Gracias por sus reviews! El domingo fui a ver la pelicula, fue fenomenal! Vale la pena ir a verla~
Oh, se me olvidó poner que esto está lleno de spoilers del libro/pelicula así que si no quieren que les arruine la trama... salganse de aquí, consigan el libro, leanlo y luego regresan :3
Game Over: Luchando por Sobrevivir
Capitulo Dos
-¡Paola Sánchez!
Todo pasó en cámara lenta. Vi como mi hermanita se dirigía a las escaleras para ir al pabellón del ayuntamiento, sintiéndome impotente…
Corrí hacia donde estaba Paola, con una cara de horror y los ojos aguados. Varios policías se interpusieron en mi camino, pero solo me escabullí rápidamente -¡Me ofrezco como voluntaria!- grité desesperada en el momento en el que abracé a mi hermana. Los policías se me quitaron de encima mientras ignoraba las súplicas de Paola para que no lo hiciera. Le besé la frente a Paola y entre la conmoción, Luciano se acercó y me quitó a Paola de los brazos, pero a duras penas ya que Paola se negaba, golpeando y pateando.
-Sube querida- dijo Emma desde el micrófono, y la obedecí mecánicamente. Hace cinco segundos deseaba el no tener que subir al pabellón y ahora no me arrepentía de ir hacía donde estaba Emma. -¿Tu nombre?
-… Itzel Sánchez…- logré murmurar. Emma me sonrió ligeramente.
Y si todo no había salido más retorcido, la gente alrededor de la explanada se llevaron los dedos índice y corazón a los labios antes de alzarlos… era la despedida. Me sentí ligera, pero me forcé a mantener la compostura, todo el país estaba viendo la selección…
-Ahora, vamos con los hombres –Emma continuó cuando se acabó la despedida, hizo lo mismo que con las mujeres y sacó otro papel -¡Ludwig Beilschmidt!
El nombre no me sonó familiar, pero al ver la figura del elegido, mi corazón se desplomó hasta el suelo. Era el chico de los dulces… Cabello rubio, peinado meticulosamente hacia atrás, ojos azules y tez clara…
En mi estupor por todo lo ocurrido, solo recuerdo a Emma terminar la ceremonia, y pronto Ludwig y yo nos vimos empujados dentro del Ayuntamiento. A mí me metieron a una sala de estar muy decorada, y me dijeron que tendría una hora para despedirme de mis seres queridos. A los dos minutos entraron mi mamá y Paola.
-¡Itz no quiero que vayas! ¿Por qué lo hiciste? –me reclamó Paola colgándose de mi cuello. Yo solo la abracé y le acaricie el cabello
-Porque tú –dije tocándole la punta de la nariz y limpiándole las mejillas llenas de lágrimas- eres muy importante para mí, eres mi hermanita –sonreí levemente aunque por dentro me sentía morir- es más, te prometo que regresaré victoriosa y te compraré un gran pastel de la tienda de chucherías. –la suelto antes de voltear a ver a mamá, quien nos veía con los ojos aguados. Le sonrió tímidamente y la abrazo.
-Ay Ixchel, lamento que… -oí su voz quebrarse y me aferré a ella- Solo, nunca pierdas de vista a Venus. En la zona de juego, siempre ten a la vista a Venus, mi amor –asentí, sintiendo mis ojos humedecerse, pero me negué a soltar lágrimas, no podía darme el lujo de mostrar debilidad ante mi tumba. –Y cuando estés ahí… no olvides todo lo que te hemos enseñado Tonatiuh y yo…
-Si mamá- murmuré, haciendo una nota mental de repasar las infinitas lecciones de herbolaría de mamá- Y una última cosa… No quiero que… te pase lo que pasó cuando papá… -intenté mencionar la época más oscura de mi vida, después de que papá falleció, mamá se sumió en una depresión que nos jalaba a Paola y a mí, por mucho tiempo- ¿Me lo prometes?
Mamá asintió, limpiándose las lágrimas. Yo sabía que ella era fuerte, que Paola también es fuerte… Y yo necesitaba serlo. Volví a abrazarlas y se fueron. Miré mi estado en un espejo que había en la habitación y me quité lo rojo de los ojos con cuidado. La puerta se volvió a abrir y Luciano entró, dio dos zancadas y me dio uno de sus típicos abrazos rompe huesos.
-Itzel, yo cuidaré que ellas coman- me aseguró besándome la frente- Y por favor, sobrevive…
Me quedé callada esperando a que dijera algo más, pero Luciano solo se limitó a abrazarme de nuevo, explicándome que había todavía dos personas más que querían hablar conmigo y no quedaba mucho tiempo. Nos despedimos como siempre lo hacíamos, aunque esta iba a ser la última vez. En el instante que salió, otra figura apareció en el rellano, una que jamás pensé que me visitaría.
-Señor Beilschmidt- dije a modo de saludo, sorprendida de encontrar al padre de Ludwig aquí. Tal como su hijo, él era rubio, el cabello le llegaba a los hombros, pero siempre estaba recogido en una coleta ya que al ser el dueño de la tienda de chucherías, se pasaba la mitad del día en la cocina junto con su esposa.- supongo que ya se despidió de Ludwig… -dije, un poco incomoda por la situación, sobre todo porque la mirada azul del señor Beilschmidt era severa, y daba miedo hasta cierto punto.
-Solo quería decirle que me encargaré de que a ella nunca le falte el pan en la casa… -dijo en un tono serio. Confundida, solo asentí.
-Se lo agradezco… -murmuré al no saber qué decir. –Confió en usted –agregué, ya que sabía que con él no había nada de bromas. Aparte él era un cliente regular, siempre nos compraba las ardillas que cazábamos. Al parecer su esposa no era tan fanática de las ardillas, así que las compraba en secreto. Las facciones del… ¿panadero? ¿dulcero? se suavizaron ligeramente antes de dar una ligera reverencia y salió de ahí.
Qué curioso… lástima que no sabré a que se debió eso. Mi última visita fue Catalina, quien solo me abrazó y sacó algo de su bolsito.
-Itzel, todos los elegidos tienen derecho a llevar algo que los recuerde a casa en el estadio, y me gustaría darte esto –me explicó, mostrándome un broche de oro con la imagen de un ave que todos dan por extinta, pero que mis padres adoraban mencionar: Quetzal.
-Es tan… bello –murmuré tomando el broche con cuidado- Cata no debiste…
-Es un regalo, Itzel, aparte… somos amigas –me sonrió y le regresé la sonrisa antes de abrazarla y agradecerle por el regalo unas mil veces, cosa que nos hizo reír por unos minutos.
-Señoritas~ no quiero interrumpirlas, pero a Itzel le quedan dos minutos más- Emma apareció en la puerta por un par de segundos y se fue. Aprovechamos para despedirnos y Cata me puso el broche en mi vestido, arriba de mi corazón. Emma volvió a pasar y se llevó a Catalina, dejándome ahí sola por otros cinco minutos sin nada que hacer más que mirar por la ventana.
-Itzel, ya nos vamos, querida~ -dijo Emma al reaparecer en la puerta. A su lado estaba Ludwig, quien parecía incomodo al lado de la extravagante capitalina. No digo nada y me pongo a seguirlos, rezagándome un poco mientras que Emma tomaba la delantera con su sempiterna sonrisa. Al salir del ayuntamiento fuimos escoltados por policías y cámaras hasta la estación de tren y nadie dijo nada hasta que entramos al vagón y el tren se puso en marcha hacia la Capital.
Ludwig y yo nos quedamos viendo la finesa que había en el vagón, parecía ser parte de un inmueble de ensueño. Emma sonrió y nos guió a un vagón que servía como comedor, donde alguien nos esperaba. Al ver quien era hice una mueca mientras que Ludwig no pudo evitar golpearse la frente con la mano en frustración.
-Él es Gilbert Weilschmidt. Antiguo ganador de las Olimpiadas, será su mentor.-Nos explicó Emma antes de darle un codazo a la persona casi desmayada en la mesa enfrente de nosotros. Gilbert no necesitaba presentación, ya que él era el único del Distrito 12 en ganar una edición de las Olimpiadas de Hambruna vivo… Al ser albino, no era difícil conocerlo en un distrito tan pequeño. Tenía el cabello platinado y unos ojos rojos que causaban temor, pero él no era así. Tenía la fama de borracho, adicción que tomó después de ganar las Olimpiadas.
-¡Kesesesese!- exclamó Gilbert de repente y sus ojos nos inspeccionaron rápidamente- Vaya, vaya… así que estos son los elegidos con los que tengo que trabajar… -dijo antes de sonreír arrogantemente, una sonrisa que odié en el segundo en la que la vi- ¿Qué? ¿No piensan sentarse? No muerdo ni nada. ¡Por el Viejo Fritz! Tomen asiento.
Lo obedecimos al instante, nos sentamos enfrente de él, y Emma tomó lugar a su lado, muy a su pesar, ya que Gilbert le lanzó un piropo. Rodé los ojos al ver la actitud de nuestro mentor, y parecía que Ludwig pensaba lo mismo.
-Como nuestro mentor, ¿hay algo que deberíamos saber?-preguntó Ludwig, siendo esta la primera vez que oía su voz en todo el día. Era parecida a la de su padre, grave y un poco autoritaria. Gilbert alzó una ceja antes de sacar una botella de alcohol de quien sabe dónde y darle un generoso trago- ¿Y bien?
-Sobrevivir…-fue lo único que dijo Gilbert con un tono de voz inexplicable. Ludwig y yo nos vemos por un segundo, y Emma alzó una ceja antes de saltar.
-¡Solo les diré que mañana será un día muy, muy ocupado!- dijo con una risita titubeante- Así que hoy descansen, la cena la servirán a las ocho. –y con eso dicho desapareció, dejándome con dos tipos que solo conocía de vista.
-Nombres…
-¿Disculpa?
Gilbert suspiró y le dio otro trago a su botella -¿Cómo se llaman? –se rectificó con un tono sarcástico. Tuve que aguantarme las ganas de darle un golpe; a mi lado Ludwig suspiró.
-Soy Ludwig Beilschmidt y ella es…
-Hey, ¿Beilschmidt? ¡Podríamos ser parientes lejanos! –esto molestó un poco a Ludwig, aunque yo si podía ver tal relación.- Bueno, ¿y esta dulce jovencita como se llama? –frunzo el ceño al oír cómo me llamaba y estaba a punto de refutarle cuando Ludwig volvió a hablar.
-A eso iba, se llama Itzel Sánchez… -terminó de decir Ludwig, su mirada fija en la mesa, haciendo que Gilbert sonriera más ampliamente y volviera a beber de su botella- Por cierto… ¿Por qué no estabas en la ceremonia de Selección?
-Cierto… ¡Se supone que los Ganadores tienen que estar presentes!- exclamé señalándolo acusadoramente. Creo que esta realización le causó mucha gracia ya que soltó una carcajada que me exasperó.
-El Grandioso Yo no estaba en condiciones para ir al evento, el Viejo Fritz me mataría si hacía una escena frente a las cámaras- nos explicó esperando a que entendiéramos lo que nos dijo, más no aclaró mis dudas. Lo vimos empinar la botella y hacer aparecer otra. –Ahora, vayan a sus cuartos o hacer algo, nos veremos en la cena. Ahí nos encargaremos de todo…
Nos echó del vagón sin parsimonia alguna. Ludwig y yo recorrimos gran parte del tren hasta que encontramos cada uno su habitación. Todavía no podía creer lo espacioso y decorado que estaban los vagones del tren, pero no podía quejarme. Mi habitación tenía mucha ropa limpia y su propio baño. Aproveché para quitarme el vestido de manta, que siempre se me hizo caluroso para mi gusto y me puse una ropa más cómoda. Solo puse mi broche de Quetzal en el cuello de mi blusa y dejé el vestido en una silla. Me siento en la cama y me pongo a pensar sobre que estará pasando en casa…
De seguro habría lágrimas, y en la televisión han de estar pasando la recopilación de las Selecciones de cada distrito. No sé si la forma desesperada en la que actué llamará la atención de todos, y si eso es algo bueno o malo que afectará mi situación en las Olimpiadas. Cada año, el estadio de las Olimpiadas cambia, quedando todo a la creatividad de los Creadores de Juegos. Recuerdo unas Olimpiadas que tomaron lugar en un desierto, nos tocó ver como cada Elegido moría por sed, insolación en el día o frío en la noche. Entre mis cavilaciones, terminé durmiéndome.
Unos golpes suaves en la puerta me despertaron. Desorientada, miré el reloj que marcaba cinco para las ocho y me levanté rápidamente. El rodete que hizo mamá seguía en su lugar. Me despabilo con pequeños golpes en mis mejillas en lo que ando por los vagones hasta llegar al comedor. Al llegar ahí, mi estomago gruñó de felicidad al ver el festín que había enfrente. Emma y Ludwig estaban esperándome mientras que Gilbert había aventado los modales por la ventana junto con su sobriedad y estaba comiendo un pavo felizmente, blandiendo su tenedor borrachamente.
-¡Itzel! Ven~ -dijo Emma indicándome una silla al lado de la suya y la de Ludwig- Hay de todo un poco. Pero te recomiendo que bebas esto~ Es lo mejor que hay en el mundo –me dijo pasándome una taza con un liquido que rápidamente reconozco como chocolate caliente. Un lujo que solo conocí en tiempos de Papá. Tomo la taza agradecida, esperando el rico sabor amargo y picante, como les gustaba a mis padres, pero en cambio pruebo algo dulce. Podía saborear el chocolate, pero ya no era amargo, y el picante ya no estaba en la bebida.
-La bebida de los dioses ha sido perfeccionada –murmuré dándole un buen trago a la taza de chocolate. Emma me miró encantada por mi reacción y Ludwig parecía divertido.
-¿Cerveza perfeccionada?-preguntó Gilbert arrastrando las palabras- Gott, tengo que probarla… -dijo haciendo un ademán de quitarme la taza, así que la retiro rápidamente de su alcance. En cambio, Emma le golpea la mano y le pasa una copa de vino con el propósito de callar al borracho. Después de eso en la cena no pasó nada relevante salvo el hecho de que tanto Ludwig como yo comimos desaforadamente hasta reventar.
Dos sirvientes vinieron a recoger los platos y la comida restante. No decían nada y se movían con cuidado, me hice a un lado para que la chica, una pecosa de ojos verdes y cabello pelirrojo, y se me cae la quijada.
-Tú te me haces familiar… -murmuré mirándola fijamente. Ella me regresó la mirada, ambas congeladas por unos momentos.
-¿Familiar? Cariño, no creo que sea así, los Servus… -empezó a decir Emma mientras que Gilbert me miraba fijamente- Digo… no puede ser posible que…
-Es Yekaterina- Dijo Ludwig, desviando toda la atención hacia él. Se congeló por un segundo y tosió antes de explicarse- Ella se parece a Yekaterina, nuestra compañera de clase, por eso te parece familiar…
Por un segundo le mando una mirada incrédula a mi compañero en este desastre de olimpiadas y luego mejor le sigo el juego -¡Sí! Ha de ser eso. Perdón por la molestia, no era mi intención –le digo de todo corazón, aunque para estos momentos sé que ella también me reconoció. Gilbert no dijo nada y Emma exhaló aliviada. Era más que obvio que Yekaterina, una rubia ceniza con ojos azules sempiternamente llorosos y su voz dulce no era la Servus o lo que sea que dijo Emma. Nos quedamos en silencio mientras que los dos Servus terminaban sus labores. Emma y Gilbert se retiraron, la primera porque "mañana va a ser un día muy, muy, muy importante" y el otro porque quería intoxicarse hasta las cejas. Ludwig y yo nos quedamos en silencio por unos segundos.
-Buenas noches-dije parándome, necesitaba estar sola.
-¿Sabes lo que son los Servus?-me preguntó Ludwig al ver que me paraba de mi lugar. Negué con la cabeza y esperé a que continuara- Hace rato hablé con Gilbert sobre la Capital… Servus son delincuentes que traicionaron a Hetalia… Para que no hablen de sus planes les cortan la lengua, y son monitoreados a todas horas…
Nos quedamos callados, mientras procesaba la información y ataba los cabos. Le sonrió a Ludwig ligeramente –Gracias por la información, güerito- dije antes de irme a mi habitación a toda velocidad, cerrar la puerta con pestillo y tirarme a la cama boca-abajo.
La Servus pelirroja la había visto unos cuantos años atrás. Estaba cazando con Luciano, escondidos entre los árboles cuando vimos a una pareja correr. Ambos eran pelirrojos y estaban huyendo de algo… ¿de qué? No lo supimos hasta que los pájaros dejaron de cantar y uno advertía que algo se acercaba por los aires. Una especie de avión sobrevoló el bosque y dejó caer algo… un arpón. Yo ahogué un grito y Luciano hizo una mueca al ver como el arpón atravesó al chico por el pecho y lo alzó hacia el avión. La chica, desesperada, miró alrededor y nos vio. Sé que nos vio, porque sus ojos verdes nos suplicaban algo. Socorro. Pero nos quedamos inmóviles mientras desde el avión dejaron caer una red electrificada sobre ella, que la paralizó dentro de la red y la elevó por los aires. Así como entró en mi vida, salió, hasta ahora. Y ella no era la única que había salido y entrado, teniendo en cuenta mi historia con Ludwig, si se podría decir que había una.
Ni siquiera me frené a pensar sobre ponerme un pijama y me fui a dormir, ya que según el horario de Emma, primera hora mañana estaríamos llegando a la Capital, mi última parada antes del estadio.
