High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Gjr-Sama: aquí está la actualización. Sep, Wolverine es Lobezno.
Darkness-1997: me alegra que te guste. Hijo… me haces sentir tan joven XDDD
PeivonxD: coño gracias XD ! Nunca dejo un fic. Si me tardo en actualizar uno siempre es por un motivo :)
TRYNDAMER95: aquí lo tienes.
Tenzalucard123: si te refieres a tener una "cicatrización" tan rápida, entonces sí. Si te refieres a un olfato tan fino y esqueleto de adamantiun… entonces no XDDD
Zafir09: gracias. Aquí tienes la continuación.
miguelgiuliano co: me alegra que te guste. No, en este fic no tiene un Sacred Gear. En cuanto a sus habilidades, armas, conocimiento, etc… eso tendrás que ir viéndolo conforme pasen los capítulos :D
Alber Breaker: no pasa na. Tus motivos tendrías :) No. No es un Issei tan basto. Como dice en el prólogo, sería una mezcla de la fuerza del Capitán América y la recuperación de Deadpool o Lobezno.
otakuro16: XD
wolf1990: me alegras. Aquí esta XD
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
-comentarios.
-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil
Capítulo 1:
PRIMEROS AÑOS – PARTE 01
Y otro día más en mi vida. La verdad es que es una buena mañana, si he de ser sincero. Acabo de despertar de un largo sueño. Largo y placentero. Soñaba que me comía una gran pieza de carne. Ups, se me esta cayendo la baba. Bueno, es normal que sueñe con comida. Esta última semana mi padre y el grupo de cazadores no han conseguido gran cosa. Las manadas se han alejado más de lo esperado.
-Buaaa.
Estiro mis extremidades y me tallo los ojos con mis manitas. Me asomo por la entrada a mi casa y observo a mí alrededor. El círculo de luz está bastante más alto de lo que esperaba. Parece ser que me he quedado dormido. ¿Por qué mama no me ha despertado?
Salgo de mi casa y la observo. Es pequeña y redonda, pero confortable. Ahí vivimos los tres: yo y mis padres. Observo el resto de nuestra aldea. En total hay unas quince casas prácticamente iguales. En cada una vive una familia. Según he contado, somos aproximadamente sesenta personas viviendo aquí. Tenemos un pequeño rio a unos veinte metros de nosotros. Su agua es clara y fresca ya que desciende de las montañas que están al Oeste.
Todos ya se encuentran trabajando. Puedo observar a mi madre a lo lejos, junto a otras madres en el rio. Parece que están pescando algo. Mi madre también tiene el cabello castaño y largo. Sus ojos también lo son. Y es más alta que el resto de mujeres, incluso tan alta como los hombres. Cerca suyo se encuentran los hijos más pequeños. Los que no superan los cinco años. Me acerco silenciosamente hasta ellas. Quiero darles un susto. Aspiro aire con la boca bien abierta, pero…
-No se te ocurra ni pensarlo. – me advierte mi madre con un tono calmado.
Las demás madres desvían sus miradas a mi personita. Ahora que lo pienso, no me he presentado. Soy Issei Hyodo y tengo ocho años. ¡Un placer!
-Sigo sin saber cómo es tan sigiloso. – dijo una de las mujeres.
-Igual que su padre. – sonrió otra.
Bueno, no es por echarme flores, ¡pero mis habilidades son asombrosas incluso para mi edad! ¡Soy el niño más fuerte, rápido, ágil y sigiloso! Según mis padres, es porque somos especiales, tanto yo como mis antepasados. También mis sentidos. Les pregunte el motivo, el porqué, pero dicen que aun soy demasiado pequeño. ¡Bah, adultos! Otra cosa de la que me doy cuenta es de nuestros rasgos físicos son distintos. No mucho, pero lo son. Se nota sobre todo en los ojos. Los demás los tienen como cerrados, ¿sabéis? También son más bajos, delgados y su piel más pálida.
-¿Qué quieres hijo? – me preguntó mi madre sin apartar la mirada de la red atrapa pescados.
-Solo quería saludar. – Se encogió de hombros - ¿Puedo ayudar?
-A nosotras no, cariño. – Le sonrió – Pero puedes ir con Hikari y los demás. Se han ido a recolectar no hace mucho.
Yo asiento con una gran sonrisa mientras empiezo a correr hacia un pequeño bosque que tenemos cerca. Normalmente los adultos nos lo impedirían, por las bestias salvajes, pero en este bosque no hay ninguna. Mi padre y los demás hombres se encargaron de alejarlos y ahuyentarlos.
Avanzo rápidamente, saltando y agachándome, esquivando las ramas. ¡Ja! ¡Ninguno de mis amigos son capaces de igualarme! ¡Fuajajajajajajaja!
CRAC
PAM
Auch. Eso duele. Me acabo de golpear con una rama y caerme al suelo. Si ya lo dice mi padre… 'hijo, debes estar siempre atento a tu alrededor y no despistarte jamás'. Sin duda un buen consejo. Lástima que no le haya hecho caso.
Sobándome el pequeño golpe, consigo escuchar las voces de mis amigos. Si. Todos están aquí. Esta vez avanzo despacio hasta que llegan a mi vista. Niños y niñas. Aunque algunos no tan niños. El más pequeño de nosotros tiene siete años y el mayor tiene catorce. Normalmente a partir de esa edad se suman a los hombres en la caza, por lo que dejan de recolectar con nosotros.
-¡Ise! – escucho un grito femenino.
Volteo a mi derecha, encontrándome con Hikari. Es una chica de diez años. Tiene el cabello negro como la noche y le llega hasta media espalda. Sus ojos también son negros, pero no tanto como su cabello. Aunque no me guste, ella es más alta que yo. ¡No me gusta que las niñas sean más altas que yo! ¡Pero ya creceré, fuajajajajajajaja!
PAM
-¡Ay! ¡¿Por qué me golpeas?! – exclamo enfadado.
Hikari me acababa de dar un golpe con sus nudillos en mi cabeza. ¡Que fuerza que tiene!
-Estabas de nuevo en tu mundo, así que tuve que sacarte. – respondió con una gran sonrisa mientras infla el pecho orgullosa.
-¿Y no podías simplemente haberme sacudido un poco? ¿O llamarme?
Observo como se lleva la mano a la barbilla, como si estuviera pensando.
-No. Así no es divertido. – contesta con esa gran sonrisa.
¡Arg! ¡Me pone de los nervios!
-Venga vamos. Hay que seguir recolectando. Nuestros papas vienen hoy. ¡Tenemos que darles un gran banquete! – exclama feliz de la vida.
¡Es cierto! ¡Hoy viene papa! ¡Y seguro que esta vez traen algo muy grande! ¡¿Qué será?! ¡¿Estará bueno?! ¡¿Sera grasiento?! Espero no lleve mucha grasa. Odio que lleve demasiada grasa.
PAM
-¡Deja de golpearme!
-¡Jajajaja!
XXXXX
Nos tiramos toda la mañana recolectando en el bosque. Hemos conseguido bastante fruta, bayas, hortalizas y verduras. Buaj, verduras. ¡Qué asco! A ninguno nos gusta, pero o la comemos o nuestras madres se enfadan… y nadie quiere ver a nuestras mamas enfadadas. No es recomendable. Las madres enfadadas son el peor enemigo que existe. ¡Son el enemigo invencible!
En fin, una vez llegamos a la aldea observo a las madres limpiando el pescado. Les abren en canal, les sacan las tripas y demás. He de admitir que es algo bastante asqueroso. Prefiero matar bichitos a ver tal espectáculo. Pero bueno. Mi madre levanta levemente su vista y asiente orgullosa. Después de todo… ¡llevamos un buen botín! Con un gesto de cabeza me indica ande debemos dejarlo.
Una vez que dejo la recolección en su sitio me dedico a observar a los más pequeños. Estos habían dejado de estar con su madre para ir con sus hermanos o hermanas mayores. Arg, siento mucha envidia. Como me gustaría tener un hermano… o una hermana. Pero mi madre dice que para nosotros es difícil. Es difícil que me puedan dar un hermanito o una hermanita. Sinceramente no lo comprendo. Demasiadas cosas que no comprendo de mí ni de mis padres. ¡Arg, esto me cabrea!
Creo que mejor me voy con Hikari y los demás a jugar. Así olvidare todas mis dudas. Después de todo ni siquiera ha llegado la hora de comer, y posiblemente nuestros padres no lleguen hasta la noche, o el atardecer en el mejor de los casos.
XXXXX
El día ha sido bastante aburrido, cabe decir. No ha pasado nada interesante. El resto de la mañana nos la pasamos con los enanos y la tarde jugando. Días monótonos, pero agradables al fin y al cabo. Ahora mismo me encuentro junto al rio, ocupado.
-¿Qué haces? – escucho una voz femenina preguntando en un susurro en mi oído.
-¡!
¡Maldita sea esa voz! Después de dar el respingo me doy la vuelta encolerizada, encontrándome el rostro dudoso de Hikari. Que pesadita es a veces… bueno, casi siempre.
-¿A ti que te importa? – le pregunto enojado mientras me doy la vuelta, otra vez...
Estaba tan metido en mis pensamientos y mi tarea que no me había dado ni cuenta de su presencia.
PAM
¡Vale, ya estoy harto!
-¡¿Pero a ti que te pasa?! ¡Deja de golpearme! – exclamo mientras me froto el chichón.
Hikari solamente me mira con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados por el pecho.
-Te he preguntado que hacías y no me has respondido. Además… ¡a mí no me grites! ¡No debes gritar a una señorita!
-¡Tú tienes de señorita lo que yo de rubio!
PAM
Vale… esa me la merecía. Pero duele. Ahora tengo dos chichones en mi hermosa cabecita. Si ya me lo dice mi padre… 'hijo, no hay enemigo más poderoso y peligroso que una mujer'. Yo creo que depende de que mujer. Pero lo que tengo delante no es ninguna mujer. ¡No tiene cuerpo de mujer, sino de niña! ¡Si ella es una mujer… entonces yo soy un hombre! Y a mí no me parece que sea uno… por el momento.
-Tsk.
Chasqueo la lengua y me vuelvo a mi asiento. Ella se sienta a mi lado, observándome.
-¿Vasijas? – pregunta en un murmullo.
-Vasijas de cerámica. – explico con orgullo.
Eso es lo que estoy moldeando en mis manos. Ha sido extremadamente difícil encontrar los materiales para crear vasijas. No tenemos muchas. Mi pieza no es más que un jarrón, pero lo estoy dejando bonito. La arcilla la he decorado con surcos. También tiene algunos diseños remarcablemente dinámicos. En este caso tiene figuras de nubes decorando cada parte del exterior.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero sin duda el suficiente como para haber acabado. Dejo el jarrón en el suelo, contemplándolo con una gran sonrisa.
-No está mal… para ser tú. – comenta Hikari.
Arg. ¿No podía decir algo más bonito? ¿O simplemente no podía haberse quedado cayada? Pero da igual. Yo sé que es bonito y a mi padre le gustara. Un regalo, eso es lo que es esto.
-¿Tú le has hecho algo a tu padre? – le pregunto girando mi cuello en su dirección.
Ella sonríe y saca una pulsera. Oh, es bonita. Eso no lo niego.
-Seguro que le gustara. Incluso podría darle una a tu padre. Seguro que se decepcionara con la birria de jarrón que le has hecho.
CRASH
Adiós paciencia. Cojo rápidamente mi jarrón y me levanto raudo para coger a Hikari, pero la muy condenada ya está corriendo. ¡Como le gusta provocarme! Pues ahora… ¡probara mi venganza! Salgo corriendo tras ella, con cuidado de no romper mi valioso jarrón. Mientras corro detrás de ella, dejo rápidamente el jarrón en el suelo al lado de mi casa. Mi madre está junto a otras madres. Parece que me observa de reojo cuando paso corriendo junto a Hikari, pero no me dice nada.
XXXXX
Veo a mi pequeño retoño correr detrás de la pequeña Hikari. Ahhh, seguro que le ha vuelto a cabrear. Jejeje. Que bien nos lo vamos a pasar dentro de unos años. Sonrió satisfecha ante tal pensamiento. Entonces caigo en lo que mi pequeño ha dejado junto a nuestra casa. Me acerco a cogerlo, contemplándolo.
Un jarrón. Es bastante bonito. Seguro que será para él.
-No lo ha hecho mal. Aunque a mi hijo les queda mejor.
Y ahí está. Como no. Me vuelvo a mirar a Rei. Esta mujer. Lo suyo no es orgullo de madre. ¡Lo suyo es peor que eso! Le gusta demasiado restregarnos las virtudes de su hijo mayor. El muchacho ahora mismo está con los hombres, cazando. Después de todo tiene diecisiete años.
-Bueno, tu hijo le saca nueve años al mío. Es lo normal. – me encojo de hombros, restándole importancia. Después de todo, Issei es mejor que el a su edad.
-En esto tiene razón.
Otra mujer se nos une. No pasa mucho tiempo hasta que tenemos un pequeño corro. Ahhh, como me agrada esto. Estar así, reunida junto a otras mujeres, en una gran familia, me hace olvidar las penurias que tuvimos que pasar hasta llegar aquí. Aun me acuerdo cuando llegamos a esta aldea. Yo con mi pequeño de un mes en brazos, agotada. Y mi marido a mi lado, sangrando de muchas heridas recientes por luchar contra animales feroces. Tiemblo de solo recordar tales sucesos.
.
(Flashback – años atrás)
Me encontraba junto a mi marido y otras dos parejas de mi especie. Hace mucho que no sabemos de otros como nosotros. Nuestro número se ha reducido considerablemente. Pensar que hace unos cien años éramos más de cien… y ahora solo seis.
Nuestras habilidades no nos han servido de gran ayuda, por lo que parece. Nuestra natalidad es demasiado baja, y las bajas aumentan demasiado rápido. Si no son los otros humanos entonces son los animales salvajes. Lo extraño es que no nos atacan solos, sino en manadas muy numerosas. Pero esos animales salvajes… no son normales.
Ayer perdimos a otros dos. Eran ancianos, pues las canas de sus cabellos lo mostraban. Ellos se sacrificaron para salvarnos. Demasiado viejos para huir con nosotros. Se quedaron atrás, enfrentando a las grandes y salvajes bestias. A ellos les debemos la vida.
-¡Buaj!
Vomito son querer. No es por pensar en lo que les habrá ocurrido, sino porque estoy embarazada. ¡Ah, que feliz que soy! Pero mi corazón también está lleno de temor. Mi marido se pone a mi lado, apartando mi cabello para que no me lo ensucie. Le doy las gracias mientras me incorporo. Uno de nuestros compañeros me pasa un pequeño recipiente con agua. Le doy las gracias mientras tomo un sorbo.
Mientras bebo pienso en lo feliz que soy desde hace un par de meses. Hasta ahora, he tenido tres abortos. El último fue hace cien años. Es normal que esperáramos tanto para volver a intentarlo. Tres abortos es algo demasiado duro, y temía que si lo intentaba otra vez pasara lo mismo. Además, entre eso y la baja natalidad entre los nuestros… sufrí una depresión. Mi marido intento convencerme para volver a intentarlo, pero no lo consiguió hasta hace unas décadas.
Je, pensar que pueden pasar décadas hasta dejar a una mujer embarazada. ¿Sera cosa de los hombres o de las mujeres? ¿O es posible que sea de ambos? Quién sabe. Pero tampoco somos gente que viva con prisa. Después de todo, nuestro más anciano vivió por cinco mil años. ¿Cuántos tengo yo? ¿Cuántos tiene mi esposo? Apenas llegamos a los dos mil años. Y menudos dos mil años.
-Tened cuidado. La corriente es algo fuerte. – nos avisa el líder del grupo.
Ahora mismo estamos atravesando un rio, cerca del mar. Nos encontramos actualmente en una península en el gran mar de oriente. Según nos han contado, hay más tierra al sureste. Una gran isla junto con más islas. Una isla tan grande como no podemos imaginarlo. Y la verdad es que no puedo.
Bueno, ¿dónde me quede? Ah sí, estos dos mil años. Unos años duros pero agradables. Nosotros provenimos del oeste. Tan al oeste cómo es posible. O por lo menos eso es lo que recuerdo. Mis memorias no son del todo fiables. Después de toda mi especie es nómada. Viajamos y viajamos. Cuando nos quedamos en un lugar lo hacemos durante unos días o semanas o meses o incluso años. Lo máximo que estuve en el mismo lugar fue durante trescientos años, y porque no Vivian otros humanos en nuestra sociedad. Os he dicho que antes éramos mas, ¿verdad? Pues ese fue el momento. La última vez que estuve junto a tantos de los míos.
Desgraciadamente la felicidad no dura para siempre. A nosotros se nos vino todo de golpe. El frio, el ataque de numerosos grupos humanos, las manadas salvajes y el hambre por las manadas que se fueron. Aun para seres como nosotros, todo tiene un límite. Podemos sobrevivir a algunas de esas cosas, pero si se juntan todas… entonces la cosa cambia.
-¡Ahí está el pueblo! – exclama nuestro líder.
¿Cuánto tiempo he estado en mis asuntos? Ni me había dado cuenta. Pero esto es bueno. Dentro de poco por fin podremos estar a salvo. Esas bestias seguro que nos siguen el rastro. Espero que esta gente venga con nosotros.
Ahora que me doy cuenta, el pueblo es bastante grande. Más que cualquier otro que haya visto. Perfectamente habrá trescientas personas. La verdad, ahora creo que si podrán defenderse… o eso espero.
Avanzamos rápidamente hasta entrar. Nuestro líder practica con el líder de la aldea sobre los animales salvajes. También pregunta si nos vendería un barco o un bote para llegar a la gran isla. Al final aceptan un trueque al ver la gran manada corriendo hacia la aldea.
Yo me estremezco al verles y el color abandona mi rostro al escuchar el trueque de nuestro líder. Nos toca separarnos. Yo soy la única mujer del grupo, y además embarazada. El barco que han comprado es para mí y mi marido.
Yo protesto, pero no surten efecto mis palabras. Sin vacilación me agarra y me sube al bote a pesar de mis gritos. Una vez en el bote, junto a un navegante, abandonamos la costa en dirección a donde nos indicó el jefe. Cuando estamos a una distancia segura, la jauría llega. Su número ha aumentado. ¡Malditas bestias demoniacas! ¡¿Por qué no se van?! El terror me inunda al ver como atacan la aldea. Nuestros cuatro compañeros están al frente, batallando contra las bestias. Los hombres de la aldea también luchan, pero esas bestias no son normales. ¡No pueden ser normales! La batalla esta igualada. Nuestros cuatro compañeros están muertos, con los cuerpos destrozados por las garras y las cabezas arrancadas de los cuerpos, así como extremidades y las tripas abiertas en canal. Muchas personas de la aldea también están pereciendo bajo las garras de las bestias.
No somos inmortales, pero ciertamente es difícil matarnos. Pero creo que alguien está detrás. ¿Cómo saben esas bestias como darnos muerte? ¿Quién les ha dicho? No creo que sea natural lo que hacen y la saña que tienen para llevar a cabo su misión. Nos han perseguido y han acabado con nosotros. No. Niego mientras acaricio mi vientre con una mano y con la otra me limpio las lágrimas. No nos han exterminado.
XXXXX
¿Cuántos días han pasado? No sabría contestar. Hemos estado en el mar más tiempo del que haya estado alguna vez. Hicimos una parada en una isla, para conseguir agua y comida, y luego seguimos nuestro rumbo hacia la gran isla.
No hemos hablado desde que abandonamos el pueblo. Nuestro navegante nos suele mirar con el ceño fruncido, desconfiando de nosotros. No le culpo, pues tiene motivos para ello. Mi pobre marido ha vomitado varias veces. No aguanta navegar. Por suerte nuestro navegante le ha dado algún remedio para que durmiera durante el viaje. Él lo tomo desconfiado, pero yo conseguí convencerle.
Después del periodo en la mar llegamos a nuestro objetivo. El navegante nos lleva hasta otro puerto. Este es bastante más pequeño. Una vez allí desembarcamos. El navegante habla con el jefe de la aldea, contándole lo sucedido. A nosotros nos ofrece hospedaje, el cual aceptamos, pero no pensamos quedarnos mucho tiempo. Tenemos que alejarnos. Tenemos que huir.
Y así lo hicimos. A la mañana siguiente nos marchamos, pero fueron muy amables y nos dieron provisiones. Tomamos rumbo al noreste. Durante varias semanas caminamos y caminamos, atentos a cualquier tipo de ataque. Por suerte nada sucedió. Las bestias no han podido llegar hasta aquí. Es imposible. Pero ello no quiere decir que no haya criaturas como esas en esta parte.
Al final, después de varias semanas de camino, llegamos hasta una aldea… nuestra aldea. Allí fuimos bien recibidos. Fueron muy buenos con nosotros y muy amables. Debido a mi embarazo, mi marido decidió que era momento de descansar… de asentarse. Así fue como nos quedamos en este lugar.
(Fin flashback)
.
-¡Tonta!
-¡Niño mimado!
-¡¿A quién le dices niño mimado?!
-¡Pues a ti, estúpido niño mimado!
-¡¿Quieres pelea, mono?!
-¡¿Me acabas de llamar mono?! ¡Te mato!
Los gritos de mi hijo e Hikari me sacan de mis pensamientos. Todas las madres dirigimos la mirada al dúo cómico. Ambos ruedan por el suelo mientras se enganchan de los cachetes. Es bastante divertido observarles. No es la primera vez que pelean así, ni será la última.
Suspiro cansada, aunque no puedo evitar sonreír levemente. Ahora es mi turno de actuar. Cojo y los separo, y entonces…
PAM-PAM
Una pequeña colleja a ambos y asunto resuelto.
-¡Auch! ¡Eso duele! – se queja mi hijo.
Tanto el cómo Hikari tienen los mofletes rojos.
-Si queréis pelear como animales, entonces iros al bosque y golpeaos allí. No me apetece ver cosas como esta. – les digo en tono serio.
Todos los adultos les decimos esto cuando los vemos pelearse. Sabemos que no se irán al bosque a pelearse por diversos motivos. Sonrió triunfante al ver como ambos tiemblan levemente.
-Y ahora os disculpareis. Y me da igual quien haya empezado. – me apresuro a decir al ver como mi hijo iba a quejarse.
Ambos se miran fieramente de reojo mientras se disculpan en apenas un susurro. Sé que no voy a sacar nada más de todo esto, así que simplemente asiento mientras vuelvo con las demás. Ahora que lo pienso, será mejor que empecemos a prepararlo todo. El sol está empezando a decaer y pronto se ocultara.
XXXXX
Ahhh la noche. ¡Me encanta la noche! tumbarme en el suelo mientras observo el cielo. Ver como este se torna de distintos colores mientras la luz desaparece para dar paso a la oscuridad. Pero no hay que temerla. A veces la luz de la noche plateada nos ilumina. Un enorme cuerpo redondo lo provoca. Aparece y desaparece como el de la luz del día. Es muy bonito, y a este si podemos mirarle fijamente. Pero no es eso lo que más me gusta. No. Yo espero otra cosa.
Papa aún no ha llegado junto al resto de padres, pero mama dice que no debe faltar mucho.
-Están tardando mucho. – escucho quejarse a Hikari.
Ella también se sienta conmigo a observar la oscuridad. Las primeras mini luces empiezan a aparecer. Ahhh, que bonitas son. No pasa mucho para que más y más puntitos vayan apareciendo.
-Sep. Tienes razón. Pero vendrán. Lo sé.
-¿Cómo lo sabes? – me pregunta desconfiada.
-Pues… ¿instinto?
-…
Me encojo de hombros y vuelvo a fijar mi mirada en el cielo. La oscuridad del cielo ya tiene multitud de puntitos. Entre eso y la gran luz plateada, ¡qué bonito! Me gustaría poder volar y ver que son esas luces. Tengo envidia de los pájaros. ¡Como desearía volar! Aunque, para ser sincero, eso de tener alas… no me termina de agradar la idea. Se vería raro, ¿no? Y ahora que lo pienso, ¿tendría mis brazos humanos o por el contrario tendría alas de plumas? Y en caso del primero, ¿dónde tendría las alas? ¿En la espalda? ¿Y dónde exactamente?
-Me gustaría poder volar. – murmura Hikari.
Giro levemente la cabeza, observándola de reojo. Ella también está mirando el cielo. Esta sonriendo, aunque es una sonrisa pequeña. Cuando esta así he de admitir que incluso da gusto tenerla cerca.
-Yo me pregunto si tendríamos brazos, o alas, como los pájaros, o si tendríamos alas en la espalda.
-Obviamente nuestros brazos serian alas con plumas.
-¿Por qué piensas eso?
-Porque sería de estúpidos pensar que tendríamos a las en la espalda.
Ya está. Adiós al buen ambiente.
-Pse. ¿Te crees que siempre tienes razón?
-Exacto. Siempre la tengo.
-Eso no te lo crees ni tú.
-¿Acaso quieres comprobarlo, insecto?
-¡¿Qué me has llamado, pecho plano?!
Hikari se sonroja hasta las orejas. No sé si por vergüenza o de ira.
PLAF
Vale, creo que es de ira.
-¡Por supuesto que tengo el pecho plano! ¡Aun soy pequeña! ¡Ya me crecerán! ¡Me lo dijo mi madre!
-Pufff… ¡Jajajajajaja! ¡Acabas de admitirlo! ¡Jajajajajaja! ¡Acabas de admitir que aun eres una niña! ¡Jajajajajaja! ¡De señorita no tienes nada! ¡Jajajajaja…!
PAM-PAM
-¡Tu, maldito imbécil!
-¡Niñata!
PAM
-¡Idiota!
-¡Fea!
PAM-PAM
Y otra vez en una de nuestras clásicas peleas. Un buen modo de quitarse el estrés, jejejeje… aunque admito que también duele.
-¡Ise! ¡Hikari! ¡Venid YA! – ambos dejamos de agarrarnos al escuchar el grito de mi madre.
Será mejor que no nos vea así. Dedicándonos miradas de desprecio, ambos abandonamos el lugar para correr en dirección a nuestras madres. Todos tenían grandes sonrisas, lo que solo podía significar una cosa.
-Vuestros padres están llegando. No tardaran mucho. – nos dijo la madre de Hikari con una gran sonrisa.
-¡Genial! – exclamamos ambos con grandes sonrisas en nuestros rostros.
-Ahhh, ¿otra vez os habéis puesto a pelear? – Suspiró la mujer para luego sonreírnos de un modo que me dio escalofríos – ¿Sabéis que? Hay un refrán que dice así; 'quienes se pelean se desean'.
¡! ¡El horror! ¡EL HORROOOOOOOOOR! Estoy cien por cien seguro de que mi cara demuestra lo que estoy pensando, y seguro que con Hikari pasa lo mismo, pues su madre de repente empieza a carcajearse, llamando la atención del resto. Se acercan a preguntarle el porqué de sus carcajadas, a lo que ella responde. Las demás madres nos miran y también se carcajean. Mi rostro se vuelve de un rojo intenso.
-¡C-callaos! ¡E-eso es mentira! ¡Imposible! ¡Eso solo son tonterías! – exclamo incrédulo.
¡IMPOSIBLE! ¡ES TOTALMENTE IMPOSIBLE!
-Ya crecerán, ya crecerán. – era lo único que escuchaba de esas viejas chismosas.
Sin mirar a Hikari corro a donde mi madre, que está dando los últimos retoques a lo recolectado durante el día. Tiene muy buena pinta. Ella se gira sonriente, pero al instante su sonrisa se borra. Su ojo crítico recorre mi rostro. Luego solo suspira mientras niega con la cabeza.
Genial… esto es genial.
XXXXX
¡Ahhh, por fin llegamos a casa! Da gusto. Ya puedo escuchar en la lejanía a nuestras mujeres e hijos. No puedo evitar sonreír tontamente. ¿Hace cuánto que nos fuimos? La verdad es que no consigo acordarme.
-¡Ya veréis como se sorprenden cuando vean lo que hemos cazado! – exclama un chico.
Apenas es un niño. Ha cumplido la edad necesaria para acompañarnos. Lo bueno es que está sano y salvo.
-Lo has hecho bien para ser tu primera caza. – le dice sonriente un hombre mientras le da unas palmaditas en la espalda.
-Gracias papá, aunque no he sido de demasiada ayuda.
-Bah, tranquilo. Después de todo – se voltea a mirarme – él ha sido quien ha realizado casi todo el trabajo.
Inflo mi pecho con orgullo. En mi espalda, cargándolo con facilidad, llevo la presa más grande. Es parecido a un jabalí del oeste. Bastante grande, con afilados cuernos y una piel gruesa. Pero no es el único que hemos cazado. En total han sido treinta. ¡Tendremos una buena comida durante varios días! Espero que no lleguen a pudrirse antes de comérnoslos.
La verdad es que estos malditos bichejos no se han dejado atrapar fácilmente.
.
(Flashback)
Llevamos varios días siguiendo a una gran manada de jabalíes, o creo que son jabalíes. Son animales bastante grandes. Su cuerpo me llegaría a la altura de medio muslo. Sus cuerpos son poderosos y sus cuernos muy afilados. Si no tienes cuidado sin duda morirías. Yo y mis compañeros cazadores estamos ocultos en una pequeña colina, observando a nuestras presas.
Llevamos bastante tiempo sin cazar nada bueno. Pero esta vez no fallaremos. No sé cuánto tiempo llevamos fuera. No lo cuento. Pero si sé que cuando vuelva llevaré uno de esos en mis hombros.
-Se están moviendo al sur. Por allí hay un pequeño acantilado. Podremos rodearles y no tendrían a donde huir. – dijo el más joven del grupo.
Un chiquillo listo, pero inexperto.
-Hijo, debes aprender de estas bestias que cuando están acorraladas es peor, pues se vuelven muchísimo más agresivas. – le explico su padre con total calma y paciencia.
No debemos enfadarnos con el chico, pues nadie nace sabiendo, aunque el aprender puede dar miedo. Su cuerpo tiembla por la excitación, aunque dentro de poco seguramente por el miedo.
-Tengo ganas de cazar uno. – sonríe.
Pobre muchacho.
-Seguramente acabaras haciéndotelo encima. – se burla uno de los hombres.
-¡Eso no sucederá! – exclama en voz baja, totalmente indignado y sonrojado por la vergüenza.
-Chico, cuando tengas a uno de esos delante de ti… entonces hablaremos.
El chico frunce el ceño de una forma graciosa mientras masculla algo que sin duda alguna de bonito tiene más bien poco.
XXXXX
El sol ha empezado a descender. Los animales han comido, por lo que tendrán menos fuerza para correr. Cualquier animal corre menos recién comido. Es el mejor momento para cazar.
-Bien. Es hora de movernos. Vosotros – señalo a cinco hombres – asustadles y llevadlos en dirección al acantilado. – Asienten y se marchan – Nosotros nos encargaremos de lacerarlos por los costados. – le digo al resto – No hay que cazar muchos, pues la manada es demasiado grande para ir a por un gran número. Así que concentraos en los más débiles. – mis ojos van directamente al más joven de nosotros, advirtiéndole que no desobedeciera la orden.
-¿Y por qué no vamos a por las crías? – pregunta ingenuamente.
-Porque si matas a las crías, entonces la manada disminuirá su número, ya que no les dejamos aumentarla en número. La manada desaparecerá. Esas crías se volverán adultos y tendrán más crías, por lo que el número aumentara. – le explico.
-Es como nosotros, hijo. Si matas a los pequeños, ¿entonces qué sucederá?
El chico se sonroja por la vergüenza. Entonces me mira y asiente con el rostro serio. Yo sonrió complacido. Volvemos nuestras miradas a la manada, esperando. Después de un corto tiempo escuchamos los gritos de nuestros compañeros, que se mueven violentamente, incluso lanzando alguna lanza. Los animales, sorprendidos y asustados, empiezan a correr en dirección contraria, rumbo al acantilado. Mi grupo se divide en dos, corriendo detrás del primer grupo, separándose para cubrir los costados de la manada.
Finalmente conseguimos llegar al acantilado. Debido a la sorpresa, algunos caen por este, muriendo en el acto. Son bastantes, pero necesitamos más.
Los más fuertes de la manada se lanzan hacia nosotros en un intento de escape. El pobre muchacho tuvo que esquivar a uno, por lo que rodo por el suelo. La cara se le puso blanca del miedo. Bueno, todos empezamos así. Al menos no le ha pasado nada.
Dejamos a los más fuertes marcharse, centrándonos en los más débiles. Por supuesto, dejamos a las crías y las hembras aparte. Es fácil distinguir machos de hembras. Las hembras tienen sus colmillos más curvados que los machos, y también más pequeños.
No paso mucho tiempo hasta que nuestras armas acabaron con los suficientes "jabalíes". El problema serían los jabalíes que cayeron. Es comida que no podemos desperdiciar. Yo y otros cinco compañeros bajamos cuidadosamente hasta la playa. Al menos el mar no se los ha llevado. Eso es un gran consuelo.
(Fin flashback)
.
Ya podemos ver nuestra aldea a lo lejos. Nuestras casas, los fuegos, nuestras mujeres e hijos. ¡Desde luego da gusto volver! Nada más aparecer en las cercanías, los niños empiezan a chillar, llamando la atención de las mujeres. Je, deben estar muy ansiosos. Los niños empiezan a correr en dirección a sus padres. Yo busco con mi vista a cierto pequeño, pero no lo encuentro. Pero si distingo a mi esposa a lo lejos, sonriendo enormemente.
Dejo el jabalí en el suelo sin delicadeza y echó a andar hacia ella. Pero no me esperaba lo siguiente.
PAM
-Auch.
Algo me acaba de tirar al suelo. Y me duele la cabeza. ¡¿Quién me ha golpeado?! ¡Lo mato! Intento levantarme, pero entonces noto en pequeño peso a la altura de mi media espalda.
-¡Fuajajajajajajaja! ¡He derribado a papá! ¡Fuajajajajajajaja!
Condenado mocoso. No puedo evitar sonreír, pues siempre lo intenta. No sé por qué tiene esa manía de intentar derribarme… pero esto no quedará así. Mi sonrisa se vuelve siniestra.
Giro mi cuerpo con suficiente fuerza como para tirar a mi hijo al suelo. Este suelta un grito de sorpresa antes de caer al suelo. Yo me levanto raudo y le agarro de las piernas, levantándolo.
-No debiste hacer eso… mocoso.
Mi hijo empieza a temblar al ver mi sonrisa. Levanto mi mano libre y entonces…
-¡Jajajajajaja! ¡N-no! ¡P-por f-favor! ¡P-para! ¡Jajajajajaja! ¡C-cosquillas n-no! ¡Jajajajajaja!
Cosquillas. Tengo la sensación de que es la mayor debilidad de mi hijo. El punto clave es en la cintura.
-Tienes que pagar por derribar a tu padre. – me burlo, dejando de hacerle cosquillas.
-Pero tú… siempre me dices… que no baje… mi guardia… - me responde entre jadeos.
Tiene un punto, pero no pienso reconocérselo. Le cojo de un brazo con mi mano libre, soltándole las piernas, dejándolo en el suelo. Ambos avanzamos hasta mi esposa. Cuando estamos a suficiente distancia ella me abraza y me besa. Yo le devuelvo el beso con gran pasión mientras la estrecho entre mis brazos.
-Buaj. – escucho una queja.
Ambos desviamos nuestra vista a nuestro hijo, que hace una mueca de asco mientras tiene un dedo en su boca.
-Qué asco. Iros a casa. – nos dice serio.
-Algún día lo harás tú y te diré lo mismo. – me burlo.
Su entrecejo se frunce mientras niega enérgicamente con la cabeza.
-¡Jamás! ¡Jamás pienso hacer eso!
-Harás eso y más, te lo aseguro.
PLAF
¡Auch! Miro con asombro a mi mujer. ¿Por qué me ha pegado?
-No te pases. – me advierte.
Ah, vale. Ahora entiendo.
-¿Y bien? ¿Qué habéis traído? – me pregunta mientras va junto al resto del grupo a observar lo cazado.
-En total han sido treinta jabalíes. Tendremos carne para muchos días. – inflo mi pecho con orgullo.
-Siempre y cuando no se pudra la carne. Mañana tendremos bastante trabajo. – suspira con una pequeña sonrisa.
Es cierto. Hoy disfrutaremos del banquete, pero mañana nos tocara organizar todo para mantener la carne en buen estado. El truco es la sal. Con ella se mantiene la comida más tiempo. Aunque el mejor método es sin duda el frio. Cuando veníamos a esta gigantesca isla, durante nuestro viaje por el frio norte, nos dimos cuenta de ello. La carne se conservaba mucho mejor y más tiempo. Pero, a falta de frio y nieve, la sal es lo mejor. Si encima de todo guardamos la carne en nuestras vasijas, pues mejor aún.
-¡Bien! – Mi mujer aplaude para llamar la atención de todos - ¡Mañana nos tocara guardar y conservar la carne, pero hoy… a celebrar!
Los vítores estallan en la aldea. ¡Esta va a ser una buena noche!
XXXXX
Ha sido una agradable noche. Algunos se van a quedar despiertos un rato más mientras que otros van a hacer guardia. Yo llevo a mi hijo en brazos, pues ha caído dormido. Y pensar que hace una hora se estaba peleando con Hikari por un jugoso trozo de carne. Mi marido, que camina a mi lado, no ha parado de reírse de ambos pequeños. Bueno, ellos y todos los varones. Sus pequeñas travesuras y peleas han sido la principal comidilla de la cena. Pero también había otros temas, la mayoría relacionada con nuestros hijos y lo que han hecho mientras ellos han estado afuera.
Issei, por ejemplo, le enseño a su padre, y al resto, su jarrón. Su sonrisa es de orgullo… quizás demasiado. Con esa misma sonrisa gira su rostro a Hikari. Ella frunce muchísimo el ceño mientras masculla algo, pero ella también muestra un objeto… una pulsera. Vaya par de artistas que tenemos aquí.
-Bah. Una pulsera muy fea. – dice con burla mi hijo.
Y ahí vamos de nuevo.
-Pues anda que tu jarrón. Con lo tonto que eres es sorprendente que no lo hayas roto.
-¡¿Qué me has llamado?!
-¿Qué pasa? ¿Además de tonto eres sordo?
-¡Tu…!
Antes de que ambos se enzarcen, nuevamente, me adelanto y le agarró del cuello de la camisa, tirándolo a mi lado, colocándolo después entre ambos. La madre de Hikari imita mi gesto.
-Jajajajaja. ¡Como añoraba esto! – se carcajea mi esposo, siendo seguido por los demás varones.
Niego con la cabeza, divertida, mientras entramos en nuestra casa. Deposito a mi hijo en su cama y me tumbo en la mía. Mi marido no tarda en abrazarme y besarme. Se perfectamente lo que quiere. Y para qué negarlo, yo también lo deseo.
-Espera. – Le detengo entre suspiros – Ise.
-Está dormido profundamente. – me dice mientras besa mi cuello.
-¿Cómo lo sabes?
Él sonríe mientras se incorpora un poco, mirando a nuestro hijo. Entonces, con un tono de voz normal, le habla.
-Hijo, Hikari dice que tu jarrón es muy feo y que tú eres tan feo como la mierda de los animales del bosque.
Yo abro los ojos escandalizada. Giro rápidamente mi cuello, esperando encontrarme a mi pequeño corriendo afuera en busca de Hikari. Pero, para mi suerte, está profundamente dormido.
-¿Lo ves? Duerme como un tronco. – vuelve a mirarme con ese brillo en los ojos – Así que hay que aprovechar.
Ambos nos sonreímos mientras hacemos cosas que no deberían presenciar los niños. Suerte que Ise este durmiendo. No seáis malpensados, pero las casas no son lo suficientemente grandes como para tener cuartos privados. Prácticamente todo están en una sola habitación.
XXXXX
Ugh. ¿Por qué siento este peso en mi estomago? ¿Quién demonios está saltando encima mío? Molesto abro los ojos, con intenciones de estrangular a quien no me está dejando dormir. Mi incorporo rápidamente para ver a mi pequeño, que sonríe… demasiado. No me gusta ese brillo en los ojos.
-Ise, ¿qué quieres? Aún es temprano. – le digo aun medio dormido.
Estoy dispuesto a tumbarme y seguir durmiendo, pero parece que no iba a ser posible.
-Me dijiste que cuando volvieras lucharías conmigo. – me dice contento, saltando levemente en mi estómago.
Pufff. Maltada sea. Tan buena memoria para algunas cosas y tan mala para otras.
-Hijo estoy cansado. ¿Qué te parece si lo hacemos mañana? ¿Vale?
Veo de reojo a mi esposa, que me sonríe con lastima mientras se da la vuelta. Ella sabe que va a ser imposible quitarle esa idea de la cabeza.
-No. – Niega con fuerza con la cabeza – Me dijiste que cuando volvieras lucharías conmigo. Así que vamos. Mueve el culo so vago. – masculla mientras intenta incorporarme de la camisa.
Maldito niño. Lo único que tengo ahora ganas es de lanzarlo al rio y seguir durmiendo. Sé que sabe nadar, por lo que no me preocuparía.
-Cariño, será mejor que vayas. – Me dice mi esposa en un murmullo – No te va a dejar en paz.
Suspiro mientras unas lágrimas caen por mi rostro. ¡Me doy por vencido! Miro a mi hijo con ojos de cachorrito, pero no funcionan. El solo sonríe, de pie a mi lado, esperando a que levante mi trasero de mi cómoda cama. Pufff. En momentos como este desearía no tener a este renacuajo.
Mascullando una maldición me levanto y ambos abandonamos nuestra casa. Afuera el sol ya ha aparecido por encima de las montañas. Ciertamente es una hora buena para levantarse, pero yo estoy agotado. Observo a mí alrededor. Apenas hay algunos que están despiertos. La mayoría son mujeres que se encargan de preparar el desayuno.
-¡Vamos, vamos! ¡Mueve tu gordo culo! – exclama mi hijo mientras me empuja por detrás.
Vuelvo a suspirar y nos ponemos en marcha. Cuando estamos por alejarnos un poco de la aldea, noto que Issei suelta un gruñido. Miro sobre mi hombro, encontrándome con la pequeña Hikari, que tiene un trozo de carne y una fruta.
-Buenos días. – saluda sonriente.
Que adorable. Seguro que ella no ha despertado a su padre. Maldito suertudo.
-Buenos días Hikari. – le devuelvo la sonrisa, aunque no es tan grande.
-¿Qué haces tú aquí? – le pregunta Issei con malhumor.
-Hijo, si quieres nos volvemos. – le digo con esperanzas de poder seguir durmiendo.
-¡NO! ¡No oses escaquearte! – me acusa con un dedo.
¿Dónde ha aprendido esa palabra? Ah, sí. Su madre.
-Os he visto alejaros y me ha entrado curiosidad. – responde Hikari a la anterior pregunta de mi hijo con un encogimiento de hombros.
-Ya. Lo que quieres es molestar. – vuelve a mascullar.
-Eso también.
No lo niega. Esto es divertido.
-Maldita…
Estos dos. Nunca van a cambiar. Sonrió divertido mientras observo la "conversación" de ambos justo delante mío. Es un dúo bastante cómico. Finalmente llegamos a nuestro destino. Una pequeña explanada. El lugar donde ambos entrenamos. Bueno, el entrena… yo me burlo. No os enfadéis conmigo. No soy mal padre… solo disfruto de momentos como este.
Ambos cogemos un par de largos palos. Aunque más que palos sería mejor llamarlos lanzas, claro que estas no tiene punta. ¿Sabéis lo que me pasaría si hiero a mi hijo con eso? Creo que no hace falta decirlo.
-Bien hijo. Muéstrame lo que has progresado mientras no he estado aquí.
Cojo mi palo con una mano. No me hace falta usar ambas… por lo menos por ahora. Ya cuando crezca la cosa será distinta.
El palo de Ise es más corto. Perfecto para alguien de su estatura. Ciertamente sus capacidades físicas son superiores, pero sería una tontería darle un palo más largo por eso. Puede molestar más que nada por su longitud. Es de lo más lógico.
CLAN-CLAN
Coge el palo como si fuera una espada, lanzando primero un corte a mi costado izquierdo, el cual bloqueo con gran facilidad, y luego gira sobre su eje para intentar golpearme en el otro costado.
CLAN-CLAN-CLAN
Sin apenas detenerse empieza a lanzar golpes rápidos y precisos. Si algo le he enseñado es que más vale maña que fuerza. Por eso siempre es mejor hacer movimientos rápidos y débiles a puntos sensibles que golpes poderosos.
CLAN-CLAN
Por ejemplo, si se enfrenta a alguien más alto y fuerte que él, obviamente no le conviene un enfrentamiento directo, sino más bien aprovechar su mayor velocidad y agilidad para esquivar los poderosos ataques. Es muy pero que muy extraño encontrarse con un combatiente que sea muy fuerte, rápido y ágil. Claro que existen. Por supuesto. Esos pueden llegar a ser los más peligrosos de enfrentar, pues tienen menos puntos débiles.
CLAN-CLAN
-¡Ay! – se queja de un pequeño golpe en la espalda producido por mí.
-Jajajaja. Que lento que eres. – se burla Hikari.
Ah, me había olvidado de ella. Se encuentra sentada en un tronco caído, a una distancia segura, observando divertida, aprovechando cada momento para burlarse de Ise.
-Ven tú, a ver qué tal se te da.
-Yo no soy tan estúpida como tú. Sé cuál es mi límite.
-Pse. ¡Pues yo superare ese límite!
CLAN
-¡Auch!
-No te distraigas. Venga, sigamos, que no pareces haber mejorado absolutamente en nada. – le provoco.
-¡Claro que he mejorado! ¡Ya verás! ¡Te derrotare! ¡Si no es hoy… entonces será mañana! ¡O al próximo!
-O nunca. – sonríe burlona.
-¡Por supuesto que sí! ¡Algún día le derrotare y seré el más fuerte! - exclama con gran determinación.
Y así lo espero, hijo mío. Así lo espero. En este mundo hay seres muy poderosos. Deberás ser también poderoso para enfrentarte a ellos y defender aquello que quieres.
Seguimos entrenando durante una hora, hasta que escucho los gritos de mi esposa, llamándonos para desayunar. Hmmm, la verdad es que se me había olvidado el hambre. Y ahora que me acuerdo me ha entrado más.
-¡Siiiiiiiiii! ¡Comidaaaaaaaaaa! – exclama mientras suelta su palo y sale disparado.
Hikari se levanta y corre detrás de él pero ni corriendo lo más rápido posible es capaz de alcanzarlo. En nada la ventaja es abrumadora. Sonrió mientras recojo su palo de entrenamiento, dejándolo junto al mío en el tronco caído donde antes se sentaba Hikari.
Dentro de unos años será lo suficientemente fuerte como para plantarme cara. Entonces mi esposa podrá enseñarle algo de magia primitiva.
Yo nunca he sido bueno con la magia. No tengo talento para ello. Lo mío siempre ha sido el combate. Y ella… bueno, apenas conoce un par de trucos. Tampoco era buena con la magia. Pero algo es mejor que nada. Y creo que lo poco que aprenda podrá servirle en el futuro.
Hace un mes que no actualizo na de na. Pero bueno, que queréis que os diga ? En cuanto termine las recuperaciones (y supe que aprobé todo XD) empecé a leerme novelas, mangas y ver series a tutiplén. Entre eso y la insoportable caló que hace aquí (casi 40 grados a la sombra) se quitan las ganas de hacer na.
Y bueno, como habéis podido comprobar, voy a intentar hacer este fic en primera persona. Por cierto, una cosa que os quiero preguntar:
¿Conocéis vosotros alguna saga de libros o alguna serie que ocurra entre el mil a.C. y el siglo XXI?
Os explico, aunque os aviso que tiene algo de spoiler, pues diré algo respecto al futuro del fic. Veamos, en este fic he decidido hacer "adaptaciones" de, por ejemplo, 'Drácula de Bram Stoker' o 'Percy Jackson y los dioses del Olimpo'. Por eso os invito a sugerirme series o libros. Claro que ya aviso de que NO todos podrán ser posibles incluirlos, o sufrirán "modificaciones" para adaptarlo. Serán mini crossovers de algún o algunos capítulos, por si alguien se piensa lo contrario. En este fic creo que puede ayudar a enriquecer la historia, pues Issei va a vivir muchos momentos importantes de la historia.
