¡Hallo!. Acá está el segundo capítulo de mi nueva historia. Kuukai quizás tenga un poco de OOC, pero es para que encaje bien con la idea que tengo metida en la cabeza . Como notarán, estos son capítulos bastante cortos que ni siquiera llegan a las mil palabras; es que quiero ir de a poco, pensando bien qué escribir para obtener un buen trabajo en el final. Pero no se preocupen, ya que trataré de subir los capítulos diariamente, o cada dos días… todo es cuestión de cómo esté mi "motor". Esta historia próximamente tendrá lemon, así que quedan avisados. Bueno, eso es todo, cualquier review será bienvenido. Tschüss.

Nota: Lo único que me pertenece es la historia, lo demás, es de otros.

"¿Qué se necesita para poder ir y decirte…?"
Capítulo 2: Kuukai

Ring… Ring… Ring…

Desde hacía media hora que estaba sonando el despertador. Kuukai parecía ni siquiera parecer un poco molesto por el ruido perforador de tímpanos que hacía el aparato. Se encontraba totalmente alborotado: primero, estaba en posición vertical con respecto a la cama cama, por lo que su cabeza tendía en el aire. Apenas lo podía tapar el acolchado. La habitación estaba totalmente oscura, pero ordenada. Lo único, estaban los botines embarrados en el piso, que dejaron un notorio camino de barro seco, y su camiseta transpirada. No había el mejor aroma en aquel lugar. El castaño en el día de ayer, viernes, había ido a jugar con sus amigos a una cancha a unas cuadras de su casa. Fueron algo tarde debido al colegio. Por lo tanto se quedaron toda la noche jugando, y un poquitín de la madrugada del domingo. Había comenzado a llover, pero eso no les apartaba de su gran pasión compartida: el fútbol… y tampoco de las pizzas que habían ordenado.

Ya era la una de la tarde. Se despertó entre gemidos, y dio el bostezo más grande de toda su vida. – Mierda, aquí adentro hace tanto calor… y apesta. – No evitó reírse ante su último comentario. Casi saltó de la cama, en dirección a la ventana. Corrió las cortinas verticales y quitó el seguro de la ventana. Libertad. Por fin algo de aire puro, y no esa droga a base de transpiración que se estuvo guardando toda la madrugada en su habitación. Tomó ropa limpia y fue a ducharse. Le tomó media hora sacarse toda la mugre.

Volvió a su habitación con el almuerzo que le guardó su madre, y que había aprovechado dejarle en la puerta del baño. – Nosotros nos iremos a dar un paseo. ¡Muack! Mami y papi. – En ese mismo instante que Kuukai leyó esa nota no evitó hacerla un bollito y tirarla, pensando lo estúpida que era. Le hacía avergonzar que sus padres le siguieran tratando de la misma forma desde hace 15 años.

Ya en la habitación quitó las sábanas, salió al pasillo y las tiró por la escalera. – ¡Jódansen, sucias! – Se rió en voz alta, pensando en el extraño humor con el que se despertó. Tenía ganas de quedar con sus amigos para volver a jugar un partido de nuevo en la noche. Se tiró en la cama, con la comida y tomó su Nokia que estaba en la mesa de luz. Les envió un mensaje a cada uno, para ver que respondían.

"Lo siento, pero debo irme con mis padres a un campamento."
"Mis padres me arrastraron a un campamento para idiotas. No puedo."
"Ojalá pudiera, pero mis papá me llevó a un campamento con él. ¡QUE MIERDA!"
"Estoy resfriado… je… no puedo"
"Estoy en cama con 40º de fiebre, piensa un poco en la respuesta"

- ¿Qué es eso de que todos están en un campamento? – Suspiró, algo encaprichado y tiró su celular con enojo en algún lugar de la cama. Ahora a todos se les daba por salir o enfermarse y dejarlo solo. - Deberían comer más sano… - Dijo comiendo un pedazo de tomate. Se quedó un tiempo masticando hasta que no pudo más. El sentimiento de que debía hacer algo le ganaba. Saltó de la cama, casi tirando la comida al suelo y buscó su celular. Dónde lo metí… ¡¿Dónde lo metí?... Hasta que lo encontró. Entró a la lista de contactos y empezó a revisar. Apretaba el botón abajo… y apretaba, y apretaba y apretaba. Como si fuese un tic, lo hacía de forma fugaz tratando de leer los nombres a una velocidad exagerada. No encontraba a nadie interesante con quién salir, hasta que llego casi a lo último. "Utau". Quizás podrían salir a tomar helado y hablar. Con eso a él le bastaba. Le envió un mensaje.

¿Salimos? Y te invito un helado