BLOOPERS

No one can rewrite the stars, how can you say you'll be mine? – Rewrite the stars (James Arthur and Anne-Marie)

1. FRAGMENTOS

Cajones en la sala, cocina y cuartos.

Repisas, muebles y escritorios.

Correos, papeles de trabajo y libros.

Cada posible rincón de aquel espacioso departamento.

Una semana había pasado y no podía dejar de pensar en lo predecible que se había vuelto su hermana.

Durante esos días tuvo tiempo de meditar porque había terminado en esa tormentosa situación. Simple: había sido demasiado sentimental.

Frunció el ceño cuando su bolsillo vibró. Con desgano sacó su celular y descubrió un mensaje.

Heladería.

2:30 pm.

Usa el traje 5.

Bufó por lo bajo, guardando de nuevo el dispositivo.

Elevó su mirada, casi por inercia. El sonido de unos pasos se escuchaba.

Con suma destreza dejó todo en su lugar y antes de que las pisadas se hicieran mas sonoras, reposaba cómodamente en el sofá de la amplia sala.

- Buenos días, solecito. – La aludida frotó sus ojos y simuló un perezoso despertar.

- Oh, despertaste. – No tuvo tiempo de reaccionar cuando unos labios masculinos atraparon los suyos.

- Tengo trabajo. – Respondió el joven, después de unos segundos. Siendo totalmente ignorante del estado sumiso de su esposa. - ¿Cocinaste?

La azabache miró con sorpresa al pelinegro, quien señalaba atónito el gran desayuno en la cocina. No pudo evitar pensar que esa sonrisa burlona le sentaba demasiado bien.

- Si.

- ¿Desde cuándo? – Ella solo se limitó a encogerse de hombros. - El matrimonio te sienta bien.

- Eso dicen.

Miró en silencio como devoraba el pan con tocino y se atragantaba con el jugo, antes de volver a ella rápidamente.

Quiso fingir demencia o parecer que no se había quedado como una enferma contemplando su retaguardia.

Su cuerpo se estremeció cuando el tomo su rostro y la forzó a verlo.

- Llegaré tarde, pero mañana soy todo tuyo.

La pelinegra se limitó a sonreír.

- Esta bien. – Y quiso relajarse cuando sintió aquellos labios cálidos sobre los suyos una vez más.

Los dos permanecieron en silencio mientras el tomaba su maletín del trabajo y se colocaba su bufanda.

La azabache pensó que esa despedida se volvía demasiado larga para su gusto.

Notó que algo no andaba bien cuando el se detuvo a centímetros de la puerta y luego volteó hacia ella lentamente.

- Kikyo… - Llamó.

- ¿Sí?

- Me encantaría que estuvieras ahí cada vez que despierte. – Y posiblemente estaba preparada para cualquier comentario, excepto ese.

Supo que estaba jodida cuando ya el se encontraba a una gran distancia y ella aún no tenía idea que responder.

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Guardó sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Hacía demasiado frío para su gusto.

Cruzó al otro lado de la calle, siendo consciente de que la seguían dos individuos un poco más atrás.

Divisó un local pintoresco donde se leía "Shikon's Cream" y soltó una risa por lo bajo. Se apresuró a entrar y casi de inmediato pidió un café.

En pocos segundos una nueva presencia se paró a su lado.

- Hola Kag. – La aludida apenas volteó.

Se tomó el tiempo de colocar dos cucharadas de azúcar a su taza de café y antes de dejar el mostrador dirigió una mirada fugaz a su acompañante.

- Ten cuidado, Rin. – La joven que vestía exactamente igual a ella asintió.

- No te preocupes.

Y, totalmente sincronizadas, ambas se alejaron del lugar en sentido opuesto. La pelinegra con rasgos mas inocentes salió con aire despreocupado del local.

Kagome siguió su camino hasta la parte trasera de la heladería. Detalló con cuidado a sus alrededores y una vez segura entró por una de las puertas del colorido pasillo.

El pequeño espacio, pobremente alumbrado por múltiples pantallas, la hizo sentir como en casa.

Pensó que lo novedoso era el olor a humedad.

Divisó un joven desgarbado, totalmente atento a cada video y a la vez completamente consciente de su presencia en el lugar.

- Odio vestirme como una flor de primavera.

- Ahora eres Kikyo, no hay nada que puedas hacer. – Respondió el moreno, sin mirarla.

La azabache reparó en las imágenes que se reproducían, divisando a Rin en unas cuantas y los dos sujetos más atrás.

- ¿Aun la siguen?

- No por mucho.

Kagome sonrió cuando de un momento a otro, los individuos lucían confundidos y desesperados.

Siguieron su búsqueda unos locales más adelante, sin darse cuenta de que su objetivo caminaba despreocupadamente en sentido opuesto a ellos.

- Es buena para su edad. – El joven de la coleta la observó con un deje de cansancio.

- ¿Has encontrado algo? – Kagome suspiró.

- Nada, ni siquiera una nota.

- Sango y Miroku encontraron esto en su casillero. – Y conjuntamente, el pelinegro mostró una bolsa negra forrada en cinta. La azabache lo observó curiosa. - Tal vez reconozcas alguna de estas cosas.

No pudo evitar sentir decepción al encontrar todo lo que esperaba en aquella bolsa.

Habían convivido lo suficiente como para deducir que todo lo que podía encontrar se resumía en maquillaje.

Suspiró y miró a su acompañante con el ceño fruncido.

- Tal vez te sorprenda, pero Kikyo y yo éramos muy distintas. – Revolvió un poco más los extravagantes labiales. - No tengo ni la menor… espera.

Una textura diferente llamó su atención.

Descubrió una nota un poco maltratada, con un árbol ilustrado en ella.

Se sintió en trance.

- ¿Qué ocurre?

- Goshimboku. – Musitó taciturnamente, como si intentara recuperar las piezas de un viejo rompecabezas. - Que extraño.

- ¿Qué pasa?

Y solo bastó una marca.

Un trazo.

Y un recuerdo.

- Debo irme.

- ¡Kagome! – Y la aludida agitó su mano en despedida, ignorando por completo aquel llamado.

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Inuyasha Taisho supo que no era un buen día cuando sucedieron tres cosas.

No había tenido respuesta de Myoga y Totosai.

Kikyo no respondía sus llamadas.

Y Naraku había decidido aparecer con una ruma de papeles de porquería. Mas uno adicional.

- ¿Qué es eso? – Preguntó sin elevar la vista. Su acompañante resopló.

- ¿Qué te parece que es? – Silencio y otro suspiro. - Los papeles de tu herencia.

El pelinegro enarcó una ceja.

- ¿Para que me los traes?

- Pues, no lo sé, tal vez para sentarnos a hacer barcos de papel.

El joven en el escritorio ignoró una vez más.

- Te casaste, Inuyasha. Es sensato que ahora hagas un testamento.

El aludido lo miró en silencio, sin inmutarse.

- ¿Para qué?

- ¿Eres imbécil? ¿piensas dejarle toda tu fortuna a esa…?

- A mi esposa. – Interrumpió, tajante. - Si. – Detuvo su oficio y pasó a incorporarse de la silla. - Y si llego a cambiar de opinión entonces te llamaré, de resto no te necesito, así que lárgate.

Rodeó su escritorio y echó un vistazo al reloj de su muñeca. Otra hora en la que no obtenía respuesta.

- Cometes un error, Inuyasha. – El aludido roló los ojos, ¿no se cansaba de ser un dolor en el culo?

Abrió la puerta de la oficina, importándole muy poco que los trabajadores del otro lado parecían disfrutar de la función.

Se giró hacia el tosco hombre que había contratado como abogado y le señaló la salida.

- Y tú te atribuyes decisiones que no te incumben. – Se regocijó ante su mirada de indignación. – No tengo todo el día, así que muévete.

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El árbol sagrado.

Desde siempre había representado un símbolo familiar. Emblemático de los Higurashi.

Para ella representaba su relación con Kikyo.

No podía evitar sentirse melancólica.

A pesar de todo, el árbol mantenía intacto sus recuerdos. Siempre había permanecido entre ellas y siempre las había protegido.

- Kikyo, ayúdame a encontrar lo que buscabas. – Soltó en un suspiro.

Pasó sus dedos por un notorio hundimiento en la corteza, justo en el centro, como si señalara su corazón.

- Es tan cálido… ahora recuerdo porque siempre venías aquí. –

No pudo evitar sentir la amarga culpa y no se molestó en frenar las lágrimas.

Después de todo, no había tenido tiempo de llorar.

- Lamento no haber sido buena hermana. – Hipó. - Y no haber estado ahí para protegerte.

Y ante su mirada nublada hubo un destello en el centro del tronco.

Frunció el ceño confundida.

- ¿Qué será…? – Acercó sus dedos al punto brillante y casi de inmediato ahogó un chillido. - Oh, que desastre. –

Bufó por lo bajo cuando al retirar su dedo índice brotó de el un líquido rojo.

- Parezco tonta. – Se llevó la herida a su boca, intentando parar el sangrado.

Se encontró a sí misma en discordancia.

¿Qué era lo que hacía exactamente?

No se refería a la misión, ni el sitio donde se encontraba.

Se refería a ella misma. Ella no era Kikyo. Había luchado toda su vida porque dejaran de compararlas.

Y ahí estaba, terminando el trabajo de su hermana, viviendo su vida y sorprendiéndose a si misma con sentimientos que no debía tener.

Sus pensamientos podían dejar de atormentarla para variar.

- ¿Qué haces? – Y como si no fuera suficiente, el hombre de oro en persona. - Vaya, no puedo protegerte de esto todo el tiempo.

El joven de ojos dorados se burló de su herida y antes de que pudiera reaccionar su dedo fue cubierto con un trozo de tela.

Imaginó que su rostro debía arder intensamente, porque el pareció contemplarla como si fuera un espectáculo.

Agradeció que el lugar no estuviera tan iluminado.

- Gracias, ¿Qué haces aquí? – Su acompañante hizo una mueca.

- Eso pregunto yo, ¿Por qué no me llamaste?

- Olvidé mi teléfono. – Notó como endurecía su mirada. Algo no andaba bien.

- Pudiste pedir uno prestado. – Silencio. - ¿Está todo bien, Kikyo?

Y deseó por un breve instante, parecer ignorante a ese nombre.

- Estaba pensando en preparar algo delicioso. – Vaciló fugazmente al momento en que fijó su mirada en él. Sintió como aquellos ojos la escudriñaban. - ¿Qué se te antoja?

- Carne, tal vez. – Ella asintió en silencio. - ¿Comerás conmigo?

- Claro. – Y supuso que todo estaba bien cuando el suavizó su mirada. – Debo irme. Tengo que preparar todo y no quiero causarte molestias. – Musitó entre tartamudeos, en un intento por deshacerse de él.

- ¿Por qué lo harías? Eres mi esposa.

- Si, lo soy.

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Porque cuando tienes un esposo así eso es todo lo que debes decir xD

Bienvenidos de nuevo :3, gracias por leer y por tomarse el tiempo de comentar.

Mando un saludo caluroso a:

*Rinnu

*aky9110

Gracias, gracias y gracias por mil xD, espero leerlas pronto.

PD: Pueden escribirme sobre posibles hipotesis de la historia, soy toda ojos.

En fin, espero que les haya entretenido un poquitin, les deseo una feliz segunda semana del 2019, nos leemos pronto.

Rockabye!