Capitulo II.
Jane se montó en el coche rápidamente después de dejar a Samantha en su clase, tarde para variar. A pesar de ser las 9 de la mañana el calor ya era asfixiante. Pisó el acelerador para llegar a tiempo a la librería donde ya habría algún cliente esperándola en la puerta.
En cuanto llegó allí tuvo que lidiar con alguno malhumorado, pero todo pasó enseguida, con tan solo el mosqueo de Jane como consecuencia. El resto de la mañana fue de mal en peor. Los libros que tenían que llegar no llegaban, el señor del correo se dedicó a darle la charla sobre lo que tenía que hacer en las vacaciones, y además se le rompió su lámpara favorita cuando un cliente le dio un codazo, con lo cual el enfado de Jane iba en aumento.
- ¡Hola Jane! – Dijo Samantha sonriente al volver a ver a su hermana después del colegio
Jane corrió a abrazar a su hermana – No sabes lo bueno que es ver una cara amiga por fin… - dijo con dramatismo
- Perdone señorita, ¿podría ayudarme? – Escuchó a alguien decir detrás suya.
- Ahora estoy contigo – le susurró a su hermana – Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
- Estoy buscando un libro de viaje sobre la ciudad de San Francisco y… -
- Discúlpeme pero no tenemos libros de viaje en esta librería, debería ir a…. -
- … quisiera alguno que incluyera una buena guía de restaurantes, ya que… -
- Verá, es que en esta tienda no tenemos ninguno, usted puede encontrar alguno en… -
- … necesitaré reunirme con gente importante… -
Samantha se acercó al hombre – Oiga, ¿no ha oído lo que ha dicho mi hermana? ¡¡Aquí no hay ninguno! – gritó, y de pronto el hombre se quedó callado.
- Gracias… - le susurró a Sam – le recomiendo que vaya al final de la calle, a Barney's. Siento no poder ayudarle – le dijo. Pero el hombre no se movía… - Oiga… ¿está bien? – Pero seguía inmóvil – Sam… no pestañea.
- ¿Qué?
- ¡¡Que no pestañea! – se puso frente al hombre, pasando su mano delante de los ojos - ¿oiga? ¡Oiga! – Cada vez se iba desesperando más - ¡¡¡Sam, que has hecho!
- ¡¡No he hecho nada!
- ¡Has venido, y le has gritado! ¡Qué le has hecho!
- … y desearía impresionarles llevándoles a un buen restaurante. – Terminó el hombre finalmente volviendo a moverse.
Las dos hermanas se encontraban alucinadas, con los ojos como platos y la boca abierta
- Se… se… ¿Se encuentra usted bien?
- Perfectamente… ¿Qué tal esas guías de viaje?
- Emm… erhm… disculpe pero no tenemos ninguna en estos momentos…
- ¡De acuerdo! – Dijo el señor sonriente – Gracias por su tiempo - y se marchó dejando a las dos hermanas completamente pasmadas en el centro de la librería.
- Vale… eso ha sido raro – dijo Sam
- Bueno, que te parece si… nos vamos a casa y comemos y descansamos… ha sido un día muy largo.
- Me parece bien…
Así que hicieron la caja, recogieron la librería y se marcharon a su casa. En el trayecto ninguna de las dos dijo una palabra, seguían pensando en lo ocurrido. Asimismo, mientras Jane preparaba la comida y Sam veía la televisión no se escuchó ni un susurro en la casa.
Jane trató de calmarse, se tomó una infusión de hierbas y se tumbó en la tumbona de la terraza que daba al jardín. Respiró hondo y trató de relajarse lentamente. Para ello comenzó a pensar en su madre, lo que siempre la ayudaba.
Recordó que le gustaba canturrear mientras cocinaba, costumbre que ella había heredado, y echaba enormemente de menos las palabras de ánimo que su madre solía ofrecerle cuando llegaba decaída del colegio por alguna mala nota, o alguna discusión con sus compañeros. Echaba de menos sus abrazos, su olor, sus ojos, el sonido de su risa... le dolía recordarlo mucho más de lo que su hermana podría llegar a imaginar, pero su manera de seguir con su vida fue hacerse la fuerte y tratar de poner esas emociones a un lado. Repentinamente sintió una nostalgia casi insoportable, y luchó por no derramar las lágrimas que se agolpaban en sus ojos.
Súbitamente sintió la desesperada necesidad de subir a su habitación y abrir la caja con los pocos recuerdos que conservaba de ella. Así que comprobó que Samantha estaba en su habitación haciendo sus deberes y subió a hurtadillas hasta el pequeño ático donde tenían guardadas todas las cosas.
Abrió el pequeño baúl y sintió escalofríos al tomar entre sus manos los libros que su madre cuidaba con tanto mimo, y retiró el polvo de sus cubiertas con un pequeño soplido. Leyó cuidadosamente todas y cada una de las notas que tenía cada libro en sus primeras páginas. Sacó el álbum de fotos del fondo y comenzó a ojear distraídamente todas las fotos una a una. Pero la peor parte llegó cuando abrió el joyero en el que descubrió todas las joyas que su madre solía utilizar. Tomó entre sus manos el collar que siempre llevaba puesto, una cadena de plata con un colgante y un extraño símbolo tribal precioso.
Pero cuando lo cogió, tuvo una extraña sensación, como de náusea en su estómago, y enseguida todo se volvió negro mientras sintió una sacudida y vio a su madre corriendo por la casa, subiendo las escaleras y abriendo un trozo de madera con una bisagra casi invisible del tejado del ático, y sacando un gordo y pesado libro del hueco.
Abrió el libro y pasaba las páginas rápidamente, cuando un extraño ser, un tanto raro, apareció en la puerta. Entonces su madre leyó algo que aparecía en el libro, y el ser se desvaneció con una explosión.
Entonces volvió la luz, y con la luz una extraña sensación de mareo que terminó por hacerla caer al suelo con un ruido que no quería hacer… ya que enseguida escuchó las pisadas de su hermana que subía las escaleras corriendo.
- Jenny, ¿estás bien? – le preguntó angustiada.
Pero todo lo que podía hacer era observar casi sin parpadear, el lugar en el que había visto a su madre sacar aquel extraño libro.
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Bueno, gracias a Eny por su reviú, y esperamos alguno mas chicas! Esperamos que os guste. Besotes!
