Los Popo. La familia de mi novia
Yunmari: Prometí en algún momento que iba a escribir un fic con Alde de protagonista y mantengo mi palabra. El torito merece un poco de pantalla y reconocimiento.
Anni: Ya pasé la amenaza a Hermes. La archivó con todas las otras que ha recibido hasta el momento.
Entrego esta parte tarde porque Hermes cambió mi agenda (todavía no sé porque sigo dejando que él maneje mis cosas) y puso "darle vacaciones a Hermes" en cada uno de los días. Por suerte ya lo descubrí. Ahora Phobos maneja mi agenda.
Disclamer: Saint Seiya es propiedad de Kurumada. La familia Popoulos es mía.
Las mujeres de la familia
Anteriormente en "Los Popo, la familia de mi novia"…
―Alde ―llamó la joven al caballero que se había quedado mirando a la nada.
―No creo que pueda hacerlo, Phoebs.
―Tonterías, claro que puedes. Solo haz lo que yo. Respira hondo e ignora lo que digan.
―Si tu lo dices…
Antes de que Aldebarán pudiera llamar a la puerta, el rectángulo de madera se abrió con tanta fuerza y velocidad que habría acabado golpeando la cara de caballero de no ser por sus años de entrenamiento (y de esquivar las cosas que Kiki hacía flotar día por medio).
― ¡Mitéra! Ya te he dicho que tengas cuidado con la puerta. ¿Y cuando piensas llamar al que la puso mal para que la acomode y ya no haya que advertir a las personas que se corran?
―No seas exagerada M'hija. Nadie salió lastimado ―dijo la mujer moviéndose a un costado y haciendo gestos para que entraran ―pero pasen, pasen. Tus hermanas todavía no llegan pero no falta tanto.
―Con su permiso ―dijo Aldebarán inclinando un poco la cabeza y entrando a la estancia.
―Es tan educado.
―Mitéra. Compórtate por favor.
La muchacha le dedicó una mirada de disculpa al caballero y entró siguiendo a su madre.
―Ven M'hijo, te mostraré la casa ―. Sin esperar respuesta, la mujer sujetó el brazo del caballero y empezó a caminar.
Aldebarán, el guardián del segundo templo. El caballero al que nadie podía mover. Estaba siendo arrastrado por una mujer menuda a la que parecía no costarle nada llevar su gran peso con una sola mano.
Le lanzó una mirada a su novia, que sólo negó con la cabeza murmurando un "sólo síguele la corriente" y desapareció en otra habitación.
―Esta es la lavandería. Aquí es donde lavo la ropa. Y esa es mi habitación. Esa otra era la habitación de Achlys, mi hija mayor. Ya está casada. Ese es el baño. Esa era la habitación de Sotirios, mi hijo mayor. Ya está casado. Esa es la habitación de Phoebe, la compartió por un tiempo con su hermana Sotiria, que se casó. Después ahí se quedó su prima Megara, que dejó de visitarnos tanto después de que se casó. Igual que mi sobrino Thomas, que tiene la edad de Phoebe y se casó.
Aldebarán permaneció en silencio mientras la mujer continuaba hablando sobre sus hijos y sobrinos enfatizando el hecho de que estaban casados. Cosa que no le pasó desapercibida al caballero.
La salvación de Aldebarán llegó en la forma de una mujer de cabellos tan negros como la noche y ojos grises, que llevaba a un niño en brazos.
―Mitéra, llevo una eternidad llamando a la puerta ―dijo la mujer acomodando al niño que llevaba en brazos.
―Gaga ―dijo el pequeño extendiendo los brazos hacia la anciana que no tardo nada en soltar al caballero y agarrar al niño, diciéndole un montón de cosas en griego y desapareciendo en la cocina.
Aldebarán permaneció donde estaba, sin saber muy bien qué hacer hasta que la mujer se acercó.
―Soy Achlys, la hermana de Phoebe. Tú debes ser Aldebarán. Mi hermana no ha parado de hablar de ti.
― ¡Lys! ― regañó Phoebe entrando a la habitación. ―prometiste no molestar.
― ¿Y desde cuándo cumplo lo que prometo, hermanita?
Antes de que pudieran empezar a pelear, alguien llamó a la puerta y, en vistas de que Elena Popoulos estaba demasiado ocupada con su nieto, Achlys fue a ocuparse de quien estuviera llamando.
―Lamento eso ―dijo Phoebe.
―Está bien.
― ¡M'hija! ¡Trae a tu novio a la cocina!
La muchacha se refregó la sien con una mano y le dedicó una sonrisa al caballero.
―Sólo es una vez. Ya luego se les pasa el entusiasmo. Lo prometo.
Al entrar a la cocina, lo primero que llamó la atención al caballero fue la enorme mesa puesta en el centro. Había por lo menos veinticinco lugares y una mesa más pequeña con otros diez lugares listos para ser ocupados.
―No me habías dicho que tu familia era tan grande ―murmuró el brasilero.
―No creí que vendrían todos. Tenía la esperanza de presentártelos de a poco.
―De acuerdo.
―Mitéra, Phoebs. Miren quien decidió venir ―dijo Achlys entrando en compañía de una muchacha idéntica a Phoebe pero con el cabello más corto y un poco más baja.
―Sota ―dijo Elena corriendo a abrazar a, quien Aldebarán creía, era su otra hija. ― ¿Dónde está la preciosa Cordelia?
―Con su padre.
― ¿Por qué preguntas por su hija y no por los míos? ―se quejó Achlys.
Dejando a las otras dos mujeres discutiendo en el fondo, la recién llegada se acercó al caballero.
― Así que tú eres Aldebarán ―dijo mirándolo de pies a cabeza un par de veces. ―Phoebs me ha tenido horas al teléfono hablando sobre ti. Y entiendo por qué.
―Eso no es verdad ― se quejó la más joven.
―Tengo la cuenta de teléfono si quieres verla.
― ¿Por qué traerías algo como eso?
―Planeo cobrarte las llamadas. Larga distancia no es barata, cariño.
―Te hubieras quedado en Estados Unidos ―masculló la más joven por lo bajo.
― ¿Y perderme esta hermosa reunión? No lo creo.
―Un gusto conocerla ―dijo el caballero tendiendo su mano a Sotiria. ―Ya sabe mi nombre.
―Sotiria, pero Sota está bien. Soy la hermana mayor de Phoebe, aunque no tan vieja como Lys.
―Escuché eso, mocosa.
―Niñas, niñas. No peleen. Ayúdenme a poner la mesa.
―Yo la ayudo señora.
―No, no, no. Tú te vas afuera con los hombres y esperas a que nosotras tengamos la mesa lista.
Aldebarán se vio empujado, muy a su pesar y aún sin entender cómo, fuera de la casa hacia un patio donde un grupo de hombres conversaban mientras varios niños corrían de un lado para el otro.
Un hombre alto de cabello rubio se acercó a él y le tendió la mano.
―Soy Alexandros, el esposo de Lys. Descuida. Todo saldrá bien. Ya he pasado por esto ―se giró para llamar a alguien más y acabó gritándoles a los niños que estaban a punto de dejar caer una caja de herramientas.
Aldebarán miró al grupo. Además de Alexandros, había un hombre de cabello castaño que conversaba con un anciano.
Sabía que el anciano era el hombre cuya aprobación debía recibir. Al verlo jugando con una niña pequeña su nerviosismo se calmo un poco.
No podía ser tan malo... ¿o sí?
Gracias por leer…
Adelanto del próximo capítulo:
La mirada era penetrante y Aldebarán sentía que estaba siendo atacado por el ejército de Hades.
―Tú y yo tenemos un problema.
