Capítulo 2: Hyrule, un nuevo mundo tras un mar de dunas
Sólo durmieron un par de horas, el cielo ya estaba azul cuando los mercenarios se levantaron y comenzaron a alistar sus cosas.
- ¿Qué es lo que haces, Mist?
La voz de Boyd sonó a sus espaldas, y para cuando Mist volteó, él ya estaba de pie a su lado.
- Estaba observándolo entrenar – Respondió ella.
- ¿A Link? – Inquirió Boyd, mirando en la misma dirección que Mist. Link agitaba su espada en uno de los islotes más pequeños del lago, solo.
- Por tu tono, juraría que estás celoso – Dijo Mist con una sonrisa.
- ¿Celoso… yo? – Boyd empezó a hablar erráticamente, y unas gotitas de sudor aparecieron en su frente de inmediato –. No, para nada, ¿por qué habría de estarlo?
- Bueno, ¿será porque tú, Titania y Rolf me cuidan más desde que Ike se fue?
Boyd se mantuvo en silencio un momento, pensando en qué decir. Gracias a Titania, Mist sabía que Boyd tendía a precipitarse al expresar sus pensamientos y sentimientos, haciéndolo con las palabras equivocadas, resultándole en problemas.
- Sí… yo creo que es por eso – Respondió tras pensarlo mucho.
- Hm… - Mist no dijo nada más.
- ¿Qué pasa? – Preguntó entonces Boyd, temiendo haber dicho algo malo otra vez.
- Nada… es extraño, ¿no crees? – Dijo la chica simplemente.
- ¿Qué cosa?
- Su forma de pelear… - Mist observaba a Link con mucha atención –. Es tan…
No terminó la frase, pues no encontraba la palabra para describir la forma en que Link manejaba la espada y el escudo.
- Sí… es lo mismo que yo pensé – Dijo Boyd de la nada.
- ¿A qué te refieres? – Inquirió Mist.
- Pues… a lo mismo que tú dijiste – Contestó él sin quitarle los ojos al hyliano.
- No dije nada, Boyd. Ni siquiera terminé la frase – Los ojos de Mist se estrecharon y se fijaron en los de él. Denotaban molestia.
- Ah… ¿de verdad? – El fornido joven empezó a sudar otra vez.
- Sí me estabas escuchando, ¿verdad? – Mist continuó escrutando a Boyd con los ojos. Él sólo se echaba hacia atrás paso a paso, como si la mirada de Mist le empujara.
- Yo… yo… um… ¡Vaya, qué es eso! – Gritó Boyd de súbito, señalando en dirección a un islote cercano a donde Link entrenaba.
- ¿Qué cosa? – El tono alarmado de Boyd preocupó a la muchacha, y con la mirada buscó cualquier cosa amenazante en el punto que había señalado su amigo, antes de voltear y ver que éste había desaparecido –. ¡Boyd! ¿Adónde te fuiste?
Lo vio pasar corriendo a un lado de Oscar y Gatrie para luego ocultarse detrás de una roca. Mist solamente soltó un suspiro de alegría y alzó sus cosas, para luego volver a observar a Link en lo que los demás terminaban de prepararse.
- Ese tonto… - Dijo Mist en voz baja, cerrando los ojos y sonriendo.
Cuando estuvieron todos listos y bien despiertos, Link se encargó de seguir guiándolos a su destino. Empezaron por recorrer el lago por su borde sur, desde el oeste hasta el este. El trayecto no tuvo percances salvo el primer encuentro de los mercenarios con los zora: Gatrie se detuvo unos segundos a tomar un trago de agua cuando una criatura, como un gran pez con un casco café y lanza, emergió del lago justo frente a su cara. Gatrie saltó hacia atrás y Shinon, siempre preparado, apuntó al extraño con su arco, no sin antes haberle insultado. Al final, Link se vio obligado a interponerse entre los dos, antes de que el conflicto se hiciera mayor.
- Son inmundos – Decía Shinon sin pudor alguno.
- Son gente, Shinon, déjalos en paz – Le decía Titania en un intento de callarle la grosera boca.
- Son peces, y por algún motivo ridículo, ¡llevan cascos con forma de peces en las cabezotas! – Seguía diciendo el otro –. Peores que los malditos sub-humanos, les digo…
- ¿Dices que los zora viven también arriba de la cascada, Link? – Interrogó Titania, ignorando al arquero.
- Así es – Respondió el hyliano –. Rara vez se alejan mucho del agua, y la cuidan tanto como sus vidas. Quizá es por eso que respetan los santuarios que les da la naturaleza, casi nunca construyen nada en ellos. Si ustedes fueran a la ciudad de los zora, no notarían que alguien vive ahí.
- Deberían meterlos en jaulas – Siguió despotricando Shinon.
- ¡Maldición, Shinon, ya cállate! – Le espetó Mist.
Hasta Link se paró en seco a pesar de no conocer a Mist en nada. Incluso el susodicho se tardó en contestar.
- Niña, respeta a tus superiores, ¿quieres? – Le dijo Shinon con arrogancia.
- Tal vez… - Mist trataba de hablar sin que le temblara la voz, con poco éxito – Tal vez si tú respetaras a tus iguales…
- Buen intento niña, pero esos no son iguales a mí – Le interrumpió el arquero groseramente, pasando a un lado de Titania, Boyd, Oscar y Link como si nada hubiera sucedido, siguiendo el camino. Gatrie le siguió segundos después.
Mist sólo cerró los puños, incapaz de contestar, y se quedó ahí parada con la vista en el pasto, observada por Link y el resto de los mercenarios. Tras un largo silencio y con una mirada furtiva de Titania, los tres hermanos pidieron a Link que siguiera guiando la marcha. Titania y Mist les siguieron un minuto después, rezagándose intencionalmente.
- No puedes dejar que Shinon te venza, Mist – Decía Titania, rodeando a Mist con un brazo mientras caminaban cuesta arriba.
- Lo odio cuando se pone así, refiriéndose a las personas como si fueran animales – Mist lograba contener sus lágrimas, mas no podía ocultarlas –. A veces me gustaría que se fuera…
De entre todos los mercenarios, quizá era Titania con la que Mist tenía más confianza, pues le conocía desde pequeña y, sobre todo, porque era de las únicas integrantes femeninas del grupo (la otra había sido Mia, que se había retirado un año atrás, aproximadamente). Aunque Titania siempre había sido la segunda en la escala jerárquica de la compañía de mercenarios, también era la única que hablaba de salir de compras con Mist cuando estaban a mitad de una misión.
- Ya lo conoces, tiene sus… "detalles" – Dijo la pelirroja mujer, dando un apretón al hombro de Mist –. Pero para la compañía es un miembro valioso.
- Tú siempre ves a los miembros del grupo por sus funciones – Respondió Mist con la vista en el suelo.
- Shinon también tiene sus razones para estar con nosotros. Nunca habla, pero sí sé cuáles son esas razones, y puedo decirte que son fuertes. No son solamente sus habilidades lo que lo hacen un miembro indispensable, su motivación para trabajar para nosotros también es importante.
- Entonces dime – Pidió la muchacha.
- Vamos, que tampoco quiero que Shinon venga a ponerme esas caras a mí, no creo que sea conveniente que te las diga – Contestó Titania con una sonrisa, acercándose a la delicada Mist, sacándole una leve sonrisa –. Sólo confía en mí.
El ascenso por la ladera estaba por terminar, pronto estarían en lo que Link llamó "El Gran Puente de Hylia".
- Es por eso que deberías ser tú la líder de ésta compañía – Dijo Mist con algo de inseguridad.
- Mist…
- Es más que obvio – Continuó diciendo la joven –, eres la más fuerte del grupo, la más experimentada, y siempre ves por el bien de todos. Yo sólo… bueno…
- Tú sólo… ¿qué? – Le incitó a hablar la mujer.
- Yo no tengo experiencia y… - Bajó la mirada –. Soy débil peleando, y tampoco tengo la fuerza para mantener a todos unidos…
- Al menos sabes en qué tienes que trabajar – Respondió Titania con firmeza –. Mist, no pienso tomar tu lugar. Te corresponde a ti estar a la cabeza.
- Crees eso sólo porque soy hermana de Ike – Espetó Mist –, pero yo no tengo lo necesario para liderar como lo hacían él o mi padre.
- No, creo que te corresponde liderarnos porque sé que puedes hacerlo, y quiero que seas tú.
Terminaron el trayecto cuesta arriba y comenzaron a andar sobre el puente, hacia el este. Como el resto de sus compañeros, Mist y Titania no pudieron evitar sorprenderse ante la magnificencia del Gran Puente de Hylia. Habían cruzado un puente igual de grande en Crimea, pero el de Hyrule era tan hermoso que parecía haber sido construido con el propósito de exhibirse, y no de proveer paso de un lado a otro.
- ¿Recuerdas lo que ocurrió la noche que murió el comandante Greil, Mist? ¿Lo que pasó con Shinon y Gatrie?
- Sí… dejaron al grupo – Respondió Mist, aunque no había resentimiento en su voz –. No esperaban que le cedieras a Ike el puesto de comandante, lo consideraron como indignante porque mi hermano no tenía experiencia y se les había unido como miembro formal apenas unas semanas atrás. Creo que te esperaban a ti a la cabeza, y creo que hasta hubieran aceptado a Soren con tal de no recibir órdenes de "un novato como mi hermano" – Finalizó con una imitación bastante fidedigna del tono frío y escueto de Shinon.
- ¿Y qué pasó meses después en el océano, cuando acudimos al rescate del barco de la emperatriz Sanaki? – Inquirió Titania con la vista fija al frente: Link parecía llevarse muy bien con los tres hermanos.
- Gatrie estaba trabajando como guardaespaldas de una noble de Begnion, estaba con ella en ese mismo barco – Empezó a recordar Mist –. Regresó a trabajar con nosotros después de ver a Ike peleando con tantas ganas por ayudar a los soldados en problemas.
- ¿Y qué ocurrió en nuestra primera pelea en Daein, cuándo descubrimos que Shinon había vendido sus servicios al enemigo?
- Fue tomado desprevenido por Ike y no pudo esquivar su ataque. Y después de alegar que no era más que un novato. Estaba dispuesto a matar a mi hermano con tal de demostrar que aún era mejor que él, pero Ike lo dejó ahí con su herida… si alguno de los dos hubiera seguido peleando, Rolf habría encontrado a Shinon muerto o malherido, y ni yo ni Rhys hubiéramos podido curarlo. Quizá fue por eso que Shinon nunca lo respetó.
- ¿Por no haber tenido las agallas de eliminarlo? – Preguntó Titania.
- Eso creo…
- Shinon aprendió a respetar a Ike después de eso, aún cuando nunca lo admitió ni lo admitirá – Titania entonces cerró los ojos y sonrió –. Pero miraba a Ike de una forma diferente, y nunca cuestionó una orden suya. ¿Sabes por qué ni Shinon ni Gatrie volvieron a dejar al equipo, incluso después de tener a Ike a la cabeza por tres años?
- Por respeto, supongo… - Respondió Mist.
- Ike les demostró cuán lejos podía llegar, les enseñó que estaba a la altura de tu padre para tomar sus vidas en sus manos. Demuéstrales que tú también eres digna de respeto y de confianza, Mist.
Titania miró a Mist a los ojos, le sonrió, y luego la tomó por la muñeca. Entonces las dos aceleraron el paso para reunirse con los demás.
Dejaron atrás el puente, y con él, la admiración que les había causado, pues la vista del castillo en el esplendor del día era aún mejor. El grupo se detuvo a descansar en cuanto terminaron de cruzar el puente, bebieron agua de sus botellas y algunos se sentaron a conversar. Rolf y Link competían en tiro con arco, veían cuál de ellos atinaba más veces a los mismos blancos (objetos fijos como árboles y rocas). Mist les observaba justo en el momento en que Rolf atinó al blanco final, mismo con el cual Link había fallado.
- ¡Gané, lo logré! – Celebró Rolf con alegría, mientras Link, sonriente pero silencioso, iba a arrancar sus flechas de los blancos –. ¿Viste eso, Shinon? ¡Atiné a nueve de diez!
Alejado de Rolf, sentado en una roca y conversando con Gatrie, Shinon rodeó sus labios con sus manos y le dijo:
- ¡No te emociones, niño, ese Link es solamente un aficionado!
Luego Shinon volvió a sus asuntos con Gatrie a la vez que el pobre Rolf caminaba hacia donde estaban Titania y su hermano Oscar (Boyd afilaba su hacha cerca de ahí).
- Uno de los blancos era una pequeña roca bastante lejana, y ni siquiera me felicitó – Dijo un decepcionado Rolf cuando pasaba a un lado de Mist.
Link continuaba arrancando las flechas con tranquilidad, y entonces a Mist se le ocurrió algo, una pregunta que hacerle. Y después de su charla con Titania, Mist sabía que si estaba confiando en un hombre que apenas conocía de la noche anterior, también estaba haciendo lo mismo con las vidas de sus compañeros. La tarea que tenían no era nada pequeña ni insignificante, y todo el recorrido por Hyrule se lo habían confiado a un espadachín vagabundo que se habían encontrado en el desierto.
- Hola… Link, ¿verdad? – Inquirió Mist al acercarse al hyliano.
- Sí, tú eres Mist, ¿cierto? – Dijo Link mientras metía a su carcaj las flechas que aún podían utilizarse. Mist solamente asintió y sonrió para responder a la pregunta, y de pronto Link se puso como ido.
- Tengo una duda, Link: ¿cómo se supone que nos meterás en el castillo una vez que lleguemos?
- Yo… eh… - Link parecía darse cuenta de que balbuceaba sin sentido, pues sacudió la cabeza y comenzó a explicar –: No se preocupen por eso, soy conocido en la ciudad en el castillo, puedo meterlos fácilmente.
- ¿Acaso eres un caballero? ¿Un noble, quizás?
- No soy nada de eso, todos somos campesinos en mi pueblo natal – Respondió Link, confundiendo a Mist. ¿Cómo era posible que un campesino pudiera entrar y salir del castillo como si fuese su casa? –. La reina me ofreció un título de caballero hace un año, pero lo rechacé. Aún así, soy amigo suyo.
La afirmación de Link se le hacía muy familiar a Mist: tras la Guerra del Rey Desquiciado, la recién coronada reina Elincia le había ofrecido a Ike un título de nobleza, como recompensa a su servicio como su guardaespaldas y como general de su ejército. Y él, que siempre había sentido desprecio hacia la mayoría de los nobles, declinó sin dudar.
- Entrar no será ningún problema, déjamelo a mi – Dijo Link con una sonrisa que Mist no pudo evitar responder –, aunque… quisiera preguntar, ¿cuál es el motivo de que ustedes estén aquí, desde un país tan lejano?
- Oh… lo siento, Link, pero esa es información confidencial, órdenes de la reina misma – Mist sintió pena de no poder decirle la verdad, pues el objetivo se volvía más y más desagradable con cada metro que se acercaban al castillo. Pero luego regresó a ella la sensación de seguridad, y pudo decir en voz clara –: como sus empleados y como sus súbditos, debemos acatar sus órdenes.
- Ya veo… pero preferiría que me lo dijeras, no me gustaría meterlos al castillo y que hagan… bueno, un desorden – Dijo Link mientras se colgaba el carcaj a la espalda.
- Confía en nosotros Link, ¿o no te lo dijo Titania anoche que se topó contigo en el pasillo? – Mist miró a Link directamente a los ojos, y no pudo evitar sentirse un poco cautivada por ellos. Pero cuando dijo lo siguiente, no pudo sostenerle la mirada –: Venimos en paz.
- Si Titania es la subcomandante, ¿tú eres la comandante? – Inquirió Link de la nada.
- Así es…
- Bueno, viniendo de la subcomandante y luego de la comandante, entonces lo creo – Dijo Link finalmente, sonriendo una vez más a Mist y echándose a andar a una roca cercana.
Mist giró la cabeza para verlo irse, con semblante serio, y sólo fingió una sonrisa cuando Link miró sobre su hombro antes de sentarse a beber.
- ¿Qué quería Link? – Dijo Boyd cuando llegaba desde el otro lado, sentándose entonces junto a Mist.
- Ah, no es nada, él quería saber… eso – Dijo Mist sin quitar la mirada del blanco y magnífico castillo que se alzaba con el sol –. ¿De verdad tenemos que hacerlo así, Boyd? Ésta gente no nos ha hecho nada, y éste país se ve tan… pacífico.
- Apenas lo empecé a notar, pero me recuerda a Crimea – Añadió Boyd, observando también el castillo –. Mucho. Pero la reina no dijo nada más, Mist, ésta es la única forma.
Mist sabía que lo que Boyd decía era cierto, así que bajó la mirada con resignación. Pasaron varios minutos ahí sentados, conviviendo con un silencio que sólo era roto por los pájaros y por alguna risa ocasional de Gatrie. Finalmente, incapaz de pensar en otra cosa para decir, Boyd dijo:
- ¿Practicamos? – Se alzó de su asiento con energía, levantando su hacha.
- La acabas de afilar, Boyd, puede ser peligroso – Respondió Mist con simpleza.
- … Sí, se me había olvidado ese detalle – Musitó Boyd y luego soltó una leve risa nerviosa. Volvió a sentarse junto a Mist, pero después de un rato de no decirse nada, se alzó de nuevo y dijo –: Voy con Titania y Oscar, te veo después.
Cuando Boyd se hubo ido, Mist volvió a girarse para ver a Link, que estaba de espaldas a ella. Una carreta atestada de vegetales para vender recorría el sendero hacia el castillo, a un lado de la loma sobre la cual descansaban. Y Link alzó la mano para saludar a los que guiaban dicha carreta, una pareja de campesinos que respondió con la misma alegría.
- Esto va a ser difícil – Se dijo Mist con determinación a la vez que se alzaba de la roca y se sacudía el polvo –. ¿Podemos seguir, Link?
Los mercenarios no dejaban de maravillarse con la riqueza natural de Hyrule a cada paso que daban en el viaje, y sin embargo, la ciudadela parecía haber tenido el mismo efecto en ellos. Guiados por Link desde el lago Hylia, la entrada más cercana a la capital era la del oeste.
La ciudad capital, solamente llamada por Link "Ciudad de Hyrule", era una ciudadela constituida por incontables casas y comercios, todos conectados entre sí por numerosas calles abarrotadas de gente alborotada. Con una plaza común y el castillo coronando todo en el norte, la ciudad estaba rodeada por altas paredes y dos torres de vigilancia a cada entrada (oeste, sur y este), para que todos los habitantes pudieran dormir tranquilos. Por la noche, lo único que escuchaban como arrullo era el pasar del Río Zora al este y justo por debajo de la ciudad.
Aunque Link hacía su mejor esfuerzo por llevar a los mercenarios a su destino rápidamente, Gatrie se lo hacía imposible, pues se detenía en todos lados donde hubiera un mercader que le picara la curiosidad, lo que no era difícil.
- ¿Pomada para la perpetua comodidad? – Le cuestionó Shinon, incrédulo –. La última vez que te compraste algo con un nombre raro, acabaste siendo perseguido por una jauría de perros. Y ni quiero saber dónde tendrás que untarte esa basura para obtener la "perpetua comodidad". Ni siquiera tenemos "rupias," Gatrie, vamos.
Rolf también se llevó un muy buen susto cuando un ser extraño, cuya cabeza le llegaba al pecho, se acercó a ofrecerle agua hirviendo dentro de un frasco. No pudo evitar esconderse detrás de Oscar cuando vio al niño marrón, gordo y pequeño, de grandes labios, redondos ojos negros, pequeña nariz, con rocas en la espalda, un pequeño volcán en la cabeza y un taparrabos como única prenda de vestir.
- Él es un niño goron, no hay por qué alarmarse – Explicó Link dirigiéndose primero a Rolf, luego volvió su atención al pequeño goron y le agradeció la oferta de agua termal. Cuando una leve fumarola salió repentinamente de la cabeza del niño, Mist, que pasaba cerca, no pudo evitar saltar.
- Gente interesante la que vive aquí, Link, en verdad – Dijo Titania mientras observaba todos y cada uno de los productos extraños que podía ver. Nadie le vendía agua termal en Crimea, y mucho menos había mercaderes de tres metros con rocas en la espalda.
Se iban abriendo paso entre mercaderes, escandalosos clientes, niños que jugaban y canastos llenos de frutas, a lo largo de numerosos callejones y pasillos. Mist notó que Link saludaba a varias personas por donde pasara. Era, al parecer, muy conocido y aceptado en la zona.
También pudo notar que los soldados, y algunos de los peatones, les miraban con sospecha conforme pasaban. Pero evidentemente, no era natural en ningún lado que la gente entrara a los lugares con armas, y que caminara por ahí como si nada.
La tensión entre los mercenarios aumentaba con cada paso que daban hacia el fulgurante castillo. Todos menos Mist y Rolf sabían ocultarlo, pero para ellos dos, los miembros más jóvenes del grupo, las risas de los niños, la gente conversando en la plaza alrededor de la cristalina fuente, las largas filas para entrar a las tiendas… todo eso era un recordatorio, bueno y malo a la vez, de lo que estaban por hacer.
Cruzaron la alegre plaza blanca, ascendieron por un pasillo amplio, y se detuvieron ante las puertas del castillo para que Link hablara con los cuatro guardias, mismos que le abrieron paso segundos después. Como si se tratara de su casa, Link se introdujo en los terrenos reales. Pasaron sobre un puente (una parte del Río Zora pasaba por debajo) y les fueron abiertas otras puertas.
Llegaron al majestuoso jardín, una amplia extensión de pasto, arbustos y flores, casi libre de personas salvo los guardias en cada puerta y algunos nobles (mismos que, notó Mist, miraban a Link con desdén cuando pasaba). Todas y cada una de las torres del castillo blanco se alzaban imponentes sobre ellos, mientras caminaban sobre el sendero de loza y ascendían la escalinata. Entonces Link saludó a otros cuatro guardias, conversó con ellos por un minuto, y dirigió su atención a los mercenarios cuando las puertas le fueron abiertas.
- Mandaré a un guardia a avisar de su llegada. Espérenme aquí, por favor – Les dijo, y antes de que Titania pudiera decir algo, Link desapareció tras las puertas.
- Creo que ya se huele algo – Afirmó Titania en voz baja, cruzándose de brazos –. Y creo que desde anoche. Ni siquiera durmió para mantenernos vigilados.
- Sus sospechas ya deben ser fuertes, no es una persona estúpida – Añadió Oscar –. Y no le ha quitado los ojos a Mist desde que empezamos a cruzar el puente.
- Pero no creo que sospeche de ella, eso debe ser por otra cosa – Dijo Rolf con una sonrisota burlona en los labios, que Mist apagó con una mirada fulminante de su parte.
- Entonces, ¿qué hacemos ahora? – Inquirió Gatrie, tronándose los nudillos.
- No hay punto en usar la fuerza ahora, creo que es mejor si seguimos pretendiendo una visita pacífica – Siguió diciendo la subcomandante –. Justo ahora estarán preparándose para dejarnos entrar y capturarnos si hacemos algo que no les guste.
Mist volteó con toda la discreción que pudo y vio que los guardias también cuchicheaban entre ellos.
- Debe haber miles de ellos en éste castillo – Musitó Mist.
- Por eso debemos ser cuidadosos, rápidos y precisos – Indicó Titania –. Una vez hecho lo que venimos a hacer, tendremos que abrirnos paso hasta el campo nuevamente, y desaparecer.
En ese momento se abrieron las puertas detrás de ellos, y Link apareció seguido de unos diez soldados que marchaban perfectamente alineados detrás de él. Un onceavo soldado, de apariencia más importante (acentuada por una capa de vivo carmín), salió detrás de los otros diez y se paró junto a Link. Sus ojos escrutaron a los mercenarios por la rendija de la máscara de su casco dorado.
- La reina Zelda los recibirá enseguida. Síganme, por favor – Anunció el líder con voz clara y el porte típico de los militares, luego se dio media vuelta y comenzó a marchar hacia el interior.
- Adelante – Dijo Link a la vez que los diez soldados hylianos se separaban, formándose a ambos lados de la entrada para dar paso a los visitantes.
Con Mist y Titania encabezando la marcha, los mercenarios se introdujeron en el castillo con los soldados hylianos marchando a sus lados. Link cerró la marcha, y los guardias de la entrada cerraron las puertas una vez que él estaba dentro.
Con cada paso que Mist daba hacia el corazón del país, notaba que Crimea y Hyrule eran muy similares, incluyendo el castillo: Todo a su alrededor, desde paredes, pilares, los barandales de los balcones… todo era blanco. Había candelabros dorados, ventanas con marcos perfectos y cristales casi invisibles, y estandartes rojos en las paredes.
Y en uno de esos, los mercenarios la vieron, era parte del escudo de la familia real: un ave dorada de pie sobre un triángulo invertido, aparentemente protegiendo los tres triángulos sagrados de infinito poder…
La Trifuerza de los dioses.
Mist le quitó los ojos al estandarte para prestar atención al camino por el que les guiaban. Dejaron atrás el magnífico vestíbulo (junto con miradas de curiosidad y desdén de más nobles) para caminar por la galería. La impecable alfombra roja se extendía a sus pies mientras avanzaban por el enorme pasillo repleto de pinturas y esculturas. Uno de ellos volvió a llamarles la atención: de las blancas nubes en un cielo azul coronado con un arco iris, salían las cabezas de tres mujeres hermosas rubias, que soplaban sobre los campos, creando la vida y los seres. Sobre los campos de los seres mortales que los alababan se alzaba un pilar, coronado por el símbolo de la Trifuerza, a cuyo alrededor había un pergamino con símbolos raros escritos en él, posiblemente un lenguaje antiguo.
El grupo ascendió por una serie de escaleras y pasillos, recibiendo alguna ocasional bienvenida de los trabajadores. Mist trataba de no distraerse demasiado con la perfección que reinaba en el castillo, todo era impecable y hermoso. Pero para arrastrarse a sí misma de vuelta a la realidad y al objetivo de la misión, solamente le bastaba con mirar las lanzas y espadas de los guardias. También notó las periódicas miradas furtivas que le lanzaba el líder de los soldados a Link.
Finalmente volvieron al exterior del castillo, muy arriba del suelo, pues podían ver las montañas al frente y a los pueblos, muy abajo. Sólo faltaba subir una última serie de escalinatas para llegar a la parte más alta del castillo, la sala del trono.
Al ver llegar a los viajeros, los guardias de la entrada a la sala se movilizaron y, todos a la vez, empujaron las enormes y pesadísimas puertas de roca. El grupo entonces se introdujo lentamente en la sala del trono, pisando la magnífica alfombra azul que se extendía hasta el otro extremo de la habitación. Las puertas de roca fueron arrastradas de vuelta a su lugar, ahogando todo sonido del exterior.
Incluso Link, quien ya había visto ese lugar en varias ocasiones, se quedaba boquiabierto ante tal visión. Pilares perfectos recorrían toda la sala de lado a lado, irguiéndose sobre el lustroso piso de mármol. Las ventanas parecían de diamante, y las había también a lo alto de la sala. Y al final de la alfombra azul, sobre la escalinata, había cinco tronos de mármol, el de en medio el más alto. Como si fuera otro pilar más, éste se alzaba casi hasta el techo, coronado con una escultura blanca de las tres diosas mismas volando alrededor de la Trifuerza, la cuál estaba hecha en oro puro.
De golpe, fueron arrastrados de vuelta a la realidad por el sonido de las trompetas.
- Los Mercenarios Greil, mensajeros de la reina Elincia de Crimea, han llegado – Anunció un soldado tras el cantar de la trompeta.
Los viajeros avanzaron por la alfombra al paso de sus guías, tratando de no desentonar con la solemnidad del momento. El líder de los solados que les acompañaban se les adelantó unos pasos y se detuvo al pie de la escalinata, seguido de Link. Ambos se hincaron, imitados luego por los visitantes. Y entonces se alzó de su trono una de las mujeres más hermosas que cualquiera de ellos había visto jamás.
Era como si el castillo hubiera sido construido perfecto y magnífico para ir a juego con ella, su reina. Sus facciones eran finas y delicadas, y la suavidad de su blanca piel podía observarse a kilómetros. Sus labios, delgados y rosados, combinaban perfectamente con sus ojos azules, como zafiros hermosos pero penetrantes, enmarcados por una lacia y brillante cabellera castaña. Su delicado perfil era arropado por un vestido blanco y lila, hombreras doradas y una capa blanca como las nubes.
Gatrie, que había conocido muchas mujeres hermosas, reconoció la belleza de la reina con las palabras más complicadas que le permitía su deslumbrada mente:
- Guau… - Dijo aún hincado.
- Noble gente de Crimea – Dijo la reina Zelda con una voz firme pero a la vez amable –, bienvenidos sean todos ustedes al país de Hyrule. Aunque nunca había escuchado hablar de su reino, eso no me evitará recibirlos con los brazos abiertos y hacerles su estancia tan placentera como sea posible. Levántense, por favor.
A la orden de la reina, se alzaron los mercenarios, Link y el capitán de los soldados hylianos. Mist estaba nerviosa, pues el momento de llevar a cabo la misión era ese, y ningún otro. Según la reina Elincia, no podían esperar más.
Cuando Link miró sobre su hombro, Mist apenas pudo ocultar el bailoteo de sus dedos sobre su falda. De igual forma, el sudor recorría la frente de Rolf, y él tampoco pudo hacer nada para disimularlo.
- ¿Puedo preguntar qué puede hacer Hyrule por ustedes? – Inquirió la reina de Hyrule con seguridad y elegancia.
Link y el capitán ya sospechaban la respuesta, así que lentamente dejaron el lado de los mercenarios y ascendieron la escalinata, colocándose a ambos lados de la reina. Titania, con toda seriedad, respondió:
- Zelda, reina de Hyrule – Anunció la mujer, alzando su hacha a la vez que Link y el capitán desenvainaban espadas –, me temo que hemos viajado hasta aquí con el motivo de asesinarla.
