Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn y todos sus personajes no son de mi propiedad

Disfruten del capítulo~


– Ah, es un gusto volver a verte pequeña princesa. –rio Iemitsu mientras rodeaba los hombros de la joven con uno de sus brazos. – La última vez que te vi eras tan pequeña como un cubito de hielo.

– I-Iemitsu-san… –dijo apenada Yukiko mientras sus mejillas de teñían de un suave rosa.

Luego de haber salido del aeropuerto, Tsuna le había dado un recorrido por la ciudad a Yukiko, mostrándole los lugares importantes a los que podría recurrir si tenía problemas. Luego de eso la había llevado a su propia casa, donde, para su sorpresa, su padre y Basil se encontraban presentes.

– Si es la verdad. –dijo divertido el hombre mayor. – Ha pasado un largo tiempo desde que visitaste por última vez la mansión Vongola, y es algo difícil acceder al templo Utatae sin morir congelado.

– Lamento no haberlo visitado más a menudo, mis deberes como sacerdotisa me han mantenido ocupada. –se disculpó la joven.

Ante sus palabras, Iemitsu dejó escapar una estruendosa carcajada.

– No hace falta que te disculpes, pequeña.

Desde un lugar a parte, Tsuna observaba aquella conversación sin saber muy bien cómo sentirse: Su padre parecía conocer bastante a esa chica, y su trato hacia ella era casi como el de un padre hacia una hija… No podía evitar sentirse levemente celoso ante este hecho.

Su padre no solía estar mucho en casa por su trabajo, y cuando volvía a casa era totalmente extraño ¿Por qué con esa chica tenía ese comportamiento? ¿Desde cuándo la conocía?

– ¿Mi hijo te ha estado tratando bien? –preguntó de pronto Iemitsu logrando sacar a Tsuna de su ensimismamiento.

– Su hijo es todo un caballero, Iemitsu-san… Pero aún no se si tiene lo necesario para ser un líder, estoy esperando a que él lo pruebe, antes de darle mi lealtad absoluta. –contestó Yukiko con seriedad.

– Sabía que dirías algo como eso… –dijo con un suspiro Iemitsu. – Se que mi hijo no te decepcionará.

– Sawada-dono es una persona muy hábil, aún está aprendiendo, pero tiene el corazón para ser el líder de la familia. –se entrometió Basil.

– ¿Por qué hablan de mi como si no estuviese presente? –refunfuñó por lo bajo Tsuna mientras se abrazaba a sus rodillas.

– ¿Ara? ¿Por qué estás tan decaído Tsu-kun? –preguntó su madre apareciendo junto a él con una bandeja de bebidas.

– N-No es nada mamá…

– ¿Hmm…? –su madre se mostró no muy convencida ante su respuesta, pero decidió cambiar de tema al ver que su hijo no deseaba hablar de sus inquietudes. – Me sorprendió cuando llegaste a casa con esa linda chica… Quiero decir, has traído a Kyoko-chan y Haru-chan a casa antes, pero esta chica parece diferente… ¿Es tu novia, Tsu-kun?

– ¿¡Q-Qué!? ¡Claro que no! –chilló avergonzado el castaño.

– Oh, es una lástima, parece una buena chica. –rio su madre. – Por cierto, tus amigos te están esperando en la entrada. –le avisó antes de acercarse a su esposo con la bandeja de bebidas.

Tsuna suspiró poniéndose de pie para luego encaminarse a la entrada de su casa, donde, tal y como su madre lo había mencionado, Gokudera, Yamamoto y Ryohei lo esperaban.

– Se ve decaído décimo ¿Qué sucede? –preguntó Gokudera una vez que se encontraron dentro de la casa.

– N-No es nada… Ya que están aquí, creo que hay alguien a quien debo presentarles… –murmuró mientras se volteaba a ver en dirección donde su padre y Basil seguían hablando con la guardiana de la nieve.

– ¿Esa chica? ¿Quién es? –preguntó Yamamoto volteándose a ver en la misma dirección.

– Esta mañana Reborn me informó que existen dos guardianes más… –murmuró Tsuna recordando los sucesos que habían acontecido temprano en aquel día. – Los guardianes de la nieve y el infierno…

– He oído hablar de eso… –murmuró pensativo Gokudera. – Vongola no ha tenido tales guardianes desde la primera generación.

– Eso mismo me explicó Reborn. A penas esta mañana nos enteramos de que habría guardianes de la nieve y el infierno en la décima generación… –suspiró haciendo una pequeña pausa. – Esa chica de allá es la guardiana de la nieve.

– No se ve como alguien que participe en combates… –murmuró Yamamoto examinándola con la mirada.

– ¡No importa! –exclamó de pronto Ryohei. – Si será parte del equipo tendrá que luchar a nuestro lado ¡Al extremo!

– Es difícil pensar en ella combatiendo… –pensó en voz alta Tsuna. – Se ve tan delicada que no parece que perteneciese al mundo de la mafia… Pero al parecer es bastante famosa…

– Es Lady Ice… –murmuró Gokudera sorprendiendo a Tsuna.

– ¿Cómo sabes de ella? –preguntó el castaño.

– Ella es mayor que nosotros… –rio por lo bajo el peliplata. – Ahora mismo debe tener 21 años… Cuando era pequeño solía oír mucho sobre ella, en cierto modo la admiraba… –comentó. – Era tan joven, pero era una de las asesinas más eficaces de todas las familias mafiosas.

– ¿En serio? –preguntó Yamamoto sorprendido.

Y es que era bastante difícil asociar la imagen de la joven frente a ellos con la de una asesina…

La chica que veían podría ser perfectamente una modelo de pasarela: Un cuerpo esbelto con curvas en los lugares adecuados, piernas torneadas y brazos tonificados que daban la impresión de que la joven solía ejercitarse para mantener su figura. Su piel era blanca, lechosa, casi como de porcelana, y no presentaba ninguna imperfección en ella; Ni cicatrices, ni heridas, ni siquiera moretones.

Los rasgos de su cara eran bastante delicados también: Un mentón suave con forma en V, nariz pequeña pero respingada, ojos rasgados de un extraño color miel, mejillas levemente regordetas, pero que lejos de dar la impresión de tener grasa acumulada, le daban un aspecto tierno.

Y si aquello no era suficiente para dar cuenta del aspecto frágil de la chica, también se dejaban entrever pequeños detalles como su cabello sedoso y bien cuidado, un maquillaje suave pero perfectamente elaborado, y uñas bien cuidadas.

– Es en serio… –respondió Gokudera.

– ¿Y por qué la llaman así? ¿Lady Ice? –preguntó Ryohei.

– Es de mala educación hablar de alguien pensando que no te puede oír.

¿En qué momento había sucedido? Habían volteado su cabeza por un segundo y al siguiente, la tenían a su lado mirándolos expectante.

– A-Ah, lo siento señorita, solo teníamos curiosidad acerca de quién es usted. –se rio nervioso Yamamoto. – Mi nombre es Takeshi Yamamoto, soy el guardián de la lluvia. –se presentó con una gran sonrisa en su rostro.

– ¡Yo soy Sasagawa Ryohei, al extremo! –se presentó el boxeador.

– Y yo soy Gokudera Hayato, la mano derecha del décimo. –dijo Gokudera extendiendo su mano para estrecharla con la de la joven.

Sin embargo, Yukiko no hizo ningún ademán de corresponder aquel gesto. Se mantuvo quieta observando a los tres muchachos.

– Has elegido un equipo bastante extraño… Sawada-san… –dijo seria al cabo de unos minutos. – Espero que no se comporten así en el campo de batalla o estaremos perdidos.

Los cuatro jóvenes observaron con asombro a la guardiana.

– ¿¡Cuál es tu problema!? –exclamó molesto Gokudera. – Décimo, ¿realmente esta mujer tiene que estar en el equipo?

– A diferencia de ti, no tengo a alguien con cual disputar mi puesto. Seré guardiana de la familia sin importar si Xanxus o Tsuna ganan la batalla.

– ¿¡Y por qué estás aquí entonces!? ¡Vete!

– Realmente eres idiota… –bufó Yukiko. – Si estoy aquí es porque he decidido depositar mi fe en Sawada-san. Lo que dije recién no ha sido más que una advertencia. Tal parece que hasta el momento no han estado en una batalla real, si mantienen esa actitud en el campo de combate, Varia los asesinará en un abrir y cerrar de ojos.

– Es por eso que están entrenando. –Reborn irrumpió en la conversación siendo acompañado por Sora.

– ¡Reborn!

– ¡Bebé!

– Ciaossu

~ –saludó el arcobaleno del sol. – Yukiko-san, si tan grande es tu preocupación ¿Por qué no te tomas la molestia de probarlos?

– ¿Probarnos? ¿A q-que te refieres Reborn? –preguntó Tsuna.

– Una prueba. –habló esta vez Sora. – Yukiko evaluará las habilidades de cada uno y los ayudará a prepararse mejor.

– Ah, si ese es el caso, Basil y yo también aportaremos en su entrenamiento. –dijo Iemitsu acercándose a ellos, habiendo escuchado evidentemente la conversación que estaban manteniendo.

Tsuna suspiró con cansancio. Si Reborn y su padre estaban de acuerdo con hacer un entrenamiento, no había nada que pudiese hacer para evitarlo.

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– ¿A dónde vamos ahora? Furoooshishishishi~ En esta época se supone que Varia ya debería está al acecho… Pero no sé por dónde se alojan…

– Es al fondo del siguiente callejón, a mano izquierda. –respondió Chrollo con absoluta tranquilidad. – Recuerda tener cuidado al momento de hablar… Viper es astuta.

– Furooooshishishi~ Por algo es la madre de este brillante príncipe. –mencionó juguetón el contrario mientras se acercaba a la dirección que el arcobaleno del infierno le había indicado.

Sin titubear, se saltó las medidas de seguridad y entró a la mansión donde habitaban los Varia.

Hipnotizado, observó cada rincón de aquel edificio: A pesar de que nunca había alcanzado a estar en ese lugar, quería guardar en su memoria el lugar donde su madre y su padre habían convivido.

– Furoooshishishi~ Se parece demasiado a la nueva guarida. –dijo el joven, recorriendo la mansión como si fuera su casa.

– ¡VOOOOOOOOOI! –una estridente voz se hizo presente, pero lejos de verse sorprendido o asustado al respecto, el pelivioleta agrandó su sonrisa: Conocía a la perfección esa voz. – ¿¡QUIÉN ERES TU Y CÓMO LOGRASTE ENTRAR AQUÍ!? –un hombre de cabellos blanquecinos, bastante largos, apareció frente a él.

Al ver al joven frente a él, Squalo tuvo la sensación de estar viendo una extraña copia de Belphegor.

– Furooooshishishi~ ¡Pero si es el tío Squalo! –exclamó el pelivioleta con cierta emoción, la cual rápidamente disimuló: No podía permitir que sospecharan su identidad. Cómodamente se sentó en el sofá principal, el que pertenecía a Xanxus. – Soy el príncipe de Varia, Lucian furooooshishi~ –se presentó. – Ah, ¿Me traes mochi? El príncipe tiene hambre. –añadió con arrogancia.

– Ushishishishi… ¿Quién es este mocoso? –habló Belphegor sacando sus cuchillos. – ¿Y cómo es que atreve a proclamarse "príncipe de Varia"? Ushishishishi, ese título es solo mío.

– ¡VOOOOOI! No tengo idea, pero hay que sacarlo de aquí. –gruñó Squalo.

– ¡Silencio! –exclamó Leviathan, colocándose entremedio de los jóvenes. – Xanxus-sama está durmiendo su siesta, no hay que meter ruido… Así que, niño, ¿por qué no te vas? –preguntó "amablemente" el hombre pensando que, así, era la única manera de ganarle a un niño: Con amabilidad.

– Furoooooshishishi~ Ponte de rodillas cuando hables con el gran príncipe de Varia, asalta cunas. –respondió Lucian señalando el suelo a la espera de que Levi se arrodillara.

– ¡VOOOOOOI! ¡Lo voy a matar! –exclamó Squalo.

– Ushishishishi… Maldito mocoso… –siseó Belphegor.

– ¿Asalta… cunas? –repitió Leviathan en shock: Ese insulto era nuevo.

– Ara, ara… ¿Por qué tanto ruido? –preguntó Mammon entrando a la habitación, en sus manos llevaba un fajo de billetes los cuales estaba contando.

Al ver a la arcobaleno de la niebla aparecer, Lucian se quedó tenso. Sus ojos comenzaron a picar amenazando con soltar lágrimas.

¿Desde hace cuántos años no la veía? ¿5… 4, quizá?

Al estar tan expuesta en un equipo como Varia, su madre había sido la primera víctima de los "destructores", y también con la que habían dejado la amenaza de seguir asesinando uno tras otro a los miembros de Vongola.

Aunque ella y su padre eran dos polos completamente distintos, recordaba la pareja que hacían juntos: Eran amigos, eran esposos, y eran padres…

Recordaba cómo jugaba con su padre con los cuchillos, y su madre alegaba que podía lastimarse. Y es que, aunque Mammon era muy avara, nunca se limitó cuando se trataba de él. Le traspasó todos sus conocimientos y le ayudó a vencer sus propios miedos…

Y después de todos esos años, nuevamente, la tenía frente él…

Ahora era su turno de protegerla.

– Mamá… –murmuró para sí mismo con un hilo de voz. – Estoy en casa