Disclaimer: HP es propiedad exclusiva de Rowling.
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Debo decir que estoy sorprendida por sus comentarios. Un millón de gracias por seguirme siempre. Gracias a samfj, a alisa-2012, y a LilyScorpfan por sus comentarios.
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Con ustedes el segundo capítulo de Fantasías.
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Capítulo II
Astoria se despertó sintiendo en su cuerpo una agradable pesadez. Abrió los ojos y miró en derredor. Lo primero que notó es que no estaba en su habitación. El corazón se le detuvo por un segundo. Luego volvió a funcionar. De improviso recordó lo que había pasado esa noche. Encontrarse a Draco Malfoy en el bar, caminar por la playa con él, los besos y las caricias, la habitación, los gemidos. Un calor agradable se instaló en sus piernas. Se sentía bien, pero que muy bien.
Giró su cabeza. Malfoy no se veía por ningún lado. Y a juzgar por el frío del lado contrario de su cama, hace mucho que se había levantado. Frunció el ceño, esperaba que ese idiota no la dejara sola en su habitación. Claro que la culpa sería de ella, por no poder controlar sus hormonas. Vamos, quién la mandaba a meterse en la cama de Draco Malfoy.
Respiró profundamente para calmarse. Se puso una bata de las del hotel y salió a la terraza. Era un hermoso día de verano y el sol calentaba felizmente.
- Buenos días.
La voz de Malfoy la saludó. Astoria giró y lo miró. Sentado cómodamente en un sillón, relajado y apacible. Una serpiente en reposo. Astoria tuvo deseos de reírse por ese pensamiento.
- Buenos días - saludó a su vez.
Ella le señaló la mesa de desayuno.
- Me tomé la libertad de pedirte unas tostadas, espero que no te importe.
Ella negó con la cabeza.
- En absoluto.
Se sirvió las tostadas y una taza humeante de café. Le dio un mordisco a una de las tostadas y cerró los ojos, una exclamación de placer salió de sus labios.
Draco sonrió ante esa reacción.
- ¿Está buena?
- Oh, sí.
Luego frunció el ceño. Casi había sonado como un ronroneo. ¡Ella no ronroneaba! La mirada de Malfoy se oscureció, llena de deseo. Deseo por ella. El calor entre sus piernas se afianzó más. Se llevó la taza de café a los labios, en espera de que el líquido caliente le devolviera la cordura.
- ¿Qué planes tienes para hoy?
Astoria respiró con alivio. Malfoy no iba a presionarla, iba a dejar en paz y no iba a insistir. Eso la alegraba.
- Estar con mis amigas. Tengo que decirles que estoy bien. No vaya a ser que piensen que un escreguto de cola explosiva me raptó.
Él frunció el ceño.
- No me hables de esos bichos.
Astoria rió.
- Oh, lo siento, olvidaba que detestabas a los escregutos.
- ¿Quién en su sano juicio los amaría? - gruñó Draco.
- ¿Hagrid? - preguntó ella retóricamente.
- Sí, Hagrid es el único. Los demás tenemos sentido común, gracias.
- Pobre Draco - ironizó Astoria - asustado por una banda de escregutos.
- ¡No estoy asustado! No me gustan esos bichos, eso es todo.
Decidiendo que no debía echarle más sal a la herida, capituló:
- Tranquiló, a mí tampoco me gustaban.
- Bien.
- ¿Tú qué planes tienes para hoy?
Draco se encogió de hombros.
- Probablemente almuerce con Harry. Quién sabe.
Astoria le dio un mordisco a una de sus tostadas.
- ¿Almuerzan siempre juntos?
- Sólo cuando es necesario.
- ¿Y ahora lo es?
- No lo sé - admitió el rubio -. Depende de él, supongo.
- Ya.
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- ¿Entonces es tan buen amante como decían las lenguas en Hogwarts? - preguntó Areusa Murry.
- Mejor, chicas, mejor.
Ellas chillaron de entusiasmo. Astoria sólo sonrió. Le divertía su reacción.
- Qué envidia, Tori - gruñó Ava Kensington.
- ¿Por qué, Ava?
- ¡Por qué a mí también me gustaría una aventura así! ¡Por eso!
Astoria y Areusa se rieron.
Oh, Ava siempre era así. Un poco loca, un poco descarada, pero leal siempre. Areusa era un poco más tranquila, más comedida, más serena. Ava y Areusa eran muy opuestas, como la noche y el día. Ava era el día: brillante, sonriente, siempre energética; mientras que Areusa era la noche: callada, circunspecta, siempre vigilante. Ava era rubia, bajita, ojos azules brillantes que era su mayor atractivo. Areusa en cambio tenía el cabello negro, ojos grises, y una altura de un metro noventa que era su mejor atractivo. Junto a ellas, Astoria era prácticamente un equilibrio. Un puente entre ambas.
- De todas formas, no pudieras hacer nada, Ava. No te gusta Draco - le recordó Areusa.
- Sí, lo sé, pero si me gustara…
- Ya, claro.
Ava negó con la cabeza.
- Hablando de otra cosa. Tu mamá llamó al hotel.
- ¿Al que…? ¿Al hotel? ¿Es en serio?
Ava y Areusa asintieron.
- Así es.
- ¿Y qué le dijeron?
- Que estabas dormida. Que el viaje te cansó más que a nosotras. Y que cuando estuvieras mejor la llamarías.
Astoria dejó caer su cabeza sus manos. Se masajeó las sienes. Su madre… Su madre… Elena Greengrass había llamado al hotel. ¡Al hotel Fantasías! Ahora creerían que era una boba, que todavía se escondía bajo las faldas de su madre. ¡Y sólo había querido escaparse de ella!
- Ya, Tori, tranquila.
- ¿Tranquila? ¿Tranquila? - repitió -. No puedo estar tranquila. No puedo… Yo…
- Con ponerte dramática no solucionarás nada - negó Areusa -. Debes calmarte y pensar como adulta, ¿está claro?
- Clarísimo. Pero aún queda un problema, Are. Mi madre.
- Um… Bueno, ya se nos ocurrirá algo para mantenerla alejada - dijo Ava preocupada -. Se nos debe ocurrir algo.
- Estas son mis semanas de vacaciones - gimió Astoria -. Ella prometió que me dejaría en paz. Que tomaría mis propias decisiones. Que cuando regresara, elegiría un marido. No antes. ¿Por qué me hace esto? - volvió a gemir.
Areusa intentó consolarla:
- No lo sé, cariño. No lo sé.
- Se nos ocurrirá algo, Tori - afirmó Ava -. Te lo prometo.
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El comedor del hotel estaba a reventar. Draco vio todas las mesas y por fin encontró a Harry Potter.
- Hola, Harry.
- Hola, Draco. Siéntate.
Draco se sentó en la cómoda silla. Miró a su alrededor.
- Fantasías tiene cada vez más clientela, ¿no?
- Así parece - dijo Harry, sin negar lo entusiasmado que estaba por ese hecho.
- Me alegro por ti, Harry.
- Yo también.
Draco negó con la cabeza.
- Estoy sorprendido. Con tanta gente, ¿cómo me encontraste?
- Tu desordenada cabellera es irreconocible, ¿lo recuerdas? - ironizó.
Harry rió.
- Tú siempre tan gracioso, Malfoy.
- Es una de mis habilidades.
- ¿Tus habilidades incluyen acaramelarte a mis clientes en menos de una hora?
Draco se quedó con la copa de auga que se llevaba los labios a medio camino.
- ¿A qué te refieres?
- A la forma en que sedujiste a esa chica anoche.
- Astoria Greengrass, sí.
- ¿Greengrass? ¿La hermana de tu amiga Daphne?
- Así es.
- Vaya. Los años le han sentado bien, ¿no?
Por alguna razón, aquel comentario le molestó.
- Sí, le has sentado bien - gruñó.
Harry intuyó su malestar, se rió y sonrió ampliamente.
- Tranquilo, amigo, es toda tuya.
- Más te vale.
- Woa. ¿Tanto te pegó?
Draco se encogió de hombros.
- ¿Pedimos la comida? Estoy muerto de hambre.
- Claro.
Harry le hizo señas a un camarero para que se acercara. Pidieron los almuerzos y el camarero se fue con su orden.
- ¿Para qué me citaste, Harry? No creo que sea para discutir mis habilidades con las chicas.
Harry tomó un sorbo del vino de elfo que les trajeron.
- Tienes razón, no fue para eso.
- Bien, entonces ve al grano.
- Hermione viene a Fantasías.
Draco abrió los ojos con sorpresa. Acto seguido frunció el ceño. Su mirada se oscureció hasta lo imposible. Sus cejas se alzaron hasta formar una apretada línea.
- Bueno, cuando dije que fueras al grano, no creí que fuera por eso.
- Ya lo sé. Creíste que era algo sin importancia.
- La llegada de Hermione es algo sin importancia.
- Si tú lo dices…
- Yo lo digo. ¿Cuándo viene?
- Tres días.
- Bien.
- Draco, si quieres cancelo su reservación, no será un…
- Tú sabes que si lo será, Harry. Perjudicarías a tu hotel. No, no hagas nada. Déjala venir. Yo no le tengo miedo.
Un silencio tenso se instaló entre los dos amigos. Harry se preguntó en lo que Draco estaba pensando, pero no encontró respuesta alguna. La llegada del camarero hizo que pensaran en la comida. Pero Draco no pudo olvidarse de Hermione y de lo que implicaba su llegada.
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De vuelta a su suite, Draco se dejó caer en su cama. Luego, en un arrebato, buscó sus maletas y sacó la única fotografía que todavía conservaba de su ex esposa. En la foto, se veían felices, enamorados. Era su aniversario número cinco. Tenían cinco años juntos, tres de matrimonio. Draco la había llevado al Zapato de Cristal, lugar de élite donde las familias puras acudían para mirar y ser mirados, comentar y ser comentados. Ellos estaban por arriba de todo eso. Se miraban y se sonreían, se hablaban al oído. Eran felices en la burbuja de felicidad que habían construido.
Pero tarde o temprano, las burbujas estallan. Y la de ellos estalló cuando fue demasiado tarde.
Hermione Granger había sido la novia de Draco a sus dieciséis, a sus diecisiete años. En ese tiempo, ambos eran jóvenes e inmaduros. Y estaban enamorados de la idea de los opuestos. Ella Gryffindor, él Slytherin, si hasta parecía el Romeo y Julieta modernos… El Draco adulto aguantó las ganas de reírse. No eran Romeo y Julieta. Julieta jamás habría engañado a su amado. Y Romeo jamás hubiera querido asesinar a Julieta. Ellos no habían querido escuchar a razones. Draco y Hermione tampoco.
Todos les decían que no durarían. Que su relación era un error. Que el amor no podía curar años y años de tradiciones. Pero ellos no escucharon. Y luego pagaron el precio.
Ahora Hermione volvía. ¿Para qué? ¿Para qué iba a Fantasías cuando sabía que él estaba allí? ¿Qué retorcida razón tenía? Draco se levantó y empezó a pasear por la habitación. No iba a encontrarse con su ex. No iba a hacerle las cosas fáciles. Ella lo había herido profundamente, no iba a darle la oportunidad para volverlo a herir, no señor.
Esta vez tendría un plan.
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A muchos kilómetros de allí, Hermione Malfoy empacaba su ropa. Ropa de verano, ropa para la playa, unas gafas de sol, bronceadores, y una poción para dormir. Casarse con Draco Malfoy fue el peor error que había cometido. No sólo porque ahora llevaba su apellido, sino porque se había hecho adicta a las cosas caras. Ella antes no era así. Era sencilla, humilde. Una hija de muggles que buscaba en Hogwarts amigos y comprensión. Los encontró. Se había hecho amiga de Harry Potter y de Neville Longbottom. Pero no había contado con enamorarse. ¡Y mucho menos de Malfoy! Era estúpido y ridículo. Ilógico.
Ni él ni ella habían escuchado a sus amigos. ¿Cuántas veces le dijo Ron que Malfoy no era para ella? Pero Hermione era tonta y era una romántica empedernida. Ahora sufría las consecuencias de sus impulsos. La Hermione adulta suspiró profundamente.
Alzó la vista y miró la fotografía de Draco, la única que todavía conservaba. Fue su último aniversario. El quinto para ser exactos. Draco la había enredado con sus exquisitos gustos, con sus lujos. La cena era por todo lo alto: caviar y champán de duende de la mejor calidad. Esa noche le había entregado una cadena de diamantes, con la que rodeó su cuello.
- Hermosa - había susurrado sólo para ella.
Y Hermione había sonreído, feliz y enamorada. Sin entender que esa era otra baratija. Baratijas para comprar su amor, para seguirla teniendo como esclava.
La Hermione del presente cerró los ojos e intentó contener las lágrimas. Ella le había regalado algo que no tenía precio. Algo que era de ellos, de ambos. Y él sólo había fingido felicidad. Ahora ella lo tenía claro. Draco fingía, sólo fingía. No estaba emocionado, ni entusiasmado. Lo que ella le regalaba era un trámite para él. Y pasado un tiempo, Draco no pudo soportarlo. No pudo soportar seguirla mintiendo. Se había hartado de ella.
De un manotazo, la Hermione adulta limpió sus traicioneras lágrimas. Ella también se había hartado de él y lo había mandado a volar. No podía estar con un hombre que la engañaba. Para el que nunca sería nada importante. No podía…
En el presente, cerró la maleta con furia. Miró el reloj de la pared. Faltaba una hora para tomar su traslador. Para ir a Fantasías y encarar a Draco.
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Draco y Astoria estaban bailando en la pista. Sonreían. Bailar se les hacía fácil. Bailando no habían preocupaciones. No había una madre que la presionara para casare. No había una esposa que fuera a su encuentro para Merlín sabe qué. No, en el baile eran ellos dos solos.
Cuando la canción se hizo más movida, volvieron a la barra.
- Draco, ellas son mis amigas: Ava Kensington y Areusa Murry.
- Un placer conocerlas, chicas.
Ellas sonrieron.
- Lo mismo decimos nosotras.
- ¡Oh, mira a ese chico moreno! - exclamó Ava.
- ¿Dónde? - le preguntó Areusa -. Woa. Con su permiso, tortolos.
Astoria negó la cabeza con diversión.
- ¿Siempre son así?
- A veces son peores. Te lo garantizo.
- Ya. ¿Brindamos? - ofreció el rubio.
- Por supuesto. ¿Por qué brindamos?
- ¿Qué te parece "Por la compañía"?
- Me parece bien. Por la compañía.
Se sonrieron mientras bebían sus tragos: en el caso de Draco whisky, y en el caso de Astoria, margarita.
- ¿Te gustan las bebidas muggles? - preguntó Draco mientras señalaba la margarita.
- Algunas están bien.
- ¿Cómo por ejemplo…?
- La margarita es una. También los cócteles. Las mimosas me encantan. Y la piña colada es mi perdición.
Draco la miró divertido.
- ¿Cómo sabes tanto de las bebidas muggles?
- Cuando era niña, mis padres creyeron que era una squib.
- ¿Por qué?
- Porque no hacía magia como Daphne, por eso. Se entristecieron, pero lo aceptaron. Fui a una escuela muggle. Jamás había estado tan cerca de niños de mi edad. Fue una experiencia atemorizante pero buena a la vez. Aprendí mucho. Casi a los once hice mi primera muestra de magia. Mamá y papá estaban muy felices. Me sacaron de la escuela muggle. Fui a Beauxbuttons ese septiembre.
- ¿Por qué no Hogwarts?
Astoria pareció pensativa.
- No lo sé. Nunca me lo dijeron. Supongo que no querían que me apoyara en Daphne. No lo sé… - Se encogió de hombros -. De todas formas no duré mucho allí. Al siguiente año fui a Hogwarts. No me preguntes por qué, no sé por qué cambiaron de parecer. Fue allí donde conocí a Ava y Areusa y nos hicimos las amigas que somos ahora.
- Me alegro.
- Sí, yo también. Mi vida no hubiera sido lo mismo sin ellas.
Draco asintió.
- ¿Quieres volver a la habitación?
- Empezaba a preguntarme por qué tardabas tanto en decirme eso.
Draco sonrió.
Notas de la autora:
Bueno, supongo que debo aclarar unos puntos que se me olvidaron en el capítulo pasado:
- Aclarar que es una especie de Universo Alterno. Hay magia, hay hechizos. Voldemort no es ni fue ninguna amenaza. Casi todos los que murieron en la saga de Harry Potter están vivos. Básicamente, es mi versión feliz de la historia de Rowling, y donde el drama real tiene que ver más con sus sentimientos.
- No es un Dramione. Aunque está una relación Draco-Hermione de fondo. Ellos están divorciados y no van a volver a estar juntos. Sin embargo, hay cosas que se quedaron pendientes, ya las verán.
- Por último, ¿quién quiere conjeturar para qué rayos va Hermione a Fantasías? Díganmelo en un bonito review.
