Hola, gracias por los comentarios enviados, me dan mucho animo para seguir. Espero que si la historia les gusta puedan pasar la voz para que más personas la lean. Publicare los capítulos cada dos semanas aproximadamente. Saludos!


Capítulo 2

La nueva varita

Weasley, Rose ─

– Estás mucho mejor ahora – dijo la señora Pomfrey mientras veía la herida que se había convertido tan solo en una fea línea rojiza - Creo que, en la tarde podríamos comenzar con la terapia - prosiguió animada la enfermera y Rose asintió con la cabeza – estaré en mi despacho, si necesitas algo – le avisó después de finalizar todas las curaciones de la mañana. Rose la miró extrañada, por la repentina y excesiva amabilidad de la anciana.

No pasaron ni 15 minutos y las puertas de la enfermería se abrieron. Su hermano y primo Albus entraron con rapidez, Rose notó algo raro en ellos incluso sin haber abierto la boca; Albus estaba más pálido de lo normal y su mirada estaba ensombrecida y Hugo tenía la mirada seria y los labios en una fina línea, una clara imagen de que estaba pasando algo.

– ¡Por Merlín!, que bueno que estés despierta – dijo Hugo cambiando su semblante y la abrazó con cariño – vinimos ayer en la tarde, pero ya estabas dormida y preferimos esperar.

Las palabras de sus hermanos se fueron perdiendo a medida que el hablaba, hasta que terminaron en un débil susurro en su oído, Rose lo alejó de ella y miró su rostro. En ese momento los ojos color café de su hermano estaban empañados, buscó los ojos verdosos de Albus y también lo vio allí: preocupación mezclada con miedo. ¿Qué está pasando?, preguntó rápidamente a través de la pizarra, ambos chicos se miraron y parecían poco convencidos de contarle la verdad. Hablen, insistió la pelirroja con su pizarra y luego de unos segundos donde ambos primos compartieron miradas llenas de aprehensión, Albus sacó un periódico del bolsillo trasero de sus pantalones.

– Ayer llegó esto en el almuerzo – dijo con seriedad y le entregó el periódico, Rose al leerlo se quedó pasmada con el titular: "Rose Weasley posiblemente mordida por hombre lobo".

– Queríamos decirte antes, pero cuando llegamos ya estabas dormida, busqué a mamá pero ya se había ido, así que le mande una carta... – Rose dejó de escuchar la excusa de

Hugo, porque lo único que veían sus ojos era la foto que estaba debajo del titular. Era ella de pequeña, abrazando a su madre, el primer día que ella había ido al Ministerio de Magia. Malditos bastardos, pensó. ¿Cómo podían haber publicado esa foto tan personal junto a su madre?, tomó aire con fuerza mientras sentía que toda su vida comenzaba a desmoronarse. No solo ella estaba siendo afectada, sino también estaban atacando públicamente a sus padres. Imaginó todos los comentarios que tendrían que soportar en el trabajo y comenzó a sentir náuseas con la lectura. "La falta de cuidado de sus padres han hecho que la joven estudiante fuese víctima de un hombre lobo … ¿y la pregunta es, dejaremos que padres tan inexpertos sean parte del ministerio de magia que nos gobierna? Es necesario tomar medidas drásticas para que la muchacha sea controlada." Rose arrugó el periódico y lo lanzó lejos de ella, estaba furiosa, ¿cómo podían decir esas cosas? Sus padres la habían criado bien, nunca le había faltado nada, ni siquiera cuando comenzaron los problemas entre ambos. Ni siquiera, en ese momento le habían dejado de dar amor.

– Rose – habló Albus, pero la muchacha estaba tan furiosa que no prestaba atención. – Rose – Volvió a decir con más fuerza mientras buscaba su mirada – sabes que vamos a apoyarte ¿no? Sea o no sea verdad – dijo y Rose asintió con la cabeza. En realidad no le hubiera importado ser mordida por un hombre lobo, lo que le importaba eran sus padres. Sin embargo, al ver el rostro de su primo y hermano, comprendió que el resto de su familia si estaba notablemente preocupada por esa opción. Rápidamente abrió el cajón que tenía al costado y sacó el sobre amarillo que su madre le había dejado y se los entregó a Albus, quien leyó junto a Hugo los resultados y cuando terminaron Rose pudo ver aún la preocupación en sus rostros. Su hermano se sentó en la cama continua, aun leyendo los papeles.

– ¿Entonces lo que está haciendo El Profeta es una estúpida cortina de humo? – preguntó Albus – lo único que quieren es desprestigiar a tus padres, pero esto es mucho más serio que eso…

– Quisieron matarte – dijo Hugo en un susurro inaudible.

Ahora que Albus lo había dicho, las piezas comenzaron a encajar como en un rompecabezas; desde que Harold Jencel había entrado al poder como primer Ministro, había comenzado a atacar a todos los héroes de guerra. "No necesitan tener privilegios, necesitamos gente nueva, que sepa hacer las cosas bien." era su lema. El padre de Albus había sido el primero en ser saboteado, con chismes baratos y ahora seguían los suyos. Rose tomó aire con fuerza al pensar en esto.

– Quisieron matarte – volvió a decir Hugo conmocionado y Rose le tendió la mano para que él la tomara, cuando agarró la fría mano de su hermano la apretó con fuerza, tratando de decirle que todo estaría bien. Por unos segundos quiso hablarle sobre los ojos rojos que ella había visto antes de desaparecer, tal vez esa era la clave para saber quien la había atacado. Sin embargo, por alguna extraña razón no se lo dijo, algo dentro de ella se lo impidió; aún no se lo contaría a nadie, no hasta que buscara el significado de: Ligeia E.A.P .

Estando aquí, nadie me hará daño, escribió. Sin embargo, Hugo no parecía tranquilo, su rostro demostraba tal punto de preocupación que Rose no tardó en poner la última pieza a ese rompecabezas. No solo estaban preocupados por la posibilidad de que ella fuera una mujer loba, también estaban preocupados por el hecho de que todo el colegio lo sabía.

Ella tomó aire esta vez mareada, por llegar a esa conclusión y ya no sintió que las cosas mejorarían. Entendió por fin las palabras de Emma, la mirada de su hermano y porque la señora Pomfrey estaba siendo tan amable con ella. Todos sabían que sería duro. Se imaginó a los mellizos Jencel hablando en el Gran Comedor, imaginó la voz chillona de Jelica Jencel diciendo solo cosas malas de ella, a todas las personas alejándose por temor. En unos segundos había imaginado tantas posibilidades de ser rechazada y humillada que comenzó a sentirse mal. Se encogió dentro de la cama y se tapó con las sábanas.

– Rose – dijo Albus mientras tocaba el brazo de su prima, ella negó tajantemente con la cabeza, tanto que sintió punzadas en la herida del cuello. Hugo y Albus suspiraron mientras ambos miraban la carta y fue en ese momento, cuando una idea retorcida y tal vez infantil, apareció en sus cabezas… No fue necesario hablar, se entendieron tan solo con la mirada.

─ Malfoy, Scorpius ─

Ese día el gran comedor estaba siendo insufrible para Scorpius. Desde que habían leído el profeta el día anterior, la mayoría de personas no paraban de hablar acerca de la situación de Rose, todo a causa de la odiosa Rita Skeeter, la anciana prácticamente había afirmado que Weasley padecía de licantropía y que haberla encontrado en tan deplorable estado solo significaba que su familia estaba fuera de control.

Eso había hecho que Scorpius viera a la joven con otros ojos. Tal vez, por eso la había tratado de esa manera tan fría el día anterior, seguramente estaba muy asustada y preocupada por lo que estaba ocurriendo con su familia. Extraño o no, eso le había interesado aun más al muchacho y estaba listo para hablar de nuevo con ella; después de todo, nadie le decía no a Scorpius Malfoy.

– No estarán creyendo que seguirá en Hogwarts ¿no?- preguntó Jelica Jencel en la mesa de Slytherin – digo, debe de ser inestable ¿no creen? – siguió hablando la rubia que parecía una muñeca de porcelana con rasgos demasiado procesados, ojos azules y cabellera ondulada.

– Creo que los tratamientos para la licantropía han avanzado bastante Jelica – dijo Alaric mientras se comía una tostada con miel. La joven rubia arrugó la nariz e hizo una mueca de asco.

– No creo que mi padre este feliz con una licántropo aquí. Sea o no tratada – afirmó Hansel Jencel. Un joven alto, muy parecida a su hermana a excepción de los labios carnosos y la cabellera rubia lacia.

Agnes puso los ojos en blanco, muchas veces los hermanos Jencel eran insufribles. Trató de llamar la atención de Scorpius con la mirada, pero el muchacho simplemente estaba muy concentrado en sus pensamientos como para prestarle atención a su amiga.

El chico pensaba que la forma más fácil de hablar con Rose, era diciéndole el significado de las palabras del anillo, pero realmente había estado buscando en tantos lugares sin resultado, que lo creía imposible.

– Tendrá que ir a un colegio muggle. – dijo con sorna Jelica. Y esas palabras fueron las que sacaron a Scorpius de su ensoñación, quien miró a Jelica como si estuviese despertando de un sueño.

– ¿No crees que eso sería más peligroso? – preguntó Alaric y Jelica hizo un ademán con los hombros, como si la idea realmente no le importara.

– ¿Qué dijiste? – preguntó Scorpius. Todos la miraron extrañados mientras la rubia fruncía el ceño ofuscada.

– No me gusta que no me presten atención. – dijo ella con una mirada asesina y Scorpius fingió una sonrisa, ella era irresistible a aquello, sonrió de igual manera mientras jugueteaba con el borde de las mangas de Scorpius - Dije que debería de ir a un colegio muggle.

– ¡Eso es! – Dijo Scorpius con repentina felicidad. Había estado buscando en el lugar equivocado todo ese tiempo, Jelica que hasta ese momento había estado muy cerca del Slytherin dio un respingo del susto.

– No entiendo, Scorpius. – Dijo algo ofuscada. Scorpius se paró de un salto. Quiso decirle algo realmente malo pero no quería comenzar una pelea con su hermano así que se obligó a sonreír.

– Me olvidé, tengo que hacer un ensayo sobre cómo viven los muggles. – dijo y salió de allí, tan rápido que ni siquiera pudo escuchar las siguientes palabras de la muchacha.

Esta vez no fue a la biblioteca sino a la pequeña sala de cómputo que habían implementado hace unos años en la zona oeste del castillo. "Los magos y brujas tienen que estar a la vanguardia de la tecnología también" había dicho McGonagall. Durante muchos meses los padres estuvieron en desacuerdo creyendo que la tecnología era algo insultante para aquellos que utilizaban magia. Sin embargo los más jóvenes sabían que el internet era una herramienta más y estaban profundamente agradecidos por la oportunidad de aprender.

Entró a la sala, o mejor dicho cuarto con tan solo 14 computadoras y saludó a Maggie Filender, profesora de cómputo e hija de padres muggles.

– Aun no puedes entrar, Malfoy – dijo la profesora Filinder con un acento rumano muy marcado, Scorpius la miró con descontento. La mujer ancha, de cabellera dorada y corta le sonrió ligeramente, mientras mostraba el cartel de la puerta. ABIERTO DE 12 A 4. Scorpius bufó.

– Es solo un minuto – respondió el Slytherin, pero la mujer negó con la cabeza.

– En mi aula ninguno tiene privilegios – habló mientras lo invitaba a salir con las manos. Scorpius salió de allí furioso.

─ Weasley, Rose ─

El día no parecía mejorar para Rose, Lilia Olivander llegó transcurridas dos horas después que Hugo y Albus la dejaran sola con sus pensamientos. La mujer de cabellera gris y lentes que parecían ojos de gato, le sonrió con unos dientes amarillentos, el olor a cigarrillos muggles hicieron que Rose entendiera el deplorable estado de la hechicera, a pesar de tener tan solo 40 años. Olivander no estaba sola, había traído con ella por lo menos cinco baúles llenos de varitas que caminaban solos, detrás suyo.

– Hacer esto es inusual – dijo mientras tomaba una silla y se sentaba al costado de Rose.

La muchacha asintió con la cabeza. – estoy al tanto que no puedes hablar así que nos guiaremos de la intuición y de hechizos simples, ¿está bien? – preguntó.

Rose recordó la primera vez que vio a Lilia Olivander, su rostro había cambiado bastante desde esa vez. Su cabello en esa época era de un rubio oscuro muy bonito, su rostro ya demostraba algunas arrugas por abusar tanto del cigarro, pero no tantas como en ese momento, desde el principio a ella le pareció una mujer extravagante, completamente opuesta a su tío. Sin embargo le inspiraba confianza, al igual que el viejo Olivander; después de todo, ella le había dado su primera varita.

– Bien, probaremos con algunas similares a la tuya – dijo mientras le entregaba una varita de pelo de unicornio.

Rose la tomó y no sintió absolutamente nada con ella, por ello la mujer frunció el ceño y comenzó a pasarle más varitas, pero ninguna le hizo sentir como la suya. Al cabo de dos horas habían terminado con todas las varitas de pelo de unicornio y vella que Lilia había llevado, así como algunos floreros, un cuadro y unas cortinas que se habían roto al utilizar las varitas. La mujer ya comenzaba a perder la paciencia, abrió el baúl de varitas de corazón de dragón y se las pasó una a una, algunas chispaban, otras simplemente se quedaban estáticas, haciendo que Olivander bufara.

– Tengo algo más – dijo mientras se amarraba la cabellera gris – si esta, no funciona vendré mañana con más varitas. No nos rendiremos Rose, ¡Encontraremos tu maldita varita!- gritó y sacó del baúl de varitas de corazón de dragón, una pequeña caja color azul. Dentro de ella había una varita de madera verde musgo. De lejos, una de las varitas más hermosas que había visto.

– Sí – dijo Lilia. – Hermosa por tener un núcleo de pluma de fénix. – Rose observó a Lilia con los ojos bien abiertos. - 27 centímetros, hecha de endrino y pluma de fénix. No muy flexible– dijo mientras se la entregaba.

Apenas Rose tocó la varita sintió una especie de electricidad desde la punta de los dedos hasta su columna vertebral. El dolor se extendió, sobre todo en las partes que aún estaban sensibles. Su cuello le ardió e instintivamente Rose quiso soltar la varita por el repentino dolor pero Lilia le tomó la mano y se la apretó. Asintió con la cabeza mientras Rose hacia un movimiento con la varita y veía cómo se iluminaban las habitaciones por el hechizo lumus que había hecho sin ni siquiera decir ni una sola palabra. Lilia sonrió ampliamente.

– La encontraste muchacha, tu varita – dijo satisfecha, pero Rose no sentía que era suya, la sentía ligeramente quisquillosa y reacia a aceptarla. - Si, vas a tardar un poco en acostumbrarte. – prosiguió al darse cuenta de la mirada de Rose. - Es curioso, estas varitas son para gente guerrera. No digo que tú no lo seas, es solo que por tu antigua varita creí que serías algo más tranquila. Rose no sabía qué responder, después de todo, ella siempre se había considerado una chica de libros más que de deportes y el hecho de que su nueva varita fuera esa, le parecía hasta ridículo. Gracias escribió, sin saber que más decir.

– Se complementaran muy bien, verás que sí – afirmó Lilia mientras que con un movimiento de varita cerraba los baúles y se despidia rápidamente de Rose.

La chica se quedó en silencio, observando con detenimiento su nueva varita, quería utilizarla y comenzó a mover cosas con ayuda de ella. Hizo que el agua llegara hasta sus manos, algo tambaleante, luego hizo que las camas de la habitación se destendieran y volvieran a tender, reparó todo lo que había roto con las varitas de prueba. Pronto se dio cuenta de que, a pesar de que la varita era tosca realmente era la suya, y terminó por acostumbrarse rápidamente a ella; sintiendo que ya la conocía desde mucho antes.

─ Malfoy, Scorpius ─

La clase de defensa contra las artes oscuras terminó en un parpadeo y apenas Scorpius tuvo la oportunidad, salió corriendo de allí.

– Scor - gritó Agnes en el pasillo haciendo que Scorpius parara en seco – ¿Te sucede algo? Estás distante – dijo la muchacha a su mejor amigo.

– No, estoy bien. - Dijo Scorpius con impaciencia y Agnes lo miró con cara de pocos amigos.

– Ambos sabemos que no. No levantaste ni una sola vez la mano en defensa y es tu clase favorita.

– Estoy bien Agnes – insistió mientras comenzaba a caminar, Agnes frunció el ceño y respondió:

– Pero pociones es para allá- señaló el pasillo de la derecha. Scorpius giró ligeramente la cabeza.

– Llegaré un poco tarde – dijo restándole importancia.

–Alaric te va matar, Scor. Te va matar – gritó Agnes mientras veía alejarse a Malfoy.

– Juro compensarlos mañana – gritó de vuelta y salió rápidamente de la vista de Agnes.

La impaciencia que sentía, lograba que corriera por los pasillos lo más rápido posible, se sentía muy emocionado, ¿cómo no lo había pensado antes? Internet era la clave a todo en el mundo muggle y si él tenía razón, también lo sería a su incógnita. Mientras giraba velozmente por uno de los pasillos escuchó la voz grave de la directora McGonagall: No corra señor Malfoy. El muchacho sonrió nerviosamente al oír su apellido y comenzó a caminar a grandes zancadas, la vieja profesora lo fulminó con la mirada hasta que Malfoy desapareció al dar una curva y solo allí comenzó a correr igual de rápido, como un niño pequeño que estaba a punto de abrir su regalo de navidad.

– Creo que ya puedo entrar – dijo con satisfacción, mostrándole el cartel a la profesora de computación.

– Pronto será mi hora de almuerzo – dijo ella.

– ¡Vamos! – gruñó Scorpius – Realmente tengo que utilizar la computadora. - La profesora frunció el ceño, pero dejó que el muchacho pasara.

Cuando Scorpius se sentó en una de las máquinas, esta tardó demasiado en prender; cinco desesperantes minutos más tarde la computadora ya estaba funcionando. Entonces, lo único que tuvo que hacer Scorpius fue escribir Ligeia E.A.P en GOOGLE. El internet tardó otros buenos minutos, después de todo, lo electrónico y moderno solía tener fallas debido a todas las salvaguardas mágicas que hacían del castillo una de las zonas más seguras del mundo mágico. El internet era lento pero, seguro.

Cuando cargó la página, no pudo creer cuanta información existía. Jamás entendería bien este mecanismo muggle, sabía que a veces no era confiable, pero lo cierto era que más de 1000 páginas indicaban que E.A.P era en realidad Edgar Allan Poe, un escritor muggle muy conocido y que Ligeia era en realidad el nombre de uno de sus poemas.

No fue difícil encontrar el poema entero, Scorpius lo leyó detenidamente. Ligeia era una mujer de belleza inexplicable, cabellera negra y ojos de igual color, alta y con piel color marfil. La historia narraba a grandes rasgos como Ligeia moría y su amado devastado, terminaba comprometiéndose con otra mujer a quien no amaba y que poco después moría también. Sin embargo, algo extraño ocurrió al final del relato, Ligeia regresaba de la muerte en el cuerpo de esa mujer.

– ¿Puedo imprimir esto? – preguntó y la profesora frunció el ceño.

– ¿Crees que tenemos impresora? – respondió con molestia.

Scorpius no pudo evitar poner los ojos en blanco, ¡como detestaba a esa mujer! Apagó la computadora y salió de allí rápidamente, fue directo a la biblioteca hacia la sección de autores muggle pero a pesar de que busco el libro simplemente no lo encontró. Caminó desanimado hasta donde estaba el escritorio de la bibliotecaria Pince.

– Muy buenas tardes señorita Pince – le dijo con una semi sonrisa. La mujer que hasta ese momento leía un libro, levantó la cabeza y se quitó los diminutos lentes que llevaba puestos.

– ¿Qué se le ofrece Malfoy? – preguntó con una ceja levantada.

– Quisiera saber si tiene los libros de Edgar Allan Poe, es un escritor…

– Muggle. Lo sé, muchacho – le respondió mientras se levantaba de su cómodo asiento y se dirigía hacia un gran libro, lo golpeó con la varita un par de veces y este comenzó a pasar las páginas solo. Cuando paró, la señorita Pince comenzó a buscar con el dedo índice todos los nombres que había anotado – Son dos tomos, joven Malfoy. Y ambos están con la señorita Weasley en estos momentos. – Scorpius frunció el ceño. ¿Acaso ella se le había adelantado?

– ¿Vino hoy? – preguntó algo desencajado. La señorita Pince negó con la cabeza, mientras observaba con detenimiento lo que había escrito.

– Lo sacó hace 2 semanas – dijo mientras revisaba otras hojas– la joven los ha sacado mucho estos últimos meses. De seguro los entregará a penas salga de la enfermería. Por favor, se paciente. – Scorpius asintió con la cabeza.

– Claro. – dijo con una falsa media sonrisa y salió de allí. Era extraño, saber que Rose lo había estado sacando muchas veces y aun así no reconociera el significado. Un pensamiento repentino, hizo que Scorpius comenzara a intrigarse más; Rose Weasley era un misterio que él quería resolver.