—Oye, Kagome.
La jovencita parpadeó y pasó a verlo. Sango y Miroku estaban atentos a la conversación… de hecho, siempre estaban atentos a sus conversaciones (¡era como una telenovela!). Shippō saltó al hombro de Kagome, era el defensor de la muchacha.
—¿Qué ocurre?
Hacía unos pocos días habían vuelto de la época de Kagome y a Inuyasha no dejaba de darle vueltas en la cabeza una idea. Creía que Kagome se reiría de él, pero no le importaba. Sōta casi lo había obligado a tener una maratón de películas de superhéroes (Kagome había aprovechado eso muy bien para estudiar) y él ahora andaba con esas ideas raras.
Se sonrojó un poco, pero de todos modos continuó.
—Tienes un gran parecido a la Mujer Maravilla.
Sango y Miroku fruncieron el ceño y pasaron la vista de uno a otro. Kagome parpadeó un par de veces y luego comenzó a reír.
—¿De qué hablas?
—Feh, lo digo en serio, mujer —gruñó, mientras la chica levantaba su gran mochila amarilla para partir, pues en eso estaban.
—¿Quién es esa Mujer Maravilla? —preguntó Shippō, volviendo a saltar a tierra. Inuyasha se cruzó de brazos mientras el resto de sus amigos terminaban de preparar las cosas para marcharse.
Kagome soltó una risita. Esa charla le recordaba a la que habían tenido tiempo atrás sobre Batman. Supuso que la confusión se debió a que estaban a mitad de la noche, así que ahora aquello saldría mucho más tranquilo.
—Pues… es una mujer con poderes —rezongó Inuyasha, sin darse a entender demasiado. Shippō arrugó el entrecejo.
—Ay, querido Inuyasha, eres un inútil en el arte de hacerse entender —dijo sabiamente Miroku. El hanyō lo miró con el ceño fruncido y Sango sonrió.
—Esa mujer es capaz de hacerle decir la verdad a cualquiera con un lazo —siguió el mitad demonio, sin hacerle mucho caso a las risas de Miroku y Sango— y Kagome tiene esa habilidad también.
—Aunque en tu caso usa Siéntate's —intercaló Sango con una risita.
—¿Y la Mujer Maravilla puede hacer sentar a un perro, Inuyasha? —preguntó Shippō luego y eso hizo que Kagome soltara una carcajada. Inuyasha se enojó tanto que no paró hasta darle diez coscorrones a Shippō, cosa que retrasó la charla y la posterior partida.
—Como sea —siguió el hanyō, aún enojado—, también tiene mucha fuerza y es inteligente. —Miró a Kagome un momento, algo turbado.
—Si la señorita Kagome puede levantar esa mochila, sin duda tiene mucha fuerza —aseguró Miroku—, y ciertamente es muy inteligente.
—Ay, chicos —murmuró ella, avergonzada, aunque profundamente contenta con el halago.
—Y es una excelente combatiente —soltó Inuyasha luego. Kagome se sonrojó—, aunque bueno, tú no eres tan buena.
—Oye…
Sango y Miroku pasaron a reír un rato.
—Y también es muy hermosa —siguió el mitad demonio. Cuando Kagome lo miró con ojos desorbitados, él también se sonrojó—. No, esa parte… no me refiero a que tú eres hermosa.
—No aclares, bestia —soltó Shippō, escondiéndose detrás de Kagome.
—Cállate, zorro —gruñó, sonrojado. Haciéndose el desentendido, continuó—. Como sea, ya vámonos.
Kagome, entre molesta y divertida, se acercó a él para subirse a su espalda. A pocos pasos, Kirara se transformó en la gran gata y Sango y Miroku se acercaron a ella.
—Entonces —comenzó la exterminadora—, por casualidad, ¿Batman y la Mujer Maravilla son novios o algo?
—¿Ah?
Inuyasha se sonrojó.
—¿Y eso qué? —refunfuñó—. No hables idioteces, Sango.
—No sé, se me ocurrió —sonrió ella— que si fuera así, ustedes se parecerían mucho más a esos superhéroes, ¿no creen?
Kagome e Inuyasha intercambiaron un momento, sonrojados.
—De hecho, creo que la Mujer Maravilla está enamorada de Superman —susurró Kagome, intentando cambiar el rumbo de la conversación.
Inuyasha la miró un momento, pasando de su rostro de bobo a su rostro de macho ofendido y enfadado.
—No me digas que el imbécil de Kōga te recuerda a Superman, Kagome.
—¿Qué? ¡Yo nunca dije eso!
—¡Seguramente lo pensaste! ¡Superman no se compara a Batman! Batman es mucho mejor.
—¡Yo no pensé eso!
—No puedo creer que creas que Superman es mejor que Batman… eso es una idiotez realmente… blablabla… blabla…
—…¡Blablabla! Blabla…
La escena siguió su curso y la partida se atrasó mucho más.
—Ya me perdí —murmuró Shippō, mirando a Inuyasha y Kagome discutir, pero dirigiéndose a Sango y a Miroku.
—Hasta los superhéroes tienen problemas de noviazgos —aseguró Miroku, de nuevo muy sabiamente—. Aunque no sé quién sea ese Superman.
—Luego le preguntamos —agregó Sango—. ¿Cree que ellos se casen alguna vez, Su Excelencia?
—Sí.
—¿Y Batman y la Mujer Maravilla? —preguntó Shippō.
—Oh, no conozco tanto a los superhéroes. —Se pasó a masajear la barbilla un momento, en gesto pensante.— Por suerte, Inuyasha y la señorita Kagome no son superhéroes, ¿no creen?
—Sí —murmuraron los otros dos, volviendo la vista a la pelea.
Nota de la autora:
AWW. -?-
Espero que hayan disfrutado de las pequeñas viñetas sin sentido. Y si les hice sonreír, pueden dejarme un sexy comentario que me haga saltar por la calle cantando una canción tonta -?-.
Gracias por leer y aguantar mis constantes ediciones (¡tengo tantos errores!),
Mor.
PD. Batman pasión.
