CAPÍTULO 1: El comienzo de una nueva era. ¡Por fin nos hemos casado!
- ¿Quereis hacer el favor de subiros de una vez al coche de una vez?.- preguntó Carlos, meditando la firme posibilidad de dejarlas allí tiradas.- A este paso, Bunny tendrá que casarse sin damas de honor.
- ¡¡NO!!.- gritaron todas las chicas desde la habitación de al lado.
Rápidamente, empezaron a salir chicas con vaporosos vestidos, arreglandose apresuradamente el pelo, o el tocado, o el maquillaje, o la falda...
Carlos suspiró con resignación al igual que Ricardo, mientras los demás chicos sonreían comprensivos.
- ¿Se puede saber por qué habeis tardado tanto?.- gruñó el muchacho. Había cumplido ya los quince años y llevaba un ritmo de crecimiento que hacía presagiar que en poco tiempo iba a superar a Carlos en altura. Los últimos meses los había pasado en Inglaterra, por orden del padre de Luis, su tutor, para que mejorase su inglés y (para qué negarlo) sus modales.
- Verás, es que algunas personas se molestan en tratar de sacar lo mejor de si mismas en ocasiones especiales.- le recriminó Hotaru.- Claro, que tú no tienes nada mejor que sacar.
- Al menos yo no tengo que fingir algo que no soy.- replicó Ricardo.- ¿Y por qué te has puesto tanto relleno? Se nota mucho.
Al decir eso, hundió un dedo en el pecho de Hotaru... que no era precisamente de relleno.
Por supuesto, hizo falta ayuda para impedir que Hotaru no matase a Ricardo.
- ¿Por qué has hecho eso, Ricardo?.- suspiró Luis, mientras Vicki trataba de tranquilizar a Hotaru.
- ¡No sabía que eran de verdad!
- Me parece que con la edad que tienes, ya deberias saber que a las chicas les crecen los pechos al desarrollarse. Ademá, ya te avisamos que después de romper con mi hermano, Hotaru está especialmente susceptible.
- Sí, pero no estaba seguro de si debía incluir a Hotaru en la definición de "chica". Y Hotaru siempre está susceptible. Debe ser un efecto secundario del crecimiento hiperacelerado.
Luis suspiró, con resignación. Estaba claro que iban a tener una segunda version de las constantes riñas entre Vicki y Alex.
- Carola, cielo.- murmuró Dani mientras tanto.- Creo que no es buena idea que vayas así a la boda.
- ¿Por qué no?.- se alarmó Carola, mirándose de arriba abajo. Llevaba un vestido de color amarillo suave, largo hasta los pies y con los hombros desnudos, con un pequeño ramillete en las manos.- ¿Voy mal?
- No: es que estás tan hermosa que vas a eclipsar a la novia.
- ¡Oh, tonto!.- se ruborizó Carola, mientras le daba un suave golpe en la mejilla.
- En cualquier caso.- señaló Carlos, todavía molesto por el retraso.- Quizás lo más adecuado habria sido que os vistierais al llegar allí ¿no? Después de todo, Bunny también tendrá que vestirse y vosotras vais a ir con ella.
- Si, pero si tenemos que ayudarla a ella, no podemos dedicarnos a arreglarnos nosotras.- le sonrió Amy, con un vestido igual al de Carola, pero de color azul.
- Que suerte teneis.- suspiró Jorge.- A mi también me gustaría poder ayudar a Bunny con su vestido.
- No te inquietes.- le tanquilizó Alex.- Cuando tú te cases, podrás jugar con tu vestido tooooodo lo que quieras.
- Por supuesto.- sonrió Jorge.- Pero tu no podrás verme: ya sabes que el novio no puede ver a la novia antes de la boda Y
- ... ¿nunca vas a cansarte?
- NoY
- Creo que ya estamos listas.- anunció Vicki, después de conseguir tranquilizar a Hotaru lo suficiente.
- Por fin.- gruñó Carlos, abriendo la puerta para que fuesen saliendo las chicas. Al pasar Tim a su lado, la miró con muda admiracion, que ella correspondió con una rápida y ligera sonrisa furtiva.
- Sabes, aunque sea robarle las palabras a Dani, tú tampoco deberias ir asi.- le susurró Alex al oido a Patricia.- Estás espléndida.
- Gracias.- respondió Patricia con una dulce sonrisa, mientras se subía con cuidado al coche de Carlos.- Nos veremos en la iglesia.
Bunny se miró al espejo una vez más. Casi no podía creerselo: por fin iba a casarse. Después de tantos años, de tantos sufrimientos, el día de su boda iba a celebrarse.
Su madre se acercó a ella y apoyó sus manos sobre ella.
- Estás preciosa, hija.- le dijo, emocionada.
Bunny se limitó a asentir con una sonrisa.
Detrás de ella, estaban todas sus amigas, terminando de arreglarse tras haberla ayudado a ella con su vestido. Estaban todas espectaculares, con sus vestidos. A sus pies, en un necesario silencio, pero igual de emocionada y orgullosa, estaba Luna. Y estaba deseando poder salir por fin y ver a todos sus amigos esperandola, a su padre, caminando a su lado, orgulloso. Y sobre todo, ver a Armando, con su traje blanco, ansioso de verla llegar, de tomarla por esposa...
- Bunny, ¿estás lista?.- le preguntó Raquel.- Ya es la hora...
Bunny asintió levemente con la cabeza, tratando de contener las ganas de ponerse a dar saltos de alegría.
Su, madre, dándole un último abrazo, se fue hacia los bancos, a sentarse con Shingo, a quien también se le veía feliz y satisfecho (aunque eso igual era debido a que iba a quedarse con el cuarto de Bunny)
Su padre la estaba esperando con una sonrisa de orgullo.
- Estás preciosa, hija.- logró decir, tratando de contener la emoción.
Bunny se limitó a asentir. Si trataba de hablar, empezaría a llorar y Vicki jamás le perdonaría que arruinase su maquillaje de esa manera.
Las damas de honor pasaron delante de ellos, echando pétalos de flores a su paso, con gestos solemnes.
Todos estaban de pie a su paso, mirandola con amor y felicidad. Allí estaban todos: las hermanas Malignas, Kari, Camilo, Mauricio, Fernando, Ryo, el doctor Tomoe... incluso los Three Lights y la princesa Kokyu habían ido a su boda. Seiya le había deseado toda la felicidad del mundo, aunque sus ojos se habían mostrado tristes. Pero ella no estaba preocupada: estaba convencida de que algún día, él también encontraría a su compañera ideal... quien sabía si no sería esa dulce princesa de largos cabellos pelirrojos...
Estaban todos aquellos que habían pasado por su vida durante los últimos años. Algunos sabían su pequeño secreto, otros no, pero no importaba, todos estaban felices de verla por fin allí, frente al altar.
Las damas de honor fueron tomando su sitio, enfrente de los bancos donde estaban sentados los muchachos, todos ataviados con sus mejores trajes.
Y allí estaba él, su gran amor de toda la eternidad. Ahora se hacía llamar Armando, pero en otra época había sido conocido como Endimión, el Príncipe de la Tierra, su amante secreto, su amor eterno. Se le veía feliz, radiante, casi no cabía en si de felicidad.
Ella le sostuvo con amor la mirada.
Por fin había llegado su momento.
- Pasame otro pañuelo, por favor.- murmuró con los ojos llenos de lágrimas Carola.
Dani, enjugándose las suyas propias, le pasó uno de sus famosos pañuelos de papel mentolados.
Todas las chicas, a excepción de Tim y Hotaru, estaban derramando alguna lágrima, en mayor o menos medida.
- Esto es tan... hermoso.- murmuró Ray miesntras el sacerdote continuaba con su discurso.- Nuestra pequeña... ya se ha casado.
- Desde luego, llorais por unas tonterías.- refunfuñó Carlos.
- Estoy de acuerdo.- asintió Tim, muy convencida.
- No seas aguafiestas, Carlos.- le regañó Luis.- El siguiente podríais ser vosotros
De un salto Tim y Carlos se levantaron de un salto, los dos rojos como tomates.
- ¡NODIGASTONTERIASNOSOTROSSOLOSOMOSAMIGOS!.- gritaron ambos al mismo tiempo.
- Me alegra oirlo, hermanos.- les dijo el sacerdote.- Dios se alegra de saberlo, pero sin duda, puede esperar a que termine la ceremonia.
Los dos aun más rojos que antes, se apresuraron a sentarse, sintiendose el centro de todas las miradas.
- Caray, no hacía falta que os pusierais asi.- murmuró Luis, alucinado.- No quería decir que fueseis a ir juntos...
- ¡Viva los novios!
- ¡Viva!
- Felicidades Bunny, me alegro mucho por ti.- la felicitó Kary, luciendo un precioso vestido de premamá.- Espero que seais muy felices.
- Gracias Kary.- se lo agradeció Bunny, emocionada.- Y no olvides avisarme cuando nazca el bebé.
- Bueno, Armando, tú también has caido.- se rio Mauricio.- Espero que seas muy feliz: tienes una gran chica contigo.
La gente lanzaba el arroz en todas direcciones, y este se desperdigaba por el viento.
- Oye, ¿no te parece que hace frio para estar en el mes que estamos?.- se oyó murmurar a alguien.
- Pues la verdad es que ahora que lo dices...
Bunny tuvo un terrible presentimiento.
- ¡Amy!.- le preguntó, alarmada de repente.- ¿Cuándo tocaba que comenzase la glaciación?
La pregunta pilló de sorpresa a su amiga.
- Pues... pues no lo se, supongo que faltaran uno o dos años...
Se quedaron mirando la una a la otra fijamente.
-... o no...- dijo finalmente Amy, dándose cuenta de lo que estaba pasando.
Bunny notó cómo se le llenaban los ojos de lágrimas. Agarró sus faldones y echó a correr hacia la sacristía.
- Bunny, por favor, abre la puerta, cariño.- suplicó su madre.- Esto tenías que haberlo hecho antes de la ceremonia, no después. Ahora ya no tiene remedio.
- Señora Tsukino, no creo que sea eso.- le indicó Armando, con una gran gota de sudor.
- Por favor, cariño, llamamé mamá.- le restó importancia la mujer.- Bunny, abre, por favor. Siempre puedes recurrir al divorcio.
- ¡Vete!.- se oyó decir a Bunny.
- ¿Me deja probar a mi?- le pidió Alex. Este empezó a dar grandes golpes contra la puerta, organizando todo un escándalo.- ¡Bunny, abre la puerta!
Fuera, abriendo la ventana y ocultando el ruido con los golpes de Alex, las muchachas lograron meter a Luna en la sacristía.
- Bunny.- dijo la gata.
En un rincón,abrazando sus rodillas, staba Bunny. Parecía un angel caido, con el rimel corrido por las lágrimas y todo el vaporoso vestido blanco a su alrededor.
- Vete.- lloriqueó Bunny.
- Bunny, ¿qué ocurre?
- Es la glaciación.- murmuró la novia.- Tenía que ser precisamente ahora, en el día de mi boda.
- Bunny, las temperaturas no bajan en un día.- indicó la gata.
- ¿Y cuánto tardará?.- insistió Bunny.- ¿Una semana? ¿Un mes?
- Seguramente tardará por lo menos cuatro meses en empezar a congelarse todo (nota de la autora: lo siento, no he estudiado climatología, de modo que no sé si lo que acabo de decir es una sublime estupidez. Todos hablan de las glaciaciones, pero nadie dice cuanto tarda en hacer frío)
- Cuatro meses...- siguió llorando Bunny.- ¿Y qué hago yo en cuatro meses? Me he casado hoy, entre que vengo del viaje de novios, hacemos la mudanza, y organizamos todos... para cuando comience de verdad mi vida con Armando, todo quedará reducido a un montón de hielo...
- No seas tan negativa.- trató de animarla Luna.- Tú sabes que cuando llegue el momento, sumirás al planeta en un letargo que terminará con la glaciación y todo comenzará de nuevo. No es que tu vida acabe, simplemente, quedará como si te hubieses ido a dormir.
- Sí, pero entonces habra luchas por el control, y acabaré siendo la reina.- insistió Bunny.- Yo solo quiero tener una vida normal con Armando...
- Deja de lamentarte por tu destino.- la regañó dulcemente Luna.- Piensa que tendrás una hija maravillosa y que conseguirás tener la paz en el mundo, lo mejor que puede ocurrir. No puedes impedir que tenga lugar la glaciación ¿no?
- No.- admitió Bunny, secándose las lágrimas.
- En ese caso, lo mejor que puedes hacer es aprovechar al máximo tu tiempo ahora, disfrutando de la tranquilidad. Tendrás que tener a mano unos cuantos abrigos y mantas, pero aun te queda tiempo para disfrutar de Armando. Si no quieres perder el tiempo en una mudanza, alquilad una casa.
Bunny alzó un poco la vista y miró a la gata.
- Venga, sonrie un poco.
De repente, Bunny se echó a llorar de nuevo.
- ¿Y ahora que te pasa?.- suspiró la gata.
- ¡Que he echado a perder mi maquillaje y no puedo salir con este aspecto!
- ... y las temperaturas continuarán bajando hasta el punto que dejen de funcionar todos los aparatos electricos que no estén debidamente preparados.
Alex apagó el televisor con el mando a distancia, mientras Patricia miraba por la ventana, con una taza de chocolate caliente en las manos: estaban a finales de septiembre y nevaba copiosamente desde hacía tres días.
- Parece que ha llegado el momento.- suspiró ella.- Pronto empezará a fallar todo y reinará el pánico.
- Debemos hablar con Bunny, no puede retrasarlo más.- señaló Alex.
- Lo sé.
Todos estaban reunidos en casa de Dani, muy serios. Las nevadas se habían intensificado los últimos días y las temperaturas continuaban bajando a un ritmo alarmante.
- Bunny, no puedes retrasarlo más.- señaló Luna, rompiendo el silencio.- Ya está muriendo gente por congelación.
- En el sur aun hace un tiempo razonable.- se defendió Bunny.
- Bunny, no puedes seguir asi.- intervino Artemis.- Pronto dejarán de funcionar las calefacciones ¿quieres que muera más gente? No puedes hacerlo por un motivo tan egoista como es mantener tu vida de casada.
- Podriamos acabar muriendo alguno de nosotros.- señaló Sergio.- Somos guerreros, pero eso no nos hace inmunes al frío.
Bunny bajó la mirada, con lágrimas en los ojos, mientras Armando la abrazaba.
- No es sólo por mi vida de casada...- murmuró.
- ¿Entonces qué ocurre?.- preguntó Raquel. Bunny, como toda respuesta, se llevó la mano al vientre.- Oh... ya veo...
- ¿Qué pasa?.- preguntó Dani, mientras las chicas sonreian.
- Estás embarazada.- suspiró Luna.- ¿De cuanto?
- Tres semanas.- Bunny empezó a llorar.- Es que... ¿y si le pasa algo al bebé?
- A Chibiusa no le va a pasar nada.- respndió Luna.- Seguramente, en el futuro, también la reina estaba embarazada en la glaciación y no le ocurrió nada.
- Pero no puedes asegurarlo.
- Pero tampoco puedes esperar a que nazca para poner a la gente a salvo.- señaló Cometa.- Si esperas nueve meses, ya habrán muerto millones de personas.
- Por no hablar de la posibilidad de que tu misma mueras, o de que el bebé no soporte las condiciones.- señaló Amy.
- Lo mires por donde lo mires, debes usar el cristal de plata.- asintió Armando.- Bunny, yo confio en ti, estoy seguro de que con tu poder, nos protegerás a todos, incluida nuestra hija.
- Sabemos que es duro.- dijo Patricia.- Significa renunciar a todo lo que tenemos para adentrarnos en algo totalmente diferente, una era que nos es totalmente desconocida, que tendremos que dejar de ser quienes somos para acabar gobernando Tokyo de Cristal, pero es nuestro destino y debemos aceptarlo.
- No hacerlo, es morir.- indicó Diego.
Bunny les fue mirando uno a uno, sin dejar de llorar. Todos estaban tristes y asustados, pero decididos.
Una vez más, apoyó las manos en su vientre. Aun era demasiado pequeña para notarla, pero ella sabía que Chibiusa estaba allí. No quería que sufriese, que pasase calamidades.
Sacó el cristal de plata.
Las imágenes pasaban demasiado deprisa como para que pudiese entenderlas o memorizarlas. Un planeta oscuro, dos desconocidos, una inmensa fuerza maligna. Mucho dolor, sufrimiento y rencor.
Y sobre todo, mucha soledad.
Sailor Moon abrió los ojos lentamente, adormecida. A su alrededor estaba el cristal con el que había envuelto a toda la humanidad para impedir su extinción.
Miró a su lado. El Señor del Antifaz todavía permanecía aletargado. No muy lejos, estaban sus compañeros guerreros, todos profundamente dormidos.
Asustada, Sailor Moon se llevó la mano al vientre, pero pronto se tranquilizó: de alguna manera, sabía que Chibiusa estaba bien.
- ¿Por qué... por qué he despertado?.- murmuró. Trató de caminar. Los edificios estaban cubiertos de cristales y todo había cambiado, pero ya no hacía frio.- Ha... ha terminado la glaciacion.
Habian pasado mil años durmiendo, esperando a que mejorasen las condiciones y por fin lo habían hehco. Parecía que hubiese sido ayer cuando hizo uso de su poder.
- Y de nuevo, ha llegado el momento.- se dijo a si misma.- Es el momento de despertar.
Alzó el cristal de plata.
- Cristal de plata, devuelve a la Tierra a la vida.- murmuró.
Al instante, mil rayos de colores salieron en todas direcciones, envolviendo a todo el mundo.
Y poco a poco, la Tierra fue despertando.
El poder del cristal de plata se extendió por todo el planeta... y luego por todo el Sistema Solar. Su onda de poder fue navegando por los millones de kilométros del espacio, hasta cruzar Plutón. Siguio vagando un poco más... y chocó con una barrera de oscuridad.
Sin embargo, el poder del cristal era fuerte y fue fundiendo esa barrera, hasta dejar al descubierto un pequeño planeta.
- ¡No puedo creer que la gente sea tan sumamente estúpida!.- gritó Alex, cerrando la puerta de un portazo.
- ¿Qué ocurre?.- le preguntó Luis.
- ¡Acaban de declararse la guerra!
- ¿Quién?.- se alarmó Diego.
- ¡Todos!.- gruñó Alex, mientras abrazaba a Patricia.- Se han declarado todos la guerra unos a otros. Creen que no deben mostrar que están debiles despues de mil años de hibernación y la manera más fácil de arreglarlo es declarse todos la guerra. Asi, a los que no mató el hielo, los matarán las bombas.
- Bueno, ya sabíamos que iba a ocurrir.- trató de restarle importancia Cometa.
- Sí, pero aun asi no puedo entenderlo.- insistió Alex, poniéndose de nuevo en pie y dando un puñetazo a la pared.- ¡Se van a matar unos a otros!
- No si puedo evitarlo.- intervino Bunny, mientras de su bolsillo sacaba el cristal de plata y se transformaba.
- Soldados.- gritó un coronel.- Prepárense para la carga.
- ¡Señor!.- llamó un joven.- ¡Señor, en el cielo!
El coronel alzó la vista. En cielo, parecía estar volando un angel.
- ¿Cómo lo hace?.- preguntó Guerrero Venus.- Es decir... ¿cómo pueden verla desde todos y cada uno de los puntos de la Tierra? Es físicamente imposible.
- En este planeta, ciertamente.- murmuró Guerrero Plutón como quien no quiere la cosa.
- Es cosa del Cristal de Plata, ha creado ilusiones para que todos la vean y la oigan.
- Debeis detener esta absurda guerra.- comenzó Sailor Moon.- ¿No lo entendeis? Yo os salvé del hielo, os hice dormir, para que al despertar, pudieseis seguir con vuestras vidas, una existencia feliz y en paz. ¿Qué sentido tiene sobrevivir, para luego matarnos unos a otros? ¿No es mejor vivir en paz?
- ¡Soldados, disparad!.- gritó un militar de uno de los ejércitos. Los misiles salieron catapultados hacia la sailor.
- ¡Sailor Moon!.- exclamó el Señor del Antifaz, preocupado, pero no era necesario: antes de que él tan siquiera tuviese que mover un dedo, la sailor estaba rodeada de todos los guerreros eternos, que se encargaron de los proyectiles.
- Por favor, teneis que escucharme.- suplicó la joven, como si no hubiese ocurrido nada.- Nosotros somos nuestro peor enemigo: no el hielo, o el tiempo, ni tan siquiera las armas. Somos nosotros mismos. Dejad que or purifique, que os haga quedar en paz y de este modo poremos seguir viviendo.
- ¿Y qué pasa si no queremos que nos purifiques?
Sailor Moon bajó la mirada. Abajo, estaba un joven de cabellos plateados, rodeado de varios jóvenes a los que reconoció de inmediato: eran los miembros de la familia de la Luna Negra.
- No puedo obligaros.- admitió ella, entristecida. Todo volvería a empezar.
- Sin embargo, es decisión vuestra, y serán vuestros hijos los que sufrirán.- intervino Guerrero Sol.- No podemos obligaros, ni pretendemos hacerlo. Pero debeis entender que si vas a crear conflictos, no os podeis quedar aquí, tendreis que iros. ¿Quereis eso para vuestros hijos, para vuestras familias? ¿Todo ese sufrimiento y soledad... sólo por destruir?
Pareció que el joven iba a decir algo más, pero guardó silencio y pronto retrocedió.
- ¿Alguién mas tiene dudas?.- preguntó Guerrero Sol.
Nadie dijo nada.
Como respuesta, el guerrero se giró en el aire y le tendió una mano a Sailor Moon.
- Todo tuyo.- le dijo, con una sonrisa.
- ¡Viva la Reina Serenity!.- exclamaba la gente.
- ¡Viva el Rey Endimion!
- Se me hace raro que me llame asi la gente.- se sonrojó Bunny, mientras saludaba desde el palco real.
- Bueno, queda más digno la Reina Serenity que la Reina Bunny.- señaló Armando.- Además, en el pasado ya tuviste ese nombre.
- Pues a mi lo que más me ha gustado de todo ha sido ver la cara de la gente al saber quiénes éramos.- se rio Alex por lo bajo.- ¡La cara de Amalia debe haber sido un poema! Creo que es la única vez que lamento no haberla tenido cerca.
- Tú espera a que se le ocurra ir contando por ahí que estuvo saliendo con uno de los guardias de la reina.- murmuró Vicki.
- ... es muy capaz, ¿verdad?
- Sí.
Bunny esbozó una sonrisa, mientras continuaba saludando a la gente. No podía tener más felicidad en si: estaba junto al hombre de su vida, esperaba a su primera hija, rodeada de sus seres queridos... y, por fin, en paz. Las palabras de Guerrero Sol habían impedido que se formara una colonia oscura que hubiese acabado por atacar la Tierra. Por fin, vivían en paz.
Nota de la autora: Bueno, este es el primer capítulo de "Tokyo de Cristal". Sé que he contado muchas cosas muy rápido, pero todo eso ya se sabe que ocurría, asi que he querido pasar pronto a la accion.
Lo del décimo planeta no es una invención mia: han puesto hace poquito en la tele la noticia de su descubrimiento y la verdad es que me ha venido de perlas para la historia.
Espero poder ofreceros pronto el siguiente capítulo y que os haya gustado.
