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Ranma 1/2 y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

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Hijos del Jade

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Cap. 2

—Llanto y Sonrisa—

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Akane solo se permitía llorar en las madrugadas.

No sucedía todos los días e incluso, a veces, podía pasar una semana entre episodio y episodio. Había ocasiones en que sus propios sollozos la despertaban. Otras veces, abría los ojos y de inmediato las lágrimas comenzaban su camino hacia las mejillas. Usualmente el llanto duraba diez o quince minutos y, casi siempre, poco antes de las seis de la mañana.

Su esposo, aún a su lado, no era consciente de lo que le pasaba y ella necesitaba que siguiera así. Para su suerte, su sueño solía ser bastante pesado a esa hora de la mañana, lo cual agradecía a los dioses. Pero aun así, ella extremaba precauciones; se quedaba quieta, ligeramente encogida, escondía la cara en la almohada y ahogaba los sollozos en ella dejándola húmeda, por lo cual siempre tenía que recordarse voltearla.

Lo más fácil sería levantarse e ir a desahogarse al baño o a cualquier otra habitación de la casa, pero Ranma tenía la costumbre de tocarla, ya fuera en un brazo, la mano, la pierna pero siempre buscaba estar en contacto con ella, era como si aún dormido no pudiera apartarse de su cuerpo. Ranma era un hombre extremadamente físico, y siempre estaba buscando el contacto con su esposa. Si se levantaba anegada en llanto, tal vez Ranma se despertaría y ella no sabría qué decirle.

Después del episodio, se quedaba en la cama un poco más, para calmarse. Antes de las siete ella ya estaba lista para iniciar un nuevo día.

Esa mañana las lágrimas ya habían pasado y ahora ella ahogaba los pequeños y reparadores suspiros que venían después del llanto. Volteó levemente para asegurarse que su esposo no había escuchado nada. Ranma respiraba tranquila y pesadamente, su ceño estaba un poco fruncido pero era un gesto natural en él. Si lo observaba detenidamente, podía ver aún atisbos del niño de dieciséis años que había conocido hacía casi once años.

La pierna de su esposo estaba sobre su pantorrilla izquierda, y tenía una mano en su cintura. Akane se movió un poco para poder salir de la cama, pero él murmuró algo y se removió, su mano vagó inocentemente desde la cintura a su vientre hasta casi rosar su pubis, haciendo que la sensible piel de Akane en esa zona se contrajera en un escalofrío. El estilo de su ropa de cama había cambiado mucho desde su adolescencia, ahora dormía con una delgada y larga camiseta de Ranma, con el logo de un ánime que se emitía cuando ellos era adolescentes, de las pocas que tenía fuera de su estilo, y que había usado sólo un par de veces. Tanto la había usado Akane esos años que ahora se encontraba ya desgastada. A Ranma le encantaba verla con aquella prenda puesta y ahora tenía un cajón lleno de pijamas perfectamente nuevas que no usaba.

Hizo otros pocos movimientos más y por fin pudo liberarse de su abrazo. Al sentir la ausencia, Ranma de inmediato se removió entre sueños, y rodó hasta quedar boca abajo, murmuró algo inteligible y lanzando un leve suspiro, comenzó a roncar suavemente.

Akane lo observó unos segundos más, sentada en la cama, alargó la mano para tomar un mechón que caía por su frente, pero en el acto se arrepintió; se levantó y tomó unas prendas que estaban colgadas de un gancho en la pared y que provisoriamente había puesto desde la noche anterior para no despertarlo.

Fue al baño y se dio una ducha rápida de agua fría para quitar el embotamiento del llanto en su rostro. Se vistió rápidamente, se secó distraída el corto cabello sólo con la toalla, dejando que unas cuantas gotas mojaran el cuello de su ligera blusa. Estaban entrando a la época de calor.

Bajó las escaleras despacio; sin pensarlo dio un pequeño brinco al llegar al penúltimo escalón, el que rechinaba como el maullido de un gato en celo. Sus labios se curvearon levemente al pensar en la tonta comparación que hacía Ranma con el sonido del chirrido de la madera vieja y su fobia a los gatos. Para Akane, el sonido que hacia el escalón era un rechinido normal, tan común y corriente como cualquier otro, pero, por alguna razón, a Ranma le ponía de nervios. No lo soportaba. Siempre decía que lo iba a arreglar un día de estos, pero ambos ya se habían acostumbrado a simplemente saltarse ese escalón.

Vivían en esa casa desde su primer año de casados. En cuanto pudieron, con algunos ingresos de unos cuantos torneos que había ganado, y los ahorros de toda la vida de la siempre precavida y metódica Akane, escaparon de la locura del Dojo en donde no podían tener un segundo de privacidad. Y a los veintidós, recién casados, habían necesitado mucha privacidad.

Sumida en sus pensamientos, se acercó a la pequeña y acogedora cocina, puso la tetera y comenzó a preparar el desayuno. Se acercó al refrigerador donde tenían un calendario exfoliador y arrancó la hoja del día anterior. Leyó rápidamente la parte de atrás, era una receta, la guardó pulcramente en una pequeña libretilla que tenía en un pequeño cajón de la encimera; después la vería con más calma.

Con la tasa humeante y los platos de comida, fue hacia el pequeño salón donde comían. Se sentó enfrente de la tobira abierta y con la mirada perdida en el pequeño jardín, se dedicó a beber el té y a comer con frugalidad su desayuno en silencio, sólo roto ocasionalmente por los gorjeos de los pajarillos.

Once años atrás, habría dado lo que fuera por esa calma, pero todo se dio de manera tan natural y gradual que fue un día, cuando ellos ya tenían veintiún años, que ambos se voltearon a ver a los ojos, como si al mismo tiempo se leyeran los pensamientos y se dieran cuenta que, finalmente, no había monstruos que cazar, prometidas de las cuales huir, ni combates a muerte que tener.

Aunque el principio su relación fue caótica, debido a lo atípico de su compromiso era comprensible que ellos reaccionaran como lo hicieron en esa época, habiendo un momento en el que de verdad se detestaron, todo pudo haber salido de otra manera. Ranma o ella pudieron haber roto el compromiso, haberse decantado por cualquiera de sus prometidas o pretendientes, Akane pudo haber interpuesto sus estudios sobre su relación, cualquiera de los dos pudo haber muerto en algún punto de esos locos años o Ranma pudo haberse marchado a buscar una cura para su maldición y desparecer por muchos años, pero nada de eso pasó.

Al final, a los veintidós, ellos se habían casado.

No hubo una gran celebración. No hubo vestidos blancos y llenos de encaje ni trajes de etiqueta. No hubo sobornos para que accedieran a casarse. No hubo invitados.

Ranma y Akane se limitaron a ir solos al registro civil.

Nerviosos.

Enamorados.

Akane suspiró, estuvo así, perdida en sus pensamientos mientras terminaba su taza de té. Subió la vista al reloj y se dio cuenta que se había quedado más tiempo del necesario sentada. Sabía que no tardaría en sonar la alarma del despertador insistentemente en su recámara, y tampoco tardaría en oírse la voz de Ranma maldiciendo el sonido, lo apagaría y se quedaría otros diez minutos dormido hasta que volviera a sonar. Sin perder un segundo más, tomó sus tratos sucios y los lavó rápidamente.

Se secó las manos con la toallita de cocina y se acercó a un pequeño pintarrón que estaba atornillado a la pared. Tomó el plumón que colgaba a un lado y escribió con su meticulosa caligrafía sus actividades del día para que Ranma las leyese. Aún lado estaba la contrahecha letra de Ranma en la que el mismo había puesto sus actividades.

Akane se dio cuenta que no se verían sino hasta la noche.

Por último y lista para salir, se calzó sus zapatos. Había una angosta cómoda de madera de patas altas en donde colocaban sus llaves y unos cuantos yenes, abrió un cajón y sacó una cajita negra, dentro había un anillo con una piedra verde y montura de plata. Tal vez a simple vista y cualquier otra persona, que no conociera la historia, aquel anillo podía ser demasiado viejo como para ser considerado una pieza de joyería valiosa. Y sin embargo, Akane lo usaba todos los días.

Había sido un regalo de Ranma. El que más significado tenía para ella.

Fue un viernes, la tarde estaba a punto de morir y Ranma había ido por ella a la universidad. Al verlo, su estómago había dado un vuelco pues las semanas anteriores lo había visto en contadas ocasiones, de alguna manera Ranma la había estado evitando. Por eso fue que se congeló en su lugar al verlo; él estaba con la espalda y un pie recargado en la pared, las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y la mirada puesta sobe el pie que soportaba su peso. Él levantó la vista y al verla parada frente a él su expresión cambió de tal manera que pareció que la sangre abandonó su rostro. Akane vio claramente como su manzana de Adán se movía arriba y abajo repetidas veces. El mal presentimiento que había estado germinándose en su pecho brotó con tal fuerza que le costó trabajo respirar.

Se obligó a acercarse a él. Ranma bajó el pie y la esperó con las manos empuñadas y la respiración rápida. Akane llegó a su lado y mantuvo la vista a la altura de su pecho. Ranma carraspeó.

— ¿Te puedo acompañar a casa?

Esa pregunta la molestó, ¿por qué la trataba como si fueran desconocidos? Frunció el ceño y alzó la mirada hacia él.

—No necesitas preguntármelo.

Ranma asintió y en un acto de caballerosidad que sorprendió a Akane le cedió el paso.

Todo el camino él estuvo nervioso, con las manos en los bolsillos, evitaba mirarla. Solamente le lanzaba pequeñas miraditas que eludía rápidamente cada vez que Akane volteaba hacia él, alterándola cada más y más hasta que ya no pudo aguantar.

Llegaron a una calle que estaba unos pocos metros de la preparatoria Furinkan, en ese momento la vía estaba bastante solitaria, así que Akane se detuvo y, dejando que surgiera el irascible carácter de su adolescencia y del que echaba mano en contadas ocasiones, preguntó:

— Se puede saber, ¡¿qué demonios te pasa?!

Ranma había seguido caminando sin darse cuenta de que Akane se había quedado atrás. Se detuvo y se giró con el rostro, aturdido.

— ¿Qué?

Akane entrecerró los ojos.

—Has estado muy raro estos días.

—Eso no es cierto — Ranma esquivo su mirada una vez más.

— ¡¿Lo ves?! ¡No puedes ni mirarme mientras lo dices!

—Por favor Akane, camina ¿quieres? —le dijo Ranma con urgencia, tomándola del brazo para obligarla a avanzar.

— ¡No! —dijo ella sacudiéndose su agarre— No me pienso mover de este lugar hasta que me digas lo que está pasando.

—Akane, por favor, necesito que camines.

Para Akane, la actitud de Ranma reafirmaba sus sospechas. Estaba casi al borde del llanto.

—Vamos, dímelo de una vez.

— ¿Qué cosa?

—Que te vas a ir a China.

— ¿A China?

— ¡Si, a China!

— ¡No seas tonta!, ¿quién ha dicho algo sobre irme? ¿De dónde sacas eso Akane? —dijo él con un tono de desesperación en la voz.

— ¡No soy tonta! Siempre he sabido que algún día te irías. Has estado raro, me has esquivado, casi ni me miras. ¡Es obvio que no sabes cómo decirme que te vas! Estoy segura que no es coincidencia que Shampoo se haya ido así de la nada y de repente tú te quieras ir.

Fue Ranma el que entrecerró los ojos esta vez. Akane se encogió un poco en su lugar y se mordió la lengua al ver el semblante de su novio. Se veía muy molesto ¿Tal vez había ido demasiado lejos suponiendo cosas? No, se dijo recomponiéndose, estaba segura que estaba en lo cierto. Había estado pensándolo esas dos semanas, no era coincidencia que Shampoo hubiera abandonado Nerima y Ranma comenzara a comportarse extraño.

— ¿Por qué nunca nada puede ser fácil contigo?

— ¿Entonces es verdad?

— ¡¿Qué es verdad Akane?! ¿Cuándo te he dado motivos para que creas que me voy a largar a China y dejarte? —dijo él alejándose unos pasos de ella.

—No es necesario que me lo digas, tu actitud…

— ¡Mi actitud! ¡¿Mi actitud, qué?! — gritó desandando sus pasos, quedando casi nariz con nariz.

— ¡Me has estado evitando! —gritó ella.

— ¡Pero no por eso! —

— ¿Te vas a ir con Shampoo? Te juro que si me dices la verdad yo…

— ¡Me quiero casar contigo maldita sea! —aulló al aire.

Akane dejó de respirar.

— ¡Quiero que seas mi esposa! ¿Satisfecha? ¡Has echado a perder todo lo que había planeado!

Akane sacudió la cabeza, incrédula de lo que acababa de oír.

— ¿Tú? —comenzó, pero la voz le salió laxa —, ¿tú quieres…?

Ranma la observó con el rostro cansado. Se llevó una mano a la cara y la restregó.

—Si —dijo únicamente.

Akane bajó la vista, cruzó las manos sobre su vientre y luchó para encontrar algo que decir. Ranma bufó incrédulo.

— ¿No vas a decir nada? Hace rato no te callabas y ahora no dices ni pío —dijo mirándola todavía con el ceño fruncido.

Akane alzó la mirada, demasiado cohibida como para contestar a su pulla.

—Es que yo… me tomas por sorpresa.

—Sí, bueno, por lo menos logré sorprenderte.

Akane se mordió el labio. Jamás en la vida se había sentido tan mal consigo misma. Por su culpa había arruinado un momento que secretamente anhelaba desde hacía años. Jamás había deseado tanto regresar en el tiempo. Con modestia, se acercó hacia él.

—Lo siento —dijo ella bajito —No quería…, es que pensé que tú…

—No importa —expresó Ranma, alicaído. La miró de reojo, Akane seguía estrujándose las manos, con la mirada baja y el rostro rojo. Suspiró.

—Supongo que es un no, ¿verdad? —dijo él con amargura y se recargó en la pared, adoptando la misma postura indolente que tenía cuando la estaba esperando en la universidad, con el ánimo tan decaído que estaba seguro haría el Rugido del León más poderoso de todos los tiempos.

Akane tardó varios segundos en reaccionar a sus palabras. Abrió los ojos al percatarse de lo que estaba sucediendo.

— ¡No! —gritó tan fuerte que Ranma la miró como si le hubiera caído agua fría y se hubiera transformado en una rana — ¡Quiero decir sí!

— ¿Qué? —preguntó confuso.

— ¡Sí, quiero casarme contigo! —Akane se acercó a él con las manos empuñadas y ceño fruncido. Por un segundo, Ranma pensó que, de haber sido Shampoo o alguna de sus otras prometidas, estarían saltando de alegría a sus brazos, pero Akane no. Akane lo miraba retadora, decidida. Su corazón se aceleró al entender que Akane, a su manera, le estaba dando el sí.

Ranma parpadeó y se alejó de la pared, se colocó frente de ella.

— ¿Estás segura?

—Claro que sí —se apresuró a decir.

Ranma sonrió de lado, recuperando su confianza de golpe.

—De acuerdo —dijo tomando su mano, pactando de ese modo su compromiso.

Akane sonrió, ciertamente no era la manera en que a ella le hubiera gustado comprometerse realmente con Ranma (porque lo tratado por sus padres ninguno de los dos lo tomaban en cuenta), pero eso no podía quitarle la felicidad que sentía en estos momentos.

—Te besaré ¿de acuerdo?

—No es necesario que lo digas Ranma —dijo ella soltando una leve carcajada, moviendo la cabeza—. Sólo hazlo.

Ranma asintió. Llevó las manos hacia la cabeza de la chica y colocó las palmas sobre sus mejillas, sosteniéndola. Akane se alzó sobre las puntas de sus pies y descansó ambos brazos sobre los pectorales de Ranma y se besaron.

Ya se habían besado antes, por supuesto. Pero habían sido besos tímidos e inexpertos. Este beso fue, en cambio, la pauta de lo que sería su relación más adelante.

Ranma tomó sus labios con suavidad. Había descubierto que a Akane le gustaba que los mordiera levemente, así que hizo lo mismo. Las veces que la había besado antes se había contenido, pensando que tal vez a ella no le gustaría que la acariciara como él quería hacerlo. Pero esa vez, se sentía tan complacido que su mente se encontraba un tanto turbada y por eso no controló la situación como siempre lo hacía.

Poco a poco, ambos se dejaron llevar.

Ranma estrechó a su novia fuertemente, pegándola lo más que pudo a él, mientras sus lenguas comenzaban a romper la barrera de sus bocas. Cuando Ranma acarició sus labios con su lengua, la chica gimió y se agarró de la playera de él, estrujándola entre sus puños cerrados. Ranma vagó las manos por su espalda y poco a poco fue bajándolas hasta que la tomó de las nalgas y la pegó a él. Akane sintió su erección.

En otro día, en otro tiempo, ella hubiera reaccionado diferente al sentirlo, pero ese era su momento, estaba viviendo un día largamente anhelado. Podía no parecerlo, y a cualquiera podía tomar por sorpresa viniendo sobre todo de ella, pero quería ser la esposa de Ranma, quería darle hijos, quería pasar el resto de su vida con él.

Así que dejó que Ranma vagara las manos en su cuerpo y ella misma comenzó a aventurarse a explorar la ancha espalda y los fuertes brazos. Entre la bruma de su libido escuchó la bocina de un carro y recordó dónde estaban.

—Ranma —dijo en un susurro mientras su prometido besaba su cuello, ajeno al resto del mundo, inmerso en el cuerpo de Akane y en lo bien que se sentía poder tocarla de esa manera—. Ranma, Ranma espera.

El joven la ignoró, comenzó a bajar hacia el ligero escote de la blusa de Akane, ella abrió los ojos, alarmada por el rumbo que estaba tomando la situación. Hizo su cuerpo hacia atrás tratando de escapar de él. Ranma gruñó.

—No hagas eso, Akane.

—Ranma, espera, cualquiera puede vernos.

—Es de noche, nadie pasa por esta calle.

—No, no. No está bien. ¡Espera, por favor! —dijo ella con firmeza, y se impulsó hacia atrás, saliendo de los brazos de Ranma que quedaron extendidos hacia ella.

Él tardó unos segundos en entender la situación, la miró con molestia apenas contenida, después bajó los brazos y se pasó la mano por la cara.

—Lo siento —dijo.

Akane respiraba agitada, sacudió la cabeza de un lado a otro. Sintió el frio de la noche y se abrazó a sí misma. Ranma se percató de su gesto y se acercó a ella de nuevo, Akane lo miró con sobresalto.

—Tranquila, me comportaré —le dijo con una media sonrisa.

La tomó en brazos y comenzó a acariciar suavemente desde el codo hasta el hombro, para darle calor.

—Lo siento—repitió, temiendo que, por su osadía, Akane nunca le permitiera tocarla de nuevo—me dejé llevar.

—No pasada nada —dijo Akane sonriendo levemente, recargó la cabeza sobre su pecho y luego dijo bajito —Me gustó.

Ranma dejó de mover las manos en sus brazos y la miró, perplejo.

— ¿De verdad?

Akane sintió la más grande ternura por él en ese momento.

Se le hacía difícil concebir que el Ranma que derrotaba enemigos poderosos sin dudar, el Ranma tan audaz que no titubeaba en probar cuanta técnica peligrosa le pusieran en frente hasta dominarla, se comportara como un niño vacilante con ella. Tendría, en adelante, que ser más honesta con él para poder quitarle esa inseguridad. Volvió a elevarse sobre las puntas de los pies y le dio un rápido beso en la nariz.

—Por supuesto.

Ranma sonrió y sin percatarse sacó levemente el pecho. Akane lo rodeó por la cintura y anudó sus dedos al otro extremo. De pronto recordó algo.

— ¿Qué tenías planeado? —Ranma la observó sin comprender y ella se sonrojó —. Dijiste que había arruinado lo que tenías planeado. Lo siento mucho, de verdad.

—Bah, no importa. No serías tú si no fueras tan terca y cabezota en todo momento.

Akane frunció el ceño al oír el insulto.

—Si hubieras sido más romántico no me habría puesto tan "cabezota" —dijo ella saliendo de sus brazos y remarcando la palabra cabezota con los dedos.

—Akane, sabes bien que lo romántico no va conmigo.

Akane frunció la boca, sin tener nada que replicar. Ella lo sabía muy bien.

—Aun así…

— ¡Ah! ¡Casi lo olvido! —dijo el interrumpiéndola.

Akane lo observó hurgar en las bolsas de su pantalón, hasta que sacó una pequeña cajita que extendió hacia ella sin ceremonias.

— ¿Esto…? —dijo ella — ¿Es lo que creo que es?

Ranma se encogió de hombros.

—Puede que no te guste, pero es una reliquia familiar. Era de mi madre, pero cuando nos fuimos papá lo robó pensando que valía algo. Lo tengo desde niño, me gustó y lo salvé de que lo empeñara o lo cambiara por un plato de arroz.

Akane extendió las manos temblorosas hacia la cajita que su novio le tendía. Tragó saliva mientras la abría. Ranma no le quitó la vista ni un segundo.

—Es jade—dijo rápidamente cuando Akane lo abrió —, tal vez no sea mucho pero el jade verde es la piedra del amor y supuestamente lo mantiene. Ha pasado de generación en generación en la familia de mi madre. Era el antiguo emblema familiar, parece que es un dragón o algo así, no lo sé muy bien. Si no te gusta no hay problema. Estoy juntando dinero y prometo comprarte un anillo decente y…

— ¡No! —dijo Akane sin quitar la vista del anillo. Ranma dejó de hablar y cambio el peso de un pie a otro mientras la veía sacarlo y colocarlo delicadamente en uno de sus dedos—. Me queda grande —dijo ella conteniendo apenas la emoción que sentía.

—Lo sabía, no fue una buena idea —Ranma se adelantó hacia ella y tomó sus manos.

—No, Ranma —Akane lo miró y el joven enmudeció al ver las lágrimas que escurrían por sus mejillas —Es perfecto.

— ¿De verdad te gusta? —preguntó en un susurro.

—Lo atesoraré por siempre — Akane lo volvió a abrazar y Ranma de inmediato la estrechó contra él.

Ranma no le había dicho a Akane que la quería, por lo menos no directamente.

Como toda jovencita enamorada, ella había soñado que, cuando Ranma se le declarara, le diría que la amaba y que no podía vivir sin ella; pero sabía que Ranma no era así, no era cariñoso y ciertamente no era el tipo de hombre que regalaba flores, a menos que se tratara de un reto personal como con Shampoo y Nabiki. Sabía que el haberse criado únicamente con su padre y de la manera que lo hizo, dedicado sólo al arte, era la causa de su carácter tan desapegado. Por ello, en su cabeza, no dejaban de repetirse sus palabras "…es la piedra del amor y supuestamente lo mantiene…".

Sí.

Ranma no le había dicho llanamente que la quería, pero con ese anillo le había dado más que suficiente. Se mordió la lengua para no soltarle un "te amo" y asustarlo. Ella esperaría, ahora tendrían toda la vida por delante juntos.

Ambos estuvieron abrazados durante varios minutos. La poca gente que pasaba, los observaba de mala manera, pero Akane se negaba a que terminara ese momento. Sintió a Ranma removerse un poco entre sus brazos, incómodo, y la chica suspiró aflojando su agarre, Ranma bajó la cabeza y le dio un rápido beso en los labios.

—Creo que es momento de regresar o tu padre se pondrá histérico.

Akane rió alegremente, Ranma la miró, vanidoso, se tomaron de la mano y comenzaron a caminar.

— ¿Ranma? —preguntó Akane sin dejar de mirar el anillo, dejando que él la guiara.

— ¿Eh?

— ¿No me vas a decir lo que habías planeado?

Ranma se mantuvo en silencio, tanto tiempo que Akane levantó la vista de su dedo y lo observó.

— ¿Ranma?

Él sonrió entonces, ladino, y la miró.

Akane se topó con la puerta de la clínica, percatándose que había estado tan sumida en sus recuerdos que había caminado todo su trayecto automáticamente. Se regañó en voz baja, pues pudo haberle pasado algo grave por su descuido. Bueno, dijo una voz mental con sorna, no habría mucha diferencia, sólo sería más rápido todo.

Subió los dos pequeños escalones y tomó la manija de la puerta. Antes de entrar al hospital, se preguntó, una vez más en esos cinco años que llevaban casados, si Ranma algún día se lo diría; siempre se negaba en redondo a confesárselo, como la más grande de sus bromas hacia ella.

Sacudió la cabeza y no pudo evitar una mueca de amarga melancolía al recordar aquella traviesa sonrisa llena de felicidad que Ranma le dedicó aquella noche.

La noche que, ingenuamente, había pensado, iba a ser la primera del resto de sus días.

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Tzu suku…

Continuará…

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Bien, aquí está el capítulo dos y me ha gustado mucho escribirlo. Personalmente me encantan los capítulos introductorios porque no sabes que pasará y son los que marcaran el tono del resto del fic. En mi opinión jajaja. Espero les haya gustado y les pique un poco la curiosidad para seguir leyendo.

Muchísimas gracias a AnneMary8, mi Betareader, por su inestimable ayuda. Eres la mejor, estoy aprendiendo un montón de ti.

Si gustan seguirme en instagram me encuentran como aideeeortega. Hago dibujitos, subo fotos de mis gatos y así.


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Pasemos a lo que me gusta: ¡los reviews!

Haruri Saotome: ¡Que gusto leerte de nuevo y gracias por haber sido mi primer review! No será taaan triste, bueno, más o menos en la línea de este…tal vez jajaja. No.

Prometo no cargar la mano, la verdad, a mí tampoco me gustan las historias excesivamente tristes así que no temais. Sabes, respecto a DoCo, si me siento un poco insegura porque no sé si gustará tanto esta nueva historia. Haré lo posible por que así sea. En fin, ¿qué te ha parecido el nuevo capítulo?

Nichegomeznova: ¡Gracias por pasarte por aquí! Muchas, muchas, gracias por las palabras de ánimo y espero no defraudarlos. Ojalá que este nuevo capítulo haya sido lo que esperabas. ¡Excelente año a ti también!

SusyChantilly: ¡Hola Guapa! Gracias por pasarte por aquí. Espero que este nuevo capítulo te guste. ¡Espero tus impresiones!

RevontuliAmin: ¡Hola! ¡Muchas gracias y que gusto de leerte de nuevo! Espero que este capítulo te haya parecido igual de entretenido. Haré mi mejor esfuerzo para crear una historia que les agrade y satisfaga. ¿Qué te ha parecido el capítulo?

SARITANIMELOVE: ¡Muchas gracias por tu Review! Pues ya aparecieron Ranma y Akane, en el próximo veremos un poco más cómo va la vida de Ranma en estos cinco años de casados. Espero que tu año haya empezado súper genial, y también te deseo lo mejor,¡ te mando un súper abrazo!

Dlrn: ¡Hey! ¡Gracias por tu review! Espero que este capítulo te haya agradado, espero nos leamos seguido.

Nancyricoleon: ¡Hola! Muchas gracias por pasarte por aquí. ¡Espero que este capítulo te guste!