-¡Charles! Esta decoración data de la época de tu bisabuelo – se quejó Erik, observando la recámara que ambos compartían en Westchester -. Ni siquiera tienes un televisor.

Charles suspiró, cansado. Otra vez el mismo cuestionamiento y otra vez la misma discusión. No necesitaba leer de su amante para saber hacia dónde iba a dirigirse todo. "Calma tu mente, Charles," se aconsejó a sí mismo y dejó de desvestirse.

-¿Qué estás haciendo? – preguntó Erik, confundido. El telépata se había estado quitando la ropa para que ambos hicieran el amor y ahora se la estaba poniendo. No podía ser tan exagerado y negarse a tener relaciones porque él le sacara en cara el mobiliario anticuado del dormitorio, ¿o sí?

Charles no le respondió. Solo se abrochó la camisa, se ajustó el cinturón de los pantalones y sacó su chaqueta del clóset.

-Deja de protestar, Erik. Nos vamos de compras.

Y así Magneto se quedó sin hacer el amor esa mañana.

….