Capítulo 1

—Estás maravillosa —dijo Sally, la estilista, mientras colocaba la indomable melena de rizos color oro de Ino sobre los esbeltos hombros—. Esta noche vas a ser una estrella.

Ino dudaba seriamente de aquella afirmación y consideraba que tan sólo una mujer segura de su rostro y de su cuerpo querría formar parte de un desfile de moda. Ella sólo estaba allí por accidente. Había ido a sustituir a una modelo amateur que se había dislocado la rodilla en una caída durante el ensayo. A Ino jamás le habían gustado ni su rostro ni su cuerpo. De niña, el espejo había sido su enemigo y había destruido todos sus sueños de poder ser una princesa de cuento de hadas.

Uno de sus más tempranos recuerdos había sido escuchar cómo su padre se quejaba de que era un patito feo. Sin embargo, por desgracia para ella, jamás se había convertido en cisne. Su cabello había seguido siendo rubio, sus pecas habían aumentado y sus largas piernas habían hecho que fuera mucho más alta que el resto de las mujeres, con su casi metro ochenta de estatura. En su opinión, sus pechos y sus caderas, demasiado grandes para estar a la moda, acrecentaban su extraño aspecto. Sólo en una ocasión se había sentido bendecida por la atención de un hombre. Eso había ocurrido el milagroso día que sai King le había pedido una cita. Durante los meses que habían pasado hasta el día de su boda, el mundo le había parecido un lugar verdaderamente feliz. Sin embargo, incluso sai le había sugerido en una ocasión que podría estar mejor teñida de peliroja.

—Alice es increíble —comentó Sally, cuando una mujer pasó rápidamente a su lado en una silla de ruedas—. La admiro profundamente. Haber perdido tanto y seguir teniendo tantas ganas de ayudar a los demás…

—Así es Alice —afirmó ino. Admiraba profundamente a la esposa de su hermano. Alice había perdido la movilidad de sus piernas hacía seis años, pero se ocupaba de su esposo y dos hijos, además de tener un trabajo a tiempo completo. Y todavía tenía tiempo para las actividades benéficas de Futures, la asociación de parapléjicos que la había ayudado a ella. El desfile de moda que Ino había ayudado a organizar se realizaba en beneficio de Futures.

—Alguien me dijo que resultó herida en un accidente de coche el día de la boda de su hermano…

—Así es —confirmó Ino—. Un conductor borracho.

—Creo que leí la noticia en los periódicos.

—El suceso tuvo mucha repercusión en la prensa…

—Me encanta el maquillaje, Sally —comentó Alice, acercándose de repente a ellas—. Has hecho que Ino se sienta muy orgullosa.

—Eso no ha sido difícil. Tiene una magnífica estructura ósea y unos preciosos ojos.

—Estás preciosa —le dijo Alice a su cuñada afectuosamente.

Ino se miró en el espejo. Le pareció que tenía un aspecto algo exagerado, con sus ojos color violeta muy maquillados. Sin embargo, suponía que todo aquello formaba parte de la ilusión del glamour.

—¿Ha llegado Jasper? —preguntó.

—No. Seguía en su despacho cuando lo llamé —respondió Alice, algo triste.

Ino sintió la desilusión de su cuñada y se preguntó a qué estaba jugando su hermano. Nadie había trabajado más que Alice para montar todo aquel espectáculo y se merecía que su esposo celebrara con ella sus esfuerzos. Sin embargo, Support Systems, el negocio de la familia se había mudado recientemente a un local de Knightsbridge y había contratado a más personal. Como resultado, se trabajaba más tiempo y se trataba con más clientes. Ino adoraba su trabajo por su variedad. Los clientes los contrataban para que se ocuparan de todo lo que ellos no podían. El abanico de servicios era muy amplio: pasear al perro, recoger prendas de la tintorería, reservar vacaciones, comprar regalos, ocuparse de las reparaciones y de las labores domésticas…

Todo aquello distaba mucho de lo que su padre, muy machista, hubiera querido para ella. Su progenitor se había negado a que fuera a la universidad o se preparara para una profesión. Era consciente de que, a ojos de su padre, había sido mediocre comparada con su hermano. De hecho, sólo la había mirado con aprobación y orgullo el día en el que se casó con Royce, como si el matrimonio con un hombre de éxito fuera su máximo logro.

—Te pareces a la Reina de Blanca nieves —le susurró su sobrina, observando el rostro de Ino con fascinación.

—¿La mala que se creía muy guapa y rompió el espejo mágico con el que siempre estaba hablando?

—Tal vez fuera mala, pero era muy hermosa —replicó la niña.

—Ten cuidado —le advirtió Sally al ver que Ino se inclinaba para besar a su sobrina de seis años con profundo afecto. Su gemelo Benjamin estaba sentado al otro lado de la sala, leyendo un libro.

Ino quería mucho a los hijos de su hermano, dado que se había ido a vivir con la familia después del accidente de Alice para ayudar a ésta con su programa de fisioterapia.

Cuando Sally le quitó la capa que protegía la ropa que llevaba puesta, los nervios se apoderaron de ella. Se acercó a mirar a los espectadores desde detrás de las cortinas.

—No sé por qué he accedido a hacer esto —se quejó.

—Porque es por una buena causa —comentó Alice alegremente—. Además, esta noche estamos de suerte. Adivina quién está ahí fuera. Itachi Uchiha .

—¿Quién?

—¡Por el amor de Dios, Ino! ¡Tienes que saber quién es! Se trata de un multimillonario ruso.

—¿El que tiene una vida sexual tan vigorosa que proporciona siempre titulares a la prensa sensacionalista? —preguntó. Alice asintió de mala gana—. Pues vaya…

—A pesar de su reputación en ese sentido, sus donaciones serán muy bienvenidas. No seas así, ino —le reprendió Alice—. Los hombres ricos y solteros siempre tienen muchas novias.

—Pero él siempre escoge a las que están dispuestas a hacernos a todos partícipes de sus secretos de alcoba a cambio de una buena suma. Eso te dice todo lo que hay que saber sobre él.

—¿Que el pobre hombre es el blanco de las busconas más avariciosas de la ciudad?

—¿Estás hablando de Itachi Uchiha ? —preguntó Sally—. Lleva hablando por teléfono desde que ha llegado. Es guapísimo. Si yo tuviera oportunidad de acostarme con él, no lo dudaría.

Alice se echó a reír.

—¿Hablas en serio?

—Yo estaría orgullosa de que todo el mundo supiera que se ha fijado en mí —insistió Sally—. Y, según lo que he leído sobre su generosidad, me merecería la pena formar parte de su harén.

—Los hombres como ése se limitan a utilizar a las mujeres —replicó Ino.

—¿Y tú qué sabes? —replicó Alice—. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita?

—Ya sabes cuándo… —le recordó ella.

—¿Fue con el tipo ese que se pasó toda la noche hablando de su ex y confesándote que aún la amaba? —protestó Alice.

—Tenía lágrimas en los ojos cuando me lo contó —contestó mientras observaba a los asistentes al espectáculo—. ¿Y dónde está sentado ese multimillonario?

—Es imposible que no lo veas. Está justo al final de la pasarela rodeado por tres bellezas que se ocupan de todas sus necesidades y de dos enormes guardaespaldas —dijo Sally.

—Los paparazzi lo están esperando fuera. El hecho de tener a Itachi Uchiha en nuestro desfile ha sido un golpe de suerte —declaró Alice, muy satisfecha.

—Al menos, resulta útil para algo que no sea vender prensa sensacionalista —dijo Ino.

En aquel momento, el presentador del desfile comenzó a avanzar por la pasarela para realizar el discurso de inauguración. Ino trató de ver el final de la pasarela, pero no le sirvió de nada. A los pocos instantes, la primera modelo comenzó a desfilar en medio de los aplausos. Aterrada ante su inminente debut, ino se dispuso a esperar su turno.

Muchas modelos habían ocupado la cama de Itachi Uchiha , pero eso no significaba que a él le interesara la moda. Mientras esperaba que empezara el desfile, realizó una serie de llamadas de negocios para aliviar el aburrimiento. Sin embargo, la rubia que apareció una media hora después de que comenzara el espectáculo resultaba tan hermosa que Itachi se olvidó de que estaba hablando por teléfono. No sabía lo que tenía aquella mujer, pero una mirada le bastó para desearla con una intensidad que no había experimentado desde hacía años. Aquellos hipnóticos ojos reflejaban intensamente la luz de la amatista que llevaba colgada al cuello. La estructura ósea de su rostro era perfecta, inolvidable. Era toda una mujer, desde los rizos rubios de su cabeza hasta los voluptuosos pechos y las rotundas caderas. Un vestido de noche azul oscuro le ceñía las generosas curvas y le daba el atractivo de una estrella de cine de los años treinta.

—Quiero conocerla después del desfile —le dijo a Sveta sin dudarlo—. Averigua quién es.

Por su parte, a Ino le pareció que él era el hombre más guapo que había visto nunca. Tenía unos ojos maravillosos y una sugerente y amplia boca. El corazón le comenzó a palpitar con fuerza en el pecho, algo que le sorprendió, porque siempre se había considerado una mujer más cerebral que física. No sabía qué era lo que le atraía de él más allá de lo evidente.

Sveta murmuró:

—Está casada. Lleva puesta una alianza.

Itachi jamás se acostaba con las esposas de otros hombres. Era una de las pocas cosas que respetaba.

—Compruébalo.

Se negaba a creer que ella estuviera fuera de su alcance. Siempre podía conseguir lo que deseaba y sus sentidos ya estaban gozando con sólo pensar en aquella rubia en su cama, acariciándolo aquellos magníficos pechos y sus interminables piernas. Por el modo en el que ella lo había mirado, se había dado cuenta de que el interés era mutuo. Si estaba casada, debía de ser una esposa infiel.

Mientras ino se quitaba el vestido de noche y las joyas con la ayuda de una asistente para poder enfundarse el siguiente, sintió una extraña sensación. ¿Qué había ocurrido ahí fuera? Los hombres no solían producir aquel efecto en ella. Su naturaleza era fría en vez de el único hombre que ella había deseado y se había enamorado de él en la adolescencia. Jamás había habido otro para ella aunque, ante la insistencia de Alice, había empezado a salir con hombres. Sin embargo, a su juicio, ninguno de ellos tenía la inteligencia y el encanto natural de sai

Mientras le retocaban el maquillaje, Alice se acercó ella.

—¡Itachi Uchiha ha pedido tu número de teléfono! —anunció.

—Pues no pienso dárselo —replicó Ino mientras se ponía una camisa y unos pantalones anchos, y un impermeable color tabaco.

—¿Podrías al menos hablar con él? —insistió Alice—. No nos podemos permitir ofender a ese hombre. Piensa en los fondos de Futures, ino.

—Bueno, está bien. ¿Ha llegado jasper?

—Todavía no…

—En estos momentos, está obsesionado con el trabajo.

—Mientras eso sea lo único que le hace llegar tarde tantas noches….

—¡Por el amor de Dios, Alice! Jasper te adora.

—Últimamente, no me lo ha demostrado mucho, pero no, no creo que haya otra mujer. No creo que tenga tiempo para dos.

Sally volvió a formar parte de la conversación.

—¡Un multimillonario te ha pedido una cita y ni siquiera te has echado a temblar! —comentó, con una cierta censura marcada en la voz—. ¿No estás emocionada?

—¿Y por qué iba a estarlo? Es muy guapo, pero, ¿qué tendríamos en común?

—Quiero que salgas con él para que puedas decirme cómo es —insistió la estilista—¿Vas a hablar con él cuando termine el desfile?

—Parece que no tengo elección.

—Deberías tomar algo prestado para la cena. Después de todos los elegantes vestidos con los que te has paseado delante de él, no está bien aparecer ante él con camiseta y vaqueros.

—Creo mi propia ropa servirá de sobra.

Su cuñada le agarró la estrecha cintura antes de que ella pudiera marcharse.

—Ni se te ocurra ahuyentar a Uchiha . No puedes guardarle luto a mi hermano toda la vida.

¿Y por qué no?saihabía muerto y eso sería para siempre. Ino jamás dejaría de echar de menos a su esposo ni podría olvidarlo nunca. Creía que le resultaría imposible olvidar al amor de su vida y no se avergonzaba de ello. Un amor así era muy valioso, mucho más de lo que le habían ofrecido desde que su esposo murió. No era estúpida. Sabía muy bien en lo que pensaban los hombres cuando veían sus pechos y sus largas piernas. Irónicamente, eso había sido lo último que le había preocupado a Royce.

Itachi no se sorprendió al ver que Ino Yamanaka lo estaba esperando en el bufé que se celebró después del desfile. Sin embargo, sí que le sorprendió el rostro sin maquillar de la joven y su desenfadado atuendo. Normalmente, las mujeres se tomaban muchas molestias con él.

Alice y el director de Futures saludaron al magnate ruso y comenzaron a hablar con él. Ino se limitó a tomarse su copa de vino mientras estudiaba el rostro de él. De repente, se dio cuenta de que él también estaba pendiente de ella. En menos de un segundo, tuvo la sensación de que el sujetador le estaba pequeño y, cuando respiraba, los senos vibraban en el interior de las copas de encaje. Minutos más tarde, la llamaron y la presentaron:

—Ino Yamanaka … Itachi Uchiha …