MAUREEN IS BACK! WOOOW MAS DE UN AÑO Y MEDIO SIN ACTUALIZAR? Estoy algo sorprendida de cómo se pasa el tiempo u.u aunque bueno, la verdad es que el 2010 fue un año muy duro en cuanto a mis estudios, esperemos este me dé un poco más de tiempo para actualizar paulatinamente, en verdad extrañaba escribir. BUENO n.n acá está el SEGUNDO CAPITULO así que espero que les guste, mil disculpas por la espera, pero créanme, valdrá la pena. ENJOY!
Confesiones de una Romántica Desesperada
By Maureen
No volveré a ser el mismo, si nos volvemos a encontrar.
No te dejaré escapar, si nos volvemos a encontrar.
Empezaba a anochecer, el viento era frío y hacia que se escarapelase el cuerpo. Una joven vestida con ropas de viaje figuraba en la escena. Se veía asustada, confundida, dolida… Sin idea de lo que estaba a punto de pasar, nada era seguro.
Frente a ella, un hombre. Su rostro era inescrutable, no había forma de descifrar lo que pasaba por su mente. El semblante serio, como ella lo conocía muy bien.
- Tienes que abordar ese avión. – escucho decirle.
Un nudo se formó en su garganta. ¿Cómo? ¿Cómo se atrevía a pedirle eso?
- Pero, ¿Es que tú no vas a venir conmigo? – preguntó ella con un tono inocente.
Él se aproximó a ella, y aunque no lo demostrara, ella sabía que en su interior también existía sufrimiento, y un gran miedo hacia lo desconocido, el cual se avecinaba cada vez más rápido.
- Yo me quedo aquí hasta ver que el avión ha despegado. – decretó él.
- ¡No Rick! ¡No! – gritó la joven. Sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. – Anoche… Anoche dijiste... – titubeó.
- Anoche dijimos muchas cosas. – la cortó él. - Dijiste que yo tenía que pensar por los dos, y es lo que he hecho. Y sé que tienes que subir a ese avión con Víctor que es a quien perteneces. –
La joven meneó con la cabeza en negación. Miró sobre su hombro al otro joven que se encontraba ya lejos, abordando el avión. Su prometido. Sin embargo, no era posible comparar los sentimientos que ella sentía hacia Rick. De ninguna forma. Ahogó un sollozo.
- Pero Rick, escucha... – imploró la joven.
- Escúchame tú. – interrumpió él. - ¿Tienes idea de lo que te espera si te quedas aquí? Créeme, sería la ruina para los dos. -
Su respiración se agitó, la desesperación la invadió y poco a poco, para su horror, pudo ver el rostro de Rick distorsionarse, y convertirse poco a poco en otra persona. Ojos color marrón chocolate, el pelo negro encrespado, y la tez trigueña. Rick se convirtió en su mejor amigo, en el hombre de su vida, una vez más.
- Dices eso para que me vaya. –lo acusó ella.
En el fondo quería pensar así. No soportaba la idea de que no podían estar juntos, de que no era correcto que estén juntos…
- Lo digo porque es cierto y es cierto también que perteneces a él. – le respondió. - Eres parte de su obra, eres su vida. Si ese avión despega y no estás con él, lo lamentarás. –
- No. – negó ella. – No es verdad. -
- Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana, pero más tarde, toda la vida. – explicó él.
El dolor era cada vez más punzante. Intentó ver en sus ojos lo que pensaba, pero era inútil. Todo era inútil, ya que aquel escenario era otra de sus muchas fantasías donde ella reemplazaba a la protagonista de alguna película romántica. No era real, solo un sueño más...
- ¿Nuestro amor no importa? – preguntó ella.
- Siempre tendremos París. – respondió él y sus labios se curvaron ligeramente. - No lo teníamos antes, lo habíamos perdido hasta que llegaste aquí, pero lo recuperamos anoche... –
Una débil sonrisa se formó en su rostro.
- Y dije que nunca te dejaría. –
- Y nunca me dejarás. – completó él. – Nunca. –
Un suspiró escapó de sus labios al mismo tiempo que una lágrima se deslizaba por su mejilla rumbo a sus labios. Él estiró una mano y acarició su mentón con dulzura…
- ¿Pollo o pescado? – una voz aguda irrumpió en sus fantasías, de nuevo.
Misty se sobresaltó. Alzó la vista solo para encontrarse con una de las aeromozas que llevaba la carretilla de la cena. Era rubia, alta y llevaba el cabello recogido en un moño alto. La miraba con una mueca cansada y los ojos azules parpadeantes. Misty se colocó una mano en la frente, se frotó las sienes y suspiró pesadamente. Había estado soñando despierta de nuevo.
- No gracias, no tengo apetito. – contestó secamente y con una sonrisa fingida.
'Maldición.' Pensó en sus adentros. ¿Qué tan ridícula se debía haber visto?
A la chica de la carretilla no pareció interesarle mucho sobre sus necesidades, ya que se le notaba muy concentrada en su compañero de al lado. Misty lo miró de reojo con desdén.
Este parecía no haberse dado cuenta, puesto que se encontraba muy concentrado en lo que parecía un libro. La joven se aclaró la garganta, mas sin dejar de mostrar su brillante sonrisa. Ash se volvió a ella y, al verla, le sonrió de lado.
- Tal vez a la siguiente ronda, muchas gracias. – se dirigió este a la joven con un aire seductor, la miró de reojo de modo que, para variar, dejó a esta deslumbrada. Misty puso los ojos en blanco.
- Hágame saber si necesita algo. – le dijo la chica con una sonrisa, y siguió su camino.
¡Era increíble! ¿Y se comportaba así frente a ella después de todo? Misty bufó resignada, tomó una de las revistas de compras colocadas en frente suyo y empezó a pasar las páginas ruidosamente. No era que se sintiera celosa… pero no podía evitar enojarse. ¡Actuaba como si nada hubiera pasado! ¿Qué tan descarado podía llegar a ser?
Misty miró su reloj de muñeca. Habían pasado tan solo cincuenta minutos de las siete horas que se supone duraría el vuelo. ¡Tan solo cincuenta minutos! Y ya empezaba a desesperarse.
Ash, por su lado, se veía bastante sereno. Había guardado esos ridículos lentes de sol – gracias a Dios, ¿Quién usaba lentes dentro de un avión? – y se encontraba leyendo aquel libro con tapa oscura. No tenía título así que no sabía de qué trataba.
No se percató que su mirada se había quedado impregnada en la cubierta de ese libro, y peor aún, de que Ash se había dado cuenta de ello. Este sonrió, marcó con un dedo la página y medio cerró el libro, echó un vistazo a la tapa y volvió a ver a Misty con una sonrisa que, aunque ella no quisiera aceptarlo, hizo que le flaquearan las piernas. Gracias al cielo estaba sentada en un avión en movimiento.
- Es nada más una novela. – explicó él, refiriéndose al libro. – La compré en un mercado de París. Es una primera edición, por lo que hubiera pensado me costaría una fortuna, además está en su idioma original. – sonrió de lado, miró a Misty de soslayo con una ceja arqueada. – ¿Pasa algo? -
Esta no se había dado cuenta de que su boca había quedado semi abierta, y probablemente con una mirada como idiotizada. Al percatarse, se aclaró la garganta y volvió a su revista.
- No, claro que no. – dijo Misty con serenidad. – Tan solo me sorprendió el hecho que un hombre con actitud tan primitiva supiera leer. Es todo. – concluyó alzando las cejas.
¿Qué tenía ese hombre? Siempre era lo mismo, siempre al estar cerca de él sus reflejos parecían funcionar al cinco por ciento de su rendimiento. Ash suspiró pesadamente y dejó escapar una risita antes de volver a abrir su libro.
- Sabes, había olvidado lo linda que te ves cuando estás enojada. Tengo que admitirlo, tu temperamento era insoportable a veces, pero también me volvías loco… Si es que me entiendes. – dijo finalizando lo dicho con una risa entre dientes.
Misty se quedó helada. Había olvidado por completo como era Ash a sus dieciocho años, y que se había convertido – por supuesto – en todo un conquistador. Y lo peor, había olvidado como la hacía sentir con tan solo lanzarle una de esas miradas… o su irresistible sonrisa.
Y al parecer los años habían evolucionado aquellas cualidades…
Miró de soslayo y se dio cuenta que este la estaba mirando, esperando su reacción o tal vez una respuesta. Mantuvo la nariz en alto, tratando de mostrarse indiferente al comentario.
- No sé qué pretendes que responda. – dijo al fin en un tono bajo. La sonrisa de Ash se amplió, y ella no supo por qué.
Aunque no era difícil de descifrar a Ash, le encantaban ese tipo de juegos. Y más que eso, llevar el control de ellos. Lentamente, se inclino sobre el brazo de su asiento, invadiendo un poco del asiento del medio -el cual los dividía- y acercándose lo más posible a ella.
- Creo que un 'gracias' y una sonrisa estaría bien. – respondió él, hablando pausadamente y con voz profunda, haciendo que a Misty se le erizaran los vellos de la nuca.
Misty bufó pesadamente. Cerró la revista y la colocó sobre sus faldas. Se volvió seria, con la mirada de frente hacia Ash. Este la seguía mirando con una media sonrisa un tanto pícara.
- ¿Qué es lo que intentas, Ash? – lo acusó Misty, ya sin una pizca de gracia en su voz.
- Solo estoy tratando de hacer de esto algo… menos incómodo, Misty. – confesó el morocho, sin deshacer su sonrisa. – Puedes ignorarme el resto del viaje, pero créeme que no servirá de nada. – explicó. – Somos adultos ya, creo que podemos dejar las cosas atrás… - Misty soltó una risa sarcástica al escuchar eso. Ash suspiró y puso los ojos en blanco. – O tal vez no. – se corrigió. – Pero al menos podemos comportarnos de una forma más madura, ¿No te parece? –
- ¿Me estás llamando inmadura? – preguntó Misty con una ceja arqueada.
- Solo estoy diciendo, - dijo Ash antes de que Misty pudiera iniciar una discusión. - que podemos hacer una tregua al menos por este tiempo. Te prometo que en cuanto bajes del avión, no te molestaré más. Cada quien seguirá su camino y nos veremos luego en la ceremonia como dos extraños. – concluyó y suspiró pesadamente, como si en verdad no gustase de su propio plan.
Misty entrecerró los ojos y lo miró con desconfianza. Ash tenía un buen punto, y era que ese viaje empezaba a enloquecerla al no tener nada que hacer. Era cierto lo de "es mejor estar sola que mal acompañada", pero tenía que admitir que, a nada, la compañía de Ash no sería del todo un tormento. Por otro lado…
Podría tratarse de otro de sus juegos. Misty siempre solía decirle a Ash lo tonto que podía llegar a ser, pero sabía muy bien de su astucia, y sobre todo de cómo podía llegar a manipular una situación. ¿Qué si esta era una de sus mañas?
Suspiró. Se relajó un instante y se dio por vencida. Miró el reloj de muñeca una vez más. Habían pasado solo diez minutos más, y quedaban seis horas…
- Bien. – dijo al fin la pelirroja. – No es que realmente goce de tu presencia o que sigamos siendo amigos, pero al menos por el viaje, podemos hacer de cuenta que somos dos extraños... – Ash rió.
- No sería la primera vez que dos extraños entablan conversación, ¿O sí? – dijo él. Esbozando de nuevo aquella perfecta sonrisa que volvía su cuerpo gelatina.
No sabía a ciencia cierta si podía confiar en él, pero en el fondo sentía una gran curiosidad por saber qué desataría esto.
Misty sonrió de lado, fuera de todo Ash sí sabía cómo robarle una sonrisa. En realidad sabía hacerle sentir muchas cosas… Suspiró y su sonrisa se apagó un poco. Respiró profundo, tratando de hacer a un lado los malos recuerdos.
- Así que… - aclaró su garganta. – ¿Qué es eso que estabas leyendo? ¿Alguna guía para seducir mujeres? –
Ash dirigió su mirada a la cubierta del libro y puso los ojos en blanco.
- Ya te dije, es tan solo una novela. – hizo una pausa y sonrió con picardía. – Además, no necesito ninguna guía, tengo mis propios métodos. – añadió con voz grave. – Y no me han fallado hasta ahora… - Misty bufó.
- ¡No me digas! – fingió sorpresa. – Veamos, cuáles serían aquellos métodos tan efectivos. – se preguntó con un tono dramático.
Ash alzó una ceja y dejó escapar una risa un tanto ronca.
- Tú deberías saber, preciosa. – respondió él, sin ninguna pizca de desconfianza. – Funcionaron muy bien contigo. –
Misty sintió su interior arder. Apretó la mandíbula de modo que no pudiera estallar de repente, necesitaba mantener la cordura para demostrarle que no era ninguna inmadura. Ash se veía tan seguro de sí… Por primera vez luego de mucho tiempo se sintió desvalida.
- Era una niña. – se excusó Misty. 'Una muy estúpida' pensó para sí.
- Lo sé, definitivamente ya no eres una niña. – concordó Ash a la vez que ojeaba de pies a cabeza su curvilínea figura. – Vaya que no. – Misty hizo una mueca de cansancio.
- Cielos, Ash. Tu capacidad de observación realmente me sorprende. –
- Misty, Misty, Misty… - suspiró él. – Siempre evadiendo algún cumplido con una respuesta sarcástica. – soltó una risita. – Extrañaba eso de ti. –
- Pues yo no extrañaba este tipo de tonterías tuyas. – criticó la pelirroja. - Se suponía que esta debía ser una conversación agradable. –
- Yo me estoy divirtiendo mucho. –
- Puedo notarlo. – dijo Misty con un tono irónico. – Ahora, creo que deberías volver a tu novela y yo seguiré leyendo lo mío. –
Con la frente en alto, volvió a acomodarse correctamente en su asiento y abrió aquel folleto que estaba ojeando hacia un rato. Realmente no tenía ni idea de lo que se trataba, ya que estaba muy ocupada odiando a su compañero de asiento. Ash, por su lado, no pudo evitar reír ante el comportamiento de su ex amiga. Por desgracia para ella, él era quien manejaba mejor aquella situación.
- ¿El manual de medidas de seguridad para viajar en avión? – preguntó de forma burlona. – Interesante elección. –
Strike. Misty bajó el folleto a su falda, bufó y encaró a Ash.
- Sí, bueno. – pensó rápido en algo con que defenderse. – Me gusta estar preparada para todo. –
Y sin decir más continuó "leyendo". Ash no dijo nada, pero pudo sentir su odiosa sonrisa formarse una vez más en esos labios… Misty se sentía completamente acalorada, en parte por las ganas que tenía de asesinar a Ash, y también por todo lo que estaba sucediendo. Todo lo que él decía… Era indignante saber que, después de todo, sus trucos aún funcionaban con ella.
'Maldita… sea…'
Suspiró pesadamente. Echó un vistazo a los demás asientos, la mayoría de gente dormía, escuchaba música con audífonos o estaba muy ocupada haciendo algo. Se sintió aliviada de no ser algún tipo de entretenimiento aéreo.
Entre la gente, divisó una figura familiar. Entrecerró los ojos para verla mejor, pero no lograba reconocerla del todo. Sin avisar, se levantó de su asiento y se encaminó en dirección a los baños.
- ¿Misty? – le escuchó decir a Ash.
Ella se volvió sin mucha gracia. Su compañero seguía con la mirada fija en el libro.
- Si pasas por la cocina, ¿Te importaría pedirle a aquella rubia que vuelva? Creo que me vendría bien un aperitivo. – apenas terminó la oración, soltó una risa ronca.
Misty bufó enardecida y, sin responder, se alejó.
- ¿Avery? – preguntó la pelirroja en voz alta en el momento en que alcanzó a una joven de piel cobriza y rizos negros.
Esta viró delicadamente y batió rápidamente sus pestañas, sus ojos grises se iluminaron cuando la reconoció.
- ¡Misty! – exclamó la morena muy entusiasmada. - ¡Salút! – dijo a la vez que la abrazaba.
- ¡Cuánto tiempo! - ¿Qué estás haciendo aquí? –
Avery era una compañera de Vogue, al igual que Lena, quien era editora de la sección social. Ella y Misty fueron entrevistadas el mismo día, y fue ahí donde se conocieron. Desde entonces habían sido buenas amigas, pese a que la tarea de Avery requería viajes constantes, por lo que no se quedaba en el mismo lugar mucho tiempo y era difícil contactar con ella. No obstante, siempre había demostrado ser una amiga leal.
- Oh, Tara me envió para escribir sobre un par de eventos. – hizo un ademán con las manos como si el asunto tuviera poca importancia. Tenía un sutil acento francés al hablar. – Aún no estoy segura de qué se trata pero, seguramente es algún desfile o inauguración. – se encogió de hombros. - ¿Me acompañas por un rato? Mi prima trabaja aquí, le pedí el favor de que me sirviera algo fuerte. Solo sirven champagne en el avión a estas horas, y necesito algo para mi jaqueca. – dijo a la vez que se frotaba las sienes con la yema de los dedos.
- ¡Claro! – aceptó Misty con gusto. – Yo también necesito un poco de eso… -
Avery sonrió y la guió hasta la cocina del avión. Saludó a una de las chicas, quien Misty asumió, se trataba de su prima. Esta las recibió y atendió rápido, y dio a entender que estaba muy ocupada para quedarse a charlar. Avery se encogió de hombros y se volvió a Misty.
– Necesitaba esto. – comentó la morena luego de beber un gran trago de la bebida color miel que le acababan de servir. – Así que, Misty… - dijo con una gran sonrisa. - ¡Qué sorpresa verte aquí! No creía que fueras a dejar Francia hasta el siguiente verano. – confesó. - ¿Sucedió algo malo? –
Misty dio un par de sorbos a su propia bebida. Era whisky, y uno fuerte.
- No, nada malo Avery, - aclaró Misty, mientras trataba de ignorar el líquido que bajaba quemando su garganta. - mi hermana se va a casar y pedí vacaciones adelantadas para poder asistir. –
- ¡Una boda! ¡Oh lá lá! – celebró su compañera. – Hace tanto tiempo que no voy a una. ¿Ya tienes todo listo? –
La pelirroja ladeó la cabeza y miró a su amiga con una ceja alzada. Avery puso los ojos en blanco y suspiró.
- El vestido, los zapatos, un apuesto acompañante… - le dijo en un tono como haciéndole recordar lo obvio.
- Oh, no. Nada de eso. – se apresuró a responder Misty. – Nada de acompañantes. – Avery frunció el ceño.
- ¿Pourquoir? –
Misty trató de ignorar aquella pregunta, ya había tenido suficiente "compañía" masculina por un día. Observaba su bebida mientras se mesclaba dentro de su contenedor al ella movía su vaso. Vencida, a sabiendas de que Avery nunca dejaba un tema sin terminar, decidió contarle.
- Es solo que, al lugar al que voy… - vaciló antes de continuar. Bufó resignada, haría la historia más corta. - ¿Recuerdas a Ash Ketchum? – le preguntó. Los labios de Avery se curvaron un poco.
- Por supuesto. – afirmó. – Estabas loca por él. –
- Sí, como sea. – dijo Misty, cortante. Antes de continuar se bebió de un solo trago el contenido que quedaba en su vaso. Avery alzó las cejas un tanto sorprendida. – Está en este vuelo y… también está invitado al matrimonio de mi hermana… -
Terminó la oración con drama en su tono de voz, creyendo que su amiga reaccionaría con la misma calidad de dramatismo, tal vez. Pero Avery seguía con el semblante tranquilo y los ojos bien abiertos, pero sin ninguna señal de alarma. Misty le hizo un gesto, como indicando que debía reaccionar.
- ¿Cuál es el problema? – preguntó la morena con tranquilidad.
- ¿Hola? ¿Ya olvidaste lo que pasó? – dijo la pelirroja indignada.
- Un hombre te hizo sufrir. – se encogió de hombres. – Bienvenida al club, amiga. – le dijo y se cruzó de brazos. – Lo importante ahora es que mantengas en alto tu dignidad. ¿Me entiendes? La vida te ha dado una oportunidad. –
- ¿De qué? ¿De hacer el ridículo? – soltó una carcajada sarcástica. – Todos allá saben lo que ocurrió… absolutamente todos. Escapé de ahí porque no toleraba la humillación, ni el pensar que otros sentían lástima por mí. –
- Bien, eso lo entiendo. – Avery suspiró. – Por esa razón debes hacer una entrada triunfal, dejando todo el pasado atrás y haciendo de cuenta que no te importa. – explicó. - Eres una mujer nueva, exitosa y hermosa. Y todos en esa boda tienen que notarlo y envidiarlo. –
Misty se quedó en silencio por unos segundos. Era casi lo mismo que le había dicho Lena, de una forma mucho más sutil, claro. 'Hacer una entrada triunfal', 'causar envidia…'. Nunca había sido de las chicas que gozaban al acaparar la atención, ella prefería pasar desapercibida. Más de una persona le había dicho que era poco probable que alguien, ya sea hombre o mujer, la ignorara al verla pasar. Pero por lo general, le gustaba ser 'parte del público' y no la 'estrella en el escenario.' Suspiró y cerró los ojos, sus amigas tenían razón. Lo peor era esconderse y huir, necesitaba resaltar, y que los demás noten el cambio en su actitud después de tanto tiempo.
- Tienes razón. – finalmente concordó con Avery. – Eso voy a hacer, voy a ir con la frente en alto y sin miedo al qué dirán… -
- Nadie dirá nada si tú no lo permites. Deja de sentir lástima por ti misma. – criticó su amiga. – Y no entiendo por qué estás tan angustiada por el que Ash esté aquí. ¡Es magnífico! –
- ¿Magnifico? Juré odiarlo a muerte después de lo que hizo, Avery… - le dijo Misty. – Y ahora está aquí y es tan… - frunció los labios al no poder siquiera describir lo que sentía. - ¡Argh! – gruñó y colocó una mano libre sobre su frente.
- Ya veo. – la morocha sonrió maliciosamente. – Te sigue gustando. – alegó.
Misty sintió su interior arder, y no era por efectos del alcohol. La frustración al tener que aceptar que, por más que odiara su posición, no podía negarlo. Cada mirada, cada roce, y cada palabra que decía Ash, antes y ahora, le erizaba la piel. Apretó la mandíbula y desvió la mirada.
- ¡Me está volviendo loca! – exclamó casi con desesperación. – Tan solo me provoca tomar el cinturón de seguridad y ahorcarlo. –
Avery soltó una carcajada.
- Mon petit. – le dijo su amiga. – No necesitas eso. Verás, a un hombre se le puede matar de muchas formas. -
- Yo prefiero la manera tradicional. – dijo Misty y se encogió de hombros.
- Y no se te ha ocurrido, no sé, tal vez… ¿Matarlo de ganas? – sugirió la morena con la misma mirada ladina de hacía un rato.
Un cosquilleo invadió el interior de Misty. Aquella propuesta insinuaba…
- ¿Ganas? – repitió Misty con ingenuidad. – Es decir… -
- Síguele el juego, cofúndelo. – indicó. – Sedúcelo. –
- Seducir, sí... – suspiró con pesadez. - ¿Ya te olvidaste de quién soy? ¿Hola? Me plantaron en mi matrimonio… No soy buena en eso… -
- ¡Ay, claro que sí! Es algo natural en todas nosotras, solo necesitas un poco de instrucción. – Avery le guiñó un ojo. – Y estas tratando con una experta. –
Bajó la mirada, un tanto avergonzada y sonrió tímidamente.
- Aun así… Ash es muy obstinado… - dijo por lo bajo.
- Tú también. -
Misty se mordió el labio inferior, dubitativa sobre lo que debía hacer. No era la primera amiga que le planteaba ese tipo de venganza, Lena ya había echado troncos al fuego a la idea. No le tomó mucho sentirse gravemente atraída con la propuesta. Avery lo leyó en sus ojos y esbozó una sonrisa de satisfacción.
- Así que, ¿Qué tipo de ropa traes debajo de ese abrigo? – le preguntó su amiga con picardía.
Misty puso los ojos en blanco y dejó escapar una risita. El plan de venganza había empezado a diseñarse.
Una media hora había pasado, y aunque no quería admitirlo, Ash Ketchum se sentía intrigado por cualquier actividad que estuviera haciendo su compañera de asiento. Por cada persona que veía pasar de reojo, volteaba, pero era en falso, pues no se trataba de la pelirroja. Trataba de concentrarse en su libro, pero no llegaba a comprender las palabras a fondo.
Pocos segundos después, sintió movimiento cerca suyo. Misty había regresado.
Se veía tranquila, aunque algo acalorada. Ash se sintió extrañamente aliviado de que hubiera vuelto. No evitó aquella oportunidad para hacer lo que tan bien sabía hacer: sacarla de sus casillas.
- ¿Por qué siempre las mujeres se demoran tanto en el baño? –
- No lo sé… ¿Quién dijo que iba al baño? – respondió de manera insinuante.
Ash alzó una ceja. No se atrevió a preguntarle 'Qué más podía haber estado haciendo'. Abrió los ojos y exhaló sonoramente. Misty sonrió discretamente. Primer logro: había estimulado su imaginación. No podía arriesgarse a desperdiciar ese efecto…
Lentamente, desabrochó uno por uno los botones de su abrigo, para revelar un vestido de color violeta que le llegaba a la mitad de los muslos. Tenía las mangas largas y algo sueltas, y un escote en 'V'. El material era suave y, aunque no era ceñido, favorecía bien sus curvas. Por suerte no tenía que fingir el estar abochornada…
Estaba tan concentrada en sí misma y en desvestir aquella prenda que no se había percatado del efecto en el joven a su lado. Cuando se dignó a observarlo, pudo notar que cada dos o tres segundos, sus ojos miraban en su dirección. Asimismo, una de sus manos se encontraba apretando, si no violentamente, con fuerza, una de sus rodillas.
- ¿Sucede algo? – preguntó ella, tratando de fingir un tono inocente.
- No… - respondió el con voz baja y sin atreverse a mirarla. – Nada. –
Misty se sintió satisfecha consigo misma. Lentamente, se acomodó en el asiento, y dejó escapar un par de gemidos de placer al encontrar la posición perfecta. Otra anotación en su favor.
- Es cierto, nunca te llegué a preguntar de qué trataba aquella novela tuya. – continuó la conversación.
- ¿Novela? – preguntó Ash, algo desconcertado. Misty alzó una ceja.
- La que tienes en la mano. – señaló.
Ash miró hacia la mano que no estrujaba su rodilla. Rápidamente, tomo el libro con las dos y lo abrió por la parte que estaba separando.
- Es cierto. – se apresuró a responder. Aclaró su garganta y suspiró. - De un hombre que lo tenía todo. Éxito, amor, familia, suerte… Y es traicionado por su mejor amigo. – explicó ya más calmado. - Y luego de años, cuando vuelve a su ciudad, desata su venganza contra todos los que arruinaron su vida. –
Misty lo escuchó sin prestarle mucha atención, estaba más concentrada en cada gesto que él hacía, de cómo reaccionaba… ¿En realidad había funcionado tan bien lo del vestido?
- Suena razonable. – justificó Misty con seriedad. – Jamás debe dejarse un asunto pendiente de ese tipo, ¿O si, Ash? – reflexionó mientras se observaba las uñas.
- Supongo que no. – respondió este sin prestarle atención al comentario.
Dicho eso, se relajó y acomodó de la misma forma que había hecho su pelirroja compañera. Por un pequeño transcurso de tiempo, no hubo conversación. Ash aprovechó en volver a echarle un vistazo al libro, pero Misty se sentía aburrida, y había encontrado un nuevo método de entretenimiento…
- Entonces, ¿Apruebas el deseo de venganza? – preguntó ella, tratando de sacar a flote aquel tema de conversación.
El joven la miró de soslayo. Aquella si le pareció una pregunta extraña. No pudo evitar esbozar una leve sonrisa, Misty había cruzado una pierna en su dirección, y ese vestido era tan corto que no dejaba mucho a la imaginación. Aclaró su garganta, tratando de hacer a un lado sus instintos.
- Eso depende, hay distintos tipos de venganza. – declaró. – Está la venganza rápida y apresurada, y tenemos la venganza lenta y minuciosa. – agregó a la vez que cambiaba su tono de voz por uno más profundo. – Como en el caso de Dantes, por ejemplo. – dijo refiriéndose al libro. - Luego de escapar de la cárcel y robar un gran tesoro, diseña un plan tan perfectamente calculado para atormentar psicológicamente a sus enemigos. Sin embargo se da cuenta de cómo ese sentimiento lo invade de tal forma que lo ciega, hasta que no puede vivir su vida. Y entonces tiene que dejarlo ir… -
Misty lo observó de soslayo. ¿Plan de venganza? Eso sonaba como ella… actualmente. Dudaba que Ash hubiera deducido sus intenciones en tan poco tiempo. Sabía que, tarde o temprano, lo haría. Pero no era tan astuto como para sacar esa conclusión tan rápido. Sin embargo, debía presentir que ella se traía algo entre manos.
- ¿Qué hay de ti? ¿Estás de acuerdo con la venganza? – le preguntó Ash, siguiendo el juego.
- Supongo que la consideraría… dependiendo de la situación. – confesó Misty. – Y de la persona… - enfatizó lo último, haciendo una clara alusión a su compañero.
Ash sonrió. No necesitó que Misty lo repitiera como para entenderlo.
- Sin duda. – respondió Ash con voz grave.
La verdad no se la imaginaba vengándose de nadie, era bastante inocente algunas veces… Pero también sabía lo obstinada que era, y de todo lo que era capaz para ganar y tener la razón, costase lo que costase. No tenía problema con eso, la verdad, era excitante verla tan determinada, pero él tampoco iba a dejarse vencer tan fácilmente.
– Por cierto, es una bonita porta-liga la que traes puesta. – agregó casi con un ronroneo.
A Misty se le escarapeló el cuerpo. Bajó la mirada y se dio con la 'no tan sorpresa' de que el vestido se las había ingeniado para descubrir más de lo debido, tal vez hasta un poco más de lo indebido. Sin alarmarse, acomodó la tela de modo que se mostrara solo lo justo y necesario.
- Se nota que las conoces muy bien. – dijo con la mandíbula un poco apretada, pero sin olvidar que debía comportarse desinteresada.
Sin embargo no podía evitar enojarse ante la idea de Ash flirteando con alguna chica, sin mencionar como estas se le lanzaban encima como abejas a la miel…
- ¿Te la obsequió alguien de París? – preguntó Ash, sin despegar los ojos de su libro.
- De Ámsterdam, de hecho. – se apresuró a responder Misty, muy segura.
Sintió una pizca de satisfacción cuando, por un instante, Ash pareció sorprenderse. Hasta había volteado la cabeza violentamente como para ver si estaba hablando en serio. Mordió su labio inferior para evitar sonreír.
– Fue… una amiga… - aclaró al fin, para sacarlo de dudas.
Ash se mantuvo en silencio y con el ceño fruncido por un par de minutos. Luego rió sutilmente, tal vez algo avergonzado ante su no muy discreta reacción.
- Holanda… - dijo con admiración. - ¿Dónde más has estado? –
- Toscana, Londres, Barcelona, Roma… - decía esto a la vez que contaba con los dedos por cada ciudad. – Tantos sitios… - suspiró con placer. Siempre la ponía de buen humor recordar sus viajes por Europa.
- Y aún así, ¿Nunca pensaste en volver a Ciudad Celeste? – inquirió Ash.
Misty sintió un nudo formarse en su garganta. Vaciló pocos segundos antes de modular su respuesta.
- La verdad no… - respondió ella, manteniendo la firmeza en su voz. - Sí quería pero… Estos cinco años fueron como vivir en un sueño, todo era tan perfecto. – dejó escapar un pesado suspiro. – La verdad admito que dejé atrás muchas otras cosas… el primer año fue difícil pero, me acostumbré. – soltó una risita cansada. – Supongo que Paris se volvió mi realidad y, todo lo anterior, se convirtió en el sueño… -
Ash la observó con curiosidad. Misty juntó los labios y desvió su mirada de la suya, siempre había sido tan difícil retomar el tema de su hogar… Sobre todo por las razones por las cuales lo tuvo que abandonar, o más bien, por las cuales quiso dejarlo.
Había funcionado, por supuesto, su nueva vida llena de glamour, trabajo y viajes le había hecho olvidar a la vieja Misty. Desaliñada, terca, hogareña, dependiente de quienes la rodeaban – aunque no quisiera admitirlo. Pero escapar de los problemas era algo que ella jamás se hubiera imaginado de sí misma…
- Sí sé de que hablas… - interrumpió Ash sus pensamientos. – Sinceramente creo que he sufrido la misma metamorfosis emocional. – rió. – Dejé atrás tantas cosas… El laboratorio, mi pueblo, mi madre, mis amigos… A veces el conocer un nuevo mundo te hace olvidar cuál es tu verdadera realidad. – le sonrió afablemente. Misty no dijo nada, solo lo miraba de soslayo. – Wow… y sin embargo, después de todo… henos aquí. – su voz se había casi desvanecido diciendo lo último.
Ash soltó un pesado suspiro. Misty aún se negaba a mantener el contacto visual con él por más de cinco segundos, tan solo lo observaba de lado. Trataba de mantenerse lo más indiferentemente posible, en parte porque, tal vez, tenía miedo de que efecto podía causar Ash en ella…
Sin embargo no puedo evitar sentir curiosidad sobre por qué Ash parecía sentirse tan identificado con ella, y con el aspecto de "volver a casa" después de tanto tiempo… ¿Qué había pasado?
- ¿Cómo supiste de la boda? – le preguntó Misty al fin.
Trataba de sacarle información de la manera más discreta posible. Ash la miró con una ceja en alto, como si la pregunta fuera irrelevante. No tardó en entender por qué: era evidente que iban a avisarle, había sido amigo de Tracey durante años…
- Me refiero, - se corrigió Misty. – de qué forma. ¿Estabas en París cuando te enteraste? –
- Pues… no exactamente. – declaró Ash. – En realidad Brock y yo ya sabíamos de antemano todo esto… hace como un año que Tracey lo andaba planeando. – soltó una risita. – Pero de la propuesta, bueno, hace como tres días. Y sí, estaba en Paris… –
Misty asintió con la cabeza levemente.
- Seguramente sabiendo lo de Tracey no te sorprendió tanto… - musitó casi para sí.
- ¿A ti sí?- preguntó Ash con intriga.
Ella se encogió de hombros e hizo un mohín un tanto infantil.
- De hecho, sí… - admitió. - Fue como una bofetada que me despertó a la realidad. – Ash la observó con intriga, el ceño fruncido.
- No entiendo por qué. -
- Pues… Digamos que fue algo inesperado. –
- ¿Inesperado? – Ash se echó para atrás con una ceja alzada y una mueca graciosa en el rostro. – Llevaban saliendo más de siete años… -
- Lo sé pero… No quería creerlo. – se explicó la pelirroja. - Digo, fue como despertar de un trance. Mis hermanas y yo no nos comunicábamos más que por correspondencia, correos electrónicos o llamadas telefónicas cada navidad o cumpleaños… Y siempre era solo eso, un saludo y un "cómo estas". Y de repente… ¡BAM! – exclamó y soltó una risa nerviosa. – Fue… Sentí que me había perdido de demasiadas cosas. – suspiró pesadamente y mirando al vacío. - Cinco años que no estuve presente y que jamás recuperaré con ellas… Fue un poco deprimente… -
- Bueno… A veces es así… - comentó Ash, quien ya veía las cosas con un poco mas de sentido. - ¿Recuerdas cuando viajábamos de niños? Era algo parecido…-
- Pero nos reencontrábamos con nuestras familias al menos una vez al año… - mencionó Misty, y soltó otro pesado suspiro. – En fin. Supongo que es algo tonto sentirme mal cuando estoy volviendo con ellas ahora. Qué tonta… - dejó escapar una risa cansada.
- No, para nada. – la contradijo Ash con serenidad. - No eres tonta, solo eres humana. –
El silencio se formó entre los dos, mas no uno incómodo. Ella lo miró de lado, y se dio con la sorpresa de que le estaba sonriendo cándidamente. Le devolvió el gesto, sutilmente, hasta que una sacudida violenta casi la hizo chocar con el cabezal del asiento delantero.
- Ay, no… - Misty ahogó un grito.
- Tranquila, es solo un poco de turbulencia. – le dijo Ash con tranquilidad a la vez que se abrochaba el cinturón de seguridad. - Pasará pronto. –
Había pensado que sería fácil calmar a Misty con eso, que tan solo se había llevado un pequeño susto ante aquella sacudida, pero al mirarla notó que estaba más pálida que nunca y tenía las manos apretando los brazos de su asiento. Sin mencionar que tenía la mirada fija en el vacío y una expresión de terror.
- ¿Misty? – la llamó, consternado. Ella se encontraba tratando de colocarse el cinturón con las manos un poco temblorosas.
- ¿Huh? – respondió sobresaltada.
- ¿Te asusta volar? –
No necesitó una respuesta verbal, ya que casi al instante el avión fue sacudido por segunda vez, esta vez un poco más fuerte. Misty no pudo evitar ahogar un grito, y ya casi dejaba marcas de sus uñas en los brazos del asiento.
- Te asusta volar. – afirmó Ash.
- ¿Quieres un megáfono? – le preguntó Misty con ironía. – No tengo miedo de los aviones es solo…-
Tomó una gran bocanada de aire y relajó los hombros. Lo último que quería era hacer un papelón en frente de Ash, sobre todo después de haberse reencontrado luego de tanto tiempo.
- No es como si el avión fuera a caer. –
- No… lo digas… – dijo con los dientes apretados.
- Claro. – rió Ash. – Tranquila. Estoy aquí contigo. –
Lo dijo de una forma tan dulce, que a Misty le costó mantener en alto su ego. No fue hasta algunos segundos después que reaccionó y resopló con una risa sarcástica ante aquel comentario.
Ash había posado una mano sobre la suya, con la intención de relajarla. Cosa que fue todo lo contrario ya que, al tocarla, todo su cuerpo se contrajo como en un calambre. Sintió la necesidad de dejarse llevar y descansar sobre sus brazos. Pero no, era muy orgullosa, y aunque en ese momento pudiera ver a través de su semblante frívolo y mujeriego, y volver a ver al niño que tanto amó una vez, no podía dejar pasar lo de hacía cinco años. No señor.
- ¿Sucede algo? – preguntó Ash con el ceño fruncido. Estaba claro que la respuesta de Misty había sido más que descortés.
A ella no le importó.
- Nada… olvídalo. – le dijo de mala gana y alejó su mano de la suya.
- Si claro. – dijo Ash y soltó un pesado suspiro.
Con su mano, ahora libre, buscó dentro de sus bolsillos. Misty no le dio mayor importancia.
- Tomate esto. – le escuchó decir de repente.
Al volverse, vio en la mano de Ash una pequeña píldora redonda y de color anaranjado. Alzó las cejas y lo miró dubitativa.
- ¿Qué es? –
- Las uso regularmente cuando estoy tenso o intranquilo. – le explicó. - Tú necesitas una ahora. – acercó su mano hacia ella, pero Misty seguía observando la píldora sin muchos ánimos. – Son inofensivas te lo juro. Por favor… -
La pelirroja miró a Ash a los ojos, sabía que tenía las mejores intenciones de ayudarla, él siempre había sido así… No era que desconfiara de los efectos de aquella droga, era el simple hecho de aceptar ayuda indeseada.
Estaba a punto de rechazar la oferta, cuando otro remezón sacudió el avión. Esta vez, la necesidad le había ganado a la soberbia.
Sin decir nada, Misty tomó la píldora naranja y se la tragó con cierta dificultad. Una vez hecho eso, se recostó en el asiento y cerró los ojos, intentando calmarse.
- Todo va a estar bien. – le dijo Ash, quien se veía satisfecho. – Hará efecto en aproximadamente diez minutos. –
- Supongo que serán diez minutos muy largos. – respondió Misty sin muchas ganas.
Ash sonrió de soslayo. Misty siempre había sido tan terca… era algo que realmente enfermaba a cualquiera, hasta a él en algunas ocasiones. Pero no olvidaba el momento en el que aquel defecto se convirtió de repente en algo fascinante para él por más molesto que pudiera resultar a veces, le encantaba llevar a Misty al borde de su paciencia. Se le veía tan determinada y segura a la hora de contradecir algo… simplemente le encantaba.
Toda ella, le encantaba.
No pasó mucho rato antes de que los párpados de Misty se comenzaran a poner pesados. La visión se tornó borrosa y el ruido parecía alejarse poco a poco. No tardó en darse cuenta, en lo poco que le quedaba de conciencia, de que la droga había resultado ser un somnífero. No se quejó, por primera vez en el viaje, se dejó llevar por los efectos producidos en su cuerpo, y en pocos minutos, se quedó dormida.
- ¿Misty? ¡Misty! –
La voz que reclamaba su nombre se escuchaba como viniendo de otra dimensión. No fue sino hasta el cuarto llamado que Misty abrió los ojos.
- ¿Huh? ¿Qué pasó? – se quejó, aún somnolienta.
- Ya llegamos. – anunció Ash.
- ¿Tan rápido? – preguntó Misty, un tanto sorprendida, mientras se frotaba los ojos con el dorso de la mano. Ash rió un poco.
- Bueno, fueron seis horas, pero te quedaste dormida. –
- ¿Ah sí? – lo miró con los ojos entrecerrados – Tú me dopaste. –
La sonrisa de Ash se ensanchó.
- De haberte dicho que era una pastilla para dormir, jamás la hubieras aceptado. – dijo él.
Misty, por su lado, se dio cuenta de que su cabeza estaba descansando sobre el hombro de su acompañante, quien estratégicamente se las había ingeniado para mover los brazos de intermedio y hacerle más campo para descansar. Y además, estaba cubierta con su saco blanco, de modo que nadie llegara a ver algo que no debiera. Rápidamente se enderezó y acomodó su cabello. No le hizo ningún reclamo, por más ganas que tenía. Después de todo había dormido plácidamente y sin molestias por la turbulencia.
- Si, suena como yo… - aceptó Misty, sin discutir.
- Descuida, no me aproveché de ti en ningún momento. ¿De acuerdo? – aclaró en su defensa. Misty no pudo evitar reír un poco. - Solo quería que estuvieras bien. – aseguró. -Además, ambos salimos ganando. Te liberé de la tortura de conversar conmigo durante seis horas, y yo aproveché en leer tranquilamente. – dijo mostrando el libro de tapa oscura.
- ¿Lo terminaste? – preguntó Misty un tanto sorprendida, el libro era bastante grueso.
- No, tan solo un par de capítulos. – le dijo Ash con su típica sonrisa.
- Oh… -
- ¿Estás mareada? – le preguntó. - Dormiste sin comer, y han pasado varias horas. –
- Estoy bien. – fue todo lo que respondió.
Aún seguía algo dopada por la píldora, y no asimilaba lo que había pasado. Se había quedado dormida sobre el hombro de Ash… ¿Era eso bueno o malo? No tenía la certeza de no haber dicho algo dormida… algo tal vez vergonzoso… Aún le pesaba la cabeza demasiado para pensar con claridad.
- No me vendría mal un poco de aire… -
-Sí, salgamos de una vez. – dijo Ash, y la ayudó a levantarse.
El resto del transcurso fue bastante silencioso, tan solo uno que otro comentario que, para sorpresa de Misty, resultaron terminar en una breve y agradable conversación. Ash había dejado de molestarla y ella había dejado de lado su altanería.
Al llegar a la salida del aeropuerto, Misty se sintió un poco decepcionada. Tenía que admitir que, después de todo, no la había pasado tan mal.
Ambos se miraron fijamente, sin saber realmente que decir.
- Bien… - fue Misty quien rompió el hielo primero. - Así que, supongo que te veo mañana en la noche. –
- Así es… - respondió Ash, sin desviar la mirada de sus ojos.
- Bueno. – se mordió el labio inferior. – Fue agradable… estar acompañada. –
- Igualmente. –
Una mano alcanzó la suya suavemente, y no tuvo que bajar la mirada para saber de quien se trataba. Además, el contacto visual entre ambos era tan intenso que era casi magnético. Aquella palma encajó con la suya perfectamente, al igual que hacía cinco años…
Un crujido del cielo, un trueno, se escuchó no muy lejos, y seguido de este comenzaron a caer gotas de lluvia. Al principio unas cuantas, pero no tardó en volverse un tanto pesada. Ambos se miraron y rieron ante la situación.
- Supongo que lo mejor es que consiga un taxi lo más pronto posible. – le dijo a Ash.
Este, rápidamente, se apresuró en conseguir uno para Misty. Aquel gesto le pareció muy caballeroso de su parte. Y hasta tal vez…
- Buenas noches, - lo escuchó decir al taxista. - en un segundo le doy la dirección. – se volvió hacia Misty, en señal que le indicara el lugar de destino.
- Hotel Viridian Deluxe. – respondió ella.
Ash se quedó pensativo por unos segundos, y luego, una sonrisa se dibujó en su rostro. Rió y meneó la cabeza, como si le hubieran contado un chiste viejo.
- ¿Qué sucede? – preguntó Misty de forma inocente. No fue hasta que analizó la situación, y la mirada juguetona de Ash, que llegó a la única conclusión. – No me digas… - se quejó con cansancio.
'Una vez más: Maldición.'
- ¿Te importa si compartimos? – le sugirió Ash, sin descartar aquella sonrisa llena de picardía que ya la traía loca.
- ¡Pues sí! – chilló Misty. - Dijiste que al bajar del avión cada uno seguiría su camino. –
Aquella respuesta no pareció ser mucho del agrado de Ash, ya que la sonrisa se esfumó y fu reemplazada por un gesto dolido.
- Pensé que habías disfrutado de mi compañía. –
- Dije de la compañía en sí, no específicamente de la tuya. – recalcó Misty. – Además, creí que hablabas en serio con lo de que era una tregua temporal. – se cruzó de brazos.
Ash se acercó a Misty hasta que estuvieron cara a cara, pero esta vez no había sonrisas, y la intensidad se debía ahora a la tensión.
- Oh, créeme. – le dijo Ash con voz grave y pausada. - Es temporal. –
- Bien. –respondió ella alzando las cejas. - Porque aún no olvido lo que me hiciste. – Ash sonrió de lado.
- Perfecto. – concordó él. - Yo tampoco olvido que hiciste para provocarlo. –
Otro trueno se escuchó no muy lejos de la escena.
- Que bueno. – dijo Misty. – Y jamás lo olvides. -
- Bien. –
- ¡Bien! – exclamó furiosa.
Sin decir más, bufó y se introdujo en la cabina del taxi, ya toda empapada.
- Tú pagas. – anunció antes de cerrar la puerta de golpe detrás de ella.
Ash puso los ojos en blanco y se acercó al asiento del copiloto.
- Sabía que no iba a ser de otra forma. –
Continuará...
Buahaha todavía los dejo con la intriga de "qué pasó", (soy muy mala, lo sé) asi que si quieren averiguarlo no dejen de leer. ¿Reviews? Siempre me gusta saber qué opinan al respecto.
Esperemos la conti no tome demasiado tiempo, nos vemos!
- Maureen
