabéis y estoy aquí haciendo el tonto pero a tope con la buena intención :D
Creo que no tengo mucho más que decir... espero que todo os vaya encajando y vaya cobrando sentido, ¡espero que os guste! *corazón corazón*
Recuerdo
Otro día, otra semana. Se dispuso a dormir después de haber estado reflexionando todo lo que estaba haciendo y todo lo que tendría que seguir cambiando si quería seguir adelante con la cabeza bien alta, -al menos, seguir vivo- pero entonces una espina salida del fondo de la nada le rompió los esquemas. Intentó seguir con lo suyo pero el recuerdo irrumpía una y otra vez en su cavidad craneal, obligándole a ceder.
Era navidad, tendrían entre once y doce años y su relación se alejaba de la normalidad, no tan violenta como después se tornó, pero era bastante hostil. Se encontraron por la calle, era tarde e Izuku se sorprendió al verle, estaba empapado, no sabía por qué pero le vio y su imperiosa necesidad de ofrecer ayuda salió a la superficie. Acercándose a él con un saludo algo forzado llegó a alcanzarle mientras sacaba de su mochila un jersey navideño -con ciervos y copitos de nieve bordados de manera aleatoria- no demasiado bonito, pero idóneo para poder cubrirle con éste y evitar así que su compañero pasase más frío. El contrario le gruñó, pero se dejó ayudar ya que la gélida temperatura había calado en sus huesos, el ojijade le sonrió con ternura, a lo que no supo cómo responderle, entrando en nervios y girando la cabeza bruscamente.
̶ No hacía falta. -masculló a la vez que se separaba del muchacho, se daba la vuelta y se iba dando un rodeo.-
El de cabellos verdes se quedó pasmado en el sitio, de nada… respondió para sí mismo, leyendo las palabras del rubio cenizo y entendiendo el agradecimiento no deseado que le estaba brindando. Algo así como una felicidad muy familiar le llenó el pecho, dibujando el rostro del muchacho en su imaginación mientras volvía a casa, ruborizándose lentamente sin darse cuenta e ignorando las múltiples preguntas que se hacía al recordarle.
La mañana siguiente tampoco carecía de interés, el chico caracterizado por su difícil temperamento y gran desapego por el mundo que le rodeaba apareció en cuanto Izuku abrió la puerta de casa para dirigirse al centro escolar. Como no podía ser de otra manera, se quedó paralizado, ¿podía alguien explicarle, por favor, sólo un poco, por qué estaba Katsuki Bakugou en la puerta de su casa? ¿a esas horas? No, nadie podía, tenía que ser realista y enfrentarse a lo que se le vendría encima. El de ojos rubíes alzó la mirada, se encontró con la suya y acto seguido la apartó, con una mueca de desagrado.
̶ Eres un estúpido y no te pedí ayuda en ningún momento. -se irguió amenazante- Hice explotar el jersey en llegar a casa. -se quitó la mochila y la sujetó con una mano, mientras con la otra rebuscaba algo en su interior, lo agarraba y se lo lanzaba al peliverde con agresividad- Esto es como compensación, y sólo porque me han obligado.
Seguidamente se fue sin decir nada más ni esperar una reacción del otro chico. Izuku estaba perplejo, no entendía, pero al menos tampoco había tenido que enfrentarse a nada. No le sorprendían sus palabras, tampoco que explotase algo que le había ofrecido como ayuda o que hubiese podido tener un valor sentimental. Se dio cuenta de la especie de paquete mal envuelto y estropeado que milagrosamente había conseguido coger al vuelo, lo observó detenidamente y lo abrió. Pero… ¿y esto?, si antes estaba perdido ahora lo habían tirado en medio del Pacífico; se trataba de un peluche del gran héroe All Might, y no era un peluche cualquiera, era el peluche de la infancia de Bakugou.
Ese recuerdo no le estaba dejando pegar ojo, el momento en el que vio posible acercarse algo más al rubio cenizo, poder darle más de él, ser como habían sido hasta poco después de la aparición del don de Katsuki. Sintió muchas cosas en ese instante, y podría decir que sintió todo lo que esperó no sentir, echando a rabiar consigo mismo. Ahora la situación había empeorado, no por abuso físico, porque eso ya lo soportó durante toda la secundaria, sino por el psicológico, por el que menos puede verse. Aquello le disgustaba a niveles desconocidos, tenía que poner un punto y final, dejar a un lado todo lo que sentía para conseguir lo que más bien le haría, al fin y al cabo después de tantos años si el rubio no cambiaba, ya lo haría él. Había trabajado, llorado, sufrido, sangrado… tantas cosas… que ahora nadie, ni el mismísimo Bakugou podría pararlo. Y con ese último pensamiento, por fin logró quedarse en paz.
A la mañana siguiente pudo despertarse sin problemas, pese a la noche mentalmente movida que pasó había logrado descansar y relajarse, empezando el día con un optimismo distintivo. Desayunó junto a su madre, se preparó la mochila, la bolsa con la fiambrera y salió por la puerta con una sonrisa y una despedida cariñosa para la mujer. Llegó a UA como de costumbre -de los primeros- y se sentó en el pupitre, sacó su cuaderno chamuscado con las notas sobre los distintos héroes y se puso a repasar en lo que esperaba al resto de sus compañeros. El día transcurrió sin más problemas, las tres primeras clases se pasaron volando, quizás porque había estado invirtiendo el tiempo en pensar si su nueva actitud frente a Bakugou estaba dando sus frutos, llevaba casi dos semanas evitándole u obligando al otro a hacerlo después de recrearse en su "Kacchan" -ahora burlón-, en su falta de miradas al mayor… pero eso prefería no contarlo; todo fue bien, hasta que llegó la hora de comer y se dirigió a su taquilla, a por la bolsa con la fiambrera. A partir de aquí su mente se bloqueó y sólo pudo obedecer.
QUEMEPEGOUNTIRO. De verdad, no sé si es que hace falta un máster para utilizar esta página pero POR QUÉ. POR QUÉ TODO TAN MAL. Ojalá esta vez sea la última que lo resubo, me ha dado hasta vergüenza que os lo hayáis encontrado como estaba:(, van a hacer que me vaya a wattpad... pero intentaré resistir un poco más aquí.
Voy a hacer muchas respiraciones y ¡nos vemos en el próximo capítulo!
