Capítulo II

El rapto

1-

Unos suaves golpeteos provenientes de la puerta resonaron varias veces hasta que la joven pelirroja abrió los ojos. Ya había amanecido hace horas y tras aquellas cortinas, rojas y aterciopeladas que cubrían la ventana, un cielo azul refulgía radiante. Ella bostezó antes de musitar un-adelante-dirigido a la persona que esperaba del otro lado de la puerta. Esta lentamente se abrió dando paso a una de las mucamas que venía cargando una suntuosa bandeja con el desayuno. Rose recibió el desayuno gustosa y le sonrió arrogantemente a la empleada para indicarle que ya se podía retirar. Ella obedeció y dejó nuevamente sola a la cumpleañera. Porque ese era su día, el día de su cumpleaños número veinte, el día en donde todo cambiaria.

La chica comenzó a comer con delicadeza ese pastel de fresas y las imágenes de la noche anterior no tardaron en llegar, pero ya se sentía mucho más optimista y dispuesta a enfrentarse a toda su familia en pleno. No tenía miedo en encarar a su padre para decirle que no estaba dispuesta a casarse, aunque le gritara en todos los idiomas conocidos y por conocer, ni de oír las reprimendas de su madre sobre cuáles son sus deberes. El sueño le había devuelto las energías que tanto necesitaba y se había llevado esas inseguridades, provocadas por los comentarios de cierto invitado. Ahora su autoestima había vuelto a sus niveles normales y sentía que podía hacer que el mundo fuera suyo, nada la iba a detener.

En cuanto acabó su té, especialmente importado de la india para ella, dejó la bandeja vacía a los pies de su cama y corrió las cortinas para que la luz pudiera ingresar a cada rincón de su lujosa habitación. Continuó con su típica rutina dándose un agradable baño en su tina con sales de lavanda y rosa.

Ni bien salió del baño envuelta en una mullida bata, se dispuso a elegir que ropa se pondría, esa era una tarea ardua a la que se enfrentaba cada mañana, no era fácil seleccionar algo teniendo tantas opciones disponibles. ¿Usaría zapatos Prada o Gucci?, esa era la cuestión para Rose Weasley, nunca se podía decidir y pasaba cerca de una hora probándose antes de llegar a un resultado final. Para entonces ya era casi mediodía y quedaban menos de doce horas para el gran evento, para ese baile que tanto le había costado planear.

Entonces, ya vestida con un hermoso vestido turquesa y unos zapatos de tacón azul marino, decidió que lo mejor sería bajar a recibir esas merecidas felicitaciones por su cumpleaños, de seguro todo el mundo la estaría esperando con muchos regalos y enormes sonrisas de admiración. Sintiéndose como una diosa, la muchacha bajó las grandes escaleras de la mansión hacia la sala, con una emoción reflejada en los ojos y pavoneándose como siempre lo hacía.

Pero allí no había ni un alma, ni siquiera el ama de llaves, la cual solía pasearse por la habitación para buscar alguna mota de polvo microscópica que limpiar. El rostro de Rose se desfiguró lentamente pero enseguida pensó que quizás estaban afuera, disfrutando del aire libre. El piso resonaba a medida que la chica caminaba con decisión hacia el patio trasero de la casa, la mera idea de que no hubiera nadie para desearle un feliz cumpleaños ni siquiera se le pasó por la cabeza. De pronto, mientras recorría el gran corredor que conectaba toda la planta baja de la mansión, sintió una voz familiar y se volteó saboreando una sonrisa tan dulce como el chocolate.

-Buen día señorita Weasley, sus padres salieron y no volverán hasta tarde pero me pidieron que le diera esto-el mayordomo le entregó un sobre impecable, completamente sellado-si fuera tan amable y me acompañara-terminó, sin cambiar ese semblante tan serio que podía causarle depresión a cualquiera que lo viera por más de dos segundos. Desde que trabajaba con ellos, hace casi cinco años, su uniforme nunca había presentado una arruga, y su cabello castaño brillante nunca había estado fuera de lugar, sin lugar a dudas podría haber pasado por un robot y no notarias la diferencia porque tampoco las emociones eran algo que lo distinguiera.

Rose algo molesta por la noticia se quedó viéndolo fijo, esperando que ese empleado le dijera lo que tanto ansiaba escuchar, pero el hombre comenzó a caminar resueltamente hacia la puerta principal de la mansión. La pelirroja, boquiabierta e indignada, lo siguió fijándose nuevamente en el sobre que sujetaba en una de sus manos, lo rompió sin miramientos y comenzó a leer esa breve nota.

Rose:

Feliz cumpleaños, esperamos que te guste tu regalo ya que fue hecho especialmente para ti, nos vemos esta noche,

Tus padres

La nota que era más fría que un tempano de hielo pero a ella no le importó, la curiosidad por saber que era su regalo la invadió por completo y comenzó a acelerar el paso ya que se había quedado algo rezagada en ese pasillo. Pronto salió al exterior y el sol comenzó a bañarla con tibieza, haciéndole notar que seguía presente, la hierba susurraba cuando ella pasaba y una ligera brisa le movía los cabellos con delicadeza. Se notaba que ese 2 de junio era un típico día de verano, y el día perfecto para celebrar un evento tan importante como lo era su cumpleaños.

De un momento a otro el mayordomo se detuvo frente a la entrada de los garajes y extrajo de su bolsillo un pequeño control remoto con un botón rojo, lo presionó y la puerta del garaje se abrió dejando ver el auto más increíble que Rose hubiera contemplado en toda su vida. Era una descapotable recubierta por pequeñísimos brillantes en toda su cubierta, sus asientos eran de piel y una gran moña roja lo coronaba.

Ella se acercó al coche y lo observó por unos instantes con sorpresa, saber que sería la envidia de todas sus amigas le provocaba una sensación de satisfacción impagable. El mayordomo se fue sin que Rose se diera cuenta y ella se quedó sola con su regalo de cumpleaños. Luego se sentó en el asiento del conductor y sintió el cuero del volante entre sus manos, y el fragante aroma proveniente de ese auto recién comprado le llego a las narinas, una débil sonrisa apareció en sus facciones. No podía negar que disfrutaba el adquirir cosas nuevas, desde un par de zapatos, un bolso, un collar, hasta un auto. Lo material era su único refugio en ese mundo de superficialidades en el que vivía, y ella lo aprovechaba al máximo.

-Feliz cumpleaños Rose-resonó la voz de Elizabeth sacando a la pelirroja de sus pensamientos y devolviéndola al mundo. Ella salió del vehículo y vio que Diana y Elizabeth estaban allí mirándola fijo, haciéndola sentir el centro de atención.

-¿No les gusta mi regalo de cumpleaños?-preguntó la pelirroja con evidente ironía, señalando a la descapotable que brillaba gracias a que los rayos de sol incidan en los diminutos cristales.

-Por supuesto que sí, es el auto más lindo que…-comenzó la de cabellos negros, que intentaba como siempre, halagar a la primogénita de Ron y Hermione Weasley.

Pero Diana no pudo esconder el siguiente comentario, que salió de su boca como un dardo venenoso y atravesó el lugar para dar en el punto más sensible del orgullo de la cumpleañera. Se venía guardando los comentarios insidiosos desde hacía semanas, no toleraba la manera en la que la trataba Rose y aquello solo era una manera de demostrarlo. Ella siempre la menospreciaba e insultaba como si fuera un objeto indeseable más que su amiga, ahora se veían los resultados.

-Natasha Parks ya tiene uno igual desde hace meses-.

Elizabeth le dedicó una mirada aterrada a la rubia que pronto rectificó sus palabras dándose cuenta que había dicho lo que realmente pensaba-pero es hermoso Rose sin dudas es mejor que el de Parks…-

Dentro de la pelirroja la rabia comenzó a aparecer y una vergüenza que nunca antes había experimentado sustituyó a esa alegría que hasta hace poco la llenaba. Porque claro, ella siempre era la primera en todo y que esa vez alguien tuviera lo mismo que ella era denigrante.

-Por supuesto que lo es, su auto seguramente es una triste imitación-aportó Rose completamente enojada dando unos pasos hacia las dos chicas que la miraban atemorizadas por su drástico cambio de actitud. No todos los días esos ojos azules se llenaban de chispas ni su rostro se tornaba de ese rojo tan intenso.

-Claro, es que nosotras suponíamos que te regalarían algo más original ya sabes…-intentó apaciguarla la de cabellos oscuros retrocediendo un paso y poniendo sus manos frente a ella como señal de protección ante cualquier desacato de la pelirroja.

-Sí, porque una isla privada hubiera estado mejor, podríamos ir a broncearnos las tres juntas, pensábamos que tus padres podrían comprar algo mejor con todo el dinero que tienen, ¿o es que están pasando por alguna crisis económica?-opinó Diana, bastante alarmada por lo último, sus ojos verdes parecían salirse de las orbitas. Elizabeth asintió con la cabeza ante las palabras de la rubia y miró a la pelirroja esperando una respuesta, en sus rostros se podía leer una evidente repulsión y codicia que hasta entonces no había sido tan evidente. ¿Cómo podrían salir de compras y gastar cientos de dólares si la pelirroja se quedaba sin un centavo?, esa era una de las muchas preocupaciones que florecía en el interior de las muchachas. Porque era evidente que toda su amistad era una simple farsa para poderle extraer dinero.

Rose las miraba con odio, y en menos de un pestañeo un pensamiento llegó a su mente, lentamente comenzó a invadirla hasta que se apoderó de ella por completo, al igual que una infección altamente contagiosa. ¿Y si ellas la habían engañado todo ese tiempo y en realidad solo querían estar con ella por su dinero?, la humillación fue suficiente para que la pelirroja se diera media vuelta y las dejara solas, a ellas y a ese coche que ahora solo le provocaba repugnancia. Ahora entendía todo desde los cientos de halagos hasta los "prestamos" de dinero que ella les concedía en esas locas salidas de compras, realmente eran buenas actrices y Rose era una ciega.

Caminó con la frente en alto, todavía conservaba algo de su dignidad intacta. Una sensación de opresión le comprimía el pecho cada vez más, pero ella era fuerte y a pesar de todo ni una sola lágrima emergió de sus ojos, el orgullo no se lo permitía.

2-

Sus ojos se deslizaban por la pantalla de esa laptop con insistencia, como si pudieran absorber todas las palabras que estaban plasmadas del otro lado. Había leído ese documento más de cien veces en el correr de la noche pero él debía asegurarse, fuera cual fuera su elección debía estar totalmente seguro. De todas formas, eso era algo totalmente imposible puesto que aquello era un rompecabezas extremadamente difícil y él contaba con solo tres piezas, tres palabras y tres destinos.

Sí, cualquiera de aquellas palabras podría ser la llave de la victoria o la de un estrepitoso fracaso.

-Ricinus communis, Clostridium botulinum, Conium maculatum- repetía la voz grave de Scorpius en un bajo murmullo apenas inaudible, esas tres opciones eran tan letales como lo era su significado. Porque representaban venenos poderosos y mortíferos, sólo unos gramos de cualquiera de ellos bastaban para que una persona hallara un horrible y lento final. Él primero se refería a la ricina, unas semillas capaces de matar con tan solo un miligramo, el segundo produce el botulismo, una enfermedad considerada como arma de destrucción masiva y el último una planta mejor conocida como cicuta, la cual produce unos frutos muy tóxicos para los seres humanos.

Esas eran las posibles contraseñas de la caja fuerte del Sr Weasley, y el rubio no entendía el porqué de los motivos que lo habían impulsado a usar una de esas difíciles palabras como códigos, allí debía haber algo escondido que él no conocía. Algo que lo dejaba totalmente indefenso y sometido al azar que él tanto odiaba, no creía en la suerte o en la casualidad, Malfoy solo confiaba en la superación personal a base de esfuerzo. Pero esta vez tenía que elegir y no podía permitirse equivocarse, no había margen de error.

Scorpius se llevó las manos a la cabeza y se la sujetó con desesperación, esa situación lo llenaba de dudas e inseguridades que lentamente lo iban atravesando como una bala. Aun le quedaba una hora antes de tener que entrar en acción pero aun así los nervios eran muy fuertes, no le alcanzaba con haberse aprendido de memoria el plano de la mansión o el hecho de tener puesto un lujoso esmoquin y el carnet de identidad de un tal Mathew Mackenzie en su bolsillo, él quería asegurarse ese último detalle para garantizar el éxito. Quizás si lo lograba ya no tendría que seguir con esa vida y podría vivir tranquilo en algún lugar apartado del mundo donde podría hacer lo que quisiera. No es que no le gustara su trabajo, lo toleraba, pero odiaba el hecho de tener que continuar esa escabrosa vida de secretos, planes y noches en vela.

Por un momento deseó que aquella navidad del 2008 nunca hubiera sucedido, así su vida sería completamente diferente. Angustiado se forzó a olvidarlo y a dejarlo en un cajón perdido de su memoria, no le gustaba pensar en el pasado. Para él todo era un eterno presente.

Entonces su celular vibró encima de todos los papeles que habían esparcidos en la mesa, el rubio lo tomó desganado y comprobó que tenía un mensaje nuevo.

A las 21:00 desactivaremos el sistema de seguridad del estudio, tienes diez minutos.

A pesar de que el número del remitente era desconocido, Scorpius sabía perfectamente de quién era y que era lo que significaban aquellas palabras. Debía actuar rápido antes de que detectaran la falla en el sistema de seguridad y ser más sigiloso que una pantera. Aquella era la clave.

Los minutos no se detuvieron en el reloj que estaba colgado en la pared, al contrario parecían correr como segundos para el joven Malfoy que cada vez estaba inquieto.

Cuando dieron las siete y media el rubio cerró la laptop y se apresuró a tomar la bolsa que descansaba sobre el sofá donde guardaba todo lo necesario para efectuar la tarea que tenía que cumplir. Se miró en el espejo junto a la puerta del departamento y se cercioró de estar perfecto, respiró hondo y se fue de allí dejando atrás su vieja vida para siempre.

3-

El vestido le calzaba a la perfección, y su color azul resaltaba notablemente esos ojos azul cielo. Su cabello, suavemente recogido en un elegante moño, le daba un toque más aristocrático y aquellos tacones podrían haber pasado sin problemas por los de cenicienta. Sí, Rose Weasley lucía como una princesa esa noche y todos lo sabían.

Desde lo alto de la escalera veía el salón con una inmensa sonrisa, todos los invitados se arremolinaban para verla descender con gracia y habilidad mientras que muchas cámaras destellaban con sus flashes. Ella nunca se había sentido mejor en sus veinte años de vida, se sentía admirada por aquella multitud y ser el centro de atención era uno de sus pasatiempos favoritos .Los aplausos la bañaban y ella sonreía dichosa clavando su mirada en el salón.

El lugar había sido perfectamente acondicionado para el evento, alrededor de la enorme pista de baile, cientos de mesas estaban dispuestas mirando hacia el escenario. Todo estaba decorado con rosa pálido y blanco dándole un aspecto más bien infantil, más propio de una niña que de una joven de veinte años. La barra ya estaba abierta y varios camareros comenzaban a repartir bebidas para los cientos de invitados que ocupaban el salón.

Ni bien terminó de bajar, una música lenta y suave comenzó a sonar y todos se abrieron en una gran ronda para permitir el inicio del baile. Ella buscó rápidamente con la mirada a su padre para poder abrir el baile con él, pero no había ni rastros de ese alto pelirrojo. No obstante pudo divisar a su hermano y sin que pudiera refutar lo arrastró con ella al centro de la pista, muy cerca de la hermosa escultura de hielo que decoraba el lugar.

-Sonríe Hugo-insistió ella con los dientes apretados para mantener esa sonrisa que tanto había ensayado para las fotografías. Su hermano estaba visiblemente incomodo ante la penetrante mirada de todo el mundo, pero sin dejar de bailar el ritmo de ese vals, le dijo-odio llamar la atención-.

Rose fingió no haber oído ese comentario y siguió bailando como si su vida dependiera de ello, estaba radiante y le gustaba demostrarlo. Hugo huyó en cuanto sonaron los últimos acordes de esa pieza y muchos invitados comenzaron a unirse a la pista. Rose se tocó su collar por inercia y jugueteó con él por unos segundos antes de que escuchara una voz a sus espaldas.

-¿Bailamos?-le preguntó un chico realmente apuesto. Ella lo tomó de la mano y se dejó guiar al centro de la pista. Después de varias canciones lentas las cortinas del escenario se corrieron y la música rockera de Blue Laser comenzó a hacer su aparición invocando a casi todos los invitados a la pista de baile. Las luces de neón brillaban y la gran bola de espejos encima de sus cabezas giraba provocando que cientos de brillantes lucecitas iluminaran a la masa de personas que bailaban con ritmo.

La pelirroja se despidió del chico y se dirigió hacia la barra donde pidió algo para tomar, la noche recién comenzaba y ya le ardía la garganta de sed. Se pidió algo de champagne antes de seguir bailando como si la noche nunca se fuera a acabar. Entonces vio como el Sr Hamilton y su hijo se acercaban a ella, el último parecía reticente a acercársele pero la pelirroja no lo notó.

-Feliz cumpleaños Rose te ves esplendida-comentó en voz alta el anciano tratando que la cumpleañera lo oyera sobre la música. Ella le sonrió algo confundida por la cantidad de cosas que sucedían a su alrededor.

-Sí, feliz cumpleaños-repitió Nicholas con una cara de disgusto que la pelirroja ignoró y después de asentir con la cabeza se fue de allí sin importarle nada, ni que pensaran que estaba siendo grosera o que pensaran que los había dejado con la palabra en la boca. Esa era su fiesta y nadie se la iba arruinar, o eso era lo que creía ella.

4-

-¿Su identificación Sr…?-

-Mackenzie-le respondió con calma Scorpius, aquel guardia de seguridad observó el carnet por unos segundos antes de realizar un profundo escrutinio en el rostro del rubio. Este, descubierto gracias a que la ventanilla del auto estaba abierta, sonreía con arrogancia, debía demostrar seguridad y confianza, y reprimir ese nerviosismo capaz de hacerlo titubear, sino seria su fin. El policía le devolvió el documento y le hizo una seña de que podía pasar. Scorpius no tardó en obedecer y pronto se puso en marcha nuevamente.

A pesar de que la ruta estaba oscura, la mansión se distinguía claramente por su brillante iluminación y su hermosa fuente en la entrada, sin mencionar que no menos de cincuenta vehículos estaban estacionados junto a ella. Enseguida buscó un lugar para estacionar el coche y lo dejo lo más alejado posible, no quería levantar sospechas.

Entonces comenzó a caminar a grandes zancadas hacia donde dos empleados recibían las invitaciones de la fiesta. Enseguida se la dio e ingreso al vestíbulo repleto de gente. Su boca se abrió unos centímetros entre la sorpresa y admiración que sentía hacia ese lugar, todo estaba pomposamente decorado y más que una mansión parecía una galería de arte completamente lujosa. Nunca había entrado a un lugar de ese estilo, porque generalmente en sus muchas excursiones a los bancos no se fijaba en esos insignificantes detalles. Pero esta vez era diferente, estos eran simplemente incapaces de ser dejados por alto.

-Ya va a bajar-murmuraban dos chicas un poco más adelante, sacándolo de su asombro a la vez que se apresuraban por ingresar a la otra habitación. Scorpius no entendió a que se referían pero aun así decidió pasarlo por alto y deslizándose silenciosamente entre la multitud logró llegar hasta la puerta de servicio. Desde allí sería mucho más fácil subir al segundo piso, ya que no llamaría tanto la atención y pasaría completamente desapercibido, la mayoría de los empleados estaban trabajando y ni siquiera notarían su presencia, pensaba él ilusamente. Caminaba por el corredor con familiaridad, no por nada había estado horas estudiando los planos de la mansión, cuando un imprevisto le llamó la atención.

-¿Qué haces aquí? deberías estar en la cocina-escuchó que una voz a sus espaldas con un tono demandante a la vez que le clavaba los ojos con fiereza. Él experimentó un escalofrió y lentamente se volteó antes de que las siguientes palabras salieran de su boca.

-Soy nuevo y…-comenzó a improvisar el muchacho mirando hacia esa señora que probablemente sería la organizadora de todo eso.

-Ya lo veo, corre, llegas muy tarde y todavía tienes que cambiarte-lo apresuró ella señalándole la puerta que daba directamente a la descomunal cocina donde cientos de empleados trabajaban para preparar la cena y los aperitivos. El rubio se congeló por un segundo, sin embargo la obedeció y entró junto a ella a la cocina. Pronto le indicó cual era su uniforme y donde tendría que cambiarse. Scorpius se encerró en ese probador y se colocó la vestimenta de camarero sin dejar de ver su reloj, faltaban quince minutos para las nueve. Maldijo por lo bajo por haberse dejado arrastrar a esa situación, antes de salir y comprobar que esa señora molesta seguía allí.

-No te pagan para que te quedes descansando, apresúrate y lleva esta bandeja con aperitivos a los invitados-le gruñó la organizadora poniéndole en sus manos una bandeja cargada de lo que parecía ser caviar. Scorpius se dirigió al salón enojado por tener que deshacerse de la bandeja para poder seguir con su plan, era consciente de que las horas corrían y que no tenía mucho tiempo. Ni bien caminó entre la masa de invitados estos fueron tomando los aperitivos, no obstante no pudo dejar de notar que las personas concentraban su atención en un solo punto, la parte superior de la escalera. No entendió la razón y no estaba dispuesto averiguarlo así que continuo haciéndose paso entre la gente, finalmente encontró una mesa vacía para dejar la bandeja.

Debía moverse para encontrar otro acceso al piso superior, automáticamente cerró los ojos y el mapa de la casa se dibujo en su mente, cada pasillo y cada puerta. Tenía dos opciones, o volvía e intentaba subir por el área de servicio o subía por aquella escalera en la que se posaban todas las miradas. Tras una milésima de segundo en la que comenzó a reflexionar cual sería su próximo paso, una cascada de aplausos lo interrumpió. No tardó en iniciar un vals lento y él se vio desplazado hacia un extremo del salón debido a que el baile había dado comienzo. Esa era su oportunidad, siguiendo un impulso momentáneo el rubio se escurrió entre las personas y logró subir la escalera por la que hace poco había bajado la cumpleañera, aunque eso él no lo sabía.

En cuanto llegó al corredor del segundo piso volteó a la izquierda sucesivas veces con los ojos puestos en cada esquina para evitar toparse con nadie, no le quedaba mucho tiempo, su reloj marcaba que la seguridad del estudio se desactivaría en cinco minutos. Cada vez faltaba menos para llegar y la emoción crecía como una especie de enredadera en el muchacho, que casi trotaba por el pasillo.

-El baile ya comenzó Ronald y sigues trabajando, es el cumpleaños de tu hija-escuchó una voz femenina justo antes de doblar la esquina que lo conducía a su destino. Por suerte se detuvo a tiempo y agazapado entre las sombras esperó cada vez más impaciente.

-Lo sé Hermione, tuve unos asuntos de último momento que arreglar pero ya bajo-contraatacó mordazmente con un tono que denotaba cansancio.

Scorpius vio entonces, como el matrimonio Weasley pasaba por su lado en dirección a la fiesta que estaba aconteciendo en el piso inferior y se quedó más quieto que una estatua o como el personaje del cuadro que tenía detrás. Su corazón latía extremadamente rápido y podía sentirlo en su garganta, atropellándose con su descompasada respiración. Suspiró de alivio cuando ambos se alejaron lo suficiente como para que él pudiera llegar hasta la puerta del escritorio. Su reloj dio las nueve en el preciso instante en que toco la perilla de la puerta. Con las manos temblorosas sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta. Esta hizo un sonoro clic y dejó ingresar al chico, el cual vio, como frente a sus ojos, las luces se encendían automáticamente. Sus ojos vagaron por la amplia estancia por un momento buscando el más grande desafío, la caja fuerte. Corrió la alfombra, el sofá, abrió los cajones y movió los cuadros de sus lugares pero no hubo caso, allí no había nada. Rápidamente vio una estantería y tuvo una idea, tiró todos los libros al suelo y una sonrisa emergió en sus facciones angulosas. Allí estaba su enemiga, debía vencerla o todos sus esfuerzos habrían sido en vano.

Las tres palabras volaron en su mente pero solo una de ellas permaneció allí, se apresuró a presionar en ese teclado los dígitos. Las letras fluyeron desde sus dedos hasta formar la palabra en latín, y después de eso miró el aparato expectante. No pasaba nada, ni bueno ni malo y él comenzaba a inquietarse.

5-

De un momento a otro Rose distinguió que claramente entre la multitud se alejaba un hombre pelirrojo a grandes zancadas con dirección al vestíbulo. Ella lo siguió cambiando su expresión alegre por una de extrema molestia, no le había gustado nada la manera en la que su padre la había dejado plantada en el vals. A medida que iba procesando diferentes formas de reprocharle lo sucedido, comprobó que su progenitor estaba serio y lucía un aura misteriosa, como si quisiera pasar desapercibido.

Entonces llegaron al vestíbulo y su padre rápidamente dobló por el corredor contiguo hacia una de las pequeñas salas interiores de la casa donde usualmente sus padres solían tomar el té durante el invierno.

Ella se ocultó en una de las grandes estatuas que decoraban el pasillo para poder ver como el pelirrojo y un hombre alto y moreno se estrechaban las manos con solemnidad.

-Weasley un placer conocerlo al fin-indicó el moreno con una mueca más bien maliciosa. En realidad su perfil era aterrador, desde el esmoquin negro que usaba hasta el pequeño maletín que colgaba de su mano izquierda, daba la impresión que aquel hombre no tenía muy buenas intenciones.

-Lo mismo digo Schneider, pasa, aquí nadie nos podrá molestar-ordenó con resolución el dueño de la mansión haciéndole señas al hombre para que entrara a la deshabitada sala de té. La puerta se cerró con un golpe seco y la pelirroja corrió hacia ella para poder escuchar la conversación, no podía negar que la curiosidad le ganaba siempre.

-No sabía que lo interrumpía en medio de una fiesta-advirtió el invitado-si hubiera sabido hubiéramos cambiado la cita…

-Por algo lo cite esta noche-lo interrumpió con dureza el padre de Rose indicando que no quería replicas. Eso hizo que la sangre de Rose hirviera ¿significaba que su padre se ausentaba a propósito?, ¿acaso le importaba lo más mínimo la fiesta?, se preguntaba la chica con rabia. Pasados unos segundos de silencio la charla fue retomada por el hombre con el maletín.

-¿Está seguro? porque después de que firme el acuerdo no hay vuelta atrás- se oyó la voz firme y grave del moreno. Luego escuchó como alguien tomaba asiento, seguramente había sido el padre de Rose ya que fue su voz la que se escuchó después.

-Por supuesto es la única opción-.

-En ese caso…-la pelirroja pegó aun más la oreja a la puerta de madera y percibió un ligero clic-debe elegir mi herramienta de trabajo y rellenar algunos formularios-le explicó Schneider. Entonces Rose entendió que sin dudas el sonido que había oído antes era el de su maletín abriéndose. Pero… ¿Qué habría allí?, pensó la pelirroja imaginando billetes, joyas, importantes documentos e incluso algún artefacto tecnológico novedoso.

-Ese de allí, digamos que ya comprobé su utilidad en una ocasión y no me fallo-informó con una risa macabra el pelirrojo, Rose se estremeció de pies a cabeza jamás había escuchado ese tono en su padre.

-Excelente elección-comentó Schneider-por lo demás no se preocupe, solo firme aquí y cerraremos el trato-.

La pelirroja cada vez entendía menos, eso no podía ser simplemente un negocio, algo en su interior le daba mala espina. ¿Qué sería aquello que iba a firmar su padre? ¿Y si lo estaban embaucando?, esas y mil preguntas más pasaban por la mente de la cumpleañera.

En menos de un segundo fuertes pasos resonaron desde el inicio del corredor y la chica, aterrada y con el corazón atascado en su garganta, volvió a esconderse tras aquella estatua.

La figura del mayordomo se dibujó entre las sombras y lo primero que hizo fue tocar la puerta del salón de té con los nudillos varias veces. La puerta se abrió parcialmente y solo la figura del padre de Rose se asomó.

-Sr Weasley lamento importunarlo pero hay un hombre que quiere hablar con usted-dijo el empleado mirando fijamente a su patrón, el cual parecía enfadado por la interrupción.

-Dígale que estoy ocupado, si quiere hablar conmigo que agende una cita….-

-Insistió con que es un asunto urgente-manifestó el mayordomo con esa expresión mortalmente seria.

Ronald bufó.

-Bien, bien voy para allá-accedió al final siguiéndolo muy de cerca hasta la entrada del vestíbulo. La pelirroja aun inmóvil y con el corazón en la boca, esperó unos segundos más hasta decidirse a volver al salón de la fiesta. Después de todo lo mejor seria olvidar todo lo sucedido y seguir con su hermosa fiesta, no debía meterse en asuntos que no le correspondían. Quizás todo había sido un malentendido… o quizás no. Pero ella inmediatamente descartó la segunda opción y olvidó la escena que había contemplado para poder ir a buscar su bolso para retocarse el maquillaje.

6-

Clic.

Se abrió y Scorpius respiró profundo sin poder disimular una sonrisa más grande que aquella casa señorial. No obstante esta duró un breve instante, ya que ni bien sus ojos grises enfocaron el contenido, la decepción lo invadió por completo. Allí solo había dinero, cientos de billetes apretujados. Con rabia, comenzó a guardarlos en la bolsa que llevaba oculta en sus pantalones mientras buscaba desesperadamente la joya. Quizás estaba escondida, pensó, pero cuando la caja fuerte se vació sus sospechas se fueron directo a la basura. Apretó los dientes para poder tolerar la lluvia de emociones que le salpicaban el interior, una mezcla de rabia, desesperación, impotencia y confusión.

De un momento a otro recordó que los diez minutos concedidos estaban a punto de expirar, así que corrió hacia la puerta y salió nuevamente a ese pasillo inhóspito.

Esta vez, se podía escuchar claramente el eco de la música proveniente del piso inferior, seguramente muchas personas estarían bailando sin preocuparse por nada, pero ese desgraciadamente no era su caso.

Regresó sobre sus pasos y bajo la escalera con precaución para que nadie lo notara, en su mente pasaban cientos de pensamientos referidos a lo inútil que había sido su misión y a la cara que tendría Nott al saber que su suposición era falsa. Eso era muy extraño ya que él era una de las personas que contaba con una lógica y estrategia increíble y que fallara en algo de esa importancia era insólito.

Su teoría resultó ser cierta, la pista de baile estaba repleta por una multitud que danzaba entorno a la banda que tocaba sobre el escenario.

Se refugió entre las personas caminado rumbo a la salida, sabía que existía una de emergencia justo en la habitación contigua esta podría sacarlo sin…

El corazón de Scorpius casi se para. El potente ruido de las sirenas de policía hacía eco en todas las paredes de la casa, incluso el volumen de la música parecía bajo al lado del de ellas. Todo el mundo se detuvo en el acto, mirándose con extrema confusión y buscando el origen de ese irritante sonido. El rubio comenzó a moverse con rapidez entre los inmóviles invitados, pero de pronto, un reflector le dio de lleno en el rostro. Simultáneamente, las puertas que conectaban el salón con el pasillo se abrieron de par en par y por lo menos diez oficiales entraron cargando poderosas pistolas. Los músicos dejaron de tocar por fin, entendiendo que algo estaba sucediendo.

-Detente-resonó la voz de un oficial entre los murmullos de los cientos de invitados que miraban con los ojos desorbitados al rubio. Pero Scorpius no se pensaba rendir, no después de todos sus esfuerzos, para él siempre existía un plan B.

Entonces se detuvo y miró a su alrededor por una milésima de segundo, una idea apareció en su mente más brillante que nunca.

Sin ni siquiera pensarlo dos veces, él la agarró con violencia y le apuntó en la cabeza con el revólver que llevaba oculto en su cintura. La chica pelirroja que segundos antes le había dado la espalda, permaneció inmóvil y no opuso demasiada resistencia, lo cual fue un alivio para Scorpius. Parecía estar más preocupada por sujetar su bolso de mano que en zafarse del poderoso agarre.

Enseguida todos los demás se alejaron de ellos como si tuvieran la peste, se formó un enorme hueco en medio de la pista de baile en donde ellos permanecían quietos y en la misma posición. Estaban encerrados por la multitud y Scorpius decidió tomar medidas extremas, debía salir de allí costara lo que costara.

-O abren paso o disparo-amenazó él con una voz tétrica, presionando su revólver fuertemente contra la cabeza de la chica para que supieran que hablaba en serio. En aquel momento la multitud se abrió como una ola y un hombre adulto y pelirrojo llegó hasta la primera fila y miró la escena con los ojos salidos de sus orbitas, estos no se despegaban del cuello de su hija. Rose parecía querer gritar pero el brazo del rubio le presionaba el cuerpo impidiéndole respirar adecuadamente, se veía que estaba completamente atemorizada. El rubio caminó con prisa hacia la salida sin soltarla y nadie pareció detenerlo, la policía había bajado las armas cuando la vida de la chica se puso en riesgo, y no estaban seguros si debían participar o no.

-¿Qué hacemos señor?-preguntaban los guardias viendo al Sr Weasley en busca de una orden, pero este estaba tan anonadado que tardó unos segundos en responder. Esos fueron suficientes para que Scorpius pudiera salir del salón y arrastrara a la chica rumbo al vestíbulo. Luego la agarró fuertemente de la muñeca y corrió, como pocas veces lo había hecho en su vida, sin detenerse, hasta que salió de la casa con ella. Él era consciente de que los estaban persiguiendo y que el haber tomado un rehén era extremadamente peligroso porque si llegaban a atraparlo no se libraba de visitar la prisión o algo peor.

Ignorando las miradas de las personas que estaban en la puerta tomando un poco de aire, continuó su carrera hasta que llegó al auto maldiciendo enormemente el haberlo dejado tan lejos.

Abrió la puerta con habilidad y empujó a la chica hacia el interior como si se tratara de una bolsa de papas.

- ¿Qué crees que ha…-le gritaba ella como desaforada en cuanto él puso el auto en marcha a toda prisa. Obviamente de sus labios no salió más que un fuerte-cállate- que logró inmovilizar a la muchacha por unos segundos. Aunque él no lo supiera esa había sido la primera vez que Rose Weasley se quedaba callada ante una orden, por supuesto que el miedo y la conmoción que sentía tenían mucho que ver. En cambio, Scorpius se sentía más vivo que nunca, por sus venas corrían ríos de adrenalina que lo obligaban a tomar decisiones a una rapidez asombrosa y a hacer cosas que ni en sus más locos sueños se hubiera imaginado que haría. Raptar a una chica, por ejemplo.

-Paren ese auto-se escuchó con claridad el aviso de uno de los guardias, Rose miraba por la ventanilla espantada, sin saber qué hacer para librarse de esa situación, mientras que el de ojos metálicos intentaba concentrarse en el manejo del vehículo. Algo que se volvió imposible cuando se sintieron como varios disparos impactaban en la parte trasera del coche ocasionando que la pelirroja gritara de pánico. Ella nunca había estado en una situación de riesgo, odiaba todo lo que pudiera generar estrés desde las montañas rusas hasta una película de terror, de todas formas ese momento era peor que cualquier tonta cinta cinematográfica.

-¡Déjame!, ¡yo no hice nada!, ¡no tengo nada que ver en los negocios de mi padre!-gritaba la pelirroja con las manos sobre su rostro para evitar ver lo que sucedía a su alrededor. Él la ignoró pensando que la muchacha había comenzado a alucinar, en ese preciso instante vio a través de su espejo retrovisor como tres camionetas negras lo seguían a toda velocidad, pisándole los talones. Scorpius soltó el volante con la mano izquierda y tomó la pistola que descansaba sobre su falda, comenzó a disparar desesperadamente hacia los coches que venían detrás.

Afortunadamente una de las balas logró romper el espejo retrovisor de la primera camioneta y esta tuvo que reducir la velocidad dándoles más ventaja para huir.

-¿Adonde me llevas?-exigía ella con una voz que reflejaba la angustia que sentía, incluso temblaba y sus ojos se desenfocaban continuamente por la confusión. No entendía nada, no sabía por qué la había secuestrado ni bajo qué motivos. La palabra secuestro le sonó muy amarga a la muchacha.

Nuevamente no obtuvo respuesta más que el sonido de los balazos del conductor que volvía a disparar, él sudaba mucho y su cabello estaba totalmente despeinado producto de la fuerte brisa nocturna que se colaba por la ventana abierta. Pisó el pedal del acelerador aun mas, ascendiendo a la increíble velocidad de doscientos cincuenta kilómetros por hora. La pelirroja comenzaba a sentirse mareada y entonces un sonido diferente invadió el cubículo.

-¿Qué es eso?-le gritó él groseramente señalando el pequeño bolso que ella tenía sujeto fuertemente contra su cuerpo, el cual vibraba indicando que dentro de él estaba la fuente de aquel molesto sonido.

Ella tragó saliva y metió la mano en el bolso de mano, rápidamente extrajo su celular táctil de un rosa fuerte y vio que decía claramente la palabra padre en la pantalla, era evidente que la estaban llamando.

-Hola-contestó ella con un titubeo, su voz se escuchaba terriblemente afectada y débil.

-Hija ¿donde estas?-gritó una voz profunda al otro lado de la línea, con un enojo que iba creciendo con cada silaba.

-Estoy en un auto con…-hizo una pausa corta y miró de improviso a su captor que seguía entre aquella lucha por dejar atrás a esas camionetas-estoy asustada yo no hice nada y…-

-Rose escúchame, debes…-en ese momento la voz de Ronald Weasley se cortó ya que la mano del rubio consiguió arrancarle el teléfono a la pelirroja y sin miramientos, lo lanzó por la ventana. Los ojos azules de la muchacha se abrieron sorprendidos por cómo le llegó su fin al teléfono móvil, su corazón latía tan rápido que era posible que ya sufriera de una taquicardia severa y ni que hablar de su cabeza que le daba cientos de vueltas.

-No hables con nadie o la próxima en morir aquí serás tú –la amenazó el chico, desviando aquellos ojos grises por un momento y posándolos en los azules de ella, se notaba que los tenía terriblemente dilatados por la conmoción de la situación y ese particular tono metálico claro se veía reducido gracias a la enorme pupila azabache.

-Él me llamó y…-le explicó débilmente Rose comenzando a sentirse débil ante aquella mirada, indefensa como nunca antes. Como si ese muchacho pudiera controlarla o hipnotizarla con esos ojos grises.

-No me interesa, cierra el pico-la calló él.

-Pero…-murmuró ella por lo bajo clavando su mirada al piso del coche, no quería volver a toparse con esos ojos.

Scorpius le dedicó un segundo, uno que fue crucial y que desencadenó una serie de sucesos simultáneos.

Un camión se atravesó en su camino y les impidió el paso, estaban a cien metros, cincuenta metros, treinta metros…

Iban a chocar. La chica cerró los ojos fuertemente y se preparó para recibir el fuerte impacto que probablemente acabaría con su vida. Se escuchó el ruido proveniente de una intensa frenada y ella sintió como toda la cabina giraba a la derecha como impulsada por una fuerza invisible.

Sin embargo pasados unos segundos no sintió el impacto, lentamente abrió los ojos y vio que acababan de rodear al camión por la banquina, suspiró de alivio y comenzó a mirar hacia tras, no había nadie. Scorpius sonreía abiertamente acababa de no solo salvar su vida sino que también había logrado perder a esas desagradables camionetas que lo llevaban siguiendo cerca de veinte kilómetros.

Pronto alcanzaron un puente y llegaron al límite del barrio privado más exclusivo de Londres. El rubio pensó que lo peor ya había pasado y trató de moderar la velocidad a la que conducía para que no llamaran mucho la atención ya que la vía rápida acababa de finalizar.

Pero no se pudo haber equivocado más, pues unos metros más atrás tres puntos negros apenas se divisaban en aquella tenue oscuridad, él gruñó molesto y cruzó el puente a toda velocidad. Entonces dobló a su izquierda con dureza internándose en las primeras casas que indicaban el inicio de los suburbios de la enorme ciudad. Trató de despistarlos tomando varias calles escurridizas y ocultas por la agobiante oscuridad. Después de media hora de extenuante carrera, las camionetas desaparecieron.

Scorpius respiró aliviado y se internó en una de las avenidas principales que conducían al centro de Londres, tenía algo que hacer y era muy importante. En especial si quería seguir con el plan que acababa de estructurar en su cabeza, esta vez no había manera de equivocarse, no si lo quería encontrar.

Continuará…

Letida: Gracias, prometo que no te va a defraudar, esta historia recién comienza y se va a ir poniendo cada vez más complicada.Sí estoy tratando de escribir los capítulos más largos aunque demore un poco más en actualizar. Me alegro mucho que te haya gustado el blog, el tráiler me costó varias horas de edición porque soy una novata en eso de los videos jajaja, trataré de actualizar más seguido pero con los estudios se me complica bastante. De todas formas gracias por comentar, cuídate mucho

DreamsN'Ruins : Me alegra mucho que te haya gustado el fic, trate de que fuera diferente al resto. No caigas en depresión aún que todavía no llegó la mejor parte, esto recién comienza jajaja. Besos para ti también y gracias por comentar.