N/A:

1) Los personajes de Once Upon A Time pertenecen a Adam Horowitz y Edward Kitsis.

2) La historia esta relatada en tercera persona. Será un relato más o menos corto evocando la Noche Buena y la Navidad. Se tratará de respetar las personalidades originales pero de ante mano me disculpo por alguna variación (licencia poetica) que se dé en las mismas.

3) La trama de la historia se basa en la sexta temporada cuando vuelven del Inframundo, pero he modificado algunos hechos tomando en cuenta el mito de Hades y Perséfone.

4) Si ven esta historia fuera de mi cuenta de FF o facebook por favor comuniquemelo, digamos No al plagio y apostemos siempre al original.

5)Cualquier sugerencia y/o crítica me la pueden hacer llegar por medio de un PM o un review.


Veintitrés de Diciembre:

El tan esperado veintitrés llegó y los nervios se hicieron presentes en la Salvadora. La rubia no dejaba de pensar en que estar a solas con Regina era una pésima idea.

Y a pesar de que Henry estaría también, los eventos de la semana le hacían sospechar que estaba siendo arrastrada a una de esas operaciones que le gustaban a su hijo.

Llegó puntual con café en un termo, chocolate en otro y una cajita con rollos de canela. Tocó timbre y esperó.

En menos de quince minutos Regina abrió la puerta en un pijama de dos piezas, (un short que dejaba lucir sus piernas y un top de tirantes) y una bata corta apenas atada.

—Bue… buenos días, Regina —saludó Emma tragando saliva.

—Buenos días, Emma —saludó con una sonrisa de satisfacción—: ¿Eso es para nosotros?

— Ah, sí. Es el desayuno — Recordó Swan los rollos y los termos—: Espero te guste.

— Pasa —indicó dejándola entrar.

Emma pasó y se dirigió a la cocina, saludó de camino a Henry que bajaba las escaleras con cara de dormido.

—Tengo café y chocolate —señaló Emma mostrando los termos—: Y aquí traje rollos de canela.

—Por la caja veo que no son de Granny's —Observó la morena.

—Así es, estos los hice yo.

Regina se sorprendió ante esa afirmación e iba a decir algo pero fue interrumpida por Henry.

—Mami ha estado aprendiendo a cocinar desde hace un tiempo.

— Oh, ya veo — Regina miró con orgullo a Emma—: Pues entonces quiero un café con un toque de leche y un rollo de canela.

—Yo quiero chocolate y el rollo —pidió Henry saltando al banco de la isla.

—Anotado.

La sheriff sirvió café con leche para ella, otro con menos leche para la alcaldesa y un chocolate para su hijo. También puso en unos platitos los tres rollos para que cada uno se sirviese.

La velada fue contraria a lo que esperaba Emma. Hablaron de su semana, armaron planes para vacaciones y pusieron manos a la obra para idear el festejo de «Nochebuena».

—Bien, ¿qué les gustaría cenar? —preguntó Regina.

—¡Lasagna! —exclamaron al unísono Emma y Henry.

—Bien, anotado —Escribió en una agenda—: ¿Quieren incluir entrada?

—Puedo hacer unas brochetas como entrada, si te parece —sugirió la rubia.

—Eso suena muy bien —avaló Regina—: Y de postre ¿qué hacemos?

—¡Pastel de manzanas! —Volvieron a corear Henry y Emma.

—¿Seguros? —Dos pares de ojos de cachorro fueron su respuesta—: Snow va a matarme.

—Tranquila —Emma apoyó su mano sobre la de Regina—; haré para ellos mousse de chocolate.

—Gracias.

El contacto fue corto pero ambas se sintieron cómodas, seguras y apoyadas mutuamente.

—Bien, si ya es todo me voy yendo —Interrumpió Henry.

—¿A dónde vas muchacho? —inquirió Emma rompiendo el contacto con la morena.

—Tengo una cita con Violet.

—¿Una cita? —Emma estaba desconcertada.

—Sí —afirmó Regina agregando divertida—: Nuestro hijo ya está en la edad de perseguir mujeres en vez de villanos de cuentos.

—Ya veo —expresó nostálgica la rubia.

—Mamá —Se quejó Henry—: mejor me voy antes de que sigan bromeando a costa mía. Nos vemos más tarde.

—Chau, hijo. Cuídate —Se despidieron ambas al mismo tiempo.

Acto seguido Emma ayudó a secar los utensilios usados en el desayuno, para luego decidir marcharse al trabajo.

—Espera, Emma —Detuvo Regina, tomándola suavemente del brazo—: Quiero hablar contigo.


Lo más temido por Emma se hacía presente, haciendo que quisiese huir.

—Tengo que trabajar, Regina.

—Soy tu jefa y te doy hoy el día libre.

Ante aquella dispensa, Swan cayó en cuenta que estaba en una de las operaciones de su hijo y no tenía cómo escapar.

Se resignó y aceptó ser conducida al salón. Se sentó en el gran sillón y tomó con sus manos el vaso de whisky que le ofrecía la morena.

Aquella escena les hizo recordar a cuando se conocieron por primera vez. En esa ocasión había odio, dolor, sorpresa en los ojos de Regina mientras que en los de ella había nostalgia, sorpresa y esperanza.

En cambio ahora había silencio incomodo encargado de preguntas que querían hacerse y la culpa por lo hecho.

—Puedes al menos mirarme a los ojos, Emma —rogó la morena.

—No creo tener siquiera ese derecho.

—Vamos Emma —Regina tomó asiento a su lado—; no puedes seguir culpándote.

—Cómo no culparme —suspiró Swan—: Prometí ayudarte con tu final feliz, ser distinta a mi madre y lo arruiné dos veces.

Regina permaneció en silencio sabía que antes de contarle algo, tenía que dejarle sacar todo lo que llevaba adentro.

—Primero traje a Mariam y tuviste que hacerte a un lado —Dejó su vaso en la mesita—: Y terminó siendo tu hermana en vez de su esposa y compliqué aún más las cosas.

—Sólo quisiste hacer lo correcto —Intentó suavizar la alcaldesa.

—No, sólo me metí donde no me llamaban —Quería golpearse a sí misma pero se obligó a continuar—: Y después los arrastré a una aventura suicida totalmente en vano.

—Eso no es así.

—Sí, lo es —Seguía encerrada en sí misma—: Buscar a Hook en el Inframundo fue lo que mató a Hood y… ¿para qué?, ¿para que el comiera de un fruto del limbo y ahora pertenezca como secuaz a Hades?

—Pudo haber sido en vano —explicó Regina—: Pero no nos arrastraste, elegimos ir.

—¿Qué?

Regina sonrió, ya había captado la atención de la Salvadora.

—Lo que escuchaste, Emma —aclaró la señora Mills—: Tus padres quisieron ayudarte, Henry y yo no queríamos dejarte sola —Miró a la rubia para ver si seguía escuchándola—: Mi hermana buscaba arreglar algo con Hades y Hood quería proteger a su bebé, a Zelena y a mí.

—Es que justo ahí está el problema —señaló la rubia—: Sí no hubiésemos ido, no se tendría que haber sacrificado.

—Estamos en Storybrooke, nuestras vidas están siempre en riesgo.

—Hablo en serio, Regina —Se quejó Emma—: Fui egoísta, antepuse mi supuesto final feliz y te herí quitándote lo que amabas.

—Ya no era así —confesó la morena.

—¡¿Qué?! —exclamó incrédula Emma.

—Lo quería sí —Regina caminó por la sala—: Pero no como hombre sino como amigo.

—¿Y él lo sabía? —Emma se le acercó.

—Sí, lo habíamos hablado y él quedó en estar conmigo pase lo que pase —comentó la alcaldesa—: Después de todo iba tras la persona que amaba, la cual se embarcaba en una odisea por salvar a quien quería.

—¡No! —gritó Emma quedando paralizada—: Eso no es cierto.

—Sí, Emma —Regina se dio la vuelta—: Desde que volvimos de Nerverland nuestra relación fue cambiando, pasamos de enemigas a amigas.

—Sí, lo sé —Reconoció la rubia—: Pero… ¿amor?

—Déjame hablar, Emma —regañó la morena—: Como decía, nos hicimos amigas y nuestras magias aprendieron a estar conectadas, a potencializarse haciéndonos más unidas —Tomó la mano de la rubia—: Y cuando te arriesgaste para que la oscuridad no volviese a llevarme, no pude más que aceptar lo que mi ser gritaba.

—Pero… ¿por qué no me dijiste?

—Porque no tengo nada que ofrecerte más que un pasado oscuro y mis momentos con Henry —Se lamentó Regina apretando la mano de Emma—: Hook era para tus padres el hombre que te hacía feliz, que te devolvía la fe en el amor, el que te ayudaba a crecer —Miró las manos unidas de las dos—: Era una figura paterna para Henry, alguien perfecto en comparación conmigo.

—¿Entonces lo dices ahora porque él ya no es el mismo?

—No —negó rotundamente la morena—: Lo digo ahora porque quiero estar en tu vida —Respiró antes de continuar—: Si aprendí algo de Robin, fue que el que ama desea lo mejor para el otro y yo quiero lo mejor para ti —Enfrentó a los ojos verde agua con su mirada chocolate—: También que el que ama busca proteger al otro, y eso quiero hacer contigo. Pero te sientes culpable y me alejas todo el tiempo, por eso te estoy contando la verdad.

—Y ahora… ¿qué quieres que diga o haga?

—No quiero que hagas nada, Emma —Regina bajó la voz y le sostuvo la mirada—: Sólo deseo que dejes de sentirte culpable y volvamos a hacer amigas —Acarició su mejilla—: Estaré siempre a tu lado pero debes dejarme acercar.

—No puedo ser tu amiga, Gina.

Aquella confesión la desanimó, mas escuchar que la llamaba con aquel diminutivo cariñoso la confundió. Confusión que se disipó al sentir los labios de la sheriff presionando los suyos e iniciar un beso.

Regina respondió intensificándolo y pidiendo permiso para sumar su lengua. Permiso que fue rápidamente otorgado junto al agarre en la cintura que Emma no dudó en aprovechar para pegar más sus cuerpos.

Se separaron al sentir que sus magias se alborotaban.

—¿Qué…qué significa esto? —preguntó la morena tratando de regular su respiración.

—Eso, es la razón por la que no puedo ser tu amiga —confesó Emma pegando su frente a la de Regina—: Gina también eres la persona que amo y lo sé hace un tiempo.

—Cuando te arriesgaste por mí, ¿verdad?

—Sí —afirmó sin titubear—; prefería llevar yo la oscuridad a que te volvieras a perder.

—Eso tiene que cambiar, Emma —Regina la miró fijo—: No estás sola, podes contar conmigo y juntas afrontar lo que sea.

Emma rió ante eso y volvió a besarla asegurándole que haría lo posible por no enfrentar todo sola.


De repente sonó el timbre de la puerta.

—¿Será Henry? —preguntó la sheriff.

—No creo —negó la alcaldesa—: Él vendría recién a la noche.

—Ah, entonces sí era una de sus operaciones —bromeó Emma dirigiéndose hacia la puerta—: Quiero saber el nombre de esta operación.

Al abrir la puerta un bolso le cayó en la mano extendida, y tuvo que hacer fuerza para que no se le resbalase.

—Mulán, hola —saludó Emma desconcertada.

—Tienes tu propia casa no hay necesidad de que duermas con mi novia.

—¿Eh?, yo no dormí con Ruby —Se defendió—: Me quedé en la posada de Granny's.

—Lo que digas —Se despidió Mulán.

Emma seguía sorprendida de aquella actitud pero no dijo nada. Sentía que Red había agrandado las cosas sólo para saber si le importaba a Mulán o aún seguía tras Aurora.

Y con lo dicho por la guerrera china, lo que fuese que había contado Caperucita había dado resultado.

—¿Dormiste con la loba? —inquirió Regina alzando una ceja.

—¡¿Qué?!, no —exclamó la rubia—: Sólo me quedé en lo de Granny, en una habitación pero no con Ruby.

—Y ¿por qué no dormiste en tu casa?

—Desde que los planes de boda se cancelaron, mi casa se me hace muy grande —contestó algo melancólica—: Y no he querido molestar a mis padres, quiero que ellos tengan su espacio para disfrutar a mi hermano.

La morena quería decirle que debió buscarla, sin embargo sabía cómo eran las cosas antes de que hablasen.

—Hoy puedes quedarte aquí —sugirió Regina—: Y sé que no es lo mismo una boda que una cena, pero si gustas podemos estrenar tu casa con el evento de mañana.

—¿Segura que no prefieres hacerlo en tu mansión, en tu territorio? —cuestionó suavemente la rubia.

—Siendo sincera mi casa no me gusta tanto, tiene recuerdos muy dolorosos —admitió buscando el abrazo de Emma—: Sólo la habitación de Henry es mi lugar favorito.

—Bien, entonces festejemos Nochebuena en mi casa y escribamos nuevos momentos —Emma la abrazó—: Me quedaré aquí esta noche, y mañana temprano decoramos mi hogar para la fiesta.

—Me parece perfecto —Disfrutó del abrazo—: Deja entonces que prepare la cena para los tres y de paso le contamos las buenas nuevas a Henry.

—¿Incluso lo nuestro?

—Sí, incluso lo que estamos intentando —aseveró divertida—: Después de todo él querrá saber sí la «Operación Reinicio» tuvo éxito.

Emma pensó que su hijo era más inteligente que lo que imaginaba, así que se dijo que cuando lo viese; lo abrazaría.

Seguido a aquel pensamiento procuró disfrutar de la compañía de su reina, con la que vio una película y a la que ayudó con la cena.

Al verlas juntas Henry se sintió muy feliz y aceptó con gusto el falso regaño de parte de Emma. Luego los tres se fueron a dormir pensando en la cena del día siguiente, por lo que ninguno sintió la oscura presencia que los observaba.