Es cortito, espero que les guste.

Al comienzo todo era oscuridad y un sonido infernal, nada era visible; luego vino la desorientación y después una borrosa imagen de dos personas abrazadas que subían y bajaban, cuando la claridad llegó a su mente, reconoció estar sobre un columpio y que aquellas dos personas eran sus padres.

Una alucinación se dijo, porque es obvio que no puede ser verdad. Me volví loca ¿pero cómo?

Sin enviar órdenes algunas a su cuerpo, bajó del columpio y caminó hacia sus padres y a centímetros pudo percibir el aroma que emanaba el cuerpo de su madre, un aroma cítrico y refrescante; el usual perfume que solía llevar.

Su padre la observaba con sus profundos ojos azules y le sonreía mientras despeinaba su cabello, detrás de ellos, estaba Russ esperándolos en el auto.

De pronto todo se volvió blanco, pero veía una masa de colores brillantes, mezclándose el azul del cielo con el verde del pasto en conjunto con el resplandor que emanaba del auto de Russ. Sus piernas comenzaron a moverse hacia la luz.

No, no lo hagas se ordenó sabes lo que dicen de caminar hacia la luz… Pero se equivocan, después de la vida, no hay nada y no quieres vivir en la nada ¿verdad? Quieres encontrar a tus padres, quieres volver a sentir el aroma de tu madre y ver los profundos ojos de Max ¿cierto?

Pero nuevamente sus piernas no reaccionaban a sus órdenes, continuaban caminando hacia ese cegador resplandor blanco. El ruido volvió.

Alguien hablaba, pero sus palabras eran ininteligibles, algo así como cuando alguien pone una grabación a la mínima velocidad. Otra vez luz. Confusión. Calor.

Trató de correr, porque a pesar de haber estado aturdida en esa rara alucinación, le gustaba, quería permanecer de nuevo con su familia, por fin estaba completa otra vez, y todo era tan real… El perfume, la sensación de ver los ojos de su padre, los colores, el viento en su cabello al estar en el columpio. Quería morir.

-Temp… ¡Temperance! –gritó alguien, como si hiciera fuerza contra algo

-Tómala del otro brazo –ordenó otra voz

¿Tomarla del brazo? Preguntó pero nadie contestó.

Ahora no veía nada, la luz había desaparecido y el sonido irregular también; fue ahí cuando notó que permanecía con los ojos cerrados.

Parpadeó y notó que su cuerpo se convulsionaba sobre una superficie blanda y rígida.

Alguien la sujetaba de ambos brazos, parpadeó. Ahí estaban, dos personas de pie, una a cada lado, observándola acaloradas.

Dejó de removerse con brutalidad.

-¿Temperance? –preguntó la mujer de la segunda voz, una enfermera al parecer, pues llevaba bata blanca

Brennan no dijo nada, sólo frunció el entrecejo debido a la brillantez de la luz del techo.

-¿Sabes quién soy? –insistió

-No… -contestó con la voz seca. Y era verdad, no la conocía pero no se debía a alguna falla en su cerebro, todo estaba bien, pero a esa mujer jamás la había visto en su vida

-Oye, lo siento –esa voz sonaba familiar, había sido la primera en hablar y la última en escuchar antes de que todo se volviera oscuro-, estábamos jugando y…

-Tu pelota dio contra mi cabeza, sí, lo sé… muchas gracias –se puso de pie de a poco sujetando la compresa de hielo en su cabeza, el tono había sido cortante, igual que la mirada que le dedicó al verlo ayudándola a bajar de la camilla

-¿Qué haces? –le preguntó algo irritada

-Eh… ayudándote –contestó el muchacho, desconcertado con la pregunta

-No necesito ayuda de nadie ¿ya puedo irme? –preguntó a la enfermera

-Sí, sólo no te agites ¿de acuerdo? Y trata de descansar, si te duele la cabeza, debes venir –indicó

Temperance asintió, dejó la compresa en la camilla y salió del lugar lo más rápido posible. Cuando llegó a la habitación, estaba atestada de niñas, pequeñas y otras ya grandecitas, que la observaron con preocupación.

Claro, todos debieron haberme visto siendo impactada por la estúpida pelota.

Volvió a retomar el libro que leía y se aisló del mundo a pesar de que el estruendo que la rodeaba era ensordecedor.

-Deberías disculparte –comenzó Ryan, al ver que su amigo no hacía nada más que observar la nada

-Ya lo hice y ni siquiera me dejó terminar la frase, estaba molesta

-Bueno, si a mí me llegara un balón en medio de la cara también me enojaría con quien lo lanzó –rió

El otro muchacho lo observó con el seño fruncido, no encontraba lo gracioso.

-Pero al menos sería un poco más amable si alguien viene con una disculpa ¿verdad? –volvió a observar un punto fijo en medio de la nada

-Oye, deja de pensar en eso, vamos a…

-Ve tú –interrumpió-, yo te alcanzo en unos minutos

Ryan negó con la cabeza y se marchó. Sólo una vez había visto a su amigo de esa forma y no deseaba hacerlo de nuevo, pues la última vez las cosas no fueron del todo buenas. Pero no pidió explicaciones, Seeley era muy cuidadoso en no cometer el mismo error otra vez, había aprendido su lección y ahora caminaba con cautela.

Él continuó bajo el árbol, observando, pero no observaba la nada, observaba el sexto piso, como si en algún momento vislumbraría algo que le gustara a través de los cristales.

Observó el celeste del cielo y el color del agua en la fuente, las tonalidades de azules en los dibujos de los niños en el corredor, pero no había uno que se igualara o comparara como el de ella, esos ojos azules penetrantes y enfadados con esa voz apagada.

No supo cuánto estuvo ahí de pie sin hacer nada, olvidando las sensaciones de las cosas y personas que lo rodeaban, olvidando la hora que era y que debía subir a estudiar para un examen de álgebra que tendría en unos días; él parecía flotar en un abismo.