Hola a todos!
Ya estoy de vuelta con el capitulo numero 2 de esta hermosa historia.
Aquí podremos saber algo más de nuestro querido Neji Hyuuga, quien esta interpretando el papel de un guapo Ingles Neji. También incursionaremos en nuevos personajes que apoyaran la historia.
Hay que prestar atención a las charlar, y volver a leer si es necesario jeje.
Se explicara la razón de que el ejercito ingles este sobre los vikingos, y muchas cosas más.
Disfruten la novela xD
Nota: Neji es un sajon y Sakura es Danessa.
Momento de Locura
Capitulo Dos
El sajón la había dejado en una sala, pero hablar de «sala» era probablemente una exageración, dado que sólo era una pequeña zona de almacenaje en un granero que parecía haberse convertido en cuartel general temporal de la mitad del ejército.
Habia mas personas aparte de ella, todos parecían pertenecer a su captor.
Observó cómo un hombre de edad, llamado Hiashi apartaba unas herramientas agrícolas de la estancia en la que se encontraba Sakura; queria darle mas espacio y privacidad. El hombre tenía el cabello de oscuro y largo, y la había mirado como si fuera imposible que Sakura perteneciera al mundo real.
Ella estaba sentada en un baúl de madera muy grande, que sin duda contenía las posesiones que le habrían robado a alguien. Le habían dado una capa para cubrirse mejor, pero Sakura no podía ponérsela a pesar de que estaba temblando. No sabía a quién habría pertenecido con anterioridad.
—Bien —dijo Hiashi, mirándola de nuevo—. Te dejo.
Se marchó con unas horquillas y Sakura se quedó a solas con su destino, que ella misma había decidido entregar a un guerrero sajón.
Sin embargo, su captor no se dignaba a mirarla. Ni siquiera estaba cara a cara con ella. El estaba de pie, y Sakura pudo ser como se quitaba el casco.
Una larga melena lisa le cayó por la espalda, enredándose con el metal de la cota de malla. Su color mostraba un negro intenso, tal vez con algunos vistos en castaño. Parecía tener la suavidad del lino y brillaba a pesar de la intensa batalla.
Sakura permaneció sentada sobre el baúl, con las manos cruzadas sobre el regazo. Esperó a ver si él se quitaba algo más. No lo hizo. El caro casco de guerra se le cayó de la mano sin que él le diera mucha importancia. Se dio la vuelta.
Tenía la piel brillante y clara, que iba muy bien con su cabello. Era guapo, muy guapo tenía que admitir, de ese modo tan rudo y masculino que tan bien les sentaba a los hombres. Sakura observó el fuerte cuerpo, el reluciente cabello y la fina piel. Todo parecía indicar una ardiente animación que no estaba presente. Los profundos ojos perlados permanecían tan fríos como el hielo.
Sakura estaba a solas con él, y solo podía esperar lo peor.
El corazón comenzó a latirle a toda velocidad. Le pareció que hasta sería posible que se asfixiara con su propio aliento. Él la observaba como si fuera consciente de lo que le estaba ocurriendo. Sin embargo, no movió ni una pestaña.
«Frío corazón. Frío corazón», pensó Sakura.
—¿Puedo sentarme? – pregunto.
Ella trató de no sobresaltarse. Las formalidades se iban a respetar un poco más.
—Por supuesto —respondió ella, siguiéndole el juego.
Haría cualquier cosa para ganar tiempo y evitar lo inevitable. Muy cortésmente, le hizo un sitio en el baúl, dado que era lo único sobre lo que se podía sentar. En cierto modo, era mejor, puesto que así ya no se cernía sobre ella con su altura, ataviado con aquella amenazante cota de malla. Sin embargo, no era un baúl demasiado grande. Sakura deseó haberse acercado un poco más al borde, porque ya no podía moverse sin que resultara evidente. Además, la ilusión de cortesía civilizada era lo único a lo que podía aferrarse.
Lo miró fijamente. Era mucho más joven de lo que ella había pensado en un principio. De hecho, no podía ser mucho mayor que ella, tal vez 2 o 3 años. Tenía una mancha de tierra sobre la ceja derecha, que parecía desconocer por completo.
—Mira —le dijo él, con su extraño acento—, ahora tengo que marcharme, pero…
—¿Marcharos? —replicó ella. Se sentía presa de un repentino pánico.
Trató de recuperar la compostura. No quería que todos los animales que había al otro lado de la improvisada cortina la escucharan.
—¿Marcharos? —repitió, resistiendo la tentación de volverse a agarrar al fuerte brazo, tal y como había hecho la primera vez que lo vio.
Una vez más, se sintió como si el mundo entero le hubiera desaparecido de debajo de los pies, lo que era una locura. Primero la había aterrado que él se quedara y, en aquellos momentos, lo que la hacía caer presa del pánico era que se marchara. Seguramente eso se debía a la histeria. No había otra explicación para ello. Tenía que controlarse.
—Sí —respondió él—. Tengo que regresar a la ciudad. Aún hay algunos asuntos de los que debo ocuparme.
Saqueo. Pillaje. Por supuesto. ¿Cómo se le podía haber olvidado? Ya la tenía a ella. No había razón alguna para no volver a por más. Aquello era lo mejor de la batalla. Su esposo había disfrutado de ello casi tanto como de matar.
—Hiashi cuidará de ti.
Qué considerado. Sakura trató de imaginarse escapando por la pequeña ventana con aquel fortachón vigilándola.
—Te procurará algo de comer y lo que necesites para pasar la noche. Si hay algo que desees, no tienes más que pedírselo. Probablemente lo tengamos.
Sakura ya no pudo resistir más.
—Por supuesto —dijo ella, mirándole a los fríos ojos perlados—. Pillaje.
—Dudo que el término no fuera originalmente danés —replicó el sajón.
Efectivamente, Sakura habían llegado allí tras la estela de un ejército invasor, el ejército que había invadido Inglaterra. Su pueblo había sido el primero en realizar incursiones en aquellas tierras, para luego invadirlas y asentarse en ellas. El inglés y los suyos sólo estaban reconquistando la tierra que antes les había pertenecido. Su propio esposo se había pasado la vida saqueando las propiedades de los demás.
Había algo en los ojos opacos y el rostro sucio del inglés que la removía por dentro. No pudo apartar la vista ni volver a decir otra palabra. Al contrario, fue él quien apartó la mirada. Se levantó y tomó la capa que ella se negaba a ponerse.
—Póntela antes de que te mueras de frío —le recomendó. Al ver que ella no hacía ademán de aceptarla, se la colocó por los hombros—. Es mejor que te la pongas. Es una de las mías.
Sakura no pudo evitar el sonrojo. Observó cómo se marchaba con su frío rostro, el esbelto y fuerte cuerpo y el cabello cayéndole por los poderosos hombros de guerrero. Su voz lo detuvo en la puerta.
—Ni siquiera sé vuestro nombre.
—Hyuuga, Neji Hyuuga —respondió, sin preguntar el de ella. A sus ojos, ni siquiera era una persona.
—Sakura —dijo ella cuando el guerrero ya estaba de espaldas. No iba a consentir que se la considerara como parte del botín.
La improvisada cortina cayó de nuevo y Sakura se quedó sola, sentada sobre las posesiones de otra persona y envuelta por una capa que pertenecía a un saqueador sajón llamado Neji.
-o-
Hiashi le llevó todo lo que Sakura necesitó y también lo que no le pidió. Bueno, eso no le sorprendió. Las promesas que se realizan en la oscuridad de la noche, mientras se mira a los ojos de una persona, sólo se podían entender como una relativa seguridad, comparada a que un grupo de borrachos le rebanaran la garganta.
Observó el montón de ropa de cama, coronado con una muda de ropa que definitivamente no le sentaría bien. No había razón lógica para que todo aquello le pareciera una traición. Era lo que había esperado desde el principio. Era parte del botín de Neji y podía hacer lo que quisiera con ella.
Sakura lo sabía. Habría sido una necia si hubiera pensado de otro modo, y no lo era.
Sin embargo, Neji, el de los ojos castigadores, no tenía ningún derecho a mirarla a la luz de las antorchas como si no pudiera sobrevivir sin su ayuda.
Por supuesto, todo era una tontería. Sakura no había podido enfrentarse al hecho de lo que le estaba ocurriendo y se había refugiado durante un instante en un estúpido sueño. Era una pena que hubiera decidido hacerlo en el momento en el que se iba a decidir su destino.
Se levantó y empezó a pasear de arriba abajo por los pequeños confines del almacén. La vida no daba verdaderas opciones a las personas como ella. Nunca se sacaba nada sin pagar por ello. Estaba viva y, fuera lo que fuera lo que le sucediera, no podía ser peor de lo que había sido vivir con su esposo.
Trató de darle una patada al montón de ropa con los pantalones y la túnica encima. Sakura se estaba empezando aburrir. A continuación, se sentó. La capa que él le había colocado por encima de los hombros era muy cálida. Era más pesada y rica que nada de lo que ella había poseído nunca. Era la capa de un hombre, e iba adornada con un broche en el hombro derecho, para que así el brazo con el que se manejaba la espada quedara libre. El broche tenía un complejo diseño en oro y plata, acompañado de una amatista que debía proceder de un lugar muy lejano del este.
¿Qué se debía sentir al ser tan rico, en vez de serlo un día para carecer de todo al siguiente? Se quitó la capa y la colocó encima del montón que pertenecía al sajón. No se dejaría hacer ilusiones banas, y menos con un hombre como lo era Neji. Entonces, se metió en la cama. Tenía velas de cera auténtica, otro pecaminoso lujo. Sabía que, como todo lo demás, debían formar parte de un botín de guerra, pero le asustaba tanto la oscuridad que las dejó encendidas. Se tapó con la ropa de cama, pero, por mucho que amontonaba encima, le era imposible entrar en calor.
Permaneció inmóvil y esperó. Tal vez no era tan mala idea tener esa capa rodeando su esbelto y ahora frio cuerpo.
-o-
Era muy tarde cuando Neji regresó al granero. Sentía el nauseabundo agotamiento que siempre seguía a la batalla en todos los músculos de su cuerpo. El dolor que le irradiaba de la herida que tenía en el costado había llegado a tal extremo que casi no podía respirar.
No se había mirado para ver si era grave. No había habido tiempo. En aquellos momentos, lo único que deseaba era quitarse la armadura y librarse del insoportable peso del metal que le ceñía hombros y cintura. Sabía que el agotamiento que sentía era tal que se quedaría dormido aunque se tirara sobre el suelo de tierra del granero. No obstante, sabía que aún no había terminado. Hiashi aún estaría despierto. Tendría que ocuparse de él y de la muchacha también.
—¿Y bien?
Neji escucho la vos de un hombre que le hablaba a lo lejor. Se acerco y se sentó a au lado porque era mucho más fácil que quedarse de pie.
—Yo llegué a ellos primero.
—Y que pasara con los traidores.
Pensó en la media docena de hombres que tenía cautivos. Los había hecho prisioneros bajo las mismísimas narices de su jefe, el líder del ejército que había conseguido arrebatar a los daneses.
—Dicen que no les quedó más remedio que unirse al ejército danés. ¿Qué otra cosa iban a decir?
—Tal vez sea cierto —comentó Hiashi.
Tal vez preferían vivir en paz con el rey Naruto de Wessex que verse convocados por un ejército invasor todos los años. Los que vivían en la ciudad se habían asentado allí.
La única palabra que le llamó la atención a Neji de toda aquella disertación fue «paz». Era como un talismán que brillaba en algún lugar muy lejos de su alcance. Se había entregado a ella en cuerpo y alma hacía años, antes de que se hubiera visto ahogado por la amargura.
Cambió de postura para tratar de aliviar el dolor que tenía en el costado. Vio que Hiashi tomaba aliento para realizar su siguiente pregunta.
—¿Y qué tiene que decir Shimura Danzo de todo esto?
Danzo carecía de ingenio, de valor y de control para gobernarse a sí mismo, con lo que mucho menos a un ejército.
—Él los habría matado.
—¿Y tú no?
—Son los prisioneros de Naruto, no los míos, ni los de Danzo.
Hiashi le dedicó una mirada que le indicaba claramente que aquella respuesta no era aceptable, pero Neji no tenía otra mejor.
Cerró los ojos, lo que fue un error, dado que comenzó a ver el rostro asustado de la muchacha danesa, que era como un delicado marco para los ojos enormes y acusadores que le hacían bajar la mirada.
Abrió los ojos y trató de centrar su atención en la siguiente pregunta.
—Entonces, ¿quién le va a decir al rey Naruto que, aunque hemos derrotado al ejército, también hemos saqueado las propiedades de potenciales aliados y hemos hecho caer presa de las llamas la mayor parte de la única fortaleza que hay entre Maldon y Colchester?
Al menos la respuesta era fácil.
— Danzo Shimura, ¿quién si no? Yo le ayudé a confeccionar el mensaje en el que relataba sus triunfos. Cuando Naruto se entere, vendrá aquí en cuestión de días. Además, es aquí donde debería estar en estos momentos. Aún podría perderlo todo si no consigue asegurar Colchester. Ya lo habríamos hecho si yo hubiera estado al mando en vez de Shimura.
—No sabes cuándo rendirte, ¿verdad?
—No temas —respondió—. No voy a iniciar otra campaña. Les he dado palabra a mis hombres de que, después de esto, podrán marchar a casa y la mantendré.
—Oh, nos podemos marchar a casa, ¿verdad? Sería mucho mejor que lo hicieras tú también en vez de estar aquí con aspecto de parecer un muerto andante, y hablando de otra campaña cuando ya has hecho mucho más de lo que debías. Hace más de dos años que no regresas a tu casa…
La palabra «casa» cortó la carne de Neji como si se tratara de un cuchillo. Hiashi lo sabía y haberla pronunciado era como provocarle. Vio la astuta expresión en los ojos de Hiashi, lo que significaba que sospechaba algo y que si conseguía que Neji perdiera la paciencia conseguiría averiguarlo.
No sería así. Lo último que Neji haría sería admitir su debilidad en aquellos momentos y añadirla ya a la pesada carga que Hiashi portaba sobre los hombros.
—¿Cómo puedo ser un muerto andante si estoy sentado? —replicó—. Además, si te parece que esta campaña es muy lenta, quéjate ante Danzo. Dile que pida a Naruto que dé la orden… sólo porque le debe un favor.
—Los reyes siempre deben favores, pero supongo que es que no pueden evitarlo. Desgraciadamente, los favores se tienen que pagar. No se puede ser demasiado duro con Naruto. Todos hacemos cosas que luego nos arrepentimos de haber hecho.
Neji sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Trató desesperadamente de sobreponerse. Sabía que Hiashi no lo había hecho intencionadamente. Hiashi no convocaría tan horribles recuerdos deliberadamente.
Había sido sólo culpa suya. Una frase casual como aquella no debía desgarrarlo por dentro. Trató de respirar sin delatar la herida que llevaba bajo la cota de malla, pero se le escapó un pequeño quejido. Creyó que no había resultado audible, pero Hiashi debía de haberlo escuchado porque sintió una mano tocando la desgarrada tela de la túnica, justo donde terminaba la cota de malla.
No podía soportar la compasión ni se dejaba llevar por los recuerdos, aunque estos le acuciaran por lo que había ocurrido en la ciudad y por la presencia de la muchacha danesa.
Se movió para apartar la mano, pero no debería haberlo hecho tan rápidamente. No supo cómo pudo contener un nuevo quejido.
—¿Y la muchacha danesa? – pregunto Neji
—Ningún problema. ¿Qué esperabas? Nadie se atrevería ni siquiera a mirarla sabiendo que es tuya —respondió Hiashi, con un cierto tono de desaprobación—. Por supuesto, está aterrada.
Neji se levantó, una vez más demasiado rápidamente. Se apoyó contra la pared y vio que la expresión de Hiashi cambiaba para reflejar alarma y ansiedad. Y culpa. Mucha culpa. Se irguió y se esforzó por no mostrar más señales de debilidad.
—Estás herido. Lo sabía. Fue cuando…
—No —mintió Neji. Empezó a desabrocharse el cinturón del que le colgaba la espada—. ¿Hay agua?
—Sí. Espera un momento. Te ayudaré a quitarte la armadura.
—No. Lo haré yo solo —replicó—. Vete a dormir.
Vio que Hiashi desviaba la mirada para dirigirla hacia la estancia en la que estaba la pelirosa. Sin embargo, no había nada que pudiera decirle a su señor.
Esperó hasta que la oscuridad engulló a su leal sirviente y dejó caer el enjoyado cinturón al suelo. Trató de despojarse del peto y fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía levantar el brazo izquierdo por encima del nivel del pecho. Estupendo. De algún modo, consiguió quitarse la cota de malla sin gritar. Despojarse de la túnica y de la camisa resultó más fácil porque pudo hacerlo desgarrándolas. Las colocó bajo un montón de basura para que Hiashi no las viera y se acercó a la luz de la antorcha.
Era mucho peor de lo que había imaginado. La totalidad del costado izquierdo parecía estar ennegrecida y había sangrado, aunque no demasiado. Se curaría o no. Eso lo decidiría el destino. Aquel detalle no le interesaba.
Se quitó el resto de la ropa y buscó agua. Estaba tan fría que le laceraba la piel, pero agradeció la sensación. Estaba limpia.
Se sentó lejos de la luz y se envolvió en su capa. Comenzó a pensar en el día siguiente y en cómo impedir que Danzo Shimura hiciera más daño hasta que Naruto se presentara allí. Entonces, se dio cuenta de que no estaba pensando en nada de eso, sino en la muchacha.
En la oscuridad, veía todos los detalles de su delicado rostro. Escuchaba su voz con el peculiar acento danés y sentía el ligero peso de su cuerpo contra el suyo, como cuando abandonaban la ciudad saqueada. Pesaba tan poco que casi parecía una niña.
Le había parecido una doncella, con su rosado cabello derramándosele por los hombros y la espalda. Tenía un aspecto tan delicado que parecía que se partiría en dos si Neji la tocaba con unas manos demasiado acostumbradas a la batalla.
A pesar de todo, se había enfrentado a sus perseguidores y había dado el paso que los había sumergido a los dos en algo que él nunca había esperado.
Se apoyó contra el barro seco, que se le clavaba en la espalda a pesar de la gruesa tela de la capa. Sin embargo, no conseguía librarse de la imagen de la joven. Era tan hermosa… Además, el terror la hacía parecer muy vulnerable. Recordó el modo en que había ocultado el rostro en su hombro, cómo el esbelto brazo, que iba descubierto hasta el codo, se le había agarrado a la cintura.
La respiración se le aceleró y sintió que el deseo despertaba en su cuerpo. Cerró los ojos, pero aquello sólo empeoró la situación.
Ella lo había mirado como si confiara en él. Por su parte, Neji había perdido completamente la cabeza y le había dado su palabra.
Se incorporó y sintió el aguijonazo del dolor. Desgraciadamente, ya no sabía si el dolor era físico o mental. ¿Qué había hecho? ¿En qué diablos había estado pensando?
Se puso de pie. Ella no era una dulce doncella, sino una mujer cuyo esposo había muerto a manos del ejército del que él formaba parte. Eran enemigos.
Se movió y el dolor le hizo tropezar. Tenía que dormir o moriría.
Miró a su alrededor para buscar las ropas de cama que Hiashi le había preparado. Se detuvo en seco. Sólo podían estar en un lugar porque él no se había molestado en dar explicaciones. Además, Hiashi le había dicho que la muchacha estaba aterrorizada.
Recorrió los pocos pasos que lo separaban del almacén y apartó la cortina.
-o-
Sakura no se movió, a pesar de que el corazón le latía a toda velocidad y su instinto la empujaba a salir huyendo. No tenía ningún lugar al que ir. Por lo menos mantendría su dignidad.
Permaneció inmóvil, fingiendo estar dormida. Lo observó atentamente. Él no hizo ningún ruido. Siguió cuidadosamente todos sus movimientos.
Vio que él miraba hacia donde ella estaba tumbada, pero se mantuvo muy quieta. Casi ni respiraba. Vio que él se acercaba a recoger la ropa que ella había tirado al suelo de una patada. Lo veía ya claramente, dado que él había penetrado en el círculo de luz que emitían las velas. El cabello le brillaba contra la tenue cera. Era casi del mismo color que la oscuridad.
No hacía ruido.
Si había algo que realmente le había molestado y asqueado siempre era que su esposo cayera sobre ella mientras dormía. Era una bajeza. La ira por haber vivido durante seis años a merced de otro saqueador como aquel le encendió el corazón.
Observó que se le caía el broche que estaba encima de la túnica y que le resultaba imposible encontrarlo en medio de aquella oscuridad. La ira se apoderó de ella. Le diría que lo había estado observando, que estaba dispuesta a luchar antes de ser tomada por él.
—¿Habéis perdido algo? —le preguntó, justo cuando él se daba la vuelta.
Se sobresaltó y la ropa se le cayó al suelo.
Sakura estuvo a punto de soltar una carcajada, que hubiera servido al menos para ocultar la histeria que se había apoderado de ella. En aquel momento, comprendió que él se dirigía hacia la puerta. Iba a marcharse. Tal vez ya tenía otra mujer que prefería. Tal vez ya tenía otra docena.
No la había mirado hasta que ella no habló. Entonces, se dio la vuelta. Sakura sintió que el corazón se le encogía del terror. ¿Qué había hecho?
—¿Sakura?
Después de todo, parecía que había oído su nombre. Ella observó horrorizada cómo se acercaba a ella. Se incorporó y vio cómo él se sentaba en el suelo al lado de ella. La capa se le movió y dejó al descubierto un hombro. El cabello cubría una piel muy blanca. Parecía que no llevaba nada debajo de aquella capa. Por supuesto que no. Estaba a punto de irse a la cama, posiblemente con ella. Eso la hacía rabiar y sentir mucho temor.
Sakura no podía apartar la mirada de la piel desnuda, la piel que muy pronto rozaría la de ella… si es que podía evitarlo.
—¿No has podido dormir?
Aquella afirmación resultó tan incongruente con lo que ella estaba pensando que no pudo responder.
—¿Sakura?
Abrió la boca para pronunciar alguna palabra, algo que le pacificara y le animara a marcharse, pero el horror hizo que sólo pudiera pronunciar un sonido incongruente y patético, comparado con la firmeza con la que él había hablado.
Se cubrió la boca con la mano. Quería hablar adecuadamente. Quería hacer que se marchara. Quería demostrarle que aún tenía un poco de control sobre sí misma, pero no pudo hacerlo. Todo parecía haber desaparecido ante la visión de aquella piel desnuda y del poderoso cuerpo del sajón. Había creído que podía someterse a él y soportarlo, pero no era así. No quería estar bajo el mando de otro hombre igual a su esposo Sasuke, no, ya no más.
Había tenido que pasar por muchas cosas y había visto demasiado. Había habido demasiada muerte y demasiado horror. Sólo deseaba escapar, pero había sobrepasado los límites de su propia fuerza con un estúpido desafío al que no podía enfrentarse.
Las lágrimas empezaron a caer una a una por las mejillas rosadas de Sakura, sentía mucho, mucho miedo. Si al menos pudiera dejar de llorar delante de él… Si pudiera evitar que supiera lo débil que era… Casi no podía respirar…
Él la tocó. Sintió la pesada mano del guerrero sobre la suya para apartársela de la cara. Trató de resistirse, de oponerse a la fuerza del sajón, pero le resultó imposible.
Cuando él le apartó la mano del rostro, Sakura contempló el de él. Observó la solidez del brazo desnudo, el modo en que los músculos se movían bajo aquella piel tan blanca.
Se preguntó qué ocurriría si gritaba. Nada, por supuesto. Si el resto de los sajones la oían, probablemente empezarían a lanzar vítores.
Observó que el otro brazo se movía también. Vio que había hematomas, que le faltaba un trozo de piel y… Ocurría algo. Algo malo.
Levantó la mirada. Vio que la cabeza del sajón estaba inclinada en un ángulo que, en otras circunstancias, indicaría derrota. Definitivamente, ocurría algo. Vio que seguía moviendo la mano y que ésta temblaba con un esfuerzo que a ella le resultaba imposible comprender. A pesar del terror, sintió los aleteos de la compasión.
Deseó no experimentar tales sentimientos, pero no podía evitarlo. Fueron creciendo hasta que consiguieron ocultar todo lo demás: el odio, la ira y los últimos vestigios de miedo.
No podía soportarlo. Tenía que hacer algo, cualquier cosa, para evitarlo.
Movió la mano que tenía libre y la acercó. Sin que pudiera evitarlo, se enredó con la de él y con las dos que ya estaban unidas.
Era una locura. Miró las manos entrelazadas y ocurrió lo peor. Sakura se echó a llorar.
No trató de ahogar el sonido. Esperó que él le gritara y que le ordenara que se callara, pero no lo hizo. Sakura pensó que era imposible y, entonces, dejó de pensar en todo a excepción de las llamas y la destrucción y las incontables desventuras de su vida.
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Cuando recobró el conocimiento, estaba de costado, ocupando una parte minúscula de las ropas de cama. La mano del sajón descansaba suavemente sobre su cabello. Sakura aún seguía aferrada al brazo izquierdo. De hecho, estaba agarrada a él con tanta fuerza que le dolían los huesos de la mano. Consiguió relajarlos, pero sólo un poco.
Él apartó la mano que le había colocado sobre la cabeza, pero a Sakura ya no le importaba lo que él hiciera. Ya no le importaba nada. Era como si todos los sentimientos que había podido sentir se le hubieran agotado hasta dejarla sin nada.
Lo que fuera a ocurrir, iba a ocurrir de todos modos.
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Sakura se despertó cuando él se movió. Se sobresaltó. ¿Se había quedado dormida? Imposible. No con el Hyuuga a su lado… y sí, aún seguía agarrándole la mano.
La luz de las velas tembló cuando él se inclinó sobre ella. Sakura estaba demasiado agotada, incluso para sentir pánico. Se preparó para el doloroso asalto, el olor a cerveza y a sudor.
El cuerpo de él bloqueaba la luz. El cabello suelto cayó sobre el cuello de Sakura y la hizo temblar. Sintió que la mano de él le tocaba el rostro. Sintió calidez. Nada más. Sólo calidez y el roce de la piel limpia y masculina, de una mano cubierta de callos.
Se inclinaba hacia ella. La capa se le abrió y, a través de ojos medio cerrados, ella pudo vislumbrar los secretos del cuerpo del sajón, fuertes líneas y negras sombras. Tan poderoso y tan esbelto a la vez, tan diferente del de su marido. Todo era una armonía perfecta de huesos y fuertes músculos. Era tan diferente que le resultaba imposible apartar la mirada. Era guapo y varonil, un cuerpo para envidiar.
Se inclinó un poco más y acercó el rostro al de ella. Sakura no se movió. Ni siquiera giró la cabeza ni utilizó el aliento para gritar.
La boca de él encontró la delicada mejilla de ella, justo por debajo de las pestañas. Sakura notó el húmedo calor, la ligera desesperación que había en sus labios. Permaneció allí, sin moverse, hasta que ella no sintió nada más que el contacto de aquellos labios y la presencia del Hyuga.
De repente, ella ya no deseó que se marchara su captor…
Tenía la mano aún enredada con la de él. Deseó aferrarse a ella, pero, de repente, ésta se deslizó entre sus dedos y dejó solo un frío vacío en su lugar.
Continuara.
Chan, chan, chan!
Qué les pareció este capítulo…?
Se va poniendo interesante no lo creen?
Hay que recordar que en esa época las mujeres que eran capturadas solo las utilizaban para el sexo y las dejaban botadas al día siguiente.
Sakura sabia de su destino al haberse puesto en las manos de Neji Hyuuga. Pero de alguna forma ella estaba cayendo lentamente en el deseo de sentir su piel por igual.
Recuerden dejar sus comentarios. Me hace feliz el saber su opinión.
