Aquí va el segundo capítulo. Por favor no me odieís demasiado, tenerme paciencia, las cosas a veces no son lo que parecen seguro que el futuro puede majorar. Todavía estamos en una especie de prólogo para entender la situación antes de que empieze la acción.
Gracias por los reviews, intentaré contestar a todos.
El viaje en coche hasta su apartamento fue corto, a esas horas el tráfico en New York era fluido, más bien escaso, así que en veinticinco minutos estaba en la puerta de su edificio, llaves en mano, preparada para entrar en el portal.
Durante el viaje había estado pensando en el último caso resuelto, en lo difícil que había sido juntar todas las pistas, las pruebas, en crear la historia. Castle se hubiera dado cuenta mucho antes, entre alguna de sus locas teoría habría surgido la verdadera, como siempre, y habrían resuelto el caso mucho antes. Afortunadamente, después de 7 años trabajando juntos su mente se había abierto a otras formas de trabajar, había aprendido a intuir la historia, adquirido la metodología imaginativa de Castle, de forma que aunque les costase más tiempo, más esfuerzo, los casos seguían resolviéndose tarde o temprano.
- Dejaste una huella en el equipo Castle – pensó con tristeza - ahora Ryan es el de las historias, no tan locas por supuesto como las tuyas, pero el de las historias. – Ladeó la cabeza varias veces – Dios Kate, ahora hablas sola, ya lo que te faltaba, te estás volviendo amargada y loca. – Torció el labio frunciendo el ceño - Mierda, Castle, siempre acabas apareciendo en mis pensamientos, como un fantasma, como un maldito fantasma.
Volvió a ladear la cabeza, pero esta vez enfada consigo misma, levantó la cabeza observando la fachada de su edificio entró en él. Se acercó al ascensor y al llamarlo los recuerdos la volvieron a inundar sin remedio.
Era sábado, volvían de cenar en un pequeño restaurante al Este, habían bebido vino, quizás un poco más de la cuenta y Kate tenía la risa tonta de quien ha bebido lo suficiente para olvidar los prejuicios pero plenamente consciente de sus actos. Y estaba harta de esconderse del mundo, de no poder gritarles a todos que ahora era feliz, que tenía una relación con el padre, hombre y compañero más maravilloso que podría encontrar y que su vida estaba de nuevo llena, se sentía casi completa. Así que desde que entraron en el taxi estuvo de lo más cariñosa con Rick, con la lívido fuera de sí, probablemente debido al vino y a la borrachera de felicidad que tenía, y tenía ganas de jugar y provocar a Castle. Sin reparos lo besaba en el asiento de atrás mientras acariciaba su pecho por encima de la camisa. Castle, sorprendido pero para nada incómodo, le respondía con igual pasión acariciando con suavidad y lentitud una de sus piernas, al aire gracias la vestido corto que llevaba, era verano y hacía calor.
- Kate, estamos en un taxi, ¿no sería mejor esperar a casa? – intentó frenar a Kate que había tenido que interrumpir su beso para tomar oxígeno.
- No me importa Rick, calla y bésame. – Dijo entre besos – te necesito.
Castle respondió a la provocación incrementándola sutilmente. El roce de sus dedos sobre el muslo era una caricia lenta, sutil, que le provocó un escalofrío que subía por su pierna excitándola, mientras él le hablaba suavemente en su oído, su aliento era otra caricia, como si rozase su cuello en una delicada cosquilla que la hizo jadear de anticipación.
Para el taxista, algo más que divertido por el espectáculo el trayecto se le hizo muy corto, dejándolos en la puerta del apartamento de Kate pocos minutos después.
- Date prisa Rick, estoy impaciente – le susurró Kate al oído – necesito el postre. – dicho esto cogió el bolso y salió del taxi por su lado, dejando a Castle en shock, se acarició la boca nervioso e impaciente, temblándole las manos sacó un par de billetes del bolsillo y pagó al taxista.
- Quédese con el cambio – se peinó con las manos el pelo y salió rápido del taxi. La buscó con la mirada, estaba en el portal, con la puerta abierta, apoyada en el marco en una postura muy seductora, provocativa. – Dios, tengo que recordar el nombre del vino de ese restaurante, compraré una caja entera, madre mía como la pone.
- Castle, estoy esperando, no querrás que me enfríe ¿verdad? – continuó seduciéndolo.
- Por nada del mundo – se acercó a ella y la besó acariciando su cintura y empujándola hacia el interior del edificio. Ella le cogió de la mano mientras le sonreía y se acercaron al ascensor. – Como adoro esa sonrisa Kate – le siseó en el oído Castle y esa frase y el suave aliento de él en su oído fueron suficientes para encender de nuevo la pasión de Kate, que perdió el poco raciocinio que le quedaba y olvidándose que todavía no habían llegado a su apartamento, lo tomó de la cara y lo besó impetuosamente mientras con sus manos acariciaba la nuca del escritor y le obligaba a acercarse más a ella que suspiró al sentir más profundo el contacto. Aquello acabo con la cordura de Castle que la tomó por la espalda acercándola a él una distancia imposible, instintivamente ella arqueó su cuerpo acercando su abdomen al cuerpo del escritor sintiendo como la excitación del él comenzaba a ser visible, y jadeó.
La temperatura bajó ligeramente cuando el sonido de las puertas del ascensor abriéndose les hizo separarse, se miraron, sonrieron al mismo tiempo y entraron sin decir una palabra. Al cerrarse las puertas volvieron a besarse y acariciarse mutuamente, luchando por ganar la batalla entre sus bocas. Desesperada, Kate levantó la camisa del escritor para sentir el calor de su piel en sus manos, sintiendo como le quemaba la piel – Castle te necesito– jadeó ella.
Cada roce de sus manos encendía más a Castle que suspiró al mismo tiempo que sus manos se adentraron por debajo de su vestido acariciando la parte superior de su muslo, sintiendo arder la piel de ella que ante esas caricias no pudo reprimir un gemido y levantó la pierna enredándola a la cintura de él dándole mejor acceso a su ya algo más que evidente excitación - ¿esto es lo que querías Kate? – respondió Castle mientras acercaba sus labios al pecho de ella apartando el escote con el que lo cubría.
Cuando la mano de él estaba sobre su ropa interior, volvieron a abrirse las puertas del ascensor, ambos se quedaron estáticos mirando el pasillo afortunadamente vacío, se recompusieron un poco y salieron del mismo directos al apartamento de Kate, entre besos y caricias, dispuesto a continuar en su casa lo que habían empezado en ese ascensor. Iba a ser una noche larga y muy intensa.
- Menos mal que no apareció nadie por el pasillo, me hubiera muerto de vergüenza – pensó Kate al entrar en el ascensor. Estuvieron días riendo de su ataque de lujuria pensando que hubiera pasado si la anciana señora Roberts, su vecina de al lado, hubiera aparecido al abrirse las puertas del ascensor. Castle compró decenas de botellas de aquel vino, de hecho todavía tenía en casa un par de botellas, pero era incapaz de bebérselas, era su vino y sin él ya no tenía ninguna magia sobre ella, prefería guardarlas como un macabro y torturante recuerdo de sus apasionadas noches de amor y lujuria.
Quizás, toda la cantidad de cosas que le recordaban a él y que era incapaz de tirar o guardar eran las cosas que le hacían imposible rehacer su vida. – Es imposible,- pensó, - nunca podré hacerlo, nunca podré volver amar a alguien como lo hizo con él, nunca volveré a pasar por todo esto, no estoy dispuesta a volver a sufrir. – unas lágrimas surcaron en su cara, primero tímidas, pidiendo permiso por aparecer, Kate se las retiró bruscamente con la mano. – Tú la jodiste Kate, tendrás que vivir con ello. – se castigó a sí misma.
Las puertas del ascensor se abrieron, suspiró y se acercó a la puerta de su apartamento y abrió, estaba oscuro, tras dar unos pasos encendió la luz y todo se iluminó – Bienvenida a tu infierno personal, Kate.
Entró en la casa dejando el bolso tirado en el sofá junto con los informes que llevaba para su noche segura de insomnio y se acercó al baño. Al mirarse al espejo comprobó que Espo tenía razón, su aspecto era horrible, además de tener los ojos irritados e hinchados del llanto, tenía unas ojeras muy marcadas de apenas dormir las últimas semanas, el pelo algo revuelto, la tez muy blanca descubierta al desaparecer su maquillaje y las mejillas hundidas, había adelgazado mucho, demasiado, rozando lo enfermizo, estaba más incluso que después del disparo en el pecho, si aquello era posible.
- Vaya, sí que estoy horrible. Creo que necesito un baño para relajarme – Preparó la bañera con sales y espuma, se acercó a la cocina y tomando una copa de vino la lleno del elixir de la vida – A ver si esto me anima un poco.
Cuando se acercaba de nuevo al baño se dio cuenta que no había cogido ningún libro, se acercó a las escaleras y buscó algo que leer. Su vista rápidamente se posó en su colección completa de los libros de Richard Castle y los acarició suavemente parándose en Ola de Calor. Comenzó a recordar cómo se había enfadado con él al no ser la primera en leer el manuscrito y como lo torturó simulando no importarle el libro cuando en realidad se moría de ganas de saber cómo le había caracterizado y cuánto de cierto era eso de que la protagonista era un poco guarrilla. Sonrió, la cebolla Becket le demostró años más tarde que la realidad era mucho mejor que la ficción, que no era mojigata ni mucho menos y que no estaba tan alejado de la realidad. Lo agarró con la mano, pero bruscamente se paró
- ¿Es que tienes algún problema serio? Kate – conversó consigo misma – con el día que llevas ¿de verdad vas a ponerte a leer un libro de él? ¿Quieres acabar suicidándote esta noche? – se gritó a sí misma dejando el libro de nuevo en la estantería. – Si hombre, lo que me faltaba. Añadamos a la lista de amargada, deprimida y loca, ahora masoquista.
Con una mueca de disgusto se dirigió al baño. Mientras caminaba se quitó la camisa y el sujetador, tirándolos en la cama donde terminaron después, el pantalón y el resto de la ropa interior. Disminuyó la intensidad de la luz del baño, y entró despacio para no quemarse. El agua estaba muy caliente, pero esa tortura, el dolor del agua tan caliente sobre su piel que erizaba por el contraste, la relajaban, hacían que concentrarse sus esfuerzos en el calor y así olvidar la razón por la cual estaba en su apartamento y no en su casa la que era de los dos, la razón por la cual estaba sola en la bañera sin Rick acariciando sus hombres en un delicado masaje y la razón por la cual estaba deprimida en lugar de feliz como desearía como meses atrás.
Suspiró cerrando los ojos y se sumergió en el agua para que se llevara todos sus pensamientos, sólo quería olvidarse de todo, tener su mente en blanco aunque fuera sólo unos minutos, relajarse e intentar dormir. Sí, necesitaba dormir, su cuerpo apenas la sostenía. Mal alimentada, sobrevivía a base de cafeína, el pastel que se compraba por las mañanas junto con el café en el sitio de siempre, donde lo hacía Castle y lo que le obligaban a comer los chicos y Lanie en la comisaría.
Su objetivo de mantener la mente en blanco apenas duró un par de minutos, inevitablemente estar en la bañera le traía muchos recuerdos de muchas noches y no tan noches con Castle en esa bañera o en el jacuzzi de la terraza de él. Se mordió el labio recordando lo bien que lo habían pasado allí. Siempre pensó que el sexo en la bañera era de lo más erótico y estimulante y con él era increíble, bueno con él el sexo era increíble en cualquier lugar. Pero también recordaba la de veces durante cuatro años que había estado en esa bañera pensando en él, en su relación o su no relación, en esa bañera asumiría finalmente que se había enamorado de él mucho antes de lo que jamás le reconocería a nadie.
Se encontraba en su antiguo apartamento sumergida en la bañera leyendo de nuevo Ola de Calor con una copa de vino a su lado relajada, disfrutando de su escritor favorito y de una de sus escenas favoritas. Unos días atrás, tras matar a Coonan para salvarle la vida a Rick había sido consciente de algo que le había trastocado todo su mundo interior y que la asustaba, estaba enamorada de Richard Castle. Se había dado cuenta de ello tras meditar sobre lo acontecido en la comisaria ese día. Había perdido la oportunidad de descubrir quién había matado a su madre, sin embargo para ella salvar a Castle era lo único que importaba, y si bien se había derrumbado en la comisaria al darse cuenta de que su única oportunidad de resolver su asesinato se había esfumado, el abrazo de él y el consuelo de que estuviese vivo le habían hecho meditar, pensar. Cómo podía ser que si bien sus prioridades en la vida no habían cambiado, el platearse si tanto sufrimiento habría merecido la pena, al analizar sus sentimientos se dio cuenta que en su interior algo evolucionaba. Pero no fue hasta que Castle le dijo que lo dejaba, porque todo lo sucedido era su culpa y no podía seguir siendo una carga, que su corazón dio vuelco, no se dio cuenta de qué era lo que había cambiado. Descubrió para su asombro y terror que Castle ya no era una carga sino su flotador, que no podría seguir trabajando sin sus cafés y sus teorías disparatadas y al sentir como su corazón se aceleraba al pensar que se marcharía de su vida para siempre, descubrió la verdad, estaba irremediablemente enamorada de él, y eso en ese momento la aterraba. Sin embargo eran compañeros, provenían de dos mundos distintos y aunque al verle reaccionar con Kyra descubrió que las rubias no eran su tipo y que era capaz de enamorarse, nunca podría tener una relación con él. Simplemente no funcionaría y por nada del mundo quería perder lo poco que tenía. Desde entonces ese era su mantra.
Sumida en estos pensamientos había interrumpido la lectura justo cuando el tequila tomaba protagonismo en la escena. Volvió de su ensimismamiento e intentó continuar con el capítulo. El descubrir que amaba a Rick hacía que aquella escena fuera más erótica y sensual para ella y empezó a sentir que era realmente a ella quién susurraba esas palabras o la que experimentaba el sensual contraste de la sal y el limón. Un escalofrío recorrió su espalda terminando en su cada vez más caliente y mojada entrepierna que la hizo jadear y moverse inquieta e incómoda, hasta que el teléfono comenzó a sonar, haciendo que una frustrada Kate suspirara y tomara su teléfono para ver quién la interrumpía, era Castle, sonrió.
- Beckett – contestó intentado disimular su excitación, pero el tono de voz, bajo y profundo, no lo hacía sencillo.
- ¿Interrumpo algo, inspectora? – preguntó Rick con cierto humor. Beckett podía imaginarse la sonrisa que tendría en su cara al notar
- Castle, ¿Qué horas son estas de llamar? ¿ha pasado algo? – sin duda aparentar enfado ayudaría a disimular su estado, pero era incapaz de recuperar todavía su tono de voz.
- No sabía que tenía que pasar algo para llamarte – contestó con tono inocente.
- Castle, son las 12 de la noche ¿Qué quieres? – empezaba a cabrearse con él. Se sentía frustrada por la interrupción y por no poder decirle lo que realmente sentía.
- Sólo quería saber cómo estabas, ya sabes después de lo de antes de ayer, sé que no estás pasando buenos momentos y pensé … bueno que igual te venía bien hablar. – Kate sonrió, sólo quería saber cómo estaba, en el fondo era tierno como un gran oso de peluche, y se preocupaba por ella.
- Estoy bien Castle – disimuló, no quería que se diera cuenta del poder que tenía sobre ella.
- ¿Qué hacías? Parecías al contestar, no sé, no parecías tú. – preguntó Castle, se había dado cuenta del tono de voz al contestar.
- Nada
- ¿Nada?, - durante un segundo se mantuvo un silencio incómodo - ¿Qué no me cuentas Kate?, ¿pensabas en mí?
- ¡Castle! ¿Cómo te atreves? ¿Serás creído?– ahora sí que estaba cabreada de verdad. Se incorporó en la bañera sintiendo el frío que hacía en el baño sobre su piel que rápidamente reaccionó erizándose y contrayéndose. El agua se removió y saltó salpicando el suelo. – A veces no sé cómo es posible que te siga soportando, te mereces que te pegue un tiro. Y al final lo conseguirás, Castle, y créeme, te dolerá mucho.
- ¿Qué ha sido ese ruido? ¿Estabas en la bañera? – Había bajado el tono de voz – ¿Desnuda? – esto último en un tono sexy que hizo estremecer a la inspectora que volvió a meterse en el agua. Sentía calor, mucho calor y no era por el vapor, de nuevo sintió el escalofrió que bajaba hasta sus piernas.
- Ca .. Castle, oh por favor, no digas tonterías. – Apenas podía controlarse -No estoy en la bañera ni estoy desnuda – mintió - y si no sabes comportarte te colgaré el teléfono.
- Una lástima inspectora, me gustaba la idea, yo al teléfono – susurraba despacio Castle, cada vez más bajo – tu desnuda – Kate tragó saliva – dos adultos hablando – Kate comenzaba respirar con dificultad, no podía creer lo que estaba intentando hacer el escritor- En fin, buenas noches inspectora, que tengas dulces sueños, y …– susurrando muy despacio – que sean conmigo. – dicho esto colgó el teléfono.
No le dio tiempo a la inspectora a contestar, tampoco hubiese podido, estaba sorprendida y excitada al mismo tiempo. Se mordió el labio, cerró los ojos y suspiró – Pero quién demonios se había creído Castle que era, cómo se atrevía a hablarle así! –pensó cunado su cerebro volvió en sí después de unos segundos bloqueado.
- Dios, es bueno, muy bueno con las palabras - Movió la cabeza para intentar olvidarlo y se sumergió en el agua. – A quién quieres engañar Kate, te ha gustado y te ha gustado mucho!– movió nerviosa sus piernas notando la incomodidad reinante allí abajo. – Si es así por teléfono no quiero imaginarme en la realidad.- Estaba mojada, excitada y ahora frustrada. – Así no puedes irte a dormir - Decidió terminar aquello por ella misma, cerró los ojos y deslizó su mano hacía abajo pensando que era la de él la que le acariciaba.
Pero ahora esos recuerdos ya no la excitaban si no que la deprimían, recordaba aquella época como la más frustrante de su vida. - ¿Por qué había tardado tanto en dejarse dar una oportunidad? ¿Por qué había estado tanto tiempo jugando al tira y afloja? Perdiendo el tiempo con Tom, con Josh, si estaba enamorada de él. ¿Por qué se empeñó en huir de él, en intentar olvidarle? Estúpida! – pensó, sólo había perdido el tiempo, lo que daría ahora por volver hacia atrás y tener la oportunidad de compartir con él aquellos tres años, quien sabe igual las cosas habrían sido distintas, o no, pero habría sido más tiempo de estar con él, de amarlo. Las lágrimas hicieron acto de presencia en sus ojos, con la muñeca las arrastró para secarlas y decidió salir de la bañera. Su idea de relajarse no había dado sus frutos.
En albornoz y sin preocuparle mojar el suelo, caminó hacia el frigorífico. Lo abrió, nada de comer, solo un poco de zumo, unos yogures y una botella de vino formaban su copiosa despensa. Odiaba ir a la compra, siempre lo hacía él o raramente juntos.
- Vacía – exclamó - Lógico, llevas sin ir a comprar desde ni se sabe. – Se dijo así misma – Tampoco tienes hambre así que da igual. – sacó un bote de zumo y un yogurt y cenó de pie apoyada en la encimera sin muchas ganas de comer, sin ganas de nada en realidad.
Terminó su frugal cena y se acercó al sofá, iba a sentarse, pero tampoco le apetecía ver la televisión.
- Es tarde, lo mejor es que te vayas a la cama e intentes dormir - tomó la carpeta de los casos y volvió a la habitación dejándolos de mala manera en la mesilla – Para luego – pensó – seguro que acabas despertando después de una pesadilla. Sin ganas de cambiarse de ropa, desnuda se arropó en la cama e intentó dormir. Apenas unos minutos fueron suficientes para que el agotamiento acumulado hiciera que se entregara a su sueño.
- Castle, no, Castle, por favor no lo hagas! – en sueños Kate gritaba, lloraba, agarrando con sus puños la cama se revolvía como si intentara soltarse de alguna atadura. Respiraba con dificultad – Castle, Castle!
Bruscamente despertó, lloraba asustada, temblaba, las imágenes en su mente eran tan reales, tan dolorosas que apenas podía respirar. Un nudo en su estómago, en su garganta le impedía hablar. Intentó coger el vaso de agua de la mesilla, pero su mano temblaba tanto que era incapaz de mantener el agua en el interior derramándose en el suelo. Bebió con dificultad del vaso, pero sólo sintió náuseas, sudaba, estaba aterrada.
Se sentó sobre el colchón y se abrazó a sus piernas y continuó llorando, aferrada a sí misma, sin controlar las lágrimas, lloró lo que quería haber llorado en la comisaría, en el coche, en el ascensor, en la cafetería por la mañana, en la bañera por la noche, todo lo que había evitado durante el día. Había dejado de ser la dura inspectora Beckett, para ser sólo Kate, necesitaba llorar, necesitaba llorarlo como decía el Dr. Burke, sentirse humana, dejar salir toda su amargura, quizás así podría salir adelante. Volver a construir su muro le estaba resultando mucho más difícil y mucho más doloroso que antes, quizás porque ahora no tenía ninguna esperanza de que nadie lo derrumbara.
Pasó más de media hora, pero la situación no mejoraba, sus ojos se habían cansado de llorar pero su cuerpo todavía temblaba al igual que sus labios, le picaban los ojos y le costaba respirar. Las imágenes de su pesadilla seguían en su retina, tan reales que no podía olvidarlas. Había sido una de sus peores pesadillas, quizás porque era la más cercana a la realidad, no era un sueño, eran recuerdos de las horas más horribles de su vida.
Levantó la mirada y en la cómoda estaba el bote de pastillas que le había recetado el Dr. Burke. Sólo las había tomado un día, no quería usarlas, no quería enmascarar su problema con pastillas, tampoco con alcohol, no quería acabar como su padre hundida en un pozo para olvidar otro y las pastillas para dormir podían ser adictivas.
- Sólo esta noche – se dijo a sí misma - necesitas dormir Kate. Solamente esta noche.
Sus piernas entumecidas tardaron en responder, un hormigueo hasta sus pies le recordaron que llevaba demasiado tiempo en la misma postura. Se puso su bata blanca y se levantó decidida a la cocina a por más agua, volviendo con el vaso lleno tomó una pastilla del bote
– Sólo es una pastilla, Kate, nada más que una pastilla. – y se la tomó de un trago. Se acercó a la camisa de hombre que había sobre la silla y aspiró el olor, su olor, todavía conservaba algunas de sus camisas y aquel olor que tan buenos recuerdos le traía la reconfortó. – Rick, te quiero. – Sólo pudo decir eso sin que le temblara la voz.
Volvió a la cama, se abrazó a la almohada y en postura fetal cerró los ojos intentado dormirse.
Poco a poco, sintió como sus músculos se relajaban y su mente se nublaba. Se abrazó a la almohada más fuertemente soñando que era él el que le rodeaba tiernamente, como solía hacerlo siempre después de hacer el amor. Poco a poco fue perdiendo la consciencia mientras acariciaba el anillo de su mano derecha, ese anillo que cruelmente le recordaba todos los días que ella era la viuda de Richard Castle.
En el siguiente capítulo sabremos qué le ha pasado a Castle y a partir de ahí empezará la acción y los acontecimientos se desarrollarán más deprisa. Nos falta conocer al malo, siempre hay un malo. Espero que os haya gustado.
