FINAL MISSION STATUS
Por Zapenstap
Traducido por Inuhanya
NOTA DE LA AUTORA: Esta idea fue inspirada por un episodio de La Femme Nikita y un amor por GW y 1xR. Nos gusta el misterioso Heero. No declaramos poseer algo de esto. Disfruten!
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Capítulo 2 - Misión Aceptada
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No pueden hablar en serio.
Pero Relena sabía que lo hacían. No recordó dejar la oficina, o cualquier conversación final que hubiese pasado entre ella y la Comandante Une. La experiencia y un don de equilibrio bajo presión le aseguraron que había permanecido calmada y compuesta aún cuando su corazón parecía hincharse dentro de su pecho como una bolsa implorando despresurización. Se sintió mareada al principio mientras caminaba por el corredor de las Oficinas de los Preventivos, medio ebria con visiones que se movían ante sus ojos, deseando poder tocar la pared o sostenerse de una baranda para estabilizarse.
Los Preventivos pasantes que le sonreían no lo registraron. Ella les asentía por hábito, y se movía tan agraciada y en línea recta como pudo lograr, pero sus ideas eran un torbellino. Recuerdos de ese hombre, William Cole, sonriéndole mientras bebía un martini y le ofrecía fresas para acompañar su champaña se mezclaban con visiones de destrucción nuclear. Desechos radioactivos, producido del uranio y el plutonio usados en fusión, guardados en diecisiete tubos de concreto en Nevada, ahora en las manos de un loco terrorista cuya única demanda era casarse con ella. No era un riesgo global, no como una bomba nuclear, pero si Cole abría esos contenedores, el oeste de los Estados Unidos enfrentaría una amenaza médica y ambiental con consecuencias aún desconocidas.
Para detenerlo necesitaban tiempo, y para ganar ese tiempo Relena necesitaba estar casada. No sólo de papel, sino también en aparente realidad porque iba a ser observada, por un topo en los Preventivos. Relena dejó de caminar, colocando una mano en su frente para detener el mareo. El hombre que estaría interpretando a su esposo, viviendo en su hogar, pero aún protegiéndola… Heero Yuy.
Él debió haber sabido que justo desde el comienzo había algo sobre él que la atraía. Cómo no podría, la forma que lo había seguido alrededor del mundo, preocupándose por él, sobre su vida, su cuerpo, y su corazón, a pesar de que le dijera parar, que no lo valía, que aquellas cosas no eran importantes para su misión? Algo en ella se preocupaba por Heero en una forma por la que nunca se había preocupado por nadie, tal vez intentando compensarlo por la injusticia cometida en él, y nunca había sabido por qué, no por mucho tiempo. Ahora era claro para ella que entonces Heero había representado una pureza para ella en un mundo sacudido, una fuerza y una natural amabilidad que no debía, no podría ser comprometida. Lo quería. Ella había querido ser así. Y de alguna forma eso se había tornado en quererlo, en amarlo. Pero había reprimido tales sentimientos, porque sabía que eran imposibles. Durante los seis años desde su primer encuentro en esa playa desierta, Relena había tratado de sacar a Heero Yuy de su cabeza, permitiéndole a sus pensamientos vagar hacia él sólo cuando estaba sola, desesperada y necesitando saber que estaba allá afuera para consolarse. Siempre se atrapaba pensando en él, apoyándose en él, deseando que pudiera estar cerca, a pesar del hecho de que raramente se hablaban. Él siempre aparecía cuando ella lo necesitaba, en silencio, inexpresivo, sonriéndole a veces, escuchando si se obligaba a hablar, y luego partía tan abruptamente como llegó. Profundo en su corazón, sentía—no, sabía—que para él al menos, era trabajo.
O no? Si hubiese algo más entre ellos de su parte, nunca había dado alguna indicación de eso. Había pasado seis años amándolo mientras pretendía no hacerlo. Ahora, con esta nueva misión, tenía miedo de que pasara los siguientes seis días pretendiendo amarla cuando en realidad no lo hacía. Y si eso era así, podría soportarlo, o la destrozaría?
Relena retiró el cabello de sus ojos, ahora caminando medio ciega, y se sonrojó cuando se tropezó con alguien. Estaba tan mareada que no había visto a dónde iba hasta que su rostro se había estrellado en el pecho de un hombre. Avergonzada, dijo una disculpa por lo bajo, retrocediendo del uniforme Preventivo, intentando no sonrojarse excesivamente. Él agarró su muñeca, estabilizándola, y cuando recuperó su equilibrio lo suficiente para levantar su mirada hacia su rostro—un momento sólo desde su colisión—jadeó.
Los ojos de Heero eran como los de un halcón, brillantes y agudos bajo esta masa de espeso y oscuro cabello que caía sobre su rostro y ojos. Usaba una chaqueta Preventiva, aunque no era estrictamente un Preventivo, los tonos tierra complementaba su oscuro color y silueteaba el conjunto de sus hombros y cuerpo delgado y tonificado. Relena se paralizó, cabeza atrás mientras sus ojos se ampliaban.
"Estás bien?" Su tono también era terrenal; profundo y oscuro, no retumbaba como trueno, sino suave, sólido y fuerte.
Relena retrocedió, frunciendo sus labios y cruzando sus manos mientras lo miraba a los ojos, escondiendo sus emociones tras una máscara orientada hacia dejar de lado sus caprichos y hacer su trabajo. Tomando un profundo respiro, alejó la parte de ella que anhelaba colapsar contra este hombre y sentirlo abrazarla en mutua debilidad. "Heero," lo saludó sobriamente, "Justo estaba buscándote." Pausó, esperando parecer como si estuviera escogiendo sus palabras cuando en realidad era porque su corazón saltaba en su pecho, latiendo con un ritmo casi violento. "Parece…" tartamudeó, las palabras girando en su lengua. Sólo Heero podría hacerla perder rastro de su discurso. Se sonrojó inconscientemente. "Vengo de la oficina de la Comandante Une. Debido a una situación crítica en el Hemisferio Norte y a una combinación de circunstancias extenuantes, parece que…" Ella trató de forzarlo, "que tú y yo vamos a estar trabajando juntos en una misión."
Los ojos de Heero se fruncieron. "Relena-"
"Lady Une me ha informado de una amenaza terrorista," interrumpió ella, casi frenética ahora para terminar, dejar el envoltorio vacío a su alrededor y llevarlo al olvido. Cerró sus ojos, su estómago temblaba, luchando por aferrarse a su calma exterior. "Grandes contenedores de desecho nuclear han sido descubiertos por un hombre que yo-"
Un fuerte agarre en su brazo la hizo interrumpir sus palabras y foco. Sus párpados se abrieron para ver los ojos de Heero mirándola con una mirada impenetrable, aquellos irises oscuros se protegían de la invasión por una dureza que era más fría y más gruesa que el acero. Ahora que estaba mirando no podía desviar sus ojos, su boca se abrió, no segura de cómo decirle, incapaz de anticipar su reacción. Qué haría, sabiendo de la situación, qué pensaría? Fue distraída por la idea que, a pesar de su dureza, su rostro era hermoso.
Mirando ese rostro, encontró la fuerza para decir lo que tenía que decir. "Heero, sobre la misión. Tú y yo debemos pretender…"
"Lo sé."
Sus ojos se ampliaron, su cabeza se hundió, manos cayeron límpidas a sus costados. "Lo sabes?" Fue una lucha decir, un respiro vacante de posibles respuestas y reacciones. Cambiaba todo. Mientras componía su desintegrado exterior, las cosas llegaron a una nueva luz. Aquí estaban, sus dedos alrededor de su brazo, su cuerpo tan cerca que podía oler su loción para después de afeitar… y lo sabía. No hubo reacción, disculpa, consideración, aseveración o cooperación en su expresión. Ninguna emoción.
"Esta ha sido una situación en desarrollo por un tiempo, Relena."
No era frecuente que Relena no pudiera pensar en algo que decir, pero mientras sus palabras se asimilaban, parecían desaparecer en una vorágine de espacio vacío. Su mente era una cáscara vacía. Al principio se preguntó si sabía todo, pero entonces se dio cuenta que por supuesto que sí. Ella siempre era la última en saber. Su hermano probablemente le había dicho a Heero de esta misión días atrás. Tal vez su reacción entonces le hubiese dicho algo, hubiese revelado algún conflicto emocional, duda o lucha. Pero tal vez no. Tal vez sólo había aceptado la orden como hacía todo lo demás.
Heero soltó su brazo y reasumió su típica pose, manos a sus costados y espalda recta. En su pulcro uniforme Preventivo, su imagen era la de un soldado eterno, algo que sólo era mitad real, humano sólo en descuidados momentos de debilidad. "Toma," dijo él. "Esto es para ti." Él alcanzó en su bolsillo y le alcanzó una pequeña caja roja, en forma de corazón. Relena la aceptó con manos frías, sus dedos entumecidos, reconociéndola como una caja de una joyería del otro lado de la ciudad, una que le gustaba. "Podrías comenzar a usarlo ahora," le dijo Heero. Sus ojos no cambiaron. "No te preocupes por lo que diga la gente. Los rumores ayudarán y las malas interpretaciones pueden aclararse después." Su brazo cayó del suyo cuando tomó la caja.
Dedos traicioneros temblaban levemente mientras lo abría. El anillo de boda adentro era hermoso, justo el que habría elegido, un diamante de dos kilates brillaba resplandecientemente en un aro de oro blanco, un estilo antiguo con trabajo de filigrana fusionándose en la banda. Era impresionante.
"Heero," susurró ella, olvidando por un momento que esta no era una propuesta real, su corazón golpeaba en su pecho, su cuerpo cálido y de repente deseando el consuelo de otro. Sonrió mientras tomaba el anillo de la caja, girándolo entre su pulgar e índice.
"Te veré esta noche," dijo Heero.
Ella levantó la mirada, ojos abiertos mientras lo sentía pasarla por la izquierda, un casual roce de su manga contra su brazo. Cuando se giró, se había ido. Aferrando el anillo en su mano, Relena mordió su labio, conteniendo una repentina explosión de emociones que no podría nombrar. En toda su indulgente ensoñación, la eventual propuesta de Heero había sido romántica e íntima. Nunca había pasado en medio de un edificio de oficinas con el tenso ofrecimiento de un anillo que alguien más había escogido y comprado. Nunca se había alejado de ella justo después de recibirlo. Sus sueños se volcaron y estrellaron, rompiéndose contra roca, cortados por el perforador sablazo de los ojos de Heero. El misterio rodeándolo la plagaba; nunca lo había visto tan rígido y formal, sin ninguna muestra de sentimiento. Había pensado que estaban un poco más cerca.
Pero esto era trabajo.
Suspirando, Relena deslizó el anillo en el dedo apropiado. Cerrando sus ojos, dejó vagar su mente, liberando sus expectativas y temores. Seguramente lo peor ahora había terminado. Podría enfrentar a Heero siendo Heero. Realmente no era un cambio. Mirando el anillo en su dedo, sonrió. Tendría que agradecerle a Lady Une o a Sally o a quien lo hubiera escogido por hacer tan buen trabajo. Mientras admiraba la gema, una idea llegó a ella: el reciente recuerdo de la mano de Heero, la que había tocado su brazo. Había algo ahí, un destello plateado. Ya estaba usando su anillo. Tuvo que reír, para aliviar la tensión si no por otra razón.
Para todos los propósitos prácticos, ella y Heero ahora estaban casados.
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Lady Une se recostó en su silla y dejó escapar un largo respiro. "Bueno, eso salió tan bien como podría esperarse," le dijo a su colega.
Ahora que Relena se había ido, la atmósfera parecía menos tensa. Por tres días había estado tan cerca al pánico como nunca, preocupada por lo que significaría la misión para Relena y si la chica podía manejarlo. Une confiaba la paz del mundo en las manos de Relena, pero la Vice Ministra no era operante. Algo fuera de lugar podría llevar a la destrucción masiva de cualquier número de cosas. El ataque nuclear. Siempre fue pensada como una amenaza del pasado.
Zechs, quien parecía haber adoptado un frunce permanente, hizo un sonido. "Relena es capaz de esta misión. No tengo preocupaciones referentes a sus capacidades, pero sí hago de su sufrimiento emocional mi problema. Heero Yuy puede haber sido la mejor elección, pero no puedo decir que me haga feliz, Une."
"Crees que aún tiene sentimientos por él?" Era una estúpida pregunta, pero Une estaba curiosa sobre cómo se sentía Zechs con la atracción de Relena hacia Heero. Que tenía una era obvio, aún cuando intentara esconderla. Relena era una buena actriz política, pero cuando se dio cuenta de cuál era la misión realmente, nada podría haber escondido esa conflictiva angustia en su cara. Era bueno que fuera tan fuerte. "Relena puede manejarse muy bien, estoy segura."
Fríos ojos azules destellaron en su dirección, como si Zechs pudiera decir que sus palabras planeaban pacificarlo, y probablemente lo sabía, pero antes de poder responder, hubo un zumbido en su intercomunicador.
"Sí, Margaret?" respondió Une fríamente.
Su secretaria fue lenta en responder. "El Oficial Barton requiere permiso de ingreso, Comandante."
"Que entre."
Trowa pasó inmediatamente por la puerta, moviéndose para detenerse atento ante ella. Une simplemente le ondeó su mano. "No hay necesidad para la formalidad, Trowa."
Su relajamiento fue mínimo, pero lo hizo ver menos como un soldado de juguete y más como la persona calmada, analítica y cortés que era. "Vine a reportar el estado de la inteligencia y la contrainteligencia, Comandantes." Sus ojos los reconoció a ambos.
"Maxwell completó su misión?" preguntó Zechs.
"Sí," respondió Trowa, "su misión salió exactamente a lo planeado. Incluso tuvo tiempo de añadir unos cuantos… toques personales." El usualmente estoico Trowa sonrió, un pequeño movimiento de sus labios trajo un brillo a su ojo. Une había sabido que si dejaba a Duo realizar la contra misión, le jugaría unas pequeñas bromas a Heero y a Relena, pero realmente era el mejor hombre para el trabajo. Estaba un poco curiosa de qué era lo que había hecho que Trowa encontró tan divertido, pero conocía el trazo básico de la misión.
Temprano esa mañana, justo cuando Relena respondió esa llamada que condujo Une personalmente, Duo ya estaba esperando afuera de su puerta. Cuando la Vice Ministra se fue para su reunión a las 8 en punto, entró y redecoró su casa de arriba abajo, haciéndola parecer como si Heero ya hubiese estado viviendo ahí. Había recibido instrucciones de complementar la femenina decoración de Relena con cosas del apartamento de Heero o cosas que Heero podría tener o necesitar, tales como libros y herramientas, muebles, comida, su ropa y artículos personales. También significaba añadir algunas cosas asociadas a la boda, como un falso libro de invitados en el estudio y una foto que Duo había hecho. Lo que Duo pudiera añadir a eso… bueno, Une podía imaginarlo.
"Qué hay del topo?" preguntó Une, tratando de sacar de su cabeza imágenes de lo que Duo encontraría divertido.
"Como previamente lo predijo nuestra inteligencia, el Raso Richardson llegó al sitio justo después de que Maxwell lo dejó. Nuestros reportes indican que todo va calmadamente. Su equipo está en línea, emplea tanto un constante alimentador de video como de óptimo sonido. En algunos lugares, será capaz de escuchar susurros."
"Ellos saben que no pueden hablar en el sitio?" preguntó Zechs.
"Yuy lo sabe," explicó Une. "Hicimos pruebas con equipo similar. Heero entiende exactamente cuán fuerte será capaz de hablar, a qué distancias de los altavoces y no ser escuchado." Ella frunció. "No es mucho. Estarán mejor si no intentan actuar fuera de caracterización alrededor de las cámaras."
"Qué hay de Relena?" preguntó Zechs.
Lady Une se encogió. "Heero le dirá lo que necesita saber. Ellos necesitan llevar esto las veinticuatro horas, los siete días a menos que terminemos el acto para ellos. Estoy segura que Richardson seguirá a Relena. Eso es por qué no quise mantenerla aquí por mucho tiempo." Ignorando los dedos de Zechs aferrados a la silla, Une se giró hacia Trowa. "Algo más? Nuestro espía está teniendo algunas dificultades en el montaje de hogar de Relena?"
"El equipo de vigilancia al otro lado de la calle de la casa de Relena me alertará si algo sale mal, pero la probabilidad de falla calculada es muy baja." Después de entregar su reporte técnico, Trowa titubeó. "Es importante que tenga éxito. Esta misión depende de que el espía tenga éxito en su infiltración en orden de aliviar los temores de nuestro enemigo real."
Lady Une lo sabía perfectamente bien. Trowa no dejaría que ningún cabo suelto arruinara esta misión. Cuando un topo era detectado, siempre era mejor dejar que el espía creyera que estaba actuando anónimamente y mantener una fuerte vigilancia. Si un doble agente era eliminado, sólo significaba que otro, enemigo desconocido, tomaría su lugar, y entonces serían dejados en la oscuridad. Trowa lo sabía como todos los demás. Su fe en sus habilidades había sido la única razón para postularlo como jefe de Asuntos Internos. Por supuesto, todos los antiguos pilotos Gundam tenían posiciones altas en rangos Preventivos cuando eran necesitados, pero como su líder, Une sabía que algunos se ajustaban mejor para tareas particulares.
"Qué pasa, Barton?" demandó Zechs, su voz atravesó el aire como un rayo. Une siempre pensó que el "Teniente Rayo" había sido un título justo y versátil. No se había dado cuenta que Trowa estaba guardando algo, pero por la forma en que sus ojos se fijaban a la izquierda era una señal característica.
"Sobre Relena. Suponiendo que esté lista para el trabajo, crees que habrá consecuencias? Sus sentimientos por Heero…" Incluso Trowa se desvaneció bajo la dura mirada de Zechs.
Su respuesta fue puntual y final. "Relena es muy capaz de hacer cualquier trabajo. Es Yuy quien será el problema."
Los pensamientos de Lady Une eran severos. Heero Yuy era casi inhumano en su habilidad para realizar una misión. El Soldado Perfecto ahora era el Preventivo Perfecto. Si algo, Heero sería muy bueno como esposo de Relena, y entonces Zechs realmente estaría furioso.
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El día de Relena había sido más arduo de lo usual. Tres reuniones terminaron un poco tarde, y el tiempo la había forzado a pasar el almuerzo. El café y la barra de dulce que había comprado de la máquina en el lobby de su edificio sólo habían empeorado las cosas. La cafeína sin comida de verdad agrandaba sus pensamientos y la hacían muy conversadora, como si no tuviera otras cosas en su mente que ya estuvieran metiéndole miedo. Sentía como si hubiese perdido algo importante que fue dicho en sus reuniones. Había tratado de mantener su mente enfocada en su trabajo, pero el brillante diamante en su mano izquierda hizo mirar a su asistente y sonreír a los delegados, y eso lo hizo difícil. No necesitaba que le recordaran que estaba usándolo. Era una piedra de buen tamaño, pero no hacía sentir a su mano diez libras más pesada. Eventualmente, la tensión de no jadear ante él había llegado a ser tanta que lo giró en su dedo, piedra del lado de la palma. Eso había aliviado un poco la ansiedad. Un poco.
La escena con Heero se mantenía repitiéndose una y otra vez en su cabeza, especialmente el final, cuando había dicho que la vería esta noche. Bueno, ahora era esta noche, y su conductor había girado por su calle. Llegaría golpeando su puerta más tarde? La recibiría en casa? Pretendería estar cansado e iría directo a la cama para no tener que hablarle? Un millón de posibilidades destellaron por su mente antes de que el conductor se detuviera a lo largo de su modesto y clásico hogar y abrió la puerta. Aunque su corazón estaba latiendo rápido, Relena sonrió y se relajó exteriormente, haciéndose asumir su pose practicada y le agradeció al hombre y caminó hacia la puerta de su casa blanca. Pescando sus llaves de su bolso, abrió el cierre y entró.
Se detuvo en seco en la entrada.
Relena tenía una pintoresca y limpia casa. En la planta principal, sus lindos pisos de roble y paneles de madera eran frescos y pulidos, juntos con paredes blancas y una elegante escalera curva que conducía al nivel superior. Su entrada estaba abierta e iluminada, adornada con pinturas simples y bonitas y un tapete floreado de color rosa. Su sala, a su izquierda, también era abierta y ordenada, los muebles y accesorios tal vez un poco femeninos con sillas florales y jarrones de cristal. A la derecha estaba su cocina, una espaciosa a pesar de su falta de tiempo para la culinaria. Era bonita, toda blanca y con gabinetes de madera clara con mármol y un mesón central de buen tamaño.
Esta no era su casa.
El floreado tapete rosa, por el cual había pagado un buen dinero y escogió especialmente para su foyer, fue reemplazado con uno de figuras y formas más tradicional en azul marino, verde y blanco. Era bonito, pero no era suyo. La sala parecía como un universo diferente. En vez de sus femeninas sillas, había unas de cuero negro, y los jarrones de cristal ahora eran esculturas angulares y de fuerte color. Lo único que era lo mismo era la blanca alfombra. Una idea perdida entró en su cabeza que si les hubiese dado tiempo suficiente eso también sería diferente. El único lugar que podía ver lucía inalterado era su cocina, y aún eso lucía levemente diferente. Relena frunció sus ojos cuando vio que sus cortinas rosas ahora eran rojo oscuro.
Escondiendo su irritación, se precipitó por debajo de la escalera hacia la parte trasera de la entrada, donde una gruesa puerta escondía su estudio. Además de su habitación, su estudio era su habitación favorita en su casa. Todos sus libros debían estar pulcramente alineados en las repisas, con fotos de familia y amigos en el manto sobre su chimenea de piedra. Mirando alrededor brevemente, estuvo agradecida de ver que no mucho había cambiado, pero notó con ojos fruncidos algunos libros desordenados sobre armas y mobile suits que estaban colocados al azar en repisas donde había espacio, y la ausencia de sus fotos. Aquellas, por alguna razón, habían sido reemplazadas con un gran halcón disecado.
El halcón la asustó cuando primero puso sus ojos en él. Hizo una mueca, pensando por un momento que era real, sus alas y plumas eran de un oscuro marrón moteado, garras petrificadas se clavaban en una base de madera. Su pico era especialmente horrible, la semblanza la hizo preguntar lo que podría hacer como arma. Había escuchado de aves de presa siendo entrenadas para sacarles los ojos a los humanos y caballos en batallas ancestrales, aunque no estaba segura si la información era real. Los ojos la atraparon particularmente. Eran vidriosos y de azul oscuro, observándola con una intensidad que la habían hecho pensar que la cosa estaba viva cuando la vio.
Aunque el halcón estaba disecado, la realización golpeó a Relena de repente de que estaba siendo observada. No debería estar boquiabierta en su propia casa como si nunca la hubiese visto antes, aún sintiendo que no. Moviéndose lentamente, como si simplemente estuviera desorientada del cansancio y no porque nada estuviera fuera de lo normal, tiró su bolsa en el escritorio como lo hacía todos los días y levantó su planificador, pretendiendo revisarlo. Pasar las páginas le daba un poco de tiempo para ajustarse. Podría vivir con todos los cambios (en tanto como fueran arreglados después!) y podía hacer esta misión.
Escribiendo una nota inventada en el planeador sobre un cambio de salas para una de sus reuniones, hizo el planeador al lado de su bolsa en el escritorio de madera oscura. Ahí también había un grupo de libros. Uno titulado "La Historia de la Batalla Espacial" y otro "Manteniendo su Mobile Suit." Relena casi se ahoga mientras miraba un poco más los desconocidos títulos en la biblioteca, notando que quienquiera que hubiese añadido esos libros conocía muy bien a Heero, si jugaba una broma. Una colección de poemas por William Blake se recostaba contra "Evolución de la Pistola," y el grupo de literatura clásica de Relena se había extendido a incluir unos pocos autores que eran muy secos y pedantes para su gusto. Un delgado panfleto publicitario titulado "Spandex, la nueva tela de nuestras vidas" parecía haber sido tirado encima de una gruesa guía técnica en tácticas y armas. Ese ciertamente sonaba a un libro de Heero Yuy. Sonriendo, levantó la pila en su escritorio en orden de arreglarlo agradablemente con los otros libros cuando notó uno que era diferente. Era blanco con letras doradas. Curiosa, lo abrió.
Nombres cubrían varias de las páginas adentro. Todos eran nombres que conocía, como Noin y Dorothy y Quatre. Tuvo que sonreír ante el esfuerzo que habían puesto en hacer un falso libro para su boda. Un mensaje escrito en la parte inferior llamó su atención. 'Felicitaciones en su vida juntos. Espero que les guste el pájaro disecado que les compré. Me recordó a alguien! -Duo.'
Relena bajó el libro en el escritorio y cubrió su leve carcajada con su mano. El hecho de que Duo hubiese puesto toda esta basura en su casa tenía sentido. Los debió haber reconocido a una milla. Su risa no fue sólo por eso. Ese horrible pájaro le recordaba a Heero, al menos en los ojos, sin embargo nunca se lo diría en su cara. Secando su ojo, depositó el álbum, acariciando la portada para el beneficio de la cámara como si fuera algo a lo que siempre había sido afecta.
Mirando el álbum, se le ocurrió que esto era real, que Heero estaría viviendo en su casa, rodeándose mutuamente, comiendo juntos, durmiendo en la misma cama… el corazón de Relena se aceleró y se dio la vuelta, dejando su estudio para subir lentamente por las escaleras de espiral hacia la habitación. Se preguntó si tendría suficiente tiempo para tomar una ducha y cambiarse antes de que Heero llegara a casa de "trabajar," envolverse decentemente en una bata y tal vez hacer un poco de te para calmar sus nervios. No sabía qué iba a hacer con Heero viviendo en su espacio, cómo iba a funcionar, pero sabía que necesitaba apresurarse.
Saliéndose de su abrigo mientras subía, Relena abrió la puerta de la habitación y trató de no detenerse y caerse ante los cambios. Sus ojos primero se dirigieron hacia la cama King de cuatro postes en medio de la habitación y trató de ajustarse a la forma en que todos sus muebles habían sido movidos o reubicados para acomodarlos. Los colores no eran los fríos blancos y azules que había dejado esta mañana, sino más oscuros que los de abajo, llevando la atmósfera hacia un profundo tono maduro. Las cubiertas eran de un oscuro rojo cereza, y las cortinas en las ventanas oscurecían la luz lo suficiente para oscurecer la habitación, haciéndola de cierta forma… sensual.
Relena miraba la cama, por el rabillo de su ojo mientras dejaba caer su abrigo sobre la silla y removió sus zapatos y aretes. Su corazón ahora palpitaba ruidosamente, poderoso y fuerte, haciendo eco al tiempo con sus pensamientos. No podía asimilar por completo la realidad de la situación. Parecía irreal de cierta forma, como si aquellos fueran accesorios en un escenario para una película y que ninguno de los detalles necesitaba ser video grabada. Y aún, había algo confortante sobre eso, algo sólido y seguro y… agradable en la forma como se sentía. Depositó su mano en el tocador, mirando el anillo de diamante brillando en su dedo, las emociones se acumulaban en su estómago, inundando sus sentidos.
Las manos de un hombre la tomó por la cintura y ella dejó escapar un pequeño jadeo de aire antes de que el conocido aroma de la loción de afeitar de Heero llegara a su nariz. Sus dedos se envolvieron gentilmente alrededor de su estómago, el resto de él llegó firmemente tras ella, inclinándose en ella, halándola como si la relajara al acercarla a su cuerpo. Si algo, se tensó, sintiendo su rostro llegar a lo largo del lado de su cuello, sus labios se movieron en su oído.
"Bienvenida a casa, Relena."
Los ojos de Relena se abrieron. Las palabras salieron fácilmente de su lengua, aún en aquellos mismos tonos oscuros con los cuales lo había escuchado hablar antes, sólo que con una suavidad en ella, una dulce gentileza que robó su corazón y nubló su mente. Sus ojos se ampliaron, la compasión en la voz de Heero mató sus palabras. Su estómago tembló bajo sus manos y cerró sus ojos, inhalando oxígeno y su aroma con él, más aterrorizaba que feliz, y completamente perdida.
Su mano subió a su rostro, retirando mechones de su cabello, acarició su mejilla y luego sintió sus labios contra su cuello. Todo pensamiento racional la dejó. Fue un gesto dulce, amoroso, sin pedir nada, sino intimidad sin lugar a dudas, y ella tragó, su corazón se contrajo cuando un profundo y doloroso deseo despertó desde algún lugar profundo dentro de ella, un solitario grito se hizo escuchar desde donde había estado enterrado e ignorado por mucho tiempo. Pero sabía que nada de esto era real.
"Cómo estuvo tu día?" susurró él, su abrazo una tortura y un consuelo.
Ella sonrió, para la cámara, porque era la esperanza del mundo, o alguna parte de él, y la gente la necesitaba sonriendo. Se relajó, sacudiendo su ansiedad, recordando en lo que estaba. Girando levemente su cabeza hacia Heero, sólo lo suficiente para distinguir una ternura en sus ojos que nunca había visto antes, le transportó la sonrisa a él.
"Bien," respondió ella.
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Continuará…
