"El miedo, como un viento helado, cubría cara, soldaba miembros, cegaba las gargantas."

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Para mí el día había empezado con la sensación de que sería uno más a los anteriores, desperté temprano junto a Sakura para despedir a Sarada, quien viajaba a una misión rango A, nuestra hija ya era una jounin a los diecisiete años, e iba por el rango de ANBU.

Era el orgullo de nuestro pequeño clan Uchiha.

— Sakura — Ella dejó de cortar las zanahorias y me miró, yo estaba parado en la puerta de la cocina — ¿Has visto el pergamino que traje ayer? No lo he encontrado en donde lo dejé.

Ella llevó un dedo a la barbilla, intentando recordar, luego de unos segundos efectivamente lo hizo. Sarada y yo siempre decíamos que si perdíamos o no encontrábamos algo, era muy probable que Sakura supiera dónde se encontraba, como si tuviera habilidades especiales shinobi; como una Karin o algo así. Solo que una era mi esposa y la otra no pasaba de ser una ex subordinada.

— Está en nuestra habitación, cuídame el almuerzo, voy a traerla. — Se desató el delantal y se quitó los guantes, me los puso en las manos y se fue caminando alegremente hacia el segundo piso.

Yo podía ir a traerlo, pero ella era así: servicial.

Me puse el delantal y los guantes siguiendo con parsimonia su labor de cortar las zanahorias.

Nuestra vida era relativamente tranquila, habíamos reconstruido nuestra casa con la ayuda de los demás habitantes de Konoha después de los exámenes chunin; hace ya unos seis años. No necesité irme de nuevo de la aldea, mi misión había acabado, solo me quedaba disfrutar del resto de mi vida junto a mi esposa e hija. Ah, también había cedido ante la presión de mi familia y amigos, por lo que ahora usaba la prótesis que nos dejó Tsunade.

De repente un estruendo se escuchó por todo el rellano del recibidor, dejé los utensilios, tiré los guantes al suelo y fui corriendo al lugar del origen de ese sonido.

Nunca pensé volver a ver algo que me infundiera tanto horror otra vez: Sakura estaba tirada al pie de las escaleras con el pergamino aún lado de su cabeza.

Mi primer pensamiento fue "No puede estar muerta" me acerqué rápidamente para socorrerla; miré su cabello rosa tintado en rojo y mi pánico aumento considerablemente, comprobé su débil respiración, y sin más la alcé en brazos y salí de nuestro hogar.

Corrí lo más rápido que pude, al divisar el hospital lo único que cruzó en mi mente era que Sakura sea atendida lo más rápido posible.

Ella recuperó la conciencia al llegar a la puerta del hospital.

— Cariño... ¿qué sucede? —Su voz sonaba débil.

— Tuviste un accidente, sólo quédate en silencio, ya estamos en el hospital. — Ella asintió con cansancio y cerró los ojos.

Apenas ingresamos todas las miradas recayeron en nosotros.

— ¡Uchiha-sama tiene una emergencia! — Gritó alguien y todo fue demasiado rápido; trajeron una camilla y la llevaron a urgencias.

Me quedé parado en el pasillo viendo como Sakura desaparecía tras una puerta rodeada de médicos. Apreté los puños sintiéndome un inútil.

Más aún, algo no encajaba; ¿Por qué la herida no se había cerrado?, miré la sangre en mi camiseta con cierta confusión.

Algo no andaba bien.

Después de una hora fue cuando volví a tener noticias de mi esposa, Ino había venido para llevarme junto a ella mientras me explicaba la situación.

— No le hemos detectado ningún traumatismo, pero nos pareció raro algo con su flujo de chakra, y descubrimos... que está sufriendo la maldición del byakugou. — Dijo lentamente.

Recordaba esa "maldición" hace unos cinco años habíamos perdido a Tsunade a causa de eso; el usuario comienza a perder su flujo de chakra y el cerebro a perder el control de sus extremidades, o sea, dejan de reaccionar a las órdenes de la persona.

Eso explicaba la caída, Sakura era una mujer de reflejos, no alguien torpe.

Me dejó frente a su habitación y le agradecí la rápida atención.

— No es necesario que agradezcas, Sasuke-kun. Después de todo, Sakura es la directora, es nuestro deber respaldar su integridad física. — Hizo una pequeña reverencia y se fue.

Entré en la habitación y Sakura reposaba plácidamente en la cama; su ropa había sido reemplazada por una bata verde, tenía la cabeza vendada.

Me senté a su lado en silencio, pero ella despertó al instante, sus ojos se abrieron lentamente y me sonrió amorosamente, suspiré con cierto cariño.

— ¿Cómo estás? — le pregunté.

— Estoy bien, solo me duele un poco la cabeza. — Y su mirada bajo de mis ojos a mi abdomen, entonces soltó una risilla.

Miré confundido que es lo que le daba gracia y caí en cuenta de que no me había quitado el delantal. Sentí vergüenza, me lo quité inmediatamente y lo colgué por el respaldo de la silla.

Sakura parecía estar estable, pero sabía que no sería así dentro de poco.

Pensé en Sarada: ella estaba muy lejos y no estaría junto a su mamá en un momento tan difícil. Y yo sabía cuánto era el amor que ella le tenía a Sakura. Sólo esperaba que termine su misión lo antes posible.

Pasamos la tarde allí, no saldría hasta dentro de unos tres días, estaba en observación ante cualquier anomalía que ocurriese.

Pero en realidad todos se estaban preparando para el descenso de su alma, sabían que no saldría de este lugar con vida. Y eso era algo que me hacía demasiado daño.

La observé leer ese libro como si nada ocurriese, parecía estar ajena al acontecimiento que vendría, y yo no era lo suficientemente fuerte como para hablarle de eso.

Me sentía estúpido y atemorizado; como el pequeño niño que alguna vez fui.

Naruto ingresó a la habitación en silencio, pero sólo me di cuenta de su presencia cuando Sakura lo saludo con tanta alegría como siempre. Naruto no respondía; sólo la miraba con ese brillo de tristeza en los ojos.

Él ya sabía la situación.

— Dobe — Dije para llamar su atención cuando Sakura guardó silencio ante la reacción de Naruto.

Él pareció entrar en razón entonces.

— ¿Estás bien, Naruto? — Sakura le preguntó preocupada.

— Sí... Estoy bien, Sakura-chan — Y sonrió como siempre lo hizo de niño, pero yo sabía que no era así.

Ninguno de los dos lo estábamos, íbamos a perder Sakura

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