Sucio líquido
II
Disclaimer:
Todo lo referente a Harry Potter pertenece a J.K. Rowling.
Este proyecto es sin ánimo de lucro, su único propósito es el entretenimiento y la mejora de escritura.
Hermione se despertó en la oscuridad. Su cerebro tardó varios segundos en registrar por qué no estaba en la tienda con sus amigos. Le dolía enormemente la cabeza. Intentó llevarse una mano a la zona afectada cuando se dio cuenta de que una esposa la encadenaba a la pared. Sus latidos se aceleraron e intentó respirar profundamente para tranquilizarse. Tenía que encontrar la manera de salir de allí. Forcejeó un poco más hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, sólo había un pequeño candelabro como iluminación. Estaba en una celda, que suponía, pertenecía a las mazmorras de la mansión Malfoy. El suelo era de piedra fría y unas rejas la separan de un largo pasillo. Estaba sentada contra la pared y por lo visto su muñeca no era lo suficiente delgada para deshacerse del agarre.
La imagen difusa de Harry y Ron luchando se le vino a la mente. No sabía dónde estaban, pero tenía la esperanza de que hubiesen salido de allí sanos y salvos. Un escalofrío le recorrió la espalda y se llevó el brazo al frente de sus ojos. La herida estaba curada. Hubo unos instantes en los que dudó y creyó que su cerebro le había jugado una mala pasada, pero la sangre seca en su camisa le dijo lo contrario. Comprobó no tener ninguna herida física más antes de que unos pasos la interrumpieran.
Se tensó y antes de que pudiese hacerse la dormida unos ojos le devolvieron la mirada. Un hombre de mediana edad se paró enfrente de las rejas. Escogió una llave entre otras muchas y abrió la celda. Hermione se pegó lo que más que pudo contra la pared. El mago se inclinó hacía la chica y le ofreció un pequeño vaso de agua. A Hermione se le secó la garganta, con los nervios no se había dado cuenta de lo sedienta que estaba.
-Buenos días, he pensado que lo más probable es que tuvieses algo de sed –Al ver que la chica no movía ningún músculo, rodó los ojos-. Si te lo estás preguntando, no está envenenada –Para corroborar sus palabras se llevó el vaso a los labios y dio un pequeño sorbo.
Hermione no reaccionó. Podría haberse molestado en replicarle que por mucho que bebiese, eso no significaba que la bebida no contuviese ningún tipo de veneno. Conocía maneras de camuflar pociones, por no hablar de que él podría tomar la contra-poción y ella no. Contestarle todo eso no parecía ser una buena estrategia, así que simplemente se limitó a observarle.
Su captor suspiró se enderezó y sacó la varita para desaparecer el vaso. Cogió un pequeño objeto de uno de los bolsillos de su pantalón y se lo lanzó. Hermione levantó instintivamente el brazo para atraparlo pero las cadenas se lo impidieron. La Gryffindor esperó resignada alguna muestra de burla pero la expresión del mago no cambió, la seguía observando con una expresión seria. Se inclinó para recoger el objeto, estaba vez con la mano libre. Era una llave.
-Levántate, nos están esperando.
Bellatrix estaba impaciente, Rodolphus estaba tardando demasiado en traer a la muchacha. Ya hacía rato que se había ido a buscarla. Cuando le había contado todo lo ocurrido a su señor, éste no había tardado ni dos segundos en mandar llamar a Snape. El pocionista trabajaba al lado de un aburrido Voldemort en una mesa que Narcissa había mandado traer específicamente para la ocasión. Se encontraban en uno de los salones de baile del ala oeste de la mansión y aunque una gran vidriera azul la presidía, el tiempo nublado de ese día obligaba a valerse de la magia para iluminarlo.
-Esto es una tontería -Desde que su señor había terminado de hablar con ella Cissa no había perdido ni un instante para expresar lo mucho que le disgustaba aquella situación. La señora de la casa solo perdía las maneras en contadas ocasiones, y Bellatrix estaba segura que discutir en público era definitivamente lo que su madre hubiese catalogado como inadecuado.
-Ya te lo he dicho –la mortífaga había perdido la cuenta de las veces que lo había repetido-, esa chica tiene sangre Black.
-¿Estás segura? –insistió la rubia-. Ya has escuchado a Lucius y a Draco, sus padres son muggles.
-¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? Su sangre sabe… -la bruja mayor fue interrumpida por su cuñado.
-En el ministerio está registrado que sus progenitores son muggles, la maldita chica es la sangresucia de Potter –Lucius Malfoy estaba apoyado contra una de las paredes-. ¿Seguro que no te has confundido?
Bellatrix estaba segura que si su hermana no le tuviese tanto cariño ya estaría en el suelo gritando.
-¿Estás insinuando que no puedo distinguir mi propia sangre de la mugre de un sangresucia?
-No es eso lo que quiere decir –su mujer lo defendió-. Solo que quizás -hizo una pausa-, con la excitación del momento simplemente te confundiste.
Antes de que alguien pudiese añadir algo más oyeron golpear la puerta. Rodolphus la abrió sosteniéndola para que la muchacha entrase. La verdad es que se había sorprendido un poco cuando la mujer se había desencadenado y había accedido a seguirle. A mitad de camino la joven bruja le había pedido ir al baño, no sin antes preguntarle sobre el paradero de sus amigos. El mago sabía que la chica no había parado en ningún momento de buscar una vía de escape. No se molestó en esconderle que sus amigos habían logrado escapar. Suponía, además, que la chica intentaría algo mientras estaba en el baño, así que antes de entrar le recordó que aunque tuviese una varita no podría desaparecerse. Añadió igualmente que ya habían vetado la entrada al elfo doméstico de Potter y que si intentaba algo, estaba seguro que conocía unos cuantos hechizos para hacerla cooperar.
Hermione entró en el baño emocionada ante la idea de que sus amigos hubiesen logrado escapar. La cara del mortífago le sonaba y no supo por qué le creyó. La verdad es que estaba sorprendida de su propia tranquilidad, los músculos todavía le dolían de la tortura, pero se había comprometido a no pensar en ello. Revisó la habitación y se decepcionó un poco al no encontrar ninguna ventana.
Rodolphus esperó pacientemente a que la bruja saliese del baño. Tocó la puerta para meterla rapidez y la chica no tardó en salir. Se había lavado la sangre de la cara y su expresión era de suma concentración.
-¿A dónde vamos?
No se molestó en contestarla.
Ahora, sin embargo, parecía que toda la determinación se le había esfumado por el camino. El mortífago tuvo que agarrarla del brazo para que entrase en el salón. A Hermione se le habían paralizado las piernas cuando había visto la espalda de Bellatrix, pero fue mientas Rodolphus la arrastraba hacía Voldemort cuando comenzaron a temblarle. Llegaron a la altura del mago oscuro y el mortífago hizo una pequeña reverencia de cabeza no sin antes obligar a la joven bruja a hacer lo mismo. Hermione apartó la mano que le había obligado a bajar la cabeza de un movimiento brusco. A ninguno en la sala se le pasó inadvertido.
Voldemort dio un paso adelante e invadió el espacio de la chica.
Era la primera vez que Hermione se encontraba con él en persona. Harry les había descrito cómo era en más de una ocasión y en los últimos meses lo había visto varias veces en los profetas que podían conseguir. En las imágenes en movimiento aparecía proclamando su poder y control sobre el ministerio. Sin lugar a duda, Hermione había vivido varias situaciones en las que había conocido el frío miedo, pero fue en esta ocasión cuando el concepto de terror cobró sentido. El cuerpo de Voldemort era como un radiador de poder, la presión mágica que irradiaba le oprimía el pecho y agachó la cabeza al instante. Las manos le comenzaron a sudar y estaba segura que solo se mantenía en pie porque la tenían sujeta por el brazo.
-Bella –su voz serpenteante ahogó el salón-, la perdonaré por esta ocasión.
-Gracias, mi señor -Bellatrix apretó los dientes. Cuando todo esto terminase se iba a encargar personalmente de castigarla. ¡Cómo se atrevía a faltarle el respeto de esa manera al Señor Tenebroso! Sí, ella se iba a asegurar de enseñarle modales.
Voldemort se retiró a uno de los sillones más alejados de la sala, hizo aparecer un libro oscuro con un gesto de mano y empezó a leerlo con mirada aburrida.
Fue el turno de Severus Snape de plantarse enfrente de la chica. Al profesor le pareció distinguir que se tranquilizaba un poco al ver una cara conocida.
-Señorita Granger –Severus la saludó.
La bruja no hizo ninguna señal de querer devolverle el saludo, pero levantó la cabeza y sus ojos le miraron con algo de rabia. El pocionista no la culpaba, la verdad es que él también se sentiría un poco traicionado si viese a su antiguo profesor ser parte de todo aquello. Sentía pena por ella, había tenido la mala suerte de despertar el interés de la loca de Lestrange. Se preguntó qué pasaría con su antigua alumna después de que todo aquello terminara, esperaba que no la torturasen demasiado. Quizás, si Bellatrix no la mataba, podría convencer a Voldemort de que necesitaba una nueva ayudante.
Severus hizo aparecer una pequeña mesa delante de la joven. Tomó el caldero en el que había estado trabajando y lo puso encima.
El acto avivó el interés de Hermione, que se inclinó para ver mejor la poción. Había podido reconocer las hojas de luparia que había encima de la mesa en la que su profesor había estado trabajando, cortadas en tiras finas y largas. Frunció el ceño, la poción burbujeaba y debido a la espuma que se había formado en la superficie no podía ver el interior. Un fuerte olor a lirio le llegó a las fosas nasales cuando Snape revolvió el contenido. Dos giros en sentido horario, medio en sentido contrario a las agujas de reloj. Levantó la vista hacia los ingredientes.
-¿Es eso anturio? –preguntó-. Si has utilizado luparia como base de la poción habrás necesitado un rebajador al mezclarlo con espatifilo. El anturio consigue el propósito contrario. Es un acelerador, no un reductor.
Snape pensó que sólo le había faltado levantar la mano, la ignoró y cogió un cazo más cóncavo de lo normal. Hermione no volvió a abrir la boca mientras Severus echaba una pequeña muestra en un recipiente de cristal. La poción era totalmente incolora. Iba a volver a decir algo cuando el mortífago que estaba a su lado le cogió la mano ofreciéndosela al pocionista. Antes de que pudiese forcejear, Severus le hizo un pequeño corte en el dedo anular con un fino cuchillo y esperó sujetándole de los dedos hasta que una espesa gota de sangre cayó en la poción.
La sustancia la absorbió al instante.
Cuando los dos hombres la soltaron Hermione se apartó de la mesa rápidamente. Levantó la mirada de su mano para justo ver como el mortífago que la había traído se apartaba para dejar paso a las dos Black. Malfoy también se había acercado. Snape dejó de observarla con una mirada indescifrable para ofrecerles el cuchillo a las hermanas. Narcissa se giró hacia la mortífaga.
Bellatrix chasqueó los labios y le quitó el cuchillo de las manos. Ya suponía que su hermana no se iba a ofrecer a mancharse las manos, así que se remangó la camisa y se hizo un largo corte en la muñeca.
-No dejes de verter sangre hasta que cambie de color.
Tras varios intensos segundos la poción, de pronto, tomó un tono morado oscuro. Bella apretó los dientes y nadie se movió hasta que pasaron varios segundos. El tiempo parecía ir más lento. Rodolphus dio un paso al frente cogiendo el cuchillo de las manos de su mujer, se cortó la palma de la mano y esta vez el líquido sólo necesitó de una gota para cambiar de color.
Cuando Hermione vio el intenso color azul marino, reconoció la poción. Sangre de dragón, polvos de cuerno bicornio pulverizado y raíces cortadas de Jengibre eran los ingredientes principales. Había leído sobre ella en un viejo libro de Historia Mágica. La poción había tenido gran fama en los siglos 18 y 19, las amantes de muchos herederos de familias sangrepuras la utilizaban para dar a conocer a sus hijos. Amarillo, no relacionados; morado, pertenecían a la misma familia; naranja, una de las dos muestras no compartía lazo sanguíneo; y azul, las tres muestras estaban relacionadas. Era una poción de paternidad.
Dio un paso hacia atrás y se chocó contra algo, Voldemort. Al parecer su cara no era la única característica que había sacado de las serpientes, no lo había escuchado moverse.
-Interesante…
Todos se giraron a mirarles menos los dos recién descubiertos progenitores.
-Quién… -Bellatrix no pudo terminar la frase.
-¡Qué significa esto! –Rodolphus agarró a Snape de la túnica.
Cómo era tan siquiera posible que aquello estuviese sucediendo. Cuando Bellatrix le había contado lo sucedido la había mirado reticente. La verdad es que había pensado que era una de sus locuras. Pensaba que su mujer quizás había sentido ciertos celos de la familia que había formado su hermana todos estos años, así que simplemente se dijo que el subconsciente la había traicionado. La verdad es que antes de la caída de su señor no recordaba… Sus cejas se juntaron, no podía recordarlo con claridad, la euforia del poder de aquellos años les había hecho pensar que eran invencibles.
¿Habían tenido una hija mientras estaban en la cárcel? ¿Quién...? ¿Quién era el responsable de todo aquello? ¡Su única hija! Se sentía confundido y una rabia irrefrenable le recorrió las venas. ¿Quién era la persona que les había privado de ella? Apretó el puño hasta que los nudillos se le blanquecieron.
Severus Snape estaba tan sorprendido como todos los demás. Hermione Granger era hija de Bellatrix y Rodolphus Lestrange. No había lugar a la duda, la intensidad del color establecía la cercanía entre la primera muestra y las restantes. La poción era totalmente opaca. Dumbledore no le había contado nada de aquello, cuando recibió la carta de Lucius aquella mañana había pensado sinceramente que era otra de las locuras de Bellatrix. La mujer no tenía fama por su sensatez y no era la primera vez que había sido llamado para comprobar alguna tontería. Se había tomado su tiempo en organizar todos los ingredientes y viajar a la mansión Malfoy. Sabía que la sabelotodo había sido torturada la tarde anterior y que los otros dos mocosos habían conseguido escapar. Realmente sintió pena por la chica, Bellatrix era la mejor torturadora después de Lord Voldemort. No obstante, todo había cambiado. No estaba seguro de sí para bien o para mal.
Miró a la Gryffindor, ciertamente era imposible reconocer en ella a una sangrepura. La chica parecía no poder respirar. Severus registró con un poco de humor que su madre parecía estar reaccionando de la misma manera.
-Lucius –El mago de cabello platinado no tardó en llamar a uno de los elfos para que se llevase a la joven a una de las habitaciones de invitados, no sin olvidarse de mandar vigilarla.
