Para Draco Malfoy el verano no significaba otra cosa que volver al mismísimo infierno, odiaba estar en su mansión principalmente por su padre, Lucius Malfoy, que cada día lo introducía mas en las Artes Obscuras y no es que detestara aprender de ellas por que estaba muy interesado en conocer todo acerca de ese mundo que muchos detestaban y no por los motivos que su padre imaginaba, sus motivos eran muy diferentes, pero lo que odiaba era ser obligado a hacerlo, después de todo el era un Malfoy, y un Malfoy jamás recibe órdenes de nadie, ni siquiera de otro Malfoy.
Odiaba a su padre más de lo que odiaba a todos los sangre sucia y mucho más de lo que odiaba a la peor de todas las sangres sucias, la amiga del famoso Harry Potter y del pobretón Ron Weasley, la insufrible Hermione Granger.
De hecho, prefería pasar el verano completo en compañía de Granger que un solo día al lado de su padre.
El único motivo por el que soportaba hacerlo cada verano desde que ingreso a Hogwarts, era por su madre, Narcisa Malfoy, la adoraba, aunque jamás se atrevería a decírselo a nadie, ni siquiera a ella. Era la única persona que le importaba, daría todo por ella.
Y aunque ella no fuera una persona cariñosa que digamos, de hecho era muy fría, o al menos eso es lo que aparentaba durante el día, porque durante la noche y solo por unos escasos minutos, Narcisa Malfoy se comportaba como una verdadera madre, acudía a la habitación de Draco mientras creía que el dormía profundamente, a acariciarlo y a decirle lo mucho que lo amaba y antes de irse depositaba un tierno beso en la frente de su único hijo.
Narcisa jamás se enteraría de que Draco la esperaba despierto y fingía dormir a la espera de esas palabras y tiernas caricias que lo hacían quererla cada vez, ya que durante el día ella se limitaba a dirigirle palabras frías y una mirada inexpresiva.
Y era solo por ella que ansiaba cada verano, o mejor dicho cada noche del verano, aunque el día lo prefería pasar con cualquier otro ser que su padre.
Draco se encontraba paseando por los enormes jardines que poseían la Mansión de los Malfoy, recorrer esos jardines le hacía darse cuanta de lo solo que estaba, aunque en realidad eso no le molestaba en absoluto, estaba acostumbrado a su soledad por que en el fondo de su ser sabía muy bien que siempre estaría solo, no importaba que estuviera rodeado de todos aquellos que decían ser sus amigos, sabía muy bien que no lo eran, que solo estaban con el por qué era el príncipe de Slytherin, porque era un Malfoy y no cualquier Malfoy, el era Draco Malfoy, el futuro líder de los mortífagos, eso es lo que el seria y era por eso que obedecía a su padre al aprender todo acerca de las Artes Oscuras, sabía muy bien que él estaría al lado de Lord Voldemort, sirviéndole, hasta que llegara el momento de ocupar su lugar, como el nuevo señor tenebroso, el ser más poderoso.
Estos eran los pensamientos que rondaban por su cabeza cuando una lechuza lo interrumpió, traía un mensaje de Blaise Zabini.
Draco
Espero que para cuando recibas a la lechuza ya te hayas enterado, de lo contrario te lo informo.
Pronto nos uniremos, así que él ha decidido que formemos parte de una especie de prueba en los Mundiales de Quidditch, aun no se dé que se trata, nos lo dirá cuando lleguemos.
Nos veremos pronto.
Zabini
-Draco- acaso no puede dejarme en paz ni un solo minuto-pensó el rubio-
-Sí, padre- contesto malhumorado
-Tengo nuevas noticias para ti-parecía muy emocionado-pronto te unirás a nosotros completamente y El Señor Tenebroso a decidido probar a todos aquellos que desean formar parte de sus filas para saber si son lo suficientemente buenos para estar a su lado. La prueba consiste en eliminar a la mayor cantidad de sangre sucia que se encuentren en los mundiales y a los magos que los protejan. Es hora de que los impuros paguen la osadía que ha tenido al querer formar parte de un mundo que no les pertenece. Y los traidores de la sangre merecen el más doloroso de los finales-
-Para que desea hacerme la prueba a mí- dijo con una nota de petulancia en la voz -soy el mejor
-Nunca cuestiones las ordenes que recibas del Señor Tenebroso- dijo realmente furioso y sosteniendo fuertemente el brazo de Draco - No debes olvidar que él es tu amo.
-El no es mi amo- dijo zafándose del agarre de su padre- yo no recibo ordenes de nadie.
-Acaso aun no entiendes que todo lo que te rodea es por obra suya- grito totalmente fuera de sí- Es él a quien le debes estar vivo y rodeado de todos los lujos que tienes, es a él a quien le debes obediencia por sobre todas las cosas.
-Le obedeceré solo hasta que me convenga a mí-le grito
-No te atrevas nunca a desobedecerlo y mucho menos a intentar traicionarlo porque morirás en el intento, Draco.
-Como si eso te importara-
-No me importa, es cierto, pero no solo te expones a ti mismo también a tu madre y a mí-
-No, a mi madre no-pensó, sin embargo le dijo - ¿Y a mí qué diablos me importa lo que les pase a ustedes dos?, Por mi pueden desaparecer hoy mismo, así no te estarías metiendo en mis asuntos.
- ¡Basta ya!- grito Narcisa bajando las imponentes escaleras – Se que ni a ti ni a nosotros nos importa lo que le pase a cualquiera de nosotros, pero una cosa si debes tener muy clara, Draco, le debes obediencia absoluta a el Señor Tenebroso, porque es a él a quien le debes la vida y es por él que lo tienes todo.
-Yo no le debo nada a nadie y mucho menos a un asqueroso mestizo- dijo con cara de asco
-Dije que basta, tú harás lo que se te ordene- dijo Narcisa y ante esto no pudo hacer nada mas, se retiro furioso del salón a su habitación.
Jamás le llevaría la contraria a su Madre.
Pero antes de que desapareciera por las escaleras, su padre alcanzo a decirle
-Prepárate que pasado mañana iremos a los Mundiales de Quidditch, Fudge nos invito-
-Maldito Fudge, a buena hora se le ocurre invitarnos- mascullo Draco y sin más desapareció por las escaleras
