Tashigi estaba al borde de un ataque de nervios, pero con esa actitud no conseguía nada. Apartó de su mente los aspectos más negativos y se concentró en la batalla. Hizo acopio de toda su fuerza y la envió hacia sus brazos, que impulsaron con potencia a Shigure, desestabilizando la posición de ambos y haciendo retroceder al cazador de piratas. La capitana hizo un chasquido con la lengua y advirtió que él se estaba conteniendo, como siempre. Alzó la espada sobre su cabeza en pose de defensa y volvió a preguntarle al chico.

- Contesta Roronoa, ¿Qué estáis haciendo aquí? –

Zoro sabía que uno de los puntos fuertes de la capitana era su tozudez y su persistencia, por lo que desviar la pregunta de nuevo no solucionaría nada, la volvería a lanzar una y otra vez, y tampoco es que ellos tuvieran nada que ocultar. Que estuvieran el uno frente el otro no era más que una simple casualidad. Un juego del destino.

- Hasta que llegaste tú, disfrutar de un buen vino y una buena fiesta – le contestó Zoro burlonamente a la capitana, mientras desenvainaba a Sandai Kitetsu y se acercaba lenta pero inexorablemente hacia ella – Tu turno –

- Y-yo no tengo que darle explicaciones a un pirata – le gritó la chica con el ceño fruncido y totalmente a la defensiva, pues sabía que tenía desventaja contra el estilo de dos espadas en el que el pirata era maestro.

- ¿A… ah? ¡T-te estás burlando de mí, onna kaige! – le dijo con el rostro desencajado, para acto seguido lanzar su ataque.

Atacó simultáneamente con sus dos espadas, descargando su peso sobre ellas. Tashigi cruzó la suya y contuvo la fuerza de ambas, pero el esfuerzo era tal que la hacía retroceder y bajar poco a poco. Aquello pintaba mal para ella, si no hacía algo rápido, su cuerpo sería incapaz de resistir el peso de Zoro.

- ¡Soru! –

La capitana se movió con una velocidad tan pasmosa que no le dio tiempo al chico para reflexionar, descolocándolo momentáneamente. Se ubicó tras él, en posición de defensa, jadeando por el esfuerzo realizado. El espadachín, enfadado consigo mismo por haberla subestimado de nuevo, se lanzó sobre ella con una lluvia de intensísimos y rápidos ataques. Tashigi se alegraba de aquello y comenzó a saborear el gusto de una auténtica batalla contra él. Era más que un digno rival, y verle entregado y salvaje cual bestia era excitante y reconfortante a partes iguales. El fuego y el espíritu de lucha aparecieron en los ojos de la mujer, y no pasaron desapercibidos para Zoro.

Se sorprendió de ver que el hecho de que fuera dejando de subestimarla poco a poco era lo que incrementaba el brío de la chica. Aquellos ojos eran como los de Kuina, competitivos y ávidos de demostrar todo su mérito. Pero Tashigi no era una muchacha como su amiga, era una mujer como ella nunca pudo ser. Tenía unos brazos firmes y fuertes, pero muchos le habrían dicho que nunca iba a ser igual de fuerte que un hombre, aun así, luchaba con ahínco contra sus limitaciones por naturaleza. Sabía que algún día lo conseguiría, y ese día tendría una pelea a muerte con ella en igualdad de condiciones. A pesar de todo, eran biológicamente distintos, y no por ello era algo malo, eso era lo que más le atraía, que ante todo era una espléndida mujer. El hecho de que no fuera un baboso y un acosador como Sanji no le impedía apreciar la belleza, sobre todo cuando la tenía justo delante de sus ojos. Le parecía digno de admirar que pudiera defenderse de sus ataques con aquel vestido puesto, tan poco práctico para la situación.

A cada salto o giro que la capitana daba, dejaba sus piernas y su ropa interior a la vista de todos. Su pecho, tan abundante y con aquel escote, no salía de su sitio milagrosamente, pero subía y bajaba hipnóticamente al ritmo de los movimientos de la chica. Tampoco es que el espadachín estuviera muy propio, ir con el torso desnudo en una pelea de espadas no era lo más lógico.

Tras el incesante y rápido intercambio de ataques, ambos se separaron bruscamente para tomar aire. Tashigi era consciente de que su resistencia no era equiparable a la del espadachín, se encontraba más cansada que él. Cogía su espada con las dos manos y respiraba con agitación, apretando su pecho, que quedaba entre sus brazos. Zoro la miraba curioso, mientras la apuntaba con Shusui. El sudor perlaba su musculoso cuerpo, que brillaba tenuemente bajo la luz de la plaza. Una gota de sudor cayó desde la punta de su nariz sobre sus labios, y acto seguido la relamió deleitándose de su sabor a sal. Ese gesto no pasó desapercibido para la chica, que sintió cómo algo se retorcía en su interior ante tal mueca.

Ambos sintieron que aquello se estaba extendiendo demasiado, así que volvieron a lanzarse el uno sobre el otro poniendo toda la carne en el asador, cuando de repente, dos atronadores voces se alzaron ante la expectante plaza.

- ¡YA BASTA! – gritaron Smoker y Luffy al unísono, interfiriendo en la pelea.

- P-pero Smoker-san… ¡él es un pirata! –

- Luffy… esta es mi batalla –

Replicaron ambos a sus jefes, con tono molesto. ¿A qué venía que interviniesen a esas alturas? ¿No podían haberlo hecho antes de que la batalla hubiera empezado?

- ¿Cómo has podido llegar tan lejos, Tashigi? ¡Es que no ves que alguien podría haber salido alguien herido! ¡Algún niño! – le increpó el vice-almirante, mientras cruzaba sus brazos, sabiendo que aquello era más que suficiente para hacer recapacitar a la capitana, que nunca pondría en peligro a nadie inocente.

La chica miró a Smoker y justo después se giró hacia Zoro, que la miraba sereno, no era ni el mejor lugar ni el mejor momento para un duelo.

- L-lo siento, Smoker-san – dijo muy avergonzada la capitana mientras envainaba su espada y caminaba hacia el vicealmirante, sin pararse a mirar de nuevo al espadachín.

- Oi Zoro, no quiero que pelees porque tú te tienes que meter aquí con nosotros, shishishishi – dijo el capitán entre risas mientras apretaba su sombrero de paja contra su cabeza.

- ¿¡ESA ES TU RAZÓN, IDIOTA!? – Le gritó Zoro con los ojos en blanco y agitando los brazos – No cuentes conmigo, búscate a otro – le dijo apesadumbrado mientras se dirigía a por su tercera bota de vino.

- ¿Ah? Qué aburrido eres Zoro, pero bueno, seguro que humitos quiere – le contestó Luffy mientras preparaba su brazo para estirarlo.

- ¿¡VAS A METER AQUÍ A SMOKER, BAKA!? – gritaron angustiados Chopper y Usopp al unísono.

- Shishishishi, es un buen tipo, nos vamos a divertir con él – les contestó mientras estiraba su brazo y cogía a Smoker de la chaqueta – Oi Kemuri, ¡únete a nosotros! Shishishishi –

Zoro miró de reojo la escena y vio como el marine intentaba zafarse de Luffy, mas sin éxito, pues Didier-san se había encargado de que no pudiera salir de allí. Ver a un pirata de renombre y a un vice-almirante de la Marina pisar uvas era cuanto menos, pintoresco. Poca gente podría decir que había presenciado eso. Poco después de eso, sus compañeros, el G5 y los lugareños se habían integrado totalmente y disfrutaban de una agradable velada. Él ya había tenido demasiados sobresaltos ese día, y lo único que quería era poder beber tranquilamente de verdad. Pidió su tercera bota, para asombro de los aldeanos, y bebió con ganas de ella. Si se la terminaba ya habrían sido 15 litros de vino lo que habría tomado, toda una proeza, aunque él estaba más que acostumbrado. Caminó hacia sus compañeras y se sentó junto a ellas. Le miraban de reojo, y aquello no le gustó nada, pero no abrieron la boca. De repente, apareció de nuevo ante ellos Domenique, que le lanzó una camisa a Zoro.

- Sempai, qué cabeza la tuya, no puedo estar encima de ti todo el rato ¡podías haberle pedido una camisa a mi madre! – Le apuntó despreocupadamente el chico mientras se sentaba con ellos – Qué bien, veo que os está gustando nuestro vino –

- Gracias por vuestra hospitalidad, Domenique-san, es uno de los mejores vinos que he probado nunca – le contestó amablemente Robin.

Zoro intentaba ponerse la camisa de cualquier manera, ni se había acordado de que no la llevaba. Una vez puesta, se recostó contra su viga e intentó no volverse a manchar. Le dio un trago reconfortante a la bebida e intentó desconectar de todo, aunque le iba a resultar imposible, como se daría cuenta más adelante.

- Oi Zoro, ese duelo ha sido impresionante, ¡qué pena que no os hayan dejado terminar! – Intervino Domenique, poniendo el dedo en la llaga – es impresionante la pasión que existe entre vosotros –

Al oír eso, Zoro es atoró con el vino que estaba bebiendo, y lo escupió de golpe, sin parar de toser. Se incorporó y le contestó atropelladamente.

-¿Pasión dices? ¿Entre esa marine y yo? Pero cómo va a existir pasión entre nosotros, si no la soporto –

- Bueno, bueno Zoro, ¿Por qué te pones así? – Le preguntó burlonamente Nami - ¿A caso no es verdad que ambos luchabais con mucho ímpetu?

El espadachín palideció repentinamente. El chico se refería a una pasión de lucha, ímpetu, ganas, y él lo había interpretado como una pasión amorosa, fogosa. ¿Cómo había podido entenderlo de esa manera? ¿Qué había pasado por su cabeza para pensar en ella de aquella manera?

- Eres muy divertido sempai – rio el chico a carcajadas mientras caía de espaldas al suelo – En nuestra tierra se dice que del odio al amor hay un solo paso, igual es lo que os está pasando a vosotros dos – le dijo con tono pícaro, despertando una risa contenida en las chicas, que nunca habían visto a Zoro tan rojo como en aquel momento.

- ¡PERO CÓMO VA A HABER AMOR ENTRE DOS ENEMIGOS! – le gritó Zoro molesto, con los dientes como sierra y los ojos en blanco.

Aunque más que molesto, estaba avergonzado. Había sido idiota dando ese paso en falso, ¿era por culpa del alcohol? No estaba borracho, pero a pesar de eso sentía el calor producido por la bebida en todo su cuerpo, ¿o era por algo más? Se levantó y cambió de sitio, no tenía ganas de soportar las burlas de sus compañeros. Además, ya se había acabado la tercera bota, así que acudió al puesto a por la cuarta. La vio no muy lejos de allí, junto a la banda de música. Conversaba con algunos de los lugareños y algunos de sus hombres. Tuvo que admitir, aunque fuera sólo para sí mismo, que sí había una fuerte pasión entre ellos, al menos en lo que a la lucha se refería. Esa misma noche había vuelto a sentir la misma pasión que cuando peleaba con Kuina, el afán de superación, las ganas de demostrarle al mundo que quería y que podía. No podía evitar preguntarse si de estar viva se parecería tanto a ella, si de estar viva tendría la misma sensación hacia ella que tenía por la capitana, pero Kuina ya no estaba y no volvería jamás. Ni siquiera sabía definir qué era, pero sabía que ese sentimiento se había transformado desde la primera vez que la vio. A menudo se sorprendía pensando en ella, no como una enemiga, no como una imitadora, no como una espadachina o una marine, sino simplemente como una mujer. ¿Es que estaba volviéndose un pervertido como Sanji o simplemente ella le gustaba y no quería dar ese paso y reconocerlo?

Mientras la miraba, entró en su campo de visión Nami. Se había levantado e iba en dirección hacia ella, ¿Pero con qué motivo? Zoro empezó a ponerse muy nervioso, sobre todo después de la conversación que habían tenido justo hacía un momento. Si de alguien no se fiaba en la tripulación era de Nami, capaz de llegar hasta el fondo de cualquier asunto y hacer cualquier cosa. Cogió la nueva bota de vino y se sentó solo a beber junto al puesto, mientras no quitaba la vista de la escena.

Tashigi conversaba afectuosamente con los lugareños. Le contaban como era el día a día en la isla y como se las habían apañado para evitar los saqueos por parte de malvados piratas sin ayuda de la Marina. La chica escuchaba concentrada, y sopesaba distintas opciones para poner proteger a los ciudadanos de aquella isla de ahora en adelante, aunque algo le decía que ellos preferían seguir como estaban. De repente, apareció junto a ella la navegante de los mugiwara, bebiendo de una buena copa de vino que tenía en su mano. Aunque parecía una chica frágil y cándida, la capitana sabía que era muy inteligente, perspicaz e incluso algo retorcida, y además parecía que aguantaba muy bien el alcohol, pues no hacía más que beber y no había ni la más mínima sospecha de que estuviera embriagada. Estaba allí porque quería hablar con ella, pero ¿qué tenían que hablar ellas dos?

- ¡Hola capitana-chan! – Saludó amablemente Nami mientras se sentaba junto a ella – Tashigi, ¿verdad? –

- S-sí… - respondió escuetamente la chica, expectante ante lo que tenía que decir la mujer pirata.

- Oh, ¡Vamos Tashigi-chan! ¡Es una fiesta! No tienes por qué estar con la guardia tan alta, mira cómo se divierte Smoker con nuestro capitán – le dijo la muchacha con una sonrisa mientras apuntaba hacia la escena. No parecía que Smoker tuviera muchas ganas de estar allí con Luffy, pero no podía hacer otra cosa, pues los lugareños estaban encantados con aquello y se habían reunido en masa alrededor de ellos.

- E-está bien… ¿Nami…san? – dijo tímidamente la chica, que hacía acopio de toda su fuerza para normalizar la situación.

- Con sólo Nami es suficiente – le contestó dulcemente la navegante – Quería agradecerte todo lo que has hecho con los niños, Ally-chan es la última ¿verdad? – preguntó distraídamente mientras veía a la niña jugar con sus compañeros de la aldea.

- ¿Eh? A-ah… sí. Los demás niños están ya en sus casas, sanos y salvos. El doctor Vegapunk logró volverlos a la normalidad… ya no son niños gigantes y pueden hacer una vida normal – le relató la capitana más tranquila, confraternizando con Nami.

- ¿Sabes? Sabía que podía confiar en ti, tengo debilidad por las mujeres marine – le dijo Nami a la capitana a la vez que le guiñaba un ojo y le sacaba la lengua.

Tashigi no interpretó bien aquello y creyó que Nami se estaba declarando. La miró con los ojos muy abiertos y totalmente roja, deseando poder irse de allí. Se levantó torpemente, pero se tropezó con sus propias piernas y cayó sobre Nami. Zoro veía todo desde lejos y no daba crédito a aquello. Como no podía escuchar la conversación, la situación le parecía de locos. Y la reacción de la plaza no se hizo esperar, sobre todo la de Sanji. El cocinero se quedó atónito, sin apenas reaccionar. Sólo pudo ver a su bella Nami-san en el suelo, con la falda de su vestido muy recogida, mostrando todas sus piernas y a la cándida Tashigi-chan sobre ella, con su pecho muy apretado sobre el pecho de Nami y los rostros casi tocándose, ambas con el pelo alborotado.

- E-e-e-e-esto… ¿Es esto el cielo? – dijo Sanji antes de caer desmayado y empezar a desangrarse por una intensa hemorragia.

- ¡NO, SANJI! ¡PENSÉ QUE ESTABAS CURADO! – gritó Chopper mientras se bajaba del barreño y empezaba a hacerle una trasfusión de sangre al cocinero.

- Eh… ah… y-yo… a mi… lo siento Nami, p-pero… a mi… me gustan los hombres – le dijo Tashigi muy avergonzada mientras se incorporaba y ocultaba su rostro totalmente rojo detrás de su espada.

- ¡YO NO ME REFERÍA A ESE TIPO DE DEBILIDAD, BAKA!- le gritó Nami mientras agitaba los brazos - ¿Pero que os pasa hoy con los malentendidos? Con Zoro lo mismo, al final os vais a parecer algo – le dijo Nami mientras intentaba serenarse y se sentaba de nuevo en el banco.

- ¿Ah? ¿Roronoa? ¿Parecernos… nosotros? – preguntó extrañada la chica, que se sentaba en su sitio de nuevo.

- Bueno, como sea, es sólo que… mi madre era marine, por eso he dicho que tengo debilidad por las mujeres marine – le dijo Nami sin saber muy bien por qué le estaba diciendo todo eso a ella.

- Vaya… y-ya veo – dijo Tashigi con una sonrisa en los labios – Me alegra que confiaras en mí. Yo también debería agradecerte que nos ayudarais con los niños, sois unos piratas… un poco raros –

- Tienes toda la razón, Tashigi-chan – le dijo Nami con una amplia sonrisa – Vamos a brindar, ¡por los niños! – continuó mientras levantaba su copa.

- Eh… yo… yo no bebo –

- ¿Ah? ¿Cómo qué no? Venga, vamos a por una copa, ¡hoy es un día para celebrar! –

Nami cogió a Tashigi de la mano y tiró de ella hacia el puesto de vinos, justo donde se encontraba Zoro. Lo último que quería la capitana era estar de nuevo junto al espadachín, se sentía extraña después de haber peleado con él. No había sido como la primera vez, corta, fría y de sabor amargo, en esta ocasión el duelo había sido reconfortante. Y los ojos con los que miraba al chico tampoco eran los mismos, desde su extraño encuentro en Punk Hazard algo le apretaba por dentro cada vez que él estaba cerca, disparando sus pulsaciones y agitando su respiración. No podía estar cerca de él si no era con un duelo, su nerviosismo y su timidez le jugarían malas pasadas.

El pirata se alarmó cuando las vio ir hacia él, seguro que Nami había dicho algo del malentendido anterior y estaba haciendo de las suyas. La capitana estaba totalmente roja, así que tenía claro que le había estado metiendo cosas en la cabeza. Se puso a la defensiva y las miró de reojo mientras seguía bebiendo de la bota. Cuando ambas llegaron al puesto, Nami se percató de la dura mirada que les estaba lanzando.

- Oye, ¿A ti que te pasa? ¿Por qué miras así? –

Zoro no dijo nada y siguió bebiendo de la bota. No iba a dar ni un paso más en falso, iba a dejar que se fuera desenmascarando sola. Justo en aquel momento, Domenique, que llevaba largo rato conversando con Robin, se aproximó hacia ellos para ayudar.

- ¿En qué os puedo servir, señoritas? – dijo en un tono muy parecido al que solía utilizar Sanji.

- ¡Qué bien, Domenique! ¿Por qué no le das un buen vino a Tashigi-chan? ¡Tenemos una buena razón para brindar! – dijo Nami mientras alzaba su copa y se bebía lo que quedaba en ella - ¡Y rellena mi vaso también! –

¿Una buena razón para brindar? Zoro no podía sino sentirse aún más nervioso, ¿Y si le había dicho cosas que no eran? ¿Y si había sacado con ella el tema de la pasión? Y lo que más le inquietaba, ¿Por qué estaba con Nami sin objetar nada? ¿Tan pacífica? ¿Acaso ella sentía también cosas extrañas y se lo había contado a Nami?

- Venga Zoro, levántate, tú también brindas con nosotros – le dijo Nami mientras esperaba a que rellenaran su copa.

- ¿Acaso yo tengo algún motivo para brindar? –

- Claro idiota, todos los que estamos aquí, por eso he traído a Tashigi-chan también –

Zoro intentó objetarle, pero Domenique apareció de nuevo con una botella cubierta de polvo y un catavinos para la capitana. La descorchó y llenó el vaso, que le tendió a la chica.

- Para la dulce y delicada Tashigi-chan el mejor vino dulce de toda la isla, aquí tienes –

Tashigi, que no entendía nada de vinos, creyó que era un vino muy suave por ser dulce, y se bebió el contenido de la copa de una sentada. Casi al instante pudo sentir el fuego corriendo por su garganta y sus mejillas encenderse por el licor. Pero, a pesar de todo, quedó deleitada por su sabor, pidiendo otra copa. De repente, Zoro se la quitó de las manos.

- ¿¡ACASO ERES IDIOTA!? ¡ESTE VINO ES MUY FUERTE, QUIERES QUE TE DÉ ALGO!- le gritó Zoro más que nada preocupado, pero no logró transmitirle esa preocupación a la capitana, sino más bien enojo.

- ¿Ah? ¡Yo ya soy mayorcita, Roronoa! No necesito que ningún pirata me diga lo que tengo que hacer – le contestó mientras le quitaba su copa de la mano y la llenaba de nuevo – Eres muy grosero –

- ¿Gro-gro-grosero? – Le preguntó retóricamente Zoro – Tú eres una inconsciente, no piensas y después siempre necesitas ayuda – continuó el chico mientras cruzaba los brazos en pose defensiva y se encaraba a ella.

-¿Cómo? ¿Te refieres a lo que pasó en Punk Hazard? ¡Nadie te pidió que me ayudaras, lo hiciste porque quisiste! – le gritó la chica cruzando los brazos también en la misma postura y encarándose con él aún más.

- ¡Tampoco nadie te pidió que te quedaras y lo hiciste! ¡Sólo me estorbaste! –

- ¿¡Que yo te estorbé!? ¡Si no la hubiera rematado hubiera ido tras mis subordinados y los niños, tú no lo hubiera hecho! –

- ¡Y tú qué sabes! –

- Lo sé –

- Qué vas a saber tú –

- TE HE DICHO QUE LO SÉ –

Justo delante de ellos, Domenique y Nami miraban la escena con una mezcla de asombro y resignación. Después de todo, lo más seguro es que Zoro tuviera razón desde el principio, la capitana no estaba acostumbrada a beber, pero no daban crédito a cómo eran capaces de hacer de un grano una montaña de arena.

- ¿Ves Nami? Aquí tenemos razón, del odio al amor hay un solo paso – le dijo Domenique con tono divertido – venga, vamos a por ese brindis –

- Yo… yo no lo tendría tan claro – contestó la pelirroja mientras lanzaba un suspiro y bebía de su copa para volver a rellenarla de nuevo - ¡BASTA ZORO! Vamos a brindar –

Aquellas palabras alertaron a Zoro, que dejó de pelearse con la capitana para centrarse de nuevo en el motivo de aquel brindis, fuera lo que fuese aquello que ocultaba Nami era más importante que aquella riña. Los cuatro alzaron sus copas, mientras la navegante explicaba a qué venía aquello.

- ¡Por los niños! ¡Que ya se encuentran a salvo en sus casas! ¡Brindemos por el trabajo bien hecho! – dijo la pelirroja mientras chocaba su copa contra la de sus compañeros, que la siguieron con ánimo, a excepción del espadachín.

¿Así que era eso? ¿Por los niños de Punk Hazard? Zoro no sabía si sentirse aliviado o decepcionado. Aunque si se paraba a pensarlo con frialdad, era imposible que Nami hubiera conseguido algo como eso, la capitana era cabezota, y nunca admitiría que le gustaba un pirata, pero con eso ¿él estaba admitiendo que le gustaba una marine? ¿Concretamente ella? Era duro con la bebida, pero ese vino definitivamente se le estaba subiendo a la cabeza. Además, aquella nueva disputa entre ellos había sido más de lo de siempre. Zoro sacudió su cabeza e intentó sacar las ideas absurdas que se habían alojado su interior.

De repente, todos los lugareños empezaron a levantarse de sus sitios, acercándose al centro de la plaza. Empezó a sonar una alegre melodía y todos se dispusieron a bailarla.

-Vamos Nami, baila conmigo – dijo Domenique mientras agarraba la mano de la chica – es una de las canciones tradicionales de nuestro pueblo –

La chica asintió con la cabeza y se unió al baile, dejando solos a Zoro y a Tashigi, que se ignoraban el uno al otro. Zoro bebía de su bota y miraba a la chica de reojo, sin decir nada, y ella hacía lo propio. La cuarta bota de vino de Zoro se había agotado, y para cortar la tensión del momento, se levantó y acudió a por la quinta. Los lugareños no daban crédito, el cazador de piratas era un pozo sin fondo, y lo más impresionante, parecía que no le afectaba en absoluto. El chico cogió la bebida, le dio un trago y volvió de nuevo a su sitio, donde estaba ella. Podía apreciar el ardor de sus mejillas y el calor que emanaba su cuerpo, también le estaba haciendo efecto el vino, aunque sólo hubiera tomado dos copas. Tashigi se movía constantemente en su sitio y se abanicaba con su mano, el calor la estaba matando.

- Si tienes calor, ¿Por qué no te quitas ese pesado abrigo? – le preguntó tranquilamente Zoro mientras daba un nuevo trago.

Las palabras habían salido solas de su boca. A pesar del rifirrafe, le apetecía hablarle y tener contacto con ella. Esa sensación le empujaba a hacer cosas que normalmente en otra situación y con otra chica ni se plantearía, pero ella tenía un algo que le embriagaba más que el alcohol.

- P-pues porque no quiero – le dijo sencillamente la chica evitando el contacto visual con él.

Mientras más lo miraba más calor sentía, y no lograba encontrar una explicación a eso. Se decía constantemente que era por culpa del alcohol, pero sabía que había empezado a sentir esa sensación en el mismo momento en el que le vio en la plaza. Simplemente no sabía cómo actuar delante de él, no se sentía igual que cuando estaba con otros hombres, se sentía más frágil, vulnerable y se moría de la vergüenza con simplemente mirarle.

- ¿Ah? Tú misma, yo no soy quien se va a morir de calor – dijo Zoro algo molesto – Mira quien es la grosera ahora – farfulló entre dientes mientras volvía a beber.

Tashigi sabía que estaba muy a la defensiva con el cazador de piratas, que simplemente le había dicho una verdad. Pensó en su conversación con Nami y vio que todo el mundo estaba disfrutando de la fiesta excepto ella. Smoker estaba con el capitán pirata y sus compañeros, y sus subordinamos bailaban al son de la música de Soul King, comían la deliciosa comida de Kuroashi, se maravillaban con el cuerpo de Franky el cyborg y morían con la belleza y las habilidades de la niña demonio. Ella era la única que se mantenía a la defensiva, y no tenía ningún motivo durante aquella fiesta. Soltó un profundo suspiro y miró al pirata con rostro tímido y coqueto mientras comenzaba a quitarse el pesado abrigo. La lucha más dura que siempre tenía era contra su propia timidez, y más delante de él.

- N-no lo hago porque tú me lo has dicho… lo hago porque quiero – le contestó la chica mientras dejaba el abrigo a un lado, con las mejillas aún más rojas.

Zoro sonrió levemente y la miró de reojo. Bebía tímidamente de la copa mientras intentaba bajar todo lo posible el vestido. No estaba cómoda con aquellas ropas, pero le quedaban como un guante. Él no estaba acostumbrado a verla así vestida, tan femenina. Mientras, Tashigi ojeaba a la gente que bailaba en la plaza, distraída.

- No sabía que fueras de esas a las que les gusta… bailar – le preguntó Zoro, intentando no ser indiscreto. Tampoco quería ser grosero, la vez anterior sólo estaba genuinamente preocupado por ella.

- La verdad es que no me gusta, Roronoa. Tú no sabes nada sobre mí – le dijo la chica mientras se giraba para mirarle.

Zoro se molestó por aquello. Había intentado ser amable con ella ya fuera por el alcohol, la situación o sus extraños sentimientos y ella seguía como siempre. No quería perder el tiempo de esa manera, no quería que se riera más de él, era un temible pirata y no tenía por qué pasar por eso. Fuera lo que fuese lo que sentía, tenía claro que no iba a rebajarse ante nadie, y eso la incluía a ella. Comenzó a levantarse para irse a otra parte cuando la capitana se incorporó torpemente y le agarró de una de sus espadas, deteniéndole.

- N-no quería ser grosera yo ahora… - le dijo mientras bajaba la vista, era incapaz de mirarlo en aquella situación.

- Ahhh… necesito más vino, del bueno – dijo escuetamente mientras se sentaba junto a la capitana de nuevo.

- L-lo que quiero decir es que... en realidad no nos conocemos, por eso no sabemos nada… el uno del otro ni de sus circunstancias…- volvió a explicarse la chica mientras manoseaba su copa – Y-yo no sé por qué me dices imitadora, sé sólo que es por una amiga tuya, pero no sé nada más – le dijo la chica mientras se giraba para mirarle, desde el primer momento en el que lo conoció sintió que quería saber más de él, que una parte de ella lo necesitaba, y debido a las circunstancias se lanzó a ello.

Entre ellos comenzó a forjarse una complicidad palpable. El alcohol, la fiesta y su duelo habían sido suficientes para dejar crecer un sentimiento que se había instalado entre ellos la primera vez que se conocieron y que empezó a tomar forma en Punk Hazard. Eran rivales porque eran pirata y marine, pero existía un motivo mayor por el cual eran estaban aún más enfrentados, ¿acaso sabían qué les deparaba el destino desde que se conocieron y habían decidido ignorar sus sentimientos desde el primer momento?

- La verdad es que no hay mucho más que contar… te pareces mucho en todos los aspectos a una amiga de la infancia, que también era espadachina – le dijo Zoro mientras miraba hacia el centro de la plaza y se frotaba la nuca – Bueno, ella murió siendo aún una niña, no sé si se parecería a ti ahora – continuó mientras giraba su cabeza hacia ella y la miraba detenidamente.

- Eso no es motivo para que me digas imitadora, yo no sabía nada de esa chica, es imposible que pudiera imitarla – le dijo la chica con tono suave pero con el ceño fruncido, haciendo que su rostro pareciera extremadamente encantador.

- Bueno… a partir de ahora no te llamaré imitadora, pero sí te seguiré llamando cuatro ojos – le dijo burlonamente Zoro mientras estallaba en risas.

- Ah… ¡Roronoa! – le dijo la chica mientras se levantaba y le zarandeaba.

No se tomó aquel comentario como una ofensa, sino como una simple broma del pirata. Le había visto ponerse serio y hablar con frialdad en otras situaciones, y tenía claro que no era una de esas. Volvió a sentir esa sensación en el estómago, igual que en el duelo, y se percató de que estaba agarrándole. No estaba tan cerca de él desde que la cargó en Punk Hazard. El tacto de su ropa, el calor que emanaba su cuerpo era tan reconfortante. Su tenue olor a sudor, a acero y vino la embriagaba. La razón empezó a abandonarla. Sintió que sus instintos y sentimientos se agudizaban, sintió que quería estar más y más cerca del espadachín, fundirse con él. Sus manos resbalaron por el cuello del chico hacia su pecho, haciendo que éste se girara, sorprendido. No sabía si aquello se debía al alcohol o a que la capitana sentía algo parecido a lo que sentía él. Justo cuando decidió que hacer, aparecieron varios lugareños ante ellos, por lo que se separaron rápidamente.

- ¡Zoro-san! ¡Zoro-san! Va a empezar la competición, ¿participará, verdad? –

- ¡Claro que sí! ¡Yo ya he hecho mi apuesta! –

- ¡Participará el ganador del año pasado, vamos a ver quién gana! –

Ni Zoro ni Tashigi entendían qué estaba pasando. ¿Una competición? ¿Apuestas?

- U-un momento, ¿podéis explicar de qué va esa competición? – preguntó Tashigi, más serena y relajada, mientras se sacudía el vestido.

- ¡Pues una competición de bebedores, qué va a ser, capitana-chan! –

- ¿D-d-d-de bebedores? – dijo la chica totalmente sorprendida, girándose hacia el espadachín.

Las palabras competición y bebedores llamaron totalmente la atención de Zoro. Su rostro se ensombreció y una sonrisa maligna floreció de entre sus labios. Luchar y beber eran dos de sus cosas favoritas, y más si iban juntas.

- ¿Cuándo hay que empezar a beber? – dijo malévolamente el pirata mientras se levantaba y se dirigía al centro del lugar.

La capitana y los lugareños lo siguieron, mientras veían como la gente comenzaba a organizarse en la plaza. Parecía que había dos competiciones paralelas, una para chicos y otra para chicas. La capitana vio a Nami a lo lejos, emocionada, esperando para poder participar. La verdad es que había muchos más espectadores que bebedores, y estaban haciendo sus apuestas. Roronoa se quitó de nuevo su camisa y se la dio a la capitana. Ella no dijo nada, simplemente la cogió y esperó a ver cómo evolucionaban las cosas. Estaba caliente al tacto, y olía a él. Sintió unas enormes ganas de llevársela a su nariz y aspirar con fuerza el olor, pero le avergonzaba hacer algo como aquello con tanta gente alrededor. Simplemente la agarró con fuerza y la apretó contra su pecho.

Los participantes esperaban impacientes a que el juez llegase. Era un hombre bajito, muy achacado por la edad y con una brillante calva. Se subió al escenario donde poco antes habían estado los músicos y comenzó a llamar primero a las mujeres. Las primeras fueron un par de mujeres de la isla y justo después nombró a Nami.

- La tercera participante es… Nami, la gata ladrona – gritó el hombre con voz temblorosa, debido a la edad.

La navegante subió rápidamente, aún fresca a pesar de todo lo que había bebido. El premio eran 100.000 berries en metálico, no iba a dejar pasar la opción de coger tal pellizco para sus gastos personales, que no eran pocos. A continuación, sonó el nombre de la cuarta chica, cuyo nombramiento sorprendió a muchos de los asistentes.

- La cuarta participante es… la capitana Tashigi –

Aquello le sentó como un jarro de agua fría. ¿Ella compitiendo en un concurso de bebedores? ¡Pero si no iba a aguantar ni una gota extra! ¡Y más después de haber bebido un par de copas de aquel vino dulce! Pero, ¿Quién la había apuntado? Miró hacia sus hombres, y encontró rápidamente la respuesta.

- ¡Tú puedes capitana-chan! ¡Demuéstrales de qué estamos hecho los marines! – gritaban sus hombres al unísono mientras la subían a rastras al escenario.

Tashigi se sentía aterrada, ¿Cómo iba a dar la talla si ya había pasado su límite con apenas dos copas? Si tomaba una gota más de vino no sería capaz ni de andar por una línea recta. Pero ¿Qué podía hacer si no? Sus hombres confiaban plenamente en ella, y negarse a subir sería un duro golpe para ellos, que tenían sus expectativas puestas en su figura. Sabía que era una batalla perdida de ante mano, pero no iba a ser una cobarde, iba a dar la cara por sus subordinados, así que con paso firme, terminó de subir al escenario y se situó estoica junto a Nami. Sus subordinados vitorearon ruidosamente alrededor de un desencajado Zoro, que no podía dar crédito ante semejante estupidez.

- Pero esta mujer… ¡qué hace! Está loca… ¿Cómo se le ocurre participar en algo así cuando no aguanta ni una pizca de alcohol? Demonios… ¿Por qué es siempre tan inconsciente y precipitada? – pensaba Zoro mientras se devanaba los sesos para encontrar una solución, no quería que acabara tan ebria como para no poder ni andar.

En el caso de los hombres, participaron varios más. Un buen puñado de lugareños, un buen puñado de marines, y Zoro como mugiwara. El chico, fue el último en subir y se situó junto a sus contrincantes, mirando de reojo a la capitana. Pero faltaba todavía por ver quién era el participante que había ganado el año pasado, con quien se tendrían que enfrentar e intentar ganar.

- Por último, damos paso al ganador del año pasado, que suba con todos nosotros… ¡Eliane-san!

Todos los lugareños estallaron en vítores, y con una tranquilidad y una elegancia pasmosa, Eliane-san, la mujer de Didier-san y madre de Domenique, subió al escenario. Era una mujer recia y fuerte, y encima ahora sabían que también buena bebedora. Tashigi vio cómo lo que quedaba de su ánimo se desplomaba, resulta que el ganador del año pasado estaba en el bando de las chicas, así iba a ser imposible hacer nada. Se sentaron en sus posiciones y el juez dio comienzo al concurso.

- ¡Vamos Nami-swaaaaan! ¡Gánales a todos, incluido al baka-marimo! – Gritó fuertemente Sanji, totalmente recuperado desde hace un rato - ¡Tú También Tashigi-chan! ¡Tú puedes ganar! –

- Oi, oi, oi Sanji… ¿Cómo van a poder ganar las dos a la vez? – Le increpó Usopp -

- Ese es el espíritu hentai – se sumó Franky a la conversación mientras decenas de marines asentían a sus espaldas.

- Shishishi, ¡vamos Zoro, tú puedes! – Animó Luffy desde abajo – ¡Y tú también Nami! –

- Esa tonta de Tashigi… ¡cómo puede subir sólo para complaceros! – le gritó Smoker a su tripulación.

- Necesitábamos una chica que nos representase, y ella es la única de todo el barco – espetaron varios miembros del G5.

- ¡Pero ella no está acostumbrada a beber, IDIOTAS! Con suerte se dormirá con un par de copas y no le pasará nada peor que tener una terrible resaca – dijo Smoker mientras se sentaba en uno de los bancos y se encendía uno de sus puros – Esperemos que sea rápido –

La mayoría de los participantes bebían con rapidez, ganaba aquel que tomase y aguantase más copas que el resto. Algunos de los lugareños y del G5 habían abandonado. Sólo quedaban Nami, Tashigi, que aún iba por la mitad de la primera copa, Eliane, Zoro, el mejor de los hombres de la aldea y el mejor del G5. La capitana no tenía pasión alguna por aquel tipo de enfrentamientos, y la media copa que se había tomado no le estaba sentando bien, la mezcla de ambos tipos de vino había sido una combinación explosiva para ella. Aunque su carácter imprudente la lanzaba a situaciones que a veces le era imposible manejar, no era idiota, y sabía ver cuándo tenía que quitarse del medio. Alzó un brazo y se retiró de la competición. Dejó la copa a un lado y se incorporó pesadamente, de repente, empezó a sentir un leve mareo. Se alegraba de haber parado rápido, pues aunque estaba un poco ebria, era capaz de andar aún moderadamente bien y percatarse de los detalles a su alrededor. Bajó del escenario y se sentó junto al vice-almirante, que la miró duramente.

- Cómo se te ocurre subir a ese tipo de competiciones… no tienes remedio – le dijo mientras lanzaba un suspiro.

- Y-yo… Smoker-san… lo chicos me apuntaron y no quería dejarles en mal lugar – le dijo la chica tímidamente, mientras sentía que todo le daba vueltas.

- Yo que tú me iría a descansar un poco, mañana me lo agradecerás – le dijo el vice-almirante mientras daba la última calada a su puro y lo lanzaba al suelo, exhalando el humo.

- Sí… sí claro… en cuanto termine la competición – le contestó la chica mientras agarraba con fuerza la camisa de Zoro. Después de todo, no se iba a ir de ahí sin al menos devolvérsela, sin hablar con él una última vez. El dulzor de aquel vino ahora se tornaba amargo, sentía que algo en su corazón estaba a medias y no quería darle nombre. Sentía que se había quedado con las ganas de más.

Parecía que el concurso iba a ser algo rápido, pero empezó a extenderse más de lo previsto. El siguiente en caer fue el lugareño, que no podía seguir el ritmo de aquellas fieras. Los cuatro bebían con acopio, pero ya empezaba a despuntarse quiénes tenían más posibilidades de ganar. Nami comenzó a sentirse terriblemente mal, así que por propia voluntad, como la capitana, dejó de participar. De nada le valían 100.000 berries si no iba a poder vivir para disfrutarlos. El siguiente fue el integrante del G5, dejando sobre la tarima a Zoro y Eliane-san. El enfrentamiento estaba siendo duro, y ya llevaban tantos litros que todos habían perdido la cuenta. La mujer parecía no inmutarse, pero Zoro tampoco se quedaba atrás. Tashigi y el resto miraban con ojos desorbitados, era imposible que un cuerpo pudiera tener semejante resistencia, aquellos dos eran auténticos monstruos. Pero, a pesar de eso, era imposible que la competición durara por siempre, el final estaba cerca. Zoro pidió otra jarra más cuando Eliane-san se levantó repentinamente y se retiró del concurso, no estaba a dispuesta a perder la compostura. Se acercó un poco tambaleante hasta Zoro y cogió su brazo derecho, alzándolo en alto, frente al público.

- Hoy es un día especial en esta competición, después de trece años, el nuevo ganador es el mugiwara, ¡Roronoa Zoro! – gritó épicamente la mujer, arrastrando un poco las palabras debido al alcohol.

La plaza al completo estalló en júbilo, a pesar de que muchos de ellos habían perdido una buena suma de dinero apostando por Eliane. Aquello marcaba un hito histórico en la isla, Zoro se había convertido en el primer forastero de toda la historia en ganar aquella competición. Domenique subió para felicitar a su madre por el esfuerzo y a Zoro por su flamante victoria.

- Zoro-sempai, eso ha sido impresionante, ¡es la primera vez que veo a mi madre en este estado! Nadie jamás ha sido capaz de ganarle, ¡y tú lo has logrado! ¡Enhorabuena! – le decía el chico mientras le veía bajar por las escaleras.

- ¿Ah? Tu madre… es dura de roer – le contestó Zoro arrastrando un poco sus palabras, tenía la lengua algo dormida por el alcohol – Es la primera vez que bebo tanto – dijo un poco somnoliento mientras bostezaba repentinamente.

- No, de verdad, es impresionante, pero oye, deberías descansar, vas a tener una resaca terrible – le dijo el chico mientras le daba un par de palmadas en la espalda – Toma, coge esta habitación libre de la posada – comentó mientras le tendía una llave con un número grabado.

Zoro la cogió y le hizo caso, de repente se dio cuenta de que tenía unas ganas terribles de irse a dormir. Se volteó para ir a la posada y allí frente a él encontró a la capitana, algo temblorosa.

- Mira cómo estás, ¡tenías que haber parado antes! – le increpó la chica mientras lo tomaba del brazo.

- ¿Ah? ¿Vas a darme tú lecciones? – le preguntó retóricamente Zoro mientras se encaraba a ella, todavía se exasperaba recordando su imprudencia.

- Como sea… necesitas descansar, déjame que te acompañe a tu barco – le ignoró ella mientras miraba hacia otro lado y tiraba de él.

- No es necesario ir tan lejos, ese baka pesado me ha dado esto – le contestó mientras apuntaba hacia Domenique – dice que puedo quedarme en una de las habitaciones de la posada –

- Vamos… te acompañaré – insistió la chica poniendo rumbo al edificio.

Zoro no hizo ningún comentario, simplemente se dejó guiar. Pasaron desapercibidos entre la multitud, que estaban pendientes de cómo Nami subía para apropiarse su premio. A él no le importaba, es más, agradecía que ese acto desviase la atención de todos, pues no sabía muy bien por qué hacía todo eso. Simplemente se dejaba guiar por esa sensación, ella dominaba ahora y hacía con Zoro lo que le apetecía, y en ese momento era dejarse tirar por la capitana. Lo que le estaba molestando era haber bebido tanto, mucho más de lo habitual, porque no era capaz de centrarse en la situación como a él le hubiera gustado. La figura de la chica se tornaba a ratos borrosa y a ratos duplicada ante él. No podía apreciarla de la manera en la que le hubiese gustado. Tashigi tampoco estaba para tirar cohetes, y le estaba costando mucho trabajo subir del tirón las escaleras una vez que entraron en la posada. Si ya de por sí era patosa, en aquel estado podía matarse perfectamente. Sintió como el espadachín la agarraba y la tomaba entre sus brazos. Quiso oponerse, pero no tenía fuerzas ni para abrir la boca, por lo que se dejó llevar. Notaba la respiración fuerte e irregular del espadachín, que deseaba descansar tanto como ella. Sus brazos la cogían con fuerza, pero notaba que con más debilidad que cuando la cargaba en Punk Hazard. Hundió su rostro en el grueso cuello del espadachín y sintió como el sueño la invadía, pero no podía dejarse dominar por él, sólo había ido a acompañar a Roronoa, aunque parecía más bien la situación contraria. Se colocaron justo delante de la puerta y la abrieron. Zoro se aproximó a la gran cama que había en la humilde habitación y recostó a la capitana con cuidado. Se dio la vuelta y acudió al baño deseoso de poder descargar todo el líquido que antes había bebido. La capitana hubiera hecho lo mismo si no fuera porque ya lo había hecho antes mientras aún estaba en marcha la competición. El calor de las sábanas era delicioso y sintió unas ganas enorme de quedarse allí, de dejarse guiar por sus sentimientos, pero la razón le decía que tenía que dormir en el barco. Vio salir al espadachín del baño y se levantó, extendiéndole la mano con su camisa.

- T-toma… yo ya me voy –

- ¿Eh? ¿Por qué te vas? –

- P-Porque yo tengo mi cama… en mi barco… -

- No seas tonta… en esas condiciones no vas a llegar nunca – le dijo Zoro mientras cogía la camisa, la tiraba al suelo, se quitaba sus katana y obligaba a la capitana a sentarse en la cama.

- Mira quién lo dice… quien ha tardado media hora en abrir la puerta – le espetó la chica mientras soltaba un bostezo.

Zoro la ignoró, no tenía ganas de discutir con ella, sólo tenía ganas de descansar mientras sentía su cuerpo contra el suyo, su olor, sus manos de nuevo contra su torso. Se quitó los zapatos y acto seguido hizo lo mismo con ella. Se atrevió a coger la espada de la chica, a pesar de que era algo que él no hubiese tolerado, y la colocó junto a las suyas. Decidió meterse con esa ropa en la cama, con menos iba a resultar difícil de explicar la situación si alguien entraba repentinamente.

- Vamos, descansa aunque sean un par de horas, luego puedes hacer lo que quieras – le dijo Zoro mientras se tumbaba boca arriba apoyando la cabeza en la almohada.

- Bueno… pero sólo un par de horas… Y sólo porque yo quiero, no porque tú me lo digas… Roronoa – le contestó con un hilo de voz la capitana mientras dejaba las gafas en la mesilla y se colocaba junto a él, mirando hacia el lado contrario donde estaba. Sentía que se repetía en su argumento y que cada vez perdía más y más credibilidad. ¿Cuántas veces lo había dicho ya?

Estaban tan cerca, pero a la vez tan lejos. El latido de sus corazones resonaba en sus gargantas con una fuerza esplendorosa. Y debido a la tensión, al momento, a la cercanía de sus cuerpos, al roce, al calor que emanaban, todo el cansancio y sueño les abandonó para instalarse un asombroso insomnio.

Tenían los ojos como platos, podían hacer cualquier cosa excepto dormir.


¡Buenas a todos! Ya está aquí la actualización con el segundo capítulo. Me hubiera gustado subirlo antes, pero había ciertas cosillas que no me gustaban y he tardado un poco en darles forma. Me gustaría agradeceros vuestras reviews, lo hago por aquí porque la mayoría sois invitados y no puedo hacerlo personalmente. Respecto algunas preguntas... el fic es M porque evidentemente va a haber lemon, pero las cosas buenas se dejan para el final :P. También me habéis preguntado si de una canción soy capaz de montar una historia... pues sí y no jeje La verdad es que con cualquier cosa cotidiana se me puede ocurrir una buena idea, pero la mayor parte del argumento la voy haciendo sobre la marcha, por eso hay veces que lo escribo muy rápido y otras que hay cosas que tengo que cuadrar porque quedan cosas cojas. Bueno, espero que os guste este capítulo, así que ya sabéis, no están mal unas reviews jejeje El último capítulo está casi, le faltan uno detalles, pero quiero releerlo bien para que cuadre todo perfectamente. No os entretengo más, ¡hasta la próxima! ;)