¡Holas!

Ya empieza la semanita infernal para nuestros protas ;D

A leer...


Capítulo 2

...

Harry se pasó el tiempo que duró la espera del rubio intentando recordar por qué y cuándo había vuelto a empezar su enfrentamiento con Draco Malfoy. Y lo único que logró recordar, a parte de ese sin fin de correos que parecían escritos por el KGB de la contabilidad, era que la noche que lo volvió a ver, después de todos esos años sin tener contacto alguno, que estuvo a punto de ponerse a balbucear como un idiota, y que tuvo que pasarse prácticamente la cena entera sin levantarse de la mesa porque el perfume del rubio, proveniente de la mesa de al lado, lo estaba volviendo loco y excitando como si fuese un adolescente.

La segunda vez que coincidió con Draco fue en otro evento de la agencia; una entrega de premios en Cannes. El Profeta había ganado varios galardones y tanto Draco como él estaban invitados a los actos de celebración que había organizado la agencia. En esta ocasión, Harry se pasó varios días pensando en qué le diría cuando lo viera e incluso intentó preparar el terreno a través de varios correos, pero Draco fue implacable y no cedió ni un milímetro. Y cuando lo vio llevaba una túnica de gala azul cobalto que le resaltaba sus impresionantes ojos grises y su impoluta piel blanca y él pensó que iba a tener un infarto. Cuando se recuperó fue a hablar con él pero Draco le esquivó y lo fulminó con la mirada, y horas más tarde, cuando Harry decidió volver a intentarlo, lo encontró hablando con un tipo atractivo en el bar del hotel.

La tercera vez que coincidieron ni él ni el rubio hicieron ningún intento por hablar con el otro. Fue como si no existiesen.

Y a la mañana siguiente continuaron atacándose por correo electrónico.

Ahora, si querían sacar adelante esa campaña no tenían más remedio que llevarse bien. Además, era absurdo que dos profesionales como ellos se comportasen como dos chiquillos sin ningún motivo aparente, era hora de dejar las rencillas adolescentes atrás.

Aflojó los dedos, que no sabía que tenía apretados, y esperó impaciente la llegada del rubio. En el pasado su relación había empezado mal, por los comentarios del rubio hacia Ron, y continuado peor durante su estadía en Hogwarts, pero hacía mucho que habían dejado de ser rivales escolares. Lo malo es que después de tanto tiempo habían vuelto a empezar con mal pie y Harry podía reconocer que él había tenido parte de culpa en esta ocasión; él siempre había sido muy caótico y lo que más detestaba de su trabajo era hacer presupuestos o gestionarlos. Pero Draco se tomaba como una ofensa personal que no cuadrasen las cuentas y no aceptaba las críticas constructivas. Y no sabía ser original; las campañas que el rubio gestionaba eran impecables pero carecían de frescura.

Respiró hondo y sacudió la cabeza. No podía seguir pensando así, tenía que olvidarse de todo e intentar darle una oportunidad a esa relación profesional. Al fin y al cabo solo era una semana, y si conseguía evitar que Draco estropease el anuncio que él tenía pensado, pronto podría despedirse de El Profeta.

...

Draco llegó a la hora estipulada y mientras esperaba que sellasen sus documentos en la central de trasladores llamó a su mejor amigo Blaise.

—Dime que estás en Madrid en uno de tus viajes y no en Italia —le dijo cuando él contestó su llamada.

—Estoy en Madrid.

—¿De verdad? —insistió Draco al notar que su amigo se reía.

—De verdad. Dentro de dos semanas tengo que volver a Italia a firmar algunos contratos, pero hasta entonces estaré por aquí. ¿Y tú, dónde estás? ¿Qué es ese ruido?

—En la central de trasladores de Santander.

—¿Qué estás haciendo en Santander?

—No preguntes. Tengo que pasarme una semana en un hotel con el insufrible de Potter para preparar una campaña de publicidad.

—¿Qué? ¿Potter? Espera, voy por polvos flú. Esto no quiero perdérmelo.

—No digas tonterías, Blaise —lo riñó Draco al oír que volvía a reírse—. He pensado que podría ir a Madrid cuando termine. Podría quedarme hasta que tú te fueras.

—Eso sería fantástico, Dray. Llámame para avisarme que vienes y echaré a todas las mujeres que tengo viviendo conmigo y esconderé todo.

—Te llamaré. Cuídate, tonto.

De mejor humor tras hablar con su mejor amigo, Draco se dirigió hacia la salida y se dijo que no había para tanto. Siete días pasaban en un abrir y cerrar de ojos. Lo único que tenía que hacer era evitar que Potter estropease la campaña que él ya tenía perfectamente delineada.

Atravesó la puerta y buscó con la mirada la ventanilla de la empresa de autos de alquiler. En seguida vio el letrero rojo y a Harry Potter apoyado en el mostrador.

Llevaba vaqueros negros, jersey rojo e iba, como siempre, mal afeitado. Y Draco podía oír desde allí la risa de la chica de la oficina de alquiler de autos flirteando con él. Bajó la vista y recordó que no él llevaba túnica y que casi iba algo desaliñado para sus estándares. Tal vez podía meterse en el baño y aplicarse un glamour para lucir más presentable. Giró hacia la derecha y chocó con un matrimonio que pasaba cargado de maletas.

—Perdón.

—¿Malfoy?

Demasiado tarde, ya lo había visto. Draco reconocería esa voz en cualquier parte. Suspiró resignado y se giró diciéndose que no importaba si Potter lo veía así. Él también iba en vaqueros.

—Hola, Potter —lo saludó y comprobó que se estaba acercando a él.

Y no parecía estar muy contento.

Genial, ¿qué había hecho ahora para hacer enfadar al señor "Espíritu libre no sé lo que es una factura oficial", más conocido como Salvador del Mundo Mágico?

Draco estaba radiante. Demasiado.

Por eso caminó hacia él hecho una furia, porque no podía ser que después del sermón que se había echado a sí mismo sobre mantener una relación profesional con él y empezar de cero, Draco tuviese la desfachatez de aparecer con ese aspecto.

Se suponía que Draco Malfoy era el hurón saltarín, el insufrible sangre pura de Hogwarts, un ejecutivo agresivo que se merendaba a los hombres como él de dos en dos. Draco Malfoy no era un joven mago atractivo que llevaba vaqueros y que se tropezaba con dos ancianos con maletas. No, eso sí que no podía hacérselo. Ahora solo faltaba que Draco Malfoy tuviese sentido del humor y todos sus planes se irían al garete.

...

—Ya he alquilado el auto —le dijo sin saludarlo y sin darle la mano. No pensaba tocarlo. Ni hablar—. ¿Vamos? Estoy seguro que te gusta tanto como a mí estar aquí. Cuanto antes empecemos, antes podremos volver cada uno a su casa.

Draco lo recorrió con la mirada y sintió que se le encogía el estómago al ver que Harry Potter ni siquiera era capaz de recibirlo con educación. A la chica del auto de alquiler la había hecho reír y a él ni siquiera le daba los buenos días. Más claro el agua, ¿no?

—Sí, por supuesto, Potter. Espero que hayas podido contenerte y no hayas alquilado un todo terreno o un deportivo. Y que hayas guardado la factura.

Vio que él entrecerraba los ojos un segundo.

—He podido contenerme. Iba a alquilar un descapotable, la chica se ha ofrecido a hacerme un descuento.

—Oh, estoy seguro.

Empezaron a caminar hacia la salida del aeropuerto y después hacia la zona donde estaban aparcados los autos de alquiler.

Harry apretó la mandíbula varias veces pero no volvió a hablar hasta que se detuvo frente a un auto indescriptible color blanco. Parecía relativamente nuevo y era de esos modelos que se utilizan básicamente para circular por la ciudad.

Harry esperó junto al auto y lo miró.

—¿Vas a arrancarme la cabeza si conduzco yo? Si quieres conducir tú, por mí está bien, es solo que yo ya he estado en el hotel y conozco el camino.

Draco tardó varios segundos en reaccionar. ¿De verdad le parecía tan insufrible? Caminó hasta la puerta del acompañante, entró, y se puso el cinturón de seguridad. Él lo interpretó como que no le molestaba que condujera y tras sentarse tras el volante puso el auto en marcha.

—¿Ya has estado en el hotel Castillo de Montesclaros? —le preguntó Draco cuando ya llevaban veinte minutos de camino.

—Sí, fui a verlo mientras buscaba localizaciones para la campaña —movió los dedos sobre el volante—. He visto tu propuesta —notó que Draco se giraba a mirarlo y tragó saliva antes de continuar—. Me ha sorprendido.

—¿Por qué? —el rubio se cruzó de brazos.

Harry se encogió de hombros.

—Es muy poética —dijo al fin.

—¿Y yo no?

Volvió a girarse para mirar por la ventana. No tendría que afectarle lo que el cara rajada opinase de él.

Harry iba a hacer un comentario sobre que los presupuestos con los que él solía estar tan obsesionado no eran para nada poéticos, pero vio que Draco había apartado la mirada y que parecía estar dolido, aunque sin duda se esforzaba por disimularlo como todo buen Slytherin.

—Yo... lo siento, no pretendía ofenderte —se sorprendió a sí mismo diciendo.

Draco asintió en silencio y siguió mirando el paisaje. Harry dio por hecho que pasarían el resto del trayecto sin dirigirse la palabra, pero media hora más tarde Draco volvió a hablar:

—No me conoces, no sabes nada de mí. Ya no somos los niños que solían pelear por tonterías, Hogwarts quedó atrás. Hasta ahora, siempre que hemos coincidido en algún acto de la agencia apenas me has dirigido la palabra.

—Cierto, no te conozco, ni te conocí realmente en Hogwarts; pero he visto todas tus campañas de publicidad y siempre me han parecido...

—¿Aburridas? —sugirió el rubio retándolo.

—Impecables. Perfectas —contestó él apartando la vista de la carretera solo un segundo. ¿Por qué diablos había elegido Malfoy precisamente ahora para tener esa conversación?

—¿Y por eso deduces que no soy "poético"? —insistió Draco como si esa palabra fuese un insulto.

—Tus campañas son tan perfectas que son como una mujer o un hombre demasiado guapo —al presentir que Draco arqueaba confuso una ceja, le explicó—: la gente demasiado guapa es aburrida.

—Tú no pareces tener ese problema.

Mierda.

—¿Me estás llamando guapo? —tenía que parar el auto como fuera. Tal vez podría fingir una avería.

Draco se sonrojó e intentó retomar la conversación como si no hubiese metido la pata de esa manera. Le había dicho al insufrible de Potter que le parecía guapo. Si pudiera, se lanzaría una maldición a sí mismo.

—Yo también he visto la propuesta que hiciste para la campaña.

—¿Y?

—Me pareció extravagante. La idea es interesante, bonita incluso, pero se nota que no tuviste en cuenta ningún presupuesto. ¿Sabes la cantidad de efectos especiales que tendrías que pagar? Por no mencionar las localizaciones que necesitas.

Harry sonrió al ver que Malfoy fingía, sin demasiado éxito, no haberle dicho que le parecía guapo. Por extraño que pareciese, saber que al rubio él lo afectaba del mismo modo que Draco a él, le hizo sentirse muy bien. Ilusionado. Feliz.

—Podríamos hacer el anuncio entero en el hotel Castillo de Montesclaros. Es un castillo increíble, parece sacado de un cuento de hadas, y sus jardines están en muy buen estado. Y tiene una cascada que quita el aliento; la construyó el marqués de Montesclaros hace mucho tiempo. Ahora no recuerdo la leyenda, pero tal vez podríamos investigar e incluir algún guiño en el anuncio —suspiró y añadió—: apenas necesitaríamos ningún efecto especial.

—Ya, claro, suena muy romántico, y supongo que también tienen dos quimeras, un conejo blanco de casi un metro, un carruaje tirado por hipogrifos y un hombre lobo.

—Veo que te has estudiado a fondo mi campaña —señaló él, satisfecho. El anuncio que había preparado Harry era una especie de resumen de los cuentos para niños magos más populares.

—Sí —reconoció el rubio de mala gana—. Ya te he dicho que me parece una idea interesante.

—A mí también me gusta tu campaña —por fin habían encontrado algo en común. Draco pareció relajarse y Harry siguió hablando de trabajo—. El paraíso que tú sugieres se parece mucho al país de las hadas que yo había dibujado. Tal vez podríamos mezclar ambas campañas, más o menos como hizo Barnabas cuando las presentó al concurso, pero bien.

Draco tardó varios minutos en contestar pero esta vez a Harry no le preocupó el silencio.

—Sí, podría funcionar. "El paraíso perdido" podría ser la infancia, los sueños que dejamos atrás, como los cuentos. Podríamos elegir dos o tres cuentos para el primer anuncio y después añadir otros elementos para la campaña que saldrá en la prensa escrita y en los medios sociales.

—Claro.

Draco no dejó de hablar durante el resto del trayecto y Harry no dejó de sonreír.

...

El hotel Castillo de Montesclaros era incluso más bonito de lo que Draco se había imaginado después de oír la descripción de Harry. No parecía sacado de un cuento de hadas, parecía ser un cuento de hadas en sí mismo. Estaba situado en un entorno mágico, en una pequeña isla que se juntaba con el resto de la península por un único camino de tierra, como si el mundo real quisiera retenerlo a su lado contra viento y marea.

En recepción los atendió una chica muy amable de nombre Isabel, pero cuando ellos le dieron los suyos la joven fue a buscar al director. Este apareció enseguida y se presentó a Draco y después los acompañó personalmente hasta sus dormitorios; dos habitaciones contiguas que se comunicaban por una puerta interior.

—Me alegro de volver a verte por aquí, Harry —le dijo mientras subían por la escalera de piedra.

—Gracias, Juan. Yo también me alegro de haber vuelto. Y gracias por instalarnos en habitaciones contiguas, así nos resultará más cómodo para trabajar.

—Por supuesto. Avisadme si necesitáis algo más.

Juan les entregó las llaves y desapareció silbando por el pasillo.

—Es una habitación preciosa —declamó Draco al entrar. Tenía una cama blanca y un tocador junto a una ventana desde la que podían verse los que probablemente eran unos jardines espectaculares.

—Sí —convino Harry, entrando en la suya—. Todo el hotel es increíble. Ron vino con Hermione hace tiempo y me habló del lugar, y vine a visitarlo mientras pensaba en la campaña —le explicó en voz alta. Entonces se quedó en silencio y tras unos segundos se abrió la puerta que comunicaba ambas habitaciones—. ¿Te parece bien? —le preguntó él enarcando una ceja—, así podemos hablar sin gritarnos.

—Sí, claro —contestó el rubio tras unos segundos. El entorno era precioso y Harry le había sonreído; tuvo suerte de solo tardar unos segundos en contestar. Sacó su maleta del bolsillo, la agrandó y la dejó junto a la cama y miró por la ventana—. Tengo balcón, podríamos trabajar aquí.

Harry carraspeó. Se le había metido algo en la garganta, nada más. Draco estaba precioso apoyado en la ventana con esa sonrisa en los labios y los cabellos rubios brillando al sol, pero eso no tenía nada que ver con que le costase tragar.

—Claro, iré a por mi ordenador y a por mis notas.

Draco asintió y también fue en busca de sus cosas. Oyó que él abría la maleta y que se encerraba en el baño durante unos minutos. Cuando Harry reapareció en el balcón iba cargado con el portátil, un cuaderno con la cubierta roja, y le goteaba la nuca porque se había echado agua en la cara. Una gota captó la atención de Draco y la siguió con la mirada mientras le resbalaba por el cuello hasta perderse por la clavícula.

Sacudió la cabeza y se obligó a pensar en otras cosas. Draco ya había hecho el ridículo una vez por culpa de un hombre atractivo, no volvería a cometer la misma estupidez.

—He pensado —empezó con su voz más profesional— que podríamos repasar la propuesta que el señor Cuffe presentó e intentar buscar los puntos que más nos gusten.

—De acuerdo —dijo él, sentándose en una silla de hierro blanco—, vamos de paseo por "El paraíso perdido".

¿Por qué diablos le dio un vuelco el estómago?

Tenía hambre. Sí, seguro que solo era eso.

Tres horas más tarde a Draco Harry ya no le parecía tan guapo. Bueno, quizá sí, pero al mismo tiempo tenía ganas de estrangularlo con sus propias manos. Ese Gryffindor creía que no había nada imposible. ¿Una escena con dos quimeras? No hay problema. ¿Otra con sirenas? Tampoco. ¿Contratar a la modelo más cara del momento? Por supuesto.

—Si queremos que el espectador crea que está en un cuento de hadas, tenemos que conseguir que el resultado sea espectacular —insistió él.

—Llevar a nuestro cliente a la ruina sí que será espectacular.

—Eres muy dramático.

—No, según tú no lo soy lo suficiente.

—A ver, Malfoy, tienes que ceder en algo.

—¿Yo? —lo miró escandalizado—. ¿Por qué no cedes tú, Potter?

—Ya he cedido.

—¿Cuándo?

—Con los conejos.

—Eres imposible —Draco se levantó y se acercó al balcón. Seguro que ahora Potter le diría que el imposible era él y empezarían a intercambiarse puyas como cuando eran adolescentes. Tomó aire y se preparó para el impacto.

Harry estaba hecho un lío. Nunca había reaccionado así ante nadie. Draco le ponía tan nervioso que él reaccionaba poniéndose a la defensiva. Si hablaban de trabajo podía contenerse pero cuanto más rato llevaba con él allí sentado viendo el mar a lo lejos y oliendo el perfume de los árboles, más ganas tenía de mandarlo todo a paseo y fingir que habían ido allí a conocerse. Como una cita a ciegas de una semana.

Tal vez podía hacer ambas cosas, pensó de repente, tal vez podía trabajar y preparar el anuncio y conocer mejor a Draco Malfoy. Conocerlo de verdad. El peso que sentía oprimiéndole el pecho desde hacía horas se aflojó un poco y decidió seguir adelante con su instinto.

Se puso en pie y se acercó al rubio. Le habría gustado tocarle el pelo, deslizar una mano por su cabeza y terminar apoyándola en la nuca. O quizá en la espalda. Se conformó con tocarle ligeramente el brazo. A Draco se le puso la piel de gallina y él notó un cosquilleo en la punta de los dedos que se extendió por todo el cuerpo.

—Lo siento —le dijo, y antes de que el rubio pudiese preguntarle qué era exactamente lo que sentía, añadió—: ¿Qué te parece si salimos a pasear un rato? —Draco lo miró a los ojos y siguió en silencio—. Es obvio que los dos estamos cansados —tomó aire y dijo lo que de verdad quería decirle—. Llevamos meses peleándonos por correo electrónico y por medio de lechuzas y, no sé tú, pero yo no sé por qué. Barnabas quiere que saquemos adelante esta campaña y tienes que reconocer que es una gran oportunidad.

—Sí, lo es —lo interrumpió el rubio—. Pero... ¿a qué viene esto, Potter?

—¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta? Solos, tú y yo, Harry y Draco. Nada de Potter ni Malfoy. Tal vez si nos conocemos un poco mejor podremos trabajar sin discutir y terminar el anuncio antes. ¿Trato hecho?

—Trato hecho.


RWR

Teruka: Jujuju, ya viste que ninguno es indiferente al otro XD

Anjiru: Me alegra que te gustara y hayas disfrutado con la lectura :)

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Así que solo Harry y Draco...

Ya vieron que están que se comen con los ojos el uno al otro, pero son tan tontitos que ninguno se da cuenta u_u

Cuéntenme qué les pareció ^^