Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son creación de Rumiko Takahashi. La historia es mía y no doy permiso ni para subirla a otra página o transformarla para otra serie.
Este es un fic de Sesshomaru y Kagome, quien no le guste la pareja no lo lea, no obligo a nadie hacerlo. No me pagan por escribir, no recibo nada a cambio, lo hago porque simplemente me gusta hacerlo. No soy escritora tampoco así que probablemente cometo muchos errores de redacción que ya no vienen al caso, porque la historia ya se subió.
Gracias por la comprensión.
Capítulo 2: Fuego.
No entendía lo que estaba sucediendo, Sesshomaru estaba tan cerca suyo cómo jamás en la vida lo había estado, lo único que los separaba era su coraza con púas que afortunadamente no tocó su cuerpo, sus dedos acariciaban su garganta con tanta lentitud que ella cerró los ojos cuando una de sus garras le raspó la piel. Lo apartó con ambas manos tocando la coraza que llevaba a modo de protección. El daiyoukai pareció despertar de su estado aletargado alejándose dos pasos de la mujer y su mirada de fuego cambió a la de hielo, la tan común de él.
La miko lo miró frunciendo la frente, pero seguía sin comprender. En ese instante se dio cuenta que temblaba ligeramente y su corazón latía apresurado. ¿Qué había sido eso? No quería pensar, no quería siquiera imaginar lo que su mente le quería rebelar ¡eso era imposible! Cerró los ojos sacudiendo la cabeza, queriendo desechar esos turbios pensamientos que a toda costa querían hacerla pensar cosas que no debían ser.
- ¿Estas… enfermo o algo? - Fue lo único que se le ocurrió y no pudo evitar que su voz sonara más aguda y temblorosa.
El daiyoukai reconoció el temblor de la ella y su voz aguda debido al nerviosismo, además su aroma desprendía temor y confusión, confirmándole cómo la miko estaba. Internamente de regocijó de que ella estuviera tan turbada, pero también se reprochó fuertemente su conducta tan impulsiva y poco apropiada con aquella mujer, una miserable ningen, la futura pareja de su medio hermano. Torció la boca como siempre lo hacía cuando el desprecio se apoderaba de su mente, aunque no podía evitar sentir como su corazón latía advirtiéndole la osadía que había cometido.
- Mujer. Te dije que era peligroso estar sola por el bosque ¿por qué no lo entiendes?
Kagome lo miró sin comprender. Volvía a ser el mismo frío y peligroso de siempre y su mirada aguda dorada estaba clavada en sus pupilas. Ella tembló aún más tragando fuertemente y se atrevió a dar un paso, lento, cauto, tembloroso, luego dio otro paso más, lo esquivó, en todo momento lo miraba fijamente, no es que le tuviera miedo tampoco a ese daiyoukai, es sólo que su cuerpo temblaba ante lo que había sucedido y aun no se recobraba. Ella pasó por su lado y Sesshomaru cerró brevemente los ojos cuando la mujer pasó de largo. Volteó y la vio recoger su canastita con los implementos de aseo. Kagome se levantó del suelo de donde había recogido sus cosas y volteó inesperadamente. Se sorprendió que el rostro que le había demostrado el daiyoukai con su mirada de hielo, altanero y frío nuevamente hubiera cambiado. La joven miko se estremeció una vez más con sus ojos dorados agudizados en su mirada, ardientes como el mismo fuego, pero aún así se recobró rápidamente desechando una vez el pensamiento prohibido que intentaba a toda costa hacerse valer en su mente. Sesshomaru volteó el rostro esperando que se marchara, dándole la espalda.
- Ya me voy- Respondió mascullando – Estas muy extraño, Sesshomaru. - Volteó otra vez tranquilizando y mascullando- Quizás se comió unos hongos venenosos o aspiró el aroma de una flor que provoca el delirio, o es bipolar, claro, asesino de medio tiempo y niñero cariñoso de una chiquilla…
El daiyoukai se mantenía fijo en el mismo lugar, ni siquiera había volteado para mirarla otra vez. No podía creer lo que había hecho, es decir, verla desnuda no era una gran impresión para él, había visto muchas youkais y también humanas en el bosque completamente sin ropa, conocía de memoria el cuerpo de una hembra de su especie, de vez en cuando sus instintos clamaban por satisfacerse y lo hacía sin compromiso, eso y nada más. Lo que le impresionó fue cómo su pecho o lo que se supone hay dentro de él había reaccionado. En ese momento la cabeza le dio vueltas y se sintió completamente extraño, abrumado, irritado, alterado, muchas sensaciones sólo en un instante.
Se quedó quieto un buen momento, intentando relajarse, tratando de recobrarse por completo, obligándose a sí mismo a actuar como el altivo y orgullo Lord del Oeste, pero aún sentía la esencia de la miko en el aire, en su ropa, cuando la aprisionó junto al tronco del árbol, en sus manos, cuando acarició la piel prohibida de la ningen. Se miró las garras y pudo notar que una de sus uñas estaba manchada de sangre. La sangre de ella, que lastimó apenas en su garganta.
Kagome caminaba a paso rápido por el bosque, tropezó un par de veces, dejó que su aura rosa se distorsionara y causara una nube de malestar en quienes los más sensibles pudieron percibir. Entró a la choza y la anciana Kaede la miró sorprendida, ella claramente veía como su aura se movía inestable alrededor de la chica. Sango estaba ahí, sentada con su bebé en brazos, no tuvo que percibir su aura para saber cómo se encontraba, la sola cara de su amiga le denotaba que no se encontraba bien.
- ¿Pasó algo, Kagome?- Preguntó la taijiya- Luces… enfadada.
Kagome cambió de inmediato su actitud, del cuerpo tenso que llevaba, cambió a una pose más relajada, su rostro se distendió, suspiró resignada y su aura errática dejado hacerlo. Era una mujer completamente común y corriente.
- No, no es nada…- Respondió con cansancio. Se sentó a su lado y estiró sus brazos para tomar el bebé de Sango.
- No mientas, se te nota demasiado ¿verdad, anciana Kaede?
Las gemelas se habían quedado dormidas junto a Rin y eso le demostraba a la joven sacerdotisa que quizás la estaba esperando desde hacía un buen rato.
- Es cierto, Kagome. Además te tardaste un poco ¿tuviste inconvenientes con algo?
La miró y se quedó muda. ¿Qué le iba a decir? ¿que se había encontrado con Sesshomaru a esas horas? ¿Qué le había demostrado que el bosque era peligroso intentado asustarla y luego…. No, no quería pensar más allá, ella estaba distorsionando las ideas que intentaban develarle algo diferente. Tragó fuerte. Era… insano.
- Me asusté con algo cuando salía de mi baño…. Me he confiado demasiado quizás con que Naraku no está, pero sé que hay más demonios y también ladrones que rondan por ahí.
Sango vio cómo su amiga le pasaba la mano a su bebe y este la chupeteaba fuertemente.
- Es cierto, aún hay mucho peligro, ya sabes que hay guerras en todas partes, no se compara con Naraku pero… debemos ser cautos.
- Y además te hiciste una herida en cuello- Agregó la anciana. Kagome se ruborizó de inmediato, casi podía sentir el tacto de sus dedos haciendo un recorrido suave y como una de sus letales garras la rasguñó. Llevó la mano a la herida, apenas una fina línea corta fue lo que palpó. Menos mal había sido sólo eso, aplicaba un poco más de fuerza y podría haber muerto envenenada.
- No me di cuenta- Sonrió nerviosa. Le entregó el bebé a Sango y la miró fijamente- Espero que los chicos no tengan inconvenientes y vuelvan pronto.
La taijiya se ponía de pie y miraba a las gemelas.
- Yo también, cuidar sola de estos tres niños es un gran trabajo, y aunque tú me ayudas bastantes con ellos, extraño demasiado a Miroku y ellos también. - Respondió, acariciando la cabeza de su bebé y mirando a las niñas.
Kagome se levantó y caminó hasta las gemelas para despertarlas. Ambas chiquillas despertaron y sonrieron feliz a la joven miko abrazándole las piernas.
- Vamos pequeñas, las acompañaré a su casa. – Miró a la anciana Kaede- Volveré pronto- La anciana le hizo un gesto con la cabeza y ambas mujeres salieron lentamente de la choza.
La noche era fresca y oscura, la luna menguante se asomaba por entre los árboles iluminando su camino, los grillos estridulaban y los búhos ululaban a lo lejos.
- Te noté bastante extraña amiga, hacía mucho que no te veía de esa forma… lucías… alterada.
La Miko llevaba a las niñas de la mano a paso lento, bajó la vista mirando el suelo por el cual transitaba. No sabía qué decir, ni cómo explicar sin que sonara extraño o perturbador. A decir verdad, tenía miedo de verbalizar lo que había sucedido sin que sonara… intrigante. Suspiró cansada y volvió el rostro al cielo. No debía darle importancia al incidente en el bosque. Si exageraba podría provocar quizás qué conflicto con Inuyasha y sabía que, si su querido hanyou se enteraba, habría un peligroso enfrentamiento.
- Me asusté, no llevaba mi arco y flechas, debo ser más precavida- Murmuró. Soltando las manos a las gemelas que entraron corriendo a la choza buscando su ansiada cama. – Lamento haberte echo esperar, mañana vendré y tomaremos el té juntas, así nos hacemos compañía la una a la otra.
Sango sonrió pero quedó inconforme con su respuesta, la conocía tanto, como Kagome también la conocía a ella, eran como hermanas. No insistió, porque la notaba incluso algo asustada. Le sonrió a modo de reconfortarla y le puso una mano en el hombro.
- Mañana te espero, ahora quédate tranquila y descansa.
Kagome sonrió y asintió suspirando. Caminó de vuelta a la choza y pensó en Inuyasha mientras se rascaba inconscientemente el rasguño de su cuello. Deseó con su alma entera que él estuviera a su lado, desde que había llegado a la aldea siempre habían estado juntos y el que ahora no estuviera le recordaba los 3 años separados que vivieron una vez terminada la desaparición de la perla. Se abrazó a sí misma y susurró su nombre, esperando que el viento lo llevara hasta donde estaba su amado y regresara pronto. No quería sentirse sola otra vez.
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Desde aquella noche en el bosque, el Lord del Oeste volvió de inmediato al refugio de su castillo. Jaken estaba muy contento por su regreso, los sirvientes se sorprendieron de su inesperada llegada ya que el daiyoukai había salido de allí hacía muchos años, buscando su destino junto a su fiel sirviente. Todos se inclinaron cuando Sesshomaru caminó lentamente por los pasillos y sin decir ni una palabra se refugió en sus aposentos. Nunca había sido un gran conversador, los sirvientes tampoco sabían cómo conocer sus planes, así que sin más volvieron a sus pocas obligaciones. Eso sí, quienes más trabajo tenían eran los guardias que custodiaban el castillo, todos youkais antes sirvientes de su padre y ahora de él. El Lord del Oeste era tan poderoso que no faltaba quienes deseaban derrotarlo a toda costa y así ser dueño de tan extensas tierras.
El daiyoukai se sentó en el suelo con manos y piernas cruzadas y se sumió en un estado de meditación profunda. Lo hacía a menudo en su juventud, cuando la rabia y los celos lo carcomían sabiendo que su padre había muerto por una ningen y que le había dejado un medio hermano hanyou. Ahora los sentimientos que lo embargaban eran de rabia, impotencia, remordimiento y confusión, sentimientos que muy pocas veces se apoderaban de él en algún momento de su ya larga existencia, pero que deseaba a toda costa reprimir y ojalá desaparecer de su mente. No pudo evitar caer nuevamente en el recuerdo de la atrevida miko. ¿En qué momento se volvió en obsesión para él? Ella no era nada, insignificante, intolerable para él, mal educada. Apretó los dientes de rabia por cómo su corazón volvió a latir cuando recordó la vez en que la tuvo tan cerca. Había flaqueado, se había dejado llevar después de tanto tiempo en que se supo dominar cuando estaba cerca de ella, eso era, desde que eran dos grupos separados en busca de un enemigo en común, Naraku.
Sacudió la cabeza y meditó, que lo mejor era estar un tiempo en el palacio y que cuando volviera a su estado físico y mental a la "normalidad", volvería a las andanzas junto a su sirviente ya que lo único que tenía en mente, cuando años atrás salió de palacio, era el dominio de territorios, superar a su padre y la gloria eterna.
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Rin no despertaba y Kaede se asomó a donde yacía la chiquilla hablando entre sueños y con el rostro sudado. Kagome se despertó cuando la antigua miko pasó por su lado, la vio arrodillarse y pasar su mano rugosa por la frente de la chiquilla, arrugando el ceño cuando esperó un par de segundos, verificando su temperatura. Rin apenas abrió los ojos y luego los volvió a cerrar.
- Tiene fiebre… ¿será un resfrío? - Murmuró la anciana.
Kagome se levantó de un salto de su cama y caminó rápidamente hasta ella. Se sentó en seiza y observó a la niña con detención. Por supuesto que a simple vista se observaba que no estaba bien de salud y se preocupó porque en este tiempo un simple resfrío podría llegar a ser mortal.
- Tengo algunas medicinas que me van quedando- Dijo, poniéndose rápidamente de pie y hurgando en el bolso lo poco que le iba quedando de su época. Sacó una cajita de paracetamol y la sostuvo en su mano, mirándola y respirando fuertemente.
- Eso se lo debemos dar con alguna hierba medicinal- Dijo Kaede, mirándola atentamente.
Sí, era precisamente lo que había pensado Kagome. Y la hierba medicinal para bajar la fiebre no la tenían, hacía un par de días se había acabado y ella no la había encontrado en los alrededores del bosque.
- Ehhh… sí, sería ideal…- Murmuró. Sabía que la anciana por su edad no debería ir y que en este caso le tocaba a ella ir en busca de la hierba. Pero tragó fuertemente porque no quería encontrarse al extraño daiyoukai nuevamente, aunque luego pensó que en realidad estaba exagerando las cosas y que no debía temer a Sesshomaru, menos ahora que debía buscar la medicina para su propia protegida. Además habían pasado un par de días desde el "incidente" y pensaba que ya se encontraba completamente recuperada de aquella vez. El tiempo lo cura todo y en ese caso un par de días la habían tranquilizado enormemente y la había hecho además meditar que sólo estaba exagerando. - Me visto y partiré de inmediato. – Agregó, rascándose una vez más el rasguño del cuello que a estas alturas estaba rojo y le picaba horrores.
- Sabes que esta muy lejos, a los pies de las colinas se da en abundancia. Tardarás horas.
- Le pediré a Sango si puede acompañarme Kirara. - Respondió, lavándose la cara de un cuenco con agua y untándose nuevamente el ungüento que le había servido cuando sus dedos tocaron hiedra venenosa ahora en el cuello. Se vistió rápidamente y salió de la cabaña atravesando sobre su pecho un pequeño bolso que le servía para recolectar las hierbas que necesitaban para hacer medicinas y brebajes.
Sango no tuvo problemas para facilitarle a Kirara, además le recordó a la joven miko que no olvidara su arco y flecha en caso de peligro. Kagome sonrió y se devolvió rápidamente a la cabaña para recoger su arco del monte Azusa y el carcaj lleno de flechas. Sabía que no las tendría que utilizar, pero tenía que darle tranquilidad a su amiga desde que noches atrás, ella misma lo había provocado.
Subió como tantas veces antaño al suave lomo de la gata y esta la llevó por los aires atravesando a toda velocidad el extenso y profundo bosque. Se detuvieron en muchas montañas y no encontraron la dichosa hierba. La miko no se dio por vencida y siguió buscando incansablemente, cada vez alejándose más de la aldea, a otras montañas, cada vez más altas, hasta que después quizás de horas, vio más allá aún una a la cual no se veía su cúspide ya que las nubes la ocultaban. Cuando se dirigía a los pies de ésta, una nube de flechas voló y Kirara rápidamente las esquivó.
- Pero qué día…- Masculló, cuando otra nube de flechas las atacó. Una lamentablemente le dio a Kirara en una de sus patas traseras transformándose de inmediato y cayendo junto con ella. Kagome gritó al verse cayendo rápidamente junto a la gata y creyó que en ese momento iba a morir. ¡Qué estúpida! Morir por una caída desde una montaña, pensó, mordiéndose los labios y pensando en Inuyasha. Inuyasha no estaba ahí para rescatarla, no estaba, él no lo hubiese permitido, la hubiera salvado, pero no estaba, los recuerdos pasaron rápidamente por su mente, su familia, su vida en Tokio, sus venturas en el Sengoku, su vida al lado de su amado hanyou…
De pronto sintió una brisa gélida que se acercaba a una velocidad impresionante y la tomó en sus brazos aún en el aire, abrió los ojos y casi se atragantó cuando vio a Sesshomaru muy serio, que sin mirarla la tenía en su regazo junto a Kirara que aullaba de dolor. No dijo nada porque se atragantó con lo que debía decir, ella, que jamás se callaba, ahora enmudecía por estar otra vez tan cerca del poderoso Sesshomaru. Él descendió lentamente hasta tocar el suelo junto con la miko. Kagome agradeció pronto tocar tierra, las púas de su coraza la estaban lastimando y estar en brazos de su futuro cuñado no la hacía sentir cómoda últimamente. Después de un momento en que intentaba que se le destrabara la lengua, habló.
- Gracias, Sesshomaru, creí que moriría…- Musitó avergonzada intentando no mirarlo debido la severidad de su rostro, con ese Daiyoukai cualquier cosa se podía esperar, eso, Kagome ya lo sabía.
- ¿Qué haces por estos lados? ¿Por qué te acercaste a mi castillo?- Preguntó con la voz más profunda que tuvo y con tintes reprobatorios que no intimidaron a la miko, porque al escuchar la última frase abrió desmesuradamente los ojos y finalmente lo enfrentó.
- ¿Tu castillo?
Sesshomaru agudizó la vista dorada en ella, desconfiado, su ceño se frunció para atemorizarla, pero Kagome aún no lo estaba. Aprovechó de estudiarla una vez más. Cómo quisiera no hacerlo, pero sus ojos lo traicionaban y la meditación que había tenido por días se fue al infierno. Reconocía que la miko era bella, ese cabello negro y salvaje que se movía con la brisa del viento, de sus ojos castaños, profundos y atrapantes, de su piel perfectamente clara y aquella cicatriz ¿cicatriz? ¿una nueva? En su cuello, resaltando por lo roja que estaba. Tragó con fuerza y volvió la vista a ella.
- No lo… sabía, no sabía que tuvieras…- Balbuceó Kagome, bajando nuevamente la vista avergonzada.
- Pudieron matarte. - Agregó con voz seca y recriminatoria. La cicatriz. La cicatriz lo llamaba. La observó y se dio cuenta que era la infame marca de una de sus uñas ¿cómo era posible si apenas la había tocado? ¿tan delicada era su piel?
Una de las cosas que más odiaba Kagome era cuando le llamaban la atención y más aún de forma tan injusta. Se enderezó y alzó la barbilla clavando sus ojos castaños en la mirada de hielo del daiyoukai, su aura se expandió y Sesshomaru casi podía sentirla rozando su aura de demonio.
- Sí, pudieron, pero no ocurrió. Sólo vine tan lejos por medicina. Rin esta enferma.
Sólo en ese instante Kagome notó cómo él abría un poco más los ojos de la impresión, incluso su rostro cambió a uno no tan atemorizante.
- Sí, y si quieres que mejore deja ya de darme sermones que no soy una niña como Rin, entiende.- Se volteó con Kirara aún malherida, la flecha le había rozado gran parte de su pata trasera y murmuró- Tranquila, te cargaré y nos iremos pronto para poder curarte amiga- Sin más se acercó a los pies de la montaña buscando la dichosa planta medicinal que serviría de complemento para la medicina que había traído del futuro. Finalmente la encontró y cortó varias que guardó en bolso junto a Kirara. Cuando volteó se dio cuenta que ya no tenía el medio de transporte rápido para llegar a la aldea y miró al Daiyoukai con seriedad. - ¿Puedes llevarnos? No te lo pediría, pero Kirara esta herida por culpa de las fechas de los que asumo, son tus guardias.
Él la miró agudizando más su vista. Desplegó su nube de sus pies y se elevó al cielo, la miko se sujetó de mokomoko, ya sabía como era esto, una vez, en la batalla final con Naraku él la había transportado de esa manera. El viaje fue aún más rápido que Kirara. Quizás era "magia" la que utilizaba ¿podría ser que un daiyoukai la utilizara? ¿Qué tuviera ese poder también? Existían las brujas, lo sabía, pero…
Sesshomaru descendió ya en la aldea y Kagome bajó junto con él. Corrió a la choza y entregó a Kirara a la anciana Kaede la cual se apresuró en curar sus heridas. El daiyoukai entró silenciosamente y la anciana Miko casi tuvo un paro cardíaco de la impresión.
- ¿Cómo esta? ¿Ha habido algún cambio?- Preguntó la muchacha mientras sacaba las hierbas y preparaba el brebaje que necesitaba.
- Nada… sigue… igual- Respondió Kaede mientras vendaba la pata de la gata y luego observaba con reticencia al Lord del Oeste, que yacía de pie junto a la puerta, con sus manos entre sus amplias mangas cruzadas y mirando atentamente a su protegida que deliraba de fiebre. - ¿Cómo se hirió Kirara? Es herida de flecha.
- Unos… guardias creyeron que invadíamos su territorio- Masculló Kagome con desprecio y rápidamente le dio una media mirada a Sesshomaru que también la miró por un segundo, luego volvió a enfocar sus ojos en Rin.
- Lord Sesshomaru ¿cómo supo que la niña estaba enferma?
Kagome habló por él ya que sabía perfectamente que el daiyoukai no le iba a responder a la anciana Miko.
- Me lo encontré cuando buscaba la medicina – Luego la muchacha sonrió perversamente y volvió a mirarlo- Se… ofreció a traerme cuando supo como estaba Rin.
El daiyoukai volvió a mirarla y tensó la mandíbula. Era tan desvergonzada, pensó.
La joven ya estaba pronta a terminar el brebaje, esperó a que enfriara un poco y se acercó a la chiquilla, levantándola con cuidado desde la espalda, la apoyó en su regazo y le dio primero el paracetamol y después un pequeño sorbo de su brebaje. Sesshomaru la observaba atentamente en todo momento. Le impresionó la delicadeza de la miko con su protegida, se notaba angustiada y preocupada por la niña. Kagome la hizo beber una vez más y la recostó otra vez en el futón.
- No es magia, hay que esperar un par de horas o días, para ver como evoluciona, hasta el momento es una fiebre pero puede ser cualquier cosa lo que lo ha provocado.- Dijo Kagome mirando a Sesshomaru con seriedad.
- Es… ¿peligroso?- Preguntó a la joven miko. Kaede casi se atragantó al oír su voz.
- No lo sé… no estoy muy al tanto de las enfermedades que se producen en esta… época. Espero que no ¿Qué dice usted, anciana Kaede?
La viejecilla dejó a Kirara en su futón y se sintió halagada por ser parte de la "conversación" de esos dos. Aunque era Kagome la que hablaba en todo momento.
- La fiebre puede ser el preludio de muchas enfermedades, unas más fuerte que otra, puede ser nada o todo. Hay que esperar.
Sesshomaru no la miraba, estaba atento a la joven miko que le pasaba un paño húmedo en la frente a la niña. Suspiró con fuerza y salió de la choza. Kaede sintió cómo el aire se volvía más tolerable. Estar bajo el aura de un daiyoukai enojado y preocupado, a su edad, no era fácil de llevar.
- Por Kami, querida Kagome, Lord Sesshomaru parece tolerarte un poco más a ti ahora. Ni siquiera me miró.
La joven miko sonrió de medio lado, levantándose de su puesto y caminando lentamente mientras hacía movimientos con su cabeza a ambos lados para distender la tensión que le había provocado el viaje, el incidente y la actitud de Sesshomaru en la choza.
- Creo que al final de cuentas, al ser un demonio perro, es desconfiado al principio pero luego ya toma más confianza- Luego masculló- Aunque creo que tardaremos una eternidad con él… no como Inuyasha – Sonrió y su tono de voz cambió a uno lleno de ternura y amor- Él rápidamente confió en mi.
- Se la pasaban peleando- Masculló entre risas Kaede.
- Éramos unos niños…- Kagome luego murmuró más triste – Y habían cosas… que nos separaban.
La anciana miko sabía perfectamente quién era la responsable de aquel triste conflicto años atrás.
- Bueno, dejemos a Rin descansar un momento, ve a avisarle a Sango que Kirara se quedará con nosotras hasta que mejore. No sería justo que ella además de cuidar a los niños, tuviera más preocupaciones.
Kagome asintió y caminó apresurado hasta que casi chocó con la espalda del Daiyoukai que aún estaba en la aldea, fuera de la choza y aparentemente no tenía intenciones de marcharse. Él volteó y la miró con seriedad, ella se sonrojó al recordar lo que estaban hablando con la anciana hacía un momento y supo, perfectamente, que él había escuchado la conversación. Exhaló con fuerza y caminó a paso rápido hasta la cabaña de su amiga, tropezó un par de veces antes de llegar, sabía que la observaba, no tenía que ocupar sus poderes de miko para saberlo. Maldito Sesshomaru, tan severo, tan exigente y se sentía tan tonta cuando él andaba cerca.
- Amiga…- Exclamó Sango en principio aliviada y luego frunciendo el ceño asustada - ¿Qué pasó? ¿y Kirara?
Kagome intentó relajarse, la culpa la tenía Sesshomaru por hacerla sentir de esa forma.
- No, tranquila Sango… Kirara, sufrió una herida de flecha en su pata, pero ya la anciana Kaede la curó y la esta cuidando, sólo hay que esperar que sane. Lamento mucho lo que pasó, fue mi culpa.
La taijiya suspiró aliviada y se sentó entre almohadones para alimentar a su bebé.
- Kirara es muy fuerte, sé que una herida de flecha no es peligrosa para ella… ¿encontraste la medicina para Rin?
La joven miko suspiró fuertemente y se sentó a su lado mientras la muchacha ya alimentaba a su bebé.
- Sí, tuvimos que viajar muy lejos con Kirara para encontrarla…- Murmuró y luego miró a Sango con seriedad- La encontramos en unas montañas muy altas, lejos de aquí, hacia… el oeste.
Sango levantó ambas cejas, sin comprender.
- ¿El oeste? ¿la tierra de los demonios perros?
- Precisamente…- Respondió bajando más la voz, consciente ahora que un frío y peligroso daiyoukai estaba aún en la aldea-… encontré el castillo de… Sesshomaru…
La taijiya abrió desmesuradamente los ojos e iba a decir algo, Kagome le tapó la boca rápidamente. El bebé se asustó y se apartó del pecho comenzando a llorar, la sacerdotisa apartó lentamente la mano haciendo un gesto con sus dedos sobre sus propios labios para que guardara silencio. Sango meció al bebé y luego éste siguió amamantando.
- ¿Encontraste el castillo de Sesshomaru? No lo había pensado antes, claro que debe de tener, es un Lord, descendiente directo del gran general Inu no Taisho. - Meditó en un susurro la joven exterminadora.
- Yo tampoco había pensando en dónde vivía, ni siquiera me había fijado que es un gran Señor, un Lord, así que como tal, debe tener todo lo que las personas como esas tienen ¿no?
Sango asintió distraídamente, pensando, luego pareció despertar y la miró frunciendo el ceño.
- ¿Y porqué susurramos? ¿Acaso esta aquí?
La miko asintió lentamente confirmando la pregunta. Su amiga levantó ambas cejas, impresionada.
- Por Rin, ya sabes- Agregó rápidamente Kagome, como excusándolo.
- Es muy considerado con esa niña, de verdad que es impresionante el cambio que ha tenido gracias a ella. No imagino al antiguo Sesshomaru, ese que odiaba y despreciaba tanto a los humanos, precisamente en una aldea llena de ellos.
La miko asintió pero no respondió. Se quedó un rato más junto a su amiga, conversando de cosas triviales y luego la ayudó con las gemelas cuando estas llegaron de jugar. No quería salir de la cabaña hasta que él se fuera. No se sentía muy bien bajo el escrutinio de su mirada de hielo.
Pasada un par de horas encontró adecuado relevar a la anciana Kaede para cuidar de Rin y Kirara. Volvió a la choza mirando a todos lados pues ya estaba bastante oscuro y suspiró aliviada cuando no sintió el aura del demonio y su ausencia se lo confirmaba. Entró a la cabaña y vio a Kaede que dormitaba junto a Kirara en su regazo.
- Ahora es mi turno, yo la cuidaré- Dijo mientras tocaba el hombro de la anciana- Vaya y pase la noche en la cabaña de Sango, anda muy melancólica hoy.
La miko anciana se desperezó y luego sonrió.
- Esta bien, niña. Me llevaré a Kirara eso sí, para que se sienta más tranquila. Vendré por la mañana. – Se despidió llevándose en el regazo a la gatita de dos colas y una manta, luego salió con lentitud de la choza.
Kagome se dirigió hasta la chiquilla quien dormía plácidamente esta vez. La miko pasó su mano por la frente, aún sintió la fiebre, pero aparentemente no estaba tan alta como antes. Revisó el cuello de la chiquilla y luego le arremangó los brazos en busca quizás del inicio de una peste, pero no encontró nada. Suspiró aliviada, por una parte, aunque bien sabía que el peligro no había pasado, así que tomó el cuenco con la idea de volver a llenarlo de agua fresca. Salió a la noche estrellada y suspiró otra vez más. Extrañaba demasiado a Inuyasha, casi una semana sin verlo aún, a veces se sentía muy sola, con ese sentimiento tan desgarrador y horroroso como cuando quedó atrapada por la perla. Esperaba jamás volver a sentir lo mismo en la vida, pero los últimos días habían atisbos de querer aflorar esos sentimientos tan horribles. Sacó agua del pozo de la aldea y se dirigió nuevamente a la choza, ahí pegó un brinco al encontrarse nuevamente con el daiyoukai, estaba de espaldas a ella, observando atentamente a Rin.
La miko frunció el ceño ¿por qué se tenía que asustar? ¿y por qué no había sentido su presencia antes de entrar a la cabaña? Quizás estaba demasiado sumergida en sus propias preocupaciones.
- Pensé que te habías marchado. - Mientras se inclinaba a su lado, dejando el cuenco en el suelo junto al futón de la niña y comenzaba a deslizar un paño para aliviarla. – Se encuentra mejor, si eso te tranquiliza- Volteó el rostro y lo miró desde el suelo- Bajó un poco la fiebre y no tiene rastros de peste, quizás haya que esperar que fue lo que le provocó esto- Volteó otra vez y pasó un pañito una vez más. Luego se levantó con el cuenco y lo dejó a un lado. Se sentó junto al fuego que estaba en medio de la choza y acercó sus manos, que estaban heladas.
El daiyoukai arrugó el ceño observando a la chiquilla, recordó cuantas veces en sus andanzas Rin se había enfermado, aunque Jaken era el encargado de curarla cuando la fiebre o alguna enfermedad humana duraba demasiado tiempo. No solía pasar y la mayoría de las veces sanaba sola. Volteó y observó a la miko calentándose las manos. No supo cómo, ni porqué, se acercó y se sentó frente a ella. Kagome se sorprendió y sintió cómo su corazón le daba sólo una punzada. Ella apartó las manos y lo miró. Tras el fuego su rostro lucía menos atemorizante, sus pupilas parecían bailar junto a las llamas, se fijó en la luna en su frente, tan irreal, igual a sus manchas púrpuras que marcaban sus mejillas.
- Qué miras, miko.
El corazón dio un doloroso y fuerte latido y ella no pudo evitar sonrojarse, apartó la vista rápidamente de la él. ¿por qué tenía que ser aún tan tonta? ¿cómo podía ser que se la haya quedado mirando a un daiyoukai como ese?
- Per… perdón- Balbuceó. Y se sorprendió de balbucear. Maldito Youkai, que la hacía sentir tonta y temerosa a veces. - Es que… es tan extraño verte aquí.- No se le ocurrió otra cosa, pero también era verdad que estaba confundida por su presencia.
Sesshomaru mantuvo su rostro serio, la miró igual cómo lo había hecho ella, pero Kagome no se dio cuenta porque estaba con la vista fija en la chiquilla y lucía bastante incómoda también.
- Es mi protegida, debo velar por su seguridad.
Kagome volteó el rostro nuevamente a él. Le dio ternura que el daiyoukai hablara así y que quisiera siempre proteger a la chiquilla que lo acompañó en parte de sus aventuras, entendió ahora su actitud y sonrió.
- Sí… claro. - Murmuró. Se puso de pie y luego volvió a mirarlo- Prepararé algo de té ¿quieres? - Cuando lo verbalizó, se dio cuenta de la absurda pregunta. Jamás en su vida lo había visto llevarse algo a la boca… bueno, no es que antes se lo encontrara demasiadas veces como para compartir alguna clase de alimento- Perdón… no debí…
- Sí- Interrumpió, desviando la mirada y entonces ella se volvió a sorprender, abriendo inmensamente sus ojos.
- Claro… un… momento.
Sonrió apenas el daiyoukai cuando notó lo turbada y torpe que se encontraba, él llevaba tiempo observándola, desde que antes que mataran a Naraku, solía notar lo segura que era en la gran mayoría del tiempo, lo gritona, lo irritante que era. Ni a él demostró una pizca de temor cuando se vieron la primera vez, y ahora estaba en frente suyo, nerviosa y turbada. Se regocijó internamente por ser el causante de esa reacción que parecía querer dominar en vano.
Kagome le tendió la taza temblorosa y Sesshomaru se la recibió tranquila y lentamente. La chica volvió a sentarse frente a él llevándose el té a la boca.
- No es necesario en todo caso que estes aquí- Dijo de pronto la miko con un dejo de exasperación.
- No me iré.
Kagome dejó la taza a su lado y lo miró, tragando fuerte.
- Bueno… no es necesario en todo caso- Murmuró volteando nuevamente el rostro para no quedarse como boba mirando su cara perfecta.
- Miko.
Kagome lo miró una vez más, arrugando el ceño.
- Mira, si vamos a vernos seguido por aquí, podrías llamarme Kagome.
Sesshomaru agudizó su vista en ella.
- Miko…- Volvió a pronunciar, esta vez más lento que la joven se obligó a tragar fuerte- … este Sesshomaru agradece lo que haces por Rin.
La muchacha que estaba tensa esperando lo que tenía que decir, suspiró y sonrió levemente, desviando la mirada.
- No es nada. - Respondió apresurada- Es lo que haría cualquiera.
- Humanos- Rectificó él, muy serio. Kagome lo miró sin temor ahora.
- Bueno, los hanyous y youkais igual lo hacen. En mis andanzas tras los fragmentos de la perla pude verificarlo. - Agregó orgullosa, bebiendo un poco más de té.
- Un hanyou o youkai tal vez, un daiyoukai como yo, jamás- Respondió agudizando la vista en ella.
- ¿Acaso no has salvado en innumerables situaciones a Rin cuando buscabas a Naraku? ¿Acaso no me salvaste aquella vez en que Inuyasha estaba descontrolado? ¿O cuando me envenenaron? ¿y hoy?
Sesshomaru pareció no respirar un momento, mantenía la vista fija en ella, la miko, que tenía respuestas a todo.
- Eso fue… inevitable.
Kagome sonrió tranquila.
- Tú siempre ganas.
Sesshomaru se puso de pie y la miró aun fijo.
- Es porque soy un daiyoukai, miko. Siempre gano.
Se quedaron mirando un momento, él serio y con deseos de decir algo más, pues apretaba los puños y tensaba la mandíbula. Ella, que lo miraba desde el suelo aún sentada en seiza, lo observó con curiosidad y luego, con algo de temor. Los pensamientos prohibidos se intentaron colar por su cabeza así que se sonrojó y apartó la mirada.
- Bueno, creo que es imposible rebatirte algo.
Sesshomaru volteó y caminó despacio saliendo de la choza. La miko suspiró fuertemente y sólo en ese momento se dio cuenta que aún su corazón latía desbocado. Se turbó por su reacción cuando estaba cerca de él y se reprochó internamente porque ahora actuaba así, desde lo sucedido en el bosque, en las aguas termales, cuando él la había tomado de esa forma tan atrevida. Miró la taza de té del daiyoukai y se dio cuenta que ni siquiera lo había bebido.
- Maldito Sesshomaru- Murmuró.
El Lord del Oeste sonrió más abiertamente cuando se encontraba afuera de la choza, ella parecía olvidar que aparte de tener un buen olfato, tenía además una muy buena audición.
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Se quedó toda la noche velando a la chiquilla, aunque de vez en cuando el sueño la vencía por algunos minutos. Rin estaba mirándola atentamente con una leve sonrisa que hizo que la joven miko se regocijara de alegría.
- Rin chan- Y la abrazó con fuerza por un momento.
- Señorita… Kagome…-Murmuró.
La sacerdotisa se apartó y miró fijamente a la chiquilla.
- ¿Cómo te sientes?
La niña quiso incorporarse, pero no pudo, miró el techo de la choza arrugando el ceño.
- Muy… mareada.
Kagome suspiró y se levantó.
- Estuviste con fiebre, ahora debes descansar.
En ese momento entró Kaede y sonrió a la chiquilla ya despierta, se acercó rápidamente a su lado y palpó su frente para buscar señales de la fiebre que se había apoderado de ella el día anterior. Aun quedaba un poco, pero que Rin estuviera despierta y consciente era síntoma de gran augurio.
- Estas mejorando, niña, me alegro mucho.
Rin se acomodó en la cama y se puso esta vez de lado para mirarlas a ambas.
- ¿Estuvo el señor Sesshomaru aquí?
Kaede no respondió, comenzó a realizar un nuevo brebaje para la niña ya que no podía interrumpir el tratamiento aún. Pero ella ya sabía, había sentido toda la noche el aura del daiyoukai cerca, aunque no sabía qué tan cerca había estado. Miró a Kagome y notó cómo se había sonrojado.
- Ehh, sí, ayer vino a verte.
- Escuché su voz. - Dijo simplemente la chiquilla.
La anciana miko frunció el ceño.
- Vino pero no habló nada, ya sabes que cuando hay más gente no lo hace.
- Escuchaba su voz… y la de la señorita Kagome.
- Vino anoche- Respondió lavándose la cara en un cuenco y tratando de parecer tranquila, aunque no lo estaba, sentía como si hubiera sido sorprendida en alguna travesura. No quiso luego mirar a la anciana porque sentía su mirada inquisidora en su persona- Quería saber cómo te encontrabas y tuvimos una breve charla- Luego de secarse el rostro miró a la anciana miko- Bueno, la que habló más como siempre fui yo…
Kaede no daba créditos a lo que escuchaba. Terminó de preparar el brebaje y se lo entregó a la niña para que se lo bebiera junto a la medicina traída del futuro.
- Entonces esta confiando más en ti.
Kagome exhaló aire fuertemente, haciendo una mueca y cruzándose de brazos.
- Yo no diría que este confiando en mi… es tan raro…
Kaede sonrió con levedad.
- Cuidado, recuerda que puede oír lo que escuchamos.
La miko se encogió de hombros y no le dio importancia a su advertencia. Salió de la choza y volvió a chocar con la coraza del daiyoukai que se encontraba de pie en la entrada, esperando el momento propicio para ingresar. Él bajó la vista a ella y Kagome retrocedió un paso mirándolo medio fastidiada, mientras se sobaba la cicatriz que sentía ahora arder más que nunca.
Apretó los labios y se marchó rápidamente, la presencia de Sesshomaru volvía a abrumarla. Caminó rápidamente por la aldea y después de un momento se dio cuenta que estaba en el pozo devorador de huesos. Se sentía confundida otra vez, sabía que algo estaba mal en ella, ya no podía negarlo más, el maldito Daiyoukai le estaba provocando cosas que, aunque usara toda su fuerza de concentración mental y voluntad, en su presencia ya no funcionaba. Quiso llorar por sentirse así, deseaba odiarlo, pero algo le impedía hacerlo. Esa noche había soñado con él, no con su amado hanyou, era Sesshomaru el que estaba su lado, era Sesshomaru quién se acercaba peligrosamente a ella, era él quién había querido besarla… en sus sueños él era fuego, sólo fuego… y ella en sus sueños lo ansiaba…
- Maldito Sesshomaru ¿por qué no se va?
Se puso las manos en la cintura y comenzó a caminar sin sentido alrededor del pozo. Finalmente se sentó en la hierba y suspiró. Quizás lo que estaba sintiendo no era nada, tal vez se estaba dejando llevar porque se sentía demasiado emocional debido a la larga ausencia de su amado Inuyasha y tal vez a los preparativos de la boda, de la cual bien poco se había preocupado. Se quedó ahí mientras apoyaba la frente en sus rodillas reclinadas y cubría el rostro con ambos brazos. Evocó los momentos con Inuyasha y los sueños que anhelaba su corazón cuando decidieron casarse, aún así la imagen del frío daiyoukai se colaba entre sus recuerdos haciéndole que su corazón latiera violentamente. Sollozó y se quedó dormida un par de horas debido al cansancio de las emociones que estaba experimentando y también porque no había dormido esa noche por cuidar de Rin.
Los sueños volvieron a apoderarse de su mente, el gran Lord del Oeste sonriendo con burla, fijando su mirada de hielo en los suyos como si quisiera hipnotizarlos, hablando con esa voz que la mayoría de las veces era profunda e inquietante y otras un susurro sensual y escalofriante. Despertó de pronto con el pecho acelerado y sus ojos muy abiertos, para encontrarse con el mismo Sesshomaru de pie en frente suyo observándola con su rostro neutral. Kagome gimió del dolor que sintió en el pecho y se pasó la mano por el flequillo húmedo que estaba pegado a su frente.
- Maldición, Sesshomaru- Rezongó, intentando ponerse de pie y tratando de tranquilizarse, pero no podía porque el sueño había sido demasiado esta vez, ósea, soñar dos veces con el daiyoukai era el colmo – Podría haberte purificado sin darme cuenta.
Vio como él sonrió levemente, con burla.
- No creo que seas capaz, miko.
Kagome suspiró y luego se tensó.
- ¿Qué haces aquí? Siempre te encuentro en mi camino. - Espetó casi con rencor. El daiyoukai agudizó la mirada, pero no respondió. El atardecer era rojo en ese momento y el lugar comenzó a oscurecerse poco a poco. - Bueno, otra vez te quedarás callado. No sé para qué me doy el tiempo de hablarte si al final resulta un monólogo.
- ¿Estas enojada… miko? - Su voz era burlona ahora y él seguía mirándola desde su altura. Era más alto que Inuyasha y podría decir que incluso más fornido que él, se sentía como una mosca casi en su presencia.
- No, no estoy enojada- Masculló y sin darse cuenta volvió a sobarse la cicatriz que estaba roja, casi lacerante y muy caliente al tacto. - Y debería, esto que me hiciste con una de tus garras me duele demasiado y ningún ungüento me ha servido.
- Ningún "ungüento" te servirá, miko- Respondió con burla.
- Inuyasha te matará cuando lo vea, sabrá que fuiste tú- Le reprochó.
El daiyoukai comenzó a quitarse la coraza lentamente y la joven se impresionó.
- Oye… ¿qué diablos haces?
Sesshomaru la tomó con fuerza de ambas manos y la acercó a su cuerpo, Kagome abrió inmensamente los ojos y se ruborizó, fue un ademán rápido e inesperado para ella, que por primera vez sentía el robusto pecho del daiyoukai chocando con el suyo. Se estremeció al sentir los músculos de su cuerpo tensionarse, el Lord acercó con rapidez el rostro al suyo, la joven lo miró con pánico, enfrentarse cuerpo a cuerpo con un daiyoukai era imposible, era muchísimo más fuerte que una roca, quiso golpearlo con sus piernas, pero en el momento que lo iba a hacer, sintió la lengua de él deslizarse por su cuello. La primera lamida hizo que sus piernas se flectaran ya que se quedaron sin fuerzas, la segunda la estremeció por completo lo cual provocó en Sesshomaru un ronco jadeo, la tercera lamida en el mismo lugar pareció que le iba a estallar el corazón. Un instante más y él se apartó unos centímetros de su cuello, para exhalar el calor ardiente que llevaba en su cuerpo y que ella pudo sentir cuando respiró sobre su piel. Kagome se quedó quieta esta vez, sin habla y olvidándose de respirar, mirando de soslayo al daiyoukai que mantenía los ojos cerrados, cerca de su cuello. Finalmente, él la soltó con cautela y la miko estuvo a punto de caer, él fue rápido para sostenerla nuevamente en sus brazos, la cara de la muchacha estaba completamente roja y sus ojos intentaban encontrar algo en la mirada de fuego del daiyoukai, que hacía lo mismo que ella, adentrándose en su mirada, buscando una respuesta a una pregunta que ninguno de los dos había hecho.
Kagome tragó fuerte y se recobró, enderezó la espalda y sus piernas que habían estado flexionadas, a punto de hacerla caer. Sesshomaru notó que la muchacha se estaba recuperando y lentamente comenzó a soltarla. Una vez hecho, se agachó y tomó su coraza que estaba en el pasto y comenzó a colocársela en el pecho.
- Qué… ¿qué hiciste? - Murmuró con un tono agudo, casi chillón, que poco a poco se fue elevando, mientras el daiyoukai no la miraba- ¿Qué diablos te pasa?
- La única forma que cicatrizara finalmente la herida es mi saliva- Respondió, alzando el rostro a ella con seriedad- Mi veneno es potente, te estabas quejando del malestar.
Kagome se atragantó y se sintió tonta y casi desilusionada ¿qué estaba pensando ella? Pero la forma en que la había tomado…
- No… no vuelvas a tomarme de esa manera, no te lo permito.
- Tú no me das ordenes, miko. – Respondió, frunciendo el ceño.
- Hay límites, Sesshomaru ¿qué te pasa? - agregó con un dejo de cansancio- Voy a ser la esposa de tu hermano, sé más respetuoso.
- Medio hermano- Corrigió, agudizando la vista en ella.
- ¿Qué quieres? - Preguntó finalmente Kagome, cruzándose de brazos y luciendo cansada.
Él la observó fijamente, ahora sin ningún tipo de reticencia para abarcar su mirada desde el rostro, hasta sus pies. Ella se estremeció y volvió a enrojecer. No le había dicho nada, pero esta vez dejó que el pensamiento perverso de colara en su mente, él quería que así fuera, que ella lo supiera. Kagome volteó y se alejó rápidamente de él. No quería ahora saberlo, no necesitaba saberlo, sólo deseaba que esto terminara, que Sesshomaru se fuera y la dejara tranquila, con sus planes de boda, con su futuro idealizado junto a su amado Inuyasha. Él no tenía nada que ver en su vida ni en sus planes. Nada.
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El daiyoukai no se quedó tranquilo, ni menos tomó en consideración las palabras de la miko. Había algo que estaba fuera de él, de su raciocinio, de su voluntad, de su conciencia incluso, la bestia que llevaba dentro estaba por salir a flote, se sentía desesperado, ya no podía controlarse más, la deseaba, la deseaba como jamás había deseado a una hembra, lo suyo eran momentos, tomaba y se iba, ahora quería jugar primero, saciarse después y quedarse con ese trofeo prohibido, arrebatárselo a su medio hermano. Ya no lucharía más con sus complejos de superioridad y desprecio a los humanos. Ahora quería hacer, lo que su instinto le pidiera hacer.
Kagome volvió a verlo en la aldea, Rin ya se encontraba mejor y caminaba a veces, a paso lento aun débil junto al daiyoukai. Kaede se había percatado del completo cambio de la joven miko. No dormía bien, apenas comía y evitaba a toda costa acercarse cuando el Lord estaba en la aldea.
- ¿Hay algo que te sucede, Kagome? - Le preguntó al fin, cuando bebían el té antes de dormir.
La muchacha hizo una mueca y entrecerró los ojos.
- Nada, anciana Kaede- Respondió escueta.
- Siento tu aura revolotear a tu alrededor, inquieta, incontrolable, no es necesario que me ocultes las cosas, niña.
Kagome dejó el té en la mesita que estaba frente a ella.
- Sólo deseo que Inuyasha regrese pronto.
Kaede sabía que no era la única razón de que él no estuviera junto a ella, pero tampoco su mente podría imaginar algo más que un problema quizás con el Lord del oeste.
- Es cierto… han tardado un poco más, dijeron 7 días y ya van 9. ¿temes que ahora que Sesshomaru viene tanto a la aldea obstaculice el matrimonio?
La miko abrió inmensamente los ojos y sus mejillas se tiñeron de rojo.
- ¿Obstaculizar? - Gimió. No creyó que la anciana pudiera descubrir lo que el maldito de Sesshomaru estaba haciendo.
- Claro, que ahora sienta que tiene todo el derecho a autorizar o no la boda, al ser el hermano mayor….
Kagome volvía a la vida, suspiro pesadamente y se puso de pie.
- No lo sé… no creo… y no importa en todo caso.
Salió de la choza y vio a Rin acercándose corriendo con algo en sus manos. La muchacha se encontraba bastante bien y ni atisbos quedaba de su fiebre o debilidad de días atrás.
- Señorita Kagome, señorita Kagome- Canturreó feliz, posándose en frente de ella y tratando de recuperar el aliento. La miko sonreía aliviada que el daiyoukai no estuviera a la vista, aunque sentía aún su aura de demonio en los alrededores.
- ¿Qué pasa, pequeña Rin? ¿qué tienes en las manos? - Como la chiquilla le había ofrecido el paquete, Kagome se dispuso a abrirlo con curiosidad, sonriendo apenas a Rin que le devolvía la sonrisa.
- Lo envía la señora Akako, dijo que estaba listo hace días pero que usted no lo había ido a buscar.
Kagome vio el kimono blanco sintiendo una punzada en el corazón. Lo sacó completamente y lo observó. Era su traje de novia ¿cómo podía haberlo olvidado? Sus ojos se llenaron de lágrimas al sentirse idiota y dejarse llevar por las acciones de malvado Lord, abrazó el traje y lloró aún más. Era como si engañara a Inuyasha por estar pensando y soñando con Sesshomaru, después de tantos años juntos, después de enfrentar tantas situaciones y problemas, no podía irse todo a la borda por culpa de su inestabilidad emocional. Jamás debió pensar más allá en el daiyoukai, jamás debió acercarse a él, aunque había sido inevitable, era él que se acercaba a cada instante, haciendo florecer sensaciones que sólo había tenido para Inuyasha. Maldito…
- Señorita Kagome ¿esta bien? Señorita Kagome- La llamó, mientras la tomaba de la manga. La joven miko sonrió y finalmente apartó el rostro del traje.
- Estoy bien, Rin chan. Gracias por traerlo. - Pensó en Inuyasha una vez más y deseó con más fuerza volverlo a ver- Ve y déjalo adentro, yo iré a ver si esta vez llegan los muchachos.
Le entregó el traje guardándolo con cuidado y Rin entró saltando a la cabaña.
Kagome sonrió y se apartó las lágrimas del rostro, caminando despreocupadamente por el bosque, ya no tenía miedo ni le haría caso al daiyoukai bipolar por andar sola y tan tarde entre los árboles, ella sentía que su corazón latía desbocado quizás por que Inuyasha se encontraba cerca, tal vez hoy llegaría al fin, casi lo presentía y lo esperaba con ansias.
De pronto sus pasos comenzaron a ser lentos y la sonrisa se borró de inmediato del rostro, un latido errático de su corazón le dio a entender que había una presencia que ella conocía muy bien cerca de ella. Dejó de respirar y la sonrisa se borró de su rostro cuando lo vio.
- Miko.
Cuando él pronunciaba aquella palabra, sonaba casi hereje en sus labios. La piel se le erizó y esta vez comenzó a respirar con fuerza, las mejillas se tiñeron de un rojo intenso.
- Sessho… maru.
El Lord sonrió de medio lado y se acercó. Kagome quiso escapar, en verdad quiso hacerlo, pero las piernas no le respondieron y sintió como si sus pies estaban pegados al suelo.
- ¿Por qué me estas evitando, miko? – Y su mano se acercó a una mejilla de ella, esta vez fue muy cuidadoso que ninguna de sus uñas rasgara su piel, su otra mano se afirmaba fuertemente en su cintura, otra vez tan juntos, y seguramente lo tenía planeado, ya que no usaba nuevamente su coraza.
Kagome se encontraba alterada, la cercanía del Lord era demasiado para ella, esa mano en su cintura parecía se fuego, le ardía la piel bajo la tela de su vestimenta de sacerdotisa, sentía que el aura de demonio la había dominado por completo porque no pudo moverse, apenas la voz le salía como un gemido. Si este era un truco del daiyoukai se las iba a pagar bien caro.
- No… no me… toques- Murmuró, bajando la vista avergonzada. Sesshomaru bajó la cabeza hasta estar a la altura de ella, sus cabellos blancos se cerraron alrededor de ellos como una cortina que permitía la privacidad. Kagome apenas alzó el rostro y vio como estaban los dos. Comenzó a respirar tan fuerte que el pecho se alzaba como si quisiera explotar.
- Ví… que te trajeron aquella vestimenta para el emparejamiento con mi medio hermano. - Susurró, acariciando ahora su mejilla con la suya, el aliento caliente del daiyoukai le chocaba en el rostro haciéndola casi desfallecer.
- Me… casaré, lo haré… suéltame- Gimió en un murmullo. Intentó soltarse, pero el movimiento entre sus brazos hizo que el daiyoukai se enardeciera de deseo. La miko sintió el calor del cuerpo del hombre abrazándola por completo y también la gran erección que chocaba con su propio cuerpo.
Lo miró horrorizada y entonces él deslizó la mano que estaba en su cuello, entre sus cabellos, acercándola fuertemente a su rostro y atrapando los labios prohibidos de la miko. Kagome gimió, volvió a moverse, a intentar soltarse entre sus brazos, pero el Lord la tomó más fuerte estrechándola completamente con su cuerpo y llevándola contra el tronco de un árbol, ella quiso gritar, pero en el momento que apenas pudo abrir su boca él introdujo su lengua y dominó la suya. Una pierna de Sesshomaru se introdujo entre las de ella haciendo que la joven diera un brinco, él la besaba abatiendo su lengua con la suya, y ella ya dejó de luchar, el beso impetuoso y prohibido fue voraz, hambriento, con frenesí, Kagome que intentaba antes apartarlo ahora acercaba sus manos al rostro del hombre, sentía el cuerpo caliente de él, así como el de ella. Sesshomaru se apartaba de su boca y volvía a hundirse en ella una vez más, la estaba volviendo loca de deseo, como jamás se sintió antes, olvidó todo en ese momento, su cuerpo y su mente estaban ocupadas completamente por ese maldito daiyoukai que la dominaba y la hacía sentir casi lujuria. La mano que él tenía firme en la cintura se deslizó inquieta por la pierna de la joven, la cual inclinó y él hizo un movimiento para que ella percibiera lo duro que estaba. La miko gimió entre sus labios mientras el Lord se apartaba de su boca y comenzaba a besar el cuello, apartando la blusa a un lado de la miko, bajando al nacimiento de sus senos, saboreando la piel tersa de ella, pasando su lengua para saborearla. Kagome gimió fuertemente y en ese momento pareció despertar de su ensueño y darse cuenta que estaba junto a Sesshomaru, que era él quien descontroladamente la besaba, la acariciaba y la hacía gemir de placer, abrió inmensamente los ojos y la fuerza volvió a su cuerpo para apartarlo bruscamente.
- Te deseo, miko- Susurró el Lord, mirándola con sus ojos dorados como el fuego.
- No…. No… yo… yo me casaré con Inuyasha- Gimió, respirando aún con fuerza y con el corazón descontrolado. Sentía los labios adormecidos por sus besos tan apasionados.
- Medio hermano…- Corrigió él acercándose nuevamente a ella, chocando su pecho con el suyo- Nunca había sentido esto… por una ningen… eres la primera. - Declaró roncó, mientras acercaba el rostro a sus cabellos y los acariciaba con su mejilla.
- Inuyasha… yo lo amo… y él me ama….- Tartamudeó, creyendo que nuevamente estaba cayendo bajo el embrujo de seducción del daiyoukai.
- Inuyasha siempre tendrá presente a la miko no muerta- Respondió cruel. Finalmente se apartó y la miró con el ceño fruncido- Para mí, tú eres la primera. No hay otra antes que tu.
Comenzó a respirar fuertemente otra vez, lo miró con los ojos muy abiertos sin creer lo que estaba diciendo el engreído Lord del Oeste.
- Pensé… que querías a Rin…- Gimió.
Sesshomaru frunció el ceño, contrariado por primera vez ante ella.
- ¿Rin?... es sólo una chiquilla- Luego sonrió y acercó sus labios a su cuello, besándolos una vez más- No soy… de esa clase… me ofendes, miko.
Kagome quiso explicarse, quería decirle que quizás en el futuro… pero no, no tenía nada más que decirle. Se apartó con fuerza de sus brazos y salió corriendo de allí. Corrió como si se la llevara el diablo, corrió como si de eso dependiera su vida, no podía creer lo que había sucedido, era una pesadilla, una pesadilla seguramente, sus ojos se anegaron de lágrimas y sus labios, adormecidos ya le develaron que todo era cierto, que había sido real. Caminó hasta llegar a una cascada. La miró sintiéndose estremecer con las caricias y los besos que aún se marcaban en su cuerpo. Tenía que quitárselo de encima, sacarse ya su aroma, su aura, sus marcas de besos en su piel. Se dirigió adentrándose en el agua y se sentó bajo la cascada. Necesitaba purificarse, estaba hecha un desastre, ni su reiki de miko le había funcionado para alejar a Sesshomaru, se había quedado paralizada, se había sometido a su seducción, había reaccionado a sus besos y caricias, lo había… permitido.
Lloró sintiéndose sucia y mala ¿cómo excusarse ahora? ¿cómo decirle a su amado Inuyasha lo que había ocurrido sin que con eso no conllevara a una desgracia? ¿cómo miraría nuevamente a su futuro esposo sin olvidar la bajeza que había cometido? Si se lo decía, lucharían hasta la muerte, los conocía y si no se lo decía… ¿sería capaz de vivir con su conciencia?
Muchas horas pasaron hasta casi la madrugada. Kagome que parecía en trance despertó y se levantó. El frío calaba sus huesos debido al agua que tenía además estaba completamente empapada su ropa de miko. Caminó saliendo de la cascada y dirigió sus pasos lentos con rumbo a la aldea. Cuando llegó, el sol ya había asomado tras las colinas y sintió que sus débiles rayos entibiaban sus fríos huesos.
- Kagome…
La muchacha alzó la vista abriendo inmensamente los ojos cuando lo vio. Su amado hanyou estaba mirándola con devoción a la entrada de la choza. La miko se echó a correr y él la recibió entre sus brazos mientras ella escondía el rostro y comenzaba a llorar desconsoladamente, Inuyasha sentía cómo se estremecía entre sus brazos y lo abrazaba fuerte con su cuerpo empapado de agua y helado. La apartó apenas el rostro mientras él sonreía.
- Keh, tonta… tardé un poco pero ya estoy aquí.
Kagome lo miraba y recordaba lo sucedido, lo volvió a abrazar con fuerza escondiendo el rostro en su hombro.
- No me dejes, por favor, te extrañé, te extrañé mucho…
Inuyasha sonrió con ternura. Así era su Kagome, decía lo que se le venía al corazón y él amaba tanto eso de ella. Le dio besos cortos y devotos en las mejillas, en su frente, en el cuello de la miko intentando consolarla.
- Yo también te extrañé, Kagome.
Kagome. Sólo su hanyou era capaz de llamarla por su nombre. Se apartó un poco para mirarlo con seriedad y finalmente habló, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas.
- Casémonos…. ahora, o mañana… no quiero esperar más, hagámoslo ahora, nada nos impide hacerlo. Yo te conocí como hanyou y nunca me has lastimado en ese estado. Quiero estar contigo, por favor.
Sesshomaru estaba observando la escena, impasible, frío y altivo como siempre. Escuchó perfectamente lo que la miko decía, lo que desesperadamente proponía. Su inexistente corazón latió con dolor esta vez. La miko estaba escapando, estaba huyendo de sus verdaderos sentimientos. Y su orgullo de daiyoukai le impedía reclamarla. Jamás olvidaría los besos que compartieron aquella noche, ni las caricias de fuego que casi los hizo perder la cordura. La miko había sido capaz de hacer lo que ninguna antes había hecho, bajar la guardia, dejar que sus impulsos cedieran, actuar dejándose llevar por el deseo…
La miró una vez más sintiendo el irrefrenable deseo de batirse a muerte con su medio hermano, él la abrazaba y besaba su rostro con total libertad. La ningen era prohibida ahora. Y lo sacaba sin piedad de su vida.
- Ya veremos… miko… -Murmuró, con un dejo de amargura- … ya veremos.
Volteó apretando la mandíbula y caminó a paso firme perdiéndose en la espesura del profundo bosque.
Continuará...
N/A Editada: Es el primer fic que he escrito de Sesshomaru con Kagome, me ha costado muchísimo hacerlo ya que al ser como una continuación de la serie y no un universo alterno, debía apegarme más a las verdaderas personalidades de ellos. Con Kagome e Inuyasha pude jugar ya que ellos en tres años debieron haber "madurado" un poco, sobre todo ella. Pero Sesshomaru es un desafío, y tuve que pensar y pensar en cómo diablos evolucionaba este personaje sin que dejara de ser "él". Bueno, dije que había salido de mi zona de confort y esto esta saliendo
No he cambiado de bando, sigo amando la pareja de Inuyasha y Kagome, sólo que siempre me ha atraído Sesshomaru por su magnetismo y misterio, sentía (siento) que es algo así como "el fruto prohibido" y me atrae y creo que a varias, por ser más maduro, misterioso, bello, frío, malévolo, etc. y además no tiene un amor inolvidable ya que Sara se enamoró de él y Kagura igual y jamás se puso como tonto como Inuyasha por Kikyo (eso aún me da rabia cuando veo los capítulos donde deja a Kagome sufriendo por estar con la otra) pero en fin, gracias a todos quienes me dejaron un comentario de apoyo y sobre todo a quienes no gustaban de la pareja pero igual leyeron la historia y dejaron un mensaje respetuoso, se les agradece un montón.
Lady Sakura Lee
