Capitulo 1 conociendote

Pov Kagome

Permanecí callada mientras mi padre me escoltaba fuera del barco para luego treparme a la silla de su caballo, le habría dicho que yo solita podía pero lo cierto es que aun no alcanzo a subirme a un caballo. La verdad es que aun no me cabía en la cabeza el porque de este viaje, jamás había salido de Sengoku en mi vida, durante el verano normalmente íbamos a la playa o a nuestra casita en los campos de sakura. ¿Por qué debía ser este año distinto?

No pude evitar preguntarme a medida que nuestra caravana avanzaba. Ya durante el viaje había intentado sonsacarle información a mi padre, a los guardias y a los marineros pero ninguno me había dicho nada.

Pasamos un par de pueblos, y varios paisajes muy bonitos, un enorme bosque y un acantilado. Fue entonces cuando vi el norme castillo frente a nosotros, era rojo con altas torres y lindos techos verdes.

-¿te gusta Kagome?- la voz de mi padre me sorprendo, había estado tan inmersa en mis pensamientos.

- si es muy bonito ¿de quien es?- la calida sonrisa de mi padre me calmo de la ansiedad, el siempre me sonreía así, era lo que mas me gustaba de el.

-de la reina Izayoi hija mía- me respondió sin dejar de mirarme ¿la reina Izayoi? Recordaba bien ese nombre, era una de las mayores aliadas comerciales de nuestro reino, además de una de las mejores amigas de mi padre. ¿Me habría traído a alguna reunión de reyes?

-me alegra que te guste este lugar Kagome, ya que aquí vas a pasar los veranos- a pesar de que mi padre jamás dejo de sonreír yo sentía que estaba tenso por algo.

-¿pasar los veranos aquí porque padre?-

-te lo explicare mas adelante hija, cuando lleguemos, basta con decir que la reina Izayoi quiere conocerte y…-

-¿me va a dejar aquí padre? ¿Ya no me quiere en casa? ¿Me porte mal? ¡Si es así perdóneme! ¡No lo vuelvo a hacer!- le interrumpí, pensando en todas las travesuras que había hecho, o de las que me acordaba.

-Kagome tranquila, eso no es…- trato de explicarme con una risita timbrando en su voz.

-por favor papito querido, perdóname, prometo que ya nunca jamás le volveré a poner un sapo en la sopa a nana Kaede- rogué nuevamente, seguro era por eso.

-¡¿le escondiste un sapo en la sopa a Kaede?!- repitió alzando ambas cejas hasta la línea de su corona. OPS me había delatado yo sola.

-yo… em!... jeje…ay…-

-ya hablare contigo de eso más tarde señorita-susurro con severidad antes de relajarse nuevamente.

-ahora volviendo a tu pregunta, Izayoi quiere conocerte, no te ha visto en muchos años-

-¿eh?- ¿solo era eso? Suspire aliviada.

-además ella tiene un hijo como de tu edad, podrás jugar con el, conocerlo y cuando seas mayor y ambos se casen unirán nuestros reinos- eso acabo con mi buen humor, así que de ahí venia todo esto. Infle mis mejillas en un puchero silencioso. No tenia caso discutir con mi padre.

Pov Inuyasha

Este hiba a ser el peor día de mi vida, de eso estaba seguro. Primero mi madre me despertaba temprano, me hacia bañar, luego me ponían este traje que picaba demasiado. (No he dejado de rascarme en toda la mañana) ¿Y todo para que? Por que hoy llega mi yugo, o como mi madre dice mi prometida.

No podía creerlo, debería pasar todos mis veranos con una princesilla, me negaba rotundamente pero discutirle a mi madre seria lo mismo que hacer que un caballo saltara a la cuerda. Sin mucho ánimo termine mi desayuno que al menos estaba bueno el día de hoy, antes de dirigirme al jardín.

Mi madre ya estaba ahí toda ataviada, no la veía así desde el último baile al que asistió.

-buenos días madre- la salude tratando de disimular mi disgusto.

-buen día hijo mío, ¿listo ya?- me sonrió al verme, al menos uno de los dos gozaba esto.

-no-

-vamos Inuyasha cambia esa cara, ¿o quieres que el rey Tsudara y su hija se lleven una mala impresión?-

-¡feh! No me importa en lo absoluto-

-¡Inuyasha!- trague saliva, al escuchar el tono severo en la voz de mi madre, no por nada era una reina respetada, que manejaba sola todos los asuntos de estado.

-perdona madre-

-Te perdono hijo mío, pero debes comportarte bien, además la princesita Kagome es una niña muy linda, estoy segura de que serán buenos amigos.-

¿Amigos? ¿Ser amigo de la que seguro seria mi futura esposa? ¡Nah! Imposible, jamás me podría llevar bien con una niña, además las niñas tienen piojos, solo tocan el piano y hacen cosas aburridas, ni siquiera podría jugar bien a las espadas.

Escuche a lo lejos las trompetas de anuncio seguidas de lo que parecía una caravana de jinetes, así que ya habían llegado, maldición. Adiós libertad. Adiós juegos. Adiós correr por el bosque con Miroku. Adiós todo lo divertido.

Vi entrar al jardín un caballo totalmente negro, el cual montaba un señor vestido de túnica verde con adornos en oro y rojo, debía ser el rey Tsudara me dije a mi mismo.

-querida Izayoi – le sonrió a mi madre mientras se inclinaba sin bajar del caballo.

-tan encantadora y joven como siempre- vi a mi madre sonreír agradecida por el halago, ¡feh! Viejo lambiscón. Fue entonces cuando aquellos ojos caoba se posaron en mí.

-¿y este encantador joven?- le guiña un ojo a mi madre.

-¡oh el príncipe Inuyasha sin duda!-

-bienvenido a Shikon querido Tsudara y tambien tu princesa– el rey desmonto, y luego bajo a su hija. Me quede quieto al instante, aquella niña vestida de verde lima con un lazo rojo que destacaba su largo cabello azabache y ojos color chocolate parecía una muñequita.

Pov narrador

Ambos niños se miraron un minuto, Kagome sorprendida por el cabello plateado de Inuyasha y sus ojos color ámbar, mientras Inuyasha no podía dejar de compararla con las muñecas de la colección de su madre. "Al menos no es fea" pensó. Kagome sintió una sonrisa tirar de sus labios, a pesar de que el príncipe no la miraba exactamente con una sonrisa le pareció un chico muy interesante.

Tsudara le dio un empujoncito a su hija para que se acercara al príncipe, la manera en que se miraron no había pasado desapercibida, eso debía ser una buena señal. La reina Izayoi tambien había notado las miradas de los pequeños, ahora si que estaba convencida de que todo su plan resultaría.

-vamos hijo saluda- sonrió Izayoi, pero Inuyasha no se movió en lo absoluto. –Cariño ve- le dio un nuevo empujón.

-pero madre…- se quejo el pequeño.

-Inuyasha no seas grosero y saluda a la princesa Kagome- le riño,

Ambos niños se miraron frente a frente, ambos completamente incómodos.

-em, hola princesa Kagome… encantado… de conocerte- murmuro Inuyasha en tono desganado.

-el gusto es mío príncipe Inuyasha – sonrió sinceramente Kagome haciéndole una educada reverencia, lo cierto es que no le desagradaba tanto la idea de ser amiga de un niño tan lindo como el. Pero tamaña fue su decepción al levantar la vista y notar que corría de regreso a los brazos de su madre.

-ah, ah, ah- le riño la reina, el pequeño rodó los ojos, regreso junto a la niña y tomo su mano; el protocolo exigía que la recibiera besado su mano, era lo educado.

Kagome frunció el seño profundamente al ver la mirada del chico, parecía que le diera asco tener que darle un beso en la mano, típico de los niños, "y yo que pensaba que este seria diferente".

-¡puaj!- exclamo Inuyasha limpiándose los labios, "besar a una niña, ¡Guacala!", (ya se lo que piensan, ¡que payaso!). Kagome se limpio el dorso de la mano en la falda de su vestido y le enseño los puños a Inuyasha.

-escuincle malcriado- le estepo furiosa, ella no soportaba a los mimados presumidos como el, ¿ser amiga de ese? ¡Ni loca!

-mocosa insoportable-le regreso Inuyasha, ambos se dieron la espalda, a pesar de ser niños los dos eran sumamente orgullosos.

"tan bien que íbamos" suspiro Tsudara al ver la escena, no era así como quería que se llevaran los niños, ni por asomo se le ocurrió que algo así podría ocurrir. Claro conocía el carácter terco y orgulloso de su hija, y no le era ajeno el motivo del disgusto pero… ni modo algo mas tendría que hacer.

Una hora después Kagome se encontraba en la que seria su habitación, todo el resto de la mañana había sido un desastre, después de conocer al odioso ese, habían intercambiado unas sonrisas forzadas e ido a jugar, y típicamente había acabado en pleito. Aun enfadada se sentó en la enorme cama con sabanas blancas y saco una cajita de su bolsillo adornada con un hadita morada.

Pov Kagome

-¿Sango?, Sango sal por favor- llame impaciente, en ese momento la cajita brillo y salio una pequeña niña vestida de morado con un par de alas rosas.

-¿en que puedo ayudarte Kagome?- pregunto el hada, que en apariencia tenia la misma edad que yo, aunque era casi del tamaño del pulgar de mi padre y además de ser mi guardiana era mi mejor amiga.

-¿te has enterado de todo? Resulta que este viaje era para que conozca a un tipo con quien me tendré que casar ¡y es un tonto!- grite enojada, ¡que digo enojada!, ¡ESTOY FURIOSA!

-ya Kag, no grites, no estoy sorda- dijo sango frotándose una de sus orejitas puntiagudas mientras se posaba en mi rodilla

-además ¿olvidas que yo puedo escuchar todo desde la cajita? Entiendo que digas que ese mocoso es un tonto- adoraba a Sango, siempre podía contar con ella, y aunque a veces no se ponía de mi parte era imposible enojarme con ella.

-¿y ahora que voy a hacer?- me lamente.

-no se amiga sinceramente no se, quizás si te das el tiempo de conocerlo…- intento conciliarme sango

-¡BRINCOS DIERA! Jamás voy a dejar que ese escuincle se me acerque ni siquiera como amigo, ¡no, no, no!- Vi como Sango se encogía de hombros ante mi negativa, pero no podía evitarlo, ese príncipe Inuyasha me ponía de los nervios.

-oye Kagome, ¿porque no le das una oportunidad?, tu bien sabes que todos los niños son medio tontos, pero quizás mañana se muestre mas amable- medite sobre el consejo de Sango, ella tenia razón todos los niños eran medio tontos, Hojo el sobrino de nana Kaede era un ejemplo, primero pensé que era un idiota, y ahora era mi mejor amigo.

-¿darle otra oportunidad a ese niño?- suspire antes de echarme de espaldas en la cama.

-no pierdo nada con intentarlo- Sango sonrió, y voló hasta estar junto a mi cabeza, note como la cama cedía con su peso, ella tenia la habilidad de crecer hasta mi tamaño a voluntad.

-pero si sigue siendo un idiota o se llega a meter conmigo no respondo.- recalque mientras me trenzaba el cabello en pequeñas secciones.

-¡esa es la actitud amiga!- me reí junto con mi quería hadita. Lo cierto es que siempre me ponía de buen humor, aunque a veces me trataba como lo hacia mi madre, que en paz descanse. Quizás no fuera un martirio estar aquí…

A la mañana siguiente…

Pov Inuyasha

Me desperté con un humor que ni yo mismo me aguantaba, pero no era mi culpa, todo en mi vida era desastroso. Primero una niña me hacia pasar vergüenza, después mi madre me reñía "por haber sido grosero con las visitas", y la cereza del postre fue que tuve que aguantar las payasadas de Miroku cuando platique con el a la noche. Y ahora debía bañarme y bajar a desayunar con esa pesadilla otra vez.

-mi vida apesta- refunfuñe mientras me dirigía a la bañera. Siempre había detestado bañarme, pero ya encontraría la forma de desquitarme. Nadie me humillaba sin pagar por ello.

Baje a desayunar vestido, lavado y peinado, mi madre me recibió con la misma sonrisa de siempre, eso al menos tranquilazo un poco mis humos. No importaba cuanto se enojara mi madre con migo jamás dejaría de ser dulce, ella era lo único que tenia, jamás podría soportar decepcionarla ni herirla, eso nunca.

Entonces fue que me di cuenta de la presencia de aquella niña, me miraba con ojos curiosos. Como cuado llego solo que con algo mas confiada esta vez, no era de extrañar, ya no éramos completos desconocidos.

-buenos días príncipe Inuyasha – me saludo con una calida sonrisa. Aquello me desconcertó. Se supone que no le caía nada bien desde ayer. ¿Qué estaría tramando? Alguna trampa de seguro, pensaba saltarme la formalidad y sentarme directamente a desayunar, pero al sentir la mirada de mi madre no me quedo otra.

-buen día, princesa- dije secamente mientras me sentaba. Pero aun así no me pude comer tranquilo ya que la mocosa esa se la paso mirándome fijamente con una estupida sonrisa en el rostro todo el rato.

Pasado el desayuno y la hora de estudios tenia la libertad de hacer lo que me viniera en gana, así que fui en busca de Miroku, era hijo de un famoso monje, y a pesar de su fama de libertino, y que a veces me ponía de los nervios era mi mejor amigo.

-hay Inuyasha, milagro que sigues aun libre.- fue lo primero que me dijo al verme.

-no molestes Miroku no estoy de humor- dije trepando de un salto a un árbol.

-que carácter.- se rió antes de sentarse bajo el árbol, el no era un gran deportista, y además pésimo escalador-Vamos amigo, no es tan malo todo esto-

-¿no tan malo?, claro como tu no estas en mi pellejo…-

-a mi me encantaría estar en tu pellejo- me interrumpió con una sonrisa.

- casarme con una linda princesita, que me cuide, me mime y tal vez tenga un hijo conmigo- "y dale con lo de los hijos" pensé rolando los ojos ¿Qué no podía pensar en otras cosas mas normales?

-¡príncipe Inuyasha!- me llamo una voz al otro lado del jardín.

-¡ay no, es esa mocosa!- refunfuñe al ver como la princesa se acercaba.

-¿mocosa? ¡Oh! la princesa Kagome ¿Dónde?- Vi como Miroku se ponía de pie y miraba a todas partes emocionado. ¡Feh! ¿Jamás dejaría de ser tan don Juan?

Pov Kagome

-no estoy segura de esto- murmuro Sango por quinta vez desde que nos dirigíamos al jardín.

-¡oh vamos Sango! es una buena idea, además tu magia es genial- le sonreí.

-halagarme no hará que cambie de opinión. Mira Kag una cosa es hacer trucos para ti, pero dudo mucho que a Inuyasha le guste verme aparecer un sapo o hacer bailar a las hojas sueltas la sinfonía de Tchaikovsky- no pude evitar detenerme a reflexionar n momento por las palabras de sango, era verdad que a mi me gustaba todo eso, pero Inuyasha era varón.

-no importa Sango, al menos conseguirías llamar su atención, y así podría mostrarse más interesado en ser mi amigo.- mi querida amiga se encogió de hombros mientras seguía volando a mi lado.

No tarde mucho en divisar a Inuyasha, claro que no era alguien que pasara desapercibido fácilmente. Estaba encaramado en las ramas de un árbol.

-¡príncipe Inuyasha! – le salude con mi mejor sonrisa, antes de correr en su dirección.

-¡esperame Kagome mis alas aun son pequeñas!- me grito Sango intentando alcanzarme. Pero no le preste mucha atención, estaba impaciente por probar mi idea.

-¿y tu que quieres?- me pregunto sin mirarme o bajar del árbol.

-quería ver si quiere jugar conmigo y Sango, vera ella es un hada y puede hacer magia, además se supone que debemos ser amigos-

-¡Feh! no me interesa ser amigo de una niña y mucho menos de un hada.- mi sonrisa se borro al instante, ¿Qué se creía ese mocoso?

-Inuyasha no seas grosero, así no se trata a una dama- dijo una voz junto al árbol, fue entonces que me di cuenta de que había otro niño en el jardín.

-¿Quién es ese?- me susurro sango sonrojada y sin dejar de ver al otro niño, no la culpaba tenia los ojos azules y el pelo corto atado en una coletita. Nada feo.

-perdone, pero temo que no hemos sido presentados bella dama, soy Miroku Houshin- me sonrió.

-Kagome Higurashi de Sengoku, y ella es mi amiga Sango- ambas hicimos una reverencia.

-¡que malo eres Inuyasha!, no me dijiste que era una niña tan linda, y menos que tenía una amiga- no pude evitar notar como Sango se ponía mas roja que una manzana, pero no era justo que juzgara.

-¿linda? Estas tu estas ciego Miroku ¡es muy fea!- eso si me colmo la paciencia.

-¡SI YO SOY FEA, TU ERES UN TONTO!- le grite a todo pulmón. ¿Cómo pude pensar en que seriamos amigos?

-¡NO ME DIGAS TONTO FEA!- eso lo hizo bajar del árbol, mejor así podría apalearle.

-¡TONTO, TONTO, TONTO…!-

-¡FEA, FEA, FEA…!-

En otra parte del palacio

Pov narrador

-Míralos Tsudara, ya están congeniando, seguro que no tardaran en ser amigos.- sonrió Izayoi viendo de lejos a ambos niños en el jardín. Demasiado lejos para que le llegaran los gritos.

-una linda escena querida Izayoi, esta alianza nos traerá prosperidad por siglos- sonrió el rey, mientras se asomaba tambien.

-¿ese es el punto no? – ambos soltaron una sincera carcajada.

-¿considero el trato cerrado?-

-queda cerrado amiga mía, la boda es un hecho por nuestra parte solo resta esperar a los tortolitos- si tan solo supieran lo que pasaba bajo sus ojos.

"¡Esto es la guerra!" declararon los príncipes.

Continuara…