Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


El Heredero

CAPITULO 2

Albert había tenido una semana muy agitada, ya que como cada año se realizaba la cosecha de trigo y salía más trabajo de lo acostumbrado. Sin embargo se sentía contento, porque su padrón le había pagado un dinero extra, que juntaría para algún día poder comprar un terreno y construir una hermosa casa, donde viviría con Dorothy y sus futuros hijos. Su sueño era casarse con ella y formar una familia. Esa familia que el no pudo tener cuando era un niño.

Esa tarde después de su jornada laboral, llevo a su novia a ver el terreno que pensaba comprar. Era un lugar muy bello, con un prado verde lleno de árboles y flores.

—¿Y qué te parece Dorothy? –le pregunto Albert mirando el paisaje con una sonrisa.

—Es perfecto mi amor –contesto ella emocionada.

El la abrazo por la cintura.

—Me alegro que te haya gustado, porque más adelante me gustaría comprarlo para construir nuestro hogar.

—¿Albert en serio te gustaría formar una familia conmigo? –le pregunto ella mirándolo a los ojos.

—Por supuesto que si mi amor. Te amo Dorothy y quiero que seas mi esposa y la madre de mis hijos.

Ella lo abrazo llorando.

—Yo también te amo Albert. Te prometo que voy hacer una buena esposa para ti.

—Lo se Dorothy, pero no llores que todavía falta para la boda. Primero tengo que comprar el terreno y construir nuestra casa.

Ella se apartó de él sonriendo.

—Tienes razón…

—Si tuviera dinero me casaría contigo ahora mismo, pero tenemos que esperar un tiempo.

—No te preocupes mi amor, yo se esperar.

—Eres muy comprensiva Dorothy y buena por eso te amo tanto –le dijo Albert besándola en los labios.

En eso llego Tom en un caballo algo apresurado.

—¡Albert! –lo llamo.

—¿Tom que pasa? –le pregunto el apartándose de su novia.

—Siento venir a molestarlos, pero hay un hombre que te busca Albert.

—¿Quién es?

—Un tal George Johnson.

Albert y Dorothy se miraron, recordando que era el mismo nombre de la persona que había enviado la carta.

—¿Que quedra ese hombre de mí? –se preguntó Albert intrigado.

—Por qué no vas a hablar con el –le dijo Dorothy –A lo mejor es algo importante.

—Es lo que voy hacer. Tom préstame tu caballo para llegar más rápido.

—Si amigo –dijo Tom bajándose.

—Dorothy tú te vas con Tom caminando a la granja, nos vemos haya.

—Sí, no te preocupes.

Albert rápidamente se subió al caballo de su amigo y se fue a la granja. Donde lo estaba esperando un hombre alto, de bigote negro, vestido con un traje de color gris.

Albert se bajó del caballo y se acercó a él.

—¿Usted es el señor Johnson? –le pregunto sacándose el sombrero.

George antes de responderle lo quedo mirando fijamente, dándose cuenta que no cabía duda que Albert era el hijo del marques, por su parecido con él.

—Si –respondió –Es un placer conocerlo señor Morrison.

—¿Que desea? –le pregunto Albert mirándolo con desconfianza.

—Parece que no leyó la carta que le envié.

—No lo hice ¿Que quiere de mí?

—Señor Morrison yo venía hablarle de su padre.

—¡De mi padre! –repitió Albert confundido.

—Si de su padre, el marqués William Andrew.

Albert sin entender se tomó la cabeza con una de sus manos.

—¿Que está diciendo?

—Que usted es hijo del marqués de Andrew.

—Lo siento señor Johnson, pero yo no estoy para bromas –dijo Albert caminando hacia otro lugar, pero George se le puso en frente.

—No es una broma señor Morrison, usted es hijo del marqués de Andrew.

—¿Y dónde saco esa estupidez? Yo hijo de un marques –dijo Albert incrédulo –Mi padre era un hombre humilde que dejo a mi madre cuando quedó embarazada de mí.

—Ella por alguna razón le hiso creer eso, pero yo sé lo que le digo y se lo voy a demostrar.

—¿Cómo?

—Su madre se llamaba Mery Morrison y era escocesa ¿verdad?

—Sí.

—Ella cuando era joven conoció al marqués y tuvieron un romance que duro poco tiempo, porque cuando los padres del marques se enteraron la echaron de Escocia. Ella se fue embarazada de usted. El marqués de inmediato se dedicó a buscarla, por que amaba a su madre de verdad. Pero no pudo dar con ella. Paso el tiempo y un día se encontró con una amiga de su madre, que le conto que Mery había tenido un hermoso niño llamado Albert Morrison, pero que ella se había marchado muy lejos con el niño. Desde ese día se dedicó a seguir buscándola, pero nunca pudo dar con su paradero. Por favor señor Morrison créame en lo que le digo.

—No puedo creerle señor Johnson –le dijo Albert desconcertado con aquella historia.

—Es la verdad usted es hijo del marqués de Andrew. El lamentablemente murió hace dos meses atrás, pero lo nombro en su testamento, donde usted es el heredero de la mitad de sus bienes y del título de marqués.

Albert negó con la cabeza.

—¡Sabe señor Johnson deje de hablar tonterías y váyase de aquí! –le pidió con molestia.

—Por favor señor Morrison comprenda que usted…

—¡Ya le dije que no soy hijo de ese hombre! Lo siento, pero no tengo tiempo para seguir escuchándolo –dijo Albert marchándose hacia otro lugar de la granja, con la cabeza llena de confusión y sin querer creer de lo que se acababa de enterar.

Escocia.

Candy había salido a dar un paseo con Anthony por el parque de la mansión. Ella iba luciendo un hermoso vestido color turquesa, acompañado de un sombrero de la época y Anthony con un traje color azul oscuro. Ambos caminaban lentamente mientras platicaban.

—¿Candy es verdad que ya te llego la tela para que te confeccionen tu vestido de novia? –le pregunto Anthony.

—Si mi amor. Tía Elroy se encargó de mandarla a buscarla a Paris.

—Te vas a ver preciosa con tu vestido de novia. Ya deseo que pronto seas mi esposa.

—Yo también lo deseo, pero tenemos que esperar, todavía estamos de luto por la muerte de tu padre.

—Lo se mi amor, aunque yo no esperaría. Con lo que me hiso papá ha perdido todo mi respeto –dijo Anthony dolido.

—Anthony podemos hablar de tu hermano –le pidió Candy deteniendo el paso.

Él se apartó de ella colocándose muy tenso.

—No quiero hablar de eso Candy.

—Pero tenemos que hacerlo.

—Te dije que no me interesa hablar del supuesto hijo de mi padre –le dijo Anthony con molestia.

—No puedes negarte a que tienes un hermano.

—Yo no tengo hermanos y no dejare que él tome el lugar que solo a mí me corresponde.

—Tanto te importa ser marques.

—Claro que me importa –admitió –Siempre he soñado con serlo y me he preparado para ser un buen marques como lo fue mi padre.

—Te entiendo Anthony, pero tu padre le heredo el título a tu hermano.

—¡Ya cállate Candy porque defiendes tanto a ese desconocido! –le grito Anthony alterado.

—No lo estoy defendiendo, solo quiero que se cumpla la voluntad de tu padre. Yo se lo prometí.

—¿Cómo que se lo prometiste?–le pregunto Anthony sin entender.

—Lo que pasa que yo sabía que tu padre tenía otro hijo.

—¿Lo sabias?

—Sí. Me lo dijo días antes de su muerte.

—¿Y por qué no me dijiste nada?–le pregunto Anthony tomándola por los brazos –¿Por qué fuiste capaz de ocultarme algo así?

—No podía decirlo, tenía que saberlo por el testamento que dejo tío William.

Anthony la soltó mirándola decepcionado.

—De todos modos debiste habérmelo dicho ¡Lo que has hecho no te lo voy a perdonar nunca! –le grito marchándose del parque.

Candy se quedó mirándolo con tristeza, pensando que le iba ser muy difícil por convencerlo que aceptara a su hermano, y lo peor de todo que aquello le estaba trayendo problemas en su relación.

—Candy cada día estas más hermosa –le dijo Neil que llego en ese momento.

La rubia volteo su cuerpo mirándolo con desconfianza.

—¿Qué haces aquí Neil?–le pregunto.

—Vine con mi padre a visitar a la tía Elroy. Pero también a verte a ti Candy.

—¿Y porque a mí?

El dio unos pasos hacia ella.

—No te hagas la tonta, sabes perfectamente que me gustas mucho Candy.

—Y tú sabes perfectamente, que jamás tendrás una posibilidad conmigo –le aclaro ella apartándose de él, pero Neil la tomo del brazo para detenerla.

—Es por el imbécil de Anthony.

—Aunque Anthony no estuviera nunca me fijaría en ti.

—Porque mi familia no es tan rica ni prestigiosa como los Andrew ¿verdad?

—Eso es lo que menos me importa.

Neil sonrió.

—Candy White no te hagas la buena, porque siempre he pensado que eres una arribista, que lo único que desea es convertiste en la próxima marquesa de Andrew. Lástima que no lo podrá serlo, porque tú querido Anthony no lo será.

—A mí no me interesa ser marquesa e igual me casare con Anthony porque lo amo. En cambio a ti siempre te he despreciado.

Neil le apretó el brazo con fuerza.

—Aunque me desprecies sé que algún día vas a ser mía –le dijo en el oído.

—¡Eso nunca Neil Legan! –le grito Candy y salió corriendo del parque, sintiendo un gran temor por las palabras de Neil.

...

Elroy se encontraba en el salón platicando con Luis, cuando una de las sirvientas los interrumpió.

—Señora Elroy la busca el señor George Johnson.

Los ojos de ella se iluminaron.

—Hazlo pasar enseguida.

La sirvienta hiso una reverencia e hiso pasar a George que entro rápidamente al salón.

—¿George me trae noticias de mi sobrino? –le pregunto la mujer.

—Sí, pude hablar con él.

Luis lo miro atento.

—Y que le dijo, vendrá a tomar el lugar de su padre –le pregunto ansioso por saber.

—No, él se niega a creer que es hijo de un marqués.

Elroy se tomó la cabeza.

—No puede ser –dijo preocupada.

Candy llego en ese momento y se acercó a ella.

—¿Tía Elroy que le pasa? –le pregunto.

—Candice, el hijo de mi hermano se niega a tomar el lugar de William.

—¿Y eso por qué?

—Por qué no cree que es hijo de un marqués señorita White –le respondió George –Yo trate de convencerlo, pero no pude. Tal vez sería bueno que usted señora Elroy viaje a Londres para hablar con él.

—Es una buena idea George –dijo la anciana.

—Elroy es un viaje muy largo para ti. Por qué no me dejas hacerlo a mí –sugirió Luis que le interesaba conocer a Albert.

—¿Tu Luis?

—Sí, yo puedo viajar a Londres para hablar con él.

Candy miro a Luis extrañada por su interés de conocer a Albert. Ella nunca le ha tenido confianza, así que no podía permitir que lograra su objetivo.

—Tía Elroy porque no me deja a mí hacer ese viaje –le pidió Candy.

—¿Tu Candice?

—Si tía yo también puedo hablar con el hijo de tío William. Por favor deme autorización para hacerlo.

—Pero yo también puedo hacerlo –insistió Luis.

—No mejor que lo haga Candy –contestó Elroy.

—Gracias tía. Mañana mismo viajare a Londres y le prometo que are todo para convencer a Albert, de que tiene que venir a tomar el lugar de su padre –dijo Candy con una sonrisa.

Luis la miro con ojos de odio, por haberle echado a perder su plan.

Al llegar a su residencia Luis se encerró en la biblioteca, donde llamo a uno de los sirvientes.

—¿Que necesita señor Legan? –le pregunto el hombre.

—Necesito que me hagas un trabajo –respondió Luis desde su escritorio.

—En que lo puedo ayudar señor Legan.

—Quiero que impidas que la señorita Candy White llegue a una granja que esta al sur de Londres.

—¿Y cómo tengo que hacer eso?

—Secuéstrala en el camino a Londres. Te voy a pagar muy bien.

—¿Cuando quiere que lo haga?

—Ella viaja mañana, así que tú síguela en otro carruaje durante el viaje y cuando encuentres el momento precisó la secuestras y la matas.

—De acuerdo señor Legan are todo lo que me dijo.

—Perfecto –sonrió Luis –Lo siento Candice White, pero no podrás conocer al heredero.

Días después…

El viaje hacia Londres estaba siendo muy tranquilo. Candy iba en el carruaje acompañada de una pareja que iban conversando animadamente. Ella miraba por la ventana el camino de tierra y los árboles. Sabía que era un viaje muy largo, pero lo estaba disfrutando, a pesar que no dejaba de pensar en su prometido Anthony y en que había viajado sin su autorización. Cuando regresara a Escocia estaba consiente que tendría problemas con él, pero esperaba que aquel viaje valiera la pena y lograra conocer a Albert y convencerlo que él era el heredero del título de marqués.

El carruaje llego a la ciudad de Londres, donde Candy aprovecho para pasar una noche en un hotel y poder descansar y comer algo. A la mañana siguiente la rubia tomo otro carruaje que la llevaría al sur de Londres, donde estaba la granja donde Albert trabajaba. Esta vez el viaje lo hiso con un simpático anciano, con el que iba platicando alegremente.

—¿Así que vas a la granja del señor Braun? –le pregunto el anciano.

—¿Usted la conoce?

—Si es una granja muy grande y bella.

—Espero que no esté muy lejos.

—No esta tan alejada, pero todavía falta para llegar.

Candy suspiro.

—Este viaje está siendo más largo de lo que yo pensaba –expreso.

—¿Y una señorita como usted que va ser a la granja del señor Braun?

—Necesito ver a una persona que trabaja ahí.

—¿No me diga que es su novio?

—Oh claro que no. Es alguien que ni siquiera conozco.

—No comprendo.

—Le voy a explicar. Lo que pasa que…

En ese momento el carruaje se detuvo bruscamente.

—¿Que habrá pasado? –se preguntó Candy –¿Por qué se detuvo el carruaje?

—No te preocupes jovencita yo bajare haber.

El anciano iba bajar cuando la puerta del carruaje se abrió y un hombre apuntando con un arma apareció.

—Tú te vienes conmigo –le dijo a Candy sacándola del carruaje a tirones.

—¡Suélteme! ¡Suélteme!–se puso a gritar sin entender lo que estaba pasando.

El hombre le tapó la boca y la metió a otro carruaje donde se la llevo.

Continuara…


Hola mis lindas chicas.

Quise subir otro capitulo para que poco a poco vayan viendo como se va desarrollando la historia. Espero que lo difruten. Muchas gracias a todas las chicas que leyeron el primer capitulo y lo comentaron y gracias tambien a las que lo colocaron en sus favoritas. Valoro sinceramente su gran apoyo y me anima para seguir escribiendo.

Cariñoso saludos a :

Tutypineapple, Glenda, Stormaw, Fandcya, sayuri1707, JENNY, Brigge, MaiiraHuiir, Pecas, Guest, HaniR, Denis.

Bendiciones para todas, nos vemos pronto.