¡Hola! Sí, bien... ¡Aquí me tenéis de nuevo, con la actualización correspondiente a este fanfic!, y... Oye. Un capítulo por mes no suena realmente mal, ¿verdad? Jaja.

Hoy (¿ayer ya?) es otra fecha importante... O solía serlo, al menos. (Sigue siéndolo para mí.) Así que a falta de hacer algo que no debo hacer...

Este Fanfic es un regalo

para esa persona.

Ojalá os guste, disfrutad.

—o—o—o—o—o—o—o—o—o—

Con los párpados pesados y sabiendo que tendría ojeras bajo sus ojos por haber pasado toda la noche en vela, en continuo movimiento, Zuko avanzó unos pasos sin levantar la vista de sus propios pies enfundados en zapatillas negras y dejó resbalar la mochila de sus hombros al suelo descuidadamente.

El estrellar de metal, tela y otros elementos más con la templada piedra amarilla del camino que dirigía a la entrada del supuesto "templo" sonó secamente en el espacio en el que se hallaban, rompiendo una paz sobrecogedora que flotaba apaciguadora a su alrededor.

Zuko cerró los ojos, reuniendo fuerzas de flaqueza para mantenerse en pie y no echarse a dormir allí mismo...

Wow

Y, atraído por el auténtico asombro pintando la grave voz de su tío, el pelinegro adolescente levantó por fin su cabeza.

El Templo Auram se alzaba en toda su majestuosidad frente a los diminutos viajeros que pisaban su entrada.

—Tío... ¿Seguro que esto es... un mero templo?

Oyó los pasos de su familiar detenerse a su lado y, al no captar respuesta alguna por parte del mayor, pudo adivinar que Iroh estaba en ese momento tan ocupado como él mismo deleitándose en la visión del Templo Auram... Más similar a un castillo desuniforme que a un templo perdido de la mano de Dios, si alguien se lo preguntara.

Al no estar Toph en ningún lugar a la vista, solo ellos dos se hallaban parados en la entrada a una especie de jardín empedrado, con esquinas hermosamente adornadas en césped perfectamente cuidado y cortado. Tras ellos, eternamente presentes, estaban los más de un centenar escalones de piedra grisácea que cualquier habitante o forastero del lugar debía ascender o descender al arribar o partir de allí. A unos 20 pasos de distancia hacia adelante, de frente a ellos, había un pequeño cruce desde el cual la piedra cálida que pisaban se abría hacia los costados en finos caminos, dándole una forma de signo más () al jardín; y sumando otros 20 pasos sin virar hacia ninguno de dichos costados, recto, se encontraban los pequeños escalones —5 de ellos— que conducían a una entrada en forma circular tallada en piedra blanca, de bordes que parecían haber sido esculpidos en oro a juzgar por el material sin nombre que hacía parecer algo lujosa la humilde entrada al Templo. Una terreza auténticamente desierta se veía directamente por encima de dicha entrada con ribeteados bordes dorados.

Sin embargo, apartando la mirada de la entrada... El Templo lucía orgullosas torres erguidas de ribeteados tejados acabados en punta, con bordes igualmente dorados; algunos de ellos cubiertos mayoritariamente en losas de un celeste casi transparente, otros en losas verdes bosque, y otros tantos de aquellos tejados (algunos ya fuera de la vista de Zuko y Iroh) de tonos azul océano y/o rojo vivo, como el fuego. La torre más alta y vistosa del Templo Auram se distinguía por las losas de tonalidad negra y bordes, ya no dorados, sino plateados.

Las paredes del templo, de las torres y de los pasillos eran blancas. Blancas, limpias... Pero, no cegadoramente blancas, sino que blancas de una forma calmante.

Con simples ventanas —sin oro, plata o bordes tallados en metal o material alguno— en forma de arco dispersas calculadoramente cada cierto espacio y pisos —supusieron los recién llegados—, cerradas con puertecillas de clara madera, el Templo Auram acababa de presentarse ante Zuko y Iroh como un lugar espectacular pero humilde, llamativo pero sencillo, atrayente... e intrigante.

—¡EH! —Al alzar ambos la cabeza con rapidez ante el sorpresivo grito, vieron a Toph asomada a la primer terraza visible con sus dos manos apoyadas en el borde y el cuerpo impulsado hacia adelante—. ¡¿Pensáis moveros en algún momento o me haréis bajar a buscaros?!

Iroh bufó con diversión, comenzando a avanzar hacia la entrada redonda con una gran sonrisa casi infantil en sus labios resecos.

De cualquier forma, Zuko no lo siguió inmediatamente, sino que primero señaló hacia Toph y exclamó:

—¡CLARO QUE TIENES QUE GUIARNOS! ¡¿Cómo se supone que adivinemos cómo subir hasta allí arriba si no tenemos ni siquiera un mapa del templo...?!

—¡¿Un mapa?! ¡Pero aura rara, eso aquí no existe! ¡Así que apúrate en alcanzar a tu tío Iroh, y ya nos vemos abajo! —con eso dicho, la de ropajes verdes y grisáceos salió de su campo de visión, riendo.

El pelinegro se vio entonces obligado a levantar el pesado mochilón del suelo, colgárselo a los hombros y dar alcance a su tío con un suspiro agotado. Rayos cálidos de sol acariciaban su nuca al avanzar, y escarpadas cumbres de la Montaña Boreal lo despidieron a lo lejos al adentrarse él al interior del Templo Auram.

—¿Por qué será que tengo el presentimiento de que las locuras de la montaña solo han sido el comienzo de todo esto...?

—o—o—o—

—Eh, maestro, maestro.

—¿Por qué me llamas así ahora, Sokka?

—Habrá que volver a acostumbrarse a hacerlo, ¿no? —soltando un largo bostezo, el mencionado acabó de estirar.

—Pero sabes que no me gus...

—Al Monje Gyatso no le gustaría escucharte decir eso —lo interrumpió Sokka.

El contrario viró los ojos y se puso de morros, mirando a un costado.

—Bueno... ¿pero qué era lo que querías decirme?

—Ah, eso... Pues, verás... —atentó a hacerse el interesante, paseándose un poco por alrededor y sobándose la barbilla mientras tanto, pero los ojos fijos en su nuca no lo dejaron disfrutar demasiado del intento—. ¡Vale, vale, no hace falta mirarme así...! ¡Ya han llegado nuestros invitados!

Ambos muchachos cruzaron miradas entusiasmadas, olvidando el primero su actitud correctora hacia el maestro y el segundo su enfurruñamiento por el dichoso apelativo.

—¡Vamos a prepararnos!

—o—o—o—

—¿Me diréis qué os trae por aquí ya?

—Eso, querida Toph, es asunto privado de Zuko...

—Hmn... —ojos perla se ocultaron tras párpados pálidos y la joven del trío asintió, comprendiendo aquello muy a su pesar—. ¿Y a usted en particular, Iroh?

—Yo estoy aquí en favor de acompañar a mi querido sobrino. —Pronunció hinchando el pecho con orgullo el sesentón.

—Tío, ¿podrías dejar de hacer eso y hablar normal ya?

"Es un poco insolente, ¿hm?", pensó Toph, agregando el dato a su registro mental de las características de ambos hombres. "Bueno, si cambiar está entre alguno de los motivos por los que están aquí..." Se detuvo al percibir que acababan de llegar a las puertas que buscaban desde un principio, y apoyó sus manos en las suaves manijas de metal pulido.

—Aquí estamos —anunció con cierto retintín.

Por la bocanada de aire que tomó Iroh a su derecha y por la postura insegura de Zuko a su izquiera, supo que el mayor había adquirido su mejor pose para encontrarse con alguien y que el menor de ellos tenía sus dudas sobre todo aquello, aunque no lo dijera...

—Esas puertas no tienen pinta de ir a llevarnos frente a nadie importante —vocalizó aquel.

"Whao, ¡fallo mío! Sí que dice algo de lo que piensa... Así que... Además de insolente, es franco, ¿verdad...? El maestro adorará saber esto", bromeó para sus adentros la ciega. Con un simple movimiento de manos y un imperceptible empuje de sus pies sobre la fría piedra del suelo, empujó las puertas hacia adentro...

Y estas salieron propulsadas con una fuerza prácticamente desmedida, dando lugar a que Iroh y Zuko pudieran echar un vistazo al interior de la habitación.

—¡Hey...!

—Sokka. —Lo cortó la chica avanzando hacia dentro hasta quedar de pie frente al mencionado, con los brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido—. ¿Y...?

—Está en la Sala Celestial. —La interrumpió a su vez el delgado muchacho de tez morena y orbes color océano, nariz alzada y expresión socarrona.

"¿Sala... Celestial?" Zuko enarcó una ceja intercambiando una mirada con su tío. El mayor se encogió de hombros, él tampoco sabía a qué podría referirse el chico en el centro de aquella especie de... sala de estar. "¿Qué Sala Celestial?"

Iroh entrelazó las manos tras su espalda, apretando los labios para suprimir un bostezo mientras recorría el lugar con la mirada. Una mesa redonda y baja de madera reposaba en el centro de una habitación de suelo de piedra recubierto en un tapiz de alfombra carmesí y dorada. Tres ventanas se esparcían en dos de las cuatro paredes blancas, abiertas y revelando el cielo del día que apenas comenzaba, mientras que cortinas de fino hilo crema danzaban con brisas de aire mañanero. Cuatro cojines descansaban en torno a la mesa redonda, en el suelo alfombrado, y un sofá gris de aspecto viejo se encontraba en el espacio entre ambas ventanas contra una pared. Un mueble se apoyaba en una de las paredes sin ventanas, con platos y utensilios de cocina de distintos tipos asegurados tras puertas acristaladas; mientras que en la otra pared sin ventanas solo se veían un par de pergaminos colgados. Iroh intentó decidirse entre la idea de ir a examinarlos y la idea de ocupar el sofá a modo de cama por uuun... rato.

Zuko, por otro lado, se decantó por acercarse a los pergaminos mientras Toph y aquel chico, Sokka, discutían algo en voz baja.

—No me jodas, Sokka... He sentido a pies inquietos aquí antes de abrir esas puertas. —Susurraba Toph, molesta.

—Va-Vale, es cierto, él estaba aquí...

—¿A dónde se ha ido?, ¿por qué? Respuestas cortas.

—Ha dicho que tenía algo de suma importancia q-- Vale, no, solo ha dicho: "¡Tengo algo que hacer! Inventa algo. Distrae a Toph y dile luego que deje descansar al hombre y al chico en las habitaciones para invitados" —Sokka hizo aquí una grandiosa imitación del tono del maestro escurridizo que Toph parecía desesperada por ver—, y luego ha salido volando por la ventana... —Al acabar la breve explicación, alzó una mano para tapar la boca a la chica y se inclinó un poco hacia ella, más serio—. ¿A qué viene tanta prisa?

Ojos blanquecinos brillaron sin diversión en dirección a los suyos propios y Sokka se sintió ruborizar ligeramente al notar que su mano no era de gran ayuda para dejar hablar a Toph. La apartó, y entonces la chica abrió la boca para decir:

—¿En qué idioma está esto?

...vale. Esa definitivamente no había sido Toph.

—¿Eso? —sin voltear siquiera, la de menor estatura se encogió sueltamente de hombros—. Tenía un nombre demasiado raro, pregúntale luego al jefe.

—Si me dices dónde está y dejas de discutir con tu novio, lo haré.

Esta vez fue el turno de ambos de ruborizarse.

—¡No es mi novio! / ¡Ni loco salgo con ella!

Unos ronquidos profundos que resonaron en el silencio siguiente a las abochornadas exclamaciones distrajeron a los tres adolescentes entonces.

Iroh había caído rendido en el sofá, obviamente.

—o—o—o—

"Esto es raro..."

El agua frente a él no circulaba con la calma con la que solía hacerlo, ni le decía con simpleza los pasos a seguir que debería de tomar tras evaluar la naturaleza de los dos huéspedes nuevos. Lejos de ello, allí donde un rayo de sol incidía sobre el centro de la fuente y los remolinos eran más violentos, lo único sobre lo que parecían hablarle las aguas, eran problemas. Echando un rápido vistazo al fuego que se alzaba en cuatro puntas distintas de la fuente, en pequeñas bases donde velas blancas alumbraban, notó las llamas más agrandadas consumiento la cera mucho más rápido de lo que deberían.

"Esto es más bien... muy malo?"

Con las flechas en sus brazos brillando en un resplandeciente tono azulado, la figura de cara a la fuente respiró profundamente y cogió de un pequeño bol de hierro que traía entre las manos un puñado de tierra. Una bola de agua del tamaño de ambas de sus manos cerradas se alzó del medio de aquel mar tormentoso en miniatura y, en cuanto la tuvo de frente, el puñado de tierra se alzó de su mano hasta haberse insertado en dicha esfera. Dejó el bol en un borde de la fuente, como solía hacerlo, y procedió a mover una de sus manos rápidamente, creando un remolino de aire frente a él en el suelo y retrocediendo un par de pasos a medida que crecía y la bola de agua con la tierra dentro se perdía en su núcleo.

Cuando el mini-huracán desapareció, en el suelo de diamante a sus pies solo quedaban formas confusas de barro y las llamas de las velas se habían apagado.

—Monje Gyatso... ¿Qué se supone que debería de interpretar con esto? —cuestionó una voz confundida a la nada.

Las flechas en su cuerpo dejaron de brillar y unos ojos ahora normales, grisáceos, se entrecerraron llenos de dudas al fijarse de nuevo en las formas en el barro.

—o—o—o—

—Tío, límpiate las babas...

—Hala, ya podemos irnos. —Dejando una nota escrita en un trozo de papel viejo sobre la mesa, Sokka trotó hasta las puertas abiertas de la sala de estar común del Templo Auram e hizo una breve reverencia, gesticulando exageradamente con ambos brazos hacia la salida—. Por aquí, caballeros.

—¿Caballeros? —Protestó Toph.

—Caballeros y bruta.

—¡Hey!

Sin darle importancia a la queja, el grupito salió de aquella zona y se encaminó por los distintos pasillos blancos siguiendo los pasos de Sokka, que encabezaba la marcha. Iban en este orden: Sokka, Toph y Zuko, y un adormecido Iroh al final.

—Entonces... ¿dónde están todos los demás?

Sokka giró su cabeza hacia Zuko enarcando, expectante, una ceja.

—¿Los demás?

El pelinegro dio un cabeceo afirmativo y, antes de que Sokka pudiera responder, Toph se adelantó.

—Solo somos nosotros ahora.

—¿Sokka y tú?

—Y el maestro —corearon ambos, con un cóctel mixto de respeto y burla en la voz.

—Solíamos ser algunos más, pero... Hay quienes prefieren vivir la vida y recorrer el mundo a permanecer aquí. —Añadió la chica.

—¿Por qué vosotros no? —se sumó Iroh con verdadera curiosidad pintando su voz.

Toph y Sokka coincidieron en las expresiones suaves y reflexivas que adquirieron en ese momento, y esta vez fue Sokka el que respondió:

—Tenemos metas algo distintas en nuestras vidas.

"Hay cosas que no nos están diciendo...", caviló Zuko en lo que bostezaba cubriendo su boca con una mano. "Pero a mí qué me importa... No he venido hasta aquí para hacer amigos después de todo. Necesito hablar con este maestro que tanto nombran, tsk..."

—¿Viviréis permanentemente aquí?

—Sí. —Toph ni siquiera lo dudó.

Iroh silbó por lo bajo, admirado. "No puedo esperar a saber más sobre estos chicos..." De reojo, observó a Zuko desde donde estaba. O la mochila enorme que colgaba a su espalda, mejor dicho; esta le tapaba la figura de su sobrino casi por completo. "Podrías aprender bastante de ellos, sobrino mío."

Muy cansados para seguir indagando en las vidas de sus dos anfitriones, ni Zuko ni Iroh volvieron a abrir sus bocas mientras avanzaban escaleras arriba siguiendo a Sokka y Toph, que ahora iban lado a lado, conversando sobre unos tales "Momo" y "Appa". Reían de vez en cuando, y Zuko pensó distraídamente que Toph lucía bastante relajada ahora junto a Sokka, y Sokka ya no actuaba tanto como un idiota.

—Bien, el maestro ha dicho que descanséis antes de encontraros con él... —informó Sokka al detenerse momentos más tarde frente a una puerta y abrirla con un sencillo empujón hacia dentro—. Aquí tenéis dos camas y dos armarios, una mesa de luz, ventanas y...

—El baño es esto de aquí —se le adelantó Toph, avanzando hasta abrir la puerta que se hallaba frente a donde Sokka estaba de pie en la entrada al dormitorio—. Hay duchas, bañera y lavabo y lo necesario para asearse, cagar o lo que sea con tranquilidad. —Sonrío angelicalmente pese a sus maneras al hablar.

Divertido, Iroh soltó una profunda carcajada voceando un "Buenas noches, caballeros y señorita" para perderse segundos después en el interior de la sencilla habitación. Al asomar Zuko la cabeza, lo vio ya echado en la cama y de espaldas a ellos. Suspiró.

—¿Y cómo volveremos abajo después?

—¡Explorando! —cantó Toph.

—¡Deja de marear a nuestros huéspedes! —la regañó Sokka dándose una palmada en la cara y sonriendo nerviosamente, fijando después sus orbes zafiro en las ámbar de Zuko—. Vendremos a buscaros más tarde, vosotros dormid tranquilos y duchaos si queréis. —Cogió la mano a Toph comenzando a irse y saludó con una sonrisa a Zuko, moviendo la mano restante en el aire—. ¡Hasta luego!

Las quejas y los insultos numerosos de Toph por aquel extraño comportamiento se fueron evaporando a medida que ambos jóvenes se perdían pasillo y escaleras abajo segundos más tarde.

Zuko entró al cuarto de piedra notando sin sorpresa alguna que era blanco y gris como el resto del interior del templo —al parecer y juzgando por lo que ya había visto— a pesar de estar alfombrado en un color carmesí y tener unas cortinas de fino hilo dorado frente a la mediana ventana en forma de arco —como todas— ya abierta.

Dejó la mochila en el suelo por quién sabe cuántas veces ya en el día y rotó sus entumecidos hombros y cuello con un gruñido displácido.

—¿Qué te va pareciendo el lugar, Zuko?

—¿No te cansas de gastar siempre el mismo truco, tío?

Una pequeña risa rebotó entre las paredes, y Iroh negó soltándose su cabellera ya algo canosa.

—Fingir estar dormido siempre cuela, sobrino. Sobretodo cuando quieres escuchar o que te dejen solo... ¿Quién no le haría ese favor a un pobre anciano cansado?

—Ni siquiera eres un anciano aún. —Se mofó Zuko estirándose.

—No estoy muy lejos.

—Como sea... Iré a bañarme.

—Despiértame cuando salgas.

Unos minutos más tarde, Iroh volteó en su cómoda cama hacia el techo de piedra blanca, pensativo. "No parece tan apurado como creí que estaría al llegar..." Cerró los ojos, notando con amarga diversión el peso de los años y el cansancio comenzar a pasarle factura rápidamente al momento de quedarse verdaderamente dormido. "No debería de extrañarme... A fin de cuentas, la curiosidad es uno de los principales rasgos que tenemos los humanos..."

—o—o—o—

Cuando hizo un gesto sencillo con su mano para abrir la puerta al salón común y pasó al interior del mismo, no tardó en sentir un brazo caerle sobre la nuca y rodearlo por los hombros. El peso era demasiado ligero para ser de Sokka, por lo que...

—Toph. —Saludó regalándole una sonrisa pequeña a la chica.

—¿Qué pasa con esa aura y ese tono preocupados, pies ligeros?

"Ah, es cierto... A ella nunca se le escapa nada. Cielos." El mencionado murmuró un poco sin saber si contar lo que había descubierto arriba o no, y en el tiempo que tardó en responder, vio a Sokka levantarse del sofá y acercarse también.

—¿Qué pasa con esa cara, tío? ¿Te ha pasado un camión espiritual por encima?

—Jaja... Podrías decir algo así.

Los dos amigos alrededor del maestro del templo se miraron sorprendidos. Nunca habían visto tan abatido al menor... O, bueno... casi nunca.

Toph condujo al chico hasta el sofá y lo instó a sentarse mientras que Sokka ocupaba uno de los regazos del mismo y no se contenía a la hora de preguntar ansiosamente:

—¿Nos contarás ya o qué?

—o—o—o—

No había rastro de ellos. Nadie sabía decirles a dónde se habían encaminado realmente después de haber pasado por Perú, nadie los recordaba, nadie los ubicaba. ¡Y qué menos!, con la cantidad de turistas que pasaban por allí a menudo...

—Oye, es nuestro primer viaje a solas, ¿por qué la cara larga?

—¿Y qué con eso? No estamos haciendo esto por diversión. No lo olvides.

—¿Por qué no podemos divertirnos un poco? ¡Vamos, no seas tan aguafiestas! Solo mira las buenas vistas que hay por aquí...

—No me vengas con esa mierda. Tenemos cosas mucho más importantes que hacer.

—¡Pero...!

Tarde. Su acompañante ya se había alejado para ir a meterse en una tienda de amuletos a interrogar a otro vendedor más.

Mordiéndose un labio y meneando su cabeza coquetamente hasta que su larga trenza castaña cayó por delante de su hombro, haciendo cosquillas con el pelo en su cintura, la figura femenina detenida en la esquina de un camino de tierra suspiró.

"¿Debería acaso cantarle Hakuna Matata para que se relaje un poco...?"

Una sonrisa radiante de un chico moreno sin camiseta y en pantalones cortos la distrajo. Le devolvió un guiño y enseguida vio al muchacho acercarse a entablar conversación casual con ella.

Ya qué... Ayudaría a su pan de melón a recaudar información.

—o—o—o—

Al sentirse limpios, más cómodos en ropas ligeras y, innegablemente, algo relajados y satisfechos al haber llegado a su destino, tanto a Iroh como a Zuko se les hizo corto el tiempo que durmieron profundamente hasta que la puerta a su habitación se abriera de golpe y el primero de ellos se sentara sobresaltado en su cama mientras el segundo rodaba y caía de cara al suelo soltando una maldición muy poco educada.

—¡Hora de arreglarse, señoritas! —proclamó con una amplia sonrisa Toph desde el umbral—. El maestro quiere veros.

Vale... Zuko no perjuraría contra ese solo porque él también quería verlo.

Por este mismo motivo, y porque el mismo Iroh estaba impaciente por intercambiar saludos con la persona a cargo de semejante palacio, no se quejaron ni tardaron más de diez minutos en haberse puesto ambos sus mejores ropas.

—¿A eso lo llamas arreglarse, tío?

—¿Hm? No sé a qué se deberá ese tono despectivo, pero al menos yo voy acorde a la naturaleza de este lugar... De cualquier forma, no te vayas a ofender, sobrino. "Para gustos, los colores", dicen.

Al salir ambos, se toparon con Toph acuclillada en la pared de en frente, al lado de la puerta al baño. Ella alzó la cabeza y olfateó el aire con una sonrisa burlona en los labios.

—El maestro se sentirá tan privilegiado de que nuestros invitados se hayan arreglado hasta el punto de bañarse en perfume para él... —pronunció poniéndose en pie de un salto y avanzando pasillo abajo—. Marchando.

—¿Nunca se le acaba la energía? —cuestionó el menor de los dos hombres.

—Debe de ser cosa de la juventud...

—Yo soy joven.

—Pero no eres sano.

—¿Cómo que no?

Nunca le llegó la respuesta.

Y el trayecto hasta donde iban a encontrarse con el susodicho maestro fue de entramados pasillos y escaleras, en relativo silencio —exceptuando eso por los intentos fallidos de Iroh y Zuko por obtener alguna información sobre la persona con la que se toparían—. Todo cuanto habían conseguido averiguar para el momento en el que Toph se detuvo frente a unas puertas grandes con cuatro intrincados laberintos de tubos en ellas había sido que "Al maestro le gusta volar". (¿A qué demonios se refería con "volar", en cualquier caso?)

Saltando en el lugar y haciendo una pose de lo que parecía algún estilo de arte marcial antes de golpear con ambos puños las bocas de los tubos verdes en las grandes puertas, Toph se apartó a un costado cuando estas se abrieron lentamente con un rechinido, hacia adentro.

—Espero que estas puertas sí sean de tu agrado, aura rara —susurró. Luego carraspeó y adoptó un tono más formal, cerrando los ojos—. Adelante, ¡y buena suerte!

Los pasos que Zuko y su tío dieron hicieron eco al adentrarse ambos lentamente en aquella zona inmensa de un techo encontrado a más de quince metros de altura, con numerosas ventanas y tuberías de colores en las paredes formando complejos laberintos hasta encontrarse todas en una figura en la pared al final de la habitación, en el centro. Las paredes aquí eran oscuras, de un material negro y brillante...

Y la iluminación natural la suficiente para estar en penumbras ligeras, ayudada a denotar mejor la forma de la figura sentada de piernas cruzadas justo en frente de la figura de tubos en la pared tras de sí mediante la iluminación de velas en curiosas botellas de distintos estilos y colores.

Al acabar de acercarse, Zuko y Iroh portaban sendas expresiones sorprendidas. La de Zuko pronto se transformó en una de inquietud, pronto mutando a una de enojo.

Señaló a la figura sentada en el suelo, meditando, unos escalones arriba y a un par de pasos de ellos.

—Es una coña, ¿verdad...? —viró sobre sus talones hacia las puertas cerradas, alzando la voz y frunciendo aún más el ceño al repetir—: ¡Es una maldita broma, ¿verdad?!

—Zuko, cálmate... —Lo riñó con ojos severos su tío.

—¿Que me calme...? ¡¿Cómo quieres que me calme, si todo lo que tenemos delante es un niño?!

—Zuko...

Iroh vio de soslayo cómo la figura de rasgos juveniles cruzada de piernas sobre las escaleras abría los ojos, ojos serios y profundos, de un tono gris con esencia sabia y absorbente, ensombrecidos por las sombras de las velas a pesar de la luz exterior que pasara a aquella torre. No lucía muy contento...

—¡¿En serio pretendes que crea que el tan famoso maestro es tan solo un niño?!

—Creo que el famoso es, en realidad, el Monje Gyatso... —sonó alta y clara una voz pura, tranquila.

Zuko enfrentó ojos piedra con los suyos ambarinos. Se sentía tan jodidamente embaucado y engañado, ¡tsk!

—Pues bien, ¡¿dónde está él?! —exigió saber.

—Ha fallecido.

En los segundos de pesado silencio que siguieron a aquella afirmación contundente, el muchacho —el actual maestro— se alzó hasta estar de pie y se acercó con paso tranquilo hasta estar frente a Iroh y Zuko perfectamente sereno y bien erguido. Era media cabeza más bajo que Zuko.

Dos pares de ojos, unos analíticos y otros furiosos, se centraron en él; y aquel, impertérrito, sonrío abiertamente a ambos al anunciar:

—¡Un gusto!, soy el maestro Aang. Llamadme solamente Aang, por favor.

Zuko rechinó los dientes, negándose a estrechar la mano frente a él de la misma forma en que su tío lo hacía o a presentarse siquiera.

¡No iba a aceptar que un mocoso pudiera ser cuanto necesitaba para alcanzar sus objetivos! ¡No en esta vida!

Si tan solo él hubiera podido percibir el aura de Aang de la misma forma en que Iroh lo había hecho al estrecharle la mano...

Posiblemente estaría tan perplejo y patidifuso como su tío.

Aang estaba más allá, en muchos sentidos, de cualquier persona que hubiera conocido antes jamás.

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HASTA AQUÍ POR HOY.

Respecto al review...

JtMktwo: ¡No sabes lo feliz que me ha hecho leer tu review apenas un tiempo después de haber publicado el comienzo de esta historia! Nunca me han dicho algo así por aquí, me ha tocado realmente el corazón, asdf. Me alegra también en sobremanera que sientas a los personajes bien interpretados, jaja; es uno de mos objetivos: que sean tan fieles a los del cómic o a los de la serie como sea posible. Ojalá sigas leyéndome y ¡muy bien dicho! Siempre hay que darle la oportunidad a las pairings nuevas, jaja. Un abrazo.

Gracias por leerme, saludos desde Júpiter, y ¡hasta el próximo capítulo! /Hearts/

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I just hope you're happy and fine, Gibo Auja, S.