Querido diario:

Amar... es demasiado complicado... y doloroso.


26 de Noviembre de 2010

Querido diario:

Estos días me la he pasado en casa de Yamamoto o el departamento de Gokudera, disfrutando de lo que nunca pensé que sería posible: un dulce amor… de tres… extraño pero lo dulce nadie se lo quita. Este día en particular, ha sido especial ¿sabes porque? Porque Gokudera, lamentablemente tuvo que atender un llamado que le hizo su hermana de último momento, y nos dejó solos a Yamamoto y a mí, en el cine, así que he pasado la tarde solo con él, y aunque extrañaba a Gokudera –aunque sé que me escuchare injusto y egoísta-, me la pasé de maravilla. Por unas horas, pude imaginar que en el mundo solo estábamos nosotros dos.


27 de Noviembre de 2010

Querido diario:

Malas noticias…


29 de Noviembre de 2010

Querido diario:

Yamamoto…


1 de Diciembre de 2010

Querido diario:

Los odio.


5 de Diciembre de 2010

Querido diario:

Los odio.


10 de Diciembre de 2010

Querido diario:

Hace un tiempo escuche un chiste sobre el amor: "El amor se compone de dos vocales, dos consonantes y dos idiotas". Días atrás, pude pensar en refutar semejante afirmación… en cambio, hoy me doy cuenta que es verdad: No hay lugar para un tercero… y ese tercero… soy yo.


21 de Diciembre de 2010

Querido diario:

Duele…


25 de Diciembre de 2020

Namimori

El Décimo pasa una mano por sus cabellos, mirando a Namimori desde otro enfoque. Han pasado años desde la última vez que estuvo ahí, y aunque se hizo a la idea de que nada sería como lo recordaba, llegar y enfrentarse a la realidad, evocaba demasiados fantasmas del pasado que levantaron en su interior un velo de añoranza, que tuvo que reprimir para mantener su caracterización de capo. Porque ahora, ya no era solo el heredero de Vongola, no. Ya no era un niño que pudiera darse el lujo de jugar a la mafia y demostrar lo que en realidad sentía: Ahora era el Décimo Vongola con todo derecho, y más aún, una inesperada relevación en el mundo de la política de la mafia desde su entrada oficial al círculo de capos, dos años atrás cuando tomó el control de Vongola al fallecer el Noveno.

Un pesado zaguán de barrotes con el emblema Vongola forjado entre sus fierros, se abrió al final de la calle, colina arriba, donde una majestuosa y suntuosa mansión descansaba en su cima. Recorrieron un tramo decente de arboleda que alternaba vistazos de sol y de sombra, de calor y de frio, hasta encontrarse con una glorieta en cuyo se centró, magnifica, una fuente de fino mármol, representaba al Primero Vongola, la rodearon y se detuvieron frente a la mansión.

-Decimo. –Atiende el chofer la puerta, abriéndola para que el elegante hombre de rasgos finos, cabellos caoba a picos, mirada inocente y jovial, y de imponente presencia, salga de la limusina con su pesada y negra capa ondeando con los vientos de Namimori, que lo reciben anticipando la tormenta de nieve, que al atardecer, celebrara una caída de copos de nieve en su honor.

Los sirvientes se alinearon en dos hileras paralelas con cara al centro. Al entrar su amo en el camino que creaban hacía la mansión Vongola en Japón, hicieron una reverencia marcada. El Décimo pasó de largo entre ellos. Algunas mucamas se permitieron suspirar, embelesadas con él, al verlo franquear las pesadas puertas de madera finamente tallada, hacía el recibidor, donde lo esperaban sus Guardianes. Sin embargo, a pesar de que indudablemente el capo arrebataba sus corazones, todos los presentes, así como todos quienes le conocían, sabían que aquel joven no era lo que aparentaba, y que sus manos estaban manchadas de demasiada sangre…

-Decimo. –Saludaron a la vez los seis Guardianes, con la respectiva reverencia.

-¿Alguna novedad? -Preguntó tomando un folder que le ofrecía uno de los mayordomos, repasando las primeras hojas con la mirada transformada, seria y fría.

-Corporación Minami está dispuesta a financiar la investigación de las cajas Vongola FV. –Dijo Ryohei sin atreverse a mirarlo.

-Bien. –Respondió indiferente- ¿Algo más?

-La familia Ross ha expresado sus deseos de hacer alianza con Vongola.

-Con que… sus "deseos"… -sonrío de medio lado, satisfecho- Buen trabajo, Basil. –Lo elogio levantando la mirada del folder.

Basil se estremeció. No correspondió al elogio, solo guardó silencio y se abstuvo de mostrar reacción alguna. A diferencia de Ryohei, Hibari, Mukuro, Bianchi y Lambo, él aún no se acostumbraba a ese nuevo Tsuna, y no deseaba hacerlo. Aún tenía la esperanza de que volviera a ser el mismo de antes, aunque en el fondo sabía que eso era imposible a esas alturas del partido, donde solo mencionar su nombre, hacía que los morantes del bajo mundo se estremecieran temerosos de lo que pensaron, sería un fiasco de capo, y terminó siendo uno de los más sanguinarios… un lobo con piel de conejo. Alicaído, una parte de sí mismo se pidió que se rindiera: este, era el Tsuna para el que trabajaba desde hacía dos años, cuando necesitó cubrir forzosamente los puestos del Guardián de la Tormenta [Bianchi]… y el Guardián de la Lluvia.

-Si es todo, pueden retirarse. –Con un además de la mano, dio por concluida la "reunión". De ante mano quedaba dicho que después de la cena, se reunirían nuevamente para aclarar puntos de alguna estratagema, o abrir nuevas rutas de "negociación" con otras familias o empresas que fueran del interés de Vongola.- Excepto Mukuro. –Clavó la mirada en el Guardián, que detuvo su paso y soltó una de sus características risitas.

-Lo que diga… Tsunayoshi-sama. –Contestó burlón.


Siendo el décimo aniversario luctuoso, y Tsuna aún no encontraba el valor necesario para siquiera acercarse al cementerio donde reposaban los restos de dos de las tres personas más importantes de su vida. Continuamente se reprochaba a si mismo su cobardía, y ahora, a unas cuadras y ordenando al chofer que girara en dirección contrario a su destino, lo hacía más que nunca, y con mayor fervor.

-No pensaste que sería así de difícil ¿cierto?

Tsuna negó, dirigiendo la mirada hacia el exterior de la limusina, viendo, a través de los vidrios polarizados, la ciudad transformada en cuadro difuminado.

-Y ahora tienes que cargar con esa cul…

-Te equivocas. –Cortó de tajo las palabras de Mukuro, quien sostenía su mano. – La culpa que siento no es por lo que hice –sinceridad y dolor se reflejaron en la misma sonrisa-, sino por lo que no hice.

-¿Y qué no hiciste? –Se aventuró a interrogar, sintiendo como si finalmente, después de tantos años, Tsuna estuviera dispuesto a revelarle, o mejor dicho, ratificarle el secreto a voces de lo sucedido la Navidad de una década atrás.

-Aceptar que no estaba con ellos, sino entre ellos. –Una lágrima corrió por su mejilla a su barbilla. Pasando el dorso de la mano, Tsuna borró su rastro, y rio lacónico.- Fui un tonto… los tres lo fuimos. –Corrigió apretando entre sus dedos la mano de Mukuro, quien quiso seguir preguntando, pero ante el rostro lloroso de su amado, se encontró sin palabras y con las ganas de abrazarlo y besarlo para consolarlo. Más tardo en pensarlo, que en hacerlo, estrechando ese delicado cuerpo, esa figura a la que ahora todos temían, entre sus brazos, sintiendo su fragilidad, temiendo que se hiciera añicos en cualquier momento por el peso que llevaba sobre sus hombros.

**Flash Back**

25 de Diciembre de 2010

2:05a.m y Mukuro maldijo a quien osaba llamar a esas horas en las apenas si había conseguido conciliar el sueño, entre el escándalo que Chikusa, Ken y Chrome, traían con el festejo de Navidad que le tenía sin cuidado. El número que leyó en la pantalla, no le reveló mucho, y aunque estuvo tentado a dejar que la llamada pasara a buzón, un sentimiento muy dentro suyo, lo impulsó a dar "call" y responder con la voz somnolienta y sin ganas. Del otro lado de la línea, una sonrisita nerviosa le crispó la piel y le llenó el cuerpo de júbilo ¡¿En verdad era real? ¡¿Acaso estaba soñando?

-¿Tsunayoshi? –Preguntó en un fingido tono normal, cuando por dentro estaba hecho un caldo de felicidad.

-Si… siento… llamarte tan tarde…

-No te preocu…

-Maté a Gokudera y… a Yamamoto.

De inmediato lo supo. Ya no había vuelta atrás: El Décimo Vongola había despertado.

Se mordió el labio inferior.

-¿Dónde estás?

**Fin Flash Back**

-Abre la puerta. –Pidió a una de las mucamas que los había seguido hasta la habitación del capo.

La joven obedeció y abrió, pero antes de siquiera disponerse a ayudar en lo que pudiera ofrecerse, Mukuro evitó que entrara y cerró.

-No molesten. –Ordenó caminando hacía la cama, donde dejó su preciada carga, que aun dormía profundamente, cansado de tanto llorar. Sus mejillas, húmedas por el llanto, sedujeron a Mukuro, que depositó en cada una un beso dulce.

Cuidadoso, le quitó la capa, los zapatos y el saco, desabrochando los primeros botones de su camisa y deshaciéndose de la estorbosa corbata. Dobló cuidadosamente cada prenda y las dejó sobre el tocador, observando desde esa distancia, como el pecho de Tsuna subía y bajaba, respirando profundamente.

-Lo siento. –Murmuró apretando los puño- Nunca fue nuestra intensión hacerte daño… pero era necesario.


Notas de la autora:

Finalmente pude continuar este FF, aunque traigo el tiempo practicamente encima. Mis profesores sean emocionado, inesperadamente, con este nuevo semestre y parece que han querido meternos lo que sea que no hayamos visto o se nos haya olvidado en 6 semestres, en dos semanas. Así que ando más muerta que viva, pero en ese "entre azul y buenas noches", logre sacar este capitulo... aunque... no me convencio del todo la narrativa TT_TT pero aun así, espero que lo hayan disfrutado.

El siguiente capitulo, es el ultimo.

Muchisimas gracias a todas las personas lindas que me han dejado sus rewius, que son, como ya lo saben, mi impulso principal. Así mismo, gracias a quienes se tomen la molestía de seguir el fic. Los quiero y les agradesco, infinitamente.

8059 4ever