Capítulo 1

Cambios.

Era un bello día en Balbadd, el aire estaba tibio y los rayos del sol alumbraba a primeras horas de la mañana las chozas que componían este prospero país. Las calles habían vuelto a su antigua gloria y todos eran tratados correctamente. Ya no había injusticia o pobreza, por supuesto era de esperarse ya que con un rey tan valiente y de buen corazón; y un poderoso y sabio mago de la creación llevaran a una prospera vida a sus habitantes.

Ya hacía una semana que el palacio real había sido totalmente restaurado y todo se ponía en marcha satisfactoriamente. Alibaba Saluja, nuevo rey de Balbadd, se propuso a poner de nuevo en marcha el plan de convertir este prospero país en una república, después de un año de tantas batallas.

El contenedor rey de fuego estuvo recuperándose unos meses en las instalaciones del Imperio Kou luego de su vuelta de la "otra dimensión". Luego de esto, en las primeras semanas posteriores a la guerra. Se llegó a un acuerdo donde a él se le cedería el control total de su país, aunque estaban obligados a mantener relaciones amistosas con este imperio al cual actualmente gobierna Ren Kouen. Lo cual a Alibaba le pareció más conveniente que su antiguo trato para el gobierno de Balbadd, ya que este puede permanecer al lado de las personas que más aprecia. Entre estas, Morgiana y Aladdín.

― ¡Morgiana! ―dijo mientras se acercaba con velocidad el joven rey saludándola con la mano.

―Alibaba… ¿ya has terminado todo es papeleo por hoy? ―preguntó mientras él recobraba el aliento.

―Por lo menos sí, también veo también terminaste de entrenar ―afirmó al ver que ella había tomado un descanso.

Ellos dos se sonrieron el uno al otro y se tomaron de las manos. Aquella conducta era la típica de una pareja, siempre que pudiesen lo hacían, aunque mientras estuvieran solos o con personas de confianza. Mientras estos caminaban por el extenso jardín lleno de una gran variedad de flores y plantas con frutos llamativos.

―Últimamente hay mucho trabajo, ¿verdad? ―preguntó la fanalis al joven.

El asintió de forma inmediata.

―Tienes razón, ahora aún más ya que vamos a poner en marcha el proyecto de república para Balbadd ―afirmó Alibaba―, le platiqué ello a Aladdín, pero no parecía muy seguro… ―agregó con un aire de intriga.

― ¿Por qué crees que será? ―interrogó al espadachín― Aladdín no es alguien que diga ese tipo de cosas sin una razón, tal vez algo le preocupe.

El joven asintió y ambos quedaron pensativos, llegaron a pensar que algo raro estaba pasando… pero no sabían qué suponer.

― ¿Tal vez… sea por la organización? ―se preguntó Mor.

Alibaba se le quedó viendo.

― ¿Por qué crees que sea eso? ―le preguntó.

―Porque no ha habido rastros de ellos y aparentemente ellos siguen operando, solo que en las sombras… ―respondió la joven.

Ya sin más que decir, decidieron cambiar de tema… comenzaron a platicar de cosas sin importancia y de lo cómico que fue el momento en el cual comenzaron a salir. Esto ocurrió en el momento en el que Morgiana se le declaró, solo que, mientras Alibaba estuvo ausente. Que fue apenas comenzó todo para ellos, no pudieron verse. Aunque luego de esto comenzaron a llevarse mejor de lo normal. A simple vista, no se puede notar que son el uno para el otro, pero, personas cercanas a ellos lo notan hasta con los ojos cerrados. Sobre todo, por el joven rey.

Recorrieron hasta el final del jardín donde había una gran salida con columnas de mármol blanco. En eso vieron pasar a su gran amigo, Aladdín, quien llevaba puestos unos lentes redondos muy grandes que le había obsequiado una de sus profesoras de la Academia. Este además estaba cargado de pergaminos que llevaba directamente a la sala de investigaciones.

― ¡Aladdín! ―lo llamaron a dúo.

El joven de ojos zafiro movió la cabeza en dirección a la que se hallaban sus amigos y los miró alegremente, aproximándose a ellos.

― ¡Hola Alibaba-kun, Mor-san! ―los saludó alegremente, mientras trataba de llevar todos los documentos de magia al mismo tiempo.

Ellos instintivamente tomaron algunos pergaminos y papeles para ayudar a su amigo. Luego de esto caminaron los tres juntos directamente a l salón de investigaciones. Al cual llegaron rápidamente, era un salón inmenso llenos de libros históricos. Aunque algunos pocos de magia, ya que en este país no era tan común. Pero no es nada comparado con la Torre Negra Libra en Sindria.

El trío se adentró en la sala y las pocas personas que se encontraba saludaban respetuosamente a sus superiores con una inclinación de cabeza. Luego, se instalaron en una gran mesa redonda de madera. Se sentaron y el joven magi dirigió su mirada al ventanal que se encontraba al lado de ellos. A la fanalis y al joven rey se intrigaron al ver su expresión, como si mostrase nostalgia. Pero se limitaron a guardar silencio y a observar.

―Saben ―dijo Aladdín dirigiéndoles la mirada nuevamente con una sonrisa en su rostro― pienso volver a Magnostadt―. Aquello les asombró y a la vez los preocupó.

-Aladdín -vaciló Morgiana.

― ¿Acaso algo va mal? ―preguntó Alibaba.

El magi los observó con duda.

― ¿Por qué piensan eso? ―interrogó con preocupación.

Ellos hicieron un breve silencio.

―Es que la primera vez que nos dijiste eso, algo te tenía muy preocupado. Y nosotros no pudimos hacer nada al respecto ―respondió Morgiana apenada ―si algo pasa, por favor confía en nosotros ―agregó tomando las pequeñas manos del magi junto con Alibaba.

La tensión aumentaba en la sala y las personas se percataban de ello, el mismo Aladdín, quiso alivianar el ambiente con una pequeña sonrisa. Pero no tuvo el mínimo efecto en ellos, este miró nuevamente a su izquierda, hacia el atardecer que emergía de forma paulatina.

―Es que, pienso que allí podré avanzar más y más. Tal como lo hice hace un año―se levantó, soltando las manos de sus amigos ―; además la organización no ha desaparecido, a pesar de que han pasado varios años en paz. Aún puedo sentir su presencia, planean algo y pienso detenerlos ―afirmó con un gesto serio.

Sus amigos lo observaban boquiabiertos, no tenían argumentos para responder a lo que él les planteaba. Al ver la reacción de sus amigos el joven continuó:

―Sphintus planea volver a la Academia y accedí en acompañarle, ambos tenemos mucho que aprender y en Magnostadt tendremos esa oportunidad ―agregó con una ligera sonrisa.

Alibaba y Morgiana solo se limitaban a observar, tenían miedo, miedo de perderle si se alejaba. Porque sabían que el joven magi haría cualquier cosa para protegerles de cualquier cosa que Al-Thamen planease; tal y como fue en el pasado.

―No se preocupen, allí las cosas son diferentes, ya no se discriminan a las personas normales de los magos y allí la gente no quiere repetir la misma tragedia dos veces. Además, si sucediese algo, no me dejaré derrotar tan fácil ―dijo tomando su báculo y apretándolo con sus pequeñas manos― volveré, eso es seguro.

― ¡Es que hay de qué preocuparnos! ―exclamó la joven del continente oscuro.

El de ojos zafiro la observó fijamente, exigiendo una explicación a ello.

―Cierto ―corroboró el joven rey ―, últimamente estás muy distraído ―afirmó.

―No es nada, es que mis investigaciones me tienes muy ocupado. Tengo que finalizarlas pronto, no creo que esta paz… ―miró hacia el ventanal ―dure demasiado―. Hizo una pausa, cerrando sus ojos― algo están tramando, por eso pienso volver…

Ellos no tuvieron otra más que asentir sonriendo, aunque mostraban una apariencia tranquila y confiada... por dentro, estaban un tanto inquietos. Aunque consideraron algo; ellos has pasado por altos y bajos, no hay nada que no puedan superar, eso era seguro.

―Está bien Aladdín ―asintió la fanalis al oír la respuesta del espadachín que se hallaba a su lado.

―Solo asegúrate de volver sano y salvo ―exclamó él con mucho entusiasmado.

Alibaba colocó su puño y luego Morgiana…

― ¡Sí! ¡Eso es seguro! ―afirmó aliviado colocando su puño también confirmando su pacto.

―Me volveré más fuerte, para poder cumplir mí objetivo ¡proteger a quienes más quiero! ―pensó fugazmente imaginándose las aventuras que le depararían― ¡no dejaré que nadie más sufra!