Disclaimers: Los personajes aquí presentes no me pertenecen, son propiedad de Craig Bartlett.
Andromeda1234 Gracias, la verdad es que soy muy perfeccionista cuando escribo, hago lo mejor que puedo; ya me habían dicho antes que soy buena escritora, pero nunca habían usado la palabra "increíble" para definir mi escritura, te lo agradezco. Me alegro de que te agrade mi idea principal de sostenerme de lo poco que llegó a divulgar Craig sobre el proyecto, y no te preocupes, en mi perfil dice claramente que no pienso abandonar ninguna de mis historias, escribir es un placer para mi, es algo que amo hacer, así que pierde cuidado.
Les agradezco a todos sus Reviews. Espero que este capitulo sea de su agrado también.
Capitulo 2:El Primer día de Clases.
-¿Lo ves? ¡No hay ningunas locutoras!- decía Phil, quien reprendía a la abuela Gertie por el comentario tan loco que había hecho sobre el paquete hace unos momentos.
-¿Quien dice que en el viaje no harán una excursión a las locutoras?- le contesto Gertie desafiantemente pero un tanto indignada, cruzándose de brazos.
-¡Arnold! Dile a tu abuela que no habrá ninguna excursión a las locutoras. ¡Díselo!- le decía Phil a Arnold, quien parecía no escuchar aquella conversación que se efectuaba justo frente a sus ojos, ya que seguía sometido en sus pensamientos.- ¡Arnold! ¡Arnold!- le llamaba Phil, pero el rubio seguía sin responder lo cual comenzó a preocupar al anciano- ¡Arnold! Arnold…- decía este ya mas preocupado moviendo su mano energéticamente frente a los ojos del chico.
-Kimba…- expreso la anciana descruzando sus brazos y agachándose a la altura del chico para poder verlo mejor. Estaba preocupada ante la inmovilidad de su nieto, tanto que seria capaz de actuar "normal" con tal de que este reaccionara.
-Lo siento… ¿Qué decían?- dijo Arnold luego de sacudir su cabeza levemente para despejar sus pensamientos.
-Nada importante, chaparrito- le dijo Phil un poco mas sereno ya que su nieto al fin había reaccionado, pero se preguntaba que era lo que había ocasionado que el cerebro del rubio se desconectara del resto del mundo esa mañana.
-Será mejor que vuelva a acomodar las cosas dentro la caja, ya que según la alcaldesa debo llevarla a la escuela- dijo Arnold después de un suspiro, cambiando el tema.
-Nosotros nos encargaremos de eso, chaparrito. ¿Cierto, Pookie?- dijo Phil dirigiéndole una sonrisa a la anciana que se encontraba parada junto a el, esta no contesto.-Tu termina tu desayuno- menciono Phil esta vez dirigiéndose al rubio.
-Pero…- Arnold estaba a punto de protestar ya que el mismo quería encargarse del paquete.
-¡Nada de peros! Nosotros nos encargaremos. Ya tengo todo lo necesario.- dijo Phil sacando una cinta adhesiva del bolsillo trasero de su pantalón color caqui.
-¿Por qué cargas una cinta adhesiva?- le pregunto Arnold curioso señalando el objeto.
-Por precaución- dijo Phil inflando el pecho y sosteniendo los tirantes que salían y volvían a entrar en su pantalón rodeando su playera por encima de los hombros, con ayuda de sus pulgares, presumiendo su osadía.
-¿Precaución? ¿De que?- pregunto Arnold sin comprender aquello, esto hizo que el anciano dejara su pose de presunción, encorvando su espalda y soltando sus tirantes.
-¡Santo fettuccini, Arnold! ¿Cómo que de que?- decía Phil, como si la respuesta a la pregunta del chico fuera de lo mas obvia, Arnold solo miro a su abuelo con los ojos entrecerrados, el anciano al comprender la mirada que le dirigía el chico, suspiro para luego responderle –De tu abuela. Hay que tomar ciertas precauciones cuando se convive con ella sin ningún agente de Control Animal cerca.- dijo Phil con una sonrisa, que denotaba picardía.
-¡Abuelo!- le reprendió Arnold.
-Es la verdad, chaparrito- se excuso Phil para después posarse junto con la anciana dispuesto a empacar la caja de nuevo, el chico solo les dirigió una mirada y sonrío, luego tomo su tenedor y comenzó a devorar los hotcakes que se encontraban frente a el.
Una vez que Arnold termino con su desayuno, y que sus abuelos habían terminado de reacomodar y sellar el paquete, el chico tomo sus cosas, se despidió de su familia y se dirigió a la parada del autobús con una sonrisa. En cuanto llego a la parada del autobús, este no se hizo esperar, había llegado muy puntual aquel día.
-Buenos días, Murray.- saludo Arnold con una sonrisa al conductor del autobús.
-No hable con el conductor mientras el transporte este en movimiento.- dijo Murray mientras echaba a andar el camión de nuevo.
-¡Arnold!- el rubio podría reconocer esa voz donde fuera.
-¡Gerald!- le saludo Arnold de vuelta con el mismo entusiasmo con el que el moreno lo había hecho.
-¡Vaya, viejo! ¿Qué traes ahí?- dijo el moreno curioso refiriéndose a la caja que su amigo sostenía en las manos, mientras este se sentaba a su lado.
-Un paquete, Gerald- le contesto el rubio con una sonrisa al momento que dejaba la caja a un lado en el asiento.
-Eso ya lo note. Me refería al interior de la caja- le contesto el moreno.
-Ahora entiendo. Para la próxima sé mas específico desde un principio Gerald, si no ¿Cómo esperas tener una buena comunicación con el resto de la humanidad?- le contesto el rubio tratando de alargar su respuesta.
-Si, si, pondré más cuidado en mis palabras- decía Gerald sin prestar mucha importancia al anterior comentario de su amigo –Aun no me has contestado- le sentencio el moreno.
-Bueno, Gerald, te enteraras muy pronto de lo que hay en el interior de esta caja- le contesto el rubio mientras observaba el objeto con una sonrisa y le daba unas palmaditas en la parte superior, como si se tratase de una mascota, Gerald solo enarco una ceja, estaba a punto de hacer un comentario sobre la respuesta tan indiferente que había obtenido de su mejor amigo, pero la actividad del transporte en el que iba capto su atención, Murray había detenido el camión por doceava vez esa mañana, para recoger al último estudiante, se escucharon los pasos de este arribando al autobús y todos dirigieron su mirada a las puertas del transporte, eran miradas que transmitían nerviosismo de unos y preocupación por parte de otros, todos sabían quien estaba subiendo al autobús.
-¡Hola, Helga!- se escucho decir desde el fondo del camión, en cuanto una chica rubia, la última que recogería el transporte ese día para luego dirigirse a su destino final, terminaba de arribar el autobús. La rubia se giro sobre su eje buscando a su amiga con la mirada, en cuanto la vio esta le dirigía una amplia sonrisa mientras agitaba su mano en alto indicándole que se acercara y tomara asiento junto a ella; pero la pronunciación de aquel nombre no solo había captado la atención de la dueña de este, si no que cierto chico rubio, al escuchar aquel nombre pronunciado por la pelinegra había alejado su mirada de una caja que tenia a su lado para posarla en la rubia.
Arnold sintió un nudo en el estomago apretando sus intestinos con fuerza, en cuanto la rubia paso por su lado y sus miradas se encontraron por escasos segundos, y a diferencia de Arnold, la chica ni se inmuto, no le había dado importancia, aquel encuentro de los ojos verdes de el con los azules de ella no le había afectado en absoluto, o al menos eso creía el, pero en verdad aquel intercambio de miradas le había afectado mas de lo que su rostro podría demostrar, era imposible para el rostro humano transmitir lo que la chica había sentido en su interior en esos momentos, pero ella decidió dar por muerto aquel sentimiento y continuar su camino hacia el fondo del autobús, y así lo hizo hasta que llego hasta donde su amiga.
-¿Qué hay, Phebs?- pregunto la rubia sentándose a lado de la oriental con los libros, que había transportado bajo el brazo hasta ese momento, sobre sus piernas.
-¡Buenos días, Helga!- le saludo la pelinegra con una amplia sonrisa, esta también reposaba sus cuadernos en sus piernas. –No… parecen tan buenos. ¿Te sucede algo?- le pregunto Phoebe al percatarse de la tristeza y nerviosismo que Helga sentía en esos momentos, no era que fuera muy evidente o explicita, pero después de tantos años de amistad Phoebe había aprendido a interpretar los sentimientos de Helga mas allá de lo que transmitía con sus expresiones y lenguaje físico.
-Estoy bien, Phoebe- le dijo la rubia intentando que su amiga no se preocupara y diera el tema por concluido, pero en esto ultimo no tuvo mucho éxito.
-¿Tiene algo que ver con "mantecado"?- le pregunto la pelinegra bajando la voz varios decíveles para que nadie mas que Helga pudiera escucharla. La rubia alzó la mirada y recorrió el interior del autobús con ella, hasta que sus ojos fueron capaces de observar la rubia melena del chico de sus sueños.
-Si- contesto finalmente la rubia, bajando la mirada, desistiendo de admirar la cabellera dorada de aquel chico. En cuanto sintió una mirada escrutadora proveniente de su amiga se apresuro a despejar su preocupación –Tranquila, Phoebe, estoy bien. ¡Te lo juro!- le dijo la rubia calmando sus nervios con una sonrisa, la pelinegra le devolvió el gesto y decidió cambiar de tema, y así continuaron el resto del trayecto hasta que llegaron a su destino.
Todos se encontraban ya dentro del salón de clases y platicaban entre ellos acerca de cómo habían transcurrido las vacaciones de verano después del escándalo con Industrias Futuro, en eso escucharon la puerta abrirse y todos tomaron asiento, curiosamente todos habían decidido optar por el mismo modo en que se habían sentado el año anterior a pesar de que el salón no era el mismo. Todos se sorprendieron cuando vieron al Sr. Simmons entrar al salón, exceptuando a unos cuantos chicos que ya tenían la ligera sospecha de que el Sr. Simmons seguiría siendo su profesor debido a la tarea de verano.
-¡Muy buenos días, niños! Hoy es un día muy especial. ¿Saben por que?- pregunto el Sr. Simmons ya una vez frente a la clase con una amplia sonrisa y con las manos entrelazadas.
-Porque… ¿es el primer día de clases?- respondió Sid dudando de su respuesta, el se imaginaba que esa seria la única razón por la que aquel día pudiera considerarse "especial", pero con el Sr. Simmons nunca se sabia ya que para el todo era "especial", y le fascinaba usar aquella palabra: "especial".
-¡Muy bien, Sid! Esa es exactamente la razón. Hoy comienza un ciclo muy "especial" en su vida. ¿Y saben quien será su guía en este año tan "especial"?- pregunto el Sr. Simmons quien todavía mantenía aquella sonrisa amplia dibujada en su rostro.
-Déjeme adivinar…- dijo Helga sin ganas, rodando los ojos con fastidio; para ella esa pregunta era demasiado estúpida y sencilla –acaso será… ¿La Sra. Vitelio?- pregunto Helga sarcásticamente, decidida a empezar con su rutina de sarcasmos diarios. El profesor pudo notar el sarcasmo en la respuesta de Helga, pero no le dio demasiada importancia, la verdad era que el Sr. Simmons apreciaba mucho a Helga en todo lo que esta significaba y representaba, el la admiraba por su manera de escribir, tan natural, sin trabas, el trabajo de un profesional realizado por una niña de 9 años, o así lo veía el; por esas razones le permitía dirigirse a el de esa manera, además de que el Sr. Simmons era una persona muy comprensiva, sobre todo con Helga ya que la conocía a la perfección gracias a sus trabajos literarios.
-No, Helga, pero gracias por tu esfuerzo. ¡Seré yo!- anuncio el Sr. Simmons con gran entusiasmo, el cual fue secundado por sus alumnos, quienes ya le habían tomado cariño el año anterior. –Bien, antes de comenzar con las clases tengo algunos anuncios que hacer. Primero que nada, se que recordaran el trabajo que les deje durante sus vacaciones de verano…- decía Simmons, pero fue interrumpido por una Helga fastidiada.
-¡Claro! ¿Cómo olvidarla? ¡Nos arruino los últimos días de libertad!- dijo Helga, eso ya se le estaba volviendo bastante tedioso, o eso quería aparentar ya que en realidad quería saber quien había sido el ganador de aquel concurso, ella quería con todas sus fuerzas que Arnold ganara.
-¡Cierto!- dijo Simmons con una sonrisa de complicidad dirigida a la rubia, esta solo bufo cruzándose de brazos –Aunque esa no era mi intención…- dijo Simmons pensativo -¡Como sea! Es un honor y un privilegio para mi comunicarles que nuestro compañero Arnold Shortman ah sido el ganador de ese concurso- termino Simmons con una sonrisa que denotaba satisfacción, señalando al rubio, este se sorprendió ya que por primera vez en toda su vida sus compañeros habían escuchado su nombre completo, Helga por su parte, bufo demostrando inconformidad, pero en su interior rebozaba de felicidad al saber a Arnold ganador del viaje a San Lorenzo, pero sobre todo estaba feliz ya que por primera vez escuchaba el nombre completo de su amado, y finalmente podría terminar aquella frase que había dejado inconclusa varios episodios atrás. – Arnold, veo que trajiste la caja, como se te pidió. Debes llevarla hasta donde el director, justo ahora. ¿De acuerdo?- dijo Simmons dejándole a Arnold en claro que debía tomar la caja, salir del salón y dirigirse a la oficina del director Wartz, y así lo hizo, pero mientras se apoderaba de la caja nuevamente y antes de que saliera completamente del salón escucho al Sr. Simmons hablar –El siguiente anuncio es que este año habrá un concurso de poesía, en el cual estoy ansioso de que participen-.
-Poesía… ¡bah!- exclamo Helga.
-Srita. Pataki, no sea tan déspota, estoy seguro de que usted ganaría ese concurso con los ojos cerrados.- le dijo Simmons con una sonrisa. Arnold se desconcertó al escuchar aquello. ¿Helga escribe poesía? Se preguntaba el chico, y no solo el, el resto del salón compartía su curiosidad.
-¿Yo?- pregunto Helga reincorporándose en su asiento y señalándose a si misma.
-Si, usted. Y como tengo mucha fe en su trabajo, me eh tomado la libertad de inscribirla con anticipación.- le comunico el profesor.
-¿QUEEE?- pregunto Helga exaltada.
-Lo que escucho, Srita. Pataki. Así que más vale que se ponga a escribir, tengo fe en usted- la sentencio Simmons. Arnold quería escuchar a que se debía tanta confianza en los talentos literarios de Helga, pero no podía quedarse a despejar sus dudas ya que debía llevar el paquete al director Wartz.
Una vez en la oficina del director, este le indico a Arnold que el se quedaría con el paquete hasta mañana, para sacar copias de las listas de requisitos y esas cosas, además debía hacer las circulares de autorización para realizar el viaje para el resto de los alumnos de 5º, Arnold asintió y se retiro a su salón de nuevo.
El día transcurrió normal, bueno, normal dentro de los parámetros de nuestro chico con cabeza de balón; habían comenzado con las clases haciendo un repaso de lo que vieron el año anterior, Helga aventándole bolitas de papel ensalivadas y luego fingiendo ser inocente de aquel acto de vandalismo, Gerald tratando de defender a su amigo pero siendo detenido por este, Helga enfrentándose a Harold en alguna discusión con propósitos sin sentido de superioridad, Phoebe compartiendo risitas con Gerald y contestando todas las respuestas correctamente, Sid y Stinky haciendo cualquier cosa absurda que Harold les pidiera, aunque esto incluyera "coquetearle a la cocinera para obtener postre doble", en lugar de esto, solo obtuvieron que la Sra. desconfiará de ellos rotundamente, y Curly haciendo intentos fallidos por conquistar a su "princesa" Rhonda.
En cuanto llego la hora final de clases, el director Wartz entro al aula y repartió las circulares que los padres de los alumnos debían firmar para que estos pudieran realizar el viaje, también les entrego una lista con los requisitos materiales que debían llevar consigo al viaje, una vez terminado aquel barullo los chicos subieron al autobús y de a uno en uno fueron depositados cerca de sus casas gracias a Murray. A excepción de Helga quien se había bajado en la misma parada que Phoebe ya que tenia muchas cosas que decirle, incluyendo lo que había sucedido en Industrias Futuro con Arnold, este por su lado no planeaba en lo absoluto mencionarle nada a su mejor amigo sobre ese tema, pero si planeaba enseñarle el diario de su padre, mostrarle el mapa, y contarle de sus planes para recuperar a sus padres en el viaje a San Lorenzo.
Bien. ¿Qué les pareció? La verdad es que este capitulo es de mi completa autoria, ya que como les había dicho lo que se sabe de la historia es muy poco y son cosas salteadas y no podía saltarme del primer capitulo al inicio de la aventura, que es de lo que tengo datos, así que hice este capitulo tratando de hilar los hechos, talvez se les haga un tanto tedioso y puede que sea por eso. La verdad me costo mucho trabajo escribirlo…
Con respecto a la descripción de la reacción de Helga al escuchar el apellido de Arnold, en la parte que dice "podría terminar aquella frase que había dejado inconclusa varios episodios atrás." Me refiero al episodio, "Enamorado de la Profesora", en donde Helga hace uno de sus muchos apasionados monólogos sobre su amor por Arnold, diciendo "Algún día me convertiré en la Señora Arnold… ¡Esperen...! ¿Cuál es su apellido?", Revelando que ella sabe tan poco como el espectador sobre el apellido del chico.
Murray es un personaje que solo aparecio en la pelicula, y decidi usarlo aqui y poner su frase tipica "No hable con el conductor mientras el transporte este en movimiento ".
Lo de la cinta adhesiva que carga Phil para protegerse de Pookie, quiero que sepan que no lo invente, eso sale en la serie en el capitulo "El Diario", cuando la anciana comienza a desvariar y decir incoherencias Phil saca una cinta adhesiva de su pantalón y le dice "En serio, Pookie. ¡Tengo una cinta adhesiva y no dudare en usarla!"
Eso es todo. Les agradezco sus reviews de ante mano, y espero no haberlos defraudado pero comprendanme no es sencillo hilar las cosas sin la información suficientemente necesaria de por medio.
